Apr 25, 2024 Last Updated 7:37 PM, Apr 24, 2024

Escribe Federico Novo Foti
 
El Congreso fundacional de la Internacional Socialista (Segunda Internacional), reunido en París en julio de 1889, entre sus resoluciones definió organizar una manifestación internacional en la que trabajadores y trabajadoras exigieran a los gobiernos de sus países reducir a ocho horas la jornada de trabajo y otros reclamos. La fecha señalada para realizar el “paro universal”, sería el 1º de Mayo de 1890. La elección de la fecha buscaba reivindicar la huelga del 1° de mayo de 1886 en la que habían parado cinco mil fábricas y se habían movilizado cientos de miles de trabajadoras y trabajadores estadounidenses, logrando conquistar la reducción de la jornada laboral. Sería también un homenaje a los “mártires de Chicago”, obreros anarquistas y socialistas ejecutados en noviembre de 1887, como parte de la violenta reacción de las patronales y el gobierno yanqui contra aquella heroica huelga.

En nuestro país, aquel 1° de Mayo de 1890 se reunieron tres mil trabajadores y trabajadoras en el Prado Español (barrio de Recoleta). Los oradores socialistas y anarquistas, en su mayoría inmigrantes, tomaron la palabra y reivindicaron el reclamo por la jornada laboral de ocho horas, la prohibición del trabajo infantil y la suspensión del trabajo a destajo. Las oradoras también reclamaron igual salario por el mismo trabajo para las trabajadoras. Por esos años la clase obrera argentina estaba dando sus primeros pasos de lucha y organización, atravesada por la crisis y terribles condiciones de trabajo. A la formación de sindicatos, le había seguido la creación de organizaciones anarquistas y socialistas, periódicos obreros y bibliotecas. Pero la respuesta de los gobiernos patronales no se hizo esperar. En 1902, el presidente Julio A. Roca promulgó la “Ley de Residencia”, que autorizaba a expulsar del país a todo “agitador”. Las huelgas y movilizaciones continuaron siendo ferozmente reprimidas. El 1° de Mayo de 1909, el Jefe de Policía, Ramón Falcón, desató la represión contra el acto anarquista en Plaza Lorea (hoy parte de Plaza Congreso), donde fueron asesinados once obreros y ochenta resultaron heridos. Las centrales obreras declararon la “huelga general” para exigir la renuncia del Jefe de Policía. Pero el gobierno declaró el estado de sitio. El movimiento huelguístico terminaría en pocos días sin haber logrado la renuncia de Falcón. Pero unos meses después, el 14 de noviembre, el joven obrero anarquista, Simón Radowitzky, haría justicia por mano propia, arrojando una bomba al carruaje de Falcón, quien moriría en el acto. Radowitzky fue apresado y condenado a cadena perpetua (sería indultado en 1929).

 En las décadas de 1920 y 1930 el avance de direcciones reformistas en el movimiento obrero, primero los sindicalistas y socialdemócratas (PS), y luego los estalinistas (PC), fueron transformando el Primero de Mayo de una jornada obrera, internacionalista y socialista en un día “democrático”, de apoyo a los gobiernos o sectores patronales “progresistas”. En 1947, Juan D. Perón en el gobierno oficializó la “Fiesta del Trabajo y la Lealtad”. Así el peronismo buscó transformar la histórica jornada de lucha independiente de la clase trabajadora y sus organizaciones en una fiesta oficial de gobierno y su partido. Con apelaciones a la “paz social”, Perón inculcaba en la clase obrera su política de conciliación entre patrones y trabajadores. Pero el sueño utópico del peronismo de unirse a los patrones para vivir mejor fracasó.

Cada año el capitalismo imperialista demuestra que sólo puede ofrecer más explotación, opresión y pobreza para la clase trabajadora y los pueblos del mundo. El fracaso de los gobiernos de centroizquierda que promueven la conciliación de clases permitió el avance de la ultraderecha. En nuestro país, el ultraderechista Milei logró llegar al gobierno tras el fracaso del gobierno peronista de Alberto y el de Macri. Este Primero de Mayo desde Izquierda Socialista/FIT Unidad llamamos a movilizar en todo el país contra el Plan Motosierra de Milei y el FMI, por un plan alternativo obrero y popular y, retomando la tradición internacionalista y socialista, llamamos a luchar por un gobierno de trabajadores y trabajadoras y por el socialismo mundial.


Escribe Mercedes Petit, dirigenta de Izquierda Socialista/FIT Unidad 1
 
En la actualidad en muchos países hay, más grandes o más chicos, partidos y grupos trotskistas. Incluso dirigentes e intelectuales como el ruso Boris Kagarlitski, perseguido por Putin, o el francés Eric Toussaint, luchador contra el pago de las deudas externas, reivindican a León Trotsky. Sin embargo, no existe una Cuarta Internacional. Es una tarea pendiente.

La Cuarta fue fundada en 1938 por León Trotsky, en condiciones de extrema debilidad ante el poderío del aparato burocrático, reformista y represivo que, con Stalin, dominaba en la ex URSS y la Tercera Internacional. En octubre de 1917 Trotsky encabezó junto con Lenin, el triunfo revolucionario y socialista del Partido Bolchevique y los soviets en Rusia. Desde 1924, luego de la muerte de Lenin, Trotsky continuó la lucha de ambos contra el ascenso de la burocracia. Pero ganó Stalin, quien persiguió a toda oposición y en particular a Trotsky, hasta que logró su asesinato en México en 1940. Sin su conducción, la debilidad, divergencias y crisis en la Cuarta Internacional fueron creciendo.

Nahuel Moreno llamaba “movimiento trotskista” a este amplio espectro de organizaciones y dirigentes que desde 1951 iniciaron la división y dispersión, que llevan ya casi ochenta años. Dentro de él, Moreno construyó una corriente que fue adquiriendo una marcada personalidad propia, en lo político-programático, metodológico, organizativo e incluso moral2, y que después de su muerte en 1987 ha tenido continuidad.
 
El “morenismo”

 ¿Cómo sintetizar en trazos gruesos al trotskismo morenista? Podríamos comenzar diciendo que nuestro fundador y maestro tuvo el gran mérito y la constancia de combatir (aun con errores y limitaciones que él mismo señalaba) a los dos grandes males que hasta ahora han impedido la construcción y fortalecimiento de la Cuarta Internacional: el oportunismo y el sectarismo. Con ese marco político Moreno fue impulsando la ligazón con el movimiento obrero y de masas y el internacionalismo que lo distinguían, para construir los partidos revolucionarios.

El dirigente belga Ernest Mandel fue el más importante y conocido trotskista que cayó en el oportunismo. Refiriéndose a él y otros parecidos, Moreno decía: “juran por el Programa de Transición y hacen lo contrario”. Luego de la segunda guerra mundial, con el objetivo correcto de ligar a la Cuarta Internacional al movimiento obrero y de masas, los oportunistas cayeron en el error (para no decir crimen) de embellecer a las direcciones mayoritarias de entonces. Atribuyeron virtudes revolucionarias a los partidos comunistas burocráticos y stalinistas, que dominaban la ex URSS y el este europeo, al mariscal Tito en Yugoeslavia, y luego en China a Mao y a Castro en Cuba. También a los movimientos nacionalistas burgueses en auge por entonces. Como el FLN en Argelia con Ben Bella, el MNR de Paz Estenssoro en Bolivia (donde los seguidores de Mandel traicionaron una revolución obrera en 1952), e incluso al peronismo argentino. Así, abandonaban la tarea imprescindible de construir los partidos revolucionarios en cada país.3 Con esa orientación política la Cuarta Internacional quedó sentenciada a muerte.

En un sentido opuesto, pero con muchos puntos comunes con el oportunismo, otros cayeron en el sectarismo, es decir, en no reconocer grandes logros de las luchas y revoluciones aun cuando estuvieran encabezadas por direcciones traidoras. Se instaló en este sector el rechazo a la unidad de acción y la participación en las luchas de masas, cayendo en el divisionismo y la autoproclamación. Uno de los primeros y mayores errores fue ignorar el colosal triunfo democrático que significó en 1945 la derrota del nazismo y el fascismo, que habían dado lugar a la segunda guerra mundial. En Inglaterra un importante dirigente, Tony Cliff, redefinió a la URSS como un “capitalismo de estado”, rechazando aquel primer logro de la expropiación de la burguesía de la revolución socialista de 1917. En el caso de Cuba, con su enfoque erróneo los sectarios no reivindicaron el triunfo de la revolución socialista logrado a partir de la expropiación de la burguesía desde 1960/61. Este avance se produjo, como lo definió Moreno, a pesar del carácter inicial del castrismo como movimiento democrático popular, alentado por sectores burgueses anti Batista y del propio imperialismo yanqui. Moreno reivindicó el carácter socialista de Cuba y su defensa incondicional, sin renunciar nunca a la crítica a la dirección del Partido Comunista cubano, a Fidel Castro y al castrismo. De igual modo sus críticas al foco guerrillero alentado por el Che Guevara no le impidieron reconocerlo como un revolucionario enorme más allá de sus errores.4

Seguimos su lucha

Desde 1987, la dirección sin Moreno cayó en errores y desviaciones que dieron lugar al estallido de su corriente. Quienes desde hace años impulsamos la UIT-CI y sus secciones en distintos países reivindicamos plenamente sus enseñanzas, así como asumimos la autocrítica por los errores cometidos.5

En nuestra política y nuestra intervención cotidiana, sea en las luchas obreras, de las mujeres y disidencias, de les jóvenes o ambientales, las campañas electorales, y los distintos enfrentamientos que ellas implican contra las direcciones políticas y sindicales enemigas, buscamos evitar tanto el sectarismo como el oportunismo. Las luchas se fortalecen con la unidad de acción de las distintas fuerzas, y así la impulsamos, contra todo divisionismo y autoproclamación. Y al mismo tiempo, planteamos nuestro programa, política y métodos, para disputar la conducción de esas luchas y construir nuestros partidos y la UIT-CI, y avanzar en el mandato de Trotsky y Moreno: superar la crisis de dirección con la reconstrucción de una Cuarta Internacional que encabece la revolución socialista triunfante en cada país y todo el mundo.
 
Notas
1.Ver notas en El Socialista Nº 579 y Nº 580
2.Desgraciadamente, en las filas del trotskismo se infiltró tempranamente el método del estalinismo de lanzar calumnias morales para destruir a un adversario político e impedir el debate. Moreno lo combatió sistemáticamente.
3.Ver, entre muchos otros textos, El partido y la revolución (Polémica con Ernest Mandel), El Socialista, Bs. As., 2013, y también en nahuelmoreno.org 
4. Ver “Dos métodos frente a la revolución latinoamericana” (1964), en nahuelmoreno.org y en Polémica con el Che Guevara, Cehus, Bs. As., 2017. En particular también “Guevara, héroe y mártir de la revolución permanente” (1967), ídem.
5. Ver el texto de 1997 “Balance del MAS (1987-92)” en nahuelmoreno.org, “otros autores”.

 



 
De muestra bastan dos botones

Un ejemplo central de su trayectoria y enseñanzas fue la tenaz pelea de Moreno por construir partido ( el primero fue el GOM en 1944) con una política independiente y de clase en el seno de los trabajadores argentinos, que se volcaron masivamente por entonces al apoyo al movimiento burgués peronista. El trotskismo morenista se fue forjando con su participación unitaria en las luchas obreras y populares, pero sin cederle a la falsa ilusión de confiar en patrones y en dirigentes traidores, sino combatiéndola siempre y reivindicando la independencia de clase en todos los terrenos.
Como segundo ejemplo, se puede recordar la experiencia de participar en la lucha armada contra la dictadura en Nicaragua en 1979 con la Brigada Simón Bolívar.1 Desde 1978/79 comenzaron a masificarse la movilización anti Somoza y también el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, que había sido un pequeño foco guerrillero desde más de una década atrás). Moreno, sin renunciar por eso a sus diferencias y críticas a la conducción reformista y de conciliación de clases del FSLN y al guerrillerismo, impulsó desde su exilio en Bogotá la Brigada Simón Bolívar. En ella participaron dirigentes y militantes “morenistas” y luchadores que se sumaron. La brigada participó en las batallas del frente sur, donde dieron la vida tres de sus miembros y encabezó la toma del puerto de Bluefields sobre la costa atlántica. Desgraciadamente, previo a la victoria de la lucha antisomocista el movimiento trotskista en general había ignorado aquel proceso. Y luego de julio de 1979 mayoritariamente se extendió, encabezado por Ernest Mandel, la completa capitulación al sandinismo, que de la mano de Fidel Castro formó un gobierno de unidad con la burguesía.  Así, en la política y en la acción, entendía Moreno la necesaria unidad de acción en los distintos procesos, acompañada por la pelea permanente por combatir a las conducciones reformistas y traidoras de todo tipo, enfrentándolas día a día para construir los partidos trotskistas y avanzar así en la pelea imprescindible por superar la crisis de dirección de la clase obrera y las masas populares.


1. Ver “Perspectivas y política después del triunfo revolucionario en Nicaragua” (1979) en nahuelmoreno.org, publicado también en La brigada Simón Bolívar, El Socialista, Bs. As., 2009.
 
 


Escribe Federico Novo Foti

El 25 de abril de 1974 se produjo la gran revolución encabezada por el llamado Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) formado por jóvenes oficiales, con amplio apoyo de los suboficiales y soldados, popular y obrero, conocida como la “revolución de los claveles”.
 
La revolución derrocó una dictadura fascista que había gobernado Portugal durante cuarenta y ocho años, instalada por el golpe militar de 28 de mayo de 1928, encabezado desde 1932 por Antonio de Oliveira Salazar, quien permaneció en el poder hasta 1968, hasta que fue reemplazado por Marcelo Caetano, como continuador del régimen dictatorial.

La chispa que encendió el fuego de la revolución provino de la crisis en las propias filas de las fuerzas armadas. Sectores de la oficialidad y las tropas portuguesas sufrían el desgaste de la ocupación colonial en África. La resistencia de los pueblos oprimidos había dado lugar a una guerra colonial que ya se prolongaba por más de una década en Mozambique, Guinea-Bissau, Angola y Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe y que no tenía solución militar.

La rebelión de las tropas en Lisboa el 25 de abril hizo que entrasen en escena las masas populares, saludando la caída de la dictadura. Ese mismo día, las y los trabajadores, la juventud y los sectores populares antidictatoriales se volcaron a los cuarteles a saludar a los militares rebeldes y a entregarles claveles, ignorando los avisos para quedarse en casa.

Se inició una revolución obrera y socialista

Así la “revolución de los claveles” se transformó en una revolución anticapitalista, obrera y socialista. Se dio inicio a un proceso revolucionario de movilización y organización que fue contra todas las viejas instituciones represoras y contra la misma burguesía portuguesa.

Los comités de fábrica se multiplicaron y también en la base de las fuerzas armadas surgieron comités. La revolución colonial en África, que fue parte del proceso, siguió desarrollándose, y la mayoría de las colonias africanas se independizaron del yugo imperialista.

El 1° de Mayo en Lisboa se hizo una gran movilización de cerca de un millón de personas gritando “muerte al fascismo” y “muerte a los PIDES”, que era la policía política del régimen. El MFA y los partidos obreros reformistas, el Partido Comunista de Portugal (PCP) y el Partido Socialista (PS), se incorporaron a un gobierno burgués de “unidad nacional” encabezado por el general Antonio de Spínola y con la participación de partidos de derecha democrática. En el MFA coexistían los spinolistas con sectores más radicalizados de la oficialidad joven. El MFA representaba a la pequeña burguesía radicalizada y tenía un programa democrático que no rompía con el capitalismo. Mientras, en los cuarteles los soldados y suboficiales se rebelaron frente a sus superiores. La clase trabajadora reclamaba por sus derechos con huelgas y tomas de empresas. La revolución estaba en curso.

 



Las masas derrotan un golpe contrarrevolucionario

En septiembre de 1974, Spínola cayó por la resistencia de las masas y fue reemplazado por otro general, Costa Gomes, que intentó aplacar a los sectores más de izquierda del MFA.

El 11 de marzo de 1975, Spínola intentó un golpe contrarrevolucionario, que fracasó por la movilización obrera y popular.  La derrota del golpe abrió una nueva etapa de la revolución. El proceso se radicaliza. Se logró, por ejemplo, la expropiación y nacionalización de los bancos y de una parte de los grandes grupos empresarios.

Miles de burgueses huyen del país, crecen las ocupaciones de fábricas, casas, tierras y se profundiza la crisis del ejército. Y se generalizan los comités de empresa, de inquilinos y de soldados. Lo que mostraba claramente ​​el carácter obrero y socialista de la revolución. El gran déficit era la ausencia de una dirección socialista revolucionaria. Los trotskistas, entre ellos partidarios de Nahuel Moreno, actuaban en el proceso, pero eran aún una minoría.

El poder dual y la falta de una dirección revolucionaria

Se ratificó un gobierno directo del MFA-PCP-PS como un gobierno de conciliación de clase de doble discurso. El MFA, por ejemplo, proclamó el inicio de “la primera etapa hacia el socialismo”,
“Durante toda esta etapa de unidad del bloque pequeño burgués MFA-PCP-PS, el programa e ideología común fue el democrático-burgués. El objetivo era lograr un sistema parlamentario, comenzando por la Asamblea Constituyente, que canalizara el ascenso revolucionario hacia el callejón sin salida de la democracia burguesa”, alertaba Nahuel Moreno en su texto de 1975, “Revolución y contrarrevolución en Portugal” (ver texto página 45 en nahuelmoreno.org)

En dicho texto Moreno hacía una analogía con la revolución rusa de 1917 y señalaba el peligro de la falta de un partido revolucionario de tipo bolchevique que condujera a las masas al socialismo en la revolución portuguesa. Moreno y los trotskistas de su corriente planteaban el desarrollo de la movilización y del poder dual bajo la consigna de “Por un Congreso Nacional de las Comisiones obreras y de soldados que derrote al gobierno del MFA y tome el poder”.

El fin de la dictadura y la conquista de amplias libertades democráticas fueron enormes conquistas, que siguen siendo valoradas cincuenta años después. Pero el rol de las direcciones reformistas del PCP, encabezado por su dirigente histórico Alvaro Cunhal que fue parte de los gobiernos como ministro sin cartera hasta 1976, junto al MFA y el Partido Socialista de Mario Soares, impidieron que se avanzara al socialismo, cuando había condiciones.

Se impuso la sumisión a la Comunidad Económica Europea (CEE) y, posteriormente, a la Unión Europea. Conquistas de la revolución, como la nacionalización de los bancos, el control obrero sobre muchas empresas y los organismos de poder dual, fueron desmantelándose paulatinamente.

A cincuenta años de la “revolución de los claveles” el Movimiento Alternativa Socialista (MAS), sección portuguesa de la UIT-CI, retoma las banderas de abril de ´74, luchando contra los gobiernos patronales de hoy, por una nueva revolución que debe ser socialista y construyendo una alternativa política revolucionaria que la encabece hacia el triunfo.

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Habla un soldado trotskista

Reproducimos partes de un largo reportaje a un soldado trotskista, reproducido de la Revista de América, N° 4, órgano de la corriente morenista, de junio de 1975.

“Después del 11 de marzo los soldados realizaron una asamblea general. Echaron no sólo al comandante y segundo jefe, sino también a todos los oficiales spinolistas hasta el grado de sargento. También echaron a un cabo primero, aunque era primo del general. Galvao de Melo. Los camaradas comprendieron la necesidad de seguir adelante y tomar el cuartel. La asamblea general resolvió crear varios comités. […] Con la purga (dice más adelante) fue quebrada la jerarquía militar, ya que los jefes expulsados fueron reemplazados por oficiales subalternos”.

En Coímbra, “las bases habían echado a dos oficiales asignados al cuartel por el Conselho da Revolucao” […] “en la Marina, donde la conciencia política de la base es más elevada, existe un comité de marineros que discute las órdenes emanadas de los oficiales, pudiendo aceptarlas o rechazarlas”.

 


Escribe Mercedes Petit, dirigenta de Izquierda Socialista/FIT Unidad (1)

En la actualidad en muchos países hay, más grandes o más chicos, partidos y grupos trotskistas. Incluso dirigentes e intelectuales como el ruso Boris Kagarlitski, perseguido por Putin, o el francés Eric Toussaint, luchador contra el pago de las deudas externas, reivindican a León Trotsky. Sin embargo, no existe una Cuarta Internacional. Es una tarea pendiente.

La Cuarta fue fundada en 1938 por León Trotsky, en condiciones de extrema debilidad ante el poderío del aparato burocrático, reformista y represivo que, con Stalin, dominaba en la ex URSS y la Tercera Internacional. En octubre de 1917 Trotsky encabezó junto con Lenin, el triunfo revolucionario y socialista del Partido Bolchevique y los soviets en Rusia. Desde 1924, luego de la muerte de Lenin, Trotsky continuó la lucha de ambos contra el ascenso de la burocracia. Pero ganó Stalin, quien persiguió a toda oposición y en particular a Trotsky, hasta que logró su asesinato en México en 1940. Sin su conducción, la debilidad, divergencias y crisis en la Cuarta Internacional fueron creciendo.

Nahuel Moreno llamaba “movimiento trotskista” a este amplio espectro de organizaciones y dirigentes que desde 1951 iniciaron la división y dispersión, que llevan ya casi ochenta años. Dentro de él, Moreno construyó una corriente que fue adquiriendo una marcada personalidad propia, en lo político-programático, metodológico, organizativo e incluso moral (2), y que después de su muerte en 1987 ha tenido continuidad.

El “morenismo”

¿Cómo sintetizar en trazos gruesos al trotskismo morenista? Podríamos comenzar diciendo que nuestro fundador y maestro tuvo el gran mérito y la constancia de combatir (aun con errores y limitaciones que él mismo señalaba) a los dos grandes males que hasta ahora han impedido la construcción y fortalecimiento de la Cuarta Internacional: el oportunismo y el sectarismo. Con ese marco político Moreno fue impulsando la ligazón con el movimiento obrero y de masas y el internacionalismo que lo distinguían, para construir los partidos revolucionarios.

El dirigente belga Ernest Mandel fue el más importante y conocido trotskista que cayó en el oportunismo. Refiriéndose a él y otros parecidos, Moreno decía: “juran por el Programa de Transición y hacen lo contrario”. Luego de la segunda guerra mundial, con el objetivo correcto de ligar a la Cuarta Internacional al movimiento obrero y de masas, los oportunistas cayeron en el error (para no decir crimen) de embellecer a las direcciones mayoritarias de entonces. Atribuyeron virtudes revolucionarias a los partidos comunistas burocráticos y stalinistas, que dominaban la ex URSS y el este europeo, al mariscal Tito en Yugoeslavia, y luego en China a Mao y a Castro en Cuba. También a los movimientos nacionalistas burgueses en auge por entonces. Como el FLN en Argelia con Ben Bella, el MNR de Paz Estenssoro en Bolivia (donde los seguidores de Mandel traicionaron una revolución obrera en 1952), e incluso al peronismo argentino. Así, abandonaban la tarea imprescindible de construir los partidos revolucionarios en cada país. (3) Con esa orientación política la Cuarta Internacional quedó sentenciada a muerte.

En un sentido opuesto, pero con muchos puntos comunes con el oportunismo, otros cayeron en el sectarismo, es decir, en no reconocer grandes logros de las luchas y revoluciones aun cuando estuvieran encabezadas por direcciones traidoras. Se instaló en este sector el rechazo a la unidad de acción y la participación en las luchas de masas, cayendo en el divisionismo y la autoproclamación. Uno de los primeros y mayores errores fue ignorar el colosal triunfo democrático que significó en 1945 la derrota del nazismo y el fascismo, que habían dado lugar a la segunda guerra mundial. En Inglaterra un importante dirigente, Tony Cliff, redefinió a la URSS como un “capitalismo de estado”, rechazando aquel primer logro de la expropiación de la burguesía de la revolución socialista de 1917. En el caso de Cuba, con su enfoque erróneo los sectarios no reivindicaron el triunfo de la revolución socialista logrado a partir de la expropiación de la burguesía desde 1960/61. Este avance se produjo, como lo definió Moreno, a pesar del carácter inicial del castrismo como movimiento democrático popular, alentado por sectores burgueses anti Batista y del propio imperialismo yanqui. Moreno reivindicó el carácter socialista de Cuba y su defensa incondicional, sin renunciar nunca a la crítica a la dirección del Partido Comunista cubano, a Fidel Castro y al castrismo. De igual modo sus críticas al foco guerrillero alentado por el Che Guevara no le impidieron reconocerlo como un revolucionario enorme más allá de sus errores. (4)

Seguimos su lucha

Desde 1987, la dirección sin Moreno cayó en errores y desviaciones que dieron lugar al estallido de su corriente. Quienes desde hace años impulsamos la UIT-CI y sus secciones en distintos países reivindicamos plenamente sus enseñanzas, así como asumimos la autocrítica por los errores cometidos. (5)

En nuestra política y nuestra intervención cotidiana, sea en las luchas obreras, de las mujeres y disidencias, de les jóvenes o ambientales, las campañas electorales, y los distintos enfrentamientos que ellas implican contra las direcciones políticas y sindicales enemigas, buscamos evitar tanto el sectarismo como el oportunismo. Las luchas se fortalecen con la unidad de acción de las distintas fuerzas, y así la impulsamos, contra todo divisionismo y autoproclamación. Y al mismo tiempo, planteamos nuestro programa, política y métodos, para disputar la conducción de esas luchas y construir nuestros partidos y la UIT-CI, y avanzar en el mandato de Trotsky y Moreno: superar la crisis de dirección con la reconstrucción de una Cuarta Internacional que encabece la revolución socialista triunfante en cada país y todo el mundo.


Notas
1.Ver notas en El Socialista Nº 579 y Nº 580
2.Desgraciadamente, en las filas del trotskismo se infiltró tempranamente el método del estalinismo de lanzar calumnias morales para destruir a un adversario político e impedir el debate. Moreno lo combatió sistemáticamente.
3.Ver, entre muchos otros textos, El partido y la revolución (Polémica con Ernest Mandel), El Socialista, Bs. As., 2013, y también en nahuelmoreno.org 
4. Ver “Dos métodos frente a la revolución latinoamericana” (1964), en nahuelmoreno.org y en Polémica con el Che Guevara, Cehus, Bs. As., 2017. En particular también “Guevara, héroe y mártir de la revolución permanente” (1967), ídem.
5. Ver el texto de 1997 “Balance del MAS (1987-92)” en nahuelmoreno.org, “otros autores”.

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De muestra bastan dos botones

Un ejemplo central de su trayectoria y enseñanzas fue la tenaz pelea de Moreno por construir partido (el primero fue el GOM en 1944) con una política independiente y de clase en el seno de los trabajadores argentinos, que se volcaron masivamente por entonces al apoyo al movimiento burgués peronista. El trotskismo morenista se fue forjando con su participación unitaria en las luchas obreras y populares, pero sin cederle a la falsa ilusión de confiar en patrones y en dirigentes traidores, sino combatiéndola siempre y reivindicando la independencia de clase en todos los terrenos.

Como segundo ejemplo, se puede recordar la experiencia de participar en la lucha armada contra la dictadura en Nicaragua en 1979 con la Brigada Simón Bolívar. (1) Desde 1978/79 comenzaron a masificarse la movilización anti Somoza y también el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN, que había sido un pequeño foco guerrillero desde más de una década atrás). Moreno, sin renunciar por eso a sus diferencias y críticas a la conducción reformista y de conciliación de clases del FSLN y al guerrillerismo, impulsó desde su exilio en Bogotá la Brigada Simón Bolívar. En ella participaron dirigentes y militantes “morenistas” y luchadores que se sumaron. La brigada participó en las batallas del frente sur, donde dieron la vida tres de sus miembros y encabezó la toma del puerto de Bluefields sobre la costa atlántica. Desgraciadamente, previo a la victoria de la lucha antisomocista el movimiento trotskista en general había ignorado aquel proceso. Y luego de julio de 1979 mayoritariamente se extendió, encabezado por Ernest Mandel, la completa capitulación al sandinismo, que de la mano de Fidel Castro formó un gobierno de unidad con la burguesía. Así, en la política y en la acción, entendía Moreno la necesaria unidad de acción en los distintos procesos, acompañada por la pelea permanente por combatir a las conducciones reformistas y traidoras de todo tipo, enfrentándolas día a día para construir los partidos trotskistas y avanzar así en la pelea imprescindible por superar la crisis de dirección de la clase obrera y las masas populares.

1. Ver “Perspectivas y política después del triunfo revolucionario en Nicaragua” (1979) en nahuelmoreno.org, publicado también en La brigada Simón Bolívar, El Socialista, Bs. As., 2009.

Escribe Federico Novo Foti

El 24 de abril de 1924 nacía en Argentina, Nahuel Moreno, el más consecuente dirigente trotskista de la segunda mitad del siglo XX. Moreno batalló en el trotskismo contra oportunistas y sectarios, defendiendo la importancia de construir partidos revolucionarios y la Cuarta Internacional. En el marco de los homenajes que estamos realizando Izquierda Socialista y la UIT-CI a cien años de su nacimiento, en este segundo artículo rescatamos sus aportes en la construcción de la Cuarta Internacional.
 
En Argentina, a mediados de la década de 1940, el Grupo Obrero Marxista (GOM), orientado por Nahuel Moreno, había comenzado a dar los primeros pasos en la tarea de construir un partido revolucionario inserto en la clase obrera y sus luchas. Una tarea que encaraba a contracorriente, con el peronismo en el gobierno.1 En marzo de 1948, Moreno zarpó en el buque “Provence” rumbo a Francia. Con 24 años había sido elegido como delegado del GOM para participar del segundo congreso de la Cuarta Internacional en París.2  
En su primera participación en un congreso de la Cuarta Internacional, Moreno abrazó la causa internacionalista. Desde entonces siguió con pasión la situación mundial y la posibilidad de acompañar los procesos más importantes de la lucha de clases mundial. También, entabló duras polémicas contra los oportunistas y sectarios en el movimiento trotskista. Décadas más tarde aún sostenía, “si la economía [capitalista] es mundial tiene que haber una política mundial y una organización mundial de los trabajadores para que toda revolución, todo país que hace su revolución, la extienda a escala mundial […] el socialismo no puede ser nada más que mundial”.3
 
Polémicas en la Cuarta Internacional

La Cuarta Internacional había nacido en 1938 para construir una nueva dirección revolucionaria combatiendo a las direcciones traidoras, encabezadas por José Stalin, que había burocratizado el gobierno soviético de la URSS y abandonado el marxismo revolucionario por la falsa teoría del “socialismo en un sólo país”. Pero el fin de la Segunda Guerra Mundial vio como Stalin y los partidos comunistas gozaban de un enorme prestigio, ganado tras la derrota de Hitler y la toma de Berlín por el Ejército Rojo, las transformaciones en el este europeo y la revolución China. Aquella autoridad fue utilizada por el estalinismo para alentar la reconstrucción capitalista en los países de Europa occidental, como parte de sus pactos (Yalta y Potsdam) con las potencias imperialistas.

En la posguerra el trotskismo tenía una dirección muy joven y sin una gran experiencia en el movimiento obrero y de masas. León Trotsky había sido asesinado en 1940 por un agente estalinista. La falta de una dirección revolucionaria probada permitió que desde el Tercer Congreso de la Cuarta Internacional, en septiembre de 1951, se fuera imponiendo una orientación oportunista de capitulación al estalinismo y a los nacionalismos burgueses. Estas posiciones fueron acompañadas con métodos burocráticos, expulsando a los disidentes, lo que aceleró el proceso de ruptura y disgregación del trotskismo.4

Bajo el clima de la “Guerra Fría”, los dirigentes trotskistas Michel Raptis (Pablo) y Ernest Mandel afirmaron, equivocadamente, que se acercaba la Tercera Guerra Mundial y que ésta obligaría a los partidos comunistas a adoptar posiciones revolucionarias. El “pablismo” consideraba que la tarea del trotskismo era practicar un “entrismo” permanente en los Partidos Comunistas renunciando así a la tarea de construir partidos revolucionarios. Una política sostenida por casi veinte años, que debilitó al trotskismo europeo. Moreno se opuso a la teoría de la “guerra inminente” y al planteo revisionista de que los Partidos Comunistas se volverían revolucionarios.

En 1952, estalló una revolución en Bolivia. La insurrección obrera y campesina destruyó al ejército burgués, se organizaron milicias y la Central Obrera Boliviana (COB) comenzó a centralizar al movimiento obrero. El trotskismo tenía allí una gran influencia a través del Partido Obrero Revolucionario (POR). Pero la burocracia de la COB entregó el poder al Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el partido nacionalista burgués orientado por Victor Paz Estenssoro. Pablo y Mandel, en lo que fue una histórica traición, ordenaron apoyar al MNR, en lugar de combatirlo y plantear el poder para las milicias y la COB. Moreno sostuvo que el POR debía luchar por la consigna “Todo el poder a la COB” para conquistar un gobierno de trabajadores.

Mandel, sucesor de Pablo, profundizó aquella política oportunista y la convirtió en un principio de orientación: capitular a todas las direcciones mayoritarias del movimiento de masas, alentando la colaboración de clases. En oposición, Moreno alertó que dicha orientación llevaba a renunciar a la tarea de construir partidos revolucionarios y a ir abandonando la lucha por gobiernos de trabajadores y el socialismo mundial. A pesar de estar en minoría, reclamó un debate honesto y democrático en las filas del trotskismo y batalló para organizar una oposición que disputara la dirección de la Cuarta.
El triunfo de la revolución cubana en 1959 reavivó los debates. Moreno defendió a la revolución que declaró a Cuba primer estado socialista en Latinoamérica. Lo hizo contra los sectarios, como la corriente de Pierre Lambert, luego apoyada por Jorge Altamira, que definían a Cuba en tiempos de Ernesto “Che” Guevara, como capitalista. Pero también enfrentó al mandelismo, que capitulaba a la dirección de Fidel Castro, el guerrillerismo y el Partido Comunista cubano, defendiendo la importancia de construir allí un partido revolucionario que luchara por implantar la democracia obrera y la extensión de la revolución socialista internacional.5 La realidad le dio la razón a Moreno. La burocracia cubana cedió al estalinismo y terminó restaurando, luego de la caída de la URSS, el capitalismo en nombre de una falsa “actualización del socialismo”.

Como un eco de la revolución cubana, entre 1961 y 1963, se desarrolló en el sur de Perú una gran movilización campesina en La Convención y Lares (valle de Cuzco), dirigida por Hugo Blanco, que entonces militaba en la corriente morenista. Inspirado por Moreno, Blanco organizó sindicatos campesinos y defendió las tomas de tierras formando milicias armadas campesinas para enfrentar la violencia de los terratenientes. Moreno, apoyando a Blanco, entonces combatió una desviación guerrillerista. Años más tarde el propio Blanco recordaría “el mérito de haber reaccionado primero e iniciado una lucha seria contra esta desviación corresponde al camarada Nahuel Moreno, el principal teórico del trotskismo latinoamericano”.6

En 1979, estando exiliado en Colombia, Moreno impulsó la creación de la Brigada Simón Bolivar para intervenir en la revolución nicaragüense tomando el ejemplo de las brigadas internacionalistas de la Guerra Civil Española.7
 
Construir partidos revolucionarios y reconstruir la Cuarta Internacional

Entre las enseñanzas que nos dejó Moreno está la tarea de construir una organización internacional, aunque sea débil y pequeña, porque no es posible elaborar un análisis acertado de la situación internacional desde un partido nacional y porque en los distintos países la construcción de partidos revolucionarios sólo se puede desarrollar combinando las luchas locales con el acompañamiento de los principales procesos revolucionarios regionales y mundiales. Desde Izquierda Socialista y la UIT-CI continuamos el legado de Nahuel Moreno y redoblamos nuestros esfuerzos para darle continuidad a la tarea de unir a los revolucionarios del mundo en la pelea por reconstruir la Cuarta Internacional. En ese camino, mantenemos una lucha implacable contra las direcciones traidoras del movimiento de masas que sostienen al capitalismo decadente y al oportunismo y sectarismo en las filas del trotskismo que les capitulan. Luchamos, por ejemplo, contra el nuevo oportunismo que inculcan los mandelistas de integrarse, con el PSOL, al gobierno de conciliación de clases de Lula en Brasil, planteando la urgente y aún vigente necesidad de luchar por gobiernos de las y los trabajadores y el socialismo mundial.

1. Ver artículo en El Socialista Nº 579, 20/03/2024 y el documental Mariano Manso (director). (2017) “Nahuel Moreno: una vida, infinitas luchas”. [video online] Disponible en www.nahuelmoreno.org
2. Ernesto González (coord.). “El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina”. Tomo 1, Editorial Antídoto, Buenos Aires, 1995. Disponible en www.marxist.org
3. Nahuel Moreno. “Ser trotskista hoy”. Editorial CEHuS, Buenos Aires, 2020. Disponible en www.nahuelmoreno.org 
4. Mercedes Petit. “Apuntes para una historia del trotskismo (1938-1964)”. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2006.
5. Sobre las polémicas con el guerrillerismo Nahuel Moreno. “Polémica con el Che Guevara”. Editorial CEHuS, Buenos Aires, 2017 y Martín Mangiantini. “El trotskismo y el debate de la lucha armada”. El Topo Blindado, Buenos Aires, 2014 www.cehus.org
6. Hugo Blanco. “Tierra o muerte”. Ediciones Siglo XXI, México, 1972 y Nahuel Moreno. “Perú: dos estrategias”. CEHuS, Buenos Aires, 2015.
7. Ver “La Brigada Simón Bolívar”. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2009.

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