Oct 04, 2026 Last Updated 7:10 PM, Oct 2, 2026

Agustín Blanco

La multinacional alemana Adidas, que acompañó al nazismo hace casi un siglo, recibió un fuerte repudio tras las disculpas que soltó por la utilización que hizo de un soldado israelí amputado para graficar su campaña para ofrecer calzados individuales. Gracias a la brutalidad sionista, Palestina es el país en el que más niños y jóvenes perdieron extremidades en los últimos años.

La firma dio marcha atrás con la utilización del influencer Shalev Biton, soldado israelí que perdió su pierna en 2021 a partir de un misil antitanque que lo encontró en Gaza, luego de que el repudio generalizado se manifestara en las redes sociales y ante la posibilidad de que un boicot merme sus ventas.

Además de Biton, Adidas dio lugar a otros nueve atletas paralímpicos para graficar la campaña Single shoe. La decisión de retirarlo llegó luego de fuertes declaraciones como la que hizo Omar Haliwa, un amputado palestino de 14 años quien ofreció su testimonio a la agencia de noticias turca Anadolu. “¿Cómo puede Adidas traer a un soldado israelí y ponerlo en un anuncio mientras nosotros sufrimos tanto?”, reclamó el adolescente.

Por su parte, el dirigente Omar Barghouti, cofundador del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), destacó que Palestina cuenta con “el mayor número de niños del mundo que han perdido extremidades”, situación que “hace que la elección de marketing sea aún más inmoral”.
Mientras se codea con el sionismo al igual que hizo con el nazismo hace un siglo, sólo en 2025 Adidas ganó 24.811 millones de euros, además de obtener beneficios por otros 2.056 millones.


José Castillo


La Inteligencia Artificial está en el centro del debate. Su control por grandes corporaciones y su uso en la disputa entre Estados Unidos y China la convierten en una amenaza para el pueblo trabajador. 

El 3 de septiembre, OpenAI lanzó GPT-6 Astra, su modelo de inteligencia artificial más avanzado. Su presidente y cofundador, Greg Brockman, cerró la presentación afirmando “bienvenidos a la era de la Inteligencia Artificial General (AGI)”.

Pero el tecnooptimismo duró poco. El 9 de septiembre, el experto británico Jacob Coxon, exmiembro de Anthropic y OpenAI, dos de las empresas que compiten por la punta de la investigación en inteligencia artificial junto con Alphabet-Google, Amazon, Microsoft y Tesla, denunció que quienes desarrollan estos modelos consideran que una futura superinteligencia artificial “podría matarnos a todos para finales de la década”. También cuestionó a ambas compañías y afirmó que están avanzando hacia sistemas capaces de mejorarse a sí mismos, “jugando con nuestras vidas”.

En los días siguientes empezaron a conocerse informes sobre eventos ocurridos principalmente en entornos de prueba, en los que agentes de IA realizaron acciones no indicadas previamente, vulneraron sistemas o modificaron su propio funcionamiento, incluso sorteando algunas restricciones impuestas por sus desarrolladores.

Las afirmaciones de Coxon no fueron aisladas. Evan Hubinger, responsable de seguridad de Anthropic, le dio la razón y sostuvo que, en su estimación personal, existe más de un 10% de riesgo de que una IA pueda provocar la extinción humana durante la próxima década. Varios referentes del sector también reconocieron la existencia de riesgos graves y la necesidad de reforzar los mecanismos de seguridad.

El debate sobre el nivel alcanzado por la IA

¿La inteligencia artificial ha alcanzado finalmente capacidades comparables a las humanas?

Sin duda, los últimos avances, como GPT-6 Astra, representan un salto espectacular. No existe todavía consenso científico ni una medición universal que permita afirmar que se haya alcanzado la AGI, definida como sistemas altamente autónomos capaces de superar a los humanos en la mayoría de los trabajos económicamente valiosos, ni mucho menos la superinteligencia, un escalón superior que implicaría la existencia de máquinas ampliamente más inteligentes que los seres humanos.

Seamos claros. No estamos afirmando que sea imposible que en un futuro, ese estadio pueda alcanzarse.

Lo que sí está sucediendo es que existe una carrera por desarrollar modelos cada vez más avanzados, que se lanzan al mercado o se ponen a disposición de los complejos militares antes de que existan controles suficientemente probados para evitar accidentes, usos indebidos o consecuencias catastróficas. “Hoy hay más regulaciones para servir una hamburguesa que para ofrecer un producto de la IA”, se afirma en el documental de Netflix El Doc de la IA.

Al riesgo para el pueblo trabajador de que la IA genere la destrucción de millones de puestos de trabajo y un incremento catastrófico del desempleo, en vez de traer progreso y más tiempo libre, se suman ahora las advertencias sobre los peligros de un desarrollo descontrolado y su aplicación militar.

La competencia por la IA entre Trump y el gobierno chino

Donald Trump se opone a frenar la carrera por la IA. Así como entre las empresas nadie quiere desacelerar por miedo a perder una ventaja competitiva o una porción del mercado, el gobierno yanqui coloca el desarrollo tecnológico como una pieza central de su competencia con China. Trump ha insistido en que Estados Unidos debe conservar el liderazgo y sostuvo que la IA podría tener un impacto incluso mayor que la Revolución Industrial.

El gobierno de Xi Jinping, por su parte, también participa de esta competencia tecnológica, atravesada por objetivos económicos, geopolíticos y militares. La disputa entre Estados Unidos y China por los chips, los modelos de IA y otras tecnologías avanzadas se ha convertido en uno de los principales puntos de tensión entre ambas potencias.

Evidentemente, semejante competencia no se resuelve con un mero “sistema de alerta para incidentes de IA”, como se ha informado que se estudia implementar.

El problema no es la IA

Los pulpos monopólicos de la IA siguen adelante con sus desarrollos porque están en una competencia por los mercados y las ganancias futuras, sin que la seguridad sea necesariamente el criterio principal que ordena esa carrera. No suena muy distinto de cómo actúan las grandes corporaciones que hoy, a pesar de todas las advertencias de los defensores del ambiente, priorizan sus ganancias.

Esto se potencia con la carrera por el liderazgo tecnológico entre Estados Unidos y China, que incluye los negocios y el posicionamiento de sus propios monopolios transnacionales y también aplicaciones militares. La comparación con la carrera por el armamento nuclear aparece incluso dentro del propio sector tecnológico.

Alexander Karp, director ejecutivo de Palantir, la empresa cofundada por Peter Thiel, escribió en 2023 una nota en The New York Times titulada “Nuestro momento Oppenheimer, la creación de las armas de IA”, trazando un paralelismo entre la física nuclear y la ciencia de la computación. Palantir aporta tecnología utilizada por organismos estadounidenses como el ICE y por el Departamento de Defensa. Su sistema Maven fue utilizado en operaciones militares contra Irán y forma parte de la infraestructura estadounidense de procesamiento de información y selección de objetivos.

Ese sistema también estuvo involucrado en el proceso de selección de objetivos durante la campaña en la que fue bombardeada una escuela primaria en Minab, Irán, donde murieron más de 150 personas, muchas de ellas niñas y niños. Investigaciones posteriores señalaron una posible dependencia excesiva de la información procesada mediante Maven, aunque la responsabilidad concreta por la selección de ese objetivo ha sido objeto de investigación.

El capitalismo funciona colocando todos los desarrollos tecnológicos y los avances de la ciencia y la técnica bajo la lógica de la competencia y la rentabilidad. Tecnologías que podrían contribuir al progreso y liberar tiempo de tareas penosas pueden convertirse, bajo esas condiciones, en herramientas de desempleo masivo, supervigilancia, represión y destrucción mediante drones, sistemas automatizados de combate u otras aplicaciones militares.

La salida no está en oponerse a la IA. De lo que se trata es de discutir quién controla estas tecnologías, con qué objetivos se desarrollan y al servicio de qué intereses se utilizan. Desde una perspectiva socialista, planteamos que estos desarrollos estén bajo control público y de sus trabajadoras y trabajadores, como parte de una planificación democrática y responsable orientada a las necesidades sociales y no a las ganancias privadas.

Prensa UIT-CI
 
En Alemania, el domingo 20 hubo elecciones en Berlín, la capital, y ganó la izquierda. La alianza Die Linke (La Izquierda, en alemán) encabezada por la turca-alemana Elif Eralp, será alcaldesa de Berlín. El triunfo fue contundente, subió 14 puntos respecto al 2022, llegando al 25,7% de los votos, derrotando a la Unión Demócrata Cristiana (CDU) del canciller Friedrich Merz, que gobernaba. La CDU cayó de 28,8 % al 18,8%, los Verdes lograron 14,3%, la ultraderechista AfD (Alternativa para Alemania) con 16,3%, y la SPD (socialdemocracia) cayó al 12,1%.
La prensa mundial puso el centro de la noticia en el triunfo electoral de la ultraderecha en el estado de Pomerania, en el noroeste alemán, que fue el otro estado en donde hubo elecciones. El avance de la ultraderecha neonazi es una parte de la realidad. La otra es que la elección en Berlín muestra que existen sectores de la clase obrera, las mujeres y la juventud que buscan opciones políticas a la izquierda.

El gran derrotado es el gobierno del canciller Friedrich Merz

El propio Merz calificó de “desastre” la derrota del domingo de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Perdió el gobierno en Berlín y en el estado nororiental de Mecklemburgo-Pomerania Occidental, no superó por primera vez el umbral del 5% necesario para entrar en el Parlamento regional. Su peor derrota en unas elecciones regionales desde su fundación en 1945.

La extrema derecha de Alternativa para Alemania (AfD) quedó en primer ​lugar, en Pomerania. Logró subir 21% en relación a la elección anterior, llegando al 38,1%. Es la segunda vez en un mes, que la AfD se situaba a la cabeza de una elección regional. Quince días antes había ganado en Sajonia-Anhalt. Pero en este caso no estuvo cerca de alcanzar la mayoría. La socialdemocracia (SPD) llegó segunda con el 35,5 % y podrá pactar con otras fuerzas seguir en el gobierno.

Estos resultados eran los esperados por las encuestas. Son la expresión de la crisis económica y social del capitalismo alemán y del desprestigio creciente del gobierno de la Unión Demócrata Cristiana (CDU). Sólo el 13 % de los alemanes está satisfecho con la actuación del canciller, el nivel más bajo registrado por cualquier canciller en la historia reciente. Un gobierno totalmente en crisis que puede no terminar su mandato.

Contundente triunfo de la izquierda en Berlín

El crecimiento electoral de la ultraderecha no significa un camino seguro y rápido para el gobierno. Pero es preocupante, en especial para la clase trabajadora y la juventud alemana y de Europa.

En Alemania la crisis política es tan grande que, opuesto al voto a la ultraderecha, en Berlín la izquierda logró una importante victoria electoral.

Triunfó como candidata a alcaldesa la turca-alemana Elif Eralp, representando a Die Linke. Desconocida hasta hace unos meses, esta hija de sindicalistas turcos nació en Múnich y orientó su carrera como jurista hacia la defensa de los derechos humanos, en particular los de las y los migrantes.

Elif Eralp tiene 45 años y es diputada de izquierda desde el 2021. Algunas de sus propuestas de campaña fueron “la expropiación de viviendas a fondos de inversión o la creación de una red de cantinas públicas que ofrezcen almuerzos completos a tres euros en las llamadas Kiezkantinen: comedores de barrio con comida caliente” (La Razón, Estado español, 27/8/2026).

Al saber de su victoria, Eralp prometió seguir adelante con la nacionalización de las empresas de vivienda y “expulsar la especulación de Berlín”.

Die Linke, es una alianza de centroizquierda integrada por exintegrantes del Partido Comunista, maoístas, grupos trotskistas e independientes. En las elecciones nacionales de legisladores de febrero de 2025, logró el 8,5% obteniendo una importante bancada de 64 diputados. Entonces ya Die Linke había logrado un 19,9% en Berlín.

Lo destacable es que en la juventud, obtuvo el 25% y dentro de ella mayoría de votos de las mujeres que repudian los ataques de la ultraderecha a sus conquistas y las de las disidencias sexuales. También Die Linke tuvo el apoyo de la juventud que enfrenta la represión apoyando a Palestina.

El avance de la ultraderecha neonazi

El avance electoral de la ultraderecha alemana, expresa, como ha ocurrido con Trump, Meloni, Le Pen o los Milei, Kats y de la Espriella en Latinoamérica, un equivocado voto castigo de un sector popular harto de los viejos partidos capitalistas tradicionales que ya han gobernado y llevado a la crisis social, a la caída del nivel de vida de millones. En el caso de Alemania, en especial, se trata de una expresión neonazi de la ultraderecha. Creciendo en un voto mayoritario en el Este de Alemania, que representan los territorios de la ex República Democrática Alemana (RDA) que desde 1945 a 1989 fue gobernada bajo el estalinismo y han quedado como los “estados pobres”.

La reunificación, luego de la caída del Muro de Berlín, y las promesas de “igualdad social” con las y los alemanes del oeste nunca fueron cumplidas. Millones, en su lógico odio al estalinismo, creyeron en que el capitalismo les iba traer prosperidad, pero fue lo opuesto. Todas las empresas estatales se privatizaron en escasos cuatro años y se perdieron el 70% de los puestos de trabajo. Regiones enteras se hundieron en el declive económico.¹

La crisis del capitalismo alemán detrás de la crisis política

En Alemania la política de los diversos gobiernos capitalistas liberales o socialdemócratas, ante la crisis económica, ha sido responder con sus políticas de recortes sociales y caída del nivel de vida de las masas. Esta es la causa que explica la profundidad del creciente descreimiento en los partidos y dirigentes burgueses tradicionales y el avance electoral de la ultraderecha.

La economía de Alemania está en declive y ha entrado en recesión desde 2023. La Volkswagen empresa emblemática del capitalismo alemán, por ejemplo, anunció que podrían desaparecer 100 mil puestos de trabajo hasta 2030.

Lo que le espera a la clase trabajadora y a la juventud son más recortes en cuestiones sociales como educación, salud y jubilaciones, más flexibilidad laboral y el aumento del presupuesto militar. La única salida para el pueblo trabajador y la juventud, para derrotar estos planes de ajustes sociales y a la ultraderecha, es lograr avanzar, con nuevos dirigentes sindicales y políticos, en la movilización en las calles.

21/9/2026
1. Ver nota Alemania: El significado del primer triunfo de la ultraderecha, por Miguel Sorans, dirigente de Izquierda Socialista, Argentina, y de la UIT-CI, 11/9/2026, en uit-ci.org

Foto de portada: Sofia Leonidakis diputada de Die Linke, entrevistando a Juan Orengo 

Juan Orengo delegado de sección Mercedes Benz, ciudad de Bremen

Reproducimos nota enviada, desde Bremen, por un delegado de la empresa Mercedes Benz.

El lunes 21 de septiembre, organizadas por el Sindicato IGmetall, se realizaron cerca de 300 concentraciones en toda Alemania. La convocatoria tenía el objetivo de mostrar el rechazo a los planes de recortes, despidos y aumento de la productividad que la patronal automotriz viene exigiendo y en parte ya está implementando. Estas concentraciones contaron con la participación de más de 150 mil personas a nivel nacional. En Bremen hubo dos concentraciones; una con la participación de los trabajadores de Mercedes Benz y otra en la que participaron las empresas subsidiarias que lógicamente también se ven perjudicadas por estos planes de recortes. En el caso de Mercedes Benz la concentración empezó al comienzo del turno tarde paralizando la actividad de la fábrica el tiempo que duró la concentración.

Además de los trabajadores del sector automotriz participaron otras empresas en conflicto, Comités de empresa y partidos políticos de izquierda, entre ellos Die Linke, que se acercaron a dar su solidaridad. Por otro lado, en este mes comienzan las negociaciones del convenio metalúrgico, con lo cual estas concentraciones sirvieron también como punto de partida para la lucha por el convenio del metal.

Si bien todavía estamos muy lejos de alcanzar un grado de movilización y lucha como requiere la situación, sí podemos decir que se han comenzado a dar los primeros pasos de una larga lucha, sindical y política, que los trabajadores tenemos por delante.

Adolfo Santos, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad

La “Operación Furia Épica”, el brutal ataque militar con el que las fuerzas armadas de los Estados Unidos e Israel pretendían la rendición incondicional de Irán, no alcanzó sus objetivos. Lo que sería una batalla de pocos días, va a entrar en el octavo mes de conflicto sin solución de continuidad. Ahora, surgió un nuevo problema que aumenta la crisis en la región: el control de los hutíes del estrecho Bab el-Mandeb, en Yemen, que enlaza el mar Rojo con el golfo de Adén rumbo al océano Índico.

Las pretensiones de controlar Irán y sus riquezas por parte de Donald Trump chocaron con la resistencia de un pueblo que, a pesar de su gobierno, se ha unido en defensa de su soberanía. Peor aún, el conflicto se extendió a varios países, agravando la situación en una región altamente explosiva. En su defensa, Irán ya atacó a Kuwait, Bahréin y Jordania, aliados de los Estados Unidos en el golfo Pérsico y en la madrugada del sábado 19 de septiembre, los enfrentamientos escalaron a otro nivel. Un depósito de la petrolera estatal saudita Aramco, ubicado cerca del aeropuerto internacional de Riad, capital de Arabia Saudita, explotó como parte de una serie de ataques de los hutíes, aliados del régimen iraní.

Trump dejó sin apoyo a Arabia Saudita

La toma por parte de los hutíes de posiciones estratégicas con vistas al estrecho de Bab el–Mandeb asestó a Arabia Saudita su golpe más grave en Yemen en años y dejó al descubierto fallas de inteligencia, el colapso de sus aliados yemeníes y los límites de la protección estadounidense. “El colapso de las fuerzas respaldadas por Arabia Saudita les dejó a los hutíes un nuevo botín, además del territorio: un importante arsenal de armamento avanzado suministrado por Estados Unidos y Arabia Saudita y abandonado durante la retirada” (La Nación, Argentina, 16/9/2926). Los desastres políticos y militares sufridos por Donald Trump, en Irán y Medio Oriente, han contribuido a perder el control de dos pasos marítimos clave para la economía mundial capitalista.

Encima el imperialismo, de la mano de Trump, muestra su debilidad al dejar sin apoyo militar, frente al avance de los hutíes, a su aliado el monarca el asesino Mohamed Bin Salmán, de Arabia Saudita. Trascendió que el monarca “llamó a la Casa Blanca hasta en dos ocasiones (…) para reclamar una mayor implicación estadounidense frente a los hutíes y las milicias proiraníes en Irak que, con sus ataques, han paralizado el tránsito a través del oleoducto Este-Oeste. Sin éxito: Trump no solo no ha atendido sus ruegos, sino que ha optado por ponerse completamente de perfil. Como si no fuese con él” (El País, 20/9/2026).

 ¿Quiénes son los hutíes?

En los últimos meses los hutíes adquirieron notoriedad al controlar una amplia franja del Mar Rojo y por tanto el estrecho Bab el-Mandeb, un paso estratégico por el que transita una parte importante del comercio marítimo mundial desde el Golfo de Adén, rumbo a Europa y los Estados Unidos. Desde esa posición, respaldan militarmente a Irán contra los ataques de Trump e Israel y profundizan la crisis de suministro y el precio del petróleo. Los hutíes, son un movimiento político y militar que se fueron consolidando desde los años 90 cuando el país unificó los dos sectores territoriales en que estaba dividido: la República Árabe de Yemen (Yemen del Norte) y Yemen del Sur y pasaron a formar lo que hoy se conoce como la República de Yemen.

Sin embargo, el grupo ganó fuerza en 2004 cuando el clérigo Hussein Badreddin al Houthi, líder de la minoría musulmana chiita del país fuera asesinado. Sus seguidores, pasaron a denominarse hutíes en honor al dirigente asesinado y se levantaron en armas contra el gobierno encabezado por Alí Abdalá Salé, representante de la mayoría suní, acusando al régimen de corrupto y de llevar a cabo una violenta opresión contra los chiitas. En 2011, el grupo se sumó a la llamada Primavera Árabe y participó en las masivas protestas que forzaron a Salé a entregar el poder a su segundo, Abdrabbuh Mansour Hadi quién en 2015 se vio obligado a huir a Arabia Saudita donde instaló el Consejo de Liderazgo Presidencial, gobierno yemení reconocido por organismos internacionales como la ONU, la Unión Europea, Estados Unidos y la mayoría de países árabes.

Aunque no son reconocidos como el gobierno oficial de Yemen, los hutíes controlan la capital, Saná, donde vive la mayoría de la población yemení y gran parte del norte del país donde recauda impuestos, administra instituciones y dispone de un arsenal que incluye drones y misiles de largo alcance. Se trata de una región estratégica, no solo porque por ahí transita el 12% del comercio mundial y millones de barriles de petróleo al día, sino porque se encuentran uno de los principales yacimientos de gas y petróleo del mundo a la que la política expansionista del imperialismo empuja a la crisis y el caos.

Los ataques de Trump y el sionismo contra Irán aceleraron la reacción de los hutíes que anunciaron un “embargo marítimo” contra Arabia Saudí y reanudaron los ataques con drones y misiles contra aeropuertos, instalaciones petroleras y buques cisterna saudíes e israelíes en el mar Rojo.

Los hutíes se referencian como parte del "eje de resistencia" liderado por Irán junto con Hamás y Hezbolá y contra Israel, EE.UU. y Occidente. Por lo tanto, tienen flagrantes contradicciones. Tienen el carácter positivo de resistir a los ataques del imperialismo y el sionismo, pero mantienen regímenes dictatoriales y represivos. En los territorios yemeníes controlados por los hutíes, las mujeres enfrentan restricciones severas a sus derechos. Sufren la aplicación del "Mahram", el tutor masculino obligatorio y no pueden viajar solas entre gobernaciones yemeníes ni salir del país sin la autorización escrita aprobada. "Están luchando contra los imperialistas, contra los enemigos de la nación del Islam. Eso resonó bien en su base", explicó Hisham al Omeisy, experto en Yemen del Instituto Europeo de la Paz, para explicar el apoyo a las acciones de los rebeldes yemeníes. Es algo que también reivindican activistas palestinos, incluidas mujeres, en relación al papel de Hamas contra el genocidio sionista, aunque repudian el carácter patriarcal y represivo de estos grupos.

Las pretensiones expansionistas del imperialismo y sus aliados para dominar el mundo de la que Donald Trump es la principal expresión, se vienen chocando con la resistencia de los pueblos que luchan en defensa de sus derechos y soberanías con las armas que tiene a su alcance. No apoyamos políticamente al gobierno yemenista de los hutíes como tampoco a Hamás, Hezbolá o al régimen iraní. Por el contrario, somos rigurosamente críticos, sin embargo, nos ubicamos en la misma trinchera de resistencia y enfrentamiento contra las agresiones del imperialismo trumpista como del genocidio sionista.

22/9/2026

 

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