Jun 22, 2024 Last Updated 12:09 PM, Jun 20, 2024

Escribe Prensa UIT-CI

En Gaza disparan contra una multitud reunida para recibir ayuda humanitaria. Los asesinados superan el centenar y hay más de 800 heridos.

El Estado sionista de Israel, de la mano de su gobierno ultraderechista y de su ejército asesino, ha cometido una nueva masacre. Podríamos decir que es una más, en el marco de las sistemáticas matanzas que viene llevando adelante desde la invasión a la Franja de Gaza en octubre pasado. Pero no debemos acostumbrarnos. No podemos normalizar un acto más de este auténtico genocidio. Que sucede el mismo día que la cifra de muertos (léase asesinados) en Gaza superó las 30.000 personas, que podrá ser superior.

En este caso, el ejército sionista disparó contra una multitud de gazatíes que, simplemente, se amontonaban desesperados frente a un sitio de reparto de comida en la calle Al Rashid, en el sureste de la ciudad de Gaza, en el marco de la hambruna provocada deliberadamente por Israel en la Franja. Había llegado a ese sitio un convoy de ayuda humanitaria compuesto por 32 camiones y la multitud hambrienta se acercó para intentar recibir algo. Las tropas sionistas aprovecharon para disparar sobre ellas: a los muertos y heridos, se sumó, sin duda, los provocados por la estampida, varios de ellos aplastados por los propios camiones del convoy. Israel aprovechó esto último para tratar de enmascarar la matanza en una “estampida”, pero los datos son contundentes: miles de víctimas en el hospital Shifa con heridas de metralla, balas y munición. Los asesinados superan el centenar y hay más de 800 heridos.

Cínicamente, el gobierno sionista habló de un “incidente” y argumentó que las muertes se habían producido “en una avalancha”, aunque contradictoriamente admitió al mismo tiempo que “abrió fuego contra un pequeño grupo percibido como amenaza”. El propio comunicado israelí termina reconociendo dos cosas: primero, el estado de hambruna y desastre a que la invasión ha sometido al pueblo palestino en Gaza (2,2 a 2,4 millones de personas en esas condiciones, según datos de la propia ONU). Y segundo, que sí, efectivamente, el ejército sionista disparó contra una simple cola de personas que esperaban alimentos.

Esta masacre se suma a las que cotidiana y sistemáticamente viene llevando adelante el estado sionista y su gobierno de ocupación. Si quedaba alguna duda de que estamos frente a un auténtico régimen de apartheid contra el pueblo palestino, similar al que existió durante décadas en Sudáfrica, ahora el gobierno sionista lleva adelante dentro de ese régimen, e incluso lo dice abiertamente en la boca de varios de sus ministros y del propio Netanyahu, un “vaciamiento” de la Franja de Gaza. En concreto, se trata de destruir lo que hasta ahora era un verdadero ghetto a cielo abierto. Dramáticamente similar a lo que hicieron losnazis cuando liquidaron el Ghetto de Varsovia en abril de 1943.

Frente a este auténtico genocidio y limpieza étnica, las condenas mundiales se multiplican. Desde las tibias protestas de gobiernos imperialistas europeos, pasando por las más enfáticas de otros como el de Brasil o la promoción de la condena ante el Tribunal Internacional de la Haya llevada adelante por Sudáfrica. En el caso de esta masacre en particular, el propio Consejo de Seguridad de la ONU se vio obligado a tratar el caso, en una reunión reclamada por 14 de sus 15 miembros, donde una vez más, como siempre, el simple texto de condena fue vetado por el gobierno yanqui.

Evidentemente con esto no alcanza. Y nada podemos esperar de gobiernos y organismos que, con mayor o menor disimulo, sigue apoyando al Estado de Israel en su histórica política de apartheid contra el pueblo palestino. Lo que crece, y se multiplica, es el repudio de los pueblos del mundo. Con manifestaciones multitudinarias en las principales ciudades del planeta, en los cinco continentes. Un hecho de enorme impacto, hace apenas unos días, fue la inmolación en la puerta de la embajada de Israel en el propio Washington del soldado norteamericano Aaron Bushnell, al grito de “ya no seré cómplice del genocidio”.

Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores Cuarta Internacional (UIT-CI) repudiamos esta nueva masacre, muestra del genocidio que está llevando adelante el sionismo. Y llamamos a redoblar las expresiones de apoyo y solidaridad con la resistencia palestina. Exigiendo a todos los gobiernos la ruptura de relaciones con Israel. No sólo las diplomáticas, sino todas las que implique intercambios o acuerdos comerciales, de inversiones, militares, deportivas, culturales o de cualquier tipo. ¡Sigamos siendo miles en las calles del mundo repudiando la ocupación y masacre sionista y apoyando la resistencia heroica del pueblo palestino!

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores Cuarta Internacional (UIT-CI)
2 de marzo 2024

Escribe Ilan Pappe* (sinpermiso.info)

El profesor Ilan Pappe, de origen judío, habló en el Día Anual de Conmemoración del Genocidio del IDHC en Londres, Reino Unido, el 21 de enero de 2024, sobre la necesidad de comprender que el genocidio de palestinos que estamos presenciando actualmente, por brutal que sea, es también la desaparición del llamado Estado judío. Tenemos que estar preparados para imaginar un nuevo mundo más allá de él.

La idea de que el sionismo es colonialismo de asentamiento no es nueva. Los académicos palestinos de los años sesenta que trabajaban en Beirut en el Centro de Investigación de la OLP ya comprendieron que a lo que se enfrentaban en Palestina no era un proyecto colonial clásico.  No encuadraban a Israel sólo como una colonia británica o estadounidense, sino que lo consideraban un fenómeno que existía en otras partes del mundo; lo definían como colonialismo de colonos.  Es interesante que durante 20 o 30 años la noción de sionismo como colonialismo de colonos desapareciera del discurso político y académico.  Volvió cuando estudiosos de otras partes del mundo, sobre todo de Sudáfrica, Australia y Norteamérica, coincidieron en que el sionismo es un fenómeno similar al movimiento de los europeos que crearon Estados Unidos, Canadá, Australia, Nueva Zelanda y Sudáfrica.  Esta idea nos ayuda a comprender mucho mejor la naturaleza del proyecto sionista en Palestina desde finales del siglo XIX hasta hoy, y nos da una idea de lo que podemos esperar en el futuro.

Creo que esta idea concreta de los años 90, que conectaba tan claramente las acciones de los colonos europeos, especialmente en lugares como Norteamérica y Australia, con las acciones de los colonos que llegaron a Palestina a finales del siglo XIX, dilucidó claramente las intenciones de los colonos judíos que colonizaron Palestina y la naturaleza de la resistencia local palestina a esa colonización. Los colonos siguieron la lógica más importante adoptada por los movimientos coloniales de colonos y es que para crear una comunidad colonial de colonos exitosa fuera de Europa hay que eliminar a los nativos del país que se ha colonizado. Esto significa que la resistencia indígena a esta lógica fue una lucha contra la eliminación, y no sólo contra la liberación. Esto es importante cuando se piensa en el funcionamiento de Hamás y otras operaciones de resistencia palestinas desde 1948.

Los propios colonos, como en el caso de muchos de los europeos que llegaron a Norteamérica, Centroamérica o Australia, eran refugiados y víctimas de la persecución. Algunos de ellos eran menos desafortunados y sólo buscaban una vida mejor y mejores oportunidades. Pero la mayoría eran parias en Europa y buscaban crear una Europa en otro lugar, una nueva Europa, en lugar de la Europa que no los quería.  En la mayoría de los casos, eligieron un lugar donde ya vivían otros, los indígenas. Y así, el núcleo más importante entre ellos fue el de sus líderes e ideólogos que proporcionaron justificaciones religiosas y culturales para la colonización de tierras ajenas. A esto se puede añadir la necesidad de apoyarse en un Imperio para iniciar la colonización y mantenerla, aunque en su momento los colonos se rebelaran contra el imperio que les ayudaba y exigieran y lograran la independencia, que en muchos casos obtuvieron y luego renovaron su alianza con el imperio. La relación anglo-sionista que se convirtió en alianza anglo-israelí es un ejemplo de ello.

La idea de que se puede eliminar por la fuerza a la gente de la tierra que uno quiere, es probablemente más comprensible -no justificada- en el contexto de los siglos XVI, XVII y XVIII, porque iba acompañada de un respaldo total al imperialismo y al colonialismo. Se alimentaba de la deshumanización común de los demás pueblos no occidentales, no europeos. Si deshumanizas a la gente puedes eliminarla más fácilmente.  Lo que fue tan singular del sionismo como movimiento colonial de colonos es que apareció en la escena internacional en un momento en el que la gente de todo el mundo había empezado a recapacitar sobre los derechos de eliminar a los pueblos indígenas, de eliminar a los nativos y, por tanto, podemos entender el esfuerzo y la energía invertidos por los sionistas y más tarde por el Estado de Israel en tratar de encubrir el verdadero objetivo de un movimiento colonial de colonos como el sionismo, que era la eliminación de los nativos.

Pero hoy en Gaza están eliminando a la población nativa delante de nuestros ojos, así que ¿cómo es que casi han renunciado a 75 años de intentar ocultar sus políticas eliminatorias?  Para entenderlo tenemos que apreciar la transformación de la naturaleza del sionismo en Palestina a lo largo de los años.

En las primeras fases del proyecto colonialista de colonos sionistas, sus dirigentes llevaban a cabo sus políticas eliminatorias con un auténtico intento de cuadrar el círculo afirmando que era posible construir una democracia y al mismo tiempo eliminar a la población nativa. Existía un fuerte deseo de pertenecer a la comunidad de naciones civilizadas y los dirigentes asumieron, sobre todo después del Holocausto, que las políticas eliminatorias no excluirían a Israel de esa asociación.

Para cuadrar este círculo, los dirigentes insistieron en que sus acciones eliminatorias contra los palestinos eran una «represalia» o «respuesta» contra las acciones palestinas.  Pero muy pronto, cuando estos dirigentes quisieron pasar a acciones de eliminación más sustanciales, abandonaron el falso pretexto de la «represalia» y simplemente dejaron de justificar lo que hacían.

En este sentido, existe una correlación entre la forma en que se desarrolló la limpieza étnica en 1948 y en las operaciones de los israelíes en Gaza hoy en día.   En 1948, los dirigentes se justificaban a sí mismos cada masacre cometida, incluida la infame masacre de Deir Yassine del 9 de abril, como la reacción a una acción palestina: podría haber sido tirar piedras al autobús o atacar un asentamiento judío, pero tenía que presentarse interna y externamente como algo que no surge de la nada, como defensa propia. De hecho, por eso el ejército israelí se llama «Fuerzas de Defensa Israelíes».  Pero como se trata de un proyecto colonial de colonos, no puede confiar todo el tiempo en las «represalias».

Las fuerzas sionistas comenzaron la limpieza étnica durante la Nakba en febrero de 1948, durante un mes todas estas operaciones se presentaron como represalias a la oposición palestina al plan de partición de la ONU de noviembre de 1947. El 10 de marzo de 1948, los dirigentes sionistas dejaron de hablar de represalias y adoptaron un plan maestro para la limpieza étnica de Palestina.  Desde marzo de 1948 hasta finales de 1948, la limpieza étnica de Palestina que condujo a la expulsión de la mitad de la población palestina, a la destrucción de la mitad de sus pueblos y a la desarabización de la mayoría de sus ciudades, se llevó a cabo como parte de un plan maestro sistemático e intencionado de limpieza étnica.

Del mismo modo, tras la ocupación de Cisjordania y la Franja de Gaza en junio de 1967, cada vez que Israel quería cambiar fundamentalmente la realidad o emprender una operación de limpieza étnica a gran escala, prescindía de la necesidad de justificación.

Hoy asistimos a un patrón similar. Al principio las acciones se presentaron como represalias a la operación Tufun al-Aqsa, pero ahora se trata de la guerra denominada «espada de guerra», cuyo objetivo es devolver Gaza al control directo de Israel, pero limpiando étnicamente a su población mediante una campaña de genocidio.

La gran pregunta es ¿por qué los políticos, periodistas y académicos de Occidente cayeron en la misma trampa en la que habían caído en 1948? ¿Cómo es posible que todavía hoy se crean la idea de que Israel se está defendiendo en la Franja de Gaza?  ¿Que está reaccionando a las acciones del 7 de octubre?

O tal vez no estén cayendo en la trampa.  Puede que sepan que lo que Israel está haciendo en Gaza es utilizar el 7 de octubre como pretexto.

En cualquier caso, hasta ahora, el hecho de que los israelíes invoquen un pretexto cada vez que agreden a los palestinos ha ayudado al Estado a mantener el escudo de inmunidad que le permitía llevar a cabo sus políticas criminales sin temor a ninguna reacción significativa de la comunidad internacional.  El pretexto ayudó a acentuar la imagen de Israel como parte del mundo democrático y occidental y, por tanto, más allá de cualquier condena y sanción.  Todo este discurso de defensa y represalias es importante para el escudo de inmunidad del que goza Israel por parte de los gobiernos del Norte Global.

Pero al igual que en 1948, también hoy Israel, a medida que se prolonga su operación, prescinde del pretexto, y es entonces cuando incluso a sus mayores apoyos les resulta difícil respaldar sus políticas. La magnitud de la destrucción, las matanzas masivas en Gaza, el genocidio, están a tal nivel que a los israelíes les resulta cada vez más difícil persuadirse incluso a sí mismos de que lo que están haciendo es realmente autodefensa o reacción.  Así pues, es posible que en el futuro cada vez a más gente le resulte difícil aceptar esta explicación israelí del genocidio en Gaza.

Para la mayoría de la gente está claro que lo que hace falta es un contexto y no un pretexto. Histórica e ideológicamente, está muy claro que el 7 de octubre se utiliza como pretexto para completar lo que el movimiento sionista fue incapaz de completar en 1948.

En 1948 el movimiento colonial de colonos del sionismo utilizó un conjunto particular de circunstancias históricas sobre las que he escrito en detalle en mi libro The Ethnic Cleansing of Palestine (La limpieza étnica de Palestina), para expulsar a la mitad de la población de Palestina.  Como ya he mencionado, en el proceso destruyeron la mitad de los pueblos palestinos, demolieron la mayoría de las ciudades palestinas y, sin embargo, la mitad de los palestinos permanecieron dentro de Palestina.  Los palestinos que se convirtieron en refugiados fuera de las fronteras de Palestina continuaron la resistencia de los palestinos y por lo tanto el ideal colonial de los colonos de eliminar al nativo no se cumplió e incrementalmente Israel utilizó todo su poder desde 1948 hasta hoy para continuar con la eliminación del nativo.

La eliminación del nativo desde el principio hasta el final incluye no sólo una operación militar, por la que se ocupa un lugar, se masacra a la gente o se la expulsa.  La eliminación tiene que estar justificada o convertirse en una inercia y la forma de hacerlo es la deshumanización constante de aquellos a los que pretendes eliminar.  No se puede matar masivamente a la gente o genocidar a otro ser humano a menos que se le deshumanice.  Así pues, la deshumanización de los palestinos es un mensaje explícito e implícito que se transmite a los judíos israelíes a través de su sistema educativo, su sistema de socialización en el ejército, los medios de comunicación y el discurso político. Este mensaje debe transmitirse y mantenerse si se quiere completar la eliminación.

Así que estamos asistiendo a un nuevo intento especialmente cruel de completar la eliminación. Sin embargo, no todo es inútil. De hecho, irónicamente, esta particular destrucción inhumana de Gaza expone el fracaso del proyecto colonial de los colonos del sionismo. Esto puede sonar absurdo, porque estoy describiendo un conflicto entre un pequeño movimiento de resistencia, el movimiento de liberación palestino, y un poderoso Estado con una maquinaria militar y una infraestructura ideológica centradas únicamente en la destrucción del pueblo autóctono de Palestina. Este movimiento de liberación no tiene una alianza fuerte detrás de él, mientras que el estado al que se enfrenta, goza de una poderosa alianza detrás de él – desde los Estados Unidos a las corporaciones multinacionales, las empresas de seguridad de la industria militar, los medios de comunicación dominantes y la academia dominante – estamos hablando de algo que casi suena desesperado y deprimente porque tienes esta inmunidad internacional para las políticas de eliminación que comienzan desde las primeras etapas del sionismo hasta hoy.  Parecerá probablemente el peor capítulo del intento israelí de impulsar las políticas de eliminación a un nuevo tipo de nivel en un esfuerzo mucho más concentrado de matar a miles de personas en un corto período de tiempo como nunca se han atrevido a hacer antes.

Entonces, ¿cómo puede ser también un momento de esperanza? En primer lugar, este tipo de entidad política, un Estado, que tiene que mantener la deshumanización de los palestinos para justificar su eliminación es una base muy inestable si miramos hacia un futuro más lejano.

Esta debilidad estructural ya era evidente antes del 7 de octubre y parte de esta debilidad es el hecho de que si se quita el proyecto de eliminación, hay muy poco que una al grupo de personas que se definen a sí mismas como la nación judía en Israel.

Si excluyes la necesidad de luchar y eliminar a los palestinos, te quedas con dos bandos judíos enfrentados, que vimos realmente luchando en las calles de Tel Aviv y Jerusalén hasta el 6 de octubre de 2023.  Enormes manifestaciones entre judíos laicos, aquellos que se describen a sí mismos como judíos laicos -en su mayoría de origen europeo- que creen que es posible crear un estado democrático pluralista mientras se mantiene la ocupación y el apartheid hacia los palestinos dentro de Israel, se enfrentaban a un nuevo tipo de sionismo mesiánico que se desarrolló en los asentamientos judíos de Cisjordania, lo que yo llamé en otro lugar el Estado de Judea, que apareció de repente entre nosotros, creyendo que ahora tienen la forma de crear una especie de teocracia sionista sin ninguna consideración por la democracia, y creyendo que ésta es la única visión para un futuro Estado judío.

No hay nada en común entre estas dos visiones, aparte de una cosa: a ambos campos no les importan los palestinos, ambos campos creen que la supervivencia de Israel depende de la continuación de las políticas de eliminación hacia los palestinos. Esto no se va a sostener.  Esto va a desintegrarse e implosionar desde dentro porque en el siglo XXI no se puede mantener unido un Estado y una sociedad sobre la base de que su sentido compartido de pertenencia es formar parte de un proyecto genocida eliminatorio. Puede funcionar definitivamente para algunos, pero no puede funcionar para todos.

Ya hemos visto indicios de ello antes del 7 de octubre, como israelíes que tienen oportunidades en otras partes del mundo debido a su doble nacionalidad, sus profesiones y sus capacidades financieras, están pensando seriamente en trasladar tanto su dinero como a ellos mismos fuera del Estado de Israel.  Lo que quedará es una sociedad económicamente débil, dirigida por este tipo de fusión de sionismo mesiánico con racismo y políticas eliminatorias hacia los palestinos.  Sí, la balanza de poder al principio estaría del lado de la eliminación, no con las víctimas de la eliminación, pero la balanza de poder no es sólo local, la balanza de poder es regional e internacional, y cuanto más opresivas sean las políticas eliminatorias (y es terrible decirlo pero es cierto) menos se podrán encubrir como «respuesta» o «represalia» y más se verán como una brutal política de genocidio. Por lo tanto, es menos probable que la inmunidad de la que goza Israel hoy continúe en el futuro.

Por lo tanto, realmente creo que en este momento tan oscuro lo que estamos viviendo -y es un momento oscuro porque la eliminación de los palestinos ha pasado a un nuevo nivel- no tiene precedentes. En términos del discurso empleado por Israel, y de la intensidad y el propósito de las políticas eliminatorias, no hubo un periodo así en la historia, esta es una nueva fase de la brutalidad contra los palestinos.  Ni siquiera la Nakba, que fue una catástrofe inimaginable, se puede comparar con lo que estamos viendo ahora y con lo que vamos a ver en los próximos meses. En mi opinión, estamos en los tres primeros meses de un periodo de dos años que será testigo del peor tipo de horrores que Israel puede infligir a los palestinos.

Pero incluso en este oscuro momento debemos comprender que los proyectos coloniales de los colonos que se desintegran siempre utilizan los peores medios para intentar salvar su proyecto.  Así ocurrió en Sudáfrica y en Vietnam del Sur.  No digo esto como un deseo, ni como un activista político: Lo digo como estudioso de Israel y Palestina con toda la confianza de mis cualificaciones académicas. Sobre la base de un sobrio examen profesional, afirmo que estamos asistiendo al final del proyecto sionista, no cabe duda.

Este proyecto histórico ha llegado a su fin y se trata de un final violento: este tipo de proyectos suelen derrumbarse violentamente, por lo que se trata de un momento muy peligroso para las víctimas de este proyecto, y las víctimas son siempre los palestinos junto con los judíos, porque los judíos también son víctimas del sionismo. Por lo tanto, el proceso de colapso no es sólo un momento de esperanza, es también el amanecer que surgirá después de la oscuridad, y es la luz al final del túnel.

Sin embargo, un colapso así produce un vacío. El vacío aparece de repente; es como un muro que se erosiona lentamente por las grietas que se abren en él, pero luego se derrumba en un breve instante. Y hay que estar preparado para esos derrumbes, para la desaparición de un Estado o la desintegración de un proyecto colonial de colonos. Vimos lo que ocurrió en el mundo árabe, cuando el caos del vacío no fue llenado por ningún proyecto constructivo y alternativo; en tal caso el caos continúa.

Una cosa está clara, quien piense en la alternativa al Estado sionista no debe buscar en Europa u Occidente modelos que sustituyan al Estado que se derrumba. Hay modelos mucho mejores que son locales y son legados de los pasados recientes y más lejanos del Mashraq (el Mediterráneo oriental) y del mundo árabe en su conjunto. El largo periodo otomano cuenta con modelos y legados de este tipo que pueden ayudarnos a tomar ideas del pasado para mirar hacia el futuro.

Estos modelos pueden ayudarnos a construir un tipo de sociedad muy diferente que respete las identidades colectivas así como los derechos individuales, y que se construya desde cero como un nuevo tipo de modelo que se beneficie del aprendizaje de los errores de la descolonialización en muchas partes del mundo, incluido el mundo árabe y África. Es de esperar que esto cree un tipo diferente de entidad política que tendría un impacto enorme y positivo en el mundo árabe en su conjunto.

29/9/2024.

*Ilan Pappées Catedrático de Historia, de origen judio, y Director del Centro Europeo de Estudios Palestinos de la Universidad de Exeter. Es autor de numerosos libros, el más reciente de los cuales es The Biggest Prison on Earth: A History of the Israeli Occupation of Palestine (Oneworld, 2015), The Idea of Israel (Verso, 2014) y The Modern Middle East; A Social and Cultural History (Routledge, 2014).

Por Prensa UIT-CI

Apoyemos a la resistencia del pueblo ucraniano. ¡Fuera tropas rusas!

Se cumplen dos años de la invasión rusa de Ucrania iniciada el 24 de febrero de 2022. Putin calculaba que en pocas semanas tomaba la capital Kiev y triunfaba la invasión. Pero se encontró con la heroica resistencia del pueblo ucraniano que hizo retroceder a las tropas de Putin. Ha sido esa resistencia popular-militar la que ha hecho que hayan pasado dos años y que el asesino de Putin no haya podido triunfar.

La situación sigue sin definirse. Tras el fracaso de la contraofensiva ucraniana del verano europeo, Rusia ha pasado al ataque, aprovechando el escaso suministro de armas y municiones a Kiev por parte del imperialismo yanky y europeo. En los últimos días, después de combates encarnizados, ha caído Avdiivka, en el frente Este. Desde principios de 2024 se han intensificado los bombardeos sobre infraestructuras civiles, no sólo en el frente, sino en todo el territorio, siguiendo con la estrategia de desgaste de la población.

La política del imperialismo norteamericano y europeo es evitar un triunfo contundente de Ucrania y también una derrota contundente de Putin y Rusia. Desde un primer momento retacearon la ayuda militar a Ucrania y han intentado de toda forma presionar a Zelensky para que abriera una negociación en la cual cediera parte de su territorio. Esto fue público en el Davos 2022 con lo dicho por el fallecido Henry Kissinger y se manifestó de distintas formas a través de Macron y del Vaticano. Tal es así que al momento de la invasión Biden y Macron le ofrecieron a Zelensky un avión para sacarlo y darle seguridad. O sea, le aconsejaban rendirse. La invasión del imperialismo ruso solo fue detenida por el heroísmo de la resistencia popular-militar ucraniana. El mismo Zelensky denuncia que no reciben el armamento y las municiones prometidas. Recién a fines del 2023, enviaron algunos tanques modernos y Biden se sigue negando, por ejemplo, a dar apoyo de aviación de combate de la cual carece Ucrania. Y es totalmente falso el argumento de que EE.UU. y el imperialismo europeo que no tienen condiciones industriales de producir mayor cantidad de municiones.

Mientras tanto Estados Unidos está dispuesto a salvar a Israel a cualquier precio, porque es un proyecto estratégico para el imperialismo para el control de los recursos en Oriente Próximo, mientras que Ucrania es para Washington una pieza más, moneda de cambio. Demócratas y republicanos están de acuerdo en dar pleno apoyo al Estado genocida de Israel. Se evidencia la doble moral imperialista, que no tiene problema en escandalizarse con los crímenes de guerra rusos (ataques a escuelas, hospitales o a estructuras de la población civil), pero apoya cuando crímenes como éstos o mayores los comete su aliado sionista.

Hace dos años, Ucrania resistió la invasión relámpago que planeaba Rusia con una respuesta popular masiva. Putin justificó la agresión con un discurso colonizador que criticaba a Lenin por el derecho a la autodeterminación de los pueblos y recuperaba a Stalin y al chovinismo gran ruso. El pueblo ucraniano se levantó masivamente contra la invasión.

La situación militar de Ucrania es preocupante y provoca graves tensiones internas. Zelenski ha destituido al comandante jefe del Ejército, Valeri Zaluzhni y al jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas de Ucrania, Sergi Shaptala. A la dificultad del ejército ucraniano de conseguir armamento, por el boicot del imperialismo yanky y europeo, se suma la de reclutamiento. Si al principio no había fusiles por tantas manos disponibles, pero ahora, el sacrificio de tantos jóvenes y militares profesionales fallecidos en el frente o, el fracaso de la contraofensiva, una perspectiva incierta y el desgaste generan resistencias al reclutamiento. Tampoco ayuda a la resistencia las medidas antiobreras que el gobierno de Zelenski ha aplicado y que protegen los intereses de la patronal y la oligarquía, que fueron contestadas por los sindicatos. No son los oligarcas quienes defienden en el frente militar, sino la gente trabajadora. Ni tampoco ayuda el proyecto capitalista de “optimización” de Zelensky, con privatización de los principales servicios públicos como la sanidad y la educación y también de otras importantes empresas.

Es lógico que el gobierno ucraniano busque armamento allá donde pueda, pero Zelenski fía su política de defensa a los imperialistas. Pero la dependencia política de EE.UU., la Unión Europea y el apoyo a los sectores más reaccionarios de la extrema derecha como Netanyahu o Milei, se vuelven contra la lucha del pueblo ucraniano. No son estos aliados quienes liberarán al pueblo ucraniano de las garras de Putin. Para contentar a los poderosos Zelenski se aleja de los pueblos. Y los poderosos en cualquier momento le darán la espalda, si creen que llega el momento de entenderse con Putin o si algún otro conflicto –como Israel y Palestina- es más prioritario para sus intereses.

En Rusia, el asesinato de Navalni amplía la larga lista de muertes del régimen, en un método sistemático de eliminar toda disidencia. La crisis con el grupo de mercenarios Wagner que supuso la eliminación de Yevgeny Prigozhin, es uno más. Putin ha reconstruido un estado represor, siguiendo a los patrones del estalinismo, aunque con un régimen capitalista e imperialista. Pero también existen tensiones internas en el régimen por la oposición de algunos sectores populares, aún minoritarios, como las familias de los soldados. El Kremlin ha impuesto un régimen de detenciones y represión sobre los luchadores y luchadoras que han realizado acciones contra la guerra, en líneas de suministro o puntos de reclutamiento. También ha atacado a intelectuales y voces contrarias a la guerra. Con las fraudulentas elecciones presidenciales de marzo, Putin se aseguró de que nadie pueda alzar la voz y anuló a todos los posibles adversarios electorales. Es la paz cementerios y el miedo. ¿Cuánto tiempo podrá mantener ese control?

¿Qué izquierda puede reivindicar a Putin como progresivo o como contrapeso al imperialismo estadounidense? Putin, lejos de debilitar a la OTAN, le ha dado una nueva vida. De la misma forma que el imperialismo tiene una doble moral según el agresor forme parte de su bloque o no, una parte de la izquierda hace el mismo razonamiento y justifica o calla ante las agresiones de Rusia, Irán o China. Es insultante que justifique la invasión de Rusia -la misma que persigue y asesina a sus opositores- comprando el discurso de los opresores. Como antes hicieron justificando el régimen de Bashar al Asad, el dictador sirio que con la ayuda de Rusia e Irán aplastó a su pueblo. El movimiento Mujer Vida Libertad contra el régimen de los ayatolás en Irán también se ha quedado sin el apoyo de esta mal llamada izquierda que lee el mundo en una terrible lógica de campos enfrentados.

Defendemos a los y las trabajadores y los pueblos ante la opresión y las agresiones militares, venga de donde venga y contra todo imperialismo, sea de los EEUU y la OTAN o como de Rusia o China. Estamos con los pueblos oprimidos contra los opresores. Estamos con los pueblos que se sublevan contra los regímenes reaccionarios. Por eso estamos con Palestina, con los pueblos y las mujeres de Irán contra el régimen, o el pueblo que se sublevó contra el régimen criminal de Siria. Por eso hoy estamos con el pueblo ucraniano que se niega a quedar bajo la bota del imperialismo ruso.

Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores, Cuarta Internacional (UIT-CI), hemos trabajado con la izquierda antiautoritaria ucraniana y hemos hecho ya cuatro convoyes de ayuda a los sindicatos independientes del metal, minería, ferroviarios, docentes que están en la primera línea del frente en Krivyi Rih, Dobropillya, Zaporíjia, Korosten y Mikolaiv. Llamamos a los pueblos del mundo y a las luchadoras y luchadores antiimperialistas y de izquierda a seguir solidarizándose con la resistencia popular-militar ucraniana sin dar apoyo político al gobierno de Zelensky, diciendo No a la OTAN y reclamando el desmantelamiento del armamento nuclear de la OTAN y Rusia.

Todo el apoyo a la resistencia popular-militar ucraniana. Fuera Putin y las tropas rusas de Ucrania. No a la OTAN

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores, Cuarta Internacional (UIT-CI)

23 de febrero de 2024

Escribe Guido Poletti

El presidente Milei debutó en viajes internacionales oficiales visitando al Estado Sionista de Israel. Ahí ratificó su intención de trasladar la embajada argentina a Jerusalén en un acto de provocación contra el pueblo palestino. Milei se abrazó con el carnicero Netanyahu y ratificó su completo alineamiento con Israel.

La presencia del presidente argentino en Israel no se limitó a declaraciones diplomáticas. Avanzó en varios negocios con transnacionales del estado sionista, con la entrada al saqueo del litio argentino de la empresa israelí XtraLit. También avanzó con la start-up eToro y otras firmas tecnológicas y la empresa de aguas Mekorot. En muchos de estos acuerdos está la mano del empresario argentino y gran lobbysta del sionismo Eduardo Elsztain, dueño de IRSA y de llegada cotidiana a Milei, al extremo de que colocará a uno de sus gerentes en el ente que administrará los bienes del estado sujetos a privatización.

Milei se siente cómodo con el ultraderechista Netanyahu. Como lo estará en su próxima visita a Estados Unidos para participar en la Conferencia de la Acción Política Conservadora (CPAC) donde compartirá tribuna con Donald Trump, Eduardo Bolsonaro (hijo del ex presidente golpista brasilero), el represor salvadoreño Bukele y el español líder de Vox, Sebastián Abascal.

Repudiamos la visita de Milei al estado sionista, su abrazo con Netanyahu, su planteo de traslado de la embajada a Jerusalén y sus negociados con las empresas israelíes para asociarlas al saqueo de nuestras riquezas. Y sostenemos nuestro más pleno apoyo al pueblo palestino exigiendo que nuestro país rompa relaciones con el Estado sionista de Israel.


Escribe Miguel Lamas

Bolsonaro tiene una acusación judicial por su intento de golpe en enero de 2023. La justicia le secuestró el pasaporte para evitar su posible fuga y lo declaró “inelegible” hasta 2030. El derechista ahora llama a una movilización contra el gobierno de Lula diciendo que el juicio que se le está haciendo por intento de golpe es “político”. 

El 8 de enero de 2023 la extrema derecha llevó a cabo una fuerte acción golpista en Brasilia. Financiados por empresarios y apoyados por las fuerzas represivas que estaban presentes y dejaron correr, invadieron el Palacio del Planalto, el Congreso y el Supremo Tribunal Federal. Los bolsonaristas pretendían anular las elecciones de 2022 donde habían perdido contra Lula. Planificaban imponer una dictadura militar, donde no haya oposición, se cierren los sindicatos y se detengan o repriman a quienes se manifiesten por salarios o derechos sociales. Así fue en la Dictadura del ’64 que Bolsonaro reivindica.

Las fuertes movilizaciones populares frenaron ese intento golpista de hace un año. Pero ni Bolsonaro ni los generales golpistas fueron presos. Las movilizaciones no continuaron, fueron frenadas por Lula, quien trató de entenderse con fracciones de antiguos aliados de Bolsonaro. El pacto de Lula con el bolsonarismo no es más que una consecuencia de la política de conciliación de clases de Lula y el PT con el vicepresidente Alckmin (representante de los empresarios), de alianzas con las patronales, multinacionales, partidos de derecha y representantes del imperialismo norteamericano y europeo. Con estas alianzas patronales, es imposible estar al servicio de la clase obrera y los sectores populares.

Ahora Bolsonaro vuelve a intentar fortalecerse con la movilización que convoca para el próximo 25 de febrero. Bolsonaro incluso viajó a Argentina a la asunción de Milei, sintiéndose fortalecido por este nuevo gobierno de ultraderecha en Argentina.

¡Prisión para todos los estafadores y genocidas!

Ante esta convocatoria de Bolsonario, la CST (Corriente Socialista de los Trabajadores, sección de la UIT-CI), publicó una declaración señalando: “Bolsonaro y sus aliados han cometido varios delitos. El genocidio de la pandemia (al principio negaron la pandemia y se negaron a vacunar causando decenas de miles de fallecidos), la corrupción y el intento de golpe de estado están probados. Bolsonaro, los generales Mourão, Braga Neto, Heleno; el ex jefe de Abin, Ramagem; ex ministros como Damares, Sales, Pazuello y empresarios como Havan, son responsables de este desastre. Si fuera por ellos estaríamos en una dictadura. No podemos olvidar ni perdonar”.

¡Que la extrema derecha no recupere el aliento!

En estos momentos, Bolsonaro, su familia y la extrema derecha piden hacer la manifestación en la Avenida Paulista. Tienen la intención de combinar su base con el lema de la dictadura: “Dios, Patria, Familia y Libertad”. Son los mismos que defienden el genocidio cometido por el Estado Nazi sionista de Israel en Palestina. Será una manifestación con caravanas de otras ciudades, tratando de reunir ampliamente a sus partidarios con la intención de mostrar fuerza para negociar por la libertad y otros acuerdos que los beneficien. Tienen una estructura en San Pablo para este movimiento ultra reaccionario: mandatos, iglesias, base militar y la complicidad del alcalde de la ciudad. Incluso el actual gobernador ha integrado el Ministerio del gobierno de Bolsonaro. No podemos sentarnos a ver esto y dejar que la extrema derecha recupere el aliento. Hay que organizar un movimiento en las calles contra la extrema derecha.

¡La CST impulsa las manifestaciones unitarias callejeras por el arresto y confiscación de la propiedad de Bolsonaro y de todos los estafadores! ¡Que se confisquen los activos de políticos, militares, pastores evangelistas y empresarios que organizaron el golpe! ¡Hay que expropiar las empresas que financiaron el intento bolsonarista del 8 de enero! ¡Castigo severo a todos los golpistas!

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