Feb 03, 2026 Last Updated 2:13 AM, Feb 3, 2026

Escribe Partido Socialismo y Libertad, sección venezolana de la UIT-CI

El pasado 22 de enero, la Asamblea Nacional aprobó de forma apresurada una reforma parcial a la Ley Orgánica de Hidrocarburos. La misma contó con el voto favorable de un sector de los diputados de la oposición patronal. Se trata de una ley cocinada en la Casa Blanca. No fue casualidad que, un día antes de su aprobación, el gobierno del ultraderechista Donald Trump le diera su visto bueno.

Esta reforma busca abrir el sector petrolero venezolano a las inversiones extranjeras. Ya no será obligatorio operar en asociación con Pdvsa mediante empresas mixtas. Este es el cambio más significativo de la nueva ley. Se elimina el control que el país ejercía a través de Pdvsa sobre las operaciones y la comercialización del crudo. De esta manera, se abre la puerta para que los socios privados, tanto nacionales como transnacionales, participen directamente en la exploración y extracción de petróleo mediante los llamados «Contratos de Participación Productiva» (CPP). Estos contratos les otorgan autonomía operativa y de gestión en el negocio petrolero, sin el control de Pdvsa.

Además, se reducen las regalías que las transnacionales y empresas nacionales deben pagar al Estado venezolano, pasando del 33,3% a un 15%, y en algunos proyectos, a un 20%. Las regalías eran un impuesto que debían pagar las empresas al Estado; su reducción significa mayores ganancias para las petroleras y menos recursos para el país.

Por otra parte, la reforma establece que ya no será obligatorio resolver litigios y controversias con las empresas en tribunales nacionales, permitiendo que estos casos sean llevados ante instancias internacionales.

Tras la brutal agresión imperialista del 3 de enero, en la que Estados Unidos masacró a más de 200 personas, el gobierno de falso socialismo chavista —que hoy encabeza la presidenta encargada Delcy Rodríguez —, en lugar de reaccionar con dignidad ante la agresión y romper relaciones con Estados Unidos, ha cedido ante los intentos de tutelaje de Trump sobre nuestro país. Nunca convocó a una resistencia real ni a la movilización contra la injerencia estadounidense, ni tomó medidas económicas concretas contra las empresas de ese país.

Con esta reforma leonina y entreguista, aprobada en la Asamblea Nacional, se ha materializado el pacto entre el gobierno venezolano y Trump, sobre el cual ya habíamos advertido (Ver nuestra declaración del 11 de enero). Este acuerdo profundizará la entrega del petróleo a las transnacionales y a los empresarios privados nacionales, consolidando así un nuevo saqueo de nuestros recursos.

Las señales de que se estaba fraguando un pacto eran evidentes. Fue el propio gobierno venezolano el que puso a disposición de Estados Unidos los 30 o 50 millones de barriles de petróleo de los que Trump se jacta controlar. De esos, Estados Unidos ya vendió una parte en el mercado internacional, y en días pasados ingresaron al país 300 millones de dólares, con otros 200 millones por llegar próximamente, de un total de 500 millones que Trump había depositado en Qatar. Todo esto se hizo con el acuerdo del gobierno venezolano. Además, se avanza aceleradamente en el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Venezuela y Estados Unidos. Recientemente, la presidenta encargada se entrevistó con el director de la CIA, y la Casa Blanca ya anunció que Delcy Rodríguez sería invitada a reunirse con Trump.

Sin embargo, esta escandalosa capitulación no nos sorprende. Desde hace más de dos décadas hemos denunciado que el llamado «Socialismo del Siglo XXI» chavista es una gran estafa: una farsa orquestada para mantener a Venezuela dentro del marco capitalista, lo que ha provocado una brutal caída en el nivel de vida de la clase trabajadora y los sectores populares.

Llevamos años denunciando que Chávez primero, y luego Maduro, siempre buscaron acuerdos con las transnacionales y los empresarios privados. Chávez no nacionalizó el petróleo; eso ocurrió realmente en 1975. Lo que se hizo en 2006 con el plan «Plena Soberanía Petrolera» fue reemplazar los contratos de las transnacionales en Venezuela por «empresas mixtas», donde estas pasaron a ser socias de Pdvsa en el negocio petrolero (51% a 49%). En aquel entonces, transnacionales estadounidenses y de otros países firmaron estos acuerdos. Empresas como Exxon Mobil y ConocoPhillips no fueron expulsadas por el gobierno; simplemente rechazaron el esquema y abandonaron el país.

Desde 2018, con la implementación del Programa de Recuperación, Crecimiento y Prosperidad Económica, Maduro acordó con Fedecámaras y Conindustria aplicar un brutal ajuste capitalista que destruyó los salarios, eliminó impuestos a las empresas, desreguló las relaciones laborales, convirtiendo a los trabajadores en mano de obra semiesclava y sin derechos sindicales. En más de una ocasión, incluso ofreció en bandeja de plata a las transnacionales estadounidenses y de otros países el petróleo, el gas y las riquezas mineras del país. El 31 de diciembre, en una entrevista con el periodista español Ignacio Ramonet, declaró: “Que si quieren petróleo, Venezuela está lista para inversión estadounidense, como con Chevron, cuando quieran, donde quieran y como quieran”

A lo largo de estos últimos 25 años, nunca hemos dado apoyo al régimen chavista, al mismo tiempo que denunciábamos a los partidos de la derecha patronal y proimperialista, manteniendo nuestra independencia política frente a ambos polos. Sostenemos que la única salida estratégica es lograr un gobierno de las y los trabajadores, junto a los sectores populares, para que el petróleo sea 100% estatal —sin empresas mixtas ni transnacionales— y gestionado por sus trabajadores, profesionales y técnicos. Los recursos provenientes del petróleo deben destinarse a un plan obrero y popular de emergencia, que garantice aumentos salariales y de pensiones, así como inversión en salud, educación, vivienda, producción de alimentos y medicamentos, además de la recuperación de nuestra industria petrolera, eléctrica y las empresas básicas de Guayana.

Entre 1999 y 2014, Venezuela recibió más de 960 mil millones de dólares por exportaciones petroleras. Sin embargo, muy poco de esos recursos llegó a los trabajadores y sectores populares. La mayor parte se perdió en negocios turbios, corrupción, compras de armas y enriquecimiento de grandes transnacionales y grupos económicos nacionales.

Aunque esta ha sido la tónica del chavismo durante 26 años, la reciente reforma a la Ley de Hidrocarburos —aprobada en primera discusión por el parlamento venezolano— profundiza el camino de entrega de nuestro petróleo y recursos naturales.

Reconocemos que existe una gran confusión entre el pueblo trabajador, alimentada por el doble discurso y el falso socialismo del chavismo. Ante la grave crisis social, algunos trabajadores petroleros y de otros sectores podrían albergar expectativas equivocadas sobre el ingreso de transnacionales e inversiones, creyendo que mejorarán salarios y condiciones de vida.

Pero la historia demuestra que, en ninguna parte del mundo, las inversiones de grandes empresas han traído bienestar a los pueblos. Al contrario, solo generan más miseria, expoliación de recursos y ningún beneficio para la clase trabajadora. Por eso, rechazamos tanto la injerencia de Estados Unidos y Trump en nuestro país y en el manejo del petróleo, como el reciente pacto consumado con el gobierno venezolano.

En el PSL, estamos convencidos de que solo la lucha del pueblo trabajador puede generar cambios reales en nuestras condiciones de vida. Nada caerá del cielo, y nadie nos regalará nada. Por eso decimos que debemos organizarnos para luchar desde ya por un aumento inmediato de salarios de emergencia, equivalente al valor de la canasta básica.

Acaban de llegar 300 millones de dólares por la venta de petróleo, y está previsto que lleguen otros 200 millones en los próximos días, y seguirán llegando recursos por la venta del petróleo que no se había vendido por el bloque impuesto por el imperialismo estadounidense. Exigimos que ese dinero se destine a aumentar los salarios, mejorar la salud, la educación y los servicios públicos. Debemos movilizarnos por un plan de acción que incluya:

– ¡Basta de ajustes contra el pueblo trabajador!

– ¡Basta de bonificación salarial!

– Discusión de contrataciones colectivas.

– Derecho a huelga y libertad sindical.

– Libertad plena para los presos políticos, especialmente para las trabajadoras y trabajadores detenidos por luchar, denunciar la corrupción o por razones políticas, como es el caso de más de 120 petroleros que permanecen detenidos. Exigimos su inmediata liberación y restitución en sus cargos.

– ¡Levantamiento inmediato del decreto de conmoción externa!

– Legalización de los partidos políticos de izquierda y democráticos.

En este marco, desde el PSL seguimos exigiendo: ¡Fuera Trump de Venezuela y de América Latina!

24 de enero de 2026

Escribe Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI)

25/1/2026. Durante el viernes 23 de enero, se llevó adelante una histórica movilización de masas y una fuerte huelga general en Minneapolis. La huelga había sido convocada días antes por diversas organizaciones sindicales y comunitarias de la ciudad en rechazo al asesinato de Renee Nicole Good el pasado 11 de enero por parte de agentes migratorios de ICE (siglas en inglés del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas de EEUU), y por el cese de la persecución migratoria en esa ciudad. A partir del asesinato de Good, grandes movilizaciones se desarrollaron diariamente en diversas ciudades y se registraron enfrentamientos con las fuerzas represivas. 

La convocatoria a la huelga fue tomada por decenas de organizaciones y el 23 de enero Minneapolis despertó paralizada. Bajo la jornada más fría de los últimos años, con temperaturas alrededor de -20Cº, una masiva movilización con mas de 50.000 participantes llenó las calles de la ciudad. Estas movilizaciones fueron replicadas en otras ciudades y potenciadas por el Movimiento 50501, que desde la asunción de Trump en su segundo mandato ha agrupado a diversas organizaciones para enfrentar el autoritarismo, la represión y el ajuste de Trump, impulsando masivas acciones en todo EEUU.

Se trata de la mayor protesta desde el estallido de disturbios populares en varias ciudades de California en 2025 contra las deportaciones masivas de Trump, quien pretende deportar a un millón de personas cada año. Los crímenes de Trump y sus agentes de ICE, que incluyen torturas, asesinatos y violaciones sexuales, han generado gran indignación.

En Minneapolis y Saint-Paul, las llamadas Ciudades Gemelas, se viene desarrollando un fuerte proceso de organización que garantiza patrullajes independientes para anticiparse a la intervención de la ICE, y una fuerte solidaridad con la población migrante amenazada por la violencia represiva del gobierno. Para garantizar la huelga se desarrollaron diversas iniciativas, como grandes movilizaciones dentro de los centros comerciales llamando a que se cierren los locales y una gran intervención en el aeropuerto local para garantizar la paralización de los vuelos programados. Durante esta acción fueron detenidas unas cien personas. Durante la tarde, y desafiando el frío extremo -que ha obligado de declarar la emergencia en Nueva York-, diversas columnas fueron llegando al centro de la ciudad con carteles exigiendo justicia por Renee Good y todas las y los asesinados, la disolución de la ICE, el fin de las redadas y un claro rechazo a la política de Trump de sostener el genocidio en Gaza, sus agresiones a Venezuela y sus amenazas sobre Groenlandia. 

Mientras la lucha crece la ICE y los Agentes Federales siguen asesinando

Luego de la exitosa huelga y las grandes movilizaciones, los agentes federales que patrullan Minneapolis, volvieron a asesinar. Durante la tarde del sábado 24 de enero, un grupo de agentes federales sometió y asesinó con disparos a Alex Pretti; un trabajador de la salud de 37 años. Nuevamente, todo quedó grabado por los celulares y rápidamente se hizo público, despertando la rabia generalizada.

El gobierno de Trump ha intentado justificar las ejecuciones de Good y Pretti alegando que eran “terroristas”, aunque ambos fueron asesinados mientras participaban en protestas no violentas y grababan las actuaciones de la ICE. Trump, quien fiel a su estilo paranoico ha clasificado al antifascismo como una “organización terrorista”, también ha acusado al gobernador de Minnesota y al alcalde de Minneapolis, ambos liberales del partido demócrata, de dirigir una supuesta “insurrección”.

Durante el segundo gobierno de Trump 37 personas han muerto bajo custodia de ICE. Trump no solo garantiza impunidad de los agentes de ICE y la Guardia Nacional, sino que los ensalza como “patriotas” por sus acciones criminales y ha aprobado presupuestos récord para la institución. 

La Cámara de Representantes aprobó el pasado 22 de enero -con el voto de 7 demócratas- el proyecto de Ley de Seguridad Nacional y un nuevo paquete de financiamiento para la ICE para seguir fortaleciendo una maquinaria represiva sin precedentes. Mientras tanto, grandes movilizaciones exigen la disolución de la ICE y su inmediata retirada de los barrios. Para el próximo 17 de febrero, se prepara una nueva movilización hacia el Congreso en un “Día Nacional de Acción Directa”, y los sindicatos de la Salud comienzan a discutir posibles medidas de huelgas en contra de la represión, mientras sostienen una histórica huelga en los grandes hospitales privados de Nueva York.

Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI), nos solidarizamos con las movilizaciones en curso y exigimos justicia para las personas y activistas asesinados. Exigimos la liberación de las y los migrantes encarcelados y el fin de las deportaciones masivas. Nos sumamos a exigir la disolución de la ICE y el inmediato retiro de las Fuerzas Federales de los barrios populares.

Escribe Partido de la Democracia Obrera, sección Turca de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional

22/1/2026. Tras el fracaso de las negociaciones entre el gobierno provisional y las Fuerzas Democráticas Sirias el 4 de enero, la escalada militar que se intensificó y continuó extendiéndose desde Alepo hacia todas las zonas bajo control de la Administración Autónoma en el Norte y el Este de Siria (ANAES). Después de que las fuerzas gubernamentales, que continuaban su avance militar al oeste y al este del Éufrates, llegaran hasta las inmediaciones de Kobane, Hasaka y Qamishlo, en la noche del 18 de enero se firmó un nuevo acuerdo de alto el fuego. En el marco de los recientes acontecimientos, que han creado una nueva situación política en Siria y en la región como resultado de la combinación de múltiples factores, como Partido de la Democracia Obrera resumimos nuestra posición en los siguientes puntos:

1. El pueblo kurdo, dividido en cuatro partes como resultado de los planes de reparto imperialista, es una de las naciones más antiguas de la región. Los derechos democráticos y nacionales del pueblo kurdo en Turquía, Siria, Irán e Irak deben ser reconocidos sin ser objeto de ninguna negociación, y el pueblo kurdo debe poder determinar libremente su propio futuro. Ningún arreglo que no se base en esta realidad histórica y política puede producir una solución duradera ni garantizar la paz entre los pueblos.

2. En este marco, la base fundamental de la reciente escalada militar en Siria radica en el hecho de que el gobierno de Damasco no reconoce el carácter multinacional, multiétnico y multirreligioso de los pueblos del país. Las divisiones heredadas del régimen de Al Assad, que llevó las políticas sectarias y racistas a sus extremos para mantenerse en el poder, están siendo utilizadas ahora por el gobierno provisional de Shara para consolidar su propio poder. La prioridad del gobierno provisional es reconstruir el Estado capitalista en el país en cooperación con el imperialismo, el sionismo y las fuerzas reaccionarias regionales, apropiándose de las demandas de “libertad y dignidad” por las que el pueblo sirio ha pagado grandes costos. Sus políticas centralistas y autoritarias en esta dirección causaron desastres en Latakia en marzo y en Suwayda en julio, y ahora han provocado una nueva crisis en Rojava.

3. El acuerdo de alto el fuego firmado el 18 de enero y renovado el 20 de enero puede romperse en cualquier momento, como los anteriores, y los enfrentamientos pueden intensificarse nuevamente. En realidad, este acuerdo es una revisión del acuerdo del 10 de marzo, que no fue implementado, y continúa presentando sus características débiles y frágiles. Este acuerdo ambiguo, que prevé la integración de las Fuerzas Democráticas de Siria (FDS) en el ejército central y de la Administración Autónoma en Damasco, ha funcionado en la práctica como una cobertura que protege los intereses a corto plazo de ambas partes y sirve a sus esfuerzos por ganar tiempo y fortalecer sus posiciones. Este acuerdo se ha configurado no sobre la base de las iniciativas propias de las partes, ni del establecimiento de los derechos democráticos de los pueblos, sino en función de las necesidades y demandas de Estados Unidos y de las potencias regionales. En este proceso, el gobierno de Shara, que ha logrado jugar mejor sus cartas en el equilibrio de fuerzas políticas globales y regionales, está imponiendo a la Administración Autónoma, a partir del avance militar sobre el terreno desde el 4 de enero, una actualización y clarificación del acuerdo del 10 de marzo en su propio beneficio.

4. Al igual que en el acuerdo del 10 de marzo, las prioridades del imperialismo y las potencias regionales fueron decisivas para definir el acuerdo del 18 de enero. Convencido de que las Fuerzas de Democráticas de Siria (FDS) habían cumplido su misión histórica y prefiriendo al régimen de Damasco como su principal aliado, la administración Trump, tras el fracaso de las negociaciones, dio luz verde al avance militar del gobierno interino, excluyendo las ciudades y aldeas de mayoría kurda. Inmediatamente antes de la operación militar, el gobierno interino neutralizó a la entidad sionista mediante un acuerdo alcanzado en París con el Estado sionista, cuya prioridad era la desmilitarización del sur, cuyos detalles aún no se han revelado oficialmente. La administración Erdoğan, como el principal defensor de esta operación, ofreció su pleno apoyo a las fuerzas gubernamentales.

5. Mientras el gobierno provisional continuaba su avance militar en la región de Cezire (al este del Éufrates), también firmó el 17 de enero un decreto en el que anunciaba el reconocimiento y la garantía de los derechos de ciudadanía, lingüísticos y culturales del pueblo kurdo. Aunque este paso tiene gran importancia por ser el primer documento en la historia de Siria que reconoce diversos derechos de los kurdos tras la independencia del país, no ha producido un resultado que alivie las preocupaciones existenciales del pueblo kurdo debido a los continuos enfrentamientos militares y a las políticas centralistas del gobierno. De manera similar, aunque el gobierno central subraya que no llevará a cabo ataques militares contra las regiones de mayoría kurda, no es posible convencer a los kurdos cuyas ciudades y pueblos están bajo asedio militar. En este contexto, ¡el bloqueo militar contra Kobane, donde se ha cortado la electricidad y el agua, debe levantarse de inmediato! Precisamente por esta razón, se están llevando a cabo acciones en las cuatro partes y en la diáspora para la defensa de Rojava. En caso de que el acuerdo del 18 de enero, firmado por ambas partes, también quede sin efecto y el gobierno provisional intente atacar las regiones kurdas, deben organizarse las movilizaciones de solidaridad más amplias en Turquía, en la región y en el mundo para la defensa del pueblo kurdo.

6. Frente a la operación del gobierno provisional, la rápida disolución y desintegración de las FDS, de las cuales se afirma que el 60 por ciento está compuesto por árabes, así como la rápida retirada de las Unidades de Protección Popular (YPG) de las regiones de mayoría árabe y la ausencia de una resistencia en esas zonas contra las fuerzas del gobierno central, han puesto de manifiesto el fracaso de la experiencia de “autoadministración”. La Administración Autónoma, que desde 2017 mantenía bajo su control estas regiones de mayoría árabe, contrariamente a su discurso, no ha podido ofrecer una alternativa basada en la libertad y la igualdad, ni ha logrado ganarse a las comunidades árabes. A pesar de su riqueza en recursos naturales como petróleo, gas natural y agua, la población de la región, convertida por los gobiernos de Damasco en una de las más pobres del país, llevaba largo tiempo protestando contra la Administración Autónoma debido a la discriminación, la represión y la exclusión de las instituciones de gobierno. La política de intentar controlar a las comunidades locales mediante acuerdos con líderes tribales, en lugar de aplicar medidas económicas y políticas capaces de ganarse a los pueblos trabajadores de la región, ha fracasado como resultado del cambio de bando de esos líderes tribales con el cambio en el equilibrio de fuerzas. Además, las políticas que oscilan rápidamente entre negociar con el gobierno de Shara para su representación en la administración central y, por otro lado, declararlo un remanente de ISIS y llamar a una resistencia total -así como los discursos contradictorios provenientes del liderazgo- han causado confusión y desmoralización entre las masas. Como resultado, ha quedado una vez más en evidencia que una política a corto plazo, pragmática y basada en los equilibrios entre potencias globales y regionales no sirve a la liberación nacional.

7. La interconexión entre los acontecimientos en Siria y las negociaciones en curso en Turquía, así como la intervención activa del gobierno de Erdoğan en los desarrollos en Siria, también tendrán consecuencias importantes para el proceso en Turquía. La nueva situación en Siria es significativa, ante todo, porque pone de manifiesto -como hemos subrayado desde el principio- la hipocresía y la falta de sinceridad de la Alianza Popular respecto a la resolución de la cuestión kurda. En el momento en que el régimen represivo de Erdoğan se sienta lo suficientemente fuerte, no dudará en volver a volcar la mesa y en intensificar las políticas de guerra y represión. El aspecto más irónico de este proceso es que la Alianza Popular haya expresado su apoyo al decreto del 17 de enero de Shara, que incluye derechos para la Administración Autónoma y la educación en lengua materna, derechos que la Alianza Popular misma se niega obstinadamente a reconocer. En este marco, subrayamos una vez más que la lucha por la democracia política en Turquía y la cuestión kurda son inseparables, y que los derechos del pueblo kurdo, comenzando por la liberación de los presos políticos, deben ser reconocidos de inmediato sin ser objeto de negociación.

8. La contradicción fundamental en nuestra región sigue estando entre el imperialismo, el sionismo y las fuerzas capitalistas dominantes de la región, por un lado, y los pueblos que se les oponen, por el otro. En este marco, la intifada del pueblo palestino contra el sionismo y los levantamientos (serhildan) del pueblo kurdo, la rebelión del pueblo iraní contra la dictadura y la lucha en curso del pueblo sirio por sus derechos democráticos y económicos están indisolublemente ligados entre sí. La solución final para nuestra región es la Federación Socialista de Oriente Medio, que será establecida bajo el liderazgo de los trabajadores y de los pueblos oprimidos, sobre la base de la liberación social de los pueblos y de la igualdad política.



Proyecto del FIT-U en repudio a los ataques al pueblo Kurdo
La diputada Mónica Schlotthauer de Izquierda Socialista y el diputado Christian Castillo del PTS presentaron un proyecto del Frente de Izquierda Unidad en la legislatura de la Provincia de Buenos Aires en repudio a la ofensiva criminal del gobierno de Siria contra el pueblo Kurdo y la Administración Autónoma del Noreste de Siria (Rojava), Alepo, Raqqa y otros lugares de ese país.

Leé el proyecto https://izq.ar/3ct?a


Escribe Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista de Argentina y de la UIT-CI

La situación de Venezuela, luego de la intervención militar del ultraderechista Donald Trump y los Estados Unidos el pasado 3 de enero, además del repudio, abre muchas dudas e interrogantes: ¿Está cerrada la situación? ¿Triunfó el plan de Trump? ¿Ya gobierna Venezuela? ¿Va a lograr robar su petróleo? ¿Se cerró un pacto con el régimen chavista, sin Maduro, para cogobernar? ¿Habrá nuevas intervenciones militares en Colombia, México o Cuba, Irán o Groenlandia? Las y los luchadores antiimperialistas debemos hacer un esfuerzo en responder a estos interrogantes, mientras seguimos impulsando la movilización internacional para derrotar a Trump, al imperialismo y sus planes coloniales en Venezuela y el mundo.

Se ha producido un ataque directo del imperialismo a Venezuela y América Latina, sin precedentes desde la invasión a Panamá en 1989

Desde entonces no ocurría una intervención militar criminal como ésta de Trump y es la primera que se ejecuta en Sudamérica. En diciembre de 1989 el imperialismo estadounidense invadió Panamá, dejando un tendal de muertos, secuestrando al presidente Manuel Noriega, que fue encarcelado y juzgado en los Estados Unidos. Si bien el ataque a Venezuela no tuvo, por ahora, la magnitud de Panamá, también es una acción militar criminal. Se han confirmado hasta ahora 100 muertos entre militares cubanos, venezolanos y civiles, y más de 100 heridos, cifras que pueden aumentar. Hubo un grave bombardeo a instalaciones militares y viviendas civiles. Evidentemente hay un repudio mundial de los pueblos a esta intervención, a los bombardeos y al secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa.

El propio Trump ha confirmado que la acción militar no tenía como objetivo el combate al narcotráfico, ni impulsar una apertura democrática en Venezuela. Con sus declaraciones ha dejado en claro que su eje es quedarse con el petróleo. Venezuela es el gran país petrolero de América Latina y tiene las mayores reservas de crudo del mundo, superiores a las de Arabia Saudita. Trump llegó al colmo de anunciar que pretende tener un control indefinido del país, durante meses o años. Que quiere controlar el negocio petrolero en su totalidad. En los hechos, intenta colonizar a Venezuela, convertirla en un protectorado al servicio de las multinacionales norteamericanas y del mundo.



En su envalentonamiento después de la acción militar en Venezuela y el secuestro de Maduro, que enarbola como un triunfo, ha retomado las amenazas de hacerse cargo de Groenlandia, región autónoma que es parte de Dinamarca, un país europeo, y también ha amenazado intervenir en Colombia, México, Cuba e incluso Irán.

Esta agresión militar de Trump y los Estados Unidos es parte de la contraofensiva global que anunció al asumir en enero de 2025, con la cual pretende revertir la crisis de dominación norteamericana que ya lleva décadas. Nunca superó su derrota militar en Vietnam de 1975. En el 2021 se tuvieron que retirar apresuradamente de Afganistán, después de 20 años de ocupación fallida en ese país. Por eso Trump cuando asumió dijo que iba a terminar con “el declive de los Estados Unidos ” y que empezaba una “era de oro”, buscando un nuevo “orden” mundial. Pero con sus políticas lo que está provocando es el aumento del desorden mundial y de los choques y roces inter burgueses en los Estados Unidos  y con el resto de los países imperialistas, incluida la Unión Europea (UE), China y Rusia.1 Por eso la UE, en general, ha tomado distancia de la situación en Venezuela, y más aún con las amenazas de que quiere hacerse cargo de Groenlandia, eventualmente por una negociación, pero sin descartar una acción militar.

En Venezuela el objetivo de Trump es hacerse cargo del petróleo, su distribución y ganancias. Ese fue el objetivo de una reciente reunión en la Casa Blanca con varios CEO de multinacionales petroleras norteamericanas y de otros países, a las cuales instó a invertir en Venezuela. Sin embargo, esto genera roces con las propias multinacionales y los países imperialistas que pretenden manejar ellos sus negocios petroleros. Por eso en la mencionada reunión no hubo mucho entusiasmo ni se llegó a nada concreto en relación a su propuesta de que inviertan, aproximadamente unos 100 mil millones de dólares de sus bolsillos.

En ese marco, crecen los choques con Rusia a quien le están secuestrando barcos y, especialmente con China, que recibe cerca del 70% de las exportaciones petroleras de Venezuela que, de todos modos es un mínimo del 4% del petróleo que importa el gigante asiático2. Por ello, todo el plan petrolero de Trump está puesto en duda.

La situación de Venezuela no está cerrada ni estabilizada

Es evidente que existen negociaciones con el gobierno de Delcy Rodríguez, del chavismo sin Maduro, pero aún no está asegurado que se termine cerrando un pacto de entrega del petróleo y de cogobierno con Estados Unidos  Por eso Trump en sus bravuconadas dijo que si Delcy Rodríquez no cumple “puede terminar peor que Maduro”. Es una amenaza muy grave. ¿Qué sería peor que el secuestro de Maduro y su esposa? ¿Es una amenaza de muerte? También ha dicho que no descartaba que podría hacer una segunda acción militar. Están negociando en base a estas amenazas, por eso desde la UIT-CI llamamos a seguir con la unidad de acción internacional contra la intervención militar y el secuestro de Maduro, así como contra una nueva acción militar criminal o una invasión a Venezuela, pero alertando del peligro que el gobierno chavista termine pactando con Trump. Por todo esto creemos que la acción de Trump no es una victoria definitiva.

Indudablemente el éxito de la acción militar por el secuestro de Maduro es una demostración de fuerza del poderío militar de los Estados Unidos y un golpe al pueblo venezolano y a los pueblos del mundo, pero no es definitivo. El hecho de que por ahora no se haya atrevido a invadir Venezuela e instalar un gobierno títere, y que tenga que negociar con el régimen chavista, muestra sus costados débiles.



Indudablemente el secuestro de Maduro es un hecho espectacular que provocó una equivocada euforia en millones de venezolanos en el exilio, que apoyan a la derechista y pro yanqui María Corina Machado, así como en el conjunto de la derecha mundial. Entre ellos el facho Javier Milei, presidente de Argentina. Pero duró poco al ver que Trump dejó de lado la posibilidad de instalar en el gobierno al supuesto presidente electo Edmundo González y a María Corina Machado. Y que la eventual “transición” anunciada por Trump, sería con el chavismo sin Maduro. Ese baldazo de agua fría se completó con la declaración de Trump de que no habría elecciones y que solo se podría incluir una convocatoria en una supuesta “tercera fase” que puede durar años. Tal fue la confusión que, por ahora, hasta el propio Milei se llamó a silencio.

Las contradicciones y la debilidad política de Trump se han puesto en evidencia al interior de los Estados Unidos. A días de la intervención militar, el Senado, con mayoría republicana, votó contra toda nueva intervención militar de los Estados Unidos en el exterior. Trump se enfureció con sus senadores. Por otro lado, las encuestas señalan que el 70% de la población del país rechaza que Trump invada países y el 60% rechaza que se haga cargo del gobierno de Venezuela. Este 60% tiene mucha fuerza en la base de su famoso movimiento MAGA, porque esta base conservadora y de derecha asumió como cierta la promesa electoral de Trump de no intervenir en más guerras y conflictos en el exterior, y que el gasto no podía ser en defensa, sino que “primero estaba Estados Unidos”. Simultáneo con esto van creciendo las protestas y marchas en todo el país contra la intervención en Venezuela, entrelazándose con las movilizaciones por el repudio al asesinato policial de Renee Nicole Good, una norteamericana de 37 años que protestaba en Minneapolis (estado de Minnesota) contra la presencia de los agentes policiales del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés), desplegados por Donald Trump en varias ciudades bajo gobierno demócrata.

Trump respaldó públicamente al agente federal involucrado en el tiroteo y responsabilizó a la mujer fallecida por el episodio. Grupos de activistas por las libertades civiles y los derechos de los migrantes han convocado a un millar de actos en todo el país para condenar el crimen y reclamar la retirada de los agentes del ICE de las calles de las ciudades donde se encuentran presentes. Las movilizaciones, bajo el lema “ICE Out For Good”, un juego de palabras con el apellido de la activista muerta, que puede traducirse tanto como “ICE fuera para siempre” o “ICE fuera en nombre de Good”. En síntesis, Trump no las tiene todas a favor.

Las negociaciones en curso

La otra duda a responder es si ya el gobierno chavista de Venezuela es teledirigido por Trump. Este no se cansa de decir que es él quien gobierna, quien está “a cargo”, el colmo es que en una red se puso como “presidente provisorio” de Venezuela. Trump no se cansa de elogiar a la presidenta interina Delcy Rodríguez, aunque tampoco deja de amenazarla. El gobierno chavista, sin Maduro, tampoco responde categóricamente y no niega que esté negociando y dispuesto a “cooperar” con Trump, como éste ha afirmado.

Desde el principio se sembró la duda sobre la relación con Trump, también por cómo se concretó el secuestro de Maduro y su esposa. Algunos analistas burgueses abrieron la hipótesis de que el propio régimen chavista los habría entregado como moneda de cambio. Por cómo se dio el secuestro, es lógico que se hayan abierto dudas. Pero creemos que centralmente fue una eficiente masacre del imperialismo que asesinó a 32 militares cubanos de la guardia personal de Maduro y a más de 25 militares venezolanos, usando su superioridad tecnológica y su abrumador poderío militar, que no lo podemos desconocer. Por otro lado, no es la primera vez que hacen una intervención quirúrgica de este tipo. Es similar a cuando bajo el gobierno del demócrata Barak Obama capturaron y luego asesinaron a Osama Bin Laden en Pakistán (2011). Israel también hace ese tipo de intervenciones, que siempre tienen un apoyo interno en los países donde las ejecutan. En este caso es factible que se combinara, presumiblemente, con colaboradores internos chavistas comprados por la CIA y también con la debilidad de la propia defensa del ejército de Venezuela que está más dedicado a los negocios y a la represión interna que a preparase para defender el país. De hecho, Estados Unidos reconoció que tenían un topo infiltrado por la CIA en el círculo cercano a Maduro, que informaba periódicamente sobre sus movimientos. El tiempo dirá qué pasó realmente.

No existe hasta hoy ninguna constancia política ni un hecho que demuestre que se haya producido una división importante en la cúpula del gobierno chavista, ni en el PSUV ni en la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), más allá de los lógicos elementos de crisis después de una acción como la que se produjo. Por supuesto que una división del régimen no se puede descartar a futuro. Sin embargo, hasta ahora se mantendría la unidad política de los hermanos Rodríguez (Delcy y Jorge, presidente de la Asamblea Nacional), la cúpula de las FANB, encabezada por Vladimir Padrino López, ministro de la Defensa, y Diosdado Cabello, ministro del Interior, quien controla la represión interna.

Lo que sí está ocurriendo es que por la debilidad y las propias contradicciones políticas que tiene Trump en su intento de aplicar sus políticas contrarrevolucionarias, está obligado a combinar el “garrote”, de la famosa doctrina Monroe, con elementos de negociación con el régimen chavista. Trump, muy suelto de cuerpo, anunció que está trabajando, y que su objetivo es seguir trabajando con el régimen chavista. Para ello también cuenta con la disponibilidad del chavismo, que así pone en evidencia lo que siempre denunciamos: que no es ni fue un gobierno de izquierda ni verdaderamente antiimperialista que estaba construyendo el socialismo. Siempre fue un gobierno capitalista, de conciliación de clases con doble discurso “socialista”.

Llama poderosamente la atención el giro político del ultraderechista Trump de buscar cerrar un pacto con el gobierno chavista, a quien acusaba de “dictadura narcotraficante” y “comunista”. Esto se explica por su cinismo y también porque las multinacionales petroleras, siempre presentes en el país, han estado en contra de una intervención directa militar en Venezuela, ya que prefieren la estabilidad de un régimen dictatorial, cualquiera sea su signo, a la posibilidad de una desestabilización política que ponga en riesgo sus negocios. Así lo confirmó Ali Moshiri, actualmente inversor en Vaca Muerta de Argentina, que fue durante 40 años un alto ejecutivo de Chevron, la única petrolera de Estados Unidos que permaneció en Venezuela: “Es importante que sea alguien del sistema actual, guste o no, porque esa persona tiene que equilibrar todo y tener capacidad de diálogo. Si se trae a alguien completamente nuevo, se genera un vacío de poder, y ese vacío genera inseguridad, y nadie va a invertir”. (Clarín, Argentina, 8/1/2026). Moshiri tenía buenas relaciones con Hugo Chávez. El 11 de febrero de 2010, durante el acto de entrega de una concesión (a Chevron) por 40 años en la Faja Petrolífera del Orinoco, el presidente venezolano Chávez le pidió a Alí Moshiri, representante de la transnacional, que mediara con Obama: “[Ojalá] ustedes nos ayuden a mejorar la situación y las relaciones con el gobierno de Estados Unidos […] ojalá Obama venga a la Faja del Orinoco, tráiganlo ustedes” (página 133, del libro “Por qué fracasó el chavismo?”. Autores Simón Rodríguez Porras y Miguel Sorans. Disponible en nahuelmoreno.org).
 
La mentira del “Socialismo del Siglo XXI”

El peligro de que se termine estabilizando un pacto político-económico entre el gobierno chavista y Trump está planteado. Así lo ha advertido correctamente el Partido Socialismo y Libertad (PSL), la sección venezolana de la UIT-CI (ver declaración del PSL, “No a un pacto con Trump”, en uit-ci.org).

Estamos hablando de un acuerdo contra el pueblo trabajador y los sectores populares venezolanos que profundizaría la entrega del petróleo a las multinacionales y a los empresarios privados nacionales.

Esta posibilidad política, en cierta forma escandalosa, solo se explica por la definición que hemos venido haciendo desde hace más de 20 años, de que el llamado “Socialismo del siglo XXI” fue un fraude político-ideológico, para seguir manteniendo a Venezuela en los marcos del capitalismo. Es hora que las y los luchadores anticapitalistas del mundo compartan esta conclusión. Nunca fueron reales las definiciones que tienen y tuvieron analistas burgueses, compartidas con sectores de la izquierda reformista mundial, de que el régimen del chavismo era socialista, anticapitalista y antiimperialista. Incluso sectores de la izquierda trotskista alentaban que era muy posible que se radicalizara y avanzara al socialismo, al estilo de la Cuba de los 60.

La UIT-CI, junto a los compañeros del PSL de Venezuela, encabezados por los históricos dirigentes socialistas Orlando Chirino, José Bodas y Miguel Ángel Hernández3, siempre dijimos que el chavismo, con Hugo Chávez y luego con Maduro, no iba a la ruptura con el capitalismo ni al socialismo. Nuestra corriente de la izquierda trotskista, fundada por Nahuel Moreno (1924-1987, ver nahuelmoreno.org), siempre fue independiente del gobierno chavista y alertó sobre los peligros que encerraba su conciliación con las multinacionales y los grandes empresarios. Siempre estuvimos acompañando las luchas del movimiento obrero y en la pelea contra la burocracia sindical chavista. Como consecuencia de nuestra posición independiente, en noviembre de 2008 sufrimos el asesinato de los dirigentes obreros Richard Gallardo, Luis Hernández y Carlos Requena, dirigentes de la UNETE, central obrera del estado de Aragua. Un sicario profesional los acribilló en un local de La Encrucijada, donde se encontraban cenando luego del triunfo de una huelga en esa zona. Gallardo era presidente de la UNETE-Aragua, Hernández secretario general del sindicato de la Pepsi Cola y Carlos Requena, delegado de Prevención de la empresa Produvisa. Los tres eran integrantes de nuestra corriente sindical Corriente Clasista Unitaria Revolucionaria Autónoma (CCURA) y de nuestro partido, ahora el PSL (ver laclase.info). El caso sigue impune.



Al régimen chavista lo definimos como estalinista burgués. ¿Qué quiere decir eso? Que es un régimen capitalista y represor, con un falso discurso socialista y antiimperialista: “el Socialismo del Siglo XXI”. Es una dictadura capitalista, pero con la peculiaridad que se autodenomina “socialista”, “revolucionaria”; dicen apoyar a Palestina y, a veces, hasta citan a Lenin y a Trotski, como llegó a hacer Chávez. En eso consiste nuestra caracterización del régimen como estalinista burgués, para distinguirlo de las dictaduras burguesas contrarrevolucionarias del tipo Videla o Pinochet. Nicaragua y Cuba, con sus particularidades, son también regímenes estalinistas-burgueses. Todos ellos, en especial el chavismo, ensucian el nombre del socialismo, creando una tremenda confusión sobre el movimiento de masas y su conciencia, ya que mientras usan una retórica seudo izquierdista, son gobiernos capitalistas que aplican ajustes y pactan con las transnacionales.

A tal punto se ha llegado en la confusión sobre la mentira del “Socialismo del Siglo XXI” que, lamentablemente, tanto por parte de analistas de la prensa burguesa como de izquierda, se sigue desconociendo que las multinacionales del petróleo y las grandes empresas privadas funcionaron siempre bajo el chavismo.

Es falso lo que dice Trump de que tienen que “volver las multinacionales del petróleo” a Venezuela, en realidad siempre estuvieron, nunca se fueron. Hasta se reitera que el chavismo nacionalizó el petróleo, lo que es totalmente falso.

En 1975 fue el gobierno del socialdemócrata Carlos Andrés Pérez el que decretó la nacionalización de la industria petrolera y se creó la empresa estatal PDVSA. Se pactaron y pagaron indemnizaciones millonarias a las transnacionales, y en la ley que nacionalizaba el petróleo, en su artículo 5, se dejaba abierta la puerta al reingreso a la industria de los capitales transnacionales, mediante los llamados contratos de servicios, lo que efectivamente ocurrió en la década del 90 con la llamada “Apertura Petrolera” del presidente Rafael Caldera.

Lo que hizo Chavez fue cambiar los acuerdos comerciales y las concesiones mediante las cuales funcionaban las transnacionales en Venezuela, incluidas las de Estados Unidos, por las empresas mixtas. Chávez no nacionalizó el petróleo. Así de sencillo.

El 1° de enero del 2006 se anunció el plan, bajo el pomposo nombre de Plena Soberanía Petrolera, por el cual el gobierno de Chávez abría PDVSA, la empresa estatal de petróleo, al esquema de las empresas mixtas. Por el cual las multinacionales y empresas privadas nacionales, que antes actuaban bajo el acuerdo de concesiones operativas, pasaron a ser empresas asociadas a PDVSA. La única salvedad fue que: “En el proceso de migración de las contratistas a Empresa Mixtas se previó que el Estado alcanzara como mínimo 51% de participación”. Y se reservaba hasta un 49% de las acciones al capital transnacional. 

Entre las primeras empresas firmantes de los acuerdos estuvieron Chevron, Repsol, Shell, BP, Total, China National Petroleum, ENI, Statoil y Petrobras. Solo dos empresas no aceptaron reconvertirse y se retiraron: las yanquis Exxon Mobil y Conocco Phillips. No fueron nacionalizadas por Chávez. Se fueron. Más adelante se incorporaron a las empresas mixtas la japonesa Mitsubishi y las rusas Lukoil, Gazprom y Rosneft, así como empresas de Irán, India, Vietnam, Cuba y otros países. (Datos del libro ¿Por qué fracaso el chavismo? Simón Rodríguez Porras y Miguel Sorans. Editorial Cehus. 2018. Capitulo IX. A disposición en nahuelmoreno.org).

Esto es muy importante porque en realidad Maduro hasta el día de su secuestro seguía ofreciendo pactar con inversionistas petroleros de los Estados Unidos. Recordemos sus palabras en junio de 2024, teniendo a su lado al presidente de Chevron-Venezuela: “Me llamo Nicolás Maduro Moros, soy el presidente de la República Bolivariana de Venezuela, hombre de palabra, hombre confiable, bienvenida su inversión en Venezuela para que trabajemos por otra relación, Estados Unidos-Venezuela» (Comunicado Prensa Presidencial, 27/6/2024, citado en revista Correspondencia Internacional N° 53, agosto 2024.Ver en uit-ci.org).

Chevron nunca se fue y hoy casi el 27% del petróleo venezolano que se exporta va a Estados Unidos y se hace vía Chevron. Por eso Delcy Rodriguéz dice que no es nueva la relación con Estados Unidos. 

Negocios y militares

El llamado Socialismo del siglo XXI fracasó, entre otras cosas, porque el chavismo pactó con las multinacionales petroleras en constituir las empresas mixtas, convirtiendo a empresas que antes eran contratistas en socias del negocio petrolero con PDVSA, reteniendo dicha empresa estatal la mayoría accionaria. De esta forma las multinacionales, los nuevos empresarios petroleros y los nuevos ricos del régimen, asociados en muchos casos con sectores privados, se llevaban las grandes ganancias. Lo que posibilitó el mantenimiento del capitalismo en Venezuela, agudizando la pobreza del pueblo trabajador y de los sectores populares.

Los negociados turbios que se tejieron alrededor del negocio petrolero fueron y son una fuente de corrupción del régimen chavista, en especial de los militares, quienes hasta hoy siguen controlando, junto a civiles, decenas de empresas en distintos sectores económicos. Precisamente es a estos sectores enriquecidos a la sombra del petróleo a los que popularmente se conoce como “boliburguesía”. Un nuevo fenómeno social creado a partir del surgimiento del chavismo con la mentira del Socialismo del siglo XXI.

Entre 1999 y 2013, bajo la presidencia de Chávez, 1.614 militares habían ocupado altos cargos en el gobierno. Su sucesor Maduro, entre 2013 y 2017, creó 14 compañías militares: Constructora y Automotores Ipsfa, Emcofanb (telecomunicaciones), TVfanb (televisora), Emiltra (transporte), Agrofanb (agrícola), Banfanb (banco), Construfanb (construcción), Cancorfanb (cantera), Fondo Negro Primero (financiera), Complejo Industria Tiuna I y II (agua, vestimenta), Camimpeg (petróleo y minería), Neumalba (neumáticos), Imprefanb (imprenta). (Datos libro idem. Capitulo VIII).
La pelea de la derecha venezolana pro yanqui (María Corina Machado, Guaidó, Leopoldo López o Capriles) con el chavismo, pasa porque quiere ser ella la que vuelva a hegemonizar esos negocios, pactando directamente con las transnacionales y el imperialismo. Ninguno de ellos, menos Trump, tiene el objetivo de elevar el nivel de vida de las y los trabajadores y terminar con la desigualdad social.



Desde un primer momento el PSL y su corriente sindical CCURA han denunciado la falsedad del Socialismo del siglo XXI, en la medida que se ha mantenido la entrega del petróleo en una economía capitalista. Siempre dijeron que se iba al fracaso, y que ese fracaso agudizaría la pobreza del pueblo trabajador.

El chavismo no utilizó el potencial que podría dar la riqueza petrolera para elevar el nivel de vida de la clase trabajadora, mejorar la salud, la educación, la vivienda y la propia producción de alimentos y medicamentos, que es un déficit histórico en Venezuela. Por eso nuestra corriente propuso otra política y levantó como consigna en ruptura con el capitalismo, que el petróleo en Venezuela debía ser 100% estatal, sin multinacionales, bajo gestión y control obrero y popular. Y que el verdadero socialismo pasaba por lograr un gobierno de las y los trabajadores que aplicara ese plan. El gobierno chavista llevó al país a una profunda crisis social y económica, la más grande de toda su historia. Provocó una abrupta caída del nivel de vida, nunca antes conocida. Hoy el salario mínimo está en menos de un dólar. Llevó a que millones de trabajadoras y trabajadores y sectores populares rompieran sus expectativas con el chavismo, a que más de 7 millones lamentablemente abandonaran el país, y a otros, a acercarse política y electoralmente a la falsa salida de los partidos de la derecha. Y que por impotencia y odio a Maduro y su gobierno, alentaran equivocadamente la intervención imperialista. Esta es la triste realidad. Por eso prácticamente no ha habido movilizaciones en las calles del país repudiando la agresión militar estadounidense. Estas son las consecuencias.

Rechazamos todo pacto o acuerdo de entrega del petróleo con Trump

Nuestra corriente sigue llamando a la más amplia unidad de acción en Venezuela y en el mundo para repudiar la agresión militar de Trump y contra cualquier otro intento de agresión a Colombia u otros países. Pero lo hacemos desde la oposición de izquierda al gobierno chavista, ahora encabezado por Delcy Rodríguez. El centro es derrotar a Trump y su plan neocolonial, pero no damos apoyo ni depositamos confianza en el actual gobierno chavista.

Existe el peligro de que avancen en un pacto con Trump, lo que significaría mayor entrega del petróleo y de la riquezas minerales y naturales de Venezuela, lo que profundizaría la pobreza de las masas, provocando una agudización de la crisis social y de la entrega del país. Como así también del peligro que siga la represión. Aunque ya se anunció una liberación parcial de presos políticos siguen detenidos muchos sindicalistas petroleros y de otros sectores por luchar y por razones políticas.

Por eso desde el PSL y la UIT-CI llamamos al pueblo trabajador y demás sectores populares de Venezuela a no dejarse confundir ni tener expectativas en Trump, y a rechazar cualquier pacto del gobierno con Estados Unidos , empezando por una mayor entrega del petróleo. Nosotros creemos que la única manera de salir de la crisis social que provocó el chavismo, no pasa por seguir a los partidos de la derecha patronal hoy encabezados por María Corina Machado, y mucho menos a Trump, sino que la clase trabajadora y los sectores populares se movilicen y reclamen por sus derechos. En ese camino hay que seguir luchando por una verdadera salida de fondo que es un gobierno de las y los trabajadores. Un verdadero socialismo y no la farsa del llamado Socialismo del Siglo XXI.



En ese sentido apoyamos el programa de acción que levanta el PSL de Venezuela: “Hay que movilizarse por un aumento de salarios y pensiones de emergencia, igual a la canasta básica. ¡Basta de ajuste al pueblo trabajador! ¡Basta de bonificación salarial!; que se discutan las contrataciones colectivas; por el derecho a huelga y la libertad sindical; por la libertad plena de los presos políticos, incluso para las y los que ya han sido excarcelados, libertad para las personas apresadas en el marco de las protestas contra el fraude electoral en julio de 2024. Que se acelere la libertad de los presos anunciada por Jorge Rodríguez. Especialmente exigimos la libertad de las trabajadoras y trabajadores detenidos por luchar, por denunciar la corrupción o por razones políticas, como es el caso de más de 120 petroleros que permanecen detenidos, y que sean restituidos en sus cargos. Reenganche inmediato de los despedidos con pago de salarios caídos. Que cese la represión y la persecución ¡Levantamiento inmediato del decreto de conmoción externa! Que se abran los medios de comunicación que fueron cerrados. Plenos derechos políticos para el pueblo trabajador. Que se legalicen los partidos políticos de izquierda y democráticos. Reclamamos petróleo 100% estatal, sin empresas mixtas ni transnacionales; impuestos progresivos para todas las empresas transnacionales y grandes empresas nacionales, y que todo este dinero se destine para aumentos de salarios, para salud, educación y producción de alimentos y medicamentos” (Ver declaración completa en uit-ci.org o laclase.info).

El PSL también reclama al gobierno de Delcy Rodríguez que en vez de negociar con Trump convoque a una jornada internacional de lucha contra el intervencionismo, ya que solo la unidad de los pueblos de América Latina y el mundo podrán derrotar los nefastos planes del ultraderechista Trump.

Llamamos a seguir la movilización contra las agresiones intervencionistas de Trump

No está descartada una nueva acción militar de Trump en Venezuela, Latinoamérica o Groenlandia. Como venimos señalando, nada está cerrado aún en Venezuela. Trump ya ha dicho que si el gobierno chavista no cumple habría nuevas acciones militares. También ha amenazado a Colombia, a Cuba, a México, a Irán, y quiere quedarse con Groenlandia.

Por eso ratificamos desde la UIT-CI y el PSL el llamando a la más amplia unidad de acción para seguir la movilización en América Latina y el mundo, para repudiar la intervención militar en Venezuela y el peligro de nuevas intervenciones. Los presidentes de Colombia, Brasil, Chile y México han rechazado las amenazas agresivas de Trump. 

Hay que exigirles que pasen de las palabras a los hechos y que convoquen a una movilización continental para derrotar la agresión colonial de Trump. Cosa que hasta ahora no han hecho. 

Por eso lo prioritario es reclamar que las organizaciones políticas, sindicales, estudiantiles, de mujeres y disidencias, que se reclaman democráticas y antiimperialistas, que convoquen en cada país a movilizaciones unitarias en las calles o frente a embajadas o consulados de los Estados Unidos  y coordinen una convocatoria a un día o jornada de lucha continental. 

Para parar y derrotar al ultraderechista Trump es necesario ir constituyendo un gran movimiento unitario latinoamericano y mundial. 

Salgamos a las calles a repudiar el intento de robarse el petróleo venezolano, para repudiar el secuestro de Maduro, y las amenazas de mantener el bloqueo petrolero en Venezuela. Fuera las naves yanquis del Caribe. Basta de bombardeos criminales en el Pacifico y el Caribe. No a las amenazas a Colombia, Cuba, México o Groenlandia. Luchemos unidos por Fuera Trump de Venezuela y de América Latina.

12 de enero 2026

1. Ver “Trump el magnate del caos”, revista Correspondencia Internacional N° 54, abril 2025
2. China importa 11.100.000 de barriles de petróleo por día. Unos 400.000 provienen de Venezuela, (Datos U.S Energy Information Administration, 11/2/2025)
3. Ver reportaje a Miguel Ángel Hernández en A24, canal América de Argentina. 

Escribe Partido Socialismo y Libertad, sección de la UIT-CI en Venezuela

10/1/2026. El pasado 3 de enero el gobierno del ultraderechista Donald Trump ejecutó un ataque criminal contra nuestro país. Como resultado del operativo militar fue secuestrado Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, hecho que repudiamos. Aquel día se produjo una verdadera masacre. Más de 100 muertos, entre ellos algunos civiles, y un número similar de heridos, aunque las cifras pueden aumentar en los próximos días. La acción criminal del imperialismo estadounidense venía siendo aupada y promovida desde hacía meses por María Corina Machado y otros representantes de la oposición patronal venezolana.

Con sus primeras declaraciones tras la invasión a Venezuela, ha quedado claro que a Trump solo le interesa el petróleo y demás recursos del país. El descomunal despliegue naval y los bombardeos en el Caribe y el Pacífico nunca fueron realmente por el narcotráfico. A Estados Unidos no le interesan las libertades democráticas, ni la libertad de los presos políticos, como tampoco los salarios ni las condiciones de vida del pueblo venezolano.

Este ataque es la expresión de una contraofensiva global desplegada por Trump que intenta revertir la crisis económica y de dominación hegemónica de los Estados Unidos, en el contexto de la crisis global del capitalismo imperialista. El ultraderechista Trump persigue hacer nuevamente a “América grande”, como dijo en su alocución de ascenso al poder en enero del pasado año, lo que hasta ahora no ha podido concretar.

Después de la intervención militar en Venezuela, Trump dijo que podría haber un segundo ataque a nuestro país, si el gobierno venezolano encabezado por la presidenta interina Delcy Rodríguez, no acataba sus exigencias. Dijo que ahora controlaba el país y que iba a dirigir el comercio de su petróleo. Simultáneamente también amenazó a Cuba, Colombia, México y Groenlandia.

Desde el Partido Socialismo y Libertad rechazamos el plan de Estados Unidos de recolonizar a nuestro país y controlar la explotación y comercialización del petróleo, en el marco del reflotamiento de la Doctrina Monroe y su Corolario Trump. El pasado viernes fue vergonzoso ver a los principales CEO de las transnacionales petroleras reunidas con Trump en la Casa Blanca, definiendo el destino de nuestro petróleo.

Advertimos sobre el peligro de un pacto entre Trump y el gobierno venezolano

No tenemos ninguna confianza en el actual gobierno presidido por Delcy Rodríguez, como no lo teníamos antes con Maduro ni con Chávez. Lo que estamos observando son señales claras de que el actual gobierno chavista está dispuesto a acatar las exigencias de Trump. Poco después que Trump anunciara que Venezuela le entregaría entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo, Pdvsa hizo público que está en negociaciones con Estados Unidos para venderle “volúmenes de petróleo”, algo que estaría en consonancia con lo afirmado por Trump. Por otra parte, ya se están dando pasos para el restablecimiento de relaciones diplomáticas con Estados Unidos cuando lo que correspondería sería romper toda relación con EE.UU y la afectación de sus intereses en Venezuela. A tan solo 6 días del brutal ataque de Estados Unidos, arribó al país una delegación de funcionarios norteamericanos que se dirigió a la embajada en la capital venezolana. Incluso ha trascendido que existe la posibilidad de que Delcy Rodríguez se reúna con Trump.

Lo que está en juego ahora ante el peligro de un pacto del gobierno con Trump es un mayor control y sujeción de Estados Unidos sobre el petróleo venezolano. En palabras del mismo Trump el plan es aumentar la producción para que baje el precio del petróleo en el mercado, un precio que ya venia en bajada. Por ello rechazamos cualquier pacto con Trump. Debemos ser categóricos, si se pacta con el imperialismo va a haber más miseria y expoliación de nuestros recursos y ningún beneficio para el pueblo trabajador.

Nadie puede tener expectativas positivas con esta agresión imperialista, y con los planes de dominación colonial sobre Venezuela. Hay una larga historia de intervenciones militares de Estados Unidos en nuestro continente y en otras regiones, que solo han dejado una estela de muertos, destrucción y mayor sujeción al imperialismo y a sus grandes empresas. No van a haber beneficios ni mejores salarios con Estados Unidos y sus transnacionales. A estas poco le importan las necesidades del pueblo trabajador. No son Trump, un ultraderechista, ni las empresas transnacionales petroleras las que van a solucionar nuestros problemas, por el contrario, vendrían a profundizar la explotación y la destrucción de nuestros bienes comunes naturales. Solo con nuestra organización paciente, nuestra lucha y movilización en cada sitio de trabajo, de estudio y en las comunidades podremos recuperar nuestros derechos y darle respuesta a nuestros principales reclamos.

El chavismo siempre pactó con las transnacionales

Es importante recordar que las empresas transnacionales nunca se fueron de Venezuela. En el año 2007 Chávez asoció a las transnacionales petroleras a Pdvsa a través de la figura de las empresas mixtas. En ese acuerdo entraron Chevron, Repsol, Shell, Total, China National Petroleum, Petrobras, luego ingresarían al esquema Mitsubishi, Lukoil, Gazprom y Rosneft. Las únicas empresas que no entraron en el acurdo de empresas mixtas fueron Exxon Mobil y Conoco Phillips, porque decidieron irse. En el 2010 Chávez otorgó a las transnacionales varios bloques de la Faja Petrolífera del Orinoco, la reserva de crudo más grande del mundo, profundizando así la entrega de nuestro petróleo.

Los acuerdos se concretaron en otros sectores económicos como alimentación, telecomunicaciones y bancario, incluyendo a empresas como Nestlé, Coca Cola, Movistar, DHL, Citibank, y a grandes empresarios nacionales, como el Grupo Cisneros.

Venezuela recibió entre 1999 y 2014 más de 960 mil millones de dólares por exportaciones petroleras. Muy poco de esa gran cantidad de recursos llegó a los trabajadores y sectores populares. Solo algunas políticas asistencialistas y las Misiones, que con el tiempo se fueron diluyendo. La mayor parte de ese dinero fue a negociados turbios y la corrupción, a compras de armas y contratos con grandes transnacionales. Todo esto lo planteamos en un libro que publicamos en el año 2018 titulado “¿Por qué fracaso el chavismo? Un balance desde la oposición de izquierda”, que puede consultarse en la página web: nahuelmoreno.org

El PSL y nuestra corriente socialista revolucionaria encabezada por Orlando Chirino y José Bodas, protagonistas de la lucha contra el golpe de Estado y el paro patronal contra el presidente Chávez en el 2002, siempre se opuso a esta política y luchamos por petróleo 100 % estatal bajo gestión y control obrero, y dimos la pelea por una verdadera salida socialista y un gobierno de las y los trabajadores y el pueblo.

Esta demanda se mantuvo con Maduro quien siempre estuvo de acuerdo en acordar con los Estados Unidos y sus transnacionales. De hecho, en más de una ocasión se dirigió al gobierno estadounidense e incluso a inversionistas de otras zonas del mundo, ofreciéndole nuestras riquezas petroleras.

En junio de 2024, Nicolás Maduro invitó a empresarios extranjeros a invertir en el sector petrolero. En aquella ocasión dijo: "Deben saber los inversionistas de Estados Unidos, de Asia, de África, de toda América Latina y el Caribe, de todo el mundo, que Venezuela es el sitio de las oportunidades y que las inversiones están garantizadas para crecer y darle garantías y seguridad energética al mercado internacional".

Llamamos a rechazar cualquier pacto con el imperialismo norteamericano

Hay que movilizarse por un aumento de salarios y pensiones de emergencia, igual a la canasta básica. ¡Basta de ajuste al pueblo trabajador! ¡Basta de bonificación salarial!; que se discutan las contrataciones colectivas; por el derecho a huelga y la libertad sindical; por la libertad plena de los presos políticos, incluso para las y los que ya han sido excarcelados, libertad para las personas apresadas en el marco de las protestas contra el fraude electoral en julio de 2024. Que se acelere la libertad de los presos anunciada por Jorge Rodríguez. Especialmente exigimos la libertad de las trabajadoras y trabajadores detenidos por luchar, por denunciar la corrupción o por razones políticas, como es el caso de más de 120 petroleros que permanecen detenidos, y que sean restituidos en sus cargos. Reenganche inmediato de los despedidos con pago de salarios caídos. Que cese la represión y la persecución ¡Levantamiento inmediato del decreto de conmoción externa!. Que se abran los medios de comunicación que fueron cerrados. Plenos derechos políticos para el pueblo trabajador. Que se legalicen los partidos políticos de izquierda y democráticos. Reclamamos petróleo 100% estatal, sin empresas mixtas ni transnacionales; impuestos progresivos para todas las empresas transnacionales y grandes empresas nacionales, y que todo este dinero se destine para aumentos de salarios, para salud, educación y producción de alimentos y medicamentos.

Llamamos a rechazar cualquier pacto con el imperialismo norteamericano. Que el gobierno de Delcy Rodríguez en vez de negociar con EE.UU. convoque a los presidentes Petro de Colombia, Lula de Brasil y Sheinbaum de México a impulsar una gran movilización continental y mundial contra los intentos de Trump de imponer un plan de sujeción y control a Venezuela, y seguir el ejemplo de muchos países donde se han producido movilizaciones de rechazo a la invasión norteamericana y en solidaridad con Venezuela.

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