Feb 03, 2026 Last Updated 2:13 AM, Feb 3, 2026

Escribe Guido Poletti 

Noviembre arrancó con un nuevo mazazo para el ya pulverizado bolsillo del pueblo trabajador: se viene una nueva ola de tarifazos.

El gobierno oficializó aumentos para el gas y la electricidad de aproximadamente un 3,8%. En el caso del gas, los hogares pasarán a pagar más que las empresas, algo que nunca había sucedido en la historia.

También se autorizaron incrementos en la medicina prepaga, que, a las astronómicas facturas mensuales actuales, podrán sumarle subas que rondarán entre el 2,1 y el 2,8%.

El transporte público también aumentó en el Área Metropolitana de Buenos Aires. El boleto de los colectivos en territorio bonaerense subió un 4,1%, alcanzando los 572,86 pesos para el tramo mínimo. En CABA, el boleto de menor valor pasó a ser de 568,91 pesos.

Desde noviembre, el valor del pasaje en el subte pasó a costar 1.157 pesos para quienes utilicen una tarjeta SUBE registrada. Quienes usen una SUBE no registrada pagarán un valor sensiblemente mayor: 1.839,63 pesos.

También se registraron aumentos en los alquileres. Para los contratos regidos por la vieja ley, la suba será del 42,45%, prácticamente impagable.

Por si todo esto fuera poco, comenzaron nuevos incrementos en la nafta y el gasoil, que, por supuesto, a lo largo del mes repercutirán en el precio de otros productos.

Es mentira que está “domada” la inflación. Los precios siguen subiendo, y en todos los casos superan cualquier incremento de salarios y jubilaciones. Por eso sigue siendo necesario salir a pelear por un salario digno, donde nadie gane menos que el valor de la canasta familiar.

Para eso, la CGT tiene que romper su pacto con el gobierno y lanzar un nuevo paro general y un plan de lucha que empalme con la pelea contra la reforma laboral que está anunciando el oficialismo. Se puede ganar: las y los compañeros del Hospital Garrahan demuestran que, con la lucha, es posible.

Escribe Guido Poletti

Se inició un nuevo juicio por corrupción contra la expresidenta Cristina Fernández y varios de sus funcionarios. Se trata de la conocida “causa de los cuadernos”, donde se entrecruzan coimas millonarias entre grandes empresarios, secretarios y ministros de los tres gobiernos peronistas kirchneristas.

Nunca dudamos de los numerosos hechos de corrupción que rodearon a los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner. En su momento los denunciamos uno por uno. Basta recordar, por citar un ejemplo, toda la corrupción vinculada a la masacre de Once, denunciada sistemáticamente por nuestras compañeras y compañeros de la seccional Oeste de la Unión Ferroviaria, en especial por Rubén “Pollo” Sobrero y Mónica Schlotthauer.

En este caso, más allá de la evidente responsabilidad de los funcionarios involucrados, resulta escandaloso que la inmensa mayoría de los empresarios cómplices hayan sido liberados de cargo y culpa mediante el simple expediente de transformarse en “testigos colaboradores”. Un auténtico despropósito judicial.

Los gobiernos corruptos

No se nos escapa el oportunismo del momento elegido para iniciar este juicio. Su objetivo es desplegar un show mediático que distraiga del avance del gobierno contra el pueblo trabajador, con nuevas medidas de ajuste y el lanzamiento del ataque mayor: la reforma laboral.

El inicio del juicio, y la decisión de prolongarlo para transformarlo en un “culebrón” que dé rating a los medios de comunicación antikirchneristas, contrasta con la absoluta parálisis de las causas que involucran al presidente Javier Milei y a su hermana Karina. Tal es el caso del Cripto-gate, del que surgen novedades casi a diario desde Estados Unidos, pero que en la justicia argentina continúa cajoneado. Lo mismo ocurre con las denuncias de coimas contra Karina Milei, el famoso “3%” cobrado a costa de las personas con discapacidad.

El gobierno ultraderechista de Milei es escandalosamente corrupto. También lo fue el de Macri, con casos emblemáticos como el de Calcaterra. Y ni hablar de la larga lista de hechos de corrupción del kirchnerismo. Si seguimos hacia atrás, encontramos los históricos escándalos del menemismo (Yoma-gate, Swift-gate, tráfico de armas a Croacia y Ecuador, privatizaciones). En todos los casos se repite el mismo patrón: gobiernos coimeros por un lado, empresarios beneficiados por el otro. Todos socios y felices, a costa del pueblo trabajador.

La deuda externa

Cuando se habla de corrupción, nunca debemos olvidar el mayor monumento a la corrupción de la historia argentina: la ilegal, inmoral, ilegítima y fraudulenta deuda externa generada por la dictadura genocida de Videla y Martínez de Hoz, de la que se beneficiaron innumerables grupos económicos locales y extranjeros, como la familia Macri.

Esa deuda fue luego reconocida, pagada y multiplicada por absolutamente todos los gobiernos posteriores: Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando De la Rúa, los Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y ahora Javier Milei. Dentro de esa cadena hubo operaciones fraudulentas como el megacanje de 2001 (por la que el hoy ministro Federico Sturzenegger debería estar preso, de no haberlo salvado la Corte Suprema), o los negociados con bancos internacionales como el JP Morgan y el Deutsche Bank, donde trabajaron Luis “Toto” Caputo, Santiago Bausili y toda la actual plana mayor del equipo económico de La Libertad Avanza.

¿Cuál es la salida?

Nuestra posición siempre fue clara: todos los responsables deben ser condenados y devolver lo robado, sin excepciones, incluyendo a los empresarios beneficiados por estos negociados. Pero la conclusión más profunda es que la corrupción está estructuralmente ligada a los gobiernos patronales y a sus políticas de entrega al capital imperialista, con sus consecuencias de ajuste, endeudamiento y saqueo.

La única salida es que gobiernen quienes no tienen complicidad con este pasado: las y los trabajadores y la izquierda, poniendo en marcha un programa obrero y popular que comience por dejar de pagar la deuda externa y romper con el FMI, con Trump y con todos los lazos que atan al país al sometimiento político y económico del imperialismo yanqui.


Escribe Mercedes Trimarchi, diputada en CABA por Izquierda Socialista/ FIT Unidad  

La ministra de Seguridad Patricia Bullrich renombró la Escuela de la Policía Federal Argentina con el nombre de “Ramón Falcón” y la de Suboficiales con el de “Alberto Villar”. En el marco del 204° aniversario de la creación de la Policía Federal, declaró: “Esta escuela nació por un policía, Ramón Falcón, quien le dio una orientación y además la fundó. Por una cuestión ideológica, le sacaron el nombre y yo instruyo al jefe de la Policía Federal Argentina para devolver la verdad. Es para nosotros un valor innegociable. Y lo mismo haremos con la escuela de suboficiales”. Una declaración que constituye un claro mensaje político. 

A pocos días de dejar la cartera de Seguridad para asumir como senadora, Bullrich reafirma su perfil represivo y reaccionario. No le alcanza con reprimir todos los miércoles a las y los jubilados frente al Congreso o con culpabilizar a las mujeres por la violencia de género que sufren; ahora, además, reivindica a dos personajes nefastos de la historia argentina, responsables de la persecución y el asesinato de trabajadores y luchadores sociales. Dos genocidas: uno que actuó hace más de un siglo bajo las órdenes del presidente Figueroa Alcorta; el otro, a comienzos de los años setenta, bajo el gobierno de Juan Domingo y Estela Martínez de Perón. 

¿Quiénes fueron Ramón Falcón y Alberto Villar?

Ramón Falcón participó en la Campaña del Desierto (1878-1885), comandada por Julio Argentino Roca. A su regreso fue elegido diputado nacional y, en 1906, el presidente Alcorta lo nombró jefe de la Policía Federal. Un año más tarde, durante la Huelga de Inquilinos de 1907, conocida como la huelga de las escobas, dirigió los desalojos violentos de familias trabajadoras que no podían afrontar los aumentos desmedidos de los alquileres. 

El 1° de mayo de 1909, reprimió brutalmente la manifestación obrera en Plaza Lorea, dejando un saldo de once muertos y más de cien heridos. Estos hechos fueron recordados como la Semana Roja, símbolo de la violencia estatal contra el movimiento obrero. 

Alberto Villar, por su parte, tuvo una destacada actuación represiva entre fines de los años sesenta y comienzos de los setenta. Fue uno de los principales organizadores del terrorismo paraestatal en la etapa previa a la última dictadura militar. Bajo la tutela de José López Rega, “Tubito”, como lo apodaban, fue uno de los fundadores de la Alianza Anticomunista Argentina (Triple A), organización encargada de perseguir y asesinar militantes de izquierda, sindicalistas y referentes populares. 

Con el aval del gobierno peronista, Villar impulsó las listas negras y la creación de brigadas antiguerrilleras, especializadas en la represión y la tortura, métodos que luego se extenderían a todo el país tras el golpe del 24 de marzo de 1976. 

Amplio rechazo a la apología a los genocidas

Distintos organismos de derechos humanos, personalidades políticas y organizaciones de izquierda, así como nuestras bancas del FIT-Unidad, repudiamos la apología del terrorismo de Estado que realiza Bullrich. Su decisión de homenajear a represores y torturadores es un intento de amedrentar a quienes hoy luchamos contra las políticas de ajuste de un gobierno de ultraderecha que, con el aval de Trump y de los gobernadores, pretende avanzar en una reforma laboral para destruir derechos conquistados hace más de ochenta años mediante la movilización obrera. 

Desde Izquierda Socialista y el sindicalismo combativo sostenemos que esa reforma debe ser enfrentada en unidad y en las calles, con la fuerza de la clase trabajadora organizada. Por eso exigimos a la CGT que rompa el pacto con el gobierno y que prepare un paro general y plan de lucha contra la reforma laboral antiobrera y esclavista, al servicio de beneficiar aún más al empresariado ultramillonario de nuestro país.

CGT: Nada nuevo bajo el sol

  • Feb 03, 2026
  • Publicado en La Web

Escribe Agustín Blanco

El miércoles 5 de noviembre se realizó el Congreso Ordinario de la CGT para elegir nuevas autoridades. Como es habitual, sin participación de las bases sindicales, se impuso una conducción encabezada por un triunvirato integrado por Jorge Sola (Seguro), Cristian Jerónimo (Vidrio) y Octavio Argüello (Camioneros). La decisión no representa una renovación sino una reorganización interna de los mismos sectores que vienen sosteniendo una política de pacto con el gobierno, como era de esperar.

La principal discusión dentro del Congreso no fue cómo enfrentar el ajuste, la reforma laboral o la caída del salario, sino si se volvía al esquema de secretario único o se mantenía el triunvirato y quiénes lo integraban. La UTA de Roberto Fernández se retiró del congreso y Barrionuevo negoció la incorporación de Carlos Acuña (Estaciones de Servicio) en la Secretaría de Turismo. Lo que quedó en evidencia es que todas las disputas y negociaciones entre las distintas alas de la burocracia sindical peronista son por puestos en la estructura de la central, están unidos por la defensa de sus privilegios y la voluntad de seguir negociando con el gobierno de ultraderecha.

Mientras tanto, las y los trabajadores enfrentamos despidos, pérdida del poder adquisitivo, topes paritarios, tarifazos y una reforma laboral que amenaza con pulverizar conquistas históricas. En ese contexto, el Congreso de la CGT no adoptó ninguna resolución de lucha. No se discutió cómo frenar el plan motosierra ni a la avanzada del FMI y el imperialismo yanqui sobre la economía nacional. Mucho menos, se abordó el proyecto de reforma laboral esclavizante de Milei que plantea eliminar las 8 horas diarias reemplazándolas por bancos de horas, pagar indemnizaciones en cuotas, fraccionar las vacaciones, imponer paritarias por productividad y permitir que parte del salario se pague en vales sin aportes ni derechos jubilatorios, entre otros derechos a quitar.

El nuevo triunvirato se propone sostener el pacto con Milei y cuidar los fondos de las obras sociales, mientras el gobierno continúa con su ofensiva contra la clase trabajadora. Gerardo Martínez, de la Uocra, sigue representando a la CGT en la Mesa del Consejo de Mayo, donde el gobierno y los partidos patronales negocian un “nuevo proyecto de país” al servicio del saqueo.

Frente a una CGT inmóvil y cómplice, el ejemplo viene desde abajo. Los trabajadores del Garrahan que vienen luchando, haciendo asambleas, llamando a distintos sectores a rodear al conflicto mostraron que se puede ganar, lograron romper el techo salarial del 1% que viene pactando la burocracia de UPCN en el sector. Luchar sirve.

Ahora, hay que convocar asambleas en cada lugar de trabajo, reuniones de activistas, coordinar sectores en conflicto para organizarnos y enfrentar a la reforma laboral que el gobierno quiere imponer en este momento. Milei miente sobre la Reforma Laboral, al decir que se crearán puestos de trabajo y mejores salarios, ya que es un ataque brutal a los Convenios Colectivos de Trabajo y que afectará aún más al sector informal.

Tenemos que reclamar a la CGT que rompa el pacto con el gobierno y prepare un paro y un plan de lucha nacional contra la reforma y la motosierra. Pero es necesario pelear también por una nueva dirección sindical, combativa y democrática, dispuesta a poner cada una de sus fuerzas al servicio de la clase trabajadora. Esa es la orientación que impulsa el sindicalismo combativo: los ferroviarios del Sarmiento, el Sutna, Ademys, ATEN Capital, Adosac (Santa Cruz) y los Suteba Multicolor, entre otros, y nuestra corriente sindical A Luchar.

 

 

La Dirección del Hospital Garrahan anunció un incremento del 61% sobre la asignación básica (salario básico más dedicación funcional). El primer cobro incluirá un retroactivo respecto del sueldo de octubre. En la publicación oficial afirman que el bono sigue.

Sin admitirlo, el gobierno empieza a aplicar parcialmente la ley votada en el Congreso. Es un extraordinario triunfo de la lucha del Garrahan, que conmovió a la Argentina durante meses. Es, a la vez, una derrota de Milei, Lugones y la gestión del Garrahan, que se jugaron a reventarnos sistemáticamente sin lograrlo.

En el país de las paritarias al 1%, la huelga del Garrahan reventó ese techo a fuerza de una pelea incansable. Asambleas generales sin distinción de afiliación, tarea o sector; paros; movilizaciones; festivales; acciones de visibilización y un sinfín de hechos que tuvieron como protagonistas a los trabajadores y trabajadoras del hospital, acompañados por un apoyo popular sin precedentes.

Es total el contraste entre los resultados obtenidos por la metodología del Garrahan (sindicatos combativos, unidad en la asamblea general, planes de lucha) y la ruina de salarios a la baja y despidos cuando domina la burocracia sindical.

Naturalmente, este gigante triunfo no oculta las barbaridades que hizo y sigue haciendo la patronal del Garrahan. Reclamamos que devuelvan los salvajes descuentos por ejercer el derecho a huelga. Exigimos la anulación de las causas de Pirozzo contra ATE y APyT, que buscan criminalizar la protesta. Nos preparamos para la lucha por las condiciones de trabajo, que están mal y buscan empeorar reforma laboral mediante.

Pero lo hacemos desde un triunfo histórico que merecemos festejar. Nadie nos regaló nada: lo arrancamos organizados, peleando, con los métodos propios de nuestra clase trabajadora, unida sin distinción de tarea o sector.

¡¡¡Viva la lucha del Garrahan!!!


JUNTA INTERNA ATE GARRAHAN

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