Escribe Guido Poletti
El gobierno ultraderechista de Milei acaba de crear la “oficina de respuesta oficial”. A cargo del ente (que no correrá la suerte de la motosierra, porque para esto sí habrá presupuesto) estará Juan Pablo Carreira, conocido por su apodo de “Joe Doe”, uno de los tuiteros que suele lanzar las expresiones más repudiables y provocadoras del gobierno (sólo comparable a su colega, el Gordo Dan). En la práctica se trata de una cuenta en la red social X, que operará como una suerte de “Ministerio de la Verdad” al mejor estilo de George Orwell en 1984. Los objetivos del comunicado que anuncia su creación no dejan lugar a dobles interpretaciones: “Vamos a combatir la desinformación brindando más información, todo lo contrario a lo que los sectores políticos vinculados a la izquierda hacen cuando gobiernan, donde buscan censurar a los opositores tanto en los medios tradicionales como en las redes sociales”.
Milei no es original ni siquiera para esto. Copia tal cual la estructura de una oficina semejante montada por Donald Trump, con su cuenta en X “Rapid Response”. El grado de sumisión al amo yanqui es tal que Milei intenta copiarlo en cada gesto.
Es falso que este gobierno “no censura”: ¿acaso no quitó credenciales de acreditación a periodistas “que no le gustaban en Casa de Gobierno”? ¿Acaso no prohibió imágenes salvo las oficiales en varios eventos para que se invisibilice el repudio al gobierno? ¿Acaso no viene atacando físicamente en forma sistemática a los periodistas que cubren movilizaciones, como los miércoles de los jubilados? ¿Acaso no le disparó a Pablo Grillo? ¿Acaso no prohibió el sobrevuelo de drones sobre la Plaza del Congreso para que no se pudiera registrar el accionar represivo?
Es obvio que desde esta cuenta, ahora “oficial” se busca silenciar, amedrentando, a las y los periodistas que se animan a informar casos como el escándalo de las coimas en la Agencia de Discapacidad, la estafa de la criptomoneda $LIBRA u otras. Y también a todo activista que se anime a encender la cámara de un celular para registrar la realidad.
Para este gobierno ultraderechista, la “información” consiste en inundar la redes sociales con un ejército de trolls, que difunden fake news (sí, ellos) o insultos mezclados con mentiras, como la reciente de Lilia Lemoine contra el niño Ian Moche y su familia.
“No odiamos demasiado a los periodistas” dijo repetidas veces el presidente Milei. Habría que agregar: “salvo a los amigos”, que genuflexamente le garantizan entrevistas donde le aceptan todo, a él y a su claque, sin pestañear.
La mentira, el insulto al periodismo, la amenaza a los opositores, el uso de expresiones discriminatorias, es el menú que utiliza la ultraderecha mundial. Lo hace, desde las cuentas oficiales, el propio Donald Trump. Mentir, insultar, poner barbaridades discriminatorias como la reciente de trucar disfrazados de primates a Obama y su esposa. Milei lo copia, buscando imitarlo hasta en los gestos.
“Excelente iniciativa”, escribió el ministro de Economía Luis Caputo, el mismo que dice que nunca en su vida se compró ropa en la Argentina y el que, hace unos meses, amenazó a un periodista por divulgar que su fortuna estaba en un paraíso fiscal, tal como decía la propia declaración jurada del ministro. Entiéndase bien, no lo desmintió con pruebas (por otra parte no podría porque esa es la verdad) sino que directamente lo amenazó por “difundir la información”. Sandra Pettovello, también aplaudió: recordemos que amenazó querellar periodistas por dar a conocer la corrupción dentro de su ministerio de Capital Humano. Y por supuesto, también aplaudió el inefable ministro Adorni, el responsable directo de expulsar periodistas acreditados de Casa de Gobierno por el simple hecho de que no le gustaban las preguntas que le hacían en sus insoportables “conferencias de prensa”.
Es el mismo gobierno que en su proyecto de reforma laboral deroga el estatuto del periodista, quitándoles todo los derechos y las garantías mínimas para el ejercicio de su profesión.
La “oficina de respuesta oficial” debutó cuestionando una nota de Clarín, sin siquiera haberla leído bien. Pero en el mismo día de su debut ya arrancó contra la clase trabajadora y los luchadores, con un tuit festejando el procesamiento y eventual despido de los delegados y activistas del Hospital Garrahan, mintiendo alevosamente sobre los motivos: “pusieron en riesgo el funcionamiento del Hospital y agredieron al personal que cumplía tareas críticas".
No nos confundimos. No importa que el primer tuit de esta cuenta de X haya sido contra una nota de Clarín. Sabemos que cualquier ataque a la libertad de expresión más temprano que tarde cae sobre los luchadores, la clase trabajadora y la izquierda. Milei y Joe Doe tardaron apenas un par de horas en demostrarlo, con su tuit sobre el Garrahan. Repudiamos esta utilización fascista de la publicidad oficial. Nos sumamos y solidarizamos con todas las organizaciones de periodistas que salieron a repudiar este engendro. Por eso defendemos irrestrictamente el derecho a la libertad de expresión y estamos en contra de cualquier ataque, mucho más de este gobierno ultraderechista que trata de copiar hasta en el estilo las prácticas fascistas de Trump.










