Nov 28, 2021 Last Updated 2:13 PM, Nov 28, 2021

Más ajuste y más deuda

Después de dos años en los que Macri ha venido ajustando a los trabajadores, el gobierno de Cambiemos viene por más. La nueva ola de despidos y otro intento de imponer un techo salarial por debajo de la inflación están al servicio de garantizar los cada vez mayores pagos de deuda externa.

Escribe José Castillo

Macri ya pasó la mitad de su mandato. El balance es clarísimo: despidos masivos, tanto en el sector público como en la actividad privada. Lo poco que “se recuperó” en 2017 fue a costa de mayor empleo en negro, tercerizado o monotributista. A esto sumémosle que los salarios cayeron fuertemente frente a la inflación en estos dos años. Los tarifazos, las astronómicas remarcaciones de alimentos y artículos de limpieza por parte de los supermercados, y la aun mayor suba de los medicamentos pulverizaron los sueldos, las jubilaciones y ni qué hablar de los miserables subsidios de ayuda social.
Aunque el gobierno se la pasó hablando de que la economía se iba a recuperar “en el segundo semestre” (de 2016), que ya se veían “los brotes verdes” y otras mentiras, la realidad es que terminamos el 2017 con niveles de consumo popular por el piso y grandes sectores de la industria con la producción en baja.
La contracara de este ajuste contra los trabajadores está en “los que ganaron”: los monopolios exportadores del agro, beneficiados con la baja de retenciones y la devaluación; los bancos, que siguen con superganancias récord; los especuladores de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires (la que más ganancias dio en el mundo en 2017); los importadores de autos, especialmente los de lujo y, por supuesto, los acreedores externos que siguen de fiesta entre lo que cobran de intereses y el nuevo endeudamiento.

Se viene un mayor ajuste
Después de las elecciones legislativas el gobierno se lanzó a profundizar el ajuste. Impuso una reforma jubilatoria por la que se le robó 100.000 millones de pesos a nuestros abuelos. Macri afirma que, para que la economía crezca y “lleguen las inversiones”, hay que achicar el déficit fiscal (léase la diferencia entre lo que gasta el Estado y lo que recauda). Se trata de una vulgar mentira y una excusa para seguir atacando a los trabajadores y garantizar mayores privilegios a las patronales. Primero y principal, porque si lo que realmente quieren es “achicar el déficit” deberían subir los impuestos a los ricos, y el gobierno se jacta justamente de lo contrario: bajó el impuesto a las ganancias de las empresas de 35% a 25%, reduciendo los aportes patronales y haciendo lo mismo con las retenciones a los monopolios exportadores. Y, en lo que respecta al “gasto público”, solo achicó los subsidios a las empresas privatizadas, pero el costo no lo pagaron ellas (que siguen ganando fortunas mientras continúan estafándonos con servicios pésimos) sino los trabajadores y el pueblo con astronómicos tarifazos. Pero el total del gasto público no bajó, porque lo que se ahorró en estos menores subsidios se lo gastó en mayores pagos de intereses de la deuda (a razón de 1.100 millones de pesos diarios). ¡Esto es lo que hace que el famoso “déficit fiscal” siga tan alto como siempre!
El gobierno insiste que “tiene que bajarlo” en 2018. Para eso es el robo de 100.000 millones de pesos a los jubilados y la feroz tanda de despidos de trabajadores estatales.
Macri quiere también ponerle un techo de 15% y sin “cláusula gatillo” a las negociaciones paritarias, haciendo que los trabajadores otra vez suframos un recorte en el poder adquisitivo de nuestros salarios. Es un secreto a voces que la inflación de este año difícilmente baje de 20%, cosa que ya se visualiza con la nueva tanda de tarifazos.

Lo que más crece es la deuda externa
El gobierno de Cambiemos se lanzó a un endeudamiento desaforado, tanto a nivel nacional como en las provincias. Si sumamos el endeudamiento nacional, el provincial y las letras del Banco Central nos acercamos al increíble número de 400.000 millones de dólares. Un monto a todas luces impagable. Para no perder la costumbre, el macrismo inauguró enero de 2018 con 9.000 millones de dólares de nueva deuda, de un total programado para el año de 25.000 millones.
Todo esto hace que crezca también el monto de intereses en efectivo que hay que pagar año a año. Digámoslo claramente: el ajuste en el sector público (despidos, bajas jubilatorias, salarios de estatales, docentes y trabajadores de la salud a la baja) es para garantizar esos pagos.
Todo este nuevo endeudamiento sirve para “engrasar” el mecanismo de la llamada “bicicleta financiera”: los dólares son pasados a pesos por los especuladores, con eso compran los Lebac, lo que les permite hacerse una ganancia única en el mundo de 28%, para después “volver” al dólar y terminar fugando esos capitales del país. El gobierno de Macri les garantiza el negocio por partida doble: les ofrece los dólares que obtiene con mayor endeudamiento. Y luego, vía el Banco Central de Sturzenegger, al ofrecerles esas letras (Lebacs) con beneficios astronómicos. La apertura y desregulación financiera (ahora se anuncia que se va a poder comprar y vender dólares en cualquier lado, hasta en los kioscos) está al servicio de esos negociados.
La excusa de que todos esos privilegios para los ricos garantizarán “nuevas inversiones” y que eso generará crecimiento económico y un derrame hacia los sectores de menores recursos es una vulgar mentira. Como ejemplo tenemos a los monopolios exportadores, privilegiados particularmente por el gobierno de Macri, y cuyas exportaciones no sólo no crecieron sino que se redujeron generando un espectacular déficit de balanza comercial (la diferencia entre exportaciones e importaciones) de 8.500 millones de dólares. Déficit que, una vez más, fue “compensado” con más deuda externa. Ahora la suba del dólar, que en los últimos dos meses alcanzó un 13%, significa nuevas ganancias para estos pulpos,  que pagaremos los trabajadores con los aumentos que esa devaluación generará sobre los precios de consumo popular.
Macri dice que el “nuevo modelo de la Argentina que se abre al mundo” va a traernos inversiones y prosperidad. Lo único que garantiza el gobierno de Cambiemos es profundizar la semicolonización del país y la entrega de nuestras riquezas a los pulpos multinacionales, como se ve con los alimentos, el petróleo (con el ejemplo de Vaca Muerta) y el conjunto de los recursos naturales. Un país con mayores superganancias para las patronales y como contrapartida más miseria y marginación para los trabajadores y el pueblo, encadenada a la sangría eterna de pagar cada vez más deuda externa.

El reciente anuncio del presidente Macri de recorte de los cargos políticos es una cortina de humo para justificar el feroz ajuste sobre el conjunto de los trabajadores del Estado y, de paso, tratar de salir del escándalo ocasionado por el caso Triaca.
Supuestamente, la eliminación de mil puestos jerárquicos y el congelamiento del sueldo de los restantes permitirá un “ahorro” de 1.500 millones de pesos. Una gota de agua, comparados con los 100.000 millones que se les sacó a los jubilados.
Macri habla de este congelamiento para justificar su pedido de “sacrificio” al resto de los trabajadores estatales. Claro que los puestos jerárquicos “congelados” ganan en promedio 150.000 pesos por mes (y muchos de ellos mucho más), mientras que la mayoría de los empleados estatales sobrevive con sueldos menores.
En síntesis, un anuncio rimbombante y mentiroso para tapar el feroz ajuste al servicio de las patronales y los acreedores externos.                                           
                J.C.

El año 2018 arrancó con todo. El “cronograma” de aumentos incluye a los servicios públicos, pero también a los combustibles, la medicina prepaga y los celulares, entre otros.
En febrero la luz subirá 25%. Se trata de la segunda cuota (la primera fue en diciembre) de un aumento total de 66%. El agua subirá 26% para todos los usuarios, pero a eso hay que agregarle que se quitará el subsidio a los sectores vulnerables, que se verán más perjudicados aún por el incremento. También en febrero se viene el aumento en los colectivos (primera de las tres cuotas de 66%), trenes (65%) y subte (66%).
No sólo se trata del aumento de los servicios públicos. El gobierno de Macri también autorizará aumentos de otros precios regulados por el Estado. Es el caso de las cuotas de la medicina prepaga (6%, primera cuota del año, después de que se aumentó 88% en dos años).
A esto sumémosle que la “liberación” de los precios de los combustibles decretada por el ministro de Energía Juan José Aranguren sigue dando como resultado el aumento permanente de las naftas. En enero Shell ya aumentó 6% e YPF un 4,5%, previéndose nuevas subas para marzo.
Si a esto se agregan los “rebotes” de todos estos aumentos en el resto de los precios, vemos que empezó 2018 pegándole de lleno al bolsillo del trabajador.                             
                          J.C.

Mauricio, ignorante o muy chupamedias

Chupar las medias a los imperialistas es una práctica que el presidente, Mauricio Macri, ejerce con total naturalidad. Pero en Davos, con el cálido ambiente de los salones atestados de los más ricos y poderosos del mundo que lo aplaudían, se fue de boca. Allí, en su discurso, para subrayar su impulso a un acuerdo que someta aún más al Mercosur a la Unión Europea, aseguró que “en Sudamérica somos todos descendientes de europeos”.
Por supuesto que enseguida surgieron las críticas desde todos los sectores opositores, recordándole que la inmensa mayoría de la población del continente es de origen mestizo, producto de la conquista del continente a sangre y fuego por los genocidas europeos, y donde aún existen millones de descendientes de los pueblos originarios. Detrás de esta frase infeliz queda al desnudo el odio del presidente argentino hacia los molestos “indios”, como los mapuches con sus reclamos de derechos ancestrales sobre la tierra, a los que quiere literalmente “borrar del mapa”. Así lo vino demostrando en los brutales episodios de represión donde murieron Santiago Maldonado y Rafael Nahuel, todo al servicio de defender los intereses de sus amados “europeos” como el empresario italiano Benetton, dueño de un millón de hectáreas en la Patagonia.
Macri ve una Sudamérica de empresarios “blancos y europeos”, donde los “otros”, negros, mestizos e indios, solo son carne de explotación al servicio de las multinacionales, los bancos y el imperialismo.
G.M.

Macri llegó al Foro de Davos como un verdadero niño mimado de los ricos y poderosos del mundo. No sólo le reconocen su éxito político en las últimas elecciones parlamentarias sino que lo aplauden sin límites por haber logrado imponer la “reforma previsional” aprobada por el Congreso con la que logró robarle 100.000 millones de pesos anuales a los jubilados para traspasarlos a los banqueros y los fondos buitre. O porque ha favorecido a las grandes empresas con la rebaja de los derechos de exportación y de los impuestos corporativos.
En la comitiva oficial participaron el gobernador de Entre Ríos, Gustavo Bordet y Schiaretti de Córdoba. Estos dos gobernadores “opositores” y “peronistas” tienen el triste mérito de haber sido los que más activamente impulsaron el apoyo de sus senadores y diputados a la reforma jubilatoria y todas las demás leyes del gobierno nacional de Cambiemos.
La lista de figurones con los que se encontró Macri en Davos da la idea exacta de sus objetivos: representantes de Facebook, Coca-Cola, las petroleras British Petroleum y Total, la aseguradora Lloyds y el hombre más rico del mundo, Bill Gates. Entre los políticos figuraron la primera ministra alemana, Ángela Merkel; el primer ministro holandés, Mark Rutte, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau. Entre los directivos y empresarios argentinos que participaron de los encuentros con Macri en el foro se contaron Eduardo Elsztain (IRSA), Marcos Bulgheroni (Panamerican Energy), Marcelo y Damián Mindlin (Pampa Energía), Sebastián Bagó (Laboratorios Bagó), y Martín Eurnekian (Aeropuertos Argentina 2000).
Como era de esperarse, Macri fue muy aplaudido por la crema de los explotadores del mundo y de la Argentina. Lo mismo ya había sucedido en 2016, cuando el entonces recién asumido presidente fue “el mimado” del foro. Pero, al igual que en ese momento, los grandes patrones del planeta le exigieron “más ajuste” y “más productividad”. Traducido, que debe seguir atacando a los trabajadores y al pueblo para garantizarle las superganancias a las multinacionales.

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