Oct 12, 2026 Last Updated 1:50 PM, Oct 11, 2026

Escribe Guido Poletti

Uno de los dos invitados internacionales al palco del 10D fue el ex presidente brasileño y líder del PT Luis Ignacio “Lula” Da Silva. El otro fue José “Pepe” Mujica, ex presidente uruguayo y referente del Frente Amplio.
Acá nos queremos referir a Lula, que gobernó nada menos que Brasil, el país más grande del continente, llegando al poder con 70 millones de votos en 2002 y despertando entonces una enorme esperanza popular. Sus políticas y las de su sucesora, Dilma Roussef, terminaron generando una enorme desilusión: el PT gobernó ajustando, garantizando todos y cada uno de los privilegios del establishment económico brasileño e internacional, y cumpliendo a rajatabla las exigencias del Fondo Monetario Internacional.

Apenas asumido, nombró a Henrique Meirelles, jefe del Bank of Boston, al frente del Banco Central de Brasil. A partir de allí, el gobierno de Lula comenzó a llevar adelante una agenda en todo de acuerdo con las exigencias de las patronales y el imperialismo: reforma de la “previdencia” (jubilaciones), tasas de interés altísimas para garantizar el negocio financiero, privilegios para los grandes grupos económicos, virtual “congelamiento” de toda reforma agraria, etcétera. Alcanzó un punto cúlmine cuando, en diciembre de 2005, a pedido de la asamblea del FMI que se había reunido en septiembre de dicho año, Brasil canceló pagando por anticipado su deuda con el Fondo, de 15.500 millones de dólares. Fue una señal para que, unas semanas después, el gobierno argentino, con Néstor Kirchner, hiciera lo mismo. En contraposición a lo que fue la retórica de entonces, el uso de ese dinero para atender las demandas de ese organismo imperialista, no nos “liberó” en absoluto (ni a Argentina ni a Brasil) de seguir cumpliendo con las exigencias del orden económico internacional.

De hecho, Brasil terminó entrando, en el segundo mandato de Lula y en el subsiguiente de Dilma Rousseff, en un espiral de recesión y ajuste que culminó con estallidos populares y con la ruptura de millones con el PT. Como tantos otros gobiernos de centro izquierda y del doble discurso, el PT fue desechado por las patronales y el imperialismo cuando ya “no les servían más” para contener al pueblo trabajador. Y reemplazados por alternativas de derecha (Temer) o incluso ultraderecha (Bolsonaro).

Ahora, en una Latinoamérica otra vez recorrida por levantamientos populares e incluso giros a la izquierda en términos electorales, se intenta que vuelvan a emerger figuras como la de Lula. No es casual que, en estos días, se lo muestre por parte de los medios de comunicación del establishment como una “izquierda responsable”, que mantuvo la independencia de su Banco Central (léase entregándoselo a los banqueros), siempre pagó la deuda y nunca rompió con el FMI.
Desde Izquierda Socialista y el FIT Unidad recordamos: justamente por eso es que el pueblo trabajador brasileño sigue sumido en la pobreza y la marginación. La salida es otra, la de la verdadera y auténtica izquierda, sin dobles discursos, que plantea que la única salida es romper con el Fondo, dejar de pagar la deuda, y que efectivamente gobiernen los trabajadores, no los banqueros y el imperialismo.              


Escribe José Castillo

En las próximas semanas, el gobierno de Alberto Fernández terminará firmando el acuerdo con el FMI. Aunque digan lo contrario, significará más hambre y miseria para el pueblo trabajador y un mayor saqueo de nuestras riquezas.

El gobierno del Frente de Todos tiene como su máxima prioridad cerrar el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional lo antes posible. Es muy probable que no lo logre en estos días que restan de diciembre (ya que no dan los tiempos burocráticos del propio FMI), pero no pasará de enero o a lo sumo los primeros días de febrero.

Ajuste, aunque se diga lo contrario

El centro de las exigencias de cualquier plan del FMI es siempre “reducir el déficit fiscal”. Esto quiere decir, en concreto, achicar el gasto público, lo que redunda en que se tienen que reducir todas las partidas que atienden las necesidades populares. El Fondo exige un sendero donde, año a año, se gaste cada vez menos, con el objetivo de ir liberando divisas para así poder cumplir con los vencimientos con el propio FMI y el resto de los acreedores privados.

De hecho, para dar señales en la propia negociación, este año ya hubo un fuerte ajuste del gasto público: lo sufrieron los jubilados, todos aquellos que vieron recortadas las partidas sociales del Covid-19 (un ejemplo: no hubo un sólo pago de IFE en 2021) y los empleados del estado de todas las categorías (docentes, trabajadores de la salud, empleados estatales nacionales, provinciales y municipales) que vieron sus salarios pulverizados frente a la inflación. Pero ahora el Fondo exige más para el 2022 y luego un sendero ascendente de ajuste en 2023 y 2024.

El FMI también exige un aumento de las tasas de interés, con el objetivo de que los especuladores locales puedan hacer ganancias con una nueva bicicleta financiera (con tasas por encima de la inflación) y así permitir que los dólares puedan acumularse en las reservas del Banco Central, para garantizar su existencia para pagar la deuda. La contrapartida de este aumento de tasas de interés será el encarecimiento del crédito popular (si hoy las tasas de interés de las tarjetas de crédito, por ejemplo, ya son altas, mañana estarán directamente por las nubes).  

El tarifazo que se viene

Una de las consecuencias que se vienen será el aumento de las tarifas de los servicios públicos privatizados. Actualmente las tarifas de luz, gas, agua y transporte (por lo menos en CABA y Gran Buenos Aires) se mantienen sin grandes aumentos, brindándo a las empresas generosos subsidios como contrapartida. El FMI exige reducir esos subsidios (como parte del recorte del gasto público), pero no serán las empresas las que dejarán de ganar. Por el contrario, serán compensadas con aumentos de tarifas que irán desde el 30 al 100% según los casos. Todo a costa del bolsillo del pueblo trabajador.

Las reformas estructurales

El acuerdo que se firmará (llamado de “facilidades extendidas”) también exigirá un plan de reformas “estructurales” que el gobierno deberá empezar a poner en práctica en el tiempo. Son básicamente tres. La primera será la “reforma fiscal”, que consistirá en reducir los impuestos que ellos llaman “distorsivos” (básicamente los que afectan a las grandes empresas), a costa de aumentar los que pagamos los trabajadores. Y, al mismo tiempo, de reducir las partidas que ya no tendrán financiamiento, en particular las dirigidas a las provincias, que se encontrarán con menos fondos para atender gastos como educación primaria y secundaria, que dependen totalmente de esas jurisdicciones.

La segunda reforma será la previsional, que requerirá seguir reduciendo las jubilaciones (ya en números de indigencia) y particularmente atacar los regímenes especiales (el docente es el más importante), ya que son los únicos que se acercan a garantizar una jubilación cercana al salario en actividad del trabajador.

Y la tercera reforma es la laboral. Se trata del tan anhelado deseo de todas las patronales: flexibilizar al máximo el mercado de trabajo, terminando con los convenios colectivos y liquidando las conquistas que la clase trabajadora logró al cabo de décadas.

No hay salida con el FMI

El gobierno del Frente de Todos, la oposición de Juntos por el Cambio, las patronales empresarias, la burocracia sindical y los economistas del establishment coinciden en que “lo único que se puede hacer es arreglar con el Fondo” y que romper es “utópico”.

Les respondemos: lo utópico es sostener que la economía argentina va a crecer y desarrollarse de la mano de acuerdos con el FMI. Mucho más utópico aún, es un plan del Fondo que garantice la “equidad”, la “inclusión” y la “redistribución de la riqueza”. Con el Fondo nos hundiremos en un ajuste mayor al actual. Más aún, entraremos en un espiral de “monitoreos” (inspecciones trimestrales del FMI para verificar que se cumple con el ajuste), perdiendo cualquier capacidad soberana de decisión de política económica. No tendremos futuro, tal como sucedió en todos y cada uno de los 22 planes que anteriormente firmaron distintos gobiernos con el FMI, desde que pasamos a ser parte de este organismo en 1956.

Por el contrario, lo único “no utópico”, la única chance que tenemos para implementar un programa económico alternativo que empiece a resolver las más urgentes necesidades populares, pasa por suspender inmediatamente todos los pagos de deuda externa y romper ya mismo los lazos políticos y económicos que nos someten al FMI. Solo así el pueblo trabajador podrá acceder a mejores salarios, jubilaciones, trabajo genuino, educación, salud y vivienda.


Escribe José Castillo

El compromiso de cumplir con el FMI fue tomado por el gobierno de Alberto Fernández apenas asumió. Lo hizo haciendo gala del más desvergonzado doble discurso: por un lado despotricaba diciendo que la deuda con el Fondo fue tomada por Macri, incluso violando las más mínimas disposiciones legales argentinas y administrativas del propio FMI, y que, encima, había sido utilizado en su totalidad para financiar la fuga de capitales de los especuladores que jugaban a la bicicleta financiera. Pero, por el otro, se comprometía a pagarla.

Durante estos dos años, el gobierno del Frente de Todos insistió en que el acuerdo a lograrse sería “sin ajuste”. Para ello, sostenían, contaban con la simpatía de la directora del Fondo, Kristalina Georgieva, que garantizaría un programa del FMI “progresista”, ya que era amiga del Papa Francisco.

Cuando se les preguntaba cómo sería posible dicho acuerdo “sin ajuste”, desde el gobierno de los Fernández explicaban: “vamos a pagar los 45.000 millones de dólares a veinte años, con diez de gracia. O sea, no pagaríamos nada hasta 2031 y luego 4.500 millones por año”. El FMI, Kristalina incluida, le respondió amablemente al gobierno argentino que eso no era posible, que no existían acuerdos a veinte años en los estatutos del Fondo. Que el acuerdo sería a diez años, empezando a pagar a los cinco (o sea en 2026) con vencimientos de capital de 10.000 millones de dólares por año. ¡Imposible de cumplir sin un super-ajuste!

Pero ahí no termina la historia. Luego el gobierno del Frente de Todos empezó a decir que, por lo menos, conseguiría que se redujera la tasa de interés (para que se entienda, los 45.000 millones que hay pagar, sumando los intereses, superan los 50.000). La tasa acordada por Macri era de 4% anual en dólares (escandalosamente alta, en un mundo donde la tasa de interés internacional está debajo de 1%). Alberto Fernández y su ministro, Martín Guzmán, sostuvieron que lograrían una reducción de la tasa al 1,5%, lo que permitiría ahorrarse aproximadamente 1.000 millones al año de pago de intereses. ¿Adivinen qué respondió el FMI? Obviamente que no, que hay que pagar a la tasa acordada.

En síntesis, el gobierno del Frente de Todos puede seguir discurseando con que “no se firmará un acuerdo que implique ajuste”, pero la realidad es que pagará todo (tasas de interés usurarias incluidas), en el plazo que exige el FMI y con el plan de ajuste dictado por el propio organismo. Un sometimiento en toda la línea.        


El próximo sábado 11 de diciembre el Frente de Izquierda Unidad está convocando, junto a un arco muy importante de organizaciones políticas, sindicales y sociales, a una gran marcha y acto en Plaza de Mayo bajo la consigna: “La deuda siempre se paga con el hambre del pueblo. Ningún acuerdo. ¡Fuera el FMI!”. Será una tribuna para exigir que la plata vaya a salarios, jubilaciones, salud, educación y un plan de viviendas para generar trabajo genuino, y no para seguir pagando una deuda externa usuraria y fraudulenta o para engordar los bolsillos de un organismo imperialista como el Fondo Monetario Internacional.

Alberto Fernández se pasó estos dos años denunciando que Macri nos endeudó y que esa plata fue para financiar la bicicleta financiera y la fuga de capitales. Ni un peso llegó al pueblo trabajador. Sin embargo, ahora plantea que no hay otra salida que pagarla y aceptar las exigencias del FMI. Quieren engañarnos diciendo que lograrán un acuerdo que incluya “la reactivación y la inclusión social”. ¡Mentira! No existió ni existe ningún acuerdo con el Fondo que no implique un gran ajuste a costa del pueblo. Lo podemos corroborar viendo toda la historia de los acuerdos del FMI, con Argentina o con cualquier otro país del mundo. La firma del pacto con el Fondo significará, sin dudas, un ajuste mayor al actual. Ya este año, para dar señales a las negociaciones en curso con el FMI, el ministro Guzmán implementó un ajuste que generó que, mientras crecía la inflación, se pulverizaran los salarios y las jubilaciones, continuaran los despidos y se incrementara la pobreza. En estos días, el gobierno de Alberto Fernández le ha dado más “guiños” al Fondo, al anunciar el fin de la doble indemnización y del decreto que prohíbe los despidos.

En las próximas semanas, el Frente de Todos va a enviar un proyecto de ley con el objetivo de obtener el aval del Congreso al pacto con el FMI y los pagos de deuda usuraria. Va a tener el apoyo de Juntos por el Cambio y también de los “libertarios” de Milei y Espert. Será una ley centralmente para ratificar el acuerdo con el Fondo, pero que también otorgará un montón de beneficios para las multinacionales petroleras, megamineras, el agronegocio y las automotrices. La contrapartida será un mayor ajuste para el pueblo trabajador, más endeudamiento, saqueo de nuestros recursos, mayor contaminación, más flexibilización laboral y nuevos ataques a los jubilados. Vergonzosamente, no solo tendrá el aval de todos los partidos patronales, sino que también será apoyado por la burocracia sindical de la CGT y las CTA.

Es falso que el acuerdo con el Fondo nos permitirá salir de la crisis. Todos los países se hundieron cuando tuvieron que pagar deudas usureras. Ninguno salió adelante de la mano de pactos con el FMI.

Frente a este acuerdo “unánime” de políticos patronales, burócratas sindicales, periodistas y economistas del establishment, desde el Frente de Izquierda Unidad hemos convocado ampliamente a oponernos y a salir a luchar para enfrentarlo. En la perspectiva de conformar un gran movimiento nacional contra el FMI y por el no pago de la deuda externa.

Ya han decidido participar sindicatos docentes como Ademys y los Sutebas combativos, el sindicato de Trabajadores Municipales de Vicente López (que también está convocando a otras fuerzas del municipio) y los ferroviarios del Sarmiento, entre otros, algunos de los cuales lo han votado en asambleas de sus respectivos gremios. También han confirmado su participación en la marcha y acto del sábado 11 un número muy importante de organizaciones sociales que repudian al FMI, así como el resto de la izquierda que no es parte del FIT Unidad.

Por supuesto, también estarán presentes todas las diputadas y diputados, legisladores y concejales que ha conquistado el Frente de Izquierda en las últimas elecciones, que desde ya ponen sus bancas al servicio de esta gran pelea.  

El 11 es una cita de honor para repudiar este nuevo pacto de coloniaje, sometimiento y dependencia. Tenemos que ser decenas de miles. Hay que continuar invitando ampliamente en los lugares de trabajo, estudio y en cada barrio, invitando familiares y amigos.  

Saquemos pronunciamientos desde todos los lugares posibles. Porque todos vamos a ser ajustados si se firma el acuerdo. Los trabajadores verán reducirse aún más sus salarios, se intentará avanzar con la flexibilización laboral y muchos puestos de trabajo estarán en peligro. Los jubilados serán ajustados más aún que en la actualidad. Los jóvenes serán perjudicados por los ajustes en la educación pública. Avanzará el saqueo de los recursos naturales, con la excusa de “exportar más” para generar más dólares para pagarle a los usureros internacionales. Las mujeres verán reducirse aún más el ya casi inexistente presupuesto para combatir la violencia de género. Y así podríamos seguir hasta el infinito. Por eso todas y todos tenemos motivos para estar presentes el 11. Vení con tus reclamos junto a Izquierda Socialista en el FIT Unidad.


Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional Izquierda Socialista/FIT Unidad

En la nueva carta titulada “Los silencios y las curiosidades” Cristina Kirchner reconoce que va a pagar la deuda de Macri. Un claro sí al FMI, que a muchos les cuesta ver, porque está envuelto en su consabido doble discurso.
 
La carta, según Cristina, responde a los interrogantes mediáticos sobre qué va a hacer ante “un posible acuerdo con el FMI por los 57.000 millones de dólares que pidió el gobierno de Mauricio Macri en el año 2018”. Algunos medios han reflejado que la misiva no es un respaldo al gobierno. Se agarran de la frase “la lapicera no la tiene Cristina, siempre la tuvo, la tiene y la tendrá el presidente”. Claro que siempre hay interpretaciones de cada hecho político, y en este caso de las acostumbradas frases en doble sentido por parte de la ex mandataria para despegarse de lo que sabe será para peor. Pero no se trata de interpretaciones sobre la carta, sino lo que dice. “Apoyo al presidente, voluntad de pago y cierre del acuerdo”, fue la lectura de la Casa Rosada (Página12, 29/11). El mismo diario refleja a voceros del gobierno diciendo “hay unidad en el Frente de Todos en las negociaciones que lleva adelante Guzmán, siempre pagamos y hay que pagar”. El periodista cristinista Eduardo Aliverti en su larga columna de los lunes en dicho matutino señala “Cristina ratificó que nadie está hablando de desconocer deudas”.

Cristina critica al macrismo, pero sabe que va a apoyar. Mario Negri de la UCR dijo: “¿De dónde sacan que estamos en contra de un acuerdo con el FMI?” (Clarín, 29/11). Carrió también pidió acompañar el acuerdo. ¿Qué la motivó entonces a escribir esta nueva carta?

Cristina intenta despegarse de la mayor y extrema gravedad social que va a venir cuando se firme el nuevo acuerdo con el FMI. Sabe que se viene un mayor ajuste y más entrega, y se resguarda para decir “yo lo alerté”. Ya lo hizo cuando tras la derrota en las PASO pateó el tablero diciendo que hubo una “catástrofe electoral” culpa de un ajuste para pagar la deuda. Lo que no dijo es que ese ajuste lo vino apoyando ella y su espacio político, especialmente el robo a millones de jubiladas y jubilados con el cambio de movilidad que votó.

Este interrogante -sobre que no se sabría qué haría Cristina ante la deuda contraída por Macri-, queda claro en sus propias palabras: “¡Y ojo! Que nadie está hablando de desconocer deudas. Creo que el kirchnerismo tiene un atributo histórico que es el de haber pagado las deudas que generaron otros gobiernos”, señaló.

Cristina confiesa que en los doce años de gobierno peronista kirchnerista se pagaron deudas de otros gobiernos. ¿A qué se refiere? A todos los que desde 1983 vienen pagando con tremendos planes de ajuste. Lo cual no es ningún mérito.

Tenemos que recordar que el origen de la deuda fue en la dictadura del genocidio, que luego Alfonsín la reconoció con el aval del peronismo de entonces, aunque no había registros contables. Luego fue el peronismo menemista (con apoyo de la familia Kirchner) el que en los años ´90 entregó todas las empresas del Estado para pagar, y la deuda creció el doble. Luego vino el endeudamiento de De la Rúa, llevándonos a la crisis de 2001. Contra el brutal ajuste que aplicó ese gobierno radical que se hacía pasar de centroizquierda, para pagar, se dio la rebelión del Argentinazo que impuso el no pago por varios años, plata que se usó para paliar en parte la delicada situación social de entonces. Era la oportunidad para seguir por ese camino y desconocer definitivamente esa mal llamada “deuda” apoyándose en la gran lucha nacional que protagonizó el pueblo. Sin embargo, Néstor y Cristina hicieron lo opuesto. Le pagaron de contado al FMI y reanudaron todos los pagos, reconociendo bonos de los usureros que habían quedado en la lona. Otra vez el peronismo (en este caso el kirchnerista) fue pagador serial de falsas deudas en beneficio de banqueros y el FMI, no del pueblo trabajador.

Ahora el Frente de Todos hace lo mismo. En diciembre de 2019, antes de la pandemia, hizo votar la famosa “ley de emergencia” (y otras) donde ya disponía de 4.500 millones de dólares para pagar la deuda dejada por Macri. Cristina lo reconoce cuando dice “La Cámara de Diputados con fecha 11 de febrero del 2021 convirtió en ley con 233 votos afirmativos, 2 votos negativos y 2 abstenciones”. Los únicos votos negativos fueron del Frente de Izquierda, que emitimos orgullosamente con Del Caño.

Cristina quiere que todas las fuerzas políticas le avalen el acuerdo con el FMI para garantizar que el “honorable Congreso” comparta responsabilidades. Hasta allí llegan sus preocupaciones. ¿No se le ocurre desconocer una deuda que el propio Macri recientemente reveló fue para que los bancos se llevaran los dólares al exterior? Cristina solo intenta deslindar su responsabilidad en la decisión que ya ha tomado todo el Frente de Todos, que la incluye, de pagar una usura. Macri nos endeudó y ahora el peronismo paga con el hambre del pueblo.

Cristina finalmente recuerda el discurso de Alberto Fernández del pasado 9 de julio en la conmemoración de la gesta de la Independencia en la Casa de Tucumán: “Todos los días peleo porque la Argentina se ponga de pie […] Mi modelo sigue siendo San Martín, Güemes y Belgrano”. Usan a los héroes patrios para hacer lo contrario a sus gestas libertarias. Justamente, cuando es necesario avanzar en la Segunda Independencia, el gobierno hace lo opuesto.

El millón trescientos mil votos que logró el FIT Unidad, en cambio, es para decir no al FMI, no a los pagos de la deuda, por un frente de países latinoamericanos para no pagar y liberarnos definitivamente de los dictados económicos y políticos que nos atan a los usureros internacionales, multinacionales, bancos, al FMI y al imperialismo. Para eso llamamos a la gran marcha y acto en Plaza de Mayo el próximo sábado 11 de diciembre.

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