Aug 03, 2026 Last Updated 7:39 PM, Jul 31, 2026

Javier Milei realizó su viaje número 16 a Estados Unidos. Durante la visita participó en dos actividades, ambas con amplias comitivas; en la segunda incluso llevó a la pareja de Manuel Adorni. Primero asistió al lanzamiento, impulsado por Donald Trump, del Shield of the Americas (Escudo de las Américas), un organismo creado para colocar a los países latinoamericanos gobernados por la ultraderecha bajo el ala “militar” estadounidense. Allí, una vez más, un Trump histriónico (además de jactarse del ataque que está llevando adelante contra Irán) volvió a afirmar que fue él quien “salvó” a Milei y que, de lo contrario, habría perdido las elecciones. El presidente argentino y los mandatarios de los demás países sonreían y aplaudían, acompañando al mandatario yanqui.

Luego siguió uno aún más escandaloso. Antes de que comenzara el Argentina Week (un evento organizado por J.P. Morgan para ofrecer los recursos argentinos al saqueo de los buitres imperialistas), Milei dedicó un día entero a mostrarse como aliado del carnicero Benjamín Netanyahu. Así, en una universidad sionista y ortodoxa religiosa, el presidente argentino pronunció un discurso con declaraciones como: “estoy orgulloso de ser el presidente más sionista del mundo” o “vamos a ganar esta guerra”, sin disimular su lugar de felpudo de los ultraderechistas Trump y Netanyahu.

Es realmente vergonzoso que se pretenda involucrar a nuestro pueblo con esos genocidas. ¡No en nuestro nombre! Más que nunca repudiamos la agresión estadounidense, el genocidio de Netanyahu contra el pueblo de Gaza, el ataque de enero contra Venezuela y las agresiones y amenazas contra Cuba. Digamos de paso que, respecto de esto último, Milei ya se anotó como supuesto “ganador” ante un futuro ataque estadounidense contra la isla.

Entre ambas actividades en Estados Unidos, Milei también tuvo tiempo para conceder una entrevista televisiva y “avisar” que van a desaparecer más sectores económicos (traducido: que habrá miles de despidos adicionales). Volvió a repetir lo que también sostienen abiertamente sus ministros Luis Caputo y Federico Sturzenegger: que habrá más motosierra y que los cierres de empresas y los despidos son, efectivamente, el objetivo buscado de la política económica.

Mientras tanto, la inflación sigue golpeando el bolsillo popular. Los salarios y las jubilaciones caen al subsuelo, y quienes no pueden pagar las tarjetas o préstamos ya se cuentan por millones. A esto se suma el impacto internacional, el ataque de Trump a Irán está generando un aumento del precio de los combustibles, lo que tendrá consecuencias económicas inmediatas en las próximas semanas y significa otro golpe a la deteriorada capacidad de compra del pueblo trabajador.

Del otro lado continúa la lucha obrera y popular. La primera semana de clases estuvo marcada por un fuerte paro docente. En Catamarca llegó a convertirse en una auténtica rebelión popular, con marchas y acampes. Se prepara una durísima huelga universitaria para la semana de inicio de actividades. En FATE continúa la pelea contra el cierre y los despidos, y recientemente las y los trabajadores lograron un fallo favorable: la justicia tuvo que revocar la orden de desalojo del predio, producto de la fuerza de su lucha.

A esto se suma la masiva marcha del 9M por el Día Internacional de las Mujeres Trabajadoras. Miles se movilizaron de manera unitaria hacia Plaza de Mayo contra la misoginia y el machismo del gobierno ultraderechista. Fue un ejemplo de cómo, sin sectarismos y con unidad de acción, enfrentar en las calles a Milei y a sus cómplices. Así se resolvió en las reuniones preparatorias, que convocaron bajo el lema: “Unir las luchas para derrotar las reformas esclavistas de Milei, el FMI y sus cómplices”. En la movilización confluyeron la CGT, las CTA, la CTEP, la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto, sectores independientes del feminismo, la izquierda y luchas en curso como la comisión de mujeres de FATE y trabajadoras del Garrahan, entre otras.

Por otra parte, exigimos que la burocracia de la CGT rompa sus pactos con el gobierno ultraderechista y llame a un paro nacional y un verdadero plan de lucha.

Del mismo modo, mientras enfrentamos a este gobierno, a la motosierra y al sometimiento a Trump, seguimos afirmando que es necesaria otra alternativa política. El peronismo no es una salida para el pueblo trabajador. El camino pasa por un programa distinto, opuesto por el vértice al actual, un programa obrero y popular, como el que postulamos desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad.

Hoy la tarea es unir las luchas, coordinarlas y darles masividad. Lo que sigue es una auténtica cita de honor: este 24 de marzo, a 50 años del golpe genocida, todas y todos tenemos que salir a las calles. Hay que marchar de manera masiva y unitaria en todas las plazas del país, porque eso fortalecerá la lucha contra Milei y Trump.

Debemos ponerle un freno a este gobierno ultraderechista que se envalentonó tras las elecciones del año pasado. Hay que repudiar contundentemente su discurso negacionista, su intento de indultar a los genocidas, su ataque contra los sitios de memoria y contra sus trabajadoras y trabajadores, así como contra todo el plan motosierra.

En estos días tenemos que multiplicar las actividades: invitar masivamente, organizar charlas, proyectar películas alusivas, realizar visitas a los sitios de memoria, juntarnos con compañeras y compañeros de estudio para preparar pancartas y organizarnos para llegar a los lugares donde se realizarán las movilizaciones.

A eso te convocamos desde Izquierda Socialista. Vení y marchá con nosotras y nosotros, que también lo haremos en memoria de las y los asesinados y desaparecidos de nuestro partido antecesor, el PST. Te esperamos.


Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista en el FIT Unidad

Marchemos masivamente a Plaza de Mayo y en todo el país contra los fachos Javier Milei y Donald Trump y el plan motosierra salvaje contra el pueblo trabajador, las mujeres, disidencias y la juventud .

El próximo 24 de marzo se cumplirán 50 años del golpe genocida protagonizado en 1976. Un golpe que tuvo el objetivo de hacer desaparecer a miles de luchadoras y luchadores obreros y estudiantiles para poder aplicar un plan económico al servicio de los grandes empresarios, los bancos y el FMI. Fue orquestado por Estados Unidos, la CIA y el Pentágono mediante el denominado Plan Cóndor, dándose también distintos golpes de estado en otros países latinoamericanos.

Con la resistencia obrera y popular y después de la indignación y movilización de masas que generó la derrota en Malvinas, la dictadura terminó cayendo en 1982. Y en todos los años subsiguientes se siguió enfrentando a los gobiernos de turno, lográndose muchas conquistas. La justicia tuvo que catalogar lo ocurrido como genocidio, se encarcelaron a centenares de militares, en 2005 se anularon las leyes de impunidad Obediencia Debida y Punto Final, entre otros avances. Los pañuelos blancos de Madres y Abuelas recorrieron el mundo. Es al día de hoy que cuando uno va a otro país nos preguntan ¿cómo lo lograron?. Como emblema, recordemos que el máximo representante de la Junta Militar, Jorge Rafael Videla, murió en una cárcel común.

Sin embargo, hoy Argentina es noticia por tener a un presidente ultraderechista en la Casa Rosada que reivindica a la Thatcher, avala las barbaridades de Trump y se abraza con el asesino y genocida del pueblo palestino, Benjamín Netanyahu. Entonces, este 24 de marzo tenemos que ganar las calles masivamente para repudiar al facho de Milei.

A golpear unitariamente como un solo puño

Milei niega el genocidio y a las y los 30 mil. Incluso hay versiones que quiere indultar a los milicos que están presos gracias a la lucha popular. Son los mismos que secuestraron, torturaron, hicieron desaparecer y se apropiaron de bebés nacidos en cautiverio. Por eso este 24M marcharemos por cárcel común y efectiva para todos los genocidas y cómplices civiles y eclesiásticos. Contra la impunidad de ayer y de hoy. La apertura de los archivos de 1974/1983. Por la restitución de la identidad de las y los niños apropiados. Para que se deje de pagar una deuda externa usurera que viene de la dictadura. Contra la reforma laboral esclavista que se aprobó con la traición de la CGT y por el apoyo a las luchas de FATE, la rebelión docente en Catamarca, entre otras tantas de importancia. Y denunciaremos a viva voz el peligroso y servil alineamiento de Milei con Trump y Netanyahu, que están bombardeando a Irán. Levantando bien alto una vez más la defensa de la causa palestina.

Por todos estos motivos es que el 24 será la gran oportunidad para darle un duro revés político al facho de Milei. Y lo tenemos que hacer con un acto unitario, donde nadie baje sus banderas. Así lo aprobó por abrumadora mayoría el Encuentro Memoria Verdad y Justicia (espacio que se viene movilizando de manera independiente en todos estos años) para coordinar el mismo con los organismos de derechos humanos históricos. Lamentablemente PO y PTS se negaron (ver nota Respuesta a PO y PTS / El 24 de marzo es un día de lucha y no de autoproclamación), cuando se trata de lograr la mayor unidad.

El 24, a su vez, será la oportunidad para reivindicar como parte de los 30 mil a la memoria de nuestras compañeras y compañeros asesinados por la Triple A en los años ‘70 y los más de cien desaparecidos de nuestro partido antecesor, el Partido Socialista de los Trabajadores (PST), quienes peleaban por una Argentina y un mundo socialista. Lucha que seguimos dando hoy desde Izquierda Socialista y la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores, Cuarta Internacional (UIT-CI).

Invitamos este 24 a sumarse a las columnas de nuestro partido para marchar de manera unitaria y a participar de las charlas y distintas actividades preparatorias que estamos impulsando.

 

Escribe Guido Poletti

Desde aquel lejano abril de 1977, cuando un grupo de madres comenzó a girar alrededor de la Pirámide de Mayo, la lucha por los derechos humanos ya no se detuvo en la Argentina, hasta transformarse en una auténtica “marca” y en un ejemplo a nivel internacional.

En un movimiento que fue creciendo, con organismos viejos y nuevos y con generaciones de militantes que se fueron renovando, ni los militares genocidas, ni las maniobras de los distintos gobiernos posteriores, ni el negacionismo de ultraderecha de hoy lograron impedir que esa lucha siguiera creciendo y masificándose.

Ya en el último año de la dictadura, en medio de una auténtica revolución democrática, eran centenares de miles quienes se convocaban y marchaban contra los intentos de impunidad de los militares en retirada.

Así, multitudinarias marchas tiraron abajo la “autoamnistía” de Bignone, los intentos de impunidad mediante un falso “juicio” realizado por el propio Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas e impusieron el ya histórico Juicio a las Juntas, y todos los procesos que le siguieron. Miles declararon ante la Conadep y otros tantos fueron testigos en aquellos juicios de la década del ’80. También fueron centenares de miles quienes repudiaron las primeras leyes de impunidad, el Punto Final y la Obediencia Debida, impulsadas por el entonces presidente Alfonsín.

Luego vinieron los indultos de Menem, que también se dictaron mientras centenares de miles expresaban su repudio en las calles. En los ’90, cuando muchos apostaban a que la lucha contra la impunidad estaba derrotada, ésta resurgió con fuerza en la impresionante marcha del 24 de marzo de 1996, a 20 años del golpe. Allí nació el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia, y también aparecieron nuevos organismos, como HIJOS, que revitalizaron con una nueva generación esta lucha.

En una época marcada por la impunidad y por la imposibilidad de avanzar con los juicios, se generalizaron los escraches, yendo a buscar a los genocidas a sus propias casas. También se encontró el resquicio legal de las causas por apropiación de bebés y de los llamados juicios por la verdad, que, aun con limitadas herramientas jurídicas, siguieron sentando genocidas en el banquillo de los acusados.

Después del Argentinazo de diciembre de 2001, el reclamo se fortaleció y masificó aún más, logrando en poco tiempo la anulación de las leyes de Obediencia Debida, Punto Final y de los indultos. Se reanudaron los juicios. Las marchas multitudinarias de cada 24 de marzo continuaron creciendo, incluso a pesar de la crisis generada a partir de 2006 por la cooptación, por parte del gobierno kirchnerista, de un conjunto de organismos históricos.

Los centros clandestinos de detención fueron señalizados y transformados en sitios de memoria, visitados desde entonces por miles de personas, tanto del país como del extranjero. La ex ESMA, el más importante de ellos, llegó a ser declarada Patrimonio de la Humanidad. Cada intento de avanzar con la impunidad fue repudiado masivamente y obligado a retroceder, como ocurrió con la gigantesca movilización contra el fallo del “2x1” de la Corte Suprema en 2017.

Durante todos estos años tampoco se dejó pasar ninguno de los nuevos casos de violaciones a los derechos humanos. Multitudinarias movilizaciones de repudio se realizaron frente a los asesinatos de Víctor Choque o Teresa Rodríguez en los años ’90; de Kosteki y Santillán en 2002; de Mariano Ferreyra en 2010; o de Santiago Maldonado en 2017, por citar algunos de los casos más resonantes. Lo mismo sucedió con la segunda desaparición de Jorge Julio López en 2006.

Pasaron 50 años. Hoy el gobierno de Javier Milei pretende dar vuelta atrás esta historia con su avanzada negacionista. No lo logrará. La lucha contra la impunidad, por la memoria, la verdad y la justicia, ya es un patrimonio multitudinario del pueblo argentino. Tal como se grita en las calles: ¡Cómo a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar!


Escribe José Castillo

La dictadura genocida tuvo un objetivo económico preciso: profundizar la semicolonización del país al imperialismo yanqui e incrementar cualitativamente la superexplotación del pueblo trabajador. Por medio del terror, con desapariciones y detenciones (que mayormente se dieron entre activistas, delegados, miembros de comisiones internas y directivos sindicales) y prohibiendo la actividad sindical, el ministro de Economía de Videla, José Alfredo Martínez de Hoz, logró ya en los primeros meses reducir en un 40% los salarios. Le siguieron cierres de empresas, una apertura importadora brutal y una bicicleta financiera que enriqueció a las patronales nacionales y extranjeras “amigas” de la dictadura genocida.

Pero, sin duda, la herencia más macabra fue la deuda externa. Cuando asumió Videla el endeudamiento ascendía a 4 mil millones de dólares. En 1983 era de 46 mil millones. La mitad la habían asumido los propios militares con la excusa de obras faraónicas (como las del Mundial ‘78), compra de armas o directamente para el robo y su enriquecimiento personal. La otra mitad correspondía a deuda de empresas: grupos nacionales como Pérez Companc, Macri, Techint, Fortabat, Madanes, Galicia o incluso filiales de transnacionales que se endeudaron en esos años. Domingo Cavallo, presidente del Banco Central en 1982, “estatizó” esa deuda externa privada, cargándola al Estado argentino.

Lo más escandaloso es que todos los gobiernos posteriores (Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando De la Rúa, Eduardo Duhalde, Néstor y Cristina Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y ahora Javier Milei) la reconocieron y pagaron, aceptando el juego de infinitas refinanciaciones, “quitas”, capitalizaciones y múltiples mecanismos donde los intereses se sumaban, se tomaban nuevos préstamos para pagar los anteriores y así la deuda crecía como una bola de nieve hacia el infinito. Hoy, medio siglo más adelante, debemos más de 500 mil millones de dólares.

La deuda externa fue una estafa en toda la línea. Inmoral, porque la pagó y sigue pagando con hambre, pobreza, miseria y saqueo el conjunto del pueblo trabajador para el enriquecimiento de unos pocos buitres. Ilegítima, porque nació de una dictadura genocida. Ilegal, porque muchos de los fondos originales ni siquiera se pudo probar que existieron como un crédito normal o nunca llegaron al país. Y fraudulenta, como lo demostró el juez Ballesteros en un fallo ejemplar en el año 2000, después de una investigación exhaustiva de Alejandro Olmos (padre). Ese fallo, que declaró culpable a Martínez de Hoz y otros personeros de la dictadura, no tuvo efecto penal alguno porque la causa “había prescripto”. En cuanto a la recomendación, que figura en el propio fallo, de enviar sus resultados al Congreso Nacional, terminó cajoneada y allí duerme desde entonces.

No hay salida para el pueblo trabajador ni posibilidad de desarrollo para nuestro país si no se comienza por dejar de pagar esa deuda, herencia infame de la dictadura. A 50 años de la dictadura genocida, debemos recordar más que nunca que el origen de esta estafa (esa sangría que nos sigue hundiendo) estuvo en las políticas de la dictadura genocida, apoyada por el imperialismo, el FMI y las grandes patronales nacionales y extranjeras.


Escribe Mercedes Trimarchi, diputada electa CABA por Izquierda Socialista/FIT Unidad

Javier Milei es un negacionista de la última dictadura militar. ¿Qué significa esto? Que pretende instalar una versión falsa de la historia, negando los hechos, relativizando los crímenes de lesa humanidad y, lo que es peor, reivindicando el terrorismo de Estado. Desde que asumió viene atacando a los organismos de derechos humanos como Abuelas y Madres de Plaza de Mayo, desmantelando sitios de memoria (ex centros clandestinos de detención y tortura) y recortando el funcionamiento de la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad, organismo clave para la búsqueda de bebés apropiados durante la dictadura.

Entre sus mentiras, intenta imponer (con todo el aparato estatal) la idea de que no fueron 30 mil las y los desaparecidos. Sin embargo, existe un informe del propio gobierno de Estados Unidos de 1978 (apenas dos años después del golpe) que ya registraba 22 mil desapariciones, cuando aún faltaban los años más sangrientos del terrorismo de Estado.

Ahora, a 50 años del golpe, lanza una nueva provocación: pretende perdonar a militares condenados por delitos de lesa humanidad. Los mismos genocidas que cumplen condena en cárceles comunes y que fueron visitados por diputados libertarios, a quienes Martín Menem incluso les facilitó una combi del Congreso. Para avanzar, el gobierno tiene dos caminos: una amnistía aprobada por el Congreso o un indulto presidencial. La primera borra el delito; la segunda perdona la pena. Ambas opciones serían gravísimas.

El antecedente más cercano son los indultos dictados por el presidente peronista Carlos Saúl Menem entre 1989 y 1990, que beneficiaron a cientos de militares y civiles responsables de crímenes de la dictadura. El repudio popular fue tan fuerte que la Corte Suprema terminó declarándolos inconstitucionales en 2007. Actualmente está vigente la Ley 27.156, que prohíbe indultar o amnistiar delitos de genocidio y lesa humanidad. Pero Milei ya demostró que no tiene reparos en atropellar consensos básicos institucionales o judiciales.

Sin embargo, la historia también demuestra que cada intento de garantizar impunidad a los genocidas chocó con la lucha popular. Frente a los avances negacionistas del gobierno, la respuesta debe ser más movilización para defender las banderas de Memoria, Verdad y Justicia. Porque en nuestro país no hay lugar para la impunidad: fueron 30 mil y fue genocidio.

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