El sábado 6 de septiembre de 1975 se realizó el acto de despedida con familiares y delegaciones de distintas fábricas. Ernesto González, en nombre de la dirección nacional del PST, señaló a “los responsables” de la masacre.
“Los compañeros, con sus debilidades y grandezas, sólo se pueden apreciar a la luz de la ideología y de la tarea por la cual dieron su vida: el trotskismo y la construcción del Partido Mundial de la Revolución Socialista.
Comprendemos que muchos de los familiares y compañeros busquen una reparación. Pero, ¿quién debe reparar y cómo lograrlo? En primer lugar, el gobierno peronista, que en su momento toleró y encubrió su accionar. Ahora, pese a su llamado al dialoguismo, no hace nada que signifique detener a las bandas fascistas.
También son responsables aquellos sectores que, desde la oposición al lopezreguismo y en nombre de la defensa de la democracia, se han negado a movilizarse contra el fascismo, haciéndole el juego a un nuevo golpismo militar. Detrás de estos sectores están los grandes patrones: industriales, latifundistas y agentes de los monopolios, nacionales y extranjeros.
Como siempre, incluso en esta hora de dolor e indignación, seguiremos fieles al movimiento obrero. Lucharemos contra las direcciones sindicales que lo frenan y lo atan a los planes de la patronal, y también contra la guerrilla elitista, que lo confunde y contribuye a provocar su desmovilización.
Nosotros decimos que vamos a continuar por ese camino. Estamos firmes, total y absolutamente convencidos de la victoria de la clase obrera, que al terminar con todos los explotadores y asesinos brindará la mejor y única reparación posible.*
Laucha, Hugo, Dicki, Adrianita, Patricia, Lidia, Ana María, Oscar: ¡Hasta el socialismo, siempre!”
* Avanzada Socialista Nº 161, 08/09/1975. Disponible en www.nahuelmoreno.org
El viernes 19 de septiembre desde las 17 en el Pasaje Dardo Rocha de La Plata (calle 50 entre 6 y 7) se realizará un acto en homenaje y por justicia para los compañeros y las compañeras asesinados en la Masacre de La Plata
Organiza: Comisión por la Memoria y Justicia de la Masacre de La Plata
Escribe Federico Novo Foti
Trotsky fue uno de los principales dirigentes revolucionarios del siglo XX. Encabezó la primera revolución socialista triunfante de la historia junto a Lenin en Rusia. Su nombre está asociado a la lucha por el socialismo, la democracia obrera y el internacionalismo. Con su asesinato, Stalin intentó cortar la continuidad histórica de la lucha obrera revolucionaria. Pero su legado sigue vigente.
El 20 de agosto de 1940 León Trotsky recibió en su residencia de la calle Viena 19 en Coyoacán, México a Frank Jackson. El joven, introducido en el entorno de Trotsky como novio de una de sus colaboradoras, se había presentado con la excusa de intercambiar opiniones sobre un artículo. Jackson aprovechó un momento de descuido para atacar por la espalda al viejo líder revolucionario. Al día siguiente, Trotsky falleció por las heridas sufridas. Jackson, quien era un agente del servicio secreto soviético cuyo verdadero nombre era Ramón Mercader, había logrado consumar la sentencia dictada por José Stalin, líder de la URSS: “¡maten a Trotsky!”.
El asesinato del dirigente ruso fue la culminación de un acecho implacable, iniciado en 1927 con su destierro de Rusia, su exilio obligado por “el planeta sin visado” y el asesinato y persecución a sus seguidores, colaboradores y familiares.1
La causa de tal saña se encontraba en que, desde mediados de la década de 1920, Trotsky se había enfrentado a Stalin en su intento de consolidar su poder burocrático en la URSS. Se había opuesto, tras su formulación en 1924, a la concepción no marxista del “socialismo en un solo país” que abandonaba el internacionalismo y, desde 1935, a los “frentes populares” de conciliación con las burguesías en los partidos comunistas y la Tercera Internacional.
Entre 1936 y 1938, Stalin montó los “Juicios de Moscú”: una farsa judicial para exterminar a la vieja guardia dirigente del partido de Vladimir Lenin y a sus opositores. Trotsky fue el principal inculpado porque era el más destacado y consecuente dirigente opositor a la burocracia estalinista y encarnaba la continuidad del programa socialista revolucionario, la democracia obrera y el internacionalismo.
Una vida dedicada a la revolución socialista
León Davidovich Bronstein había nacido el 26 de octubre de 1879 en una aldea cerca de Odesa en Ucrania, región sometida por entonces al imperio zarista de Rusia. Siendo muy joven se hizo marxista. El régimen zarista rápidamente le impuso encarcelamientos y la deportación a Siberia. Se unió al Partido Obrero Socialdemócrata Ruso tras su primera fuga de Siberia, sumándose a la organización orientada por Lenin.
En la revolución de 1905 fue el máximo dirigente del soviet (consejo democrático de obreros) de San Petersburgo, capital del imperio. En su balance, tras la derrota, plasmó por primera vez su “teoría de la revolución permanente”. Afirmaba que la clase obrera de las ciudades, acaudillando al campesinado pobre, era la única clase capaz de encabezar la revolución democrática burguesa en el país y que al tomar el poder podía avanzar hacia el socialismo, transformando las condiciones de vida en el campo y las ciudades.2
Trotsky fue también parte de la minoría internacionalista que, con Lenin, Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, rechazó la traición de la Segunda Internacional, cuando ésta apoyó la guerra interimperialista en 1914 y pronosticó que los años venideros presenciarían la era de la revolución social.3
En efecto, en febrero de 1917 estalló la revolución en Rusia. Tras el derrumbe del régimen zarista, asumió el gobierno una coalición de la burguesía liberal y partidos reformistas. Pero, a su lado, resurgieron los soviets desafiando su poder. Trotsky logró retornar de su exilio forzado, fue incorporado en la conducción del soviet de Petrogrado (ex San Petersburgo) e ingresó al Partido Bolchevique de Lenin.
La revolución permitió una rápida confluencia entre ambos dirigentes. Lenin había logrado que el partido no diera su apoyo al Gobierno Provisional burgués y asumiera la pelea por un gobierno obrero, apoyado en los campesinos, lo que sería el preludio de la revolución socialista internacional. Los bolcheviques, con Lenin y Trotsky, fueron ganando cada vez más peso y lograron la mayoría en los soviets. Finalmente, Trotsky fue designado responsable del Comité Militar Revolucionario del soviet que organizó la toma del poder el 24 de octubre, consumando la primera revolución obrera socialista triunfante de la historia.
En el gobierno de los soviets, Trotsky ocupó distintos cargos y encabezó el Ejército Rojo, que derrotó en la guerra civil al Ejército Blanco, la coalición de ejércitos imperialistas. Tras la muerte de Lenin, en 1924, y con la consolidación del aparato burocrático, encabezó la Oposición de Izquierda contra el abandono del programa socialista revolucionario por el estalinismo.
Ante el ascenso del fascismo y el nazismo en la década de 1920, Trotsky batalló por la unidad del movimiento obrero para enfrentarlos, en abierta oposición a la política divisionista de la socialdemocracia y de la burocracia estalinista.4 Pero la llegada al poder del líder nazi Adolf Hitler, en enero de 1933, llevó a Trotsky a la conclusión de que la Tercera Internacional había muerto y era necesario fundar una nueva organización socialista revolucionaria mundial.
Su legado revolucionario sigue vigente
En 1938, aún bajo terribles condiciones de la persecución estalinista, Trotsky se abocó a uno de los desafíos más importantes de su vida: la fundación de la Cuarta Internacional, el partido de la revolución socialista mundial, para dar continuidad al hilo rojo de la lucha revolucionaria. Su “Programa de Transición” afirma que bajo el capitalismo decadente “la crisis de la humanidad se reduce a la crisis de su dirección revolucionaria”.5 Poco después sería asesinado, asestando un duro golpe al movimiento trotskista, profundizando la crisis de dirección.
A 85 años del asesinato de Trotsky, el capitalismo sigue condenando a millones a la pobreza en todo el mundo, promueve el ascenso de la ultraderecha y el genocidio de Israel contra el pueblo palestino. Frente a la barbarie capitalista las enseñanzas y el legado de Trotsky continúan teniendo enorme actualidad. Sigue planteada la lucha sin concesiones contra las gobiernos burgueses y sus medidas de ajuste contra el pueblo trabajador, la unidad para enfrentar a la ultraderecha y el repudio mundial al genocidio en Gaza. Y para lograr una salida de fondo es necesario unir a los revolucionarios, reconstruir la Cuarta Internacional y partidos revolucionarios para conquistar gobiernos de trabajadoras y trabajadores que luchen por el socialismo mundial. A esa titánica tarea nos dedicamos tenazmente desde Izquierda Socialista.
1. León Trotsky. Mi vida. Ediciones Antídoto, Buenos Aires, 1996. Disponible en www.marxists.org
2. Ver León Trotsky. “La revolución permanente”. Yunque, Buenos Aires, 1974. www.marxists.org
3. Ver León Trotsky. La guerra y la Internacional. Tomos I y II. CEHuS, Buenos Aires, 2014.
4. Ver León Trotsky. La lucha contra el fascismo en Alemania. Tomos I y II, Ediciones Pluma, Buenos Aires, 1974. www.marxists.org
5. León Trotsky. Programa de Transición. Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2007. www.marxists.org
En muchísimos países hay partidos, grupos o personalidades que se reivindican trotskistas [...] es un movimiento muy heterogéneo [...]
Nuestra corriente se fue formando y desarrollando desde los años cuarenta, bajo la conducción de Nahuel Moreno, que era, cuando murió en 1987, el más importante dirigente trotskista latinoamericano. Moreno* insistía siempre en que ser trotskista significaba ser consecuentemente marxista, es decir, buscar científicamente la verdad, entender la realidad, para modificarla en un sentido revolucionario. Y que eso significaba ser crítico, hasta del propio Marx o de Trotsky. Podemos resumir en los siguientes tres puntos nuestra “carta de presentación”:
Mientras exista el capitalismo en el mundo o en un país, no hay solución de fondo para los crecientes problemas de los trabajadores y todos los oprimidos. La gran tarea es eliminar el dominio capitalista, rompiendo con la burguesía y el imperialismo. De ahí la necesidad de impulsar la movilización e imponer los gobiernos obreros, populares y campesinos, para comenzar a implementar los cambios de fondo hacia el socialismo. Es característico de nuestra corriente la crítica a los gobiernos que, diciéndose de izquierda o “socialistas”, mantienen la alianza con los empresarios y el imperialismo. Que proponen no romper con los explotadores, con equivocadas salidas “antineoliberales” o de “economía mixta”, mientras hacen promesas de redistribución del ingreso o incluso de construcción del socialismo, dentro del capitalismo.
La pelea de los trabajadores es inseparable de la más amplia democracia, del combate implacable contra la burocracia y el totalitarismo del “partido único” aunque éste se proclame revolucionario. Sin democracia obrera es imposible avanzar hacia el socialismo. La caída de las dictaduras burocráticas en la URSS y Europa Central en 1989/91 lo demostró. Y en los sindicatos dominados por los dirigentes vendidos hay que echarlos, imponiendo nuevas conducciones que impulsen las asambleas y el respeto a las decisiones de la base [...].
La burguesía y el imperialismo dominan el mundo. Los ayudan los dirigentes políticos y sindicales vendidos y reformistas, que ganan el apoyo de los trabajadores con falsas salidas y permiten así la sobrevida del capitalismo [...]. La liberación de los trabajadores exige una respuesta también mundial. Una dirección revolucionaria e internacionalista, que impulsando el desarrollo de los partidos revolucionarios en cada país, pueda llevar al triunfo la lucha definitiva por acabar con el capitalismo e imponer el socialismo.
En síntesis: ser trotskista significa pelear por construir una Cuarta Internacional y sus partidos, que retome las tradiciones revolucionarias de las anteriores experiencias, para dotar de una dirección consecuente a las luchas que hoy sacuden al mundo e imponer los gobiernos de los trabajadores y el socialismo mundial.
Para avanzar hacia ese objetivo, Izquierda Socialista impulsa la construcción de la Unidad Internacional de los Trabajadores (UIT-CI).
* Elaborado en base al texto: Ser troskista hoy, Nahuel Moreno. Primera edición en Cuadernos de Correo Internacional, 1988. www.nahuelmoreno.org.
Escribe Federico Novo Foti
El 6 de agosto de 1945, Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Tres días después, arrojó otra sobre Nagasaki. Miles murieron calcinados o tras una lenta agonía por la radiación. Harry Truman, presidente yanqui, dijo que era la única forma de terminar la guerra.
A fines de julio y comienzos de agosto de 1945, en la localidad alemana de Potsdam, la antigua capital prusiana, se encontraban los líderes de las potencias vencedoras de la Segunda Guerra Mundial en Europa: el presidente norteamericano, Harry S. Truman; el primer ministro británico, Winston Churchill (reemplazado por el laborista Clement Attlee); y Iósif Stalin, de la URSS. Tras las rendiciones italiana y alemana a comienzos de mayo, “los tres grandes” definían las reparaciones de guerra y el reparto del mundo de posguerra, y garantizaban la reconstrucción y un nuevo orden capitalista gracias a la traición de Stalin.1 La guerra continuó en el Pacífico, ya que Japón aún no había capitulado.
Un día antes de iniciada la Conferencia de Potsdam, Truman recibió el mensaje: “el niño nació bien”. El telegrama en clave no se refería a un tierno acontecimiento, sino a que el “Proyecto Manhattan”, dirigido por el físico Robert Oppenheimer en Los Álamos (Nuevo México), había logrado su objetivo: crear la bomba atómica.2 La noticia llenó de optimismo a Truman, quien vio en la bomba atómica un instrumento clave para volcar las negociaciones a su favor y consolidar la hegemonía imperialista estadounidense.
Destructor de mundos
El 6 de agosto, a solo cuatro días de finalizada la conferencia, a las 8:15 de la mañana, Estados Unidos lanzó la bomba atómica sobre Hiroshima, que contaba con 250 mil habitantes. Era la primera vez en la historia que se lanzaba una bomba atómica. La ciudad fue devastada.
La explosión generó una bola de fuego que, en el hipocentro (área de impacto de la bomba), alcanzó una temperatura de 4 mil grados centígrados. El efecto del calor provocó inmediatamente una onda expansiva que derribó todo a su paso. En diez segundos, el viento feroz ya había avanzado casi cuatro kilómetros a la redonda. A medida que la onda expansiva se debilitaba, una succión de aire y una presión inversa se generaron desde el hipocentro: el viento se revirtió y empezó a soplar a la misma velocidad, pero ahora hacia el centro. No quedó nada en pie en un radio de tres kilómetros. Todos los hogares sufrieron daños severos hasta seis kilómetros de distancia. Después de veinte o treinta minutos, comenzó a caer una espesa “lluvia negra” en un área de 30 kilómetros a la redonda, que contenía hollín y polvo radiactivo.
Cerca de 150 mil personas murieron por efecto de la bomba, entre los afectados instantáneamente y quienes fallecieron en las semanas o meses siguientes producto de la radiación. Todos los que estaban en un radio de 1,2 kilómetros del hipocentro perecieron calcinados. A dos kilómetros de distancia, las quemaduras alcanzaban el 100% de la piel, que se desprendía en tiras. Los que se encontraban hasta a cuatro kilómetros del hipocentro sufrieron severas quemaduras en las partes del cuerpo expuestas al aire.
Miles de personas ingresaron al área al día siguiente en busca de heridos o de familiares desaparecidos: muchos murieron posteriormente, tras padecer horribles malformaciones en la piel. Aún para 1960 se observaban efectos residuales, especialmente leucemia, cáncer de tiroides, mama y pulmón. Las mujeres embarazadas expuestas a la radiación sufrieron abortos espontáneos y, en una tasa desproporcionadamente alta, dieron a luz niños con diversas discapacidades.
Tres días después, el 9 de agosto, Estados Unidos lanzó una segunda bomba atómica sobre la ciudad de Nagasaki. Los resultados fueron igualmente devastadores. Las cifras oficiales hablan de más de 250 mil asesinados en ambos bombardeos. El 15 de agosto el emperador japonés Hirohito anunció la rendición.
Años después, Robert Oppenheimer, el padre de la bomba atómica, convertido en un abierto opositor a la carrera armamentista, recordó con cierta amargura que, tras la detonación exitosa en Nuevo México, pensó: “me he convertido en la muerte, el destructor de mundos”.3
Superar el capitalismo decadente
La propaganda del imperialismo yanqui afirma que debieron tirar las bombas para finalizar la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una mentira insostenible. Hacía ya tres meses que se habían producido las rendiciones italiana y alemana en Europa. Mientras se desarrollaba la Conferencia de Potsdam, Japón negociaba su rendición en los mismos términos que Italia y Alemania para dar fin a la guerra por vía diplomática. La realidad es que el imperialismo yanqui necesitaba mostrarles a los pueblos del mundo, en particular a la URSS, que contaba con un arma que lo hacía invencible, para reforzar su hegemonía en el nuevo orden capitalista de la posguerra.
El capitalismo, en su fase de decadencia y degeneración, se transformó en el siglo XX en imperialismo, y dio lugar a todo tipo de fenómenos aberrantes. El fascismo y el nazismo fueron una brutal expresión de ello, así como las horrorosas bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki, y la carrera armamentística que provocaron. Hoy, en pleno siglo XXI, en el marco de la crisis de dominación del imperialismo estadounidense, a pesar de los tratados de no proliferación, crece el armamentismo a escala global.4 La barbarie capitalista condena a millones a la pobreza e indigencia en todo el mundo, promueve el ascenso de la ultraderecha de Donald Trump, Giorgia Meloni o Javier Milei, y el genocidio atroz de Israel contra el pueblo palestino.
Un mundo sin estas atrocidades, que pueda aplicar los avances de la ciencia y la técnica para usos pacíficos, sólo será viable si desaparece la fuente de esta barbarie: el sistema capitalista, mediante la conquista de gobiernos de trabajadoras y trabajadores que luchen por un mundo socialista.
1. Ver El Socialista Nº 608, 10/07/2025. Disponible en www.izquierdasocialista.org.ar
2. Ver la película multipremiada “Oppenheimer” (2023), dirigida por Christopher Nolan.
3. Ben Platts-Mills. “Quién fue Robert Oppenheimer” en BBC Future, 15/07/2023. Disponible en www.bbc.com
4. Ver Correspondencia Internacional. Edición Especial, Abril 2024. Disponible en www.uit-ci.org