Escribe Mercedes De Mendieta, diputada nacional de Izquierda Socialista (FIT-Unidad)
Muy por arriba de los dos tercios, por cómodas mayorías de 181 y 174 votos respectivamente, la Cámara de Diputados rechazó los vetos de Milei contra el Garrahan y las universidades públicas. Hay que continuar la movilización, para lograr no sólo tirar abajo el veto definitivamente en Senadores, sino para derrotar la motosierra de Milei y el FMI, haciendo realidad el anhelo popular que ya se palpa en las calles: ¡Basta de Milei!
Fue una jornada emocionante, una multitudinaria Marcha Federal donde lo que primó fueron las impresionantes movilizaciones, no sólo en la Plaza del Congreso, sino a lo largo y ancho de todo el país. Desbordó el Congreso, pero también fueron gigantescas las manifestaciones desde Jujuy a Ushuaia, con decenas de miles en Córdoba, Rosario y otras ciudades. Estudiantes, docentes y no docentes universitarios, pero también las comunidades educativas de los niveles inicial, medio y secundario, con centros de estudiantes, sindicatos, sectores del peronismo, del radicalismo y la izquierda se unieron a las y los trabajadores del Garrahan, junto a miles y miles de trabajadoras y trabajadores de otros gremios, jubiladas y jubilados y jóvenes. Fue importante la participación del sindicalismo combativo, con Ademys, la Unión Ferroviaria Seccional Oeste, la multicolor del Suteba, AGD UBA y miles de compañeras y compañeros de cuerpos de delegados y listas opositoras a la burocracia. Muchos iban preparados para “acampar” esperando un largo debate. La crisis del gobierno tras la elección bonaerense del 7 de septiembre, la bronca creciente y el peso de la movilización, que hasta obligó a la CGT a salir de su letargo y anunciar que estaría presente en la marcha, hicieron que todo se resolviera relativamente rápido, en pocas horas de debate y con una votación casi simultánea contra el veto al Garrahan y a las universidades. Las explosiones de algarabía cuando se conocieron cada uno de los dos resultados de las votaciones y la alegría y el festejo que reinaba en la desconcentración posterior, mostraban el nuevo “clima de época”: el pueblo trabajador se siente cada vez más fuerte para derrotar el super ajuste de Milei.
“¡Hay que ser miserable para vetar al Garrahan y a las universidades!”
Así comencé mi intervención en el Congreso. Porque había que marcar a fuego lo que pretende hacer este gobierno ultraderechista. Afuera comenzaba la concentración de la Tercera Marcha Federal y miles y miles ya estaban confluyendo en la Plaza Congreso: eso era lo fundamental, que iba a obligar a las y los diputados votar contra el veto. Por eso reivindiqué a las y los trabajadores docentes y no docentes, al movimiento estudiantil, señalando mi orgullo de ser parte como profesora y como egresada de la universidad pública: “si hoy cae el veto va a ser gracias a la movilización, a la Tercera Marcha Educativa que veníamos reclamando desde los sectores combativos, gracias al apoyo popular que se viene pronunciando en defensa de la salud y la educación públicas. Esos miles hoy lograron algo muy importante: que aparecieran los que estaban transando con el gobierno, el regreso de los muertos vivos, lograron que hoy hasta convoque la CGT. Pero le quiero decir a la CGT que hoy tendría que haber llamado a un paro nacional contra los vetos. Porque necesitamos un plan de lucha y un paro nacional para seguir derrotando la política de este gobierno que viene siendo repudiado en las urnas y en las calles. Porque cada vez son más los que dicen que este es un gobierno ajustador, que es un gobierno represor y además que es un gobierno coimero, que tiene a Karina Milei a la cabeza de una red de corrupción”.
Lo que se decía adentro del Congreso ya tenía su correlato afuera, donde uno de los cánticos era: "Diputados, diputados, no se lo decimos más, si no tiran ese veto, qué quilombo se va a armar".
¿Cómo la seguimos?
El crecimiento de la bronca popular hizo que hoy aparezcan votando contra el veto muchos de los que el año pasado fueron cómplices del gobierno, votando leyes o permitiendo que pasaran los vetos anteriores.
Por eso es muy importante remarcar, mientras festejamos este abrumador voto mayoritario, quienes fuimos, somos y seremos los que siempre estamos del mismo lado, las y los diputados del Frente de Izquierda Unidad. Denunciado adentro y afuera del Congreso, acompañando, organizando y siendo parte de todas las luchas contra el plan motosierra de Milei y el FMI. Exigiendo a la CGT que rompa el pacto y llame a un nuevo paro nacional de 36 horas y un plan de lucha.
Así hoy pudimos gritar dentro del recinto del Congreso lo que cantamos miles de veces en las calles, en cada movilización: “al Garrahan se lo defiende” y “Universidad de los trabajadores, y al que no le gusta, se jode”.
Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad
El único “cambio” que hubo fue el tono monocorde, casi asustado, de un Milei debilitado que ni siquiera se animó a terminar con su clásico “viva la libertad, carajo”. Fueron 15 minutos donde, en concreto, se limitó a presentar un presupuesto a la medida de las exigencias del FMI. Justamente el Fondo fue otro de los grandes ausentes en su disertación.
¿Qué dijo el presidente ultraderechista, en su primera aparición tras el discurso de la noche en que reconoció su derrota electoral? Lo repetido, un montón de veces, con distintas metáforas, es lo que llamó eufemísticamente “el equilibrio fiscal”. O sea, el ajuste. Lo llamó “el ancla”, “la piedra angular”, “el principio innegociable”.
Después de repetir, con menos énfasis que en otros discursos (en que lo hacía a los gritos), los supuestos “logros” de su gestión, donde habrían “bajado la inflación y la pobreza”, Milei afirmó que el problema era que “las cosas no siempre se entienden” o que “hay personas que no perciben las mejoras”. Desconociendo que millones “sí que entienden” y “sí que perciben” el hambre y la marginación a que los viene sometiendo la motosierra en estos casi dos años.
Milei usó una expresión repetida. Que ya la había dicho hace un año, que también la había repetido hace varios meses su ministro de Economía Luis “Toto” Caputo. Los más memoriosos recordaban que era la misma que utilizó Mauricio Macri cuando, siendo presidente, abrió las sesiones legislativas en marzo de 2018: “lo peor ya pasó”. Menos de un mes después vino el desbarranque, el salir corriendo al FMI y el principio del fin de su mandato.
Lo que no dijo Milei es que el presupuesto que estaba presentando desmiente rotundamente que “lo peor, ya pasó”. Al contrario, propone un mayor y más duro ajuste, tal cual lo acordado en abril pasado con el FMI. El superávit fiscal, pasará del 1,2% al 2,2% del PBI en 2026 y luego al 2,5% en 2027. ¡Casi el doble!
Según el presidente, el proyecto de presupuesto contiene una serie de “aumentos”, que claramente no son tales. Así, promete incrementar el presupuesto para universidades. Apenas minutos después de terminado su discurso, el propio Consejo Universitario Nacional salió a desmentirlo: “los 4,8 billones de pesos anunciados no son más que anualizar para el 2026 lo percibido a diciembre de 2025, queda muy lejos de los 7,3 billones necesarios para que pueda funcionar normalmente el sistema” (declaración del CIN: “Un proyecto para consolidar el ajuste universitario”).
Milei también revoleó supuestos números de incrementos para jubilados, personas con discapacidad, salud y educación. Todos confusos y mentirosos. La trampa es que vendrán atados a una “regla fiscal” que ya conocemos: el “déficit cero” (que en realidad es peor: el superávit obligatorio del 2,2%, como exige el Fondo). Si no se lo alcanza, se recortan los gastos. ¡La mismísima regla que inventaron Caputo y Patricia Bullrich en 2001, cuando, meses antes de volar por los aires en el Argentinazo, le recortaron un 13% a las y los jubilados y empleados estatales!
Milei ya directamente delira cuando habla de un crecimiento de entre 7 y 8% anual sostenido durante 20 años que nos colocaría “entre los países más ricos del mundo”. Está en la misma línea de cuando se presentaba como “el mejor economista del mundo” y reclamaba que le dieran el premio Nobel.
Vamos a la realidad.
Con los supuestos de base que presenta la ley de presupuesto de Milei no se alcanzará ningún “crecimiento” de esos con que sueña el gobierno. Miremos los números (que el propio presidente se cuidó de no mencionar en su discurso): dicen que el año próximo la economía argentina crecerá un 4,5%, cuando su política la está sumiendo en una mayor recesión, reconocida por todos los economistas, incluso los del establishment. Afirma que la inflación del año que viene estará entre el 7 y el 12% (otro supuesto difícil de cumplir) y, lo más ridículo de todo, habla de un 2025 que terminará con un dólar a 1.325 pesos (cuando hoy ya está por encima de los 1.450) y un dólar a diciembre de 2026 de 1.423. Cómo obviamente, todo esto es incumplible, el presidente tendrá las manos libres para “no cumplir sus promesas” de esos supuestos aumentos a las y los jubilados, personas con discapacidad, salud y educación.
Otra cosa que no dijo Milei, y que también desmiente que “lo peor ya pasó”, es que el año que viene le prometió al Fondo que presentará sus leyes de flexibilización laboral, reforma jubilatoria y fiscal, los tres ejes estructurales con que pretende dar el mazazo final a los derechos del pueblo trabajador.
Demostrando la extrema debilidad en que quedó su gobierno después de la paliza que sufrió en la elección bonaerense, el presidente, casi en tono de súplica, dijo que está dispuesto a trabajar con los gobernadores y los legisladores, tirando un cable a la oposición patronal.
En síntesis, ¿para qué y para quién habló Milei? Los únicos que escucharon atentamente su mensaje fueron el FMI y el establishment financiero internacional, encabezados por los acreedores de deuda externa, que ya dudan de la capacidad del gobierno de poder avanzar con su super-ajuste y así garantizar los próximos pagos de deuda externa. Para ellos es este presupuesto que se presentó ayer. Queda muy en duda si podrá aprobarse. Y que el gobierno deba conformarse con seguir ajustando sin presupuesto, como lo hizo desde el comienzo de su mandato. Mientras tanto, la continuidad de la motosierra se expresó en lo concreto la semana pasada, con los vetos al Garrahan, a las universidades y a las provincias. El repudio popular, que ayer mismo se expresó en varios cacerolazos mientras hablaba Milei, se multiplicará por centenares de miles en todo el país este miércoles, cuando se traté en el Congreso el rechazo a dichos vetos. Desde Izquierda Socialista y el FIT Unidad seguiremos impulsando la movilización para derrotar la motosierra de Milei, los gobernadores y el FMI.
Escribe Guido Poletti
Milei ya fue repudiado abrumadoramente en las elecciones de la provincia de Buenos Aires. Se trató de la manifestación electoral de la bronca creciente que se percibía en los lugares de trabajo y estudio y en los barrios populares.
Sin embargo, desde la misma noche del domingo, ratificó que continuará y, más aún, profundizará el ajuste y la motosierra. En la semana lo hizo vetando las leyes que involucraban al Garrahan y a las Universidades. También la de ATN para las provincias.
Tanto las y los trabajadores del Garrahan como la comunidad universitaria respondieron de inmediato.
En el Garrahan se lanzó un paro que durará el viernes y sábado. Sus trabajadoras y trabajadores participarán del acto del sindicalismo combativo en Plaza de Mayo de hoy y por la noche harán un ruidazo. El movimiento estudiantil, por su parte, junto con los gremios docentes y no docentes universitarios, realizó una jornada de clases públicas en Plaza de Mayo el miércoles, enormes asambleas por facultad el jueves, y convocó a la Tercera Marcha Federal para el próximo miércoles 17, cuando se trate el veto en la Cámara de Diputados.
El Plenario del Sindicalismo combativo, organizaciones piqueteras independientes y las y los jubilados en lucha, por su parte, realizan un acto hoy viernes en Plaza de Mayo, donde además del Garrahan y las Universidades, estará presente Ademys, las y los ferroviarios del Sarmiento, el Sutna, otros gremios combativos y delegaciones de distintos sectores de las y los trabajadoras, todo preparando la gran marcha unitaria contra los vetos. Remarquemos que esta jornada de lucha había sido votada en el Plenario Nacional que tuvo lugar el 16 de agosto, en la Facultad de Sociales.
¿Y la CGT?
Como vemos, iniciativas sobran. Ganas de pelear también. Sin embargo la burocracia de la CGT sigue deshojando la margarita y afirmando que “no están pensando en un paro general”. Por supuesto, luego del resultado provincial, “endurecen” su discurso, para no quedar descolocados. Pero todo su centro está puesto en la renovación de autoridades de la Central. De hecho, en estos días está citado un Comité Central Confederal, pero en el temario de convocatoria ni figura discutir acción alguna contra la motosierra de Milei, sino exclusivamente ratificar el cronograma de elecciones de las nuevas autoridades.
El sindicalismo combativo, esta tarde en Plaza de Mayo, le viene reclamando a la burocracia de la CGT que rompa la tregua ya escandalosa que viene llevando adelante con el gobierno y que llame a un nuevo paro general, de 36 horas y a un plan de lucha. ¿Qué mejor ocasión para llamar a parar que el próximo miércoles, fortaleciendo las movilizaciones que se preparan, con las y los jubilados, el Garrahan y la Tercera Marcha Federal Universitaria, pero a la que se sumará la docencia de todos los niveles?
Mientras exigimos esto, la tarea es hacer miles de asambleas, reuniones de activistas y cuerpos de delegados. En defensa de la salud y educación pública, es que el miércoles 17 debemos copar la plaza Congreso y de todo el país, exigiendo a las y los diputados que voten contra los vetos de este gobierno corrupto, anti obrero, ajustador y represor.
Escribe José Ernesto Castillo, dirigente de Izquierda Socialista (FIT Unidad)
Milei vetó la ley de financiamiento universitario, aprobada por el Congreso el pasado 21 de agosto. También la que declaraba la emergencia sanitaria en pediatría y residencias médicas por un año. Muy probablemente en las próximas horas también vetará la ley que dispone la redistribución automática de los ATN a las provincias. En síntesis, no hay plata para los sueldos, infraestructura e investigación universitaria, ni para el Garrahan o el resto de la salud pública dedicada a pediatría, ni para las provincias (de las que depende, recordemos, el grueso de la educación y la salud pública). Sí hay, como viene quedando claro de las declaraciones del propio presidente, y de los apoyos explícitos del FMI, para los buitres acreedores de la deuda externa. Y, en medio del atronador silencio y la ratificación de funcionarios, para los coimeros con Lule Menem y Karina “3%” Milei a la cabeza.
Derrotemos los vetos con el ejemplo de la lucha de discapacidad
Se le puede ganar a Milei. Lo demostraron las elecciones del domingo. Pero también la enorme lucha de los colectivos de personas con discapacidad, que obligaron al Congreso a rechazar el veto de Milei a su ley de emergencia.
Los gremios docentes y no docentes universitarios junto al movimiento estudiantil, e incluso los rectores y autoridades han llamado a la tercera marcha federal universitaria, para el día que el Congreso trate el veto de Milei. ¡Era hora! Pero más vale tarde que nunca. Mientras tanto, el miércoles 10 ya hubo una gran jornada de clases públicas en Plaza de Mayo, y el viernes 12 habrá un paro nacional universitario.
Las y los trabajadores del Garrahan ya hace meses que vienen luchando, con innumerables iniciativas, incluyendo marchas multitudinarias que concluyeron con jubiladas y jubilados y demás trabajadores en lucha.
Con estos ejemplos, el camino está claro: hay que ganar las calles para derrotar los vetos de Milei, su motosierra y todo su plan de ajuste, entrega y represión.
El domingo pasado el pueblo trabajador, los jóvenes, el movimiento de mujeres y disidencias,y las y los jubilados le pegaron un auténtico mazazo electoral a Milei y sus candidatos. Hubo festejo popular. El gobierno quedó groggy. Pero no alcanza. Lo dijo la misma noche de los comicios en su discurso: “voy a seguir ajustando y a profundizar el rumbo”. En estos días lo ratificó. Se envalentonó con el apoyo explícito que recibió del FMI, con el mensaje de su vocera Julie Kosack.
Para hacer realidad el sentimiento popular, que masivamente reclama ¡Basta Milei!, hay que seguir y profundizar la pelea en las calles, apoyar todas las luchas y exigir a la CGT que rompa su escandaloso pacto con el gobierno y que llame a un nuevo paro general de 36 horas y un plan de lucha. También, seguir la pelea electoral, preparándonos para darle otro palazo a Milei y La Libertad Avanza en las elecciones del 26 de octubre. Para eso, tenemos una herramienta que hay que fortalecer, la únicas que siempre, sin excusas e incondicionalmente se pronunció en contra de todas y cada una de las políticas del gobierno, así como la que desde el primer día estuvo en las calles apoyando todas las luchas para que triunfen: el Frente de Izquierda Unidad.
Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad
El gobierno ultraderechista de Javier Milei sufrió una derrota total en las elecciones de la provincia de Buenos Aires, donde perdió por más de 13 puntos de diferencia. Fue un enorme voto de repudio a la motosierra, a la política de hambre al servicio del FMI y también a las coimas de su hermana, Karina.
La elección bonaerense desató un auténtico terremoto político: todo cambió de golpe. Bastaba con ver las caras de los hermanos Milei y de los funcionarios que lo acompañaban en el escenario del búnker de La Libertad Avanza (LLA) la noche del domingo 7 de septiembre. El gobierno recibió un golpe durísimo, algo que ellos mismos reconocieron. Al día siguiente, hasta los diarios internacionales reflejaron la magnitud de la derrota.
Un par de días antes, en el patético acto de cierre de LLA en Moreno (donde asistieron apenas cientos de personas, en su mayoría barrabravas, en una cancha semivacía del barrio Trujui), el Presidente aseguraba que estaban ante un “empate técnico” y que, en el peor de los casos, podían quedar abajo por unos pocos puntos.
En la Primera Sección, donde tenían expectativas de ganar, terminaron derrotados por diez puntos. En la Tercera fue una verdadera goleada: 25 puntos de diferencia. En todo el conurbano apenas lograron imponerse en tres partidos: Vicente López y San Isidro (zonas de clase media alta), y Tres de Febrero, donde el intendente Diego Valenzuela encabezaba la lista. Dato de color: los tres municipios son bastiones del PRO.
La derrota se extendió a casi toda la provincia: perdieron en seis de las ocho secciones electorales. Solo triunfaron en la Quinta y la Sexta, gracias a las victorias en Mar del Plata y Bahía Blanca.
En el corazón del conurbano bonaerense, tanto en los partidos de la Tercera como de la Primera Sección, el repudio al gobierno fue absoluto. Cuanto más popular era el barrio, menos votos obtenía LLA. También perdieron en La Plata.
Incluso en la Segunda, donde el oficialismo estaba seguro de imponerse, fueron derrotados en localidades con fuertes conflictos de la industria metalúrgica, como Zárate, Campana, Ramallo y San Nicolás. La caída alcanzó zonas rurales donde creían tener el triunfo asegurado, como en la Cuarta Sección Electoral.
¿Por qué perdió Milei?
El pueblo repudió la motosierra, el superajuste y el sometimiento al hambre y la marginación social de millones de personas. También rechazó los ataques a la educación, a las personas con discapacidad, a las y los jubilados, los insultos, la agenda antiderechos contra mujeres y disidencias y, sobre todo en las últimas semanas, la corrupción por las coimas de Karina Milei y los intentos de censura a periodistas. Fue una expresión clarísima de una bronca creciente: primero se fue gestando a fuego lento y, en las últimas semanas, llegó a punto de hervor.
El gobierno de LLA venía atravesando su peor momento. A la lucha del Hospital Garrahan se sumaron los conflictos vinculados a la situación de las personas con discapacidad. En paralelo, crecía la crisis política, marcada por derrotas recurrentes en el Congreso y rupturas con gobernadores y fuerzas patronales que hasta hace pocos meses aparecían como aliados.
El punto de quiebre llegó cuando se destapó la olla de los audios y las coimas de Karina. El “3%” y el hit de “alta coimera” se masificaron, coreándose en recitales y canchas de fútbol. En los últimos días, en cada acto de campaña y caravana del oficialismo, se sentía en el aire el repudio popular.
En síntesis, el pueblo trabajador votó masivamente contra el mandatario. Fue la expresión del hartazgo, un castigo contundente al gobierno. Conocidos los resultados, y en los días siguientes, se notaba en fábricas, oficinas, escuelas, facultades y barrios populares una alegría desbordante por la derrota del oficialismo y por el mazazo que había recibido el gobierno.
Axel Kicillof y el peronismo
Sin duda, el peronismo sale fortalecido como principal ganador. Fue el vehículo mayoritario que encontró el pueblo trabajador para castigar al gobierno.
Dentro de la interna peronista, el principal ganador fue el gobernador Axel Kicillof. Su maniobra de separar, por primera vez en Buenos Aires, las elecciones provinciales (con el apoyo de los intendentes del conurbano) de las nacionales, dio resultado, pese a la oposición de Cristina Fernández y del peronismo kirchnerista. Sin embargo, esto no impidió que la expresidenta se subiera al carro del triunfo y saliera a festejar desde el balcón de su casa. Lo mismo hicieron Sergio Massa, Juan Grabois y todos los sectores que, tras un trabajoso cierre de listas, confluyeron en Fuerza Patria.
El fortalecimiento del peronismo, e incluso de la figura de Kicillof (a quien algunos ya señalan como “presidenciable”), no elimina la crisis interna de esa fuerza política. La imagen de dos festejos distintos, uno en La Plata y otro en la casa de Cristina Fernández, en San José 1111, es apenas una muestra de las tensiones. El gobernador bonaerense hace tiempo que se distanció del espacio kirchnerista. Tiene pendiente recomponer su relación con los gobernadores, y su estrategia futura es una incógnita. Hasta ahora se apoyó en los barones del conurbano y en la burocracia de la CGT y las CTA, aunque ya expresó su interés en construir un frente “más amplio”, que incluso podría incluir a gobernadores no peronistas como Maximiliano Pullaro o Ignacio Torres.
Por otra parte, como quedó claro durante la campaña, en amplios sectores persiste el recuerdo del desastroso gobierno de Alberto, Cristina y Massa. Muchos votos a la boleta de Fuerza Patria reflejan más un voto castigo contra Milei que un respaldo decidido a los candidatos peronistas.
Gran elección del Frente de Izquierda Unidad
El FIT Unidad tuvo una muy buena performance electoral. Fue una parte importante de la pelea para que el repudio y la bronca contra el gobierno nacional se expresaran en las urnas. Por eso, también fue protagonista de la alegría y los festejos tras conocerse los resultados.
El Frente de Izquierda Unidad se consolidó como tercera fuerza en la Tercera Sección Electoral, logrando dos diputados provinciales: Nicolás del Caño (PTS) y nuestra compañera Mónica Schlotthauer, de Izquierda Socialista.
El voto al FIT-U reunió a una franja que vio en la izquierda la forma de castigar a Milei. En su mayoría, se trató de militantes y activistas que ya venían acompañando al Frente de Izquierda en elecciones anteriores. A ellos se sumaron compañeras y compañeros que, tras sus experiencias con el peronismo, decidieron dejar de apoyarlo y encontraron una alternativa política.
Un dato de color que realza la elección del FIT Unidad fue la pobrísima votación de Somos, la lista intermedia “ni chicha ni limonada” que intentó instalarse en la provincia de Buenos Aires como avanzada de los gobernadores de Provincias Unidas. Perdieron con el Frente de Izquierda en la Tercera y en la Octava Sección. En la Primera, incluso sacaron menos votos que el Frente de Izquierda en Tigre, el municipio gobernado por Julio Zamora, principal candidato de ese espacio.
¿Ya se le paró la mano a Milei?
En su discurso de la noche del domingo 7 de septiembre, Milei reafirmó que no retrocederá ni un centímetro en el ajuste, a pesar de haber sufrido el impacto de la derrota electoral. Incluso advirtió que lo profundizará. Habló de modificar “errores políticos”, aunque no quedó claro si se refería a las formas o al tono.
En los días posteriores, quedó en evidencia que es el único que cree que todo sigue igual. Su gran “innovación” fue anunciar la creación de una mesa política integrada por los mismos personajes repudiados: Karina “3%”, el monje negro y jefe del grupo “Fuerzas del Cielo”, Santiago Caputo, la represora Patricia Bullrich, el coimero clan Menem, Guillermo Francos y el propio presidente.
El oficialismo nacional quedó golpeado y con una crisis abierta, tanto política como económica. Está paralizado y en estado de shock, cruzado por sus internas, pero no tiene otra opción que seguir adelante con la motosierra: cualquier retroceso sería leído como un signo de debilidad aún mayor. En los próximos días esto se verá reflejado en los vetos pendientes.
La crisis económica se acelera, y no tienen otro camino que profundizar el superajuste. Esto implica destruir aún más salarios y jubilaciones, ahogar a los endeudados con tasas de interés impagables y otorgar nuevos privilegios a los sectores más ricos. Su objetivo es acumular dólar sobre dólar para cumplir con los próximos vencimientos de la deuda externa y con las exigencias del FMI.
Por eso será fundamental seguir peleando. En esta nueva coyuntura, con un gobierno debilitado, se abre la posibilidad de tonificar las luchas en curso y las que vendrán, con el pueblo trabajador más predispuesto a enfrentarlo. El resultado electoral también dejó una enseñanza clara: estos ultraderechistas y su motosierra pueden ser derrotados.
Los desafíos que vienen
La elección en la provincia de Buenos Aires fue leída, correctamente, como una “primaria” antes de los comicios nacionales de octubre. Todos sabían que lo importante no era la futura composición de las Cámaras de Diputados y Senadores bonaerenses, ni de los Concejos Deliberantes, sino la foto que mostraría el nivel de apoyo o repudio al gobierno. Y, como señalamos antes, el resultado fue contundente, sin dejar lugar a dudas.
Mientras continúa la pelea concreta, el desafío de las próximas semanas será volver a expresar, ahora a nivel nacional, la bronca contra la motosierra. En las calles se siente un grito masivo: “Esto no se aguanta más” y “Yo no quiero que esta gente siga gobernando”.
Vuelve a plantearse, entonces, el interrogante sobre cuál es la verdadera alternativa para el pueblo trabajador, la juventud, el movimiento de mujeres y disidencias, y para todos aquellos que gritan ¡Basta de Milei!
Insistimos en que el peronismo no es una solución. Ya gobernaron y su gestión fue desastrosa para las y los trabajadores: aplicaron ajustes para cumplir con el FMI y terminaron provocando que decenas de miles, equivocadamente, los castigaran votando al facho de Milei.
Además, aunque ahora se reubiquen discursivamente, durante estos casi dos años de ultraderechismo dejaron las manos libres a Milei para que aplicara la motosierra. Diputados y senadores peronistas, con diversas excusas, votaron leyes, permitieron vetos o dejaron pasar DNUs. La burocracia sindical peronista, por su parte, pactó con el gobierno y dejó aislados a quienes salían a pelear.
El peronismo tampoco tiene un programa alternativo auténtico. Solo repite que renegociará “en forma progresiva” con el FMI y los acreedores de la deuda, con la promesa de pagar y, al mismo tiempo, “redistribuir la riqueza”. Es exactamente lo mismo que planteaban al final de la gestión de Mauricio Macri.
Por eso, volvemos a afirmar que la única alternativa es el Frente de Izquierda Unidad: el que está presente en todas las luchas, el que siempre se opone (sin excusas) a cada una de las políticas de este gobierno. El que tiene un programa verdaderamente alternativo, obrero y popular, que comienza por dejar de pagar la deuda y romper con el FMI, para que la plata se destine a resolver las necesidades populares.
Hoy el gran desafío es fortalecer al FIT-U. En octubre, apoyarlo en la campaña electoral, votarlo y pelear por más diputadas y diputados en el Congreso. Desde el domingo pasado estamos en mejores condiciones para enfrentar estas tareas.