Apr 09, 2026 Last Updated 1:48 PM, Apr 9, 2026

Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad 

Jorge Bergoglio asumió su pontificado como Francisco en 2013, en medio de una Iglesia Católica sumida en una profunda crisis y descrédito. Tras doce años de mandato, ¿cambió la Iglesia? ¿Se trató efectivamente de “el Papa de los pobres”?

Este lunes 21 falleció el primer (y hasta ahora único) Papa argentino. Millones se sienten profundamente conmovidos en nuestro país y otros tantos en el resto del mundo. Respetamos profundamente su dolor. Al mismo tiempo, a partir del hecho de que se trataba de una de las figuras políticas más influyentes del mundo, queremos hacer llegar nuestras reflexiones y balance de sus doce años de pontificado. 

¿Por qué Bergoglio fue elegido Papa?

“Tuvieron que ir a buscar un Papa al fin del mundo”. Estas fueron expresiones del propio Francisco en uno de sus primeros discursos. Recordemos. Corría el año 2013. La Iglesia Católica estaba más desprestigiada que nunca. El Papa Benedicto XVI (el alemán Joseph Ratzinger, que incluso tenía denuncias de haber pertenecido a las juventudes hitlerianas) se encontraba asediado por las innumerables denuncias de pedofilia y abusos sexuales en prácticamente todas las diócesis del planeta. A eso se sumaban los escándalos financieros en el Vaticano. La iglesia venía perdiendo fieles de a millones, en especial en Latinoamérica, a manos de las Iglesias Evangélicas. Todo esto sucedía en el marco de un capitalismo imperialista sumido en medio de la crisis económica más grande de la historia, abierta en 2008 y que estaba movilizando a millones de trabajadores y sectores populares contra las políticas de ajuste. Por todo esto Ratzinger se vio obligado a renunciar, algo inédito en más de 600 años.

La designación de Francisco fue un intento de dar “un golpe de timón”. Por eso el cónclave (el grupo de cardenales electores de cada Papa) eligió a un latinoamericano, región donde viven más de la mitad de los 1.200 millones de católicos del planeta. Eran los tiempos en que aparecían fuertes los gobiernos denominados “progresistas” de la región: gobernaba Cristina Fernández en Argentina, Dilma Rousseff (sucesora de Lula) en Brasil, recién había muerto Chávez en Venezuela y Maduro comenzaba su mandato como sucesor, Evo Morales era el presidente de Bolivia y Correa el de Ecuador. El nuevo Papa buscó rápidamente mostrarse cercano a los sectores populares (“quiero una Iglesia con pastores con olor a oveja”), a los jóvenes (“hagan lío”, dijo en uno de sus Encuentros) y hasta realizó algunos guiños hacia la comunidad LGBTIQ (“quién soy yo para juzgarlos”, afirmó ante un grupo de periodistas). 

La Iglesia Católica y el Vaticano no cambiaron

Muchos analistas, a partir de estos y otros gestos discursivos, empezaron a decir que se habían producido cambios importantes en el seno de la Iglesia. Creemos que no es así. La inmensa masa de los curas pedófilos o abusadores de todo tipo siguen siendo apañados por las autoridades eclesiásticas. Como mucho son “trasladados” para evitar el escándalo. La Iglesia no colabora, por el contrario, obstaculiza cualquier investigación al respecto. Las mujeres siguen teniendo vedado el acceso al sacerdocio o a cualquier cargo importante dentro de la Iglesia. Los divorciados y las disidencias sexuales continúan siendo fuertemente discriminados. Las Iglesias Católicas de todos los países siguen siendo punta de lanza militante contra los derechos más básicos de las mujeres, como la legalización del aborto legal, seguro y gratuito (de hecho, esta conquista en Argentina fue obtenida a pesar de tener en contra la campaña de todo el aparato eclesiástico) e incluso se pronuncia en contra del uso del preservativo o cualquier otro método de anticoncepción. También se opuso y se sigue oponiendo a la legalización del matrimonio igualitario. En muchos países, como la Argentina, la Iglesia Católica se aferra a los recursos económicos y a los privilegios que le dan los distintos gobiernos, negándose a la separación de la iglesia y el Estado.

Francisco no fue el Papa de los pobres

Una parte importante del desprestigio de la Iglesia proviene de que es vista como defensora y pegada a los poderosos, a los ricos, a los gobernantes más reaccionarios. El “oro del Vaticano” es apenas una de las expresiones de todo esto. Mucho más escandaloso cuando estallan crisis económicas que incrementan por miles de millones los pobres y marginados del planeta. 

Jorge Bergoglio, al asumir, era consciente de esto. Sabía que la Iglesia no podía cumplir su rol histórico, de “consolar” a los pobres en la tierra, con la promesa del paraíso en el cielo, si la propia institución era vista como un reinado de privilegios y corrupción. Por eso eligió como su nombre de Papa “Francisco”, emulando a San Francisco de Asís. Toda una serie de gestos buscaban cambiar la imagen y mostrarse como lo opuesto a sus predecesores: usar zapatos usados en vez de los aristocráticos “zapatos rojos”, vivir en la relativamente menos lujosa residencia de Santa Marta en vez de en los palacios vaticanos, o incluso mostrarse como futbolero (hincha de San Lorenzo). Viajes a Lampedusa (donde se hacinaban los migrantes ilegales) o visitas a las cárceles italianas, eran también parte de esta búsqueda de cambio de imagen, de una iglesia “más cerca de los pobres”. 

Sin embargo, sus planteos siempre dejaban la puerta abierta al doble discurso, a la igualación de opresores y oprimidos. Así, cuando hacía referencia al pueblo palestino o reclamaba el alto el fuego en Gaza, inmediatamente llamaba a rezar por Israel. Lo mismo sucedió las veces que se refirió a Ucrania, llamando a la paz, igualando las responsabilidades con el invasor ruso. Bajo la pantalla del diálogo, se juntó así con los líderes más reaccionarios del planeta que aprovechaban la visita para lavarse la cara. El símbolo de todo esto fue que el último visitante recibido por el Papa haya sido nada menos que el ultraderechista vicepresidente de los Estados Unidos James David Vance.

En síntesis, ninguno de los discursos o gestos simbólicos del Papa Francisco modificó el tradicional rol de la Iglesia Católica. El Vaticano continuó “consolando a los pobres” mientras se reunía y negociaba con los ricos. Cumpliendo el papel histórico que ya había definido León XIII en 1891 en la encíclica Rerum Novarum, donde ante el ascenso de las luchas obreras y la popularidad del socialismo, se pronunció contra este último y a favor de la “conciliación de clases”. El lugar de rueda de auxilio ideológico del capitalismo imperialista, de convencer a las masas de que no hay que luchar y consolarlas, proclamando la resignación con su destino. 

En el caso de Francisco esto empalmó, como argentino, con su visión cercana al peronismo. Planteando una conciliación entre el capital y el trabajo que, si nunca fue viable, mucho menos lo es en este mundo sumido en la crisis más grande de la historia. Ilustremos esto con un ejemplo. Apenas asumido el gobierno peronista de Alberto y Cristina, el propio Francisco se ofreció como garante de un nuevo acuerdo con el FMI, invitando a Alberto Fernández y a su flamante ministro de Economía Martín Guzmán a reunirse con Kristalina Georgieva, a quien presentaba como la nueva y “progresista” titular de un FMI que había “cambiado” y era más receptivo a las necesidades populares. Todo terminó con el ajuste que el propio Fondo obligó a llevar adelante en nuestro país a partir de la firma del acuerdo en 2022.

A nivel mundial, la prédica de “escuchar y acercarse a los pobres” no tuvo obviamente ninguna repercusión entre los poderosos del planeta, que siguieron exigiendo que la crisis la paguen los pueblos, mientras ellos continuaban acrecentando sus fortunas multimillonarias. 

En el caso argentino, con Milei la relación fue conflictiva desde el comienzo (éste lo llamó “enviado del maligno”), aunque luego Francisco lo recibió y abrazó lo que le permite ahora ahora al presidente ultraderechista argentino también buscar subirse a la ola de elogios ante su muerte.

Nosotros, desde Izquierda Socialista tenemos una posición distinta tanto a la de los elogios y definiciones de Bergoglio como el “Papa de los pobres”, que levanta el peronismo en todas sus variantes, como a los planteos reaccionarios (y también ahora oportunistas) del ultraderechismo de La Libertad Avanza. Los socialistas revolucionarios estamos firmemente convencidos que la justicia social, la dignidad para los miles de millones de pobres y marginados de este planeta e incluso el cuidado del planeta del que también llegó a hablar el Papa, sólo se logrará luchando, en vez de resignarse, ante todas y cada injusticia, peleando contra la explotación en cada lugar y, en definitiva, tirando abajo este sistema inhumano que es el capitalismo e instaurando otro, el socialismo con plena democracia para el pueblo trabajador. Creando un mundo donde todas y todos seamos socialmente iguales, humanamente diferentes y totalmente libres. 


La Iglesia Católica y su rol histórico

Los socialistas respetamos todas las creencias religiosas y el derecho irrestricto de profesar cualquiera de ellas o no tener ninguna. Creemos que es algo que pertenece al ámbito privado de cada individuo y que debe estar estrictamente separado de toda intervención del Estado al respecto.

Por eso diferenciamos las distintas religiones (el cristianismo en este caso) de las iglesias que se autoproclaman sus representantes. Así, sostenemos que la Iglesia Católica, como institución, a lo largo de sus casi 2.000 años de historia, ha cumplido un rol violento y absolutamente reaccionario. Fue responsable y ejecutora de matanzas de musulmanes y judíos en la Edad Media durante las cruzadas, del genocidio de los pueblos originarios de América, de la ejecución en la hoguera de miles de mujeres, acusadas de “herejía” y brujería. La Iglesia Católica bendijo a los reyes, se opuso ferozmente a la revolución francesa, a la independencia de los pueblos latinoamericanos. Más cerca en el tiempo, Pío XII fue colaboracionista del nazismo, y la cúpula eclesiástica argentina cómplice de la dictadura genocida.

Todo esto sin olvidar que, por supuesto, en la base de la Iglesia hubo y hay curas que defendieron al pueblo trabajador, denunciaron las injusticias y se jugaron contra las dictaduras. Tales son los casos del obispo Romero, asesinado por la dictadura salvadoreña, o Angelelli y los curas palotinos, en el caso de la dictadura argentina. Sin embargo, reafirmando su rol histórico, aún estos mártires de la propia Iglesia, fueron desconocidos en su momento por la cúpula eclesiástica y hasta por el propio Papa de entonces. El propio Jorge Bergoglio, como jefe de los jesuitas argentinos, desautorizó y dejó librados a su suerte a los sacerdotes villeros Jalic y Yorio, permitiendo entonces su secuestro por los grupos de tareas de la dictadura, hecho por los que tuvo que dar cuenta incluso en uno de los juicios contra los genocidas.

José Castillo


Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista / FIT Unidad

Finalmente, el directorio del FMI firmó el nuevo acuerdo para Argentina. Será por 20.000 millones de dólares, 15.000 de los cuáles llegarán en 2025. Se usarán para sostener al dólar y financiar la fuga de los especuladores, mientras nos dejará más deuda y un sinfín de exigencias de ajuste.

El gobierno de Milei festeja. ¡Cómo no va a festejar si ya estaba cerca de quedarse sin un dólar en las reservas! Así rifaron 5.000 millones de dólares entre enero y marzo, mientras se les abría la brecha entre un dólar oficial cerca de mil y los paralelos que se le iban arriba de 1.300. Justamente por eso en marzo hubo una ola de remarcaciones que terminó con un índice de inflación de 3,7%, pulverizando más aún los ya alicaídos salarios y jubilaciones.

Milei y su séquito festejan, hasta con cantitos de cancha. El pueblo trabajador no tiene nada que festejar. Se trata de un nuevo acuerdo con el FMI, que, como los 22 anteriores, sólo nos traerán más hambre, entrega y marginación social.

¿Cepo para quién?

Analicemos en qué se van a usar los 12.000 millones que llegan esta semana y los 3.000 restantes que completan los 15.000 millones de dólares que llegarán en 2025. El gobierno dice: “para abrir el cepo”. ¿Es que acaso al pueblo trabajador le está quedando algún resto para salir a comprar dólares? El gran problema para las y los trabajadores es que no llegan a fin de mes, no que quieran ir a comprar dólares. La apertura del cepo sí es una fiesta para los pulpos especuladores, o para las grandes empresas multinacionales, que ahora pueden fugar todas sus superganancias al exterior.

Las bandas cambiarias, léase la nueva devaluación

Por exigencia del FMI, se unificó el dólar oficial y los paralelos en un solo valor, que podrá fluctuar entre 1.000 y 1.400 pesos por dólar. De movida, como era de esperar, pasó a 1.200 desde 1.050 que era el valor oficial el viernes por la tarde. Como la mayoría de las importaciones se hacen por este dólar oficial, las consecuencias están cantadas: otro salto inflacionario en abril, y con rebote en mayo. Se viene meses con números parecidos y hasta peores a los de marzo. ¡Mientras el gobierno insiste en no homologar convenios por arriba del 1,5% mensual!

¿No aumenta la deuda? La mentira más absoluta

Increíblemente, el gobierno afirma que este acuerdo “no aumenta el endeudamiento” ya que se cancela Letras Intransferibles del Banco Central por la nueva deuda con el FMI. Es ridículo el argumento: una deuda en pesos, intra-estado (el Gobierno “le debe” teóricamente al Banco Central), es canjeada por otra en dólares, que paga más del 5% de interés anual en dólares, con el Fondo, que viene atada a un montón de exigencias.

¿En qué se va a usar la plata del Fondo?

Como ya el lector habrá empezado a sospechar, no serán fondos frescos para resolver ninguna necesidad popular, sea mejores salarios o jubilaciones, o más presupuesto para salud y educación. Los fondos entrarán derechito a las reservas del Banco Central, y sólo se podrán utilizar para que el dólar no se escape por arriba de la banda de 1.400 pesos. O sea, igualito como hizo el propio Caputo en 2018, los van a rifar vendiéndoselos baratos a sus amigos especuladores para que los fuguen, a cambio de que el dólar no se les escape mucho, por lo menos antes de las elecciones. De ahí que denunciemos que, de últimas, el FMI le está financiando la campaña a Milei.

También por supuesto, se usarán para pagar vencimientos de deuda. Con el propio FMI, ya que se corren por 48 meses los vencimientos de capital, pero hay que pagar los intereses. Y con los acreedores privados, donde primero en la fila está el vencimiento de 4.500 millones de dólares en el mes de julio.

Como siempre, el acuerdo viene atado a exigencias

Ningún acuerdo con el Fondo es gratis. Conocido el Staff Report aprobado el viernes por el directorio, ya están claras las exigencias. Profundizar el ajuste, la motosierra. El gobierno ya avisó que el superávit de este año, que se quería llevar a 1,5% del PBI, se agrandará hasta el 3%. Traducido: achicar el gasto público, seguir hambreando a las y los trabajadores del Estado, a las y los jubilados, cerrar más organismos, achicar más todavía salud y educación, hasta que “dé” ese número.

Otra exigencia que aparece explícita es acelerar las privatizaciones. Ahí, en primera fila está Aerolíneas Argentinas y el Banco Nación. También reclaman avanzar con la reforma laboral, o sea flexibilizar al extremo y quitarle todos los derechos conquistados al pueblo trabajador. Y, como no podía faltar, continuar con la reforma previsional, hambreando más aún a jubilados y jubiladas, aumentando la edad jubilatoria, eliminando regímenes especiales, como el docente, y lanzando algún sistema de privatización, parecido a las AFJP.

Por si todo esto fuera poco, el lunes 14 tuvimos la venida del secretario del Tesoro yanqui, Scott Bessent. Desde el gobierno dejaron correr el rumor de que podría llegar con más fondos frescos. Obviamente no fue así; al contrario, lo que apareció fue la exigencia de que la Argentina saliera del swap con China, o sea que profundizara más aún su alineamiento y dependencia con Estados Unidos.

¿Cuál es la salida?

Como vemos, no hay una a favor del pueblo en todas las consecuencias del acuerdo con el Fondo. No queda otra que salir a pelear con todo contra esta versión más profundizada del ajuste, que, ahora más que nunca, es de Milei y el FMI. Continuar lo que ya se venía dando con la ola de movilizaciones de febrero y marzo, y en particular con la gran marcha en apoyo a las y los jubilados del miércoles 9 y el paro del 10 de este mes, exigiendo un nuevo paro, ahora de 36 horas y un plan de lucha.

Pero por sobre todas las cosas, hay que plantear que se necesita otro programa económico, obrero y popular, que arranca justamente por romper todos los lazos políticos y económicos que nos atan al FMI y por dejar ya mismo de pagar la ilegal, fraudulenta, inmoral e ilegítima deuda externa. Así todos esos recursos, podrán ser dedicados a resolver las más urgentes necesidades populares. Sólo el Frente de Izquierda Unidad propone esa salida, que hay que imponerla tanto en la pelea en las calles como en las elecciones.

Venimos de un fuerte paro contra el plan motosierra de Javier Milei, que estuvo precedida por una contundente marcha al Congreso el día anterior. Con masivas concentraciones que se replicaron en otras ciudades del país. Una expresión de que sigue creciendo la bronca contra este gobierno ultraderechista y sus políticas hambreadoras, que debe tener como respuesta la continuidad con un nuevo paro general de 36 horas y un plan de lucha para enfrentar los nuevos capítulos de este súper ajuste.

Todo esto sucede mientras en el mundo capitalista se vive un auténtico tembladeral. Donald Trump avanza y retrocede con su “guerra de aranceles”, provocando un estropicio sobre la economía mundial y, al mismo tiempo, sumando masivos repudios incluso en los propios Estados Unidos. Milei, que imaginaba en noviembre pasado, cuando ganó Trump, que, gracias a su alineamiento rastrero, se le abrían todas las puertas e iban a llover los dólares, terminó mendigando una selfie que ni siquiera consiguió. Lo único que le queda en este contexto es encender una vela al FMI, para que le den el préstamo y que no se le vayan los pocos dólares que le quedan en las reservas. Acuerdo que, una vez más, solo traerá más ajuste y hambre para el pueblo trabajador.

Mientras tanto, avanza el calendario electoral. El próximo domingo se vota en Santa Fe. El 4 de mayo en Salta y el 11 en Jujuy, Chaco y San Luis. El 18, finalmente, la elección “vidriera”, ya totalmente nacionalizada, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).

Los millones que, de una forma u otra, quieren pararle la mano al Gobierno nacional, están cruzados por una gran incertidumbre. Mientras crece la bronca y muchos se preguntan cómo mejor golpear a Milei, el peronismo, principal fuerza patronal opositora, está dando una imágen patética, no sólo porque desde que empezó este gobierno vimos a decenas de legisladoras y legisladores que, con una excusa u otra, terminaban permitiendo que Milei obtuviera las leyes que necesitaba para continuar con el ajuste. El peronismo kirchnerista está sumido en una interna en la provincia de Buenos Aires, con Axel Kicillof y Cristina Fernández enfrentados por quién dirige, en una pelea donde lo que está en juego es la “manija”, resultando imposible vislumbrar algún debate serio sobre proyectos o programas diferentes. Ambos no tienen empacho en buscar alianzas en la Legislatura bonaerense con quien sea, incluso el PRO y La Libertad Avanza, si eso le permite obtener los votos a su favor. Así, Kicillof ya desdobló las elecciones y puso la fecha del 7 de septiembre para el comicio provincial y Cristina le respondió amenazando con ir de candidata a diputada provincial por la tercera sección electoral. Todo esto está profundizando la ya enorme crisis de los dirigentes con la propia base peronista.

Hay que sacar una conclusión: el peronismo no va más. Primero, porque fue el desastroso gobierno de Alberto Fernández, Cristina y Sergio Massa, que terminó ajustando al pueblo trabajador al servicio de cumplir con el FMI, el que le sirvió el triunfo en bandeja al gobierno ultraderechista. Segundo, por todo lo que citamos más arriba, reflejando la inutilidad del peronismo para enfrentar a la motosierra y el ajuste, con diputados que se pasan de un lado al otro y una burocracia sindical que estuvo desde mayo pasado garantizando un pacto con el Gobierno que le permitió a este sacar la mayoría de las leyes que necesitaba. Tregua que recién se rompió ahora, con este paro, por la enorme presión desde abajo. Y tercero, porque ahora, lanzado el proceso electoral, el peronismo no ofrece ninguna propuesta distinta a lo que ya hizo cuando gobernó, sino que gasta todas sus energías en una patética pelea por los cargos, estando hoy virtualmente divididos en la provincia de Buenos Aires.

Ante esta realidad, se reafirma una vez más que la única salida para el pueblo trabajador es el Frente de Izquierda Unidad. Porque es el único que está presente, incondicionalmente en todas las luchas. Con sus dirigentes, con sus legisladores, con sus militantes, construyendo y fortaleciendo el sindicalismo combativo. Porque a través de todas sus legisladores y legisladoras, en el Congreso Nacional, en las legislaturas donde tiene presencia, en los concejos deliberantes, viene demostrando ser la única bancada que, sin fisuras, siempre y sin excepción, se opone y denuncia todas y cada una de las políticas del gobierno. Y, además, porque es la única fuerza que postula un auténtico programa alternativo, obrero y popular, para que la crisis no la sigan pagando, otra vez, las y los trabajadores y el pueblo. Un plan alternativo, obrero y popular, que arranca por dejar de pagar la deuda externa, romper con el FMI, nacionalizar la banca y el comercio exterior, y reestatizar las privatizadas. Todo con el objetivo de poner todos esos recursos al servicio de salarios y jubilaciones dignas, trabajo genuino, y plata para salud, educación y vivienda.


Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
 
A pesar de la campaña intimidatoria del Gobierno y la actitud carnera de la burocracia de la UTA nacional, el paro general de este jueves 10 fue muy importante. Lo mismo ocurrió con la gran marcha del día anterior al Congreso, en apoyo a las y los jubilados. Dos muestras del amplio repudio que hay contra el plan motosierra de Javier Milei y el FMI. Ahora, hay que seguir con un paro de 36 horas y un plan de lucha nacional de la CGT-CTA.
 
Pararon de manera contundente las y los ferroviarios, docentes, trabajadores estatales, bancarios, del subte, aeronáuticos, metalúrgicos y mecánicos de las grandes fábricas. También los petroleros de Vaca Muerta, quienes realizaron una gran asamblea previa con miles de participantes. Es decir, una representación mayoritaria de la clase trabajadora. En varias ciudades, como Neuquén y Rosario, hubo movilizaciones.

El hecho de que hubiera transporte de colectivos por culpa de los dirigentes de la UTA hizo que la medida no fuera un cien por ciento contundente, aunque solo se vieron comercios casi sin clientes y pocos usuarios en las unidades.

El Gobierno montó un operativo siniestro que fracasó. En las estaciones de trenes de CABA puso carteles electrónicos con altoparlantes diciendo que el paro era un “ataque a la República”. O sea, para este Gobierno ultraderechista, un necesario paro general como legítimo derecho a la protesta es un “ataque” al país, pero el plan motosierra que está dejando a millones en la pobreza (con salarios y jubilaciones miserables y miles de despidos en el Estado y por la recesión) no lo es.

También el Gobierno se hizo eco de la carnereada de la UTA nacional que no paró, a diferencia del último paro general del 6 de mayo pasado. Esto llevó a que haya un poco de movimiento de personas, en especial en comercios o de quienes están precarizados o viven de una changa, obligados a viajar horas en busca del pan de cada día. Pero esto no impidió que se vieran imágenes propias de un día feriado.

Fue contundente: los medios reflejaron con sus entrevistas en la calle que la gran mayoría no defiende al Gobierno y que casi por unanimidad dijeron que la plata no les alcanza para nada, mostrando que crece el repudio a Milei ante la miseria creciente. Esto no es por casualidad. Las paritarias están por debajo de la inflación; los salarios públicos siguen 16,5% por debajo de noviembre de 2023 y las jubilaciones están en niveles de 2006; cae el consumo popular; los precios de los alimentos, transporte, tarifas y alquileres siguen subiendo, entre una larga lista de males.
 
Las mentiras del Gobierno

Dijeron que el país “se arregla trabajando”, no con paros. Pero cada vez hay menos empleo y en los que hay, se trabaja más horas, con jornadas explotadoras y menos salarios, mientras las ganancias se la llevan los grandes empresarios y el FMI.

También el vocero, ñoqui y ahora candidato a legislador porteño, Manuel Adorni, como nos tiene acostumbrado con sus diarias mentiras, dijo que el paro ocasionó “pérdidas” por 880 millones de dólares”. Otras fuentes dijeron que fue por 200 mil millones de pesos, equivalente a 200 millones de dólares. Pero este caradura se acuerda de las “supuestas pérdidas” solo los días de paro, no los 365 días del año. Nunca se acuerda de las pérdidas diarias del salario o del empleo.

Decir que la clase obrera, que es la produce la riqueza del país, es la que ocasiona daños, demuestra lo siniestro de este Gobierno ultraderechista. Lo que está revelando, en todo caso, es que son las y los trabajadores quienes generan la riqueza, la misma que después se apropian los grandes empresarios, las multinacionales y los usureros de la deuda. Aunque, si de comparaciones se trata, digamos que ya se llevan pagados 12.500 millones de dólares solo por intereses de la usurera deuda externa al FMI en los últimos años. Y es este gobierno el que nos va a endeudar por otros 20.000 millones de dólares de deuda externa que pactó con el FMI, plata que va a ir a la bicicleta financiera y se la harán pagar al pueblo trabajador.  
 
CGT… ¿y la continuidad?

En la conferencia de prensa de la CGT, Héctor Daer felicitó a los trabajadores por el éxito del paro, pero no dijo nada sobre cómo seguir. Si Daer reconoció que los salarios y las jubilaciones no alcanzan, entonces hay que profundizar el plan de lucha como lo reclamamos desde el sindicalismo combativo y la izquierda en la columna independiente de la marcha del 9 de abril.

Muchos dijeron, incluso, que estaban en contra del paro, pero no por el paro en sí sino porque tendría que haberse adherido también la UTA, una dura crítica a los dirigentes burocráticos de ese gremio. Otros señalaron que la CGT debe darle continuidad, cosa que no hace.
Si algo está probado es que cuando hay una convocatoria a luchar, más allá de la justa desconfianza a estos dirigentes, millones pararon, como en este caso. También fuimos miles quienes protagonizamos un gran 24 de marzo o nos movilizamos de manera contundente cada miércoles en apoyo a las y los jubilados, a pesar de la represión.

El Gobierno viene de tener varios traspiés, siendo repudiado por sus dichos por las Islas Malvinas, le fracasó poner jueces de la Corte a dedo, no pudo frenar en el Congreso que se conforme una comisión investigadora por la estafa cripto y porque fundamentalmente cae la imagen de Milei ante las mentiras de que está solucionando las cosas, con supuestos logros que no se ven por ningún lado.

Miles y miles perciben que se le puede parar la mano a este gobierno. Por eso hay que exigir a la CGT y a las CTA una continuidad al plan de lucha con un nuevo paro activo de 36 horas para poder derrotar el siniestro plan motosierra de Milei, los gobernadores y el FMI, reclamando para ello que los sindicatos convoquen a asambleas y cuerpos de delegados para impulsarlo.

Ecos del Paro

Aún con desigualdades, el paro se extendió por todo el país reflejando la bronca contra el plan motosierra de Javier Milei, los gobernadores y el FMI. Para reflejar mejor la repercusión de la medida, reproducimos algunos  informes recibidos desde el interior del país.

Neuquén. El paro se hizo sentir con fuerza. Destaque para los petroleros de Vaca Muerta que en una asamblea de más de 15.000 trabajadores votaron por unanimidad realizar el paro. Cabe señalar que la burocracia sindical había convocado la asamblea sólo a título informativo pero, presionada por las bases, no tuvo más remedio que acatar la decisión. También se cortó la ruta 7 (la ruta del petróleo) en la rotonda de las cerámicas desde las 8 de la mañana. Terminado el corte se realizó una caravana hacia la Casa de Gobierno donde se realizó una clase pública dictada por los jubilados, docentes, ceramistas y otros sectores en lucha.

Córdoba. Con un alto acatamiento en la base de Smata, la UOM, Luz y Fuerza, unidades judiciales, municipales y estatales y una paralización total en la Uocra, se  realizó el paro en la provincia. El gremio docente de UEPC tuvo un alto acatamiento en lo público y más parcial en el sector privado. Los bancos no abrieron y no hay vuelos desde y hacia la provincia. Destaque para el diario La voz del Interior, cuyo personal realizó un paro histórico.

Rosario. Hubo concentración en la Plaza San Martín, caravana y un gran corte y acto en Godoy y Circunvalación con la participación de varios sindicatos donde estaban presentes Amsafe Rosario, ATE, Aceiteros, Coad (docentes universitarios), Recolección y Barrido, organizaciones sociales y los partidos de izquierda. También en el centro de Rosario hubo una movilización a Plaza 25 de Mayo conformada por otros sectores sindicales como Luz y Fuerza, Bancarios y CTA Trabajadores nucleados en la intersindical. Por otro lado, una importante columna de empleados de Comercio recorrió el centro.

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