Jun 19, 2024 Last Updated 5:08 PM, Jun 18, 2024

Izquierda Socialista

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Escribe Mariana Morena

El 2 de octubre de 1968 el gobierno mexicano aplastó con una sanguinaria represión la gran protesta estudiantil que en los dos meses previos avanzó contra su política autoritaria y represiva. Cincuenta años después, sus reclamos siguen más vigentes que nunca y los estudiantes mexicanos retoman las banderas de aquellos mártires de la libertad.

A poco del inicio de los Juegos Olímpicos de 1968, que por primera vez se desarrollaron en un país latinoamericano, el movimiento estudiantil mexicano tomó las universidades y las calles para protestar con fuerza contra el autoritarismo y la represión del gobierno del PRI (Partido Revolucionario Institucional, en el poder ininterrumpidamente desde 1929), la violación de la autonomía universitaria, a la vez que exigía libertad, respeto de los derechos humanos y reformas sociales y democráticas.

Al calor de la ola revolucionaria mundial

La revuelta estudiantil en México se desarrolló como parte del ascenso mundial de las luchas obreras y populares que comenzaron en el 59 con la Revolución Cubana y que tuvo expresiones emblemáticas en el Mayo Francés, la Primavera de Praga, el movimiento por los derechos civiles de los afroamericanos en Estados Unidos y las manifestaciones en todo el mundo contra la guerra de Vietnam.
A partir de julio del ‘68, en el Distrito Federal mexicano, hubo protestas y enfrentamientos de los estudiantes con el cuerpo de granaderos, que ingresó en las escuelas y detuvo a manifestantes. Varios establecimientos entraron en huelga, y el 26 de julio, una marcha en solidaridad con la Revolución Cubana fue brutalmente reprimida. El 2 de agosto se creó el Consejo Nacional de Huelga (CNH), que nucleaba a 75 escuelas y universidades, entre ellas la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y el Instituto Politécnico. Paralelamente, se constituyeron otras organizaciones que se sumaron a la protesta estudiantil, como la Coalición de Maestros y el Comité de Intelectuales, Artistas y Escritores, mientras la revuelta se extendía por todo el país.
El 7 de septiembre se llevó a cabo la Manifestación de las Antorchas en la Plaza de las Tres Culturas o Tlatelolco, y el 13, la Marcha del Silencio congregó que a más de 200.000 jóvenes en el Zócalo, la plaza principal de la ciudad, bajo el lema “Únete pueblo”. Los estudiantes amordazados con pañuelos levantaron pancartas por “¡Democracia directa y concreta ya!” y “¡Abajo el gobierno y la burguesía!”. La respuesta del gobierno de Gustavo Díaz Ordaz fue desalojarlos con la tropa y tanques militares, mientras arrestaba a varios dirigentes de la CNH. El ejército ocupó el campus de la UNAM.

Los estudiantes radicalizaron sus demandas

La siguiente protesta fue convocada para el 2 de octubre en Tlatelolco, con el objetivo de conminar al gobierno a cumplir con las reivindicaciones estudiantiles, entre ellas: la libertad de los presos estudiantiles, magisteriales, obreros y campesinos; la derogación de artículos del código penal que cercenaban la libertad de expresión; la destitución de los jefes policiales capitalinos y la disolución del cuerpo de granaderos, instrumento directo en la represión; justicia para las víctimas de actos represivos y exigiendo la apertura de un canal de diálogo con el gobierno.
A diez días del comienzo de los Juegos Olímpicos, unos 15.000 estudiantes ocuparon Tlatelolco gritando “¡No queremos olimpiadas, queremos revolución!”. La plaza estaba completamente sitiada por militares, policías y tanques. Testigos de la matanza cuentan que a las 18:15 un helicóptero militar sobrevoló la plaza lanzando bengalas luminosas. Era el inicio de la Operación Galeana a cargo del Batallón Olimpia creado para la seguridad de los Juegos Olímpicos, la policía secreta de la Dirección Federal de Seguridad y el ejército, con activa asesoría de la CIA.
La señal hizo que francotiradores apostados en lo alto de los edificios comenzaran a disparar. No eran otros que agentes infiltrados del grupo parapolicial “Brigada Blanca” del Batallón Olimpia, vestidos de civil con un guante blanco en la mano izquierda para identificarse entre ellos. Sus disparos provocaron que miles de soldados con bayonetas empezaran a disparar a mansalva y por la espalda a los manifestantes. En medio del caos, una multitud echó a correr desesperadamente buscando una salida a esa emboscada mortal.
“¡Contra la pared hijos de la chingada! ¡Ahorita les vamos a dar su revolución!”, fue la frase histórica que pronunciaron los mandos del ejército mexicano al detener a los dirigentes estudiantiles. En el curso de la operación fueron masacrados más de 300 estudiantes, hubo miles de heridos y unos 3.000 manifestantes fueron detenidos, desnudados, golpeados y trasladados a distintas cárceles o campos militares, como el Palacio Negro de Lecumberri. La plaza se lavó a manguerazos para borrar las huellas de la masacre mientras el ejército imponía la censura informativa y el gobierno difundía la falsa noticia de un “complot comunista” contra las olimpiadas. La represión no cesó y muchos dirigentes fueron forzados al exilio. Unos días después, como si nada hubiera sucedido, comenzaban las Olimpiadas México ´68.

Una nueva generación de estudiantes vuelve a levantar las banderas

Desde aquel día, los estudiantes mexicanos luchan por mantener viva la memoria de sus compañeros mártires por la libertad. “¡2 de octubre no se olvida!” es la consigna que los convoca a marchar año tras año por memoria y justicia contra el avance de la impunidad. Tres décadas de gobiernos patronales han profundizado la desigualdad social y el salvajismo que acompañaron los ajustes y la entrega hasta la actual presidencia de Peña Nieto. En 2014, una nueva matanza de estudiantes, los 43 normalistas de Ayotzinapa, constituyó otro crimen de Estado en alianza con los carteles de la droga. A 50 años de la histórica lucha del movimiento estudiantil y Tlatelolco, los reclamos del 68 siguen más vigentes que nunca y ya son parte de los hitos históricos de los pueblos latinoamericanos por su liberación.

Escribe Mariana Morena

Los Juegos Olímpicos de la Ciudad de México, inaugurados el 12 de octubre de 1968, se desarrollaron en medio de una gran convulsión política y social. Al aplastamiento de la protesta estudiantil en Tlatelolco se sumó la lucha de los afroamericanos en Estados Unidos contra la opresión racial y por sus derechos civiles, que el 4 de abril de ese año había sufrido un duro golpe con el asesinato de Martin Luther King.

En este marco se llegó a la final de los 200 metros llanos en atletismo. En la mañana del 16 de octubre dos atletas estadounidenses negros subieron al podio: Tommie Smith ganó la medalla de oro con récord mundial y John Carlos, la de bronce por su tercer puesto; entre ambos se coló el australiano Peter Norman. Los dos afroamericanos recibieron sus medallas enfundados en guantes negros, el símbolo del Black Power (Poder Negro, movimiento político más radicalizado en los Estados Unidos, que se diferenciaba de las tácticas de “no violencia” de Martin Luther King); además Smith llevaba un pañuelo negro en el cuello, símbolo del orgullo negro, y Carlos tenía su campera desabrochada en solidaridad con los obreros estadounidenses y un collar de cuentas por los negros asesinados. Cuando comenzó a sonar el himno nacional estadounidense, los dos bajaron la cabeza, cerraron los ojos y realizaron el saludo del Black Power levantando su puño en alto. Norman los acompañó solidariamente portando la insignia del Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos.

Al retirarse del podio fueron abucheados por la multitud. El gesto ocupó las portadas de los medios de comunicación del mundo y se convirtió en una de las imágenes más impactantes del siglo pasado. El Comité Olímpico Internacional (COI) los expulsó del equipo olímpico estadounidense y de la villa olímpica. Al volver a su país fueron duramente criticados y hasta amenazados de muerte ellos y sus familias. Los tres continuaron como pudieron sus carreras deportivas sin volver a los primeros planos. Pero el valor de su gesto fue reconocido con el tiempo. En 2004, una película filmada por el sobrino de Norman, “Salute”, contó su historia. Dos años después, Smith y Carlos cargaron el féretro de su amigo durante su funeral en Melbourne.
Décadas atrás, durante el auge del nazismo, Avery Brundage, el presidente del COI, que decidió la expulsión de los atletas negros, no hizo ninguna objeción en contra del saludo nazi durante los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936, cuando era la máxima autoridad del equipo olímpico yanqui.

Escribe Adolfo Santos, Corriente Socialista de los Trabajadores/PSOL

A una semana de la elección, Brasil asistió a un hecho inédito. El 29 de septiembre, millones de mujeres ocuparon las calles de las principales ciudades del país y en una especie de adelanto de la votación del 7 de octubre, repudiaron a Jair Bolsonaro, el candidato presidencial que encabeza las encuestas. Fue un acto político consciente para rechazar sus propuestas facistoides, ultraconservadoras, racistas, misóginas, que defienden la tortura y la dictadura militar. Las multitudinarias manifestaciones, fueron una respuesta fantástica frente a la popularidad que este capitán retirado venía ganando al criticar el actual régimen político corrupto y fundamentalmente al PT.

Será una elección inédita. A una semana del pleito, las encuestas no muestran ningún candidato que llegue al 30% de intención de voto. También es nuevo que después de seis elecciones definidas por el PT/PSDB (Partido de la Social Democracia Brasileña), esta vez los “tucanos” (partidarios del PSDB) quedarían por fuera de la contienda final rompiendo el bipartidismo. Y para darle un carácter más dramático a la disputa, un candidato que defiende propuestas fascistoides encabeza las encuestas de la primera vuelta.
Si alguna virtud tiene esta elección, es que colocó al desnudo el fracaso de un régimen decadente que no tiene nada para ofrecer al pueblo trabajador. La debacle de los viejos partidos, la traición del PT a las aspiraciones de las masas y la falta de soluciones para los graves problemas sociales y una corrupción desenfrenada generaron una masa de desesperanzados. Desgraciadamente el PSOL, partido que surgió para ser una oposición consecuente de izquierda a los gobiernos petistas y a la vieja derecha, no se presentó como una opción para derrotar los proyectos del gobierno Temer y ofrecer alternativas para superar la crisis desde un punto de vista de clase. La mayoría de su dirección quedó pegada al PT que se travistió de víctima de un golpe y dedicó sus mayores esfuerzos a la defensa de Lula, acusado de corrupción.

Esa decepción de amplios sectores de la clase con el PT y el hecho de que desde la izquierda no surgiera una alternativa frente a la grave crisis, fueron el  caldo de cultivo donde germinaron los “bolsonaros”. Esa es la explicación del “fenómeno” Bolsonaro, que con siete mandatos de diputado sólo se destacó por la truculencia machista y por defender la dictadura militar de la que llegó a decir: “El error fue torturar en vez de matar”. Con ese currículum se presenta como “salvador de la patria” para gobernar el país con “mano dura”, razón por la cual sectores populares, desesperados y confundidos, lo ven como una alternativa para acabar con la corrupción y con la falta de seguridad.

#EleNão

Si Bolsonaro llega a la presidencia será para gobernar para los ricos y el sistema financiero, aplicando la mano dura contra los trabajadores y sus luchas, contra la juventud y para atacar las libertades democráticas. Su vice, el general Mourão, fue claro al defender que está en contra de  mantener el pago del aguinaldo y el adicional de 30% que todo trabajador recibe cuando toma vacaciones. Esa es solo la punta del iceberg. El asesor económico de Bolsonaro, Paulo Guedes, un economista neoliberal, socio de bancos y fondos de inversión promete “privatizar todo”.

La lucha contra Bolsonaro, como los masivos actos convocados por las mujeres el día 29, son la prueba de que es posible derrotar esas propuestas ultrareaccionarias, en las calles y en las urnas. Claro que al no existir una alternativa de izquierda, la tendencia es a buscar un voto útil para derrotar la ultraderecha. Hoy, ese fenómeno favorece al candidato elegido por Lula, Fernando Haddad, ex alcalde de San Pablo que está segundo en las encuestas. Todo indica que Bolsonaro y Haddad irán al balotaje con un resultado indefinido. El rechazo al capitán retirado y al propio PT, convierte la elección en un plebiscito. De cualquier forma, un triunfo de Haddad no significa que el PT y Lula volverán a ser la dirección de las luchas obreras y populares porque nuevamente irán a gobernar al servicio de los mercados.

A pesar de las diferencias, cualquiera que gane esta elección va a gobernar contra los trabajadores. No hay perspectiva de solución para esta grave crisis porque todos están comprometidos con los planes de ajuste que exige el sistema financiero. Por eso nos esperan nuevos capítulos de importantes luchas. La clase trabajadora está intacta y no ha dejado de luchar a pesar de las traiciones de la burocracia sindical. En 2017 protagonizó la mayor huelga general de los últimos 40 años. Los #EleNão se recrearán en nuevos movimientos con nuevos actores. Apostamos en ese proceso para construir una alternativa política y económica de la clase trabajadora y la izquierda para derrotar no solo a Bolsonaro como a los partidos que ya nos gobernaron y son responsables de la actual catástrofe que vive nuestro país. Entretanto en esta elección llamamos a votar los candidatos del PSOL, comenzando por la fórmula presidencial Boulos/Guajajara.

Escribe Javier Leonforte Dirigente de Izquierda Socialista y la UIT-CI

Un obrero candidato a alcalde de Lima, en Perú

Obrero metalúrgico de General Motors y Volkswagen desde los ‘60, dirigente del sindicato metalúrgico, reorganizador de la central obrera peruana (CGTP), preso político y torturado bajo la dictadura militar en 1975, diputado constituyente en 1979 por el FOCEP (Frente Obrero, Campesino, Estudiantil y Popular) y diputado nacional desde 1980 hasta 1985 por el frente Trabajadores al Poder, nuestro compañero Enrique Fernández Chacón es hoy candidato a la Alcaldía de Lima por el Frente Amplio. Apodado cariñosamente “Cochero”, trotskista y seguidor de Nahuel Moreno de toda la vida, hoy Enrique es la revelación de la campaña electoral municipal.
Con 76 años, Enrique desde hace décadas que no se postulaba a un cargo público y hoy recibe el apoyo y la simpatía de miles de trabajadores por reconocimiento a su trayectoria obrera y socialista.

Es que Perú está cruzado de políticos patronales denunciados por la corrupción, enjuiciados y encarcelados, donde figuran incluso algunos que se reivindicaban de “izquierda” y hoy están involucrados por recibir coimas de Odebrecht. Los cinco últimos ex presidentes Fujimori, Alan García, Toledo, Ollanta Humala y PPK son odiados por estar involucrados en escándalos de corrupción y por entregar el país a las multinacionales, principalmente en la explotación de la minería y la depredación del medio ambiente. Justamente los movimientos sociales del interior del Perú en lucha por la defensa de los recursos naturales, el agua y la tierra, y con fuertes enfrentamientos con las empresas multinacionales, son quienes hoy se organizan en el Frente Amplio.

El actual presidente Vizcarra, presionado por el movimiento de masas, ha lanzado una serie de reformas políticas desde arriba, supuestamente para combatir la corrupción, pactando con los partidos patronales tradicionales, o sea “la vieja trampa de cambiar algo para que nada cambie” como denunció Fernández Chacón. Buscan reformar el Poder Judicial, el parlamento y el financiamiento de los partidos políticos para salvar a un régimen político cuestionado y en crisis. Con este objetivo intentan convocar a un plebiscito a fin de año para imponer estas reformas cosméticas y fortalecer a un gobierno débil. En contraposición con estas reformas desde arriba, nuestra campaña electoral planteó la lucha nacional por una asamblea constituyente libre y soberana para terminar con la carta magna impuesta por Fujimori en 1993, pilar del régimen burgués y la explotación capitalista del país, en el camino de pelear por un gobierno de los trabajadores, los pobres y los pueblos originarios para expulsar a las multinacionales, romper con el imperialismo y abrir paso a resolver los grandes problemas económicos y sociales de las masas peruanas.
Nuestra organización UNIOS, sección peruana de la Unidad Internacional de los Trabajadores – Cuarta Internacional, fundada en 2003 luego de la lucha que derribó a Fujimori, tiene hoy una nueva oportunidad de avanzar en su construcción política revolucionaria como tendencia interna del Frente Amplio. La valiente candidatura de Enrique es hoy un polo de atracción de nuevos activistas que lo ven como un gran ejemplo a seguir.

Nuestro semanario. En el que te acercamos el reflejo de las luchas del movimiento obrero, las mujeres y la juventud, además un análisis de los principales hechos de la realidad nacional e internacional.

Es una herramienta fundamental para fortalecer a Izquierda Socialista y al Frente de Izquierda.

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