
Escribe José Castillo
Muchas compañeras y compañeros, miran con simpatía a Myriam Bregman y al Frente de Izquierda. Inmediatamente surge el interrogante de cómo sería en concreto un gobierno del FIT Unidad.
Lo primero que debemos dejar en claro es que nosotros queremos llegar al poder para imponer un gobierno de la clase trabajadora y los sectores populares. Convocaríamos inmediatamente al sindicalismo combativo, los cuerpos de delegados, las comisiones internas u otras formas de organización que puedan surgir para discutir democráticamente el plan de emergencia para sacar al país de la crisis. También participarán tanto de la toma de decisiones como de la gestión concreta de gobierno las y los estudiantes que luchan en defensa de la educación pública, el movimiento de mujeres y disidencias, las organizaciones combativas de jubiladas y jubilados, los movimientos de desocupados, el movimiento en defensa del ambiente y todo otro movimiento u organismo que surja en el proceso. Cada lucha, cada organización en defensa de alguna reivindicación específica, tendrá su lugar. Todo será decidido democráticamente, con la más plena libertad para deliberar, opinar y decidir, por parte de distintos partidos, fracciones, grupos o incluso compañeras o compañeros individuales, que podrán dar a conocer sus posiciones y ponerlas a votación.
Llamaremos a que se elijan democráticamente todos los cargos, (incluyendo los jueces) con representantes revocables en cualquier momento si no cumplen el mandato de sus bases. Todas y todos los electos cobrarán un salario igual al de un trabajador calificado, terminando con los privilegios y sueldos millonarios.
Empezaríamos por supuesto, con un plan de emergencia, con medidas básicas, como dejar de pagar la deuda externa, romper con el FMI, ponerles fuertes impuestos a los ricos y las grandes empresas. Estatizaríamos y pondríamos inmediatamente a funcionar bajo gestión obrera a las empresas que cerraron o cierren (como el caso de FATE), prohibiendo suspensiones y despidos. Obviamente derogaríamos el RIGI y la reforma laboral esclavista. Y fijaríamos un piso de salarios y jubilaciones igual a la canasta familiar. Pondríamos todos los recursos a disposición de resolver las más urgentes necesidades populares, como la salud y la educación públicas y lanzaríamos un plan de construcción de viviendas populares.
Un punto importante es que haríamos con los sectores patronales o de privilegio que boicoteen o se nieguen a cumplir las normas. Lo primero y principal es que recurriríamos a la movilización popular. Por ejemplo, si hay empresas que boicotean la producción o provocan desabastecimiento, promoveríamos que fueran sus propios trabajadoras y trabajadores los que impongan, con control obrero y popular, su funcionamiento, expropiando así a cualquier empresa que se niegue a cumplir. Tomemos un ejemplo, que nos sirve ala vez para ilustrar qué distinto que sería nuestro gobierno en comparación con los gobiernos peronistas recientes. Recordemos cuando con Alberto Fernández se produjo el desfalco y vaciamiento de la cerealera Vicentín y se planteó nacionalizarla. Ese gobierno peronista retrocedió, no lo llevó adelante y terminó avalando la estafa. Un gobierno del Frente de Izquierda hubiera aprovechado la oportunidad, la hubiera estatizado y puesto a funcionar bajo el control de sus propios trabajadoras y trabajadores.
Lo mismo vale para enfrentar presiones internacionales del imperialismo, las grandes empresas transnacionales o el poder financiero mundial. Llamaríamos a la más amplia solidaridad de los pueblos del mundo, nos solidarizaríamos incondicionalmente con sus luchas y pediríamos que hagan lo mismo con nosotros. Propondríamos por ejemplo, la conformación de un frente de países deudores latinoamericanos para enfrentar juntos a los pulpos especuladores imperialistas.
Estos serán, sin duda, apenas los primeros pasos. Cumpliríamos inmediatamente, con todas las reivindicaciones democráticas pendientes del movimiento de derechos humanos (como la apertura de todos los archivos de la dictadura), del movimiento de mujeres y disidencias, incluyendo la separación de la Iglesia y el Estado, de la juventud, del movimiento de lucha en defensa del ambiente, de los pueblos originarios.
Habrá que discutir, con la más amplia democracia de las y los trabajadores, como llevamos adelante un gran planificación de la economía donde se decida cuáles son las prioridades en base a las necesidades y no a la rentabilidad del mercado. Se trata en suma, de que gobiernen los que nunca lo han hecho hasta ahora: las y los trabajadores, la juventud, el movimiento de mujeres y disidencias y el resto de los sectores populares, en el camino de construir una Argentina socialista, con plena democracia para el pueblo trabajador.










