Escribe Martín Fu
En un fallo repudiable y antiobrero, el Tribunal Oral en lo Criminal 3, a cargo del juez Javier Ríos, condenó a los compañeros Cesar Arakaki, del Partido Obrero, y Daniel Ruiz, del PSTU, a penas de tres años de prisión de cumplimiento efectivo por haber incurrido en los delitos de lesiones “en ocasión de agresión, intimidación pública y atentado contra la autoridad, agravado por mano armada e intervención de más de tres personas” hechos imputados durante las jornadas de rebelión popular del 14 y 18 de diciembre de 2017.
Esos días, miles nos volcamos y movilizamos para repudiar la reforma previsional pactada entre el gobierno de Macri, el peronismo y la burocracia sindical de la CGT. Una ley que salió con la complicidad y ayuda del circo que montaron los diputados peronistas “opositores”dentro del Congreso, mientras afuera decenas de miles repudiábamos y éramos blanco de gases y hasta embestidas de la policía en sus motocicletas contra trabajadores, como lo han mostrado diversos medios en esos días. Varias compañeras y compañeros resultaron heridos, detenidos y judicializados, todo para garantizar el saqueo de 100.000 millones de pesos a los jubilados.
Sin ninguna prueba que acredite los delitos que se le imputan a Arakaki y Ruiz y en el contexto en el que fueron juzgados, en medio de una rebelión popular, el fallo constituye un antecedente aberrante contra los que luchan y particularmente la izquierda. El “delito” de los compañeros, para la justicia patronal es haber salido a luchar.
Usar pirotecnia no es usar “un arma”. Protestar no es delito. Repudiar frente al Congreso el saqueo a las jubilaciones no es “intimidación pública”.
Es así que este fallo llega antes de las elecciones, apuntando de lleno contra los luchadores y la izquierda que impidieron, con la protesta, que se vote la otra reforma contra los trabajadores: la reforma laboral. El gobierno del Frente de Todos intentarán hacer realidad esta ley, a pedido del FMI. Y con el apuntalamiento del macrismo, porque en esto los partidos patronales no tienen grieta. Un día después de las elecciones este acuerdo tiene continuidad no solo en no repudiar la condena sino en llamar a un “gran acuerdo nacional” para profundizar el ajuste y las políticas antiobreras. Este fallo cercena los más elementales derechos democráticos como el de la protesta, se adelanta a lo que va a venir: quieren amedrentar y criminalizar a los que luchan contra las políticas que buscan de rodillas pagarle al FMI. Repudiamos el fallo y seguimos reclamando la absolución de los compañeros César Arakaki y Daniel Ruiz.
Escribe Juan Carlos Giordano
Diputado Nacional y candidato por Izquierda Socialista/FIT Unidad
Los hechos de violencia en el conurbano bonaerense crecen día a día. El crimen del kiosquero Roberto Sabo en Ramos Mejía fue la gota que rebalsó el vaso. Hubo una auténtica rebelión de los vecinos de La Matanza que repudiaron e insultaron al “rambo” Berni y a todos los funcionarios responsables, tanto del municipio como el intendente Espinoza, y al gobernador Kicillof de la Provincia de Buenos Aires del Frente de Todos. El macrismo que gobernó varios años la provincia también es responsable. Por eso se gritó en la marcha “que se vayan todos”.
La inseguridad es un flagelo que sufre sobre todo el pueblo trabajador, el que se suma al drama cotidiano de la pobreza y la falta de trabajo. Arrebatos de celulares, aprietes de motochorros, asaltos a pequeños comercios en barrios populares, son cosas de todos los días. Y cada vez más la descomposición social y la marginalidad hacen que muchos de estos hechos terminen en situaciones de violencia e incluso asesinatos como lo sucedido esta semana en Ramos Mejía. Se trató de un hecho aberrante, donde fue asesinado un padre de familia. Nos solidarizamos con el dolor de la familia y la indignación de los vecinos.
El gobierno peronista del Frente de Todos, principal responsable con Alberto Fernández, Axel Kicillof y el intendente Fernando Espinoza oscila entre hacer como si la inseguridad “no existiera” (Aníbal Fernández dice que “suceden en todas partes del mundo”) a intervenciones espectaculares para la televisión como las de Berni. La oposición de Juntos por el Cambio y ni que hablar los ultraderechistas Milei y Espert aprovechan para exigir más “mano dura”, baja de la edad de imputabilidad, más policías y gendarmes en las calles e incluso, como llegó a decir José Luis Espert, aval para el gatillo fácil (habló de “ametrallar dejándolos como queso Gruyere” a los delincuentes). En el caso de Juntos, recordemos que María Eugenia Vidal ya gobernó durante cuatro años la provincia y la inseguridad no disminuyó, al contrario, siguió creciendo. Por eso es repudiable el uso electoral que le dan los candidatos del macrismo diciendo que con su gobierno “habían acorralado a los narcos”, u otras declaraciones de ese tipo, mientras Bullrich defendió el asesinato por la espalda de Rafael Nahuel en la Patagonia por apoyar los reclamos del pueblo mapuche.
¿Cuál es el origen de la violencia callejera?
La inseguridad aumenta y sus principales víctimas son las y los trabajadores, mientras esperan un colectivo, al salir a la mañana temprano o al volver de noche. El pueblo trabajador, las mujeres y los jóvenes son los que sufren los arrebatos y aprietes de los motochorros, quienes viven en barrios “zona de nadie”, con colectivos que dejan de pasar de noche y bocas de lobo sin alumbrado público. Los pequeños kioscos, bares y heladerías son los asaltados, no obviamente los grandes supermercados o shoppings que cuentan con su propia seguridad.
Todo esto sucede por el incremento de la marginación social, el desempleo, la pobreza extrema y la indigencia. Este es el motivo de fondo, que todos los gobiernos buscan esconder, mientras protegen a los delincuentes de guante blanco. Pero evidentemente con esto no alcanza: ¿De dónde salen las armas? ¿Quién libera las zonas en las que opera el delito? ¿Por qué hay zonas enteras que todo el mundo sabe que están en manos de grandes mafias ligadas al narcotráfico y a la trata? ¿Quién deja que sigan existiendo los desarmaderos y múltiples puntos de venta donde se reduce lo robado?
La respuesta es simple. La raíz está en la connivencia de las fuerzas represivas con las mafias del delito organizado (Federal, Bonaerense, Gendarmería, Prefectura, Servicio Penitenciario, Policía de Seguridad Aeroportuaria) con los punteros políticos que sostienen los gobiernos. Entramado que termina usando como mano de obra barata y carne de cañón a las y los pibes de los barrios más vulnerables, a los que después descartan e incluso reprimen y asesinan cuando hay que mostrar “que se hace algo”.
La policía es parte del problema, no la solución.
En todos los delitos importantes hay comisarios involucrados, así como también los jueces. Narcotráfico, trata de personas, juego clandestino, salideras bancarias, piratas del asfalto, en síntesis, todo delito que requiera una cierta infraestructura requiere de zonas liberadas, provisión de armas y hasta de uniformes policiales para los delincuentes. Comisarías enteras viven de los “porcentajes” que obtienen de estos hechos.
Es la misma policía que después reprime, militarizando los barrios más carenciados, deteniendo y muchas veces asesinando a las y los pibes que viven en ellos, luego de instalar que “todos son chorros”. En La Matanza, el corazón de los hechos de inseguridad, sucedió en 2009 el asesinato y desaparición de Luciano Arruga por negarse a robar para la propia policía. Y no se trató de un hecho aislado. Durante la cuarentena se registraron 71 casos de gatillo fácil en todo el país, más de 20 de ellos en el conurbano. Y recordemos que la bonaerense estuvo directamente involucrada en la desaparición el año pasado de Facundo Castro.
Estas fuerzas de seguridad, las que “desaparecen” para liberar zonas o directamente participan de los hechos delictivos, son las que luego “aparecen” de a centenares cuando se trata de reprimir los reclamos de justicia como en Ramos, en Guernica, trabajadores en lucha o desalojar a vendedores ambulantes.
Hay que atacar el problema de fondo.
No habrá solución si no se ataca el problema de raíz: el aumento astronómico de la pobreza, la marginalidad y la desocupación. Y esto requiere imponer otro programa económico, obrero y popular, como planteamos desde Izquierda Socialista y el FIT Unidad, donde el dinero que hoy se está destinando a los usureros de la deuda y al FMI vaya efectivamente para generar trabajo, salarios y jubilaciones dignas, educación, salud y vivienda, para sacar a millones de la marginalidad, caldo de cultivo de la violencia.
Hay que terminar con las cúpulas policiales corruptas, cómplices de los grandes delincuentes, así como con sus jueces amigos, haciendo que los propios vecinos elijan con el voto popular a los comisarios en cada barrio, igual que los jueces.
Y apoyamos la autoorganización y movilización de los vecinos de las barriadas populares, debatiendo en forma asamblearia, tomando medidas para disuadir el delito y garantizar la seguridad de todas y todos, sin caer en las provocaciones de linchamientos ni la justicia por mano propia, y por sobre todas las cosas, controlando el accionar policial.
Mientras peleamos por esta salida, acompañamos hoy en su lucha por justicia a los familiares y vecinos de Roberto Sabo.
Escribe Mónica Schlotthauer, diputada nacional Izquierda Socialista y candidata por el FIT Unidad.
Lo ocurrido en la última sesión en la Cámara de Diputados ratifica la necesidad de seguir teniendo diputadas y diputados de izquierda.
Tanto el Frente de Todos como el macrismo de Juntos por el Cambio impidieron que se debatiera el proyecto de ley que presentamos como moción junto a nuestro diputado Juan Carlos Giordano. Votaron en contra. El mismo dispone construir 500 mil viviendas populares creando dos millones de puestos de trabajo con la plata que se destina a la deuda externa. ¿Cómo no van a hacer falta diputadas y diputados de izquierda que postulen con más fuerza estas urgentes medidas?
En la misma sesión, el oficialismo peronista y la oposición patronal de Juntos también se unieron para votar una ley que permite el ingreso de tropas militares extranjeras a nuestro país para hacer ejercicios “amigables”. Se trata del ingreso de tropas y barcos del imperialismo norteamericano, Alemania, Italia y otros países capitalistas -quienes siendo parte de la OTAN apoyaron a los yanquis para ocupar Afganistán durante veinte años, provocando un desastre humanitario en ese país-, o de hacer ejercicios con el Ejército de Bolsonaro, donde hasta van a usar la llamada Hidrovía del Paraná. Solo desde Izquierda Socialista repudiamos semejante avasallamiento. ¿Quién si no?
Hemos denunciado también en la misma sesión la lavada de cara tanto del Frente de Todos como del macrismo, usando la ley de etiquetado frontal de alimentos para decir que de ahora en más va a haber una “alimentación sustentable”, algo completamente mentiroso. Si bien estamos a favor de que se pongan sellos negros a productos que matan, señalamos que para acceder a los alimentos hace falta un inmediato aumento de salarios y jubilaciones y castigar de verdad a los monopolios formadores de precios que suben todos los días los alimentos. Solo desde la izquierda hicimos esta denuncia.
Otro tanto ocurrió cuando denunciamos durante el tratamiento de la ley reconociendo derechos humanos a la gente en situación de calle, que no le ponen presupuesto, y la usan para lavarse la cara mientras terminan desalojando, como ocurrió con la represión violenta por parte de la policía de Kicillof y Espinoza contra vecinos de Ciudad Evita, La Matanza, o cuando Berni y Kicillof les mandaron las topadoras a las familias de Guernica al mejor estilo Macri.
En relación a los pagos de la deuda externa, tenemos que decir que todas las leyes que se vienen aprobando en el Congreso han tenido la anuencia del peronismo y del macrismo. El pasado lunes 1 de noviembre se pagaron otros 430 millones de dólares al Fondo Monetario, algo que solo repudiamos desde el FIT Unidad. Y si hay algo claro después de las elecciones es que tanto el Frente de Todos, los macristas de Juntos e incluso Milei y Espert se van a unir para votar el acuerdo con el FMI, con la sola oposición del Frente de Izquierda Unidad.
Por todo esto y mucho más, necesitamos que la izquierda siga en el Congreso. Porque el único voto útil el 14 de noviembre es al Frente de Izquierda Unidad.
La campaña electoral va entrando en sus últimas semanas. El gobierno peronista del Frente de Todos, por lo menos tal lo que muestran las encuestas, no parece levantar luego de la paliza que sufrió en las PASO. Lo que se llamó “el plan platita” no funciona. En realidad, porque resultó una mentira. Se anunció que “se había escuchado el mensaje de las urnas” y que “ahora sí, se le iba a poner plata en el bolsillo a la gente”. No sucedió. Los salarios y las jubilaciones siguen perdiendo, y cada vez más, frente a la inflación. La desocupación sigue siendo un flagelo creciente en los barrios populares. Y la miseria permanece en el escandaloso porcentaje de arriba del 40%. Encima, si hubo alguna modificación en el gobierno tras las PASO, fue la incorporación de impresentables como Juan Luis Manzur o Aníbal Fernández.
En estos últimos días, el Frente de Todos aumentó sus discursos contra el FMI. Ya no sólo lo hizo Máximo Kirchner y La Cámpora. Hasta el propio presidente Alberto Fernández llegó a decir que “no íbamos a arrodillarnos frente al FMI”. Pero se trata de una mentira absoluta. Porque inmediatamente después vimos al presidente de la Nación y sus ministros tomando un avión rumbo a Europa, justamente para “arrodillarse” ante el FMI. Pero el único objetivo de esa gira era, justamente, avanzar con el acuerdo con el Fondo y el mayor ajuste consecuente. Claro que, a la vez, buscaban alguna “foto” o declaración que les permitiera seguir vendiendo espejitos de colores. No lo lograron con el Papa, y ni siquiera fueron recibidos por Joe Biden, que apenas se dignó darle la mano en la cumbre del G20. Finalmente, sacaron de la manga una supuesta inversión extranjera “limpia y ecológica” en hidrógeno verde. Seamos claros: ni generará los puestos de trabajo que se prometen, ni será limpia y ecológica. Resultará, si se llega a poner en marcha, un nuevo negocio al servicio de pulpos transnacionales para saquear nuestra riqueza.
No resulta extraño que, con todo esto, el gobierno esté preocupado porque teme que le costará muchísimo remontar la elección el 14 de noviembre. Y, dentro de esa realidad, está la probabilidad de que vuelva a verificarse una “fuga” de votos por izquierda, hacia el FIT Unidad.
Es que si el gobierno no despierta entusiasmo (más bien lo que prepondera es la bronca), son millones los trabajadores que tampoco ven la salida en Juntos por el Cambio. No solo porque fueron quienes, hasta hace apenas dos años, ajustaron y hambrearon al pueblo. Sus propuestas actuales, con la flexibilización laboral a la cabeza, apuntan a seguir garantizando las ganancias de los grandes empresarios y quitarle derechos a los trabajadores.
El repudio a ambas fuerzas patronales permitió, en las PASO, el crecimiento de expresiones de ultraderecha como Milei en CABA y en menor medida Espert en la provincia de Buenos Aires. Pero el repudio a lo que llaman la casta política se va derritiendo día a día: ya antes, Milei había dicho que Patricia Bullrich no pertenecía a dicha “casta”. Ahora lanzó elogios hacia Macri. No nos debe llamar la atención: apenas pasen las elecciones, Milei y Espert votarán con Juntos por el Cambio y también el Frente de Todos el acuerdo que se cierre con el FMI.
Es por todo esto que resulta muy importante el resultado que logremos obtener como FIT Unidad.
El Frente de Izquierda ya hizo excelentes elecciones en las PASO, disputando la posibilidad de lograr diputadas y diputados en la provincia de Buenos Aires, CABA y Jujuy. Y tuvo muy buenos porcentajes en otras provincias. Posteriormente, realizó una muy buena elección en Neuquén Capital, obteniendo un nuevo concejal.
Por eso tenemos un enorme desafío en estos días que quedan. Hay que seguir peleando el voto en cada lugar de trabajo, estudio, con nuestros familiares, amigos y vecinos. Continuar constituyendo comités de apoyo. Difundir nuestras propuestas y, a la vez, ir creando la “cadena del voto”: que aquel que dice que nos va a votar, salga a decirlo, y a buscar otras personas que también lo hagan. Conseguir fiscales para defender nuestros votos el domingo 14, para lograr que luchadoras y luchadores entren al Congreso y a las legislaturas. Vamos entonces, con Nicolás del Caño, Romina del Plá, Juan Carlos Giordano, Mónica Schlottahuer, Rubén Pollo Sobrero y Graciela Calderón en Provincia de Buenos Aires; con Myriam Bregman, Gabriel Solano, Mercedes Trimarchi, Mercedes de Mendietta y Pablo Almeida en CABA; con Liliana Olivero en Córdoba; con Alejandro Vilca en Jujuy; y con las restantes candidatas y candidatos del FIT Unidad en todo el país.
Después de las elecciones tendremos enormes desafíos. Estará planteado para el pueblo trabajador cómo enfrentar el mayor ajuste que se viene, de la mano del acuerdo con el FMI. Por eso es fundamental fortalecer al Frente de Izquierda Unidad. Lograr que siga habiendo diputadas y diputados de izquierda en el Congreso Nacional y las legislaturas provinciales. Así estaremos más fuertes para dar la pelea, por el futuro de los trabajadores, la juventud, las mujeres y las disidencias. Porque estará planteado más que nunca el dilema: deuda y FMI o salario, trabajo, educación, salud y vivienda.

Escribe Mónica Schlotthauer, diputada nacional por Izquierda Socialista / FIT Unidad
Mientras Máximo Kirchner y el presidente Alberto Fernández discursean contra el Fondo Monetario y el pago de la deuda externa, el propio presidente viaja a Europa con su ministro Martín Guzmán y otros funcionarios para avanzar en la firma del acuerdo con el FMI.
Lo dijo el presidente Alberto Fernández en el acto homenaje por el aniversario del fallecimiento de Néstor Kirchner: “no nos vamos a arrodillar ante el FMI”. Al mismo tiempo, La Cámpora inauguró un nuevo cantito contra el Fondo. ¿Es que acaso el gobierno del Frente de Todos está evaluando romper con el organismo y dejar de pagar la deuda externa? Nada más alejado de la realidad. Veamos los hechos.
Casi directamente después del acto, el presidente Fernández abordó el avión que lo llevó primero a Italia a la reunión del G20 y luego a la cumbre climática de Glasgow. En ambas reuniones el objetivo principal del gobierno peronista fue avanzar lo más posible en la firma del acuerdo con el FMI. Para ello concurrieron el ministro de Relaciones Exteriores Santiago Cafiero, el de Economía Martín Guzmán, incluso la delegación se vio reforzada con la presencia del secretario de Asuntos Estratégicos Gustavo Béliz. No es una novedad. En la reunión anterior, hace apenas diez días en Washington, también estuvieron presentes el jefe de Gabinete Juan Luis Manzur y el presidente del Banco Central Miguel Pesce. El presidente Fernández le dedicó un tiempo sustancial de su visita a reunirse con la titular del FMI Kristalina Georgieva. Es un secreto a voces que toda la presión diplomática de nuestro país en la declaración final del G20 fue para que se incluyera un párrafo donde se dice que el FMI “estudiaría” los niveles de las tasas de interés que se le cobran a los países deudores como la Argentina. Ni siquiera dice que hay un compromiso de bajar las tasas, a pesar de lo cual el gobierno lo presentó como un gran “triunfo” diplomático. Lo otro que se encargó de difundir la Cancillería fue el apretón de manos entre Alberto Fernández y Joe Biden, luego que el gobierno fracasara en lograr siquiera ser recibido por el presidente yanqui.
En síntesis, el gobierno de Alberto Fernández fue literalmente a ponerse de rodillas frente al establishment político y económico internacional, mendigando que, al menos, nos resten “una moneda” de la millonada que se le debe al FMI. Recordemos que es producto del préstamo tomado por el gobierno de Macri, que fue usado en su totalidad para financiar la fuga de capitales.
El gobierno del Frente de Todos, que en la campaña electoral de hace dos años arrancó diciendo que “bajo ningún concepto iba a firmar un acuerdo que implicara un ajuste”, pasó a elaborar ya el año pasado, y mucho más este, un presupuesto con reducción de déficit fiscal y partidas sociales, a la medida de las exigencias del FMI.
Este año viró desde las declaraciones del 25 de mayo de que había que suspender todos los pagos de deuda durante la pandemia, a las órdenes de Cristina de destinar el dinero enviado por el Fondo para atender la pandemia a pagar vencimientos de dicho organismo. Así se hizo con los 1.800 millones de dólares abonados en agosto, los 400 que se pagan esta semana y los nuevos 1.800 que se pagarán en diciembre.
Por supuesto, nunca pasaron de discursos los planteos de que se pagaría “a 20 años”. El FMI, siguiendo estrictamente sus estatutos, exige cancelar la deuda en diez años, comenzando a devolver el capital a partir de 2026. Pero los intereses hay que pagarlos a partir de los seis meses posteriores a la firma del acuerdo.
Ahora hay muy serios rumores de que, para firmar el acuerdo, el Fondo estaría exigiendo avanzar con una devaluación. Y, tal como era de esperar, reaparecen los planteos de que se avance con reformas fiscales, previsionales y laborales. Traducido: hambrear a los presentes y futuros jubilados e ir a fondo con la flexibilización laboral requerida por las patronales.
No hay, entonces, ruptura posible con el Fondo. Sí, lo decimos con todas las letras: el gobierno se va a arrodillar ante el FMI. Más aún, va a contar, al hacerlo, con el apoyo de Juntos por el Cambio y también de Milei y Espert. Ahí va a desaparecer tanto “la grieta” como la “casta política”.
No te dejes engañar: los únicos que de verdad exigimos la ruptura con el FMI y el no pago de la deuda externa somos el Frente de Izquierda Unidad. De ahí saldrán los recursos para resolver las más urgentes necesidades populares. Para fortalecer esta alternativa, te pedimos que el próximo domingo 14 nos votes, para que así siga habiendo diputadas y diputados de izquierda.