Escribe María Meza, Izquierda Socialista Tierra del Fuego
El presidente Milei no se cansa de arrodillarse ante Trump y el imperialismo. No le basta con entregar las Malvinas a los piratas ingleses. Ahora viene al país el almirante Alvin Holsey, jefe del Comando Sur de los Estados Unidos, para monitorear la Base Naval de Ushuaia. Base que está destinada a garantizar que pretende controlar el comercio en esa zona marítima estratégica, según dicen los propios yanquis. Es decir, los intereses de E.E.U.U.
Pero como si fuera poco, Holsey quiere que el Radar inglés que está en la Estancia el Relincho, en Tolhuin, se ponga en funcionamiento. Es decir, activar el Radar espía de los piratas y sus socios yanquis. En primer lugar, le decimos al Melella que desmantele ese radar, que lo tendría que haber hecho hace mucho, como lo venimos denunciando. En segundo lugar, decirle al facho de Milei, admirador de la asesina Margaret Thatcher, que ese radar no pasará.
Milei, por supuesto, le brinda un banquete en la Casa Rosada, que ya parece una oficina de negocios Yanqui. Ya que, no solo, se endeuda con el FMI para garantizar el dominio imperialista, sino que se entregan todos los bienes comunes sin ningún tipo de vergüenza. La entrega es completa, ¡¡¡para Milei la Soberanía está a la venta!!!
Lo cierto es que el 30-04 Holsey llega a Ushuaia. Desde Izquierda Socialista de Tierra del Fuego repudiamos esta visita y llamamos a que las organizaciones sindicales, sociales, políticas, de DDHH, de mujeres, disidencia y juventudes se pronuncien en contra de la intención yanqui de establecerse con Base propia en nuestro territorio. Entendemos que ninguna autoridad fueguina, empezando por el gobernador y el intendente de Ushuaia, tienen que recibir a este nefasto personaje.
Fuera Holsey de Ushuaia
Fuera Yanquis de Argentina y América Latina
Defensa de Nuestra Soberanía
No a Bases Imperialistas en nuestro territorio
No al Radar Inglés
Monica Gurina y Leandro Sánchez, dirigentes de la lucha docente del 2024, conocida como "misionerazo" enfrentarán en octubre un juicio por haber desobedecido la orden judicial de desalojo de un acampe.
El origen de la causa se remonta al acampe realizado por sectores sindicales en la avenida Uruguay de Posadas entre mayo y junio de 2024, en lo que fue una verdadera rebelión contra la política de ajuste del gobernador Passalacqua. La medida de fuerza fue levantada por orden judicial el 4 de junio, pero fue reinstalada poco después, lo que motivó la imputación de Gurina y Sánchez por desobedecer las órdenes de desalojo y obstruir el transporte terrestre.
Desde Izquierda Socialista y la agrupación Docentes en Marcha nos solidarizamos con Mónica y Leandro, al mismo tiempo repudiamos al gobierno provincial que a través de la justicia criminaliza la protesta con el fin disciplinar a las y los trabajadores, borrar las enseñanzas de la lucha y reemplazarlos por una discusión judicial. Por eso exigimos desprocesamiento a los compañeros y con toda contundencia decimos "luchar no es delito".
Raquel Osorio
Contacto: 376-433-949
Docentes en Marcha - A Luchar
Izquierda Socialista Misiones
La muerte del Papa Francisco conmovió a millones de personas en todo el mundo. En Argentina, su fallecimiento fue también una oportunidad para el gobierno de Javier Milei, inmerso en una profunda crisis política, de poner todo en pausa. La tan anunciada interpelación al jefe de Gabinete, Guillermo Francos, por el escándalo de la criptoestafa $Libra, quedó suspendida: la sesión en Diputados fue reconvertida en un acto de homenaje al pontífice. La oposición patronal, como de costumbre, acompañó con gusto.
En la página 5 analizamos en profundidad el significado del papado de Jorge Bergoglio, por lo que aquí nos limitamos a señalar cómo todas las fuerzas del régimen buscaron capitalizar su figura. Desde el oficialismo hasta Unión por la Patria y los radicales, todos se subieron al carro del homenaje. Incluso el propio presidente, que viajará al Vaticano para el funeral, en busca de otra selfie con alguno de sus aliados políticos del bloque imperialista.
No todos, sin embargo, lograron aprovechar el momento. La vicepresidenta Victoria Villarruel fue prácticamente echada con insultos y abucheos en la misa realizada en la Iglesia de San José de Flores, barrio natal del Papa. Para completar el colorido de la foto de un gobierno en crisis política, solo faltaba el anuncio de Amalia “Yuyito” González de su separación de Milei.
Así, el gobierno transita desde su propia crisis política, ante su mala performance electoral en Santa Fe y la realidad de las siete listas de derecha y centroderecha en CABA, hasta intentar capitalizar la salida del cepo y la supuesta “estabilidad del dólar” luego del acuerdo con el FMI.
Todo esto, salvo el genuino dolor popular de miles ante el fallecimiento del Papa, está más que alejado de las reales preocupaciones del pueblo trabajador y los sectores populares, que no están pensando en que ahora “pueden comprar dólares”, simplemente porque no tienen pesos para llegar a fin de mes y comprar lo básico para sobrevivir. El hundimiento del consumo, la realidad de millones de endeudados por usar la tarjeta de crédito para comprar comida, la preocupación por pagar el alquiler: ahí está el drama diario que se vive en los barrios populares o se discute en fábricas, oficinas o colegios.
Por todo eso, la bronca sigue creciendo. Y la necesidad de enfrentar una motosierra ahora recargada por las exigencias del FMI también. Un ejemplo de cómo hacerlo lo dan, todos los miércoles, las jubiladas y los jubilados, ya constituidos en emblema de la pelea. La CGT, presionada por abajo, tuvo que salir de su larga tregua y llamar a movilizarse en su apoyo el 9 de abril y a parar el 10. Ahora, tenemos la marcha convocada para el 30 de abril, en la cual desde el sindicalismo combativo se participará con una columna independiente, reclamando un nuevo paro general, ahora de 36 horas, y un plan de lucha.
Al mismo tiempo, sigue desplegándose el cronograma electoral. Ya pasaron la constituyente y las PASO de Santa Fe. Se vienen las elecciones en Salta, Chaco, Jujuy y San Luis. Además, se acerca la primera elección testigo nacional, la de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA).
Para muchos compañeros y compañeras, en lugares de trabajo, estudio o en los barrios populares, la discusión es cuál es la alternativa política para enfrentar al gobierno. Cómo expresar, en concreto, el sentimiento de ¡basta de Milei! Existen interrogantes acerca de si el peronismo puede ocupar ese espacio. Es lógico: el peronismo viene de gobernar desastrosamente con Alberto y Cristina Fernández, y Sergio Massa, hambreando al pueblo con un ajuste exigido por el FMI y cumplido a rajatabla, que terminó llevando al equivocado voto castigo que le dio el gobierno al facho de Milei. Pero, posteriormente, ni siquiera fue capaz de cumplir con su rol de principal fuerza de oposición patronal.
La crisis del peronismo se expresó en gobernadores que se pasaron, con su tropa de diputados y senadores, a apoyar al gobierno de La Libertad Avanza; en una CGT que estuvo más de seis meses en un pacto con el gobierno, mientras pasaba lo más brutal del superajuste; y en dirigentes peronistas a los que, más allá de los discursos, no se los vio nunca en la calle apoyando una lucha.
En un peronismo dividido incluso frente al propio juego electoral, llegando al extremo de la pelea entre Cristina y Axel Kicillof, todo por los cargos y la conducción del PJ, sin que en ningún caso se expresen programas políticos divergentes. Con algunos dirigentes “por fuera” que, buscando diferenciarse, terminan haciendo afirmaciones que son verdaderas goriladas y declaraciones de guerra contra las y los trabajadores docentes y de la salud, tal el caso de Juan Grabois.
Para nosotros, la conclusión es clara: el peronismo, en ninguna de sus vertientes, es alternativa para el pueblo trabajador. La auténtica salida política pasa por el Frente de Izquierda Unidad. Porque está presente en las calles, acompañando y participando de todas y cada una de las luchas. Porque es parte y aporta a la construcción del sindicalismo combativo. Porque, desde su bancada en el Congreso y en cada uno de los espacios parlamentarios donde tiene presencia, denunció y se opuso a cada una de las medidas del ajuste y la motosierra.
También, porque es la única fuerza que tiene un auténtico programa alternativo, que comienza con dejar de pagar la deuda y romper con el FMI, para priorizar, con ese dinero, resolver las necesidades populares más urgentes.
Desde Izquierda Socialista te convocamos a sumarte, para hacer más grande el Frente de Izquierda: votándolo y llamando a votarlo entre tus compañeras y compañeros de trabajo, estudio, familiares, vecinos y amigos. Además de defender sus votos en las próximas elecciones que se vienen. ¡Vení y formá parte de esta tarea!

Escribe José Castillo
La semana pasada, el directorio del FMI aprobó el nuevo acuerdo con Argentina. Serán 20 mil millones de dólares que engrosarán aún más la impagable deuda externa, mientras se usarán para pagar vencimientos anteriores y permitir que los pulpos especuladores continúen con la fuga de capitales.
Se firmó el acuerdo número 23 del país con el FMI. Todos, sin excepción, fueron catalogados como “el último”, “el punto de partida para el despegue económico”, “las buenas noticias del apoyo internacional y la confianza ante el programa económico”, y un largo etcétera de expresiones similares. En todos los casos, también sin excepción, todo terminó catastróficamente, después de un período más corto o más largo donde se ajustó hasta el hambre y el saqueo a nuestro pueblo para cumplir con las exigencias del organismo. Nunca se llegó al momento “del crecimiento y la redistribución”; todo terminó, siempre, explotando antes. Donde los costos los volvió a pagar, ¿cuándo no?, el propio pueblo trabajador.
¿Esta vez será diferente?
Eso es lo que dice Javier Milei, el presidente ultraderechista autoproclamado “especialista en crecimiento económico, con y sin dinero”. El mismo que, hace no demasiado tiempo, afirmaba que ir a pedirle auxilio al FMI era toda una señal de fracaso de cualquier plan económico. Milei y su ministro Luis Caputo afirman ahora que esta vez el programa del Fondo será un éxito porque vienen logrando el tan mentado “superávit fiscal” (a costa, claro, del hambre y la marginación popular).
La realidad está muy lejos de esta afirmación. Veamos. El préstamo será por 20 mil millones de dólares, con los que se busca financiar los vencimientos de capital de los próximos cuatro años con el FMI (no así los intereses, que habrá que pagarlos en efectivo). Pero además se “adelantaron” 12 mil millones de este monto ahora y luego se hará lo mismo con otros 3 mil en junio, para “fortalecer” las reservas del Banco Central. En concreto, para evitar que el tipo de cambio se le dispare a Milei, generando una crisis mayor que liquide sus chances electorales. El mecanismo, tantas veces repetido, consiste en utilizar esos dólares vendiéndolos barato a los pulpos especuladores, o sea, financiar la fuga de capitales.
Como los pagos de deuda en el futuro inmediato son enormes, ya que hay que sumar no solo al FMI, sino también a los acreedores privados, no hay préstamo que alcance. Por lo tanto, más temprano que tarde, el gobierno se terminará comiendo este monto, se requerirá un nuevo acuerdo y así seguiremos hasta el infinito.
Las exigencias del FMI
El acuerdo firmado no es gratuito, como nos quiere hacer creer Milei. Para empezar, el FMI venía reclamando una devaluación. Esta se dio de manera “disfrazada”, por medio de la creación de un sistema de bandas cambiarias, con un piso de 1000 y un techo de 1400 pesos por dólar. En los primeros días, el dólar oficial (ahora unificado con los paralelos) se ubicó por arriba de los 1100 pesos, es decir, con una devaluación real superior al 10%. Como era de esperar, esto empezó a generar una fuerte remarcación de precios, que rebotará sobre la inflación de abril e incluso la de mayo, pulverizando más aún los salarios y las jubilaciones.
Pero esto no es todo. Luego vendrá el clásico ajuste del FMI, reclamando más motosierra al Gobierno nacional, que ya respondió anunciando que profundizará el ajuste de este año hasta obtener un superávit del 1,9% del PBI. ¿Quién lo pagará? Como siempre, las y los jubilados, trabajadores del Estado (con despidos y mayor congelamiento salarial) y el conjunto del pueblo, con menos obras y una educación y salud aún más desfinanciadas.
También la llamada “letra chica” del acuerdo. Allí está el reclamo de acelerar las llamadas “reformas estructurales”: laboral, previsional y fiscal. La laboral implica, en la práctica, terminar con todos los derechos conquistados en décadas de luchas por el pueblo trabajador. La previsional, que ya arrancó con las jubilaciones muy por detrás de la inflación y con el fin de la moratoria, busca profundizarse con el aumento de la edad jubilatoria, la liquidación de los regímenes especiales y, finalmente, con la vuelta de la jubilación privada. Y la fiscal, que significa bajarle impuestos a los ricos y recortar al extremo el dinero para salud, educación, vivienda, ciencia y técnica, u obra pública.
Finalmente, el Fondo también exige acelerar las privatizaciones en curso, como los casos de Aerolíneas Argentinas o el Banco Nación.
Este acuerdo con el FMI no nos lleva a ningún lugar, salvo más pobreza, marginación y saqueo. La única salida, como venimos proclamando desde siempre en Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad, es romper todos los pactos políticos y económicos que nos atan al FMI, dejar inmediatamente de pagar la deuda externa y así poner todos esos recursos al servicio de un programa de emergencia que priorice las necesidades populares más urgentes.
Escribe Guido Poletti
Javier Milei afirma que el nuevo endeudamiento con el FMI no acrecentará la deuda argentina, ya que solo se trata de “cambiar una deuda por otra”. ¡Falso! Lo que realmente se propone es canjear Letras Inconvertibles de Tesorería, en la práctica un “papelito” que dice que el gobierno le “debe” al Banco Central, en pesos, sin intereses y renegociable ante cada vencimiento hasta el infinito, por deuda con el FMI. Se trata de una nueva deuda que sí exige pagar intereses (más del 5% anual en dólares), con estrictos plazos de vencimiento, en dólares y con un duro programa de ajuste a cumplir por el gobierno.
Se trata de un nuevo capítulo de la triste historia de la deuda externa argentina, que nació con la dictadura genocida y se duplicó al final de la misma debido a la estatización de la deuda privada llevada adelante por Domingo Cavallo. Una deuda ilegal, inmoral e ilegítima que luego fue reconocida por todos los gobiernos posteriores a 1983. Así, Raúl Alfonsín, Carlos Menem, Fernando De La Rúa, Eduardo Duhalde, los Kirchner, Mauricio Macri, Alberto Fernández y ahora Javier Milei ajustaron para pagar a costa del pueblo y, en todos los casos, terminaron con un nivel de endeudamiento superior al que accedieron al poder. Un caso paradigmático fue el de Néstor y Cristina, que agitaron falsamente que “nos habíamos desendeudado”, cuando la realidad fue que asumieron en 2003 con 190 mil millones de dólares de deuda, pagaron a lo largo de sus doce años de gobierno más de 200 mil millones de dólares en efectivo y terminaron con una deuda de 240 mil millones.

Afiche de la Juventud de Izquierda Socialista (JIS) de la campaña contra la deuda
¿Y si no pagamos?
Hubo un solo momento histórico en que se frenó, aunque sea parcialmente, la deriva hacia la decadencia y el desastre: fue cuando la rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001 impuso el “no pago”. De ahí salió el dinero que financió el primer programa para los desocupados, el “plan jefas y jefes de hogar”. Años después, entre 2002 y 2005, cuando Argentina volvió a pagar, hubo plata con la que, no sin duras luchas, muchos sectores recuperaron parte de lo perdido en la década del ‘90.
En esos años en que no se pagó una parte sustancial de la deuda, nadie nos “embargó” ni mucho menos “invadió o bombardeó”, como agitan desde el establishment económico. Por el contrario, el país creció, tuvo superávit gemelos (comercial y fiscal a la vez), pudo aprovechar el boom de los precios de las commodities exportando bienes agrícolas y la economía creció ininterrumpidamente. Justamente, el límite de esas políticas fue cuando el gobierno kirchnerista retomó a pleno los pagos de deuda.
Una hipoteca histórica que nos condena
La deuda externa argentina es una estafa. Y las estafas no se pagan. El carácter ilegal, inmoral, ilegítimo y fraudulento de la deuda argentina fue llevado a tribunales por una investigación impecable de Alejandro Olmos (padre), que culminó con el fallo ejemplar del juez federal Jorge Ballestero en el año 2000. Lamentablemente, envió las conclusiones al Congreso Nacional, y desde entonces duermen en algún cajón.
No tenemos salida si seguimos rigiendo nuestra economía por el cronograma de pagos de la deuda externa. Esta es impagable, imposible de afrontar, y seguirá creciendo hasta el infinito. Hay que cortarlo de raíz: suspender inmediatamente todo pago en concepto de deuda externa, repudiarla y, de una vez por todas, que esos miles de millones de dólares que se destinan a este fin se usen para pagar salarios y jubilaciones justas, crear trabajo genuino, construir viviendas populares y financiar la salud y la educación públicas.