Imagen de portada: Las banderas señalan el avance británico sobre el Mar Argentino y las áreas marítimas alrededor de las Islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur y Antártida

Escribe José Castillo
Casi al mismo tiempo que crecía el sentimiento popular por Malvinas, nos enteramos de que, a través de un acuerdo británico-israelí, el año próximo comenzará el saqueo a gran escala del petróleo en el área del Mar Argentino cercano a las islas. Todo ante la complicidad del gobierno de
Javier Milei.
Todos festejamos el triunfo de Argentina sobre Inglaterra en el Mundial. Pero la euforia futbolística se multiplicó cuando la imagen de una bandera con la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, sostenida por los jugadores de la selección, recorrió el mundo.
Miles de millones recordaron, y otros tantos se enteraron por primera vez, de que hay una parte del territorio argentino invadida por el imperialismo británico, que hace poco más de 40 años hubo una guerra y que los muertos argentinos (“los chicos de Malvinas”) siguen siendo homenajeados con devoción popular en nuestro país.
Pero, en ese mismo momento, se conoció una noticia impactante que demuestra, más que nunca, que Malvinas no es una causa “nostálgica”, sino algo dramáticamente presente.
Una empresa de Israel, Navitas Petroleum, con el 65% del proyecto, y otra de Gran Bretaña, Rockhopper Corporation, con el 35% restante, comenzarán a extraer petróleo a partir de 2028 en el yacimiento Sea Lion del Mar Argentino, sobre la cuenca norte de Malvinas, a 200 kilómetros de Puerto Argentino. Después se supo que también estaría involucrada una empresa naviera chilena, Easter Island Naviera (Empresa de Navegación Isla de Pascua o Easter Island Logistics), ya que se buscaría establecer una nueva conexión comercial entre Malvinas y Punta Arenas.
Se trata de un negocio de proporciones gigantescas. Contemplan inversiones por 1.800 millones de dólares en su primera fase, con el objetivo de extraer 170 millones de barriles y luego duplicarlos. El valor de lo extraído podría superar los 10 mil millones de dólares. Además, negocian expandirse hacia otras zonas. Se calcula que allí hay un tercio del crudo que existe en Vaca Muerta. Es tal la magnitud de lo anunciado que en Londres ya comenzaron a hablar de Malvinas como “la próxima Dubai”.
Esto modifica por completo la situación geoestratégica de las islas. El organismo de promoción económica de los kelpers, Falkland Islands Development Corporation, afirmó que, con los ingresos de esa explotación petrolera, el gobierno kelper podría pagar su propia defensa, que hoy depende del presupuesto de defensa británico. El Estado sionista de Israel, por su parte, se prepara para abrir un consulado honorario en Ushuaia.
Un proyecto con historia
El gobierno de La Libertad Avanza se hizo el “sorprendido” y ensayó una tibia protesta de compromiso. Pero ya se sabía desde diciembre del año pasado, cuando el gobierno de las islas autorizó la explotación. Milei dejó correr el tema y recién presentó una nota formal el 13 de julio, después de que lo hiciera la Secretaría de Malvinas de Tierra del Fuego.
Pero la “protesta” fue tan formal que ni siquiera se abrió un expediente para investigar y sancionar, tal como lo obliga la Ley 26.659/11, que establece las condiciones para la exploración y explotación de hidrocarburos en la plataforma continental argentina y prohíbe cualquier actividad petrolera en el mar continental sin autorización previa y formal del gobierno argentino.
El comienzo del saqueo petrolero de Malvinas tampoco era una novedad. En 2011 ya se había inhabilitado a la misma empresa israelí, Navitas Petroleum, por realizar tareas de exploración en ese yacimiento, junto con Chrysaor Holdings y Harbour Energy, ambas británicas y también sancionadas. Hubo sanciones posteriores en 2015. Finalmente, la Resolución 240/2022 declaró clandestinas las actividades de Navitas e inhabilitó a la empresa por 20 años para operar en el país. También está inhabilitada la otra empresa involucrada, la británica Rockhopper Exploration, así como otras ocho compañías.
El CEO de la empresa israelí Navitas afirmó recientemente que mantuvo contactos con el gobierno de Milei y que no hubo ningún tipo de cuestionamiento. Más aún, el mes pasado el gobierno argentino firmó el Decreto 590/26, mediante el cual instruyó a la Secretaría de Energía a convocar a un concurso público internacional para explorar hidrocarburos en el Mar Argentino, con arbitraje internacional ante conflictos, abriéndoles la puerta a las propias petroleras extranjeras, entre ellas las británicas.
Basta de saqueo y entrega
No hay defensa de la soberanía de Malvinas ni forma de frenar el saqueo con este gobierno ultraderechista. ¡Milei no va más! ¡Fuera ingleses y sionistas del Mar Argentino!
Un primer paso en el camino para recuperar nuestra soberanía es terminar con la entrega de tierras, mares y pozos de petróleo y gas a los capitales británicos, expropiar a quienes ya están usufructuando esas riquezas y comenzar una ofensiva en todos los foros. También hay que romper relaciones con Gran Bretaña y llamar a la solidaridad internacional de los pueblos del mundo contra la ocupación colonial.

Escribe José Castillo
Las Malvinas son argentinas. En 1833, el imperialismo británico invadió las islas, expulsó a la población local y, mediante el traslado de población importada (“los kelpers”), convirtió a Malvinas en un enclave colonial.
En 1982, el dictador Leopoldo Galtieri, buscando recuperar apoyo ante el creciente repudio obrero y popular, se lanzó a la aventura de recuperar las Malvinas. Creía que contaría con el respaldo del imperialismo yanqui, que obviamente apoyó a los británicos. Lo que sí se produjo fue una gigantesca movilización antiimperialista. Toda Latinoamérica apoyó a Argentina. Los generales genocidas no querían pelear, pero se vieron arrastrados por la marea.
Mientras la asesina Margaret Thatcher hundía ilegalmente y fuera de la “zona de exclusión” el crucero General Belgrano, durante un mes y medio los “chicos de la guerra”, colimbas de 18 a 20 años, junto con un puñado de jóvenes suboficiales y oficiales de baja graduación y un grupo de pilotos de combate, pelearon palmo a palmo, desigualmente armados, contra los invasores. Años más tarde, generales británicos afirmaron que hubo un momento en que la Argentina estuvo a punto de obligar a la flota de los piratas a retirarse. 649 argentinos murieron en la guerra (326 en las islas más los 323 del hundimiento del ARA General Belgrano). A esto hay que sumar 1.657 heridos.
Pero la alta jerarquía militar nunca quiso ganar. No tocó los intereses británicos en el país e incluso garantizó que se siguiera pagando la deuda externa a los acreedores ingleses. Tampoco aceptó la ayuda militar ofrecida por otros países.
Cuando el presidente genocida Leopoldo Galtieri anunció la rendición, una multitud lo repudió en Plaza de Mayo. “Los pibes murieron, los jefes los vendieron”, se escuchó junto al atronador “se va a acabar, se va a acabar, la dictadura militar”.
El fracaso de la “desmalvinización”
Los gobiernos posteriores se dieron una tarea, “desmalvinizar”, hacer olvidar la gesta antiimperialista.
La dictadura escondió el regreso de los soldados y los presionó para que no dieran testimonios, además de negarles asistencia médica, económica o social para su reinserción. Sin embargo, cuando el 19 de junio de 1982 el crucero británico Canberra arribó a Puerto Madryn con 4.136 soldados argentinos, que fueron trasladados en camiones cerrados a una barraca, el pueblo rompió el cerco militar para llevarles comida.
Los excombatientes se organizaron. Ya el 2 de abril de 1983, en el primer aniversario de la gesta, miles marcharon por las calles reivindicando Malvinas y, a la vez, repudiando a la dictadura. Hoy existen más de 400 organizaciones de excombatientes a lo largo y ancho del país.
Pasaron los años. Los excombatientes crecieron y muchos nunca pudieron recuperarse de la marginación a la que los sometieron los sucesivos gobiernos. Más de 350 se quitaron la vida. En 2005, Gastón Pauls reflejó ese drama en una extraordinaria película que reivindica la gesta malvinera, Iluminados por el fuego.
De los Acuerdos de Madrid a la entrega de Milei
Mientras tanto, los distintos gobiernos que se sucedieron continuaron con la “desmalvinización” y avanzaron en la entrega.
Durante la presidencia de Carlos Menem se firmaron los Acuerdos de Madrid I (1989) y Madrid II (1990), que restablecieron las relaciones diplomáticas y fijaron lo que se llamó un “paraguas de soberanía”, que podría resumirse en la frase “de eso no se habla”. Todo esto formaba parte de la llamada política de seducción a los isleños por parte del peronismo menemista. Esta llegó a ribetes ridículos, como cuando el canciller Guido Di Tella envió ositos de peluche Winnie the Pooh a las familias kelpers. Se firmaron 17 acuerdos con Gran Bretaña, la mayoría relacionados con la conservación de recursos pesqueros, que Gran Bretaña incumplió sistemáticamente, profundizando su accionar pirata sobre el área.
Durante los 12 años del peronismo kirchnerista se dio mayor espacio simbólico a la causa Malvinas. Pero no se dio ningún paso efectivo para hacer lo que hubiera modificado la relación de fuerzas. Ningún interés británico en la Argentina fue tocado. Más aún, se abrieron nuevos, como los avances de British Petroleum y Río Tinto en la megaminería, o la ampliación de las tierras adquiridas por personajes como Joe Lewis en la Patagonia.
En 2016, el gobierno de Mauricio Macri firmó el comunicado conjunto Foradori-Duncan (13/9/2016), que incluía una increíble cláusula en la que nuestro país se comprometió a “remover todos los obstáculos que limitan el crecimiento económico y el desarrollo sustentable de las Islas Malvinas/Falklands, incluyendo comercio, pesca, navegación e hidrocarburos”.
El gobierno ultraderechista de Javier Milei es, sin duda, el más entreguista y probritánico de toda la lista. Afirma públicamente que es un admirador de Margaret Thatcher. Algunos de sus diputados, como Sabrina Ajmechet, dicen que las Malvinas son inglesas. Su primera canciller afirmó que lo definitorio serían los “deseos” de los kelpers, desconociendo su carácter de población implantada. Milei se prepara para coronar su entrega con un Argentine Fest en Londres, un evento para invitar a los capitales británicos a avanzar en el saqueo, ya no solo de Malvinas, sino también de nuestro propio territorio continental.
Las Malvinas son argentinas
La causa Malvinas es antiimperialista, obrera y popular, y crece entre las nuevas generaciones. Nada podemos esperar de estos políticos patronales entreguistas. Solo un gobierno de la izquierda y la clase trabajadora, que ataque de verdad los intereses de las multinacionales imperialistas, rompa con el FMI, deje de pagar la deuda externa y apele a los pueblos de Latinoamérica y a otros pueblos sometidos del mundo, podrá hacer realidad el sueño de la recuperación de las Malvinas Argentinas.
Escribe Guido Poletti
Terminada la guerra de 1982, Gran Bretaña no sólo continuó con la ocupación ilegal de las islas, sino que aprovechó la victoria militar para extender su dominación.
Durante el conflicto, los británicos habían establecido unilateralmente una zona de exclusión de 200 millas náuticas (aproximadamente 370 kilómetros) alrededor de las islas, que abarcaba un área marítima y aérea de 430 mil kilómetros cuadrados. Inmediatamente después de finalizar la guerra, Londres reemplazó la zona de exclusión militar por la Falkland Islands Protection Zone, de 150 millas náuticas.
Lo que en un principio era una restricción militar (prohibir el paso de aviones y naves argentinas) se transformó, en 1986, en un área de explotación económica, la Falkland Islands Interim Conservation and Management Zone, con el objetivo explícito de iniciar la regulación y venta unilateral de licencias pesqueras (principalmente para la captura de calamar illex y merluza).
Al mismo tiempo, Gran Bretaña había construido la base militar y el aeródromo de Mount Pleasant y fortificado la guarnición de Malvinas con más de 2 mil marines, naves de guerra y submarinos. Quedó, además, la sospecha de que incluía armamento nuclear.
En diciembre de 1990, Gran Bretaña oficializó la Falkland Islands Outer Conservation Zone, ampliando la jurisdicción pesquera a las 200 millas náuticas desde las líneas de base costeras.
En 1993, declaró formalmente una zona marítima de 200 millas náuticas también alrededor de las Georgias del Sur y Sandwich del Sur. Esto le otorgó el control de un área marina adicional de 1.450.000 km².
En mayo de 2009, ante la Comisión de Límites de la Plataforma Continental de las Naciones Unidas, el Reino Unido presentó unilateralmente sus pretensiones de soberanía sobre el lecho y el subsuelo marino más allá de las 200 millas náuticas alrededor de Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur.
A partir de 2012, el Reino Unido comenzó a implementar políticas ambientales unilaterales mediante la creación de Áreas Marinas Protegidas en Georgias del Sur y Sandwich del Sur. En revisiones posteriores, como las impulsadas en 2019 y 2024, prohibió totalmente la pesca en áreas cada vez mayores, alcanzando más de 440 mil kilómetros cuadrados de veda total.
En conjunto, sumando las áreas marítimas de Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, la presencia y la imposición de jurisdicción británica abarcan entre 1.600.000 y 1.900.000 kilómetros cuadrados de espacio marítimo e insular. Mediante la pretensión unilateral sobre la plataforma continental extendida presentada ante la ONU en 2009, Gran Bretaña busca proyectar derechos sobre otros 1.4 millones de kilómetros cuadrados adicionales de lecho y subsuelo marino más allá de las 200 millas.
Y, obviamente, detrás de todo esto está el intento británico de quedarse también con la Antártida Argentina, donde actualmente las pretensiones británicas se superponen con los espacios reclamados por Argentina y Chile.
Gran Bretaña avanza así económicamente sobre la pesca, el gas y el petróleo, pero también geopolíticamente, para controlar militarmente el Atlántico Sur y el pasaje de Drake, único camino entre ambos océanos, exceptuando el Canal de Panamá. Se trata de una auténtica “pampa sumergida” invadida por los piratas ingleses.
Escribe Guido Poletti
Fundada en 2015 y con sede en Herzliya, Israel, Navitas Petroleum tiene oficinas en Houston y Londres, cotiza en la Bolsa de Tel Aviv y posee un portafolio de 14 activos vinculados al gas y al petróleo.
Ingresó al yacimiento Sea Lion, en la cuenca de Malvinas, entre 2021 y 2022, cuando compró la participación que antes tenía Harbour Energy, una compañía británica que decidió retirarse. También está presente en otra cuenca adyacente, denominada PL001, que podría integrarse a la explotación de la primera.
Navitas está encabezada por Gideon Tadmor, referente de la industria energética israelí y uno de los impulsores de los descubrimientos de los campos Tamar y Leviathan, en el Mediterráneo Oriental. El segundo es Jacob Koby Katz, quien fue director general del Ministerio de Infraestructura, Energía y Agua del Estado de Israel. Ambos personajes forman parte de la cúpula de toma de decisiones del Estado sionista, del cual el gobierno de Javier Milei se define como “aliado estratégico”.
En marzo pasado, el CEO de Navitas, Amit Kornhauser, afirmó durante una presentación ante inversores que las declaraciones de Milei en respaldo al derecho a la autodeterminación de los isleños lo llevaban a considerar que la cuestión Malvinas ya no era un conflicto político pendiente. También sostuvo que la decisión final de inversión de Navitas avanzó sin ninguna interferencia del gobierno argentino y con el pleno apoyo de las autoridades británicas y de las islas.
La causa de Malvinas tuvo otros capítulos que la mantuvieron viva. No podemos dejar de mencionar lo que sucedió en México D.F., en el Estadio Azteca, durante el Mundial de 1986. Ese día, a cuatro años de la guerra, Argentina e Inglaterra jugaron por los cuartos de final. La cancha, literalmente, hervía. Los entonces temidos hooligans ingleses terminaron corridos por los hinchas argentinos. Diego Armando Maradona les dio la victoria a los nuestros con dos goles que vimos miles de veces, el de “la mano de Dios” y el otro, considerado el mejor de la historia de los mundiales. Esos goles y el relato de Víctor Hugo Morales se transformaron en un auténtico símbolo de Malvinas.