Jun 19, 2026 Last Updated 8:09 PM, Jun 18, 2026

Escribe José Castillo

Seamos claros, ya hace muchísimos años que la Unión Cívica Radical dejó de generar alguna expectativa como partido para alguna franja popular. Para la inmensa mayoría del pueblo trabajador es el partido de De la Rúa, que tuvo que huir en helicóptero por el Argentinazo. Para los más memoriosos, es el partido de Alfonsín y la hiperinflación.

Pero la UCR, como partido “histórico” de nuestro país, tiene un despliegue territorial nacional, con punteros en todas las provincias e intendentes en muchísimos pueblos, que fue lo que le permitió a Cambiemos convertirse en una coalición electoral nacional allá por 2015 y de esa forma disputar y finalmente ganar, aquellas elecciones.

Hoy el radicalismo observa el panorama y ve el derrumbe del gobierno. Por eso, fiel a su juego de políticos profesionales “rosqueros”, trata de sacar provecho propio, logrando mejores lugares en las listas. Este es el fondo de la cuestión.

Es cierto que el radicalismo hoy está partido en tres sectores: un núcleo, hoy minoritario, agrupado alrededor de Gerardo Morales (gobernador de Jujuy) y Daniel Salvador (vicegobernador de Buenos Aires),que se mantiene a rajatabla apoyando como sea al gobierno de Macri. En el otro extremo, el sector de Alfonsín y Federico Storani plantea que hay que irse y negociar lugares en una eventual lista de Roberto Lavagna. En el medio, el espacio que aparece en primera instancia como mayoritario, representado por el propio Cornejo o por operadores como Coti Nosiglia, quieren aprovecharse de la debilidad de Cambiemos y por eso hacen declaraciones afirmando que “Macri no va más, pongan a Vidal”, pensando que esa es la forma de “apretar” al gobierno para conseguir mejores ubicaciones en las negociaciones de cargos en Cambiemos.

¿Qué pasará finalmente? No lo sabemos. Aunque podemos adelantarlo, ya que se trata de los radicales. Probablemente la rosca interna los lleve, como ya anticipó en el programa Animales sueltos Federico Storani, a terminar su convención con una declaración que “los contenga a todos”. O sea que no diga nada. De ahí en adelante se acomodarán como mejor les convenga para tratar de seguir sobreviviendo como políticos patronales decadentes de un partido decadente. Todo este sainete no es más que otra expresión patética de la crisis que hoy recorre al gobierno de Macri y a Cambiemos.

A pesar de los denodados intentos del gobierno y Patricia Bullrich por evitarlo, finalmente el prefecto Francisco Pintos fue detenido, acusado de homicidio agravado por el asesinato por la espalda del joven Rafael Nahuel, el 25 de noviembre de 2017 en un operativo de desalojo efectuado por Prefectura en la comunidad Winkul Mapu en Villa Mascardi.

Se cae el intento de proteger a quienes lanzaron una feroz represión, con la excusa de responder a “un enfrentamiento”, cuando los ocupantes del predio que resistían el desalojo no estaban armados. Es un duro golpe a las políticas represivas del gobierno y de su vocera más visible, la ministra Bullrich, que como en el caso de Santiago Maldonado intenta justificar el accionar represivo de las fuerzas de seguridad como respuesta a “organizaciones terroristas”, cuando del otro lado los pueblos originarios luchan por el derecho a vivir en sus tierras ancestrales.

Escribe Gabriel Massa

Ha comenzado el primero de ocho juicios a Cristina Kirchner, en este caso junto a trece ex funcionarios de su gobierno, incluyendo el ex ministro de Planificación Julio De Vido, y el empresario Lázaro Báez, por corrupción en las obras públicas en Santa Cruz. El gobierno presenta este juicio y los otros siete en los que está acusada Cristina como “la gran batalla” contra la corrupción. Cristina y el kirchnerismo lo denuncian por persecución política.

La justicia, con sus jueces y fiscales, está tan metida en la corrupción como los gobiernos. Y juegan de acuerdo a como viene la situación política. El intento de la Corte Suprema de postergar el juicio de esta semana a Cristina está directamente relacionado con el enorme repudio popular al gobierno de Macri y su repercusión en las encuestas electorales. Su marcha atrás fue causada también por el repudio a la maniobra de la Corte. El peronismo kirchnerista quiere utilizar este intento de la Corte para plantear que no existió la corrupción en su gobierno. Totalmente falso.
En torno de las obras y servicios públicos hay con Macri, y hubo antes con el kirchnerismo, una enorme corrupción. Desde empresas como Odebrecht de Brasil, Techint de Argentina, IBM de Estados Unidos, Shell de Gran Bretaña y Holanda, hasta empresarios como Calcaterra o Báez, les pagan coimas a funcionarios del gobierno de turno para ganar licitaciones o directamente les entregan obras, o yacimientos, o servicios públicos.

Las víctimas de la corrupción capitalista somos los trabajadores y el pueblo. Los miles de millones que se roban los corruptos significan hambre, miseria y tarifazos, destrucción de la salud y la educación y masacres evitables como la del ferrocarril Sarmiento en Once.
Repudiamos a esta justicia cómplice y sus maniobras, siempre al servicio de los empresarios y los políticos patronales. Pero al mismo tiempo exigimos cárcel para todos y cada uno de los corruptos y reclamamos la inmediata devolución de lo robado.

Alberto Fernández fue elegido por Cristina Fernández de Kirchner para que encabece la fórmula presidencial por el peronismo kirchnerista. Se reflexionó mucho sobre el anuncio,
si pateó el tablero político o si fue una jugada astuta de la ex presidenta. Lo que importa es a quién le sirve esta fórmula y para quién va a gobernar en caso de ganar. Con las definiciones que ya hizo Alberto Fernández y las que viene insinuando Cristina, el FMI
y los usureros internacionales se pueden quedar tranquilos.

Escribe Juan Carlos Giordano Diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT

Muchos trabajadores o jóvenes pueden creer que la decisión de Cristina de no encabezar la fórmula fue una maniobra ajedrecística para dejar más en crisis al gobierno. Pero otros la vieron con decepción, ya que el lugar de candidato presidencial lo ocupa el ex jefe de gabinete de Cristina, quien la viene criticando hace años. Sus orígenes se remontan al partido del ajustador Domingo Cavallo, y hasta el año 2017 Alberto Fernández trabajó para Sergio Massa (ver pág. 5 ¿Quién es Alberto Fernández?). Conocida la noticia nuestro partido emitió un comunicado con el título de esta nota.

Lejos quedaron las frases kirchneristas “vamos a combatir a la derecha”, “vamos a combatir a las corporaciones”, “vamos a “redistribuir la riqueza”, o los actos en fechas patrias criticando al FMI. Tanto Cristina como Alberto Fernández ahora hablan de “diálogo, contrato social, unidad”.
Hace tiempo vienen preparando el terreno para mostrar que, en caso de que asuma un próximo gobierno kirchnerista, va a hacer “buena letra” con el FMI, con la deuda y que no va a tocar las ganancias de los grandes empresarios. Esto es lo que viene prometiendo Kicillof a los funcionarios del FMI cuando los recibió con bizcochitos y en su reciente viaje a Estados Unidos.

“No somos socialistas, somos peronistas. Somos pragmáticos. Nadie quiere un portazo con el FMI”, les dijo Alberto Fernández a operadores de máximo nivel de uno de los bancos internacionales que más cerca estuvieron del gobierno de Mauricio Macri. (Ambito Financiero, 20/5/2019). La noticia agrega: “Se les aseguraba a los inversores, como declaración jurada, que se respetará el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional”. La argumentación para que los interlocutores financistas crean el mensaje fue que durante la gestión kirchnerista todos los vencimientos fueron respetados. “Lo que hizo el kirchnerismo durante 12 años fue cansarse de pagar deuda”, dijo el ex viceministro de Economía del gobierno anterior, Álvarez Agis (Perfil, 18/5).

La trampa: crecer para pagar

¿Cuál es la fórmula de Alberto Fernández? “Vamos a tener que ser ingeniosos para pagar porque asumimos un compromiso que tenemos que cumplir. Vamos a tener que hacer entender a todos que no vamos a lograr pagar si no ponemos en pie a la economía. Así se consiguen los dólares, produciendo y trabajando” (Clarín, 21/5/2019). Alberto Fernández propone crecer, lograr los dólares y pagar. Pero esa fórmula ya la conocemos. Es la misma que se aplicó durante el gobierno anterior cuando se pagaron 200.000 millones de dólares dejando vacías las arcas del Banco Central, 30% de pobres y 40% de trabajadores en negro y precarizados.
Macri aplica el ajuste para pagar la deuda y Alberto Fernández propone “crecer” para pagar la misma deuda. Dos recetas que llevan al mismo camino: imponer enormes esfuerzos al pueblo trabajador para cumplir con una deuda eterna, usurera e impagable, priorizando a los usureros internacionales.

Esto da por tierra la cantinela kirchnerista que dice que van a recomponer el consumo interno vía aumentos de salarios o de las jubilaciones. O que van a reactivar la economía y se va a crecer. El kirchnerismo ha dicho que va a respetar el déficit cero (menos salud, educación y partidas sociales), del cual Alicia Kirchner ha sido vanguardia. Que la primera visita de Alberto Fernández haya sido a Santa Cruz es toda una señal.
Los economistas que asesoran a Fernández, si bien hablan de la fuga de capitales, solo esbozan medidas parciales y cosméticas al respecto. No van a nacionalizar la banca y el comercio exterior, lo que evitaría terminar con los 30.000 millones de dólares que se van por año. Y si a esto le agregamos que van a mantener las privatizadas que aplican feroces tarifazos y que no van a tocar las ganancias capitalistas, estamos ante un adelanto de qué haría Cristina en el poder: respetar al FMI, pagar la deuda y la máxima nefasta de que si a los empresarios les va bien, a los trabajadores también.

El Frente de Izquierda considera, en cambio, que si se respeta el pacto con el FMI, se paga la deuda y se mantienen las ganancias de las multinacionales y los grandes empresarios, no va a haber trabajo, salud, ni educación como falsamente prometen Alberto Fernández, Cristina, Kicillof y el resto del kirchnerismo. Llamamos a sacar conclusiones sobre este debate.

Escribe Gabriel Massa

Al salir esta edición de El Socialista, están reunidos los fundadores del llamado Peronismo Federal, el recientemente reelecto gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti; el gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey; el jefe de la bancada de senadores peronistas, Miguel Pichetto, y Sergio Massa. A los que se sumará Roberto Lavagna. Schiaretti aseguró, al convocar la reunión, que el Peronismo Federal tendrá un candidato presidencial propio para competir con Macri y el kirchnerismo.

Pero Schiaretti y sus socios están preocupados. Porque al anunciar Cristina que le dejaba su lugar como candidata a presidente a Alberto Fernández, el kirchnerismo pretende robarles su espacio de peronismo “confiable para los mercados”.
Tanto es así que la mayoría de los diez gobernadores que originalmente habían apoyado el proyecto de Schiaretti y compañía se alinearon con la fórmula Fernández-Fernández. Esto incluye a los gobernadores de Tierra del Fuego, Santiago del Estero, Chaco, Tucumán, Catamarca y La Rioja. Para colmo, Sergio Massa, el integrante del Peronismo Federal que mejor mide en las encuestas (le dan 10%) dejó abierta la duda sobre si está dispuesto a llegar a un acuerdo con Cristina y Alberto Fernández para una interna común, o incluso para ir como candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires.

Mientras tanto, Macri convocó a Schiaretti a la Casa Rosada para que apoye su propuesta de acuerdo de 10 puntos centrado en el pago de la deuda y el cumplimiento de todo lo acordado con el FMI. Para dejarlos aún más pegados, un sector de Cambiemos está proponiendo que Urtubey vaya de candidato a vice de Macri.

Es decir, entre el apriete del gobierno y la candidatura de Alberto con Cristina, los federales y su amigo Lavagna se están quedando sin espacio y los gobernadores, que eran su principal sostén, les quitan el suelo de debajo de los pies.
Hay una razón de fondo para que los federales pierdan espacio: desde las gobernaciones y el Congreso Pichetto, Schiaretti, Urtubey y Massa, han sido durante el gobierno de Macri un apoyo fundamental de la mayoría de sus políticas en contra de los trabajadores y el pueblo, incluyendo el acuerdo con el FMI, la reforma judicial, los tarifazos y demás. Encima, en sus muchas reuniones con representantes del Fondo Monetario Internacional y en declaraciones a los medios han dicho con toda claridad que quieren avanzar con las “reformas” que Macri no llegó a concretar, como la jubilatoria o la flexibilización laboral.

Con semejante currículum, al peronismo federal le cuesta disfrazarse de opositor. Ahora con Alberto Fernández y las posiciones públicas de los dirigentes kirchneristas, les empiezan a disputar el lugar de alternativa confiable para el establishment económico internacional. Otra vez la “ancha avenida del medio” parece angostarse.

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