
Escribe José Castillo
Flybondi nació en 2016 durante el gobierno de Macri, cuando se vendía que la “modernización” aerocomercial vendría de la mano de las low cost. Durante varios años fue, junto con Jet Smart, quien intentó competir contra Aerolíneas Argentinas, nuestra empresa de bandera. Su propietario actual es COC Global Enterprise, un fondo de inversión privado con base en Estados Unidos, liderado por el argentino Leonardo Scatturice.
El discurso de que “lo privado funciona mejor que lo público” tuvo un claro y rotundo mentís. Flybondi se fue convirtiendo en un paradigma de ineficiencia: jamás llegaba a horario, miles de vuelos cancelados, hasta hacer popular el dicho: “si no querés llegar nunca, sacá un pasaje por Flybondi”. En los últimos meses, funcionaba con un solo avión, dejando un tendal de pasajeros varados.
Por si todo esto fuera poco, ofreció un plan de retiros voluntarios a sus trabajadoras y trabajadores, y quienes lo aceptaron nunca cobraron. Ahora llegó el final anunciado: con su último avión roto, terminó cancelando la totalidad de sus vuelos. Hay cientos de pasajes vendidos que nadie sabe quién va a pagar. Del mismo modo, todo el personal de la empresa no sabe qué pasará con sus salarios.
Así termina otra aventura “privada”. ¿Cómo justificará Milei este desfalco?










