El gobierno de La Libertad Avanza se desliza cada vez más rápido por un tobogán. Cualquier encuesta muestra la caída de su imagen. En la calle alcanza con escuchar a la gente: la bronca crece a niveles astronómicos, sobre todo en los sectores populares. La sensación es que ya no se aguanta más.
Mientras sigue vigente el escándalo de Manuel Adorni, Milei sale incluso a defender al corrupto de José Luis Espert. Pero lo peor es que redobla la apuesta con la motosierra. La semana pasada anunció un nuevo superajuste de 2,5 billones de pesos que golpea de lleno a la educación y la salud públicas. También se anunciaron nuevos tarifazos en el transporte.
Al mismo tiempo, Milei no se detiene. Ahora afirmó, en un selecto encuentro empresario, que “vamos a seguir apretando hasta bajar la inflación” y que “el seguro de esta política se paga con la tasa de interés y una política más austera”. Una “austeridad” que, evidentemente, no alcanza a Adorni, ni a “Karina 3%”, ni a los funcionarios beneficiados con créditos hipotecarios millonarios.
El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, declaró el día anterior que “no es prioridad de este gobierno resolver el problema de los endeudados”, mofándose de la desesperación de cientos de miles de familias. Y al secretario de Políticas Universitarias Alejandro Álvarez no se le movió un pelo frente a la gigantesca marcha en defensa de la educación pública: despectivamente afirmó que “pueden hacer mil marchas como estas que no cederán en el ajuste”.
Este miércoles habrá una nueva movilización masiva, esta vez en defensa de la salud pública. Porque las luchas contra la motosierra continúan. Y en medio de ese escenario, la parálisis y la traición de la burocracia sindical peronista empiezan a pagar costos. Así quedó demostrado en las elecciones de Suteba, donde la oposición Multicolor recuperó la seccional La Matanza y retuvo las demás seccionales referenciadas en el sindicalismo combativo.
Hay sectores patronales que empiezan a mostrar creciente preocupación por la crisis del gobierno. Apoyan la reforma laboral esclavista, el alineamiento con el imperialismo estadounidense y las medidas de ajuste, pero dudan de la capacidad de Milei para sostenerlas y también empiezan a sufrir consecuencias en sus propios negocios. Por eso tantean distintos escenarios y lanzan globos de ensayo. Paolo Rocca, por ejemplo, invitó a cenar a Mauricio Macri y le preguntó directamente si pensaba volver a ser candidato presidencial.
El peronismo, principal fuerza patronal opositora, intenta capitalizar la bronca social para su propio proyecto electoral. Pero, como muestran todas las encuestas y se percibe en la calle, “no levanta”. Sigue cargando con la crisis abierta por el desastre del gobierno de Alberto Fernández, Sergio Massa y Cristina Fernández. También pesa el papel actual del peronismo como oposición: ausente en muchas luchas, con legisladores que votan leyes de Milei o directamente se pasan al oficialismo, mientras la CGT mantiene un vergonzoso pacto con el gobierno.
Además, el peronismo no logra resolver ni siquiera su propia interna. Y las únicas señales que emite apuntan a correrse hacia un espacio “moderado”, del “superávit fiscal que no se discute”, acompañado del respaldo a la megaminería y al fracking de Vaca Muerta. Buscan mostrarse como una alternativa “viable” para los sectores empresarios hoy distanciados de Milei. En ese juego están todos: Cristina reuniéndose con Miguel Ángel Pichetto, Axel Kicillof acercándose al macrista Emilio Monzó o gobernadores como Sergio Uñac intentando proyectarse nacionalmente.
Frente a esta situación, no debería sorprender el crecimiento en imagen y simpatía hacia Myriam Bregman y el Frente de Izquierda Unidad, algo que incluso periodistas de los grandes medios se vieron obligados a reconocer. Es un reflejo de la coherencia de la izquierda, de haber estado siempre presente en todas las luchas, denunciando tanto en las calles como en las bancas cada una de las medidas de la motosierra de Milei y el FMI.
Por todo esto resulta fundamental asumir el desafío y la responsabilidad que se abren: el Frente de Izquierda Unidad debe responder tajantemente que sí a la pregunta sobre si puede gobernar. No solo puede: tiene que hacerlo, porque es la única alternativa capaz de responder a las necesidades urgentes del pueblo trabajador.
Por eso, desde Izquierda Socialista lanzamos una campaña para explicar qué propondría un gobierno del Frente de Izquierda Unidad y por qué es necesaria una salida obrera y popular frente al creciente clamor de que Milei no va más. Vení a nuestras reuniones y sumate a Izquierda Socialista para fortalecer esta campaña.










