22 de abril de 2026
Escriben: Aldo Casas, Juan Pablo Casiello, Eduardo Lucita, Ariel Petruccelli
Adhieren: Eduardo Gruner, Miguel Mazzeo, Mabel Bellucci, Sergio Barrera, Sergio Zeta, Lucía Caisso, Angel Paliza, Santiago Deschutter,
Queridas compañeras, queridos compañeros:
Nos dirigimos fraternalmente a todas las organizaciones políticas que integran el Frente de Izquierda y de los Trabajadores Unidad (FITU), así como a las organizaciones políticas, sindicales y sociales que simpatizan con esta coalición. Queremos ofrecer modestamente nuestro parecer sobre los desafíos actuales de las fuerzas revolucionarias en la Argentina, en un contexto que, a nuestro juicio, tiene pocos precedentes históricos.
El apoyo al gobierno de Milei cae significativamente de la mano de una crisis económica que se profundiza con caída de salarios y jubilaciones, inflación que no cede, cierre de fábricas, aumento de la desocupación y la continua aparición de nuevos casos de corrupción.
Quizás una de las mayores “fortalezas” de Milei sea la tremenda debilidad de la oposición que encarna el peronismo. Un peronismo fragmentado (cruzado por fuertes internas como la de Cristina-Axel), sin propuestas políticas capaces de sacarnos de la miseria que se ha ido profundizando, herido por la claudicación de la CGT y la clara subordinación al gobierno nacional de varios de sus gobernadores, diputados y senadores, y cargando aún la pesada mochila del gobierno de Fernández-Fernández, que sin duda sigue presente en la memoria de nuestro pueblo y que, en su desbarranque, abrió la puerta para la victoria de Milei.
En este marco, no resulta casual que las encuestas vengan mostrando un crecimiento notable de la izquierda, tanto en la intención de votos para el FITU (que supera el 10%) como en la valoración de la figura de Myriam Bregman, que aparece en el primer pelotón de dirigentes con imagen positiva en porcentajes similares a Milei, Kicillof, Bullrich o Cristina y con la imagen negativa más baja. Todo indica que la radicalización no se detuvo en el crecimiento exponencial de la ultraderecha, que pasó –a partir de un posicionamiento disruptivo– de la marginalidad a la presidencia de la Nación en cuatro años. Hay signos que sugieren la posibilidad de una radicalización en sentido opuesto. Pero para que esto se haga realidad resulta necesario que la izquierda asuma el desafío de ofrecer una alternativa de gobierno absolutamente independiente de la clase económicamente dominante y de la casta gobernante, intransigente en su programa de cambio estructural, y que se presente como una opción polar no sólo ante la ultraderecha, sino también ante todas las variantes de administración del Estado y de gestión de la sociedad sin transformación radical.
Inevitablemente, las señales que ofrecen las encuestas se han transformado en un tema de agenda de los medios y de los círculos de poder, pero también de la gente común. “¿Será posible que Myriam sea presidenta?”, “¿te la imaginás en el gobierno?”, “¿la izquierda está preparada para gobernar?”
Con cierta sorpresa, sin embargo, hemos escuchado a las principales figuras públicas de este espacio político –como la misma compañera Myriam Bregman y el compañero Cristian Castillo– poniendo paños fríos a esa posibilidad, dando a entender que todavía no sería posible un gobierno de la izquierda porque no están dadas las condiciones necesarias para tal cosa: falta desarrollo de organismos de doble poder tipo soviets, una clase obrera organizada y movilizada, etc. Explican, como de manera reiterada hiciera el kirchnerismo cuando estuvo en el gobierno, que “una cosa es estar en el gobierno y otra es tener el poder”, y que en las actuales condiciones cualquier gobierno de la izquierda sería bloqueado por los grupos que detentan el poder que no están dispuestos a perder ninguno de sus privilegios.
Sin duda se trata de preocupaciones absolutamente legítimas que nos plantean importantes desafíos. Pero hoy, a un año y medio de las elecciones, creemos equivocado colocar el énfasis en que no están dadas las condiciones para gobernar e insistir exclusivamente en la resistencia. No se trata de desatender la lucha callejera, ni tampoco de “vender ilusiones”. Pero existe la posibilidad de que un gobierno de los trabajadores encabezado por una figura comprometida con un proyecto revolucionario sea visto como una opción real. El solo dato de que este debate esté abierto, quizás por primera vez en la historia de nuestro país, nos habla de una realidad única con aspectos favorables que nos obligan a ser a la vez muy responsables y muy audaces.
Ya abierto el debate, surgen en mucha gente dos preguntas básicas frente a la suma de explicaciones mencionadas: “¿Y para qué se presentan entonces a elecciones?” y “Milei no tenía ninguna estructura ni experiencia de gobierno… ¿la izquierda no puede hacer lo mismo?”
Cuando en abril de 1917 Lenin planteó el objetivo de la toma del poder lo hizo prácticamente contra toda la izquierda rusa, incluida la mayoría de la dirección bolchevique. No faltaban razones, desde luego, a quienes se opusieron a esta audaz elección política: en base a un conjunto de circunstancias bien atendibles, sostenían que no estaban dadas las condiciones para construir el socialismo en el atrasado imperio ruso. La historia tenía reservadas dolorosas experiencias a la revolución que sería ingenuo ignorar. Su deriva fue mucho más compleja y contradictoria de lo que cualquiera hubiera podido prever en 1917. Pero fue la orientación de Lenin (en sintonía con la perspectiva de Trotsky) la que permitió aprovechar una oportunidad histórica.
Las condiciones ideales no se darán nunca. Toda revolución tiene una cuota fundamental de voluntad y audacia. Calibrar fríamente las diferentes situaciones es necesario, pero habrá siempre un margen amplio de incertidumbre. Hoy en día, sin embargo, tenemos la oportunidad absolutamente excepcional en la historia argentina de que un amplio segmento de la clase trabajadora comience a ver con simpatía una opción política (un gobierno revolucionario de trabajadores) que ha estado desterrada por décadas. Esa simpatía incipiente, creemos, debe ser apuntalada con señales muy claras de que las organizaciones revolucionarias de este país están decididas a tomar el poder del Estado, incluso por medios electorales en primera instancia y como paso previo a una transformación radical del propio Estado y de la estructura social que quite el poder económico a la minoría capitalista y entregue el grueso de los medios de producción socializados a la mayoría trabajadora. La simpatía que hoy está despertando la figura de Myriam Bregman ofrece una oportunidad para colocar esta perspectiva de manera decidida en la agenda popular. Y ello implica insistir más en las propuestas propias que en la denuncia de los males ajenos, y dar muestras de disposición a ser algo más que campeones de la resistencia. Hay que dar señales inequívocas de disposición a tomar el poder.
Sabemos que un gobierno obrero –y todo lo izquierdista que se quiera– no podrá afianzar el rumbo si no avanza en la dirección de expropiación de la clase capitalista. Esta es la diferencia principal entre “tener el gobierno” y “tener el poder”. En la actualidad el descontento acumulado de años de frustraciones con las distintas fuerzas políticas del sistema nos permite explicar esto a las masas, incluso cuando nunca antes lo hubieran pensado. Y es evidente que una línea política de este tipo demandará mucho más que votos: serán necesarias millones de personas movilizadas en defensa de esta orientación. Pero para que puedan decidirse a emprender un camino tan inusual y arriesgado, es necesario que las organizaciones revolucionarias den muestras de la mayor resolución, que muestren “vocación de poder”: y no de poder para administrar la miseria capitalista, sino de poder para iniciar una transformación revolucionaria que requerirá, también, de propuestas programáticas más concretas y más detalladas que las que solemos expresar en la arena pública.
En Argentina hoy está abierta la posibilidad de que una opción revolucionaria sea vista con simpatía por un sector ya no pequeño de la sociedad: ese es el mérito histórico del FITU como coalición y del PTS como el partido con mayor incidencia en ese frente político.
La unidad necesaria y la necesidad de una alternativa
El desafío de la hora es construir importantes niveles de militancia y unidad en pos de un objetivo revolucionario. Es decir, superar la resistencia o la mera administración del Estado. Frente a la pregunta que mucha gente se hace en torno a la unidad para ganarle a Milei, no alcanza con responder que una unidad con cualquiera (Pichetto, Villarruel, Rocca) solo anticipa un nuevo fracaso, como fue el gobierno de los Fernández. Esto es cierto, pero insuficiente. Creemos que se trata de proponer la más amplia unidad detrás de un programa mínimo indispensable que siente las bases para sacar a nuestro país de un declive que ya lleva décadas. Para ello es necesario que el grueso de la clase trabajadora comprenda que el Estado no es el Ángel que presentan los peronistas ni el Demonio que fustiga la derecha liberal. El Estado es una pieza importante, pero subordinada a la estructura del mercado mundial y a la propiedad privada de la clase dominante. Tomar el poder del Estado sólo dará buenos frutos si es el paso inicial para una transformación radical del propio Estado y de las relaciones de producción que estructuran la sociedad. En tal sentido, el programa de un gobierno de los trabajadores que no se contente con administrar el capitalismo (lo que hoy por hoy es, sin más, administrar la miseria y la alienación) debe incluir medidas elementales de soberanía, como el no pago de la Deuda externa, el control de la banca y del comercio exterior, la derogación de las leyes de Milei sobre inversión extranjera, la de actividades financieras, avanzar en la derogación del conjunto de leyes y decretos anti-obreros y antipopulares del actual gobierno y, por supuesto, desarrollar una oposición férrea a la guerra imperialista.
También debe volver a colocar en el horizonte popular objetivos clásicos como la abolición del derecho de herencia sobre los medios de producción, la socialización de la tierra o la expropiación de los grandes capitales. Y parece imperioso introducir otros puntos menos clásicos, pero indispensables en el mundo actual, como la necesidad de avanzar en la agricultura ecológica, desarrollar una industria de bienes duraderos en contra de la obsolescencia programada, etc. Elaborar un esbozo de este programa, exponer al debate público diferentes opciones y posibilidades, podría ser una tarea gigantesca de politización de masas capaz de permitir salir a la clase trabajadora de la oscilación entre resistencia a la defensiva y opciones electorales impotentes. En Argentina existen condiciones como para que todo esto se discuta en las calles, las fábricas, las aulas y las plazas.
De la misma manera, no nos parece suficiente denunciar las falencias (innegables) de la democracia burguesa que rige nuestra vida política. Habrá que contraponer los contornos de una democracia revolucionaria con perfiles institucionales posibles que sean más explícitos que unas pocas ideas muy genéricas (como “democracia directa” o “soviets”). Debatir abiertamente las formas institucionales de una democracia socialista, al igual que las formas específicas de una planificación económica socialista, ayudaría a la politización popular y abriría nuevos horizontes que pueden estar al alcance si todas las fuerzas de izquierda, con el FITU en el lugar central, nos ponemos a la tarea. En un mundo que marcha hacia la depredación crecientemente militarizada por parte de los dueños del mundo, oponer una alternativa socialista y revolucionaria de masas es imperioso. Y, en nuestro contexto, posible.
Aceptar el desafío
Es indudable que un acierto del FITU de conjunto ha sido plantearse con mucha firmeza en la vereda opuesta de este gobierno y de los anteriores. De lo que se trata ahora es de saber construir y presentar una propuesta propia con más carnadura que un puñado de consignas.
Las masas deben dejar de vernos como buenos opositores para vernos como la expresión de una propuesta alternativa radical concreta. Si conseguimos que (sobre todo) los sectores movilizados y en lucha comiencen a discutir un programa revolucionario habremos dado un gran paso. Y habrá que discutir a calzón quitado, desde luego, las vías tácticas y estratégicas que se pueden adoptar.
Simpatizamos con la idea de construir una gran fuerza política revolucionaria de trabajadores. Pero es probable que la revolución la hagan varios partidos, no uno solo. En todo caso, lo que se necesita para hacer una revolución son millones de personas actuando y deliberando en diferentes tipos de organizaciones. Como asumimos que una democracia socialista será necesariamente plural, no tenemos ningún apuro en la construcción de un único partido. Y en las presentes circunstancias nos parece deseable y factible (aunque no es necesariamente lo que está sucediendo) que las fuerzas que integran el FITU y aquellas que se hallan próximas tejan lazos más estrechos, poniendo en primer lugar el objetivo revolucionario por sobre las construcciones organizativas particulares: la revolución la haremos juntos y la reacción no hará distingos. Más allá de las tácticas o la estrategia necesarias para dar el primer paso (un gobierno de trabajadores), la construcción de un nuevo orden socialista demandará enormes energías intelectuales, morales y físicas que no podrían ser encauzadas por marcos institucionales demasiado estrechos. Habrá que poner mucho el cuerpo, sin duda, pero también será necesario poner mucha cabeza. Diseñar propuestas, imaginar nuevas instituciones, elaborar alternativas, transitar caminos inexplorados.
¿Cómo pasar de un gobierno de izquierda que ganó las elecciones a un nuevo marco instituyente? Nadie tiene la respuesta. Pero el FITU está en condiciones de lanzar el desafío y encabezar la marcha. Es necesario llamar a formar equipos de trabajo sobre distintos temas. Convocar a trabajar a gente que no piensa necesariamente igual que los marxistas, pero que puede simpatizar con la candidatura de Myriam Bregman. Podemos discutir públicamente todos los grandes temas -agronegocio, minería, energía, bancos, educación, vivienda, transporte, salud, política exterior, modelo industrial, IA, género, medios de comunicación, etc.- y hacerlo sin el chaleco de fuerza del respeto a la propiedad privada capitalista y el imperativo del lucro privado.
Estamos frente a una gran oportunidad. La crisis económica y social, las malas experiencias con los gobiernos anteriores y las profundas contradicciones de la oposición mayoritaria están llevando a la radicalización a una franja del movimiento de masas que se referencia con Myriam Bregman y la izquierda, y que ve en las elecciones del 2027 un evento importante. En la medida en que el peronismo continúe desplazándose hacia la derecha, habrá más campo para una opción por izquierda. Pero si la izquierda no logra postularse a tiempo como una alternativa creíble, de una u otra manera la derecha liberal o el peronismo se recompondrán. La presente “ventana de oportunidades” no será eterna.
Nada de esto significa abandonar las calles para apostarlo todo a las elecciones. Supone, más bien, sumar a la más decidida resistencia callejera un horizonte político en el que las elecciones no sean vistas meramente como la ocasión de ganar un espacio de resistencia (una banca para denunciar las injusticias y apoyar las luchas), sino como una posibilidad de ofrecer a las masas un detallado programa verdaderamente transformador y, eventualmente, de tomar el poder para dar inicio a una revolución. Hoy esto puede parecer extraño e incluso lejano. Pero vivimos una época de aceleración de los tiempos históricos y de repentinos virajes políticos. Esta posibilidad, por lo demás, no es incompatible con un proceso en el que el acceso al poder se dé por otros medios: insurreccionales, por ejemplo. Habrá que tener mucha flexibilidad táctica. Pero, a día de hoy, en el horizonte se perfila con más nitidez un salto electoral que un asalto insurreccional. Por lo demás, no se puede descartar la posibilidad de que una insurrección tenga lugar para defender al poder conquistado electoralmente.
¿Cómo no aprovechar esta situación para multiplicar nuestra referencia y organizar a miles y miles de activistas?
Tenemos que decir con orgullo y convicción que vamos a apostar a que Myriam Bregman sea presidenta, y que para eso hay que organizarse y luchar ahora.
¿Por qué no impulsar en todos lados (facultades, hospitales, fábricas, escuelas, barrios, comercios, etc.) algo así como “Comités de lucha por un gobierno de trabajadores: Miriam Bregman presidenta”?
Hasta hace poco tiempo esto hubiera sido algo imposible, minoritario o meramente testimonial. Hoy puede ser un fenómeno altamente dinámico, a condición de que las fuerzas del FITU se decidan a mostrarse como una alternativa tan clara y decididamente disruptiva (revolucionaria) como dispuesta a gobernar.
Sin dudas: estamos frente a una oportunidad y un desafío extraordinarios.
Quedamos a vuestra disposición para lo que juzguen conveniente.
¡Saludos revolucionarios!
*Leé la respuesta y propuesta https://izq.ar/3u2
El 11 de mayo de 1976, en el barrio de Tolosa de la ciudad de La Plata, dos jóvenes y una joven, militantes del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) fueron secuestrados en su vivienda y desaparecidos. Muchos años después sus cuerpos fueron hallados en el cementerio de Ezpeleta, figuraban como NN.
Escribe: José “Pepe” Rusconi
Luego del golpe militar de 1976, el PST pasó a funcionar en la clandestinidad. Los militantes nos organizamos en “células”, que eran grupos muy reducidos donde se evitaba conocer domicilios, trabajos y apellidos de sus integrantes. Una de estas células funcionaba en el barrio de Tolosa y la conformábamos cinco compañeros y compañeras. Éramos Julio Matamoros “el Bocha”, Alejandro Ford “el Negro”, Mónica de Olazo “Moniquita”, Pelusa y yo. Alejandro y Mónica eran pareja, al igual que Pelusa y yo.
A fines de 1976, este grupo se modificó en su composición. A Pelusa y a mí nos asignaron otras actividades. Miguel, un compañero oriundo de Avellaneda, me reemplazó como responsable de esa célula. Pero en la mañana del 12 de mayo, nos encontramos con Miguel y me contó que la noche anterior, cuando se dirigía al departamento donde vivían los compañeros de Tolosa, al estar llegando, había visto movimientos raros en la entrada. Había seguido caminando hasta la esquina y, al volver, pudo observar que entraban y salían unos tipos con armas largas. Obviamente, se había ido del lugar.
Como yo tenía el teléfono del trabajo de Julio y de su casa familiar, llamé a ambos lugares. En el trabajo me dijeron que no se había presentado y, en su casa, me atendió su hermano menor muy exaltado diciendo que Julio no estaba. En ese momento confirmamos que a los compañeros los habían secuestrado y dimos la alarma al partido.
En ese momento Julio tenía 21 años, Alejandro 20 y Moniquita 18. Julio se había acercado al partido siendo estudiante de Derecho de la UNLP en el año 1973 o 1974. Había militado en Medicina con Pelusa para organizar la Juventud del PST y, al momento de su secuestro, era trabajador del Banco de Crédito Provincial de La Plata. Alejandro era egresado de la Escuela de Bellas Artes de la Facultad de Bellas Artes de la UNLP. Había sido un importante dirigente de la Unión de Estudiantes Secundarios (UES), rama secundaria de la Juventud Peronista. Tenía un hermano, también estudiante secundario, que era militante de la juventud del PST. Fue muy importante haberlo ganado para las filas del PST. Esto sucedió cerca de la fecha del golpe militar y sus primeros pasos fueron haciendo una Escuela de Formación Política en plena clandestinidad. Esa Escuela la hicimos juntos y ahí nos hicimos muy amigos, se generó un afecto muy grande entre nosotros. Cuando lo secuestraron, ya había ingresado como trabajador en el área de seguridad industrial en la destilería de YPF en La Plata, donde también trabajaba su madre. Era un excelente dibujante. Moniquita había terminado el colegio secundario e integraba la juventud del PST. La conocí en la célula. Cuando la secuestraron estaba recién recibida y embarazada de 2 meses de Alejandro.
Por muchos años ignoramos qué había pasado con ellos. Luego supimos que había testimonios de testigos que decían haberlos visto en distintos Centros Clandestinos de Detención, como el que funcionaba en la Comisaría 5ta y en “La Cacha”. Pero nunca supimos nada sobre sus paraderos. Luego de 37 años, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) identificó sus cuerpos en el osario del cementerio de la localidad de Ezpeleta. Habían sido llevados allí como NN. La mentirosa versión oficial narraba que ellos formaban parte de un grupo de cinco personas que habían atacado la comisaría de esa localidad y que habían sido abatidos por las fuerzas policiales, no pudiendo ser identificados.
El domingo 11 de mayo de 2014 se inhumaron los restos de Alejandro Ford en el Pabellón de los Desaparecidos del cementerio platense, donde su hermano Eduardo convocó a un acto de despedida, invitando a familiares, amigos y viejos compañeros y compañeras. Su madre Elba, fundadora de Madres de Plaza de Mayo, ya había fallecido para entonces. Los restos de Moniquita fueron inhumados por su familia. Los restos de Julio aún no tienen un destino final.
La dictadura asesina se llevó Julio, Alejandro y Mónica y a las y los 30.000, pero no pudo poner fin a las luchas por un mundo más justo. Así es que con los años siguen surgiendo nuevas camadas de luchadores y luchadoras, continuadores de las luchas que dieron Julio, Alejandro y Mónica, por un gobierno de trabajadores y trabajadoras y el socialismo mundial.
Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad seguimos reclamando memoria, verdad y justicia para Julio, Alejandro y Mónica, y para todas las víctimas de la represión de la las bandas fascistas y la dictadura militar. Seguimos exigiendo: cárcel común, perpetua y efectiva para todos los represores. No olvidamos, no perdonamos , no nos reconciliamos. Compañeras y compañeros del PST asesinados y detenidos-desaparecidos, ¡hasta el socialismo, siempre!
Escribe José Castillo, dirigente de Izquierda Socialista/FIT Unidad
Por supuesto, primero la realidad. Todo se pergeñó como una nueva y desesperada maniobra para tratar de levantar el barco escorado del mileísmo: tratar de “cambiar la agenda” y “hacer olvidar el escándalo de Adorni”. Una “bomba de humo”. Sirvió para poco, ya que la propia conferencia de prensa de presentación, mostró a un Adorni mudo, mientras un balbuceante “Toto” Caputo y una Alejandra Monteoliva que no se sabía por qué estaba allí, casi que le rogaban a los periodistas que dejaran de preguntarle sobre el jefe de gabinete y pasaran a hacerlo por las “bondades” del Super-RIGI. Tuvo poca suerte, la única pregunta no dirigida específicamente al caso Adorni fue sobre si en el gabinete en pleno (lo que lo incluía al propio “Toto” Caputo) cobraban sobresueldos. “¿Eh? ¿Qué pregunta es esa”? fue lo único que atinó a responder el ministro.
Después de poner todo esto en contexto, pasemos, entonces, al nuevo Super-RIGI. Si lo tuviéramos que definir en una oración, diríamos que si el RIGI era una vía libre para el saqueo y las super-ganancias de los grandes pulpos extranjeros, esto es lo mismo, pero multiplicado por dos.
El detalle del Super-RIGI
El llamado Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) fue aprobado en julio de 2024. Básicamente era una luz verde para el saqueo y la destrucción ambiental. Se invitaba a las transnacionales a invertir en fracking de Vaca Muerta, en megaminería de oro, plata y litio y en negocios anexos garantizándoles seguridad jurídica por treinta años, menores impuestos a las ganancias, posibilidad de llevarse las ganancias sin dejar un peso en el país, ninguna obligación de comprar bienes de capital en el país (que ingresarían con arancel cero desde el exterior) y jurisdicción extranjera ante cualquier juicio que se les hiciera por conflictos ambientales.
Este nuevo proyecto busca profundizar los privilegios, ofreciendo aún más ventajas. Según el propio ministro, el nuevo régimen apunta a industrias vinculadas a la transición energética y a actividades que no tienen desarrollo en el país. Tal es el caso de autos eléctricos, baterías de litio, data centers, paneles solares, cadena del uranio y refinamiento de cobre, entre otras.
Se ofrece mayor reducción en el impuesto a las ganancias (del 25% en el RIGI original al 15% en el Super-RIGI). Posibilidad de amortización contable acelerada de inversiones (60% en el primer año, 20% en el segundo y el restante 20% en el tercero). Nótese que al permitirse a la empresa contabilizar como costo el 60% de la inversión ya de entrada, se aseguran que no haya ganancias contables, con lo que lo que pagarán por impuesto a las ganancias será ¡cero!
Además el Super-RIGI ofrece a las transnacionales exenciones arancelarias para importación de insumos (y no sólo de bienes de capital, como en el RIGI original), arancel cero para la exportación desde el primer año (en el RIGI original regía recién en el tercer año) y que las provincias que adhieran no podrán cobrar impuesto a los ingresos brutos superiores a 0,5% y tampoco tasas municipales a las ventas.
Los proyectos ya presentados del RIGI
Desde que se aprobó el RIGI hay 36 iniciativas presentadas, supuestamente por 93.000 millones de dólares. Pero en realidad hay trece propuestas ya aprobadas por 27.000 millones. Siete están directamente vinculadas al negocio megaminero (cobre, oro y litio), tres a energías renovables, dos a gas y petróleo en Vaca Muerta. Y una al negocio de los monopolios de la agroexportación.
En todos los casos los beneficiados son grandes empresas transnacionales y las proyecciones de creación de empleo son mínimas.
Son proyectos que no generan gran cantidad de empleo, en ningún caso derraman sobre los sectores hoy en crisis, como la industria y el comercio. Y en todas las iniciativas apuntan al saqueo de recursos no renovables con el uso de tecnologías que están muy seriamente cuestionadas por su efecto sobre el ambiente.
¡Ni RIGI ni Super-RIGI!
Tanto el proyecto original de 2024 como el anunciado la semana pasada son simplemente una patente de corso al servicio de los pulpos transnacionales. Hay que rechazarlos de plano, explicando que son parte del plan motosierra de Milei y el FMI.
Se trata de una medida desesperada, improvisada buscando revertir la decadencia del gobierno y la bronca creciente. Por eso insistimos: ¡Basta de Milei! Este modelo de saqueo y corrupción, montado sobre la super-explotación del pueblo trabajador y qué sólo ofrece más motosierra, nos lleva al abismo.
Por supuesto que queda abierta la pregunta de quién desatará este nudo. ¿Después de Milei, quién se animará a declarar nulos todos los acuerdos firmados bajo el RIGI (y ahora sumado el Super-RIGI)? Sin duda, no lo hará el peronismo, cuyos gobernadores votaron a dos manos la modificación a la ley de glaciares, a medida de las transnacionales mineras. Van a invocar “la continuidad jurídica” y la imposibilidad de volver atrás. Por eso será necesario, como en tantos otros temas, una fuerza política que plantee otro programa, obrero y popular, que efectivamente liquide esta dependencia. Que deje de pagar la deuda, rompa el acuerdo con el FMI y, también, declare de nulidad absoluta todos los acuerdos firmados por el RIGI. Solo el Frente de Izquierda Unidad puede hacerlo.
10 de mayo de 2026 - Comunicado de la Flotilla Global Sumud
Barcelona —Nuestros compañeros Saif Abukeshek y Thiago Avila ya están finalmente fuera del estado de Israel, después de 10 días de secuestro ilegal. Saif ya se encuentra al aeropuerto de Atenas y esta tarde llegará Barcelona, donde por fin podrá reencontrarse con su mujer y sus hijos.
Su liberación ha sido un triunfo de la movilización popular, como lo fue la puesta en libertad en Creta de los 181 participantes de la Global Sumud Flotilla que fueron asaltados, a 1100 kilómetros las costas de Gaza, en un violento ataque del ejército israelí en aguas internacionales a tocar de Grecia.
Durante los días de cautiverio, Saif y Thiago han sido sometidos a abusos y torturas, como explicaron a sus abogadas de la organización palestina de derechos humanos Adalah, y a los cónsules que les visitaron. No se rindieron a pesar de las amenazas y los maltratos, y se pusieron en huelga de hambre, y en el caso de en Saif también de sed: Israel les arrebató su libertad, pero no pudo robarles su dignidad ni su tenacidad para denunciar del genocidio y defender los derechos del pueblo palestino. Ellos han vivido en carne propia una pequeña parte del que sufren desde hace décadas los palestinos en las prisiones israelíes, que hoy son 9.500 hombres, mujeres y criaturas.
La liberación de Saif y Thiago es una prueba de que el estado de Israel no es invencible y por eso es una buena noticia para el pueblo palestino y también para la mayoría social que rechaza su proyecto racista y colonial y el genocidio. Hoy no se acaba nada. Un total de 57 barcos de la Global Sumud Flotilla están ahora mismo al puerto de Marmaris, en Turquía, mientras los tripulantes analizan y deciden en asamblea los próximos pasos. La noticia de la liberación de Saif y Thiago ha dado más fuerza todavía a los participantes para continuar adelante.
No pararemos de denunciar el genocidio y de defender la causa del pueblo palestino, que es la causa de la Humanidad. No pararemos de exigir la liberación de todos los palestinos y las palestinas encarcelados a Israel. No pararemos de denunciar la complicidad de las instituciones catalanas, españolas y europeas con un estado genocida y de apartheid. A la vez, continuamos exigiendo en la UE que explique cómo es posible que la marina de Israel abordara y destrozara 22 barcos en medio del Mediterráneo, el mar más vigilado por las autoridades de la Europa Fortaleza contra los migrantes.
Exigimos también responsabilidades en Grecia, que no impidió el asalto criminal a la Flotilla y permitió que Saif y Thiago fueran trasladados desde sus aguas territoriales a Israel.
Convocatoria de rueda de prensa Llegada de Saif Abukeshek al Aeropuerto del Prat.
Terminal 1 a las 16.30 horas (11.30 de Argentina)
GLOBAL SUMUD INTERNACIONAL
Por Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores – Cuarta Internacional
6/5/2026. En medio de la brutal e ilegal agresión de las fuerzas armadas sionistas contra las embarcaciones de la Flotilla Global Sumud en aguas internacionales, fueron detenidos y conducidos a una cárcel de máxima seguridad en Israel los coordinadores internacionales de la Flotilla, Saif Abukeshek, catalán-palestino y Thiago Ávila, brasileño.
El equipo de abogadas y abogados palestinos, agrupados bajo el nombre de Adalah, que acompaña a la Flotilla, realizó una visita a la prisión de Shikma, donde se reunieron con Saif y Thiago por primera vez desde su secuestro en la madrugada del jueves 30 de abril. Sus desgarradores testimonios revelan violencia física y haber sido retenidos durante largos periodos en posiciones de estrés por las fuerzas militares israelíes durante los dos últimos días que pasaron en el mar.
El resto de los 170 activistas agredidos en el ataque a la misión humanitaria, una acción de piratería de Israel a más de 1000 kilómetros de distancia de Gaza, fueron liberados en la isla de Creta, Grecia, y han denunciado torturas, palizas y malos tratos. Entre estos activistas liberados están el compañero Gorkem Duru del Partido de la Democracia Obrera (IDP), la sección de la UIT-CI en Turquía y la compañera Mónica Schlotauer diputada y dirigente junto a Ezequiel Peresini, de Izquierda Socialista (IS) sección de la UIT-CI en Argentina.
Grecia, Italia, la Unión Europea y Trump son cómplices del asalto israelí a la Flotilla. Solo con su colaboración, en especial del gobierno de Grecia y la OTAN, pudieron concretar este secuestro ilegal de más de veinte embarcaciones y sus tripulaciones. El Mediterráneo es el mar más vigilado de Europa para convertirlo en una fosa común para los migrantes, una tecnología que se emplea en complicidad con Israel contra la solidaridad internacionalista.
Ahora el genocida de Netanyahu quiere convertir a Saif y Thiago, caras visibles del movimiento, en trofeos de guerra para criminalizar y disuadir a la solidaridad internacional con el pueblo palestino. El estado sionista pretende acusar falsamente a Saif de “terrorista” y de relación con Hamás, al igual que a Thiago. En el sistema de apartheid israelí esto equivale a una condena segura después de un proceso sin ninguna garantía. El carácter colonial, racista y genocida del estado sionista ha vuelto a evidenciarse hace pocas semanas con la nueva ley de pena de muerte, que sólo se aplica a las y los palestinos acusados de asesinar a un israelí pero nunca a la inversa.
Estas acusaciones de terroristas son falsas. El único terrorista, como se canta en las movilizaciones, es el estado sionista de Israel que lleva cerca de 80 años masacrando al pueblo palestino, con su histórica limpieza étnica. Por otro lado, la acusación es burda. La Flotilla Global Sumud es una flotilla de carácter humanitario en solidaridad con la Franja Gaza, bombardeada e invadida por tropas del estado sionista. La flotilla lleva ayuda humanitaria, alimentos, medicamentos y agua, tratando de romper el bloqueo criminal de Israel que mata de hambre al pueblo palestino.
Saif es un sindicalista catalano-palestino que durante veinte años ha estado muy activo en la defensa de los derechos del pueblo palestino, de los derechos de los trabajadores y trabajadoras y un referente en la solidaridad internacional. Integra la Intersindical Alternativa de Catalunya (IAC), ha sido una de las caras visibles de la solidaridad con Palestina en Europa. Vive en Barcelona, Estado español, con su esposa y sus tres hijos pequeños (Ver entrevista a Saif Abukeshek por Mónica Schlotthauer). Thiago es un gran luchador brasileño en defensa del pueblo palestino, con una trayectoria de activista en defensa del medio ambiente.
La vida y la integridad de Saif y Thiago peligran a cada minuto que pasan en manos de las fuerzas de ocupación sionistas. Ambos se han declarado en huelga de hambre. Por todo esto es urgente movilizarse en todo el mundo reclamando su inmediata libertad. Esta campaña mundial ya se está expresando. Se han producidos las primeras marchas y protestas callejeras en Europa y otros países, Lo más llamativo ha sido la movilización en Tel Aviv, Israel, del 4 de mayo convocada por la Alianza por la Paz, a lo que llamaron “una manifestación de rabia” exigiendo la libertad inmediata de Saif y Thiago Ávila. En el estado español las centrales sindicales también se pronunciaron. Amnistía Internacional expresó “su profunda preocupación por la seguridad de Abukeshek y Ávila señalando que corren riesgo de sufrir violaciones […] abusos, incluyendo tortura y malos tratos”. Los gobiernos del estado español y de Brasil se vieron obligados a reclamar por la libertad de Saif y Thiago, aunque no rompen relaciones con Israel. Hay que exigir a todos los gobiernos que reclamen la libertad de ambos y rompan relaciones con Israel. Y que existan garantías de seguridad al resto de la flotilla que retomó la misión desde Estambul y otros puertos, para tratar de romper el bloqueo a Gaza.
Desde la UIT-CI llamamos a la más amplia movilización en todos los países del mundo, por la inmediata libertad de Saif y Thiago y por su integridad física. En el marco que seguimos la lucha por el fin del genocidio y el bloqueo criminal en la Franja de Gaza, por la retirada de todas las tropas de Gaza, con garantías en la entrada masiva de ayuda humanitaria. Fuera las tropas israelíes de Gaza, Cisjordania y también del Líbano. Libertad a todas y todos los presos palestinos. Apoyamos incondicionalmente la resistencia del pueblo palestino por el fin del estado sionista de apartheid. Por Palestina Libre del rio al mar.
Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)
6/05/2026