Escribe José Castillo
La ley de artículo único que aprobó el acuerdo con el FMI se terminó votando en la Cámara de Diputados por 202 votos a favor, 37 en contra y 13 abstenciones. Las cuatro bancas del Frente de Izquierda Unidad no solo votaron en contra sino que fueron las únicas que propusieron desconocer el pacto Macri-FMI de 2018, se pronunciaron por el no pago de la deuda usurera y por destinar esos fondos a combatir el hambre, la pobreza y la desigualdad social.
Tal como lo veníamos denunciando, finalmente tanto el gobierno del Frente de Todos como la oposición patronal de Juntos por el Cambio cumplieron con las exigencias del imperialismo y el establishment y votaron el acuerdo con el FMI. El frente único, que incluía al 100% de las patronales que operan en el país, a los medios hegemónicos de comunicación (sean oficialistas u “opositores”) y a la burocracia sindical, hizo sonar la semana pasada con más fuerza que nunca su voz monocorde: “es arreglar con el Fondo o el caos”.
¿Qué significa el acuerdo con el Fondo?
No por haberlo repetido cientos de veces deja de ser importante volver a decirlo: se trata de un programa que exigirá un ajuste mayor al actual. Se expresará en un fuerte tarifazo, muy superior al previamente anunciado del 20%. No es cierto que no contiene reformas estructurales. Tras el eufemismo de “hacer un estudio para analizar su sustentabilidad” y “promover mecanismos voluntarios para extender la edad de retiro”, se generan los mecanismos para una próxima reforma jubilatoria que ataque en particular a los regímenes especiales, como el docente que es el más numeroso. Y, por sobre todo, el pacto con el Fondo incluye las terribles revisiones trimestrales, que significan en los hechos instalar un auténtico protectorado imperialista, casi permanente, que va a definir qué se acepta y qué no ante cada decisión política.
Un pacto complicado, en el que se comprometieron todos
El gobierno peronista de Alberto Fernández cometió un error político. Confundió el hecho de que todos estaban comprometidos a no romper con el Fondo, con la posibilidad de involucrarlos políticamente en los costos del plan económico (y por lo tanto del mayor ajuste que se viene). Chocó, por un lado, con la propia crisis del peronismo y la coalición gobernante. Que, como explicamos en otra nota (ver Carta de La Cámpora ¿Qué hay detrás del voto en contra de Máximo Kirchner?), no significa que el kirchnerismo realmente “se oponga al FMI” o esté en contra de pagar la deuda. Todo lo contrario. Tal como lo dijo el propio Máximo Kirchner, cuando presentó su renuncia a la presidencia del bloque del Frente de Todos en la Cámara de Diputados, ellos se comprometieron a “no poner palos en la rueda”.
Y por otro lado, Juntos por el Cambio, que obviamente siempre estuvo de acuerdo con los planes de ajuste del FMI, tampoco estaba dispuesto a quedar pegado a las consecuencias de la implementación concreta del programa del Fondo. Todo eso se resolvió con una negociación donde se terminó votando un proyecto con un artículo único (como explicamos en Las idas y vueltas del proyecto de ley / Un sólo artículo para someternos al FMI ). Macri terminó diciendo que “se sintió feliz” por el acuerdo: no era para menos, ya que el gobierno peronista le estaba reconociendo legalidad a la estafa que se había firmado en 2018.
El rol del FIT Unidad y lo que se viene
Sintetizando, para avalar el pacto con el FMI hubo otro gran pacto: el del Frente de Todos con el macrismo. Macri nos endeudó y el peronismo ‘nacional y popular’ paga con más ajuste.
Máximo Kirchner y La Cámpora, por su parte, votaron en contra. Pero en su comunicado señalan que su postura “no implica el desconocimiento de la deuda”, sino que había que acordar “en otras condiciones”. La realidad es que los veintiún acuerdos anteriores de la Argentina con el Fondo, y la totalidad de los pactos firmados del FMI con absolutamente todos los países del mundo, implicaron más ajuste, saqueo, dependencia y sometimiento.
Hay otro camino, el de desconocer el acuerdo con el FMI y dejar ya mismo de pagar esta deuda usurera, ilegítima y fraudulenta, destinando esos fondos a trabajo, salud, educación y vivienda. Nos han venido chantajeando, diciendo que esto sería el abismo. Pero al abismo nos han llevado el FMI y los planes de ajuste de todos los gobiernos. El hambre y la pobreza actual son por pagar, no por suspender los pagos. No es ninguna utopía lo que decimos. La rebelión del Argentinazo impuso el no pago y no nos invadieron ni embargaron. Por eso, seguiremos luchando por estas propuestas desde el Frente de Izquierda Unidad, junto al sindicalismo combativo y a las cientos de organizaciones con las que nos movilizamos el 11D y el 8F a Plaza de Mayo y el pasado jueves frente al Congreso.
Escribe José Castillo
Originalmente el gobierno de Alberto Fernández había presentado un proyecto de ley que contenía dos artículos. Por un lado, un primer artículo que autorizaba al gobierno a cerrar el acuerdo con el Fondo. Y por otro, un segundo artículo donde se explicaba el programa del Fondo, incluyendo las planillas con los detalles del plan de ajuste. El texto estaba acompañado por una exposición de motivos (los “considerandos”), donde el gobierno se explayaba en sus denuncias sobre la responsabilidad del macrismo en el endeudamiento con el FMI, y en el uso del dinero enviado por el Fondo, en particular la fuga de capitales.
El artículo 2 y las planillas adjuntas permitían ya desmentir al gobierno cuando decía que era un acuerdo “sin ajuste”, o que no habría tarifazos, o incluso que no estaba incluida ninguna reforma estructural (en particular la jubilatoria).
El hecho de que La Cámpora haya desaparecido del debate ya en las propias reuniones de comisiones puso a Alberto Fernández frente a que, más que nunca, necesitaba el apoyo de la oposición patronal de Juntos por el Cambio.
El FMI dejó deslizar que su único interés era que se aprobara la autorización del Congreso al gobierno argentino para firmar el acuerdo. Dio a saber que no le interesaba cómo se votaba, por cuanto salía aprobado el proyecto ni si además el proyecto incluía las características del propio plan de ajuste.
Juntos por el Cambio tomó este planteo del Fondo. Le caía como anillo al dedo, ya que por un lado estaba 100% de acuerdo con el pacto con el FMI, pero por el otro no le interesaba compartir los costos del ajuste que se viene con el gobierno del Frente de Todos. A la vez, aprovechó para presionar al gobierno exigiendo que se retiraran de los considerandos las críticas al gobierno de Macri.
El gobierno, en una negociación llevada adelante principalmente por Sergio Massa, y monitoreada personalmente por Alberto Fernández, terminó acordando con Juntos por el Cambio un nuevo proyecto de ley, constituido por un artículo único en el que el Congreso simplemente autorizaba la firma del acuerdo. O sea, toda la cháchara sobre el Congreso como espacio de debate, o lugar donde se definen las políticas relativas al endeudamiento, desapareció de un plumazo. Quedó al desnudo lo que significa el Parlamento para los partidos patronales, sea quien sea el que coyunturalmente ejerza el gobierno: una mera escribanía que cumple los mandatos del amo imperialista, en este caso de su principal agente, el Fondo Monetario Internacional.
Escribe Guido Poletti
Itaí Hagman, referente de Patria Grande, y Juan Carlos Alderete, del PCR, estuvieron dentro de los pocos diputados oficialistas que hablaron en contra del acuerdo. También lo hizo Natalia Zaracho, compañera de agrupación de Hagman.
En los casos de Hagman y Alderete, la trama de sus discursos fue prácticamente calcada. Hicieron una descripción en general correcta de los males que nos traerá el acuerdo con el Fondo y del carácter imperialista de este organismo.
Pero, luego, sostuvieron que ello no era motivo para romper con el Frente de Todos. Itaí Hagman llegó a decir que lo que había era apenas “un matiz menor”. Ambos agradecieron a la presidencia del bloque oficialista su “democracia” al dejarlos expresar su disidencia. Y reafirmaron la continuidad de su pertenencia al oficialismo, “para que no vuelva la derecha”. El caso de Hagman es más patético aún, ya que era, hasta el lunes de la semana pasada, miembro de la comisión de presupuesto por el Frente de Todos, y fue desplazado de ese cargo para que hubiera más diputados oficialistas votando a favor el dictámen. Hagman aceptó esta maniobra en absoluto silencio.
La otrora izquierda independiente de Hagman y Patria Grande, o los maoístas del PCR, que supieron tener entre los puntos centrales de su programa el rechazo a la deuda externa y al FMI, terminan así patéticamente el giro que iniciaron ya hace tiempo hacia el kirchnerismo. No organizaron absolutamente ninguna resistencia al pacto con el Fondo, se mantuvieron en silencio, por orden de Cristina, todos los días previos, y finalmente se pronunciaron en contra para lavarse la cara a futuro, mientras insistían que el gran desafío no es enfrentar el ajuste que se viene sino evitar que se rompa el Frente de Todos. Un patético intento de disimular y contener “por izquierda” la sumisión al FMI.
Escribe Guido Poletti
Hugo Yasky, secretario general de la CTA y Sergio Palazzo, líder de la Asociación Bancaria, se abstuvieron en la votación. En silencio. No se les escuchó una palabra en el recinto. Ni, mucho menos, ningún atisbo de organización de los trabajadores para resistir el pacto con el Fondo y el ajuste que se viene. Toda una imagen de una burocracia sindical que, mientras busca lavarse la cara y presentarse como “progresista”, mantiene firmemente las riendas de su acuerdo con el gobierno. Mañana dirán que ellos “no votaron el acuerdo con el Fondo”. Por supuesto, no harán nada para impedir el ajuste que se viene.
El pasado jueves 10 de marzo se llevó a cabo una multitudinaria movilización mientras se votaba en la Cámara de Diputados el pacto del gobierno y la oposición patronal con el FMI. La importante manifestación fue convocada por el Frente de Izquierda Unidad, el sindicalismo combativo, el resto de la izquierda y decenas de organizaciones sociales, ambientales, estudiantiles, de derechos humanos y feministas. Hubo incidentes, represión, la detención de Oscar Santillán y el martes 15 allanamientos a locales de diversas organizaciones y el pedido de detención de Roberto Martino, perteneciente al MTR histórico.
Nuestro diputado electo Juan Carlos Giordano señaló en un comunicado: “Los incidentes del jueves pasado no tienen que ocultar la gran marcha que volvimos a protagonizar contra el pacto del gobierno y la oposición patronal con el FMI. Marcha convocada por el FIT Unidad y decenas de organizaciones. Ese día hubo distintos sectores minoritarios cuando se provocaron los incidentes, los cuales no compartimos. Y se desató la represión. Lamentablemente casi se habló más de los incidentes que del masivo repudio político al pacto con el FMI sellado entre peronistas y macristas de Juntos por el Cambio, por el cual convocamos a la marcha. Repudiamos la represión y la persecución que se desató con detenciones y terribles imputaciones penales por los que se los acusa a los detenidos.
Se acusa y detiene por asociación ilícita (delito no excarcelable), es decir, por pertenecer a determinadas organizaciones cuyo objeto sería la de “cometer delitos determinados”. Cuando la única realidad es que estas organizaciones vienen participando en las movilizaciones desde hace años.
Perseguir a un dirigente porque pertenecería a una organización señalada de “peligrosa y delictiva” es inadmisible y un claro antecedente que no puede pasar, ya que se podría extender a cualquier organización que luche, sea sindical, social, de derechos humanos, juvenil, feminista, ambiental o política. Los mismos políticos patronales y jueces que nunca condenaron la verdadera asociación ilícita que vino pactando acuerdos mafiosos con el FMI durante años, ni a sus responsables políticos, se erigen hoy en sentenciadores de quienes se manifiestan en contra. Llamamos a las distintas organizaciones a repudiar estos hechos, a exigir el cese de la persecución y la libertad de los detenidos”.