May 27, 2022 Last Updated 2:57 PM, May 26, 2022

Escribe Martín Fú

Este 2 de abril se cumplen cuarenta años de la gesta por la recuperación de las Islas Malvinas. Una página de la historia Argentina que inició como una medida desesperada de la dictadura genocida y rápidamente pasó a convertirse en un movimiento popular antiimperialista y, también, en el inicio de la caída del régimen del “Proceso”, como lo venimos reflejando en las notas de El Socialista.

Desde estas páginas rendimos homenaje a los héroes y mártires de Malvinas, a los 649 caídos en la lucha contra el invasor imperialista. Quienes, junto a las y los 30.000 detenidos-desaparecidos, deben ser considerados héroes y mártires que lucharon por la liberación nacional y social, y por nuestra segunda y definitiva independencia. Así deben ser recordados por las presentes y nuevas generaciones.

Tan profundamente caló la guerra contra el invasor inglés que durante años hemos visto a los dirigentes de los partidos patronales (peronistas, radicales y del macrismo) y a sus medios de comunicación realizar denodados esfuerzos por cambiar la memoria colectiva. Se trató de borrar la inmensa movilización antiimperialista que se generó, la gigantesca solidaridad que se dio automáticamente en toda Latinoamérica y, por sobre todo, la gesta heroica de nuestros pibes. Esto último, junto a la traición de la dictadura, quedó marcada a fuego en la consigna que recorrió la movilización que repudió a Galtieri el mismo día de la rendición y terminó provocando su renuncia: “los pibes murieron, los jefes los vendieron”.

Este esfuerzo por borrar de la memoria histórica la gesta antiimperialista de Malvinas comenzó casi inmediatamente. Hasta se le puso un nombre: la “desmalvinización”. Alfonsín llamó a la gesta de Malvinas “carro atmosférico”. Carlos Menem inauguró las “relaciones carnales” con el imperialismo. Néstor Kirchner dijo que fue un conflicto “insensato y siniestro”. Todos los gobiernos reclaman discursivamente que “las Malvinas son argentinas”, mientras avanzan en acuerdos políticos y económicos con la misma potencia imperialista británica que ocupa nuestro territorio.  

Esa política de “desmalvinización” está íntimamente atada a la de todos los gobiernos que se arrodillan ante los dictados del FMI y  los usureros de la deuda externa. Son los mismos gobiernos patronales que renunciaron a la recuperación de las islas, con todas sus consecuencias. Que incluye, en su afán de silenciar la gesta, hasta haber dejado a la deriva a los ex combatientes, con la trágica consecuencia de más de 350 suicidios hasta la fecha.

La “desmalvinización” es invisibilizar la existencia de un enclave imperialista en pleno siglo XXI (una población ajena mudada al territorio para reemplazar a una población anterior expulsada), de una base militar de la OTAN en Mount Pleasant, de la ocupación de las Georgias y Sandwich del Sur, y del control que ejercen sobre un espacio marítimo que cada día unilateralmente se extiende más en nuestro Mar Argentino.

Nuestra corriente siempre tuvo claro de qué lado había que estar. Como dijo en 1982 nuestro fundador Nahuel Moreno, orientando al PST (antecesor de Izquierda Socialista): “Si fuera más joven, ya me hubiera anotado como voluntario”, planteando el apoyo a Malvinas pero no a la dictadura (como se cantaba en las marchas).

A 40 años de la gesta, la lucha antiimperialista está plenamente vigente y el camino para recuperar las Islas Malvinas se resume en ¡Fuera ingleses de Malvinas, fuera yanquis de América Latina! Esto está estrechamente unido a la lucha por romper el pacto con el FMI y dejar de pagar la ilegal e inmoral deuda externa, junto con la expropiación de las multinacionales y bancos imperialistas. Punto básico de la ruptura de los lazos económicos y políticos que nos atan al imperialismo.

Podés solicitarlo a quien te acerca el periódico o por nuestra página web

 

Presentación

Las Malvinas son argentinas

No puede olvidarse el origen del conflicto. Cuando el 2 de abril de 1982 la Argentina intentó recuperar por la fuerza su soberanía de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, fue una legítima defensa de su territorio después de haberlo reclamado pacíficamente, e inútilmente, durante 149 años, desde la ocupación ilegal británica en 1833. Esto es así, al margen de los motivos coyunturales que tuvo la dictadura militar para decidir la acción y del resultado de la misma.

El Imperio británico ocupó islas y hasta países completos en África, Asia y América Latina durante el siglo XIX. En muchos lugares establecieron "enclaves", expulsando o asesinando a la población nativa y estableciendo colonizadores ingleses. Esto es lo que sucedió en Malvinas desde el 3 de enero de 1833, donde los primitivos pobladores argentinos fueron expulsados y sin ningún título jurídico ni geográfico, el archipiélago fue ocupado por la fuerza con colonos ingleses.

Esto fue hecho por Gran Bretaña después de haber firmado un "Tratado de Paz y Amistad" con la República Argentina en 1825. Es decir, no existió ningún motivo que pudieran alegar los piratas ingleses. Salvo su propio criterio imperialista que consideraba que se podían apropiar de lo que quisieran sin dar explicaciones. Incluso para la misma época que ocuparon Malvinas, llegaron a incursionar en Tierra del Fuego, establecieron una misión "religiosa" (que luego abandonaron) y hasta se llevaron a Londres secuestrados "de recuerdo", a varios indígenas.

Basta observar un planisferio para ver que tampoco hay ningún motivo geográfico que justifique el robo. El único "argumento" es la población, que son los propios descendientes de los invasores de 1833, y otros llevados por los ingleses. Hoy hay 2.300 "kelpers" implantados por los ingleses en Malvinas. Gran Bretaña les dio el "derecho a la autodeterminación", con lo cual esas personas tendrían un supuesto "derecho", no solo sobre las islas, sino sobre una inmensa extensión del Mar Argentino, sobre una inmensa riqueza pesquera actual, sobre el krill, el petróleo y los minerales de una región virgen que sin duda tratarán de explotar en el futuro. Por cierto ya lo están aprovechando, otorgando licencias de pesca a barcos de todo el mundo para que depreden el Mar Argentino.

Fue y es simplemente un robo producto del colonialismo. También, desde la guerra, hay una poderosa base militar para custodiar a los ladrones, que constituye una amenaza contra toda Latinoamérica.

Por qué la guerra

El plan económico de Martínez de Hoz inició una colosal bicicleta financiera especulativa. Nacían fortunas en pocas semanas entre burgueses y militares. Esto fue acompañado por una corrupción desenfrenada del régimen, que incluyó hasta el robo de propiedades a capitalistas caídos en desgracia y a los "desaparecidos". Y que llevó a una feudalización (cada jefe militar robaba y asesinaba en su área de influencia sin rendir cuentas a nadie, ni siquiera a la propia Junta). Esto provocó el desarrollo de sectores burgueses y militares desclasados, irresponsables y aventureros.

El presidente Galtieri fue quien los reflejó más directamente desde el gobierno, en el momento en que la crisis económica internacional había puesto un palo en la rueda de la "bicicleta" financiera y el plan económico estaba al borde del derrumbe.

La dictadura perdía aceleradamente el apoyo que había tenido de grandes sectores de clase media y comenzaba a haber importantes luchas obreras. Los milicos y la burguesía tenían terror a un estallido popular que barriera al régimen y le pidiera cuentas por sus crímenes.

Desde 1979 la revolución nicaragüense contra Somoza, las rebeliones en toda Centroamérica, la caída del régimen militar peruano, eran un fuerte alerta.

Galtieri trasladó el aventurerismo irresponsable en la economía al terreno político, diplomático y militar. Intentó superar la crisis "apostando" al apoyo yanqui contra los británicos y lanzó el operativo Malvinas. No buscaba, ni mucho menos, hacer una guerra antiimperialista. Al contrario, quería convertir a Argentina, incluyendo el Atlántico Sur y Malvinas, en una colonia yanqui. Pensaba en una ocupación breve y una negociación posterior, sin disparar un tiro.

Pero "el diablo metió la cola". Todo le salió al revés a la Junta. Los yanquis apoyaron a Gran Bretaña, la Thatcher se negó a negociar ordenando el ataque, e irrumpieron las masas populares en Argentina.

Así se explica la paradoja de que el gobierno más proimperialista de nuestra historia se viera envuelto, sin proponérselo, en un choque armado con el imperialismo británico y en un enfrentamiento político y diplomático con Estados Unidos.

Con su irresponsable aventura bélica, Galtieri logró que la crisis del país y del régimen militar pasara de profunda a explosiva.

Lo dicen los ingleses: Argentina podía ganar

Como lo señalamos antes, el inicio de la guerra fue una acción irresponsable y aventurera de la Junta Militar, con una evaluación totalmente errada de la situación. Sin embargo, eso no significa que la guerra no se hubiese podido ganar, ni que el objetivo de la guerra no fuera una justa reivindicación nacional.

Argentina pudo haber ganado la guerra. Esto lo dijeron los propios ingleses con argumentos puramente militares. Entre ellos, nada menos que el general Julian Thompson, el segundo jefe de las fuerzas de tierra desembarcadas en las islas. Thompson dijo: "Cada fuerza argentina libraba su propia guerra. Si las tres fuerzas hubieran actuado coordinadamente Gran Bretaña podría haber perdido la guerra". Señaló también que "Argentina no creyó que Gran Bretaña iba a atacar. Las seis semanas que transcurrieron entre el 2 de abril y el 21 de mayo, cuando desembarcamos en San Carlos, no fueron aprovechadas como correspondía para fortificar las propias posiciones" (Página 12, 6 noviembre 1996).

La dictadura no hizo algo tan elemental en una guerra como fortificar sus posiciones para defenderse del ataque inglés. ¡Ni siquiera se pusieron de acuerdo en la Junta para unificar el mando!

Algo similar dice Rupert William Simon Allason, quien fuera parlamentario conservador (el partido de Thatcher), escritor y experto militar. "Incluso los analistas en Londres llegaron a una conclusión: de haber esperado hasta octubre o noviembre, Gran Bretaña no habría tenido oportunidad alguna... para entonces... los misiles Exocet franceses ya habrían sido entregados a Buenos Aires". Explica además que Argentina hubiera podido ganar, incluso sin contar con la totalidad de los misiles Exocet. Y señala que las acciones contra los barcos ingleses no tuvieron ninguna lógica militar, porque no atacaron los barcos de suministro, salvo el Atlantic Conveyor. "Cuando hundieron al Atlantic Conveyor – dice Allason – estuvieron a punto de ganar la guerra. Hubieran atacado uno o dos buques más de la marina mercante y estábamos terminados. Por eso a mí se me ocurren dos explicaciones: uno es que las fuerzas argentinas estuvieran dirigidas por analfabetos en términos estratégicos. La segunda es que solo buscaban algo con valor de propaganda" (La Nación, 19 octubre 1997)

Eligieron la derrota

La Junta Militar actuó primero como si todo fuera un teatro y la guerra no fuera a producirse. Y luego, cuando estuvo claro que los imperialistas británicos atacarían, eligieron la derrota. Finalmente se rindieron cobardemente.

Hay bastante que añadir a lo que dicen los expertos militares ingleses. La Junta Militar rechazó la ayuda que ofrecían otros países, como Perú, Venezuela, Cuba y Libia. Esta ayuda en armamentos, hubiera pesado en la guerra.

Por otra parte mandó a las islas una tropa formada fundamentalmente por conscriptos, pibes de 18 años con escaso entrenamiento y pobre equipamiento, en lugar de enviar a cuadros con formación profesional militar.

Esto se agravó por la corrupción de las Fuerzas Armadas. Mientras muchos soldados, suboficiales, oficiales y los célebres pilotos de la aviación combatieron con heroísmo, muchos de sus jefes solo se preocupaban por llevar televisores y bebidas alcohólicas a las islas y fueron los primeros en rendirse. En la retaguardia, los esbirros del régimen se robaron hasta los chocolatines que donaron millones de argentinos para los soldados. Un claro ejemplo de esta cobarde y traidora actuación de los genocidas fue la "gesta" de Alfredo Astiz y su grupo de comandos "lagartos" que, luego de desembarcar en las Georgias, se rindieron a los ingleses sin disparar un solo tiro.

Además de la cuestión militar, las guerras se ganan no solo con las armas. La guerra polarizó al mundo. Los imperialistas cerraron filas en defensa de Gran Bretaña. Pero millones en Latinoamérica apoyaban la causa argentina, porque la veían como una lucha contra el mismo imperialismo que somete a todos. Las calles de nuestro país se llenaron de un amplísimo movimiento de masas con consignas antiimperialistas que claramente desbordaba al régimen. El propio Galtieri fue chiflado por decenas de miles de personas cuando se animó, desde el balcón de la Casa Rosada, a tratar de reivindicar su gobierno.

En plena guerra Argentina siguió pagando la deuda incluso a Gran Bretaña, a los bancos ingleses, ayudó al Banco de Londres en Buenos Aires con 50 millones de dólares para compensarlos por el retiro de fondos de argentinos.

Pelear para ganar hubiera significado no solo tomar las medidas militares necesarias, sino también expulsar a la misión militar yanqui que espiaba para los ingleses. Tomar medidas de represalia económica, suspender los pagos de la deuda, expropiar la Shell, el Banco de Londres, empresas y estancias británicas, llamar a todos los países latinoamericanos a hacer lo mismo.

Dicen que Galtieri era bastante borracho y los otros tampoco eran unos genios, pero está claro que lo que hicieron no fue solo por ineptos. No quisieron hacer la guerra. No quisieron ir hasta el final en el enfrentamiento al imperialismo.

La Junta Militar eligió la derrota como mal menor. Y en eso representaron cabalmente a la decadente clase capitalista argentina que apoyó el genocidio, que colocó sus capitales en la timba financiera y que tuvo y tiene como máxima aspiración ser parte, aunque sea menor y subordinada, del "primer mundo" de los explotadores.

No podían enfrentar a Estados Unidos, no querían desatar un proceso de masas antiimperialistas que les hubiera pasado por encima hasta conquistar la segunda independencia recuperando no solo las Malvinas sino todas las "Malvinas" internas, las multinacionales, estancias, bancos, que nos dominan desde adentro.

Por eso en la elección de la derrota los militares no estuvieron solos. Los partidos patronales, el PJ y la UCR, los secundaron. La Iglesia estuvo en primera fila y trajo al Papa para que todos se arrodillaran ante él y se rindieran ante el poder imperial. La burocracia sindical de la CGT, en los dos sectores que estaba dividida entonces, acompañó esta vergonzosa capitulación.

Comienza una revolución

Nos han querido convencer de que "gracias a la derrota se fueron los militares". Nada más falso. Las libertades democráticos no las trajo la Thatcher y los gurkas. Fue la movilización de los trabajadores y el pueblo puestos en pie de guerra contra el imperialismo la que volteó a Galtieri y a todo su siniestro régimen del Proceso.

Producida la rendición y derrota, la movilización se orientó contra la dictadura. Galtieri cayó y se rompió la Junta Militar. En junio asumió el general Reynaldo Bignone -con el sostén de los partidos patronales, fundamentalmente de la UCR y el PJ, y el resto de los agrupados en la Multipartidaria-, y convocó a elecciones. Las masas imponen en los hechos las libertades públicas de reunión, manifestación y organización, se abren miles de locales políticos, las manifestaciones callejeras son casi diarias repudiando a los militares exigiendo investigación y castigo por sus crímenes, con demandas económicas y sociales. El régimen de la dictadura había caído sin pena ni gloria (ver Anexo documentos "1982: Empieza la revolución", Nahuel Moreno).

Queda el general Bignone como su pálida sombra, que no se hubiera sostenido ni un día sin el apoyo de la UCR y el PJ.

La desmalvinización 

Durante estos 25 años todos los gobiernos de la UCR y el PJ que se sucedieron, han tratado de "desmalvinizar".

Utilizando el legítimo odio a la dictadura, han intentado convencer al pueblo argentino de que nunca se debió haber enfrentado al imperialismo, de que nunca más se debe enfrentarlo, de que es imposible hacerlo, que hay que aceptar sus imposiciones, que nos sigan cobrando hasta el infinito una deuda fraudulenta, que se lleven libremente las riquezas naturales.

Esta política de "desmalvinización" también apuntó contra los propios ex combatientes, haciéndoles creer que habían combatido por una "causa absurda". Un resultado dramático de ello fue el suicidio de 350 ex combatientes (según estadística de sus propios centros), muchos más de los que cayeron combatiendo en las islas (en la guerra murieron 323 en el hundimiento del Belgrano y 326 en el archipiélago). Recién después de muchos años de lucha consiguieron que los pensionaran parcialmente.

Por último la desmalvinización significó también la restauración de relaciones "normales" con Gran Bretaña y los kelpers. Esto incluyó la reanudación de vuelos comerciales, suministros, etcétera.

Es decir: los gobiernos de la UCR y el PJ le facilitan todo a los ocupantes para que nos sigan robando tranquilamente, sin ninguna interferencia. Los ingleses nos pagaron transformando la "zona de exclusión" en una inmensa zona de pesca y de barcos de países imperialistas que se reparten lo que roban con los kelpers. Se llega al extremo de que estos barcos se reaprovisionan libremente en nuestro país, para poder seguirnos robando.

Kirchner afirmó que iba a cambiar esa política y que íbamos a "dejar de ser alfombra", pero no dio ningún paso concreto para cambiar nada. En su discurso del año pasado calificó al conflicto de "insensato y siniestro". Ya este año el presidente Kirchner ni siquiera fue al acto programado por los veteranos en Ushuaia.

Dijo en aquella oportunidad que se iba a avanzar para recuperar la soberanía "respetando la legalidad interna e internacional, por la vía diplomática… que no significa ir con la cabeza gacha, sino enfrentarnos con altura y dignidad por nuestros derechos" . Y remató: "Reiteramos la voluntad de reanudar el diálogo con el Reino Unido, entre democracias, para resolver una controversia que afecta nuestras relaciones" (diario Río Negro, 3 de abril 2006). En resumen, según el presidente, fue "siniestro e insensato" que Argentina luchara por las islas y hay que resolver todo "entre democracias".

Pero señor presidente, se le olvida que los ingleses nos robaron las islas por la fuerza, que tienen una poderosa base militar, que se siguen robando la pesca. No, la "controversia" no es "entre democracias", es con una de las potencias imperialistas más feroces y rapaces de la historia. Y la "legalidad internacional" que Kirchner dice que debemos respetar, es justamente la "legalidad" que consagra el dominio imperialista. La misma legalidad que llevó a la que la ONU haya resuelto ahora sanciones contra Irán.

La actualidad de Malvinas

La guerra de Malvinas planteó todo el tema de la opresión imperialista de América Latina. Por eso hubo tanta solidaridad popular con Argentina en 1982, pese a la odiada dictadura militar.

Esa ocupación imperialista sigue. También se mantuvo y en muchos casos se agudizó en los últimos 25 años la opresión semicolonial de América Latina, la penetración de las multinacionales, la privatización de las viejas empresas públicas con el llamado neoliberalismo. Las dictaduras cayeron, pero fueron los gobiernos llamados "democráticos", que gobiernan para la minoría oligárquica y al servicio del imperio, los que siguieron entregándonos.

La recuperación de Malvinas sigue abierta

Hace dos años la película "Iluminados por el Fuego", dirigida por Tristán Bauer y protagonizada por Gastón Pauls, fue una reivindicación de esa gesta por la soberanía, un homenaje al heroísmo de los combatientes, un emocionado recuerdo de las víctimas del Belgrano, en medio de los horrores de la guerra. Al mismo tiempo la película muestra la corrupción, la represión brutal de los genocidas y la total ineficiencia de la conducción militar de Galtieri y sus secuaces.

A 25 años de Malvinas, América Latina vive un proceso revolucionario. En los últimos años fueron derrocados varios gobiernos proimperialistas, tres gobiernos en Ecuador, Sánchez de Losada en Bolivia, De la Rúa en Argentina. Hubo rebeliones en varios países que impusieron nacionalizaciones parciales de los recursos naturales.

A 25 años de Malvinas está planteada como en 1982, la necesidad de la unidad latinoamericana para expulsar al imperialismo, para dejar de pagarles la deuda que nos impusieron las dictaduras, para recuperar nuestras islas y también las petroleras, las líneas aéreas, las empresas de aguas, todo lo que nos quitaron, para lograr la segunda y definitiva independencia.

A 25 años de Malvinas hay que recordar que en esa guerra, hubo héroes que lucharon y murieron por la patria. Este heroísmo no es opacado por la existencia de los otros, los traidores, la Junta Militar, los jefes genocidas que fueron los primeros en rendirse o escapar, -como Astiz-, que sólo eran "valientes" para secuestrar y asesinar monjas y madres de Plaza de Mayo, pero se rindieron sin combatir ante los ingleses, los que solo merecen la cárcel y el desprecio.

Izquierda Socialista rinde homenaje a los héroes y mártires de Malvinas. Estamos convencidos de que lucharon por una causa justa, y que fue parte de la lucha de los trabajadores y el pueblo argentino y de todos los pueblos latinoamericanos contra el imperialismo.

Creemos que junto a los 30.000 desaparecidos y a los caídos en la luchas sociales, deben ser considerados héroes y mártires que lucharon por la liberación nacional y social, y por la segunda independencia. Así deben ser recordados y homenajeados por las nuevas generaciones.

Ediciones El Socialista presenta a continuación la reedición del folleto "Malvinas prueba de fuego", aparecido en 1987, que contiene, además de una reseña de los acontecimientos, las posiciones del PST, Partido Socialista de los Trabajadores, -que estaba proscrito y perseguido por la dictadura (100 de sus militantes fueron asesinados), y que actuaba clandestinamente apoyando las luchas obreras y populares-.

Ante la guerra, el PST no vaciló en llamar a la movilización antiimperialista, a la defensa del país contra el imperialismo inglés, a anotar a sus dirigentes como voluntarios, al tiempo que seguía denunciando los crímenes de la dictadura.

También hay documentos que fueron editados en ese momento por el MAS de los años 80, organizaciones de las cuales nuestro partido, Izquierda Socialista, se considera continuador.

A 25 años de la guerra esperamos que junto a nuestros lectores, de la mano de las actuales y futuras generaciones, podamos seguir extrayendo de esta heroica gesta, las más importantes y decisivas conclusiones que durante años se quisieron ocultar.

Miguel Lamas y Juan Carlos Giordano

6/4/07

Escribe Martín Fú

Se cumplen cuarenta años de la recuperación de las Islas Malvinas. En una serie de dos artículos que inauguramos con este periódico y continuará en el próximo, brindaremos desde una visión revolucionaria y marxista lo que significó la guerra como balance histórico, el justo reclamo de soberanía pendiente sobre las islas y como la guerra movilizó a millones de trabajadores en Argentina, Latinoamérica y el mundo como muestra de rechazo contundente al imperialismo. También reivindicamos la posición del PST, nuestro partido antecesor, durante la guerra.
 
El 2 de abril de 1982, un grupo de comandos militares desembarcaron en Puerto Argentino y retomaron el control de las islas luego de 149 años de ocupación británica. Fue un intento desesperado del gobierno del dictador Galtieri, para darle aire a una dictadura rodeada de una movilización popular creciente en su contra. Su plan era apropiarse como bandera de la justa causa de Malvinas. Bajo ningún punto de vista buscaban un enfrentamiento con Gran Bretaña y, mucho menos, con los Estados Unidos. Pero cuando esto se produjo y los británicos enviaron la flota para recuperar las islas, con el apoyo yanqui, se produjo una fenomenal movilización antiimperialista. Galtieri y la dictadura militar se negaron a tomar medidas a fondo contra el imperialismo (durante la guerra no se tocó un solo interés británico en el país e incluso se le siguió pagando la deuda externa que Argentina tenía con ese país). Así, terminaron traicionando la gesta y provocando la derrota del 15 de junio. La indignación popular hizo que esto fuera el comienzo del fin de seis años de dictadura genocida, entrega económica, endeudamiento feroz y hambre para el pueblo trabajador.

Un enclave colonial de ultramar desde 1833

Para situarnos en el contexto histórico, debemos decir que desde 1820 las islas Malvinas habían sido declaradas como parte de la soberanía argentina, acatando el derecho a cercanías y la herencia que la nación tenía de las posesiones del Virreinato del Río de la Plata. Un centenar de mestizos y criollos formaron parte de la primera población estable, hasta que en 1833 las islas fueron usurpadas a la fuerza por una expedición británica, convirtiéndose en un enclave colonial. La primera nación que reconoció la autoridad inglesa sobre las islas fue Estados Unidos, a cambio de derechos de pesca en sus aguas.

Malvinas es un enclave británico, porque representa un territorio constituido dentro de otro, recolonizando por la fuerza, imponiendo otra población bajo otra forma de gobierno, idioma, costumbres. Gibraltar, Israel, Guantánamo en Cuba y Guam son algunos ejemplos de enclaves que se mantienen hasta la actualidad.

Los enclaves están constituidos en zonas de importancia geográfica y económica donde las potencias imperialistas tienen control del territorio y un peso gravitatorio en zonas aledañas, de ahí su relevancia estratégica. En el caso de Malvinas hay que sumarle una ubicación privilegiada de acceso inmediato a la Antártida y al Océano Pacífico desde el Atlántico Sur.

Es por ello que es falso el argumento del “derecho a la autodeterminación” de los kelpers (nombre que se refiere a los nacidos en las islas), ya que es una población impuesta por la fuerza y que ha motivado la expulsión de los colonos y habitantes originales de la isla. No tienen derecho a declarar ninguna autodeterminación cuando representa los intereses del colonialismo inglés.

Luego de la guerra, Gran Bretaña ha instalado una moderna y enorme base militar en las islas, lo que constituye una amenaza potencial para la Argentina y Latinoamérica, supeditada a las aspiraciones territoriales, militares y económicas del Reino Unido y transitivamente de la OTAN.

1983: comienza la desmalvinización

Sellada la suerte de la guerra, todos los gobiernos desde 1983 hasta la fecha han tomado como política la llamada “desmalvinización”.

La desmalvinización intenta, de una u otra forma, deslegitimar el justo reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas, sacar de la agenda la centralidad del profundo rechazo al pirata inglés y a su vez seguir alineados a los dictados del imperialismo y las multinacionales, que históricamente han gravitado e influido directamente sobre la política nacional y del continente, que obtienen negocios y ganancias multimillonarias en el país. Hacer, en síntesis, que desaparezca de la memoria histórica esa gesta de lucha contra el imperialismo.

En estos cuarenta años, las mismas empresas existían en 1982 en nuestro país y otras que se instalaron después siguieron llevándose fortunas y saqueando nuestras riquezas. Esta sumisión y entrega de soberanía, también forma parte de las políticas de desmalvinización.

Petroleras, gasíferas, bancos, servicios financieros, agronegocios, distribución de energía eléctrica y gas, entre otras actividades, de capitales ingleses continúan ganando grandes fortunas en la Argentina: British Petroleum, Shell, Unilever, Hellmans, Knorr, Nobleza Picardo, Bridgestone, son algunas de las multinacionales inglesas con presencia nacional.

Capítulo aparte con el litio: en 2022 el “oro blanco” será extraído por Lake Resources (con fondos aportados por el mismo gobierno británico)  y la angloaustraliana Río Tinto, la segunda minera más grande del mundo.

A esto hay que sumarle los distintos acuerdos diplomáticos firmados en estas décadas con Gran Bretaña, buscando “normalizar” las relaciones diplomáticas. Todos se han basado en entrega de soberanía y grandes negocios para las empresas piratas, como el firmado en 1989 durante el gobierno de Menem. El llamado “Acuerdo de Madrid” terminó reconociendo a Gran Bretaña los derechos posesorios sobre las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, donde el Reino Unido se prorroga 1,5 millones de kilómetros cuadrados circundantes a las islas, es decir, una enorme franja del Mar Argentino que representa más del 40% de los recursos pesqueros de nuestro país. En sus artículos el tratado obliga a la Argentina a avisar con antelación cualquier ejercicio militar en el mar o en el mismo territorio continental. Acuerda la “bilateralidad económica”, es decir, compartir los recursos pesqueros entre los paralelos 45 y 60 de Atlántico Sur, que Argentina garantice las inversiones británicas en el país y que los bienes del Reino Unido no paguen tasas aduaneras. Un acuerdo de entrega en toda la línea que luego de más de dos décadas ningún gobierno ha derogado.

La gesta de Malvinas es una causa nacional y una de las luchas antiimperialistas (no planificada, como ya dijimos, por la dictadura militar que ante los hechos optó por traicionar y buscar la derrota) más importantes que se llevaron adelante en el siglo XX. Entre abril y junio de 1982 se vivieron días de enormes movilizaciones que despertaron la simpatía de los pueblos latinoamericanos y del mundo, que vieron en la guerra una misma lucha contra el opresor que somete a los pueblos, enfrentando y cuestionando el poder político y militar de las grandes potencias.

La traición de la dictadura en Malvinas generó, tras la derrota, gigantescas movilizaciones, que terminaron tirando a esa dictadura sangrienta que representó los intereses de las multinacionales y de una clase capitalista nacional decadente que apoyó el genocidio.

A cuarenta años, la justa causa de Malvinas sigue presente, al igual que la gesta antiimperialista de 1982 contra el pirata invasor.  

Escribe Federico Novo Foti

Durante la guerra, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), antecesor de Izquierda Socialista, aún sufriendo la represión de la dictadura, desarrolló una enorme campaña ubicándose en la primera fila de combate contra el imperialismo y por la recuperación de las Malvinas. En su semanario “Palabra Socialista” y en sus volantes, el PST expuso una política para ganar la guerra, denunciando las inconsecuencias de la dictadura ante el imperialismo británico y su socio yanqui (ver nota central) que llevarían a la derrota.

El PST planteó que la tarea de los revolucionarios era colocarse en “el campo militar argentino”, denunciando al colonialismo británico que se negaba a devolver los últimos enclaves de su imperio. Lo hizo sin dejar de denunciar la política represiva y antiobrera de la dictadura ,y reclamando plenas libertades para combatir al imperialismo. La posición del PST retomaba las enseñanzas de Lenin y Trotsky sobre la posición de los revolucionarios ante las guerras de liberación nacional en la época imperialista. En 1916, Lenin afirmaba: “Sería sencillamente una necedad negar la ‘defensa de la patria’ por parte de los pueblos oprimidos en su guerra contra las grandes potencias imperialistas […] esta misma época ha de originar y nutrir también, inevitablemente, la política de lucha contra la opresión nacional y de lucha del proletariado contra la burguesía”.1 En el mismo sentido, en 1938, Trotsky exponía un ejemplo hipotético revelador: “En Brasil reina ahora un régimen semifascista que todo revolucionario no puede ver más que con odio. Supongamos, sin embargo, que mañana Inglaterra entrara en conflicto militar con Brasil. En este caso estaré del lado del Brasil ‘fascista’ contra la ‘democrática’ Gran Bretaña.

¿Por qué? Porque el conflicto entre ellos no será una cuestión de democracia o fascismo. Si Inglaterra saliera victoriosa, pondría a otro fascista en Río de Janeiro y colocaría dobles cadenas al Brasil. Si por el contrario Brasil fuera victorioso, daría un poderoso impulso a la conciencia nacional y democrática del país y conduciría al derrocamiento de la dictadura de Vargas. La derrota de Inglaterra daría, al mismo tiempo, un golpe al imperialismo británico y un impulso al movimiento revolucionario […] ¡Bajo todas las máscaras uno debe saber cómo distinguir a los explotadores, los esclavistas y saqueadores!”.2  Así, el PST afirmaba en abril de 1982: “No nos dejamos embaucar y bajo las formas de gobiernos y regímenes sabemos buscar el contenido de clase de esos fenómenos. Sin brindar el más mínimo apoyo a la dictadura […] en el conflicto militar entre el ‘democrático’ imperialismo inglés y el ultrarreaccionario gobierno de una nación oprimida, sin vacilar ni por un minuto, combatiremos y llamaremos a la clase obrera y los pueblos oprimidos de todo el mundo a combatir en el campo militar de la dictadura argentina”.3

1. Citado en “Malvinas. Prueba de fuego.” Ediciones El Socialista, Buenos Aires, 2007. Páginas 75 y 76
2. Op. Cit. Página 44
3. Op. Cit. Páginas 50 a 52

Escribe Martín Fú
 
Este 24 de marzo se cumple otro nuevo aniversario del golpe cívico-militar de 1976. La Junta Militar, encabezada por el general Jorge Rafael Videla, daba fin al gobierno de Isabel Perón. Detrás del llamado Proceso de Reorganización Nacional se encontraba el imperialismo yanqui y un conglomerado de empresarios nacionales y multinacionales con la bendición de la Iglesia Católica.
 
Hace 46 años se produjo el último golpe de estado en nuestro país. Una junta militar, encabezada por el comandante en jefe del Ejército, Jorge Rafael Videla, de la Armada, Emilio Massera, y de la Aeronáutica, Orlando Ramón Agosti, derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón (también conocida como Isabel) y dió comienzo a una de las etapas más negras de la Argentina. Con el fin de implantar un programa económico de entrega, al servicio de las multinacionales, el capital financiero internacional y el imperialismo, se llevó a cabo un auténtico genocidio contra el pueblo, con el saldo de 30.000 detenidos-desaparecidos, centenares de niños nacidos en cautiverio y apropiados por los militares, miles de presos políticos y decenas de miles de personas que debieron emigrar. El terror, la prohibición absoluta de toda actividad sindical, estudiantil, o política, la represión a cualquier tipo de expresión cultural alternativa y un largo etcétera fueron la contracara de una dictadura militar que, al mismo tiempo, endeudó al país, dando origen a una deuda ilegal, ilegítima, fraudulenta e impagable que aún hoy es la principal causa de nuestra decadencia.
 
Un objetivo: terminar con el ascenso obrero y popular abierto con el Cordobazo

Con la caída de Isabel, se profundizó la persecución contra los trabajadores que ya había iniciado el propio Perón en 1973 con la Triple A. Es que el proceso de luchas iniciado en mayo de 1969 con el Cordobazo, con los obreros y estudiantes a la cabeza, y continuado con los respectivos Choconazo, Rosariazo, Mendozazo y otros fenómenos de puebladas y grandes movilizaciones, no pudo ser detenido ni aún recurriendo a la figura y el prestigio del propio Perón, a quien se le levantó la proscripción y se hizo regresar al país para que “pusiera orden” en la clase trabajadora.
En los tres años de gobierno peronista siguieron las luchas. Más aún, muchas de ellas se radicalizaron, llegando en 1975 durante el llamado Rodrigazo a declararse por primera vez una huelga general contra un gobierno peronista. Las coordinadoras fabriles, ese mismo año, llegaron a disputarle fracciones del movimiento obrero a la otrora poderosísima burocracia sindical peronista. Todos estos fenómenos de lucha eran una preocupación para los gobiernos y las patronales. Los diferentes gobiernos peronistas entre 1973 y 1976 (Cámpora, Lastiri, el propio Perón e Isabel) no pudieron cumplir su objetivo de frenar el alza obrera y popular abierta a fines de los años sesenta.

La dictadura llegó así para frenar, derrotar a sangre y fuego ese ascenso y liquidar físicamente a la nueva vanguardia obrera y popular.

Decimos que fue un gobierno cívico militar, ya que tuvo el acuerdo del gran empresariado y los militares fueron los ejecutores de descargar sobre el pueblo trabajador el ajuste mediante una feroz represión, con el fin de implementar la agenda económica  del imperialismo y las patronales.
 
Deuda y dictadura

El plan económico de la dictadura fue implementado por el ministro de Economía de Videla, José Alfredo Martínez de Hoz. Se trató de un auténtico programa de guerra contra los trabajadores, que vieron sus salarios reducidos automáticamente en un 40%, y poco después, con el cierre de centenares de miles de industrias, empezaron a sufrir el flagelo del desempleo.

Se trató de un plan económico al servicio de las multinacionales y el FMI, que dejó como herencia una impagable deuda externa que aún hoy seguimos arrastrando y ocupa la agenda central del actual gobierno, cuarenta y seis años después. Para tener una idea de qué hablamos, en 1976 la deuda externa argentina era relativamente baja, 7.800 millones de dólares. En 1983, luego de siete años de dictadura, había ascendido a 45.100 millones, en ese momento ya totalmente impagable, representando la deuda un poco menos de la mitad del PBI de ese año, unos 104.000 millones. La dictadura tomó préstamos para obras (como las del Mundial ‘78), para la compra de armas, para importar bienes o para que los bancos privados y las empresas hicieran sus negocios, lo que se conoció como “bicicleta financiera”. Para eso endeudó a empresas por entonces estatales como YPF. Como si todo esto fuera poco, ya en 1982, el entonces presidente del Banco Central Domingo Cavallo, procedió a “estatizar” la deuda de numerosas empresas privadas (locales y extranjeras) a cambio de que éstas “aceptaran” pagar esas deudas en pesos con el Estado nacional. Fue un negocio redondo para el gran capital y la ruina para millones de trabajadores. Los Martinez de Hoz, Perez Companc, Techint, Grupo Macri, Rocca, Blaquier, Ford, Mercedes Benz, etcétera, fueron algunos de los grandes holdings empresarios y de la oligarquía vernácula que más se beneficiaron con los militares, y muchos de ellos incluso fueron cómplices activos con el genocidio, habilitando centros clandestinos de detención en el interior de sus propias empresas.

Este enorme saqueo dejó como herencia la impagable, ilegítima e ilegal deuda externa que todos los gobiernos constitucionales que le precedieron han reconocido y pagado, a través de planes de ajuste.

Han pasado 46 años, pero la dictadura genocida no pertenece a nuestro pasado. Es parte de nuestro doloroso presente, por las consecuencias económicas y sociales que, con la deuda externa a la cabeza, siguen sumiendo en la pobreza y la marginación a porciones cada vez más grandes de nuestro pueblo. Pero también por la continuidad de la impunidad, con centenares de genocidas en libertad, y con juicios que, increíblemente, aún no han terminado. Con centenares de niños apropiados (hoy ya adultos) que aún no han recuperado su identidad. También con la impunidad que hoy existe ante las nuevas violaciones a los derechos humanos que suceden año a año.  

Es por ello que desde Izquierda Socialista seguimos diciendo ¡Juicio y castigo para todos los culpables!¡Basta de impunidad, tanto la de ayer como la de hoy! ¡No olvidamos, no perdonamos, no nos reconciliamos! Y este año, más que nunca: ¡No al pago de la deuda externa!
Este marzo es otro 24 de marzo en el que te invitamos a marchar, en lo que ya es una cita de honor, junto al Encuentro Memoria, Verdad y Justicia.

Salió la revista dedicada al tema ambiente
Ya salió la Correspondencia Internacional N48: Afganistán una nueva derrota del imperialismo
La escasez de vacunas y el negocio capitalista / Correspondencia Internacional Nº 46 - La Revista de la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores (Cuarta Internacional)
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