Mar 01, 2024 Last Updated 5:07 PM, Mar 1, 2024

Escribe Adolfo Santos

En los primeros días de noviembre de 1917 (últimos días de octubre según el calendario gregoriano), un hecho político ocurrido en Rusia conmovió al mundo. Se instalaba en el poder un gobierno revolucionario y socialista, dirigido por el partido bolchevique encabezado por Lenin y Trotsky, cuya fuerza se asentaba en la movilización democrática de las masas obreras y campesinas organizadas en los soviets.  

A principios del siglo XX, Rusia era gobernada por el imperio de los zares construido por la familia Romanov tres siglos antes. Su población de 150 millones de habitantes era pobre, constituida mayoritariamente por campesinos y analfabetos. A pesar de conservar rasgos feudales, en las grandes ciudades como Petrogrado y Moscú capitalistas ingleses y franceses fueron desarrollando una industria moderna, alrededor de la cual crecieron grandes concentraciones obreras como las industrias Putilov, donde trabajaban 36.000 obreros.

En 1914, el zar Nicolás II se alió a Francia e Inglaterra en la guerra interimperialista, mandando a la muerte a millones de rusos que enfrentaban a los alemanes en inferioridad de condiciones. Esta situación, que fue desmoralizando las tropas rusas en las trincheras y provocando terribles penurias a la población en general, incentivó un movimiento creciente contra la guerra. Ese descontento se manifestaba en permanentes protestas que eran reprimidas por la policía zarista provocando muertes, heridos y encarcelados.

En febrero de 1917 una enorme movilización en Petrogrado, luego de cinco días de combates en las calles, consiguió la caída del zarismo. Escribe Trotsky en Historia de la Revolución Rusa:  “El 23 de Febrero era el Día Internacional de la Mujer […] A nadie se le había ocurrido que pudiera convertirse en el primer día de la revolución […] la Revolución de Febrero comenzó desde abajo,[...] con la particularidad de que [...] corrió a cargo del sector más oprimido y pisoteado del proletariado: las obreras del ramo textil”.

Ese gran triunfo democrático  instaló un “gobierno provisional” encabezado por el partido de la burguesía liberal, Kadetes, que había acompañado al zarismo hasta sus últimos días. El nuevo gobierno fue apoyado e integrado por partidos obreros y  campesinos, los mencheviques (el ala reformista del partido marxista social democrático fundado en 1898) y los social revolucionarios (SR) con influencia en el campesinado.

El doble poder de los soviets

Al calor de este ascenso contra la guerra y la miseria surgieron los soviets (consejos), una experiencia retomada de la revolución derrotada en 1905. Estos organismos, formados por delegados obreros, campesinos y de soldados, deliberaban y decidían sobre todos los problemas. Se convirtieron en verdaderos organismos de “doble poder”, exigiendo soluciones a un gobierno que no atendía las principales exigencias de las masas empobrecidas. Los bolcheviques encabezados por Lenin, que comenzaron siendo una absoluta minoría en los soviets, dirigidos por los mencheviques y los SR, se fueron fortaleciendo al desenmascarar a estos sectores reformistas que sostenían el gobierno burgués para, supuestamente, desarrollar una Rusia capitalista y en una etapa posterior luchar por el socialismo.

En abril Lenin regresa del exilio y presenta un programa (ver recuadro “Las Tesis de Abril”) llamando a rechazar la política de conciliación menchevique, a combatir el gobierno burgués y a delegar el poder a los soviets, única alternativa para conquistar paz, pan y tierra. Esa política desató una feroz campaña contra el líder bolchevique, que fue acusado de agente alemán por defender la paz. Este ataque se extendió a Trotsky, destacado dirigente de los soviets, que en mayo había ingresado al partido de Lenin.

Pero con esa política de exigir “paz, pan y tierra”,  los bolcheviques se fueron fortaleciendo y en los meses anteriores a la revolución se habían convertido en la mayoría entre los delegados soviéticos. Esa nueva relación de fuerzas les permitió a sus principales dirigentes, aún desde la cárcel, organizar la resistencia e impedir el intento de golpe del general Kornilov para derrotar el ascenso que acorralaba al gobierno de Kerensky.

La insurrección

El fin del gobierno burgués se produjo casi sin derramamiento de sangre, tal la fuerza de la movilización motorizada desde los soviets que fue organizada y dirigida por los bolcheviques, con Lenin y Trotsky (que dirigía el soviet de Petrogrado) a la cabeza. Fueron centenas de milicias armadas desde las fábricas y barriadas obreras y de los propios destacamentos de soldados y marinos. El último acto lo protagonizó el acorazado Aurora desde las aguas del río Neva que, con dos tiros de cañón, definió la rendición final del gobierno burgués y el abandono del Palacio de Invierno. Nacía un gobierno revolucionario y socialista dirigido por el partido bolchevique.

En su Historia de la Revolución Rusa, Trotsky concluye: “La Revolución de Octubre sentó las bases de una nueva cultura al servicio de todos, y por esa misma razón adquiere de inmediato significado Internacional. Incluso suponiendo por un momento que debido a una situación desfavorable y por circunstancias y golpes hostiles el régimen soviético fuera temporalmente derrocado, la Revolución de Octubre continuaría ejerciendo una influencia indeleble sobre todo el desarrollo futuro de la humanidad”. Trotsky tenía razón. Frente a la debacle del actual sistema capitalista imperialista, las tareas desarrolladas por la revolución de octubre y las medidas por ella aplicadas están más vigentes que nunca.

Escribe Adolfo Santos

Las primeras medidas del gobierno revolucionario fueron en el sentido de hacer realidad las exigencias impostergables de las masas movilizadas: ¡pan, paz y tierra!

• Al asumir, el gobierno soviético decretó una paz inmediata, sin anexiones, y la abolición de la diplomacia secreta. Al día siguiente el decreto sobre la tierra abolió, sin indemnización, la propiedad terrateniente y de la iglesia. Las construcciones e instrumentos de labranza también pasaban a los soviets campesinos. En las ciudades hubo moratoria de alquileres y medidas para garantizar la provisión de alimentos.

• En noviembre se dio igualdad de derechos a todos los pueblos oprimidos por el imperio ruso. Se abolieron los privilegios religiosos y se dio libertad a las minorías nacionales o étnicas. Se estableció el control obrero sobre las empresas. Se tomaron las imprentas y el papel, para garantizar las publicaciones de los soviets, y comenzó la organización de milicias.

• En diciembre se formó un Consejo Superior de Economía Nacional para coordinar las gestiones de las empresas que pasaban a manos de los obreros. Se confiscaron empresas imperialistas. Se estableció la educación pública (en manos de la Iglesia hasta entonces), el matrimonio civil, el divorcio y medidas de protección a la maternidad y la infancia. Se estatizó el sistema bancario y se abolieron los títulos de nobleza.

• En enero de 1918 se anuló la deuda externa. Se aprobó la formación del Ejército Rojo.

• En noviembre de 1919, en medio de la guerra civil, se fundó en Moscú la Tercera Internacional.

Escribe Adolfo Santos

El 3 de abril de 1917 Lenin regresó a Petrogrado desde su exilio en Suiza y presentó sus famosas Tesis de Abril. Cambió completamente la política defendida por dirigentes del partido bolchevique como Stalin y Kamenev, que justificaban la participación en la guerra (defensismo revolucionario) y proponían colaborar con el gobierno de Kerensky.

En síntesis, las Tesis proponían: “1. La guerra para Rusia sigue siendo imperialista, de rapiña, […] ninguna concesión al ‘defensismo revolucionario’. […] 2. La revolución ha dado el poder en esta primera etapa a la burguesía por la falta de conciencia y organización del proletariado. Hay que avanzar a la segunda, que debe poner el poder en manos del proletariado. 3. Ningún apoyo al gobierno provisional; […] 4. […] Los soviets son la única forma posible de gobierno revolucionario […] 5. […] Supresión de la policía, el ejército y la burocracia. Sustitución del ejército regular por el armamento general del pueblo. 6. Confiscación de las tierras de los latifundistas. Nacionalización de las tierras. […] 7. Fusión de un banco nacional único, bajo control del soviet. 8. No ‘implantación’ del socialismo como tarea inmediata, sino comenzar por el control obrero de la producción y distribución de los productos por los soviets. 9. Realización inmediata de un congreso partidario para modificar el programa […] y el cambio de nombre para pasar a denominarse Partido Comunista. 10. Constituir una nueva organización internacional”.

La adopción de este programa por parte de los bolcheviques fue determinante para el triunfo de la revolución, demostrando el liderazgo indiscutido y la capacidad de Lenin, así como la importancia de un programa para guiar la acción de las masas en momentos de crisis.

Escribe Federico Novo Foti

Marchando desde las fábricas hacia la Plaza de Mayo, cientos de miles de trabajadores rechazaron la detención de Juan Domingo Perón. Fue la primera gran acción de la clase obrera a nivel nacional y también marcaría el inicio del peronismo, un movimiento patronal con fuerte apoyo entre los trabajadores. Aún sigue planteada la tarea de construir una nueva dirección de la clase trabajadora.
 
Desde fines de 1943, el secretario de Trabajo y Previsión del gobierno militar encabezado por Edelmiro Farrell, el coronel Juan Domingo Perón, ganaría notoriedad por implementar una serie de medidas que comenzaron a dar respuesta a los reclamos de los trabajadores y mejoraron sus condiciones de vida. En mayo de 1944 se creó el fuero laboral, garantizando estabilidad laboral para los representantes gremiales. En junio se logró el descanso dominical y la “garantía horaria”, que aseguraba el pago de sesenta horas quincenales como mínimo, fueran trabajadas o no, para los trabajadores de la carne. Dos millones de trabajadores accedieron a la jubilación. Se firmaron convenios colectivos de trabajo en muchas ramas productivas. Se creó el “estatuto del peón”, que establecía un salario, condiciones de alimentación y vivienda mínimas y otros derechos. Así Perón se ganó el apoyo del movimiento obrero, que comenzaba a obtener conquistas que aún se recuerdan y defienden.
 
La avanzada yanqui y las divisiones patronales

Al final de la Segunda Guerra Mundial, los Estados Unidos redoblaron su ofensiva imperialista en Latinoamérica para someterla y convertirla en su semicolonia. En la Argentina, que había sido por décadas una semicolonia británica, con una oligarquía y una patronal atadas a Inglaterra por mil lazos, la ofensiva provocó una profunda división. Los partidos patronales, conservador y radical, se dividieron en dos alas, una proinglesa y otra proyanqui. Lo mismo sucedió en el Ejército.

Perón y la patronal ligada a Inglaterra se propusieron resistir la avanzada yanqui, apoyándose en el movimiento obrero. Para lograrlo fueron concediendo conquistas, valiéndose de una situación económica excepcional en la que el país era la quinta potencia comercial del mundo. Salía de la guerra como acreedor de Gran Bretaña y con una enorme acumulación de divisas, lograda gracias a los altos precios de los cereales y la carne.  Pero mientras Perón se ganaba el apoyo del movimiento obrero, otros sectores patronales se volcaron a una creciente oposición al gobierno militar. En julio de 1945 arribó como nuevo embajador yanqui, Spruille Braden, que empezó a organizar a la oposición antiperonista y a alentar manifestaciones a las que se sumaron gran parte del partido radical, el Partido Socialista y el Partido Comunista, que aún tenía peso entre los trabajadores. En septiembre se realizó una marcha pidiendo la renuncia de Perón y un levantamiento militar en Córdoba. En octubre las tensiones llegaron a tal punto que Perón decidió renunciar. Pero antes, informó que dejaba a la firma de Farrell un decreto con aumentos y mejoras para los trabajadores, entre ellas el aguinaldo.
 
El 17 de octubre y su significado

La renuncia de Perón provocó manifestaciones y enfrentamientos en el centro de la ciudad de Buenos Aires con heridos y detenidos. La polarización iba en aumento y el 12 de octubre Perón fue detenido y embarcado a la isla Martín García por orden de Farrell. Los sindicatos más importantes exigieron su inmediata libertad. La conducción de la CGT convocó a una huelga general para el 18 de octubre. Pero el 16, Cipriano Reyes, dirigente del gremio de la carne, movilizó a los obreros desde los frigoríficos de Berisso y desencadenó la movilización que el 17 de octubre llegó a Plaza de Mayo. La acción del movimiento obrero dividió a las fuerzas armadas, que se empezaron a volcar en favor de Perón. Por la noche, Perón fue liberado y, junto a Farrell, salieron al balcón de la Casa Rosada para anunciar que se adelantarán las elecciones nacionales. En febrero de 1946, Perón ganó las elecciones con casi 1,5 millones de votos.

El 17 de octubre de 1945 fue la primera vez en la historia de nuestro país que la clase obrera protagonizó un hecho político de alcance nacional. Pero contradictoriamente lo hizo en apoyo de un militar y dirigente de un sector de la patronal, en ese entonces enfrentada al imperialismo yanqui. Perón aprovecharía los acontecimientos para formar el movimiento peronista. Desde sus orígenes, el peronismo inculcó la falsa idea de la conciliación de clases, la confianza de los obreros en los patrones. En 1947, siendo presidente, Perón dijo ante el Congreso: “no combatimos al capital, sino que le facilitamos todos los medios necesarios para su adaptación y desenvolvimiento”. Rechazó también la organización independiente del movimiento obrero, sometiéndolo al aparato del Estado e imponiendo a la burocracia sindical peronista, disolviendo el naciente Partido Laborista y encarcelando a Cipriano Reyes. Con los años, el peronismo abandonó también el enfrentamiento con el imperialismo.
 
El peronismo no es salida

Para muchos peronistas, el 17 de octubre es una oportunidad para evocar las banderas de la “justicia social”, la “independencia económica” y la “soberanía política” que enarboló el peronismo en sus orígenes. Pero lo cierto es que no existe más el peronismo de las conquistas obreras y populares. Hace décadas que sus dirigentes abandonaron aquellas banderas y gobiernan al servicio de las patronales y el saqueo imperialista, como hoy lo hace el Frente de Todos junto al FMI. Ese es uno de los motivos que los lleva a realizar más de un acto para esa fecha. No serán para defender los derechos de los trabajadores, sino para disputar espacios de poder entre los distintos sectores de la burocracia sindical y el aparato político. Por eso desde la izquierda decimos que el peronismo, al igual que los macristas, radicales o liberfachos, no son salida para los trabajadores. Hoy es la izquierda la única que defiende consecuentemente las históricas banderas y conquistas que obtuvimos los trabajadores frente a los ataques de todos los gobiernos patronales. Por eso acompañamos e impulsamos todas las luchas por salario, jubilación, salud, educación y vivienda, entre otras reivindicaciones. Planteamos que hay que romper con el imperialismo y el FMI, dejar de pagar la deuda, nacionalizar la banca y el comercio exterior y reestatizar las empresas privatizadas. Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad llamamos a aquellos compañeros y compañeras que se reivindican peronistas pero sufren las consecuencias del ajuste del gobierno a enfrentarlo juntos en las calles, en los lugares de trabajo, estudio y en los barrios. Al mismo tiempo, llamamos a construir una nueva dirección política independiente, convencidos que la salida es la lucha por un gobierno de trabajadores y por el socialismo, única solución definitiva a los problemas de nuestro pueblo trabajador.

La corriente fundada por Nahuel Moreno en 1943 comenzaba a dar sus primeros pasos bajo el nombre Grupo Obrero Marxista (GOM) cuando se produjeron estos hechos. En medio de la vorágine era difícil precisar una caracterización del fenómeno peronista. Al principio, el GOM cometió errores sectarios. Sin embargo, por estar metido en el corazón del movimiento obrero y educado en el respeto a las decisiones de la base pudo sostener una política esencialmente correcta e ir redondeando una caracterización más exacta. Elías Rodríguez, primer gran dirigente captado por el morenismo, relató así su participación el 17 de octubre: “Cuando estábamos trabajando llegaron los tipos (del piquete) que venían con garrotes. Entonces subí a la bancada y pegué un grito: ‘¡Todo el mundo afuera! Vamos a discutir’. Pero el piquete no me dio pelota. ‘Hay que salir y nada más. ¡Viva Perón!’ […] Entonces yo digo: ‘Así yo no voy a la manifestación, ¡qué Perón ni qué ocho cuartos!’. […] Entonces Guillermo, el que me había presentado a los compañeros del GOM, me dice: ‘Elías, la gente te reclama a vos, tenés que estar ahí adelante’”.1 Elías se puso al frente y se fue a Plaza de Mayo incorporándose a la marea obrera. El GOM fue ajustando su definición del peronismo de aquellos años como un movimiento burgués nacionalista por sus fuertes roces con el imperialismo yanqui y que supo ganarse el apoyo de los trabajadores. Por eso, a diferencia del PC y PS, denunció la ofensiva yanqui, oligárquica y clerical que culminó en el golpe de 1955 y, a la vez, pudo mantener una clara independencia política y organizativa y una posición crítica respecto del peronismo y sus gobiernos, sin dejar de apoyar e impulsar las luchas de los trabajadores desde las fábricas, las comisiones internas y los sindicatos.

1. Ernesto González. “El trotskismo obrero e internacionalista en la Argentina”. Tomo 1. Antídoto, Buenos Aires, 1995.

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