Aug 03, 2026 Last Updated 7:39 PM, Jul 31, 2026

Escribe Guido Poletti

La ex presidenta rompió el silencio… para juntarse con Ricardo Pignanelli y Hugo Moyano. “Se verá la posibilidad de unificar el peronismo para volver a ser gobierno”, declaró el camionero a la salida del encuentro. Todas las fracciones del peronismo, incluido el kirchnerismo, van mostrando día a día que no son salida frente al ajuste de Macri y el FMI.

No se le venía escuchando una sola palabra a Cristina en los últimos meses. Ni sobre el acuerdo con el FMI, ni sobre las medidas de ajuste. Algunos dirigentes kirchneristas la excusaban diciendo que se trataba de una “táctica inteligente”: “Macri se hunde con sus medidas de ajuste, ¿para qué va a hablar Cristina si en silencio sube en las encuestas?”. Así mostraban el nulo interés de todo este sector por salir a pelear contra el ajuste del gobierno y el FMI, dejando todo para un etéreo “2019 electoral”. Pero ahora resulta que Cristina decidió salir del ostracismo y mostrarse... con lo peor y más repudiado de la burocracia sindical. 

No vamos a escribir el currículum entero del burócrata Pignanelli. Digamos simplemente que fue, hasta hace pocos meses, uno de los jefes sindicales “mimados” del gobierno de Macri. Decenas de veces se mostró con Macri y lo acompañó en sus visitas a las plantas automotrices. El Smata está a la cabeza de la flexibilización laboral gremio por gremio, en un acuerdo total con las terminales autopartistas y el Ministerio de Trabajo. Este es el personaje con el que se reunió Cristina Kirchner. Para completar el panorama, también estuvo presente Hugo Moyano, que hizo las declaraciones citadas más arriba, definiendo el evento como un “primer paso” para la unificación electoral de todo el peronismo.

El kirchnerismo no abandona lo que fue la característica central durante su gobierno: el doble discurso. Mientras varios de sus dirigentes hacen encendidos planteos contra “el ajuste y el FMI”, Agustín Rossi, el otro “presidenciable” de ese sector por fuera de Cristina, afirma que de ser gobierno “por supuesto que respetarán el acuerdo con el FMI, del que sólo exigen que pase por el Congreso”. Y ni qué hablar de Alicia Kirchner, ejecutora a rajatabla de un ajuste en Santa Cruz incluso más duro que el planteado por el FMI. Sus dirigentes sindicales, como la Corriente Federal en la CGT o la CTA de Yaski tampoco hacen nada por apoyar las luchas o impulsar el paro general. En síntesis, el kirchnerismo, hoy además enchastrado con las nuevas denuncias de corrupción de los “cuadernos”, no representa ninguna salida para la clase trabajadora.

Tampoco el sector denominado “peronismo federal”, referenciado fundamentalmente en el jefe de senadores Miguel Angel Pichetto y en los gobernadores –que hoy deshojan la margarita buscando el equilibrio entre mostrar un discurso “opositor” con vistas al 2019 y garantizar la “gobernabilidad” negociando el ajuste provincia por provincia–plantean que hay que votarle el presupuesto del año próximo al gobierno, donde quedarán refrendadas el grueso de las exigencias del FMI. Sus “presidenciables”, Urtubey y Schiaretti, no le escapan a fotos con el propio presidente Macri, y se esfuerzan en mostrarse “racionales” ante banqueros, empresarios y el propio FMI. Sin olvidarnos de sumar acá a los peronistas del Frente Renovador, con Sergio Massa a la cabeza.

Tanto los peronistas “federales” como los “renovadores” aparecen como “el peronismo sin Cristina”. Claro que entre ambos se ubican los “partidarios de la unidad”, que llaman a “no excluir a nadie”: ahí están el gobernador de San Juan Sergio Uñac y el ex duhaldista Felipe Solá, entre otros.

Esta es la realidad del peronismo hoy. El de los burócratas sindicales que le garantizan la tregua al gobierno, dejando aislados a los que salen a luchar. Y el de los dirigentes políticos que ajustan en sus provincias y le votaron todas las leyes a Macri. Con sus alas de discursos “más duros” o “más moderados”. Posan de opositores, pero en las reuniones “serias” con empresarios o representantes del imperialismo les aseguran que seguirán con el plan del FMI y que cumplirán a rajatabla los pagos de deuda. Todos juntos conforman el peronismo que “va por la unidad” para el 2019. La foto de Cristina con Pignanelli y Moyano es parte de esa política.

Nada bueno puede salir de aquí para los trabajadores. El peronismo no es salida en ninguna de sus variantes por separado ni “todos juntos”. Porque tenemos que pelear ahora, y no “en 2019”, contra el ajuste de Macri y el FMI. Y los burócratas como Pignanelli y Moyano son los que lo impiden, negándose a darle continuidad al paro del 25 de junio. Por eso la verdadera alternativa viene por el lado del sindicalismo combativo y la izquierda. Porque reclamamos el paro de 36 horas y un plan de lucha para derrotar el ajuste. Porque somos los únicos que, además, decimos que es necesario un programa alternativo que arranca por dejar de pagar la deuda externa, romper con el Fondo Monetario y poner todos esos recursos para resolver las más urgentes necesidades populares.

La gobernadora “que está por las dos vidas” reivindicó no haber ido a la escuela de Moreno luego de la explosión donde murieron la docente y el auxiliar. Dijo que su estilo “no es ir en el momento del hecho, sino cuando se apagan las cámaras”. Y agregó: “A mí no me han visto nunca después de un hecho de inseguridad o de un accidente de tránsito abrazando a alguna familia en el momento del hecho” ante una entrevista de Lanata.

El “estilo” de la gobernadora, de los aportantes truchos, es que no fue a la escuela por miedo a ser repudiada por su responsabilidad política en las muertes. Pero sí es su “estilo” hacer sus repudiables timbreos en vistas a las elecciones. O como se la vio el mismo día en que velaban los restos de Sandra y Rubén, fotografiarse con Macri anunciando “créditos” para los jubilados. Por eso los docentes cantan “no fue tragedia, no fue casual, es el ajuste del gobierno de Vidal”.

“Walter basta de chanchullos, basta de decir mentiras, te mostrás barriendo la plaza y Moreno está en ruinas” decía el estribillo de la canción de un video realizado por el colectivo político y social Somos Moreno dedicado al intendente kirchnerista de Moreno, Walter Festa.

La bronca viene desde que asumió hace dos años la intendencia, con un sueldo de 150.000 pesos, que le permitió darse unas maravillosas vacaciones en el Caribe, mientras las escuelas, las calles y los servicios del municipio están en ruinas. Cientos de chicos no pudieron inscribirse en las escuelas por falta de edificios y de docentes el año pasado, mientras que los negociados y robos de los fondos que debían dedicarse al arreglo de instalaciones de gas y electricidad motivaron la intervención del Consejo Escolar.

Festa dice que se hace cargo de la explosión de la garrafa que mató a la subdirectora y a un auxiliar de la escuela, pero que el verdadero responsable es el interventor del Consejo Escolar Sebastián Nasif, nombrado por Vidal. Por más que quiera limpiarse las manos, lo cierto es que todos saben que el municipio de Moreno sigue siendo el mismo desastre de calles y escuelas destruidas de siempre bajo su intendencia. Festa y Vidal, peronistas kirchneristas y miembros de Cambiemos, son igualmente responsables de este desastre.

Escribe Juan Carlos Giordano

Los empresarios que confesaron pagar coimas son parte de directorios de empresas que siguen operando. Se trata de obras ya comenzadas bajo los ministerios de Energía, de Transporte y de Interior. Según el gobierno, “por el momento no vamos a cancelar obras, el Estado no rescinde un contrato por algo que apareció en un cuaderno” (Clarín, 7/8). Por ejemplo, las firmas involucradas Electroingeniería, Hidrocuyo y la gigante china Gezhouba tienen a cargo represas como Cóndor Cliff y la Barrancosa por 4.714 millones de dólares. Ivanissevich, ex dueño de la coimera Emgasud, hoy es presidente de 360 Energy. Macri quiere seguir con los negocios turbios. Muchos de ellos se han diversificado, como Roggio, que también es dueño de Metrovías.

La obra pública es un gran negocio capitalista que fue creciendo a medida que avanzaba el desguace de las empresas del Estado que fueron privatizadas. Hay que rescindir todos los contratos con estos mafiosos. Y que el Estado se haga cargo de todas las obras, bajo control y gestión de trabajadores.

Décadas atrás, cuando el capitalismo no había entrado en la decadencia actual, las empresas del Estado jugaron un rol clave en muchas obras. Todos recordamos a Vialidad haciendo los caminos y rutas. A la ex Gas del Estado construyendo las obras de gas en red, vanguardia en el mundo. YPF hacía obras con sus profesionales. Así pasó también con Altos Hornos Zapla, Fabricaciones Militares, Somisa (hoy Techint). Lo mismo pasó con las empresas de energía, las eléctricas o los ferrocarriles. Empresas que fueron privatizadas al servicio del negocio capitalista.

Desde la izquierda proponemos un plan de obras públicas, estatal, controlado por trabajadores y organizaciones de desocupados, para dar trabajo genuino, con dinero de la deuda externa, como parte de un plan económico alternativo, obrero y popular, que también reestatice las privatizadas. Solo así y no apostando a los Roggio, Techint o Calcaterra se van a solucionar las urgentes necesidades populares.

Escribe Juan Carlos Giordano

Calcaterra dice que fue “extorsionado” para poner plata para la campaña del Frente para la Victoria en 2007, 2013 y 2017 (esta última postulaba a Scioli como candidato a presidente). Si bien es una maniobra para zafar, el primo de Macri no tiene ningún prurito en decir públicamente que puso 400 millones de dólares y otras sumas para el candidato peronista kirchnerista y no para su pariente que se postulaba. No sería nada llamativo. Es que precisamente Angelo Calcaterra, ex dueño de Iecsa, fue beneficiado en forma privilegiada por la obra pública en la era K. A tal punto que De Vido, cuando dio la lista de las 36 empresas adjudicatarias, reconoció que Iecsa estaba entre las primeras junto a Techint y Electroingeniería. Será por eso que también Franco Macri llegó a decir que “el próximo presidente tiene que salir de La Cámpora”.

Tampoco es novedad que los mercaderes de la efedrina pusieron para la campaña de Cristina en 2007. Si a esto le sumamos que Odebrecht financió a PRO, reconocido hasta por el jefe de Gabinete, Marcos Peña, cuando fue interpelado por nuestra banca en el Congreso, encontraremos la explicación de fondo: los empresarios corruptos le ponen plata a los peronistas y ahora a Cambiemos para que después gobiernen para ellos.

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