Aug 12, 2026 Last Updated 6:33 PM, Aug 11, 2026

Izquierda Socialista

Foto de portada: Milicias obreras y campesinas se organizaron en contra del golpe

Escribe Federico Novo Foti
 
En julio de 1936 se levantó un sector fascista del ejército español encabezado por Francisco Franco. Las masas respondieron al intento de golpe con la insurrección obrera y campesina. Pero la traición de las direcciones mayoritarias del movimiento obrero (socialistas, anarquistas y comunistas) frenaron la revolución y permitieron la recuperación de los militares fascistas dando inicio a la guerra civil española. 
 
El 17 de julio de 1936 el ejército español tomó el control del protectorado de Marruecos. Al día siguiente el comandante general de Canarias, general Francisco Franco, transmitió por radio un manifiesto llamando al alzamiento a las guarniciones militares del país. Aquel manifiesto afirmaba que las “huelgas revolucionarias de todo orden paralizan la vida de la nación”. La proclama terminaba llamando a derrocar al gobierno y a una “guerra sin cuartel” para imponer el orden.1

 La noticia del intento de golpe de estado fue recibida por el presidente de la república, Manuel Azaña (Izquierda Republicana), el mismo 17 de julio. Pero el gobierno no la divulgó hasta el 18, cuando emitió un comunicado que concluía: “El gobierno habla de nuevo para confirmar la absoluta tranquilidad de toda la península, el gobierno reconoce los ofrecimientos de las organizaciones obreras y aunque los agradece, declara que la mejor ayuda que se puede dar al gobierno es garantizar la normalidad de la vida cotidiana, para dar un nuevo ejemplo de serenidad y confianza en los medios de la fuerza militar del estado. Gracias a las medidas de previsión aprobadas por las autoridades, puede considerarse que ha sido disuelto un amplio movimiento de agresión contra la República; no ha encontrado apoyo en la península y sólo ha logrado partidarios en un sector del ejército de Marruecos”.2

 Pero la realidad era bastante diferente. En aquellas regiones donde el gobierno había impuesto sus llamados a mantener el orden, el alzamiento militar había triunfado, como en Zaragoza, Oviedo, Cádiz, Córdoba, Granada y Sevilla. Pero en aquellas otras regiones donde desobedecieron al gobierno, las y los trabajadores y campesinos se armaron, organizaron milicias que asestaron duras derrotas al ejército. Para el 20 de julio, las grandes ciudades peninsulares, como Madrid, Barcelona, Valencia o Bilbao, estaban en manos de las masas insurrectas. 

 El golpe militar había intentado terminar con el gobierno electo en febrero de ese año, liquidar el régimen republicano y el ascenso obrero y campesino. La insurrección de las masas había casi derrotado la intentona golpista. Pero la pasividad del gobierno republicano y la traición de las direcciones mayoritarias del movimiento obrero permitieron la recuperación de los militares fascistas dando inicio a la guerra civil española.
 
Revolución y contrarrevolución

A comienzos de la década de 1930 España era uno de los países más pobres y atrasados de Europa. En las regiones vasca y catalana había cierto desarrollo de la industria (metalúrgica y textil) y en Asturias de la minería. Pero la población vivía mayoritariamente en el campo. Unos cuantos miles de latifundistas y la poderosa Iglesia Católica poseían la mayor parte de las tierras. Millones de campesinos vivían en condiciones de extrema pobreza.

 Por entonces el rey Alfonso XIII y la Iglesia eran las figuras salientes del atrasado régimen capitalista español. Así, el odio creciente de las masas se fue transformando en lucha y en las elecciones municipales de 1931 dio el triunfo a los partidos republicanos y anticlericales. Como resultado, Alfonso XIII debió abdicar, cayendo la monarquía y estableciéndose la Segunda República.

 Desde un comienzo los partidos republicanos patronales en el gobierno y las direcciones de las centrales obreras UGT (socialista) y CNT (anarquista) intentaron sostener un equilibrio imposible entre las demandas de las masas y el mantenimiento del sistema capitalista atrasado. Mientras que la oligarquía terrateniente y la burguesía consintieron inicialmente la proclamación de la República con la expectativa de que terminara con la movilización obrera y campesina. Pero con avances y retrocesos, el ascenso revolucionario se mantuvo y se fue profundizando. Así por ejemplo en 1934 sucedió la insurrección de los mineros de Asturias3, que fue aplastada con un saldo de casi 2.000 muertos y 30.000 detenidos.

 A fines de 1935 el mayoritario partido socialista, un partido liberal burgués y el pequeño partido comunista (que contaba con el prestigio de la URSS y el apoyo de la burocracia soviética) formaron el Frente Popular. La creación del Frente Popular llevaba a cabo la orientación de conciliación de clases (unidad obrero-patronal) impuesta por la Tercera Internacional dominada por José Stalin.

El Partido Obrero de Unificación Marxista (POUM), un partido de izquierda centrista que había estado alineado en la oposición a la burocracia estalinista junto a León Trotsky, rompió con éste y apoyó el programa liberal burgués del Frente Popular. Los anarquistas evitaron realizar una fuerte campaña contra las elecciones y el 16 de febrero de 1936 el Frente Popular ganó con el voto mayoritario de obreros y campesinos.

 El gobierno del Frente Popular intentó en vano, una vez más, conciliar los intereses de las clases en lucha. Pero el enfrentamiento se fue agudizando día a día con oleadas de huelgas y ocupaciones de tierras. Entretanto, la reacción monárquica y la oficialidad fascista, encabezada por Franco, comenzaron a conspirar. En junio, Azaña rechazó el pedido del dirigente de la izquierda socialdemócrata Francisco Largo Caballero de armar a obreros y campesinos y aplastar a los conspiradores.
 
La guerra civil

 El anunciado intento de golpe del 18 de julio fue aplastado por la insurrección de obreros y campesinos en la mayor parte del territorio español. Ante la parálisis del gobierno republicano, las masas se armaron y organizaron milicias, cuestionaron los poderes tradicionales desalojando a los curas de las iglesias, crearon comités para resolver los principales problemas sociales, ocuparon tierras y fábricas.

El gobierno republicano, mientras tanto, pretendía combatir al fascismo sin cuestionar la propiedad privada y temía a las masas, sus comités y milicias. En septiembre de 1936 Largo Caballero asumió la presidencia con la intención de frenar el proceso revolucionario, restaurando las instituciones del estado burgués. Para lograrlo, apeló a la cooptación. En Cataluña ingresaron al gobierno burgués del Frente Popular tanto la CNT (anarquista) como el POUM. Su dirigente, Andreu Nin, asumió como ministro de Justicia.

 Poco a poco el partido comunista fue cumpliendo un papel cada vez más importante. Usando el prestigio de la URSS y el envío a cuentagotas de armas, el comunista Juan Negrín pasó a encabezar el gobierno en 1937. Su labor se orientaría a liquidar toda oposición en el campo republicano. La GPU (policía secreta de Stalin) persiguió a las y los revolucionarios, Nin fue una de sus víctimas.

 La traición de las direcciones socialista, anarquista y comunista a la revolución condenó la lucha contra el fascismo. Finalmente, con el apoyo activo de Benito Mussolini y Adolf Hitler y ante la pasividad de los gobiernos de Francia e Inglaterra, Franco se impuso en todo el país. El costo de esa traición fueron las cuatro décadas de fascismo franquista.

1. Francisco Franco. Manifiesto de Las Palmas, 18/07/1936. Disponible en la web.
2. Citado en “Revolución y contrarrevolución en el Estado Español. 1936-1937” en Suplemento de Lucha Internacionalista Nº 204, septiembre de 2025. Disponible en www.luchainternacionalista.org
3. María Luisa Carnelli. U. H. P. Mineros de Asturias. Buena Vista Editora, Córdoba, 2025.
4. Pierre Broué y Emile Témine. La revolución y la guerra de España. FCE, México, 1962. Disponible en www.marxismo.org

Escribe Federico Novo Foti

Desde 1931 el revolucionario ruso León Trotsky, a pesar de las difíciles condiciones impuestas por el exilio y la persecución estalinista, acompañó con entusiasmo el ascenso revolucionario en el estado español. En 1940, en un artículo reconstruido por medio de fragmentos encontrados tras su asesinato en agosto por un agente de la GPU de Stalin, Trotsky explicaba por qué había sido derrotado el proletariado español: “En 1936 (para no remontarnos más lejos) los obreros españoles rechazaron el ataque de los oficiales, que habían puesto a punto su conspiración bajo el ala protectora del Frente Popular. Las masas improvisaron milicias y levantaron comités obreros, ciudadelas de su propia dictadura. Por su parte, las organizaciones dirigentes del proletariado ayudaron a la burguesía a disolver esos comités, a poner fin a los atentados de los obreros contra la propiedad privada y a subordinar las milicias obreras a las direcciones de la burguesía y, para colmo, con el POUM participando en el gobierno, tomando así directamente su responsabilidad en el trabajo de la contrarrevolución. [...] El proletariado español ha sido víctima de una coalición formada por imperialistas, republicanos españoles, socialistas, anarquistas, estalinistas y, en el ala izquierda, por el POUM. Todos juntos han paralizado la revolución socialista que el proletariado español había efectivamente comenzado a realizar. No es fácil acabar con la revolución socialista. Todavía nadie ha encontrado otros métodos para ello que no sean la represión feroz, la matanza de la vanguardia, la ejecución de los dirigentes, etcétera [...] En el interior del bloque republicano han sido los estalinistas los que han llevado la política más coherente. Han sido la vanguardia combatiente de la contrarrevolución burguesa-republicana. [...] la GPU, en este caso, sólo ha actuado como el destacamento más resuelto al servicio del Frente Popular. Ahí residía la fuerza de la GPU. En eso consistía el papel histórico de Stalin”.1

1. L. Trotsky. “Clase, partido y dirección” en Fourth International Nº 7, diciembre 1940. Disponible en www.marxists.org  

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Escribe Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional

23/7/2026. El jueves 16 de julio, en la sede del Departamento de Estado en Washington D.C., se llevó a cabo la “Cumbre antifa” que reunió a representantes de gobiernos y organizaciones políticas de 66 países. El objetivo, según los convocantes, es establecer una cooperación internacional de inteligencia, la coordinación entre policías y acciones dirigidas a cortar el financiamiento de las organizaciones de izquierda que el gobierno de EEUU considere involucradas en actividades terroristas.

Al frente de la convocatoria, y dirigiendo la cumbre, se encontraban altos funcionarios del gobierno de EEUU, partiendo por el Secretario de Estado Marco Rubio, junto a Stephen Miller (principal asesor de Trump), y el secretario del Tesoro, Scott Bessent, entre otros, demostrando la gran importancia que Trump dio a este encuentro.

Entre los asistentes había representantes de ministerios de relaciones exteriores, embajadores, y funcionarios de alto nivel operativo y técnico. Representaban a países de Europa, Asia y América. Israel fue el único país de Medio Oriente presente. Entre estos países estaban España, Canadá, Alemania, Argentina, Italia, Chile o Uruguay, entre otros.

Los objetivos delineados por el gobierno estadounidense

Esta cumbre, antecedida por la declaración de Antifa (forma genérica de referenciar el antifascismo) como “organización terrorista” en septiembre de 2025, se inscribe en una política represiva de Trump, quien recientemente firmó la orden ejecutiva de Seguridad Nacional Número Siete, una disposición de emergencia que apunta contra la izquierda y el movimiento anarquista, con el objetivo de autorizar el uso de recursos del Estado yanqui para el combate contra organizaciones de izquierda a las que declara como terroristas.

En los últimos meses, Washington ha designado como organizaciones terroristas extranjeras a cuatro grupos europeos: Antifa Ost, Informal Anarchist Federation/International Revolutionary Front, Armed Proletarian Justice y Revolutionary Class Self-Defense. La inclusión de estas en las listas FTO (Organización Terrorista Extranjera) y SDGT (Terrorista Global Especialmente Designado) activa un protocolo de persecución global que implica bloqueo de activos, prohibición de apoyo material y denegación de visados.

Trump avanzó en esta línea dentro de EEUU, cuando a propósito del asesinato de Charlie Kirk, anunció la criminalización del antifascismo en su propia red Truth Social: “Me complace informar a nuestros numerosos patriotas estadounidenses que designo a Antifa, un desastre enfermo, peligroso y de izquierda radical, como una gran organización terrorista”.

El principal orador de la cumbre, Marco Rubio, declaró: “Pueden llamarse anti capitalistas o anti imperialistas, comunistas, o anarquistas, o marxistas, pero el carácter fundamental es siempre el mismo”. Por su parte, Stephen Miller, el ultraderechista asesor de Trump tras la criminal política anti inmigrantes, habló de la necesidad de combatir el “cáncer mortal de la civilización” y de que “el mayor riesgo que tenemos es que nuestras instituciones se han vuelto demasiado blandas y demasiado cobardes como para poder defenderse de una amenaza mortal”.

Adicionalmente, el 20 de julio, el Departamento de Estado emitió un informe titulado “Cuba: La capital del comunismo en el siglo XXI”, en el que presenta al gobierno cubano como promotor de la “subversión” izquierdista en Estados Unidos y elabora listas de activistas de solidaridad con Palestina, defensores de derechos humanos y activistas de izquierda como supuestos agentes del régimen cubano, apuntando a su criminalización y a crear condiciones políticas para una agresión militar contra Cuba similar a la de enero de este año contra Venezuela.

Macartismo 2.0 para criminalizar la resistencia contra Trump y la ultra derecha

El imperialismo yanqui tiene una histórica tradición contra el marxismo y otros sectores sindicales y de izquierda. El encuentro que llevó a cabo el gobierno de EEUU no es un hecho nuevo en la política imperialista yanqui. Muchas de sus instituciones, como por ejemplo el FBI, surgieron para perseguir a la disidencia política y sindical, organizaciones de lucha por los derechos civiles, del poder negro, pacifistas, organizaciones de pueblos originarios y socialistas, a través de la guerra sucia y la infiltración con programas de contrainteligencia como Cointelpro. Los montajes judiciales y comunicacionales, asesinatos sumarios, y otras medidas contra el activismo dentro de las propias fronteras de USA tienen una larga historia. Los objetivos de la Cumbre Antifa recuerdan a la política impulsada por el ex presidente de los Estados Unidos, Harry Truman, quien durante su presidencia entre 1950 y 1954 desplegó -en medio de la Guerra Fría- una fuerte persecución a sus opositores a través del Comité de Actividades Antiamericanas dirigido por el Senador Joseph Raymond McCarthy acusándolos de ser agentes de la ex URSS y elaborando listas negras para impedir que simpatizantes del partido comunista y quienes se negaran a delatar a izquierdistas pudieran trabajar en industrias como Hollywood.

Fronteras afuera, el imperialismo yanqui fue el principal director y financista de golpes de Estado, invasiones, desestabilización de gobiernos, asesinato y secuestro de líderes políticos disidentes y otros crímenes, perpetrados por la CIA y partidos u gobiernos afines a sus intereses. Hoy, el imperialismo de Donald Trump bombardea criminalmente a Irán, sostiene el genocidio de Israel sobre Palestina, somete a Venezuela y amenaza con invadir a Cuba. Las víctimas de la política anti izquierda y contra quienes se oponen a la dominación imperialista yanqui se suman, en su historia, por millones de diversas extracciones políticas.

En los Estados Unidos crece el rechazo contra la gestión de Trump. Producto del aumento de los precios de los combustibles ligado a su fracaso en Irán, junto a las masivas movilizaciones contra el ICE y las que van directamente contra su gobierno como las realizadas por el movimiento No Kings, el descontento comienza a expresarse en las encuestas, cae su imagen positiva, y en las calles,

La situación política ha generado fracturas dentro del movimiento MAGA, que es su base política conservadora y de ultraderecha. Contra Trump y la ultraderecha, sectores de la juventud manifiestan un nuevo interés por el anti capitalismo e incluso posiciones socialistas, que se expresan electoralmente en votaciones hacia el DSA, el ala socialdemócrsta del Partido Demócrata, pero que superan los límites de ese partido capitalista e imperialista mostrando un proceso aún más profundo de polarización.

La crisis política pone en alerta máxima a Donald Trump y sus secuaces MAGA, ante el peligro que significan las elecciones que se realizarán el 3 de noviembre de 2026. Las elecciones parlamentarias realizadas durante el último periodo han significado duras derrotas para Trump y los republicanos en diversos Estados. En ese sentido, Trump impulsa diversas maniobras para limitar los derechos de la democracia burguesa con el objetivo de evitar una derrota. La crisis política, las crecientes movilizaciones y una posible derrota en las elecciones motorizan defensivamente esta cumbre ultra reaccionaria.

A nivel internacional, a pesar de los triunfos electorales de la ultraderecha que encabeza Trump, hay claras señales de desgaste de estos gobiernos. Caso especial es el de Milei en Argentina, la derrota electoral de Orbán en Hungría, el creciente rechazo y aislamiento de Netanyahu y el sionismo ante el movimiento mundial en solidaridad con Palestina, entre otros. La ultraderecha muestra sus límites para capitalizar una crisis política que polariza al planeta y Trump busca reagrupar a la ultraderecha internacional con un financiamiento directo de las formaciones de ultraderecha a nivel internacional, particularmente en Europa, y apuesta a intervenir en las elecciones de otros países para apuntalar a sus aliados como sucedió en América Latina.

En este marco Trump trata de rearticular a su base política nacional e internacional, utilizando una vieja receta fascista: crear un enemigo interno ficticio al que perseguir y mostrarlo como terroristas brutales y peligrosos, hacer un grandilocuente llamado a todos a defender “la familia y a la patria” legitimando la violencia y el autoritarismo como únicos recursos para derrotar las movilizaciones en su contra y controlar el aparato político de los Estados Unidos. Esta vez, como se utilizó ayer en las dictaduras latinoamericanas, Trump vuelve a inventar el gran enemigo-terrorista de la izquierda marxista y anarquista.

Por la movilización unitaria para enfrentar a Trump y la ultraderecha mundial

La declaración de grupos de izquierda como terroristas es la continuación de un plan que tiene por objetivo criminalizar y perseguir a nivel internacional a todas las personas, activistas y organizaciones que se movilizan contra la política imperialista, ajustadora y autoritaria impulsada por la contraofensiva impulsada por Donald Trump.

Es urgente el rechazo y la más amplia movilización contra esta cumbre y sus postulados, por sus objetivos descaradamente autoritarios y antidemocráticos. Su lenguaje violento y las tareas comunes que se plantea no son una mera evocación nostálgica de las viejas dictaduras capitalistas, sino la intención de revivir y legitimar sus sangrientas operaciones contra la disidencia política en el mundo de hoy. Intenciones que hoy, y gracias a la lucha y resistencia de las y los trabajadores y los pueblos, no pueden aplicar.

Desde la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI) repudiamos la Cumbre Antifa encabezada por Trump y la ultraderecha internacional y nos solidarizamos con las organizaciones y activistas perseguidos. Llamamos a las organizaciones políticas democráticas, organizaciones sindicales y estudiantiles, sociales, feministas, de la disidencia sexual, ambientalistas, de pueblos originarios, derechos humanos y al movimiento global en apoyo a Palestina a poner en marcha un movimiento global contra Trump y su infame “Cumbre Antifa” para enfrentar en las calles las políticas de ajuste, saqueo y represión del imperialismo en los Estados Unidos y en cada uno de los países.

 

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional (UIT-CI)

23 de julio 2026

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