Oct 28, 2021 Last Updated 11:28 PM, Oct 27, 2021

“El Pollo”, el dirigente ferroviario del Sarmiento, conoce muy bien a Anibal Fernández. Sobrero fue blanco de una persecución alentada por el entonces ministro del gobierno de Cristina Kirchner y actual ministro de Seguridad que terminó en una escandalosa detención del referente del sindicalismo combativo, en 2011. Cuando se enteró de la nueva designación de Fernández, Sobrero declaró: “Los ferroviarios tenemos memoria. Anibal Fernández durante tres años persiguió a la Bordó y a mi personalmente, porque denunciamos la corrupción del peronismo kirchnerista, a TBA, a Jaime y a De Vido. La Masacre de Once terminó por confirmar todo lo que habíamos dicho.

Me encarceló acusándome falsamente de quemar trenes. Cuando estaba en Mar del Plata en las manifestaciones contra el ALCA. El objetivo era intentar doblegar nuestra lucha, pero no lo logró. Con Anibal Fernández en el Ministerio de Seguridad ningún trabajador va a estar seguro”.

En la Legislatura Porteña se están discutiendo distintos proyectos de aumento de las asignaciones para los trabajadores de CABA, que se encuentran congelados desde el 2013. La ayuda escolar anual es de 300 pesos que como dicen las docentes, no alcanza ni para comprar la leche necesaria para nuestros niñes y niñas. Siendo que la mayoría de las afectadas son mujeres trabajadoras, ya que tanto docentes como estatales son gremios feminizados, jefas de los hogares más pobres. Pero tanto los proyectos de PRO como del Frente de Todos siguen siendo de miseria salarial.  Pareciera que el gobierno peronista de Fernández ni la oposición del macrismo de Juntos escucharon a las “urnas”, donde los trabajadores y sectores populares dijeron que no se aguanta más el ajuste, la desocupación y los salarios de hambre.

No nos sorprende que el proyecto que quieren votar sea parte de un acuerdo el gobierno de la Ciudad de Larreta y la burocracia sindical de Sutecba, el gremio de Alejandro Amor, quién encabeza la lista a legisladores del peronismo que se viene oponiendo al pase a la carrera profesional de enfermería y firmaron las paritarias de hambre y miseria salarial. Al mismo tiempo que gremios combativos como Ademys son dejados fuera de la discusión.

Mientras el proyecto de PRO y sus aliados  sigue robando al bolsillo de los sectores populares, estableciendo topes al cobro y achicando el universo de trabajadores beneficiades y no recupera según la inflación, desde el Frente de Izquierda-Unidad hemos presentado un proyecto con tres ejes insustituibles: actualización del monto de base según la inflación acumulada, sin topes de ingreso y revisión trimestral. Mientras seguimos peleando contra la miseria salarial y la precarización laboral del gobierno de Larreta y el gobierno de Fernández.


Escribe José Castillo, candidato a diputado nacional CABA, por Izquierda Socialista /FIT Unidad

Javier Milei no inventó a los libertarios. Se trata de una corriente política internacional ultrarreaccionaria, que apoyó gobiernos como los de Reagan y Thatcher y a las más genocidas dictaduras sudamericanas. Ahora “resucitan”, de la mano de Trump, Bolsonaro o Vox.

La importante elección realizada por Javier Milei hizo que muchos se preguntaran de dónde salen sus planteos políticos y económicos. Aparece como lo nuevo, pero, como veremos a continuación, sus planteos no son novedosos, ni en la Argentina ni en el mundo.

Hayek, Friedman… y luego Thatcher, Reagan, Pinochet y Videla

Milei se dedica a despotricar contra el socialismo. Para él socialismo es Venezuela o Cuba. Brutal coincidencia de Milei con los dictadores de esos países, que en la realidad son plenamente capitalistas, sometidos al saqueo por las mismas transnacionales a las que elogia La Libertad Avanza. Pero Milei va más allá, y llega a tratar de “zurdo” al mismísimo Horacio Rodríguez Larreta. Sepamos que todo esto no lo inventó Milei, sino Friedrich Hayek, un economista austriaco, ultrarreaccionario, que ya decía que cualquier intervención del estado en la economía era un camino directo a lo que el llamaba “el socialismo”. Este planteo fue utilizado en los años ‘50 en los Estados Unidos por  el macartismo, para desatar la más feroz persecución contra todo lo que oliera a “medianamente progresista”. Periodistas, artistas e intelectuales fueron echados de sus trabajos, enjuiciados y encarcelados sospechosos de “infiltrados comunistas”.

Hayek, junto con otro economista reaccionario, Milton Friedman, que había creado su propia corriente, el “monetarismo”, en la Universidad de Chicago, dieron nacimiento a lo que se llamó la Sociedad Mont Pelerin, un encuentro anual de las figuras más reaccionarias del planeta. Ahí se formó Margaret Thatcher (ferviente admiradora de Hayek) y los dirigentes norteamericanos que, en los primeros años ‘70, crearon un partido de ultraderecha liberal llamado casualmente “Partido Libertario”, en el que hizo sus primeros pasos en política Ronald Reagan.

Hayek y Friedman fueron admiradores e impulsores de las dictaduras militares genocidas del Cono Sur. Hayek visitó y felicitó a Pinochet. Y ambos proveyeron de funcionarios a los ministerios de Economía de ambos países en esos años. Fue el anticipo de lo que luego se llamó “la ofensiva neoconservadora” que llevó al poder a los furiosamente derechistas Thatcher y Reagan, que implementaron, como salida a la crisis capitalista mundial abierta en los ‘70, una auténtica contrarrevolución contra las conquistas de la clase trabajadora.

En la Argentina tampoco son nuevos

En nuestro país hace décadas que existe también una corriente de derecha liberal conservadora. No la inventó Milei. Estuvo íntimamente unida a las dictaduras militares, a las que llenó de funcionarios (en particular ministros de economía) a partir de 1955.

De ahí surgió el “padre político” de esa corriente: Álvaro Alsogaray. Después de implementar a fines de la década del ‘50 uno de los más feroces planes de ajuste contra el pueblo trabajador (y dejar una frase histórica: “hay que pasar el invierno”) se dedicó a crear partidos de esa vertiente ideológica, primero con poco éxito (fracasó y salió casi último con la Nueva Fuerza en 1973) y luego con mayores votaciones entre 1983 y 1989, con la Ucedé, que terminó diluida al interior del menemismo en la década del ‘90, cuando este adoptó el programa de privatizaciones de Alsogaray.  

Pero Alsogaray no será la única vertiente política del liberalismo conservador. Sus seguidores ya habían introducido los libros de Hayek y desde ahí fueron formando una línea de economistas de la llamada escuela “austriaca”, de donde se fue el núcleo de los que hoy le dan letra a Milei. Los “monetaristas”de Chicago, por su parte, habían hecho su entrada en nuestro país proveyendo la mayoría de los funcionarios de Martínez de Hoz (ministro de Economía de Videla). Poco después fundaron lo que hoy es la universidad privada CEMA, donde su director fue el ministro de Economía sucesor de Cavallo en los 90 (Roque Fernández) y que tuvo entre sus cuadros  principales a López Murphy.

Milei y La Libertad Avanza

Como vemos,  Milei no es más que un envase nuevo para una mercadería muy vieja, casi rancia. Son los sucesores de toda esa tradición de derecha dura, hoy directamente vinculada en muchos lugares a la ultraderecha. Son la forma concreta que adopta el neofascismo en esta época de crisis capitalista imperialista.

Milei copia el discurso negacionista de la crisis ambiental, misógino y homofóbico de Bolsonaro que, recordemos, puso como ministro de Economía al ultraliberal Paulo Guedes. Los libertarios de Milei son admiradores de Donald Trump, que ha incorporado a su interior a la mayoría de la ultraderecha yanqui que antes se organizó en el Tea Party y más atrás, como ya explicamos, en el Partido Libertario yanqui. Su crítica de “la casta política” tampoco es invento propio: lo toman de los postulados de Vox en las últimas campañas electorales del Estado Español.

A Milei le cabe la frase de Noam Chomski, que él la dirigía a los libertarios yanquis: “se llaman libertarios, lo que es una broma de mal gusto. Son totalitarios. Te están diciendo que si eres lo suficientemente rico para sobrevivir, genial; si no lo eres, mala suerte”.

Los resultados de las elecciones de medio término en las PASO confirmaron una rotunda derrota del gobierno peronista del Frente de Todos. La otra novedad fue la gran elección del Frente de Izquierda Unidad, que superó el millón de votos y con su lista unitaria 1A a la cabeza fue tercera fuerza nacional. Con la unidad de la izquierda estaríamos logrando tres bancas al Congreso Nacional, peleando otra en Jujuy y conquistando varios legisladores en CABA y Buenos Aires. Un resultado que fortalece la pelea por una alternativa política de los trabajadores contra los políticos tradicionales que vienen gobernando para los de arriba.


Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional provincia de Buenos Aires - Izquierda Socialista/FIT Unidad
 
La perla del domingo parecía que iba a ser el votante con cara de carpincho en Nordelta, hasta que se conocieron los primeros resultados. Todo cambió abruptamente, contradiciendo las encuestas y el boca de urna. El tembladeral fue cuando se supo que el Frente de Todos en la estratégica provincia de Buenos Aires, que venía de ganar por casi el 50% en 2019 y se decía iba a sobresalir ahora por 4 o 5 puntos, perdió rotundamente, dilapidando el 16% de su caudal electoral (2 millones y medio de votos). De ahí para abajo, todo fue derrota.

El gobierno encabezado por Alberto Fernández y Cristina perdió en 16 provincias de las 24 cuando venía de ganar en 19 hace apenas dos años, solo reteniendo 6 en esta oportunidad, las menos pobladas del país. El presidente había dicho que esta elección iba a plebiscitar su gestión, y el 70% le votó en contra. Se dio un enorme voto castigo. El gobierno recibió un “cross de derecha”, como dijo un periodista oficialista que impactó directamente en las figuras del presidente, Cristina Fernández, Kicillof, Sergio Massa, Máximo Kirchner y la burocracia sindical que apoyó al gobierno.

Todo el peronismo perdió, ninguno se salvó. Con el dato categórico de la derrota en la Santa Cruz de Alicia Kirchner y en provincias gobernadas por el peronismo como Entre Ríos, Chaco, La Pampa y Chubut. Massa perdió en Tigre y también en la mencionada Chubut gobernada por su amigo Arcioni. Perdieron intendencias bajo el riñón de La Cámpora como en Quilmes y también en provincias de todos los colores del peronismo como en San Luis con los Saá o la Córdoba con Schiaretti. Hasta Randazzo quedó atrás del FIT Unidad, igual que Guillermo Moreno que ni pasó las PASO.

Se pasó de un peronismo unido que le permitió ganar las elecciones en 2019 a una derrota en tan solo dos años, mostrando su crisis y a una base obrera y popular que en gran parte le dio la espalda. “Soy peronista pero el gobierno me defraudó. Por eso voté a Del Caño”, dijo un trabajador consultado por C5N en Constitución al otro día de la elección.

¿Qué pasó? Hubo un enorme voto castigo contra el gobierno y otras expresiones de repudio y hartazgo como los 2 millones y medio que no fueron a votar (casi el 10% más que en las PASO 2019) o el millón y medio que votó en blanco o anuló el voto. “El gran problema fue el voto al peronismo. Es evidente que hubo una masa de votantes del FDT que no fue a votar. Y no lo hizo por bronca, por descontento, porque no recibió ninguna de las asistencias que hubo frente al Covid-19, porque perdió su trabajo a changa”, señaló Roberto Bacman, encuestadora CEOP (Página12, 14/09). A esto hay que agregar otra masa de votantes que antes lo hizo por el peronismo y ahora lo abandonó de una u otra forma. Casi cinco millones que habían votado al Frente de Todos en 2019 lo dejaron de hacer en esta oportunidad. Se derrumbó el voto al gobierno.

El Frente de Todos le vino echando la culpa de sus males a Macri y a la pandemia, pero usó ese discurso para aplicar el ajuste a los jubilados, sacó el IFE, mantuvo la inflación anual en el 51% que devora los salarios y se dedicó a pagar puntualmente la deuda externa mientras crece el hambre y la pobreza, agravando los males sociales. A eso hay que sumar la indignación popular ante la foto de Olivos o el Vacunatorio VIP, entre otras postales que parecían de la era macrista. Un descontento no solo de capas medias, sino que se verificó en las barriadas obreras y populares, donde muchos de ellos terminaron votando al FIT Unidad.
 
El voto a Juntos no es un “cheque en blanco”

No se dio una gran polarización en esta elección, lo que permitió que surgieran otras opciones y que, en ese marco, se fortaleciera el Frente de Izquierda Unidad. Parte de la ruptura y descontento con el Frente de Todos lo capitaliza electoralmente la oposición patronal de Juntos por el Cambio, creciendo en alrededor de un millón de votos en esta oportunidad, aunque visto en porcentaje mantienen el 40% de votos de las dos elecciones pasadas.

En sus listas se expresaron las peleas internas que vienen desde la derrota electoral de 2019 y sus reposicionamientos hacia la presidencial de 2023. El PRO marginó a Macri de casi toda la campaña, que ni siquiera habló en el acto donde se anunciaron los resultados. Hubo varias listas en Córdoba y en Santa Fe y tres en CABA. La UCR se jugó a diferenciarse para tratar de fortalecerse y tener más protagonismo en la alianza y tuvo un resultado desigual. El angelocista Mario Negri, por ejemplo, apoyado por Macri, perdió con Luis Juez en Córdoba, este último apoyado por Patricia Bullrich y Losteau, expresando la crisis en sus posturas. Los radicales se jugaron a una “cara nueva” en Buenos Aires con Manes, como un adelanto de que quieren pelear la fórmula presidencial para el 2023 con el macrismo. A eso se postulan también Gerardo Morales y Alfredo Cornejo. Pero, por ahora, salió fortalecido el “nuevo equipo” de PRO con Larreta, Santilli y Vidal, si bien tuvieron que mover su discurso aún más a la derecha en el último tramo de la campaña, presionados, tanto por Patricia Bullrich y López Murphy desde dentro de su propia fuerza, como también por Milei desde fuera.

El voto a Juntos por el Cambio, en definitiva, no significa un cheque en blanco, ni una esperanza de que si vuelven al poder (el famoso “vamos a volver” de color amarillo que pregonaron el domingo a la noche en su búnker) sea una salida para el pueblo trabajador, como lo demostraron los cuatro años donde gobernaron con tarifazos y un endeudamiento serial. Comprendemos entonces la bronca que hay contra el gobierno actual, pero seguimos insistiendo a los trabajadores y jóvenes que para enfrentar al peronismo kirchnerista no va el macrismo y sus aliados que gobernaron con ajuste y pobreza, sino que hay otra alternativa, la izquierda que se une, que nunca gobernó y enfrentó de manera consecuente a todos los gobiernos del ajuste.
 
El “fenómeno” Milei

Tan desastre han sido los políticos capitalistas tradicionales que ante el hartazgo contra sus gobiernos generan el caldo de cultivo para que aparecen personajes neofascistas como Javier Milei, que obtuvo el 13% en CABA. Milei queda como el representante de la ultraderecha, ya que Biondini, Gómez Centurión y Cynthia Hotton ni pasaron las PASO. Milei recuerda lo que pasó con Bolsonaro en Brasil ante la decepción con el PT de Lula o la derecha de Vox en Madrid tras los desastres del Partido Socialista y Podemos. Su lista La Libertad Avanza recoge el voto de sectores de derecha (quienes culpan a Macri de ser tibio en la aplicación del ajuste); un sector juvenil de derecha contra el “comunismo” (Milei tilda de tal al peronismo y hasta a Larreta, algo desopilante) y otro sector confundido que se hace eco de su discurso antisistema, contra la “casta política”. Habrá que ver si este personaje crece o se va desinflando al ritmo de que se siga conociendo su verdadero rostro, que no es más que el de un mayor ajuste, atacando las libertades democráticas, cercenando los derechos de las mujeres o negando el cambio climático. Su aval al gobierno peronista de Menem y Cavallo que destruyó al país muestra que su “libertad” es para que la clase capitalista siga con el robo salarial, barran las leyes laborales y el país se siga postrando aún más ante el imperialismo.
 
La unidad de la izquierda fue premiada con una gran elección en todo el país

La otra novedad y sorpresa electoral (que los medios no pudieron ocultar) fue la gran elección del Frente de Izquierda Unidad con la Lista 1A (PTS, PO e Izquierda Socialista) encabezada por Nicolás Del Caño en provincia de Buenos Aires y Myriam Bregman en la Ciudad de Buenos Aires. El FIT Unidad hizo la mejor elección desde su conformación desde hace diez años, allá por 2011. En esa oportunidad logró medio millón de votos, ahora superó el millón (1.040.380 sufragios). Fue tercera fuerza nacional y en la estratégica provincia de Buenos Aires superó al derechista Espert y a Randazzo.

El FIT Unidad logró votaciones extraordinarias. 23,31% en Jujuy; 9,41% en Chubut; 7,85% en Santa Cruz; 7,90% en Neuquén; 6,89% en San Juan; 6,2% en CABA; 5,2% en Provincia de Buenos Aires; 5,08% en La Rioja; 4,3% en Córdoba, entre otros muy buenos resultados. En San Juan, por ejemplo, pasó del 1,52% en 2019 al exitoso 6,89% actual. En González Catán, La Matanza, a concejales obtuvo el 8,47% y el 8,78 en Merlo. Esto muestra que el voto al FIT se nutrió de la ruptura de amplios sectores obreros y populares con el peronismo.

El FIT Unidad estaría logrando tres bancas al Congreso Nacional (dos por Buenos Aires y una por CABA), está peleando otra en Jujuy y conquistó varias legisladoras y legisladores en CABA y en la tercera Sección electoral de la provincia de Buenos Aires. Bancas que se van a rotar entre los tres partidos fundadores del Frente de Izquierda (PTS, PO e Izquierda Socialista). Diputadas y diputados que seguirán siendo la voz de los trabajadores, las mujeres y la juventud postulando el programa de fondo del Frente de Izquierda.

El FIT Unidad es la expresión electoral del crecimiento de los luchadores y la izquierda en el movimiento obrero, el movimiento de mujeres, las disidencias, la juventud explotada, vecinos y sectores populares contra el hambre, la pobreza o el saqueo y la contaminación como la megaminería (como se expresó en provincias donde se han dado reclamos muy importantes sobre el tema). Crecimiento electoral que se dio a pesar de que hay una izquierda que sigue dividiendo, como Luis Zamora en CABA. O Castañeira del Nuevo MAS y Política Obrera con Ramal y Altamira, que no pasaron a las generales por no superar el 1,5% proscriptivo de las PASO.

Una mención aparte merece resaltar que el FIT Unidad, a su interior, tuvo que enfrentar el hecho de que el MST de Bodart y Celeste Fierro dividieron, compitiendo con su propia lista, creando una división equivocada que llevó confusión. Aparecieron en los canales de televisión, conferencias de prensa y actos de campaña embistiendo contra el FIT Unidad por su supuesto “sectarismo”, cuando se trata de la mayor unidad de la izquierda que se ha logrado (ver páginas centrales). Pasadas las PASO, el FIT Unidad saldrá unido a dar la pelea para hacer una nueva y gran elección en noviembre.  
 
Las perspectivas

El resultado electoral de repudio al gobierno es una expresión de lo que también se viene dando en Latinoamérica. Los gobiernos vienen siendo repudiados en las urnas y en las calles por aplicar los ajustes capitalistas, sean de centroderecha, neofascistas como Bolsonaro o de los denominados “nacionales y populares” como el peronismo. El peronismo en Argentina, que eligió seguir por el camino del ajuste para pagar una deuda usurera, ha tenido ahora este repudio electoral.

El gobierno intentará reacomodarse haciendo anuncios electoralistas para procurar revertir un resultado adverso para noviembre. Pero no es seguro que lo logre, incluso puede seguir perdiendo más votos. Sus promesas de trabajo o salario serán pulverizadas porque se apresta con el aval del macrismo y hasta de Milei y Espert a pactar con el FMI. El espejo es Ecuador, que acaba de firmar un acuerdo con ese organismo a cambio de un mayor ajuste. El propio gobierno ya sabe que los males van a seguir, una prueba de ello es que el Presupuesto 2022 enviado al Congreso prevé una inflación del 34% para el año que viene, la que seguramente va a ser mucho mayor, con su consiguiente pérdida salarial y jubilatoria.

El voto bronca contra el gobierno y el hecho de la gran elección del Frente de Izquierda Unidad son un aliciente para que en el país pueda surgir con más fuerza una alternativa política de los trabajadores, las mujeres y la juventud y de la unidad de la izquierda, para pelear por una salida de fondo, en camino a lograr un gobierno de los que nunca gobernaron, de las y de los trabajadores y de la unidad de la izquierda.

Saludamos desde estas páginas a quienes fueron parte de esta gran votación del FIT Unidad y los convocamos a sumarse a Izquierda Socialista, para hacer más fuerte la unidad de la izquierda y enfrentar más organizados los desafíos venideros.



 

La muletilla

La candidata del Frente de Todos, Victoria Tolosa Paz, se encargó de recordar la frase de Néstor Kirchner diciendo que “a la izquierda del kirchnerismo está la pared”. Y reiteró la famosa muletilla “los troskos son funcionales a la derecha”. Intentó con esta falsedad frenar la pérdida de votos por izquierda. No lo logró.

Le contestamos que sí de funcional a la derecha se trata, digamos que el gobierno peronista le está haciendo pagar la herencia macrista al pueblo trabajador con un mayor ajuste y ha reconocido la mayor estafa de Macri como lo es el pacto con el FMI. Y a no olvidar la foto de Scioli prendiéndole la velita de cumpleaños a Bolsonaro.


Escribe Mercedes de Mendieta, legisladora porteña y candidata a Diputada Nacional por Izquierda Socialista/FIT Unidad

La debacle del Frente de Todos, dejó a Juntos por el Cambio como primera fuerza en la provincia de Buenos Aires. El repudio electoral al gobierno de Alberto Fernández “pintó de amarillo” el mapa. Sin embargo, los votos de Juntos por el Cambio no se incrementaron sustancialmente con respecto a hace dos años atrás.

La imagen del domingo por la noche en el búnker de Juntos por el Cambio, con el festejo de Vidal, Santilli, Rodríguez Larreta y Macri dejó flotando un debate: ¿cómo es posible que, apenas dos años después del final del desastre macrista, se vuelva a elegir mayoritariamente a esa opción política patronal? Los periodistas de los medios masivos cercanos a ese espacio amplificaron más aún esa sensación, con algunos que ya empiezan a discutir acerca de cómo se posicionan las distintas figuras de PRO o del radicalismo de cara a eventuales candidaturas presidenciales.

El caudal electoral de Juntos por el Cambio no aumentó

El primer dato, puramente numérico, es que no es cierto que las listas de Juntos por el Cambio hayan sumado millones de votos nuevos con respecto a las elecciones anteriores. De hecho, prácticamente repitieron el porcentaje de votación de hace dos años y tuvieron menos votos que en las elecciones triunfantes de Cambiemos de 2015 y 2017. La debacle del Frente de Todos se dio mayoritariamente por trabajadores y sectores populares que no fueron a votarlo, que lo hizo por la izquierda, por otros sectores patronales o que votó en blanco.

Hubo voto castigo, no giro a la derecha

Esto no quita que, sin duda, al igual que en elecciones pasadas, hubo sectores del pueblo trabajador que votaron en contra del gobierno, haciéndolo por la principal fuerza patronal opositora. Lo hicieron, repetimos, votando “contra” el gobierno del Frente de Todos, más que a favor de Juntos por el Cambio. Es lo que se denomina comúnmente como “voto castigo”. No expresa necesariamente confianza, ni simpatía, ni mucho menos acuerdo con las posiciones reaccionarias de esa alianza política. No es que los votan porque estén de acuerdo, por ejemplo, con la flexibilización laboral que propuso Juntos por el Cambio en la última semana de campaña. Ni porque acuerdan con las políticas de ajuste que se llevaron adelante durante el gobierno macrista. Por eso decimos que no puede caracterizarse ese voto como “giro a la derecha”.

Después de aclarado este punto, sí queremos debatir con las compañeras y compañeros de trabajo, estudio, vecinos o familiares de lo equivocado de ese voto. El optar por un candidato patronal para repudiar a un gobierno ajustador ha demostrado siempre que no es ninguna salida para los problemas del pueblo trabajador. Es lo que sucedió cuando se votó a Menem contra el ajuste de Alfonsín. Y después a la Alianza para sacarse de encima al menemismo. O, ya en el siglo XXI, a Macri para repudiar al kirchnerismo, o hace dos años a Alberto Fernández para que pierda Macri. Esto es una trampa, por eso insistimos: hay que dejar de votar a los partidos patronales y hacerlo por la izquierda, la única fuerza que tiene un programa de ruptura, distinto, que prioriza las más urgentes necesidades populares, y que plantea que gobiernen los trabajadores. En ese marco, la excelente elección del Frente de Izquierda Unidad, y el hecho de que una franja importante haya repudiado al gobierno con la boleta del FIT Unidad, es un hecho sumamente importante que tenemos que reforzar de cara a las elecciones de noviembre. Tenemos que debatir en los lugares de trabajo, estudio y en barrios, con cada persona que repudió al gobierno votando a Juntos por el Cambio, explicándole que todos los partidos patronales ya gobernaron y nos hundieron, que todos están por el acuerdo con el FMI, y que hay que votar en defensa propia, del pueblo trabajador, haciéndolo por el Frente de Izquierda Unidad en la definitiva elección del 14 de noviembre.

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