Jun 26, 2026 Last Updated 8:21 PM, Jun 25, 2026

* Foto de portada: en el auditorio "Hugo del Carril" de José León Suárez, Mónica Schlotthauer y Rubén "Pollo" Sobrero acompañando a compañeros ferroviarios y familiares que reclaman que la Justicia declare a los fusilamientos como delitos de lesa humanidad.

Escribe Camila Mitre

A 70 años de los fusilamientos de José León Suárez, la Justicia Federal de San Martín declaró que los crímenes cometidos por la dictadura encabezada por Pedro Eugenio Aramburu fueron delitos de lesa humanidad. La sentencia del juicio por la verdad responsabilizó al Estado argentino por la planificación, ejecución y encubrimiento de la masacre ocurrida en la madrugada del 10 de junio de 1956, cuando cinco hombres fueron asesinados y otros siete lograron sobrevivir.

El juicio fue impulsado por familiares de las víctimas, que durante décadas reclamaron verdad, reparación y reconocimiento. En la audiencia estuvieron presentes Mónica Schlotthauer, diputada bonaerense de Izquierda Socialista en el FIT Unidad y delegada ferroviaria, y Rubén “Pollo” Sobrero, secretario general de la Unión Ferroviaria Oeste, quienes acompañaron el reclamo de los familiares y sobrevivientes.

La jueza Alicia Vence, titular del Juzgado Federal en lo Criminal N° 2 de San Martín, dio por probado que en la noche del 9 de junio de 1956 un grupo de personas fue secuestrado en una casa de Florida, en el partido de Vicente López. Algunos esperaban noticias del levantamiento encabezado por el general Juan José Valle contra el régimen militar que había derrocado a Juan Domingo Perón en 1955. Sin embargo, la represión ya estaba en marcha.

Horas después, los detenidos fueron trasladados en un colectivo de línea hasta los basurales de José León Suárez. Allí, bajo las órdenes del inspector Rodolfo Rodríguez Moreno y siguiendo las directivas del jefe de Policía bonaerense, Desiderio Fernández Suárez, fueron fusilados. La sentencia estableció la responsabilidad penal de Pedro Eugenio Aramburu, Isaac Francisco Rojas, Juan Constantino Quaranta, Fernández Suárez, Rodríguez Moreno y el personal a su cargo.

Los asesinados fueron Nicolás Carranza, Francisco Garibotti, Vicente Rodríguez, Carlos Lizaso y Mario Brión. Otros siete sobrevivieron: Juan Carlos Livraga, Miguel Ángel Giunta, Horacio Di Chiano, Norberto Gavino, Julio Troxler, Reinaldo Benavídez y Rogelio Díaz. Algunos escaparon en medio de la oscuridad; otros fueron heridos y dados por muertos. El caso de Livraga fue clave: fue “el fusilado que vive”, cuya historia llegó a Rodolfo Walsh y a Enriqueta Muñíz dio origen a Operación Masacre, una obra central del periodismo de investigación y de la literatura de no ficción.

Uno de los puntos centrales de la sentencia fue la reconstrucción de la ilegalidad del operativo. La dictadura intentó justificar los crímenes bajo la ley marcial, anunciada por Radio Nacional a las 0.32 del 10 de junio. Pero los secuestros habían ocurrido antes y el decreto recién fue publicado en el Boletín Oficial cuatro días después. Para el tribunal, no hubo legalidad posible. La jueza declaró la responsabilidad del Estado por hechos que calificó como “allanamiento ilegal de domicilio”, “privación ilegal de la libertad agravada”, “homicidio agravado” y “tentativa de homicidio”.

Aunque los responsables ya murieron y no pueden recibir condena penal efectiva, la jueza dejó asentado que, de haber sido juzgados en vida, les habría correspondido la pena de prisión perpetua. Además, dispuso la “reivindicación del buen nombre y honor” de las víctimas y estableció que la sentencia constituye en sí misma una forma de reparación.

Entre las medidas ordenadas, la Justicia dispuso la publicación de la sentencia en organismos oficiales, la incorporación del caso en los contenidos educativos, la instalación de placas conmemorativas en los lugares donde ocurrieron los allanamientos y fusilamientos, y la creación de un sitio de memoria en el predio de los históricos basurales de José León Suárez.

La sentencia llega tarde, pero confirma una verdad histórica. Los fusilamientos fueron parte de la represión desatada por el golpe gorila de 1955, una ofensiva patronal, clerical y proimperialista contra la clase trabajadora y sus conquistas. Nahuel Moreno, dirigente de nuestra corriente trotskista, denunció desde aquellos años el carácter reaccionario de ese golpe y señaló que la resistencia contra la dictadura debía apoyarse en la organización independiente y la movilización de las y los trabajadores.

Setenta años después, la lucha de los familiares, sobrevivientes y organismos logró arrancarle al Estado un reconocimiento judicial. Pero la memoria no se agota en una sentencia. Frente a quienes reivindican la represión, niegan los crímenes del Estado o vuelven a atacar los derechos de las y los trabajadores, seguimos levantando las banderas de memoria, verdad y justicia. Por los fusilados de José León Suárez, por Walsh, por cada compañero perseguido y asesinado, la pelea sigue en las calles.


Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad

*Foto de portada: Monumento a la corrupción. Soterramiento del ferrocarril Sarmiento

La izquierda vino dando pelea contra la corrupción bajo todos los gobiernos capitalistas. Y lo hará sin piedad si accede al poder de la mano de la clase trabajadora. Hoy el caso Adorni muestra burdamente hasta dónde pueden llegar estos ultraderechistas desde las máximas esferas del poder. Lo mismo pasó con la corrupción bajo el gobierno peronista kirchnerista, donde al ex secretario de Obras Públicas, “Josecito” López, lo encontraron con 9 millones de dólares en una bolsa de consorcio.

Vale aclarar que cuando hablamos de corrupción, no solo nos referimos a los políticos o funcionarios que se quedan con una coima, sino a este sistema capitalista que se asienta en grandes negociados corruptos. Por ejemplo, la empresa multinacional brasilera Odebrecht tenía una oficina que se dedicaba a pagar sobornos para quedarse con las licitaciones, como ocurrió en Argentina con la obra faraónica del soterramiento del Sarmiento. Multinacional que después devolvía favores aportando al PRO y a otros partidos patronales.

Nos preguntamos: ¿Qué pasó con el tremendo acto de saqueo y corrupción que es la deuda externa? ¿Dónde están las condenas para quienes la avalaron y pagaron con el hambre del pueblo? ¿Y las privatizaciones votadas hasta con diputruchos? ¿Por qué hay leyes que protegen a los responsables, como la Inocencia Fiscal recientemente votada, penas muy bajas para este tipo de delitos y una justicia y un Congreso cómplices? Con todo esto hay que terminar.
 
Nuestra lucha en estos años

Las y los trabajadores y la izquierda venimos enfrentando sistemáticamente a la corrupción capitalista, tanto en las calles, como en el Congreso y predicando con el ejemplo. El cuerpo de delegadas y delegados del ferrocarril Sarmiento encabezado por nuestro dirigente Rubén “Pollo” Sobrero y nuestra diputada Mónica Schlotthauer, denunció que el vaciamiento del ferrocarril y el desvío de subsidios millonarios por parte de la patronal TBA iba a provocar un Cromañón ferroviario. Esto fue lo que lamentablemente ocurrió con la Masacre de Once provocando 52 muertos y 800 heridos. Si los hubieran escuchado, esto se podría haber evitado.

En 2017, en pleno gobierno de Macri cuando le perdonó a su padre la deuda que mantenía con el Correo Argentino, presentamos un proyecto de ley en la Cámara de Diputados para que los responsables de corrupción vayan presos y devuelvan lo que se robaron. Solo la izquierda lo hizo. También postulamos, entre otras medidas, que los jueces sean elegidos por el voto popular, ganen como un trabajador y tengan cargos revocables.

Comparemos por último a las y los políticos patronales con las y los diputados y partidos del Frente de Izquierda, donde se podrá comprobar el abismo que hay: ganamos como un laburante y a nuestros partidos no los financian empresarios ni banqueros como lo hacen La Libertad Avanza, el PRO y el PJ.   
 
Peleamos por un gobierno completamente distinto

Ya hemos explicado las principales medidas que tomaría un gobierno de la izquierda y de la clase trabajadora para terminar con el hambre, el saqueo y la dependencia. Con la corrupción pasaría lo mismo.

Un gobierno de izquierda encararía la pelea por terminar con este sistema capitalista explotador y corrupto, desmontando la base en la que se asientan los denominados monumentos a la corrupción. En un gobierno obrero y socialista no habría margen para la corrupción.

Todo sería controlado y gestionado por el pueblo trabajador con los organismos que genere para su alcance, desde la necesaria planificación de la economía pasando por las instituciones de gobierno. Si los gobiernos capitalistas y sus instituciones están al servicio de los negocios corruptos, un gobierno de la izquierda haría lo opuesto.

Un gobierno de la clase trabajadora pondría a las y los ferroviarios al mando del transporte, lo que hubiera evitado la privatización y las muertes. Solo un gobierno de la clase trabajadora donde los obreros de la construcción, técnicos y arquitectos planifiquen y controlen la obra pública podrá evitar hechos corruptos en una industria tan estratégica de la que dependen que se hagan viviendas populares, rutas, caminos, escuelas, hospitales. También se terminarían los negociados con la educación y la salud pública si la docencia y el personal médico y de enfermería estuviera en los ministerios correspondientes. 

Y si aun así se dieran casos de corrupción (de los cuales un gobierno obrero no estaría exento en un ciento por ciento), aplicaríamos lo que hicieron Lenin y Trotsky en los primeros años de la revolución rusa de 1917 con el Decreto sobre el Soborno, castigando tanto a quienes los daban como a quienes los recibían. Lo mismo dispusieron para los dirigentes partidarios, estableciéndose un tope salarial igual a un trabajador calificado, obligándolos a justificar su patrimonio y si no cumplían eran desafectados, entre otras innumerables medidas, además de terminar con los privilegios del zarismo.
Concluimos diciendo que cuando se dice por ahí “corrupción hubo desde siempre”, esto no se debe interpretar con que tengamos que estar condenados a vivir bajo este sistema capitalista corrupto de por vida. Hay otra salida. Y solo la propone el Frente de Izquierda Unidad.

CABA
Sábado 20 a las 11 
Charla almuerzo con Rubén “Pollo” Sobrero. Secretario general Seccional Oeste Unión Ferroviaria. Izquierda Socialista/FIT Unidad
Guamini 4748 - Lugano 

Boedo
Sábado 20 a las 15 
Mateada con Mercedes Trimarchi, legisladora CABA, dirigenta feminista - Isadora 
Cochabamba 3140  

Oeste
Haedo
Jueves 18 a las 16
Con Rubén “Pollo” Sobrero
Calle Vignes 1580 - (el galpón)

Merlo
Sábado 20 a las 15 
Con Rubén “Pollo” Sobrero
Esquina Solanet y Guemes 
Merlo lado norte 
(a dos cuadras de la estación)

Moreno
Sábado 20 a las 16
Con Mónica Schlotthauer, delegada ferroviaria y diputada bonaerense 
Izquierda Socialista/FIT Unidad
Calle Pedro de Somellera y Murillo, 
Barrio Máximo, Cuartel V 

Hurlingham 
Viernes 26 a las 17
Con Rubén Pollo Sobrero
Avenida Vergara 2221 

Ituzaingó
Sábado 27 a las 17
con Mercedes Trimarchi
24 de octubre 715

Juventud- CABA
Sábado 30 a las 17 
con Pili Barbas, secretaria FUA y dirigenta de la JIS
Virrey Liniers 451

Campana
Martes 23 a las 19.30
Conversatorio
La resistencia palestina y la solidaridad internacional
con Mónica Schlotthauer delegada ferroviaria y diputada bonaerense Izquierda Socialista / FIT U y
Ezequiel Peressini dirigente de Izquierda Socialista y de la UIT CI
Avenida Mitre 857
Anexo del Instituto nº 15 





Durante esta primera parte del año seguimos enfrentando al gobierno de Javier Milei, su motosierra, la inflación, el ajuste sobre salarios y jubilaciones, y la estafa de un plan económico que descarga la crisis sobre la clase trabajadora. Pero esta pelea no se libra solo en la Argentina. La damos como parte de una batalla internacional contra los gobiernos ajustadores, las patronales, el imperialismo y sus planes de saqueo. Por eso necesitamos fortalecer una voz socialista, revolucionaria, internacionalista e independiente.

Desde Izquierda Socialista impulsamos cada lucha obrera, popular y juvenil, y también la solidaridad internacional junto a la UIT-CI. Estamos con el pueblo palestino e integramos la Flotilla Global Sumud en sus dos intentos por abrir un camino para llegar a Gaza con ayuda humanitaria en medio del genocidio sionista. También apoyamos la lucha del pueblo boliviano contra la represión del gobierno de Rodrigo Paz. En ese marco, nuestra compañera y legisladora porteña electa Mercedes Trimarchi viajó a La Paz en nombre de Izquierda Socialista y la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores - Cuarta Internacional (UIT-CI) para acercar la solidaridad internacionalista y participar de actividades con la Central Obrera Boliviana, radios abiertas y asambleas populares. Ahora, nuestra compañera Soledad Mosquera, secretaria general de Ademys fue parte de la misión humanitaria de veedores de derechos humanos integrada por dirigentes sindicales, políticos y sociales a la que le impidieron ingresar a La Paz, en un nuevo ataque contra quienes buscan denunciar la represión y las violaciones a los derechos humanos.

Para sostener estas campañas de apoyo y solidaridad con los que luchan, tanto a nivel nacional como internacional necesitamos tu aporte. Izquierda Socialista no recibe dinero de empresarios. Nos sostenemos con el esfuerzo militante y con la colaboración de quienes quieren fortalecer una herramienta al servicio de las luchas. Por eso te pedimos un aporte, podes colaborar adquiriendo la Correspondencia Internacional a 20 mil pesos, o El Socialista a precio solidario o sumándote a nuestras actividades.

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El jueves 4 de junio en el Café Prometeo en CABA se presentó Las bolches, los partidos de izquierda en la Argentina y el movimiento de mujeres en la historia reciente. Su autora, Natalia Casola, es historiadora y profesora en la UBA y del CONICET, en su Instituto de Investigaciones en Estudios de Género (IIEGE).

La presentadora fue Débora D’Antonio, directora de la colección Pasados Presentes, que impulsa la publicación de investigaciones históricas en distintos rubros, en las últimas décadas del Siglo XX. Participó también Gabriela Mitidieri, historiadora de la UBA y del IIEGE, autora de, entre otros trabajos, Las trabajadoras de las ropas: coser, lavar y disputar derechos en la ciudad de Buenos Aires, 1848-1870, sobre las obreras textiles, también publicado por Prometeo.

Por último, estuvo Mercedes Petit, dirigente de Izquierda Socialista (UIT-CI), de larga trayectoria militante en la corriente del trotskismo que encabezó Nahuel Moreno. Entre otros numerosos artículos y escritos, es autora del libro Mujeres trabajadoras y marxismo: un debate sobre la opresión, escrito en 1980 y reeditado en 2025 por Editorial Cehus[1].

Este libro de Natalia Casola es una muy seria investigación sobre la actuación en relación de la organización y luchas de las mujeres y disidencias en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. Con un minucioso trabajo de historia oral, entrevistando a diversas militantes protagonistas de aquellos años, y un abundante recorrido por publicaciones de archivo y bibliografía. Por un lado, del Partido Comunista (PC), destacando la trayectoria de la UMA (Unión de Mujeres Argentina) fundada en 1947; y del Partido Comunista Revolucionario (PCR), desde su surgimiento en 1968. Por el otro, del trotskismo, trabajando sobre las experiencias del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y su sucesor el Movimiento al Socialismo (MAS), de la mencionada corriente morenista, y el Partido Obrero (PO), cuyo referente era Jorge Altamira.

En las distintas intervenciones se destacó el mérito de la obra al rescatar en profundidad las complejas relaciones entre marxismos y feminismo de aquellas décadas. Discute la idea de que haya sido solamente el “matrimonio infeliz” que resumió la célebre definición de la feminista Heide Hartmann en 1983, para centrarse en las tensiones, pero también en las mutuas influencias. Mercedes Petit rescató al respecto la seriedad con que la autora ubica al morenismo como un “pionero” en el acompañamiento de las luchas de las mujeres y las disidencias LGTB por su liberación y lo vincula a su carácter internacionalista. Y llamó a no dudar un instante: comprar Las bolches y leerlo cuanto antes, dado que es muy bueno.

 

[1] Disponible en www.nahuelmoreno.org/otros autores. En El trotskismo en la Argentina (Camareo y Mangiantini, Prometeo, 2024) hay un artículo de Natalia Casola que ubica el debate de aquel documento.

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