Escribe Rubén “Pollo” Sobrero, secretario general de la Unión Ferroviaria Oeste y miembro de la Mesa Nacional del Plenario Sindical Combativo.
La necesidad de construir una dirección sindical democrática y combativa, que responda a las bases obreras, se ha demostrado nuevamente una de las tareas más importantes de los luchadores. Si el gobierno de Macri, hoy repudiado por los trabajadores, pudo avanzar en medidas tan anti populares y ajustes tremendos, sólo se puede explicar por el rol cómplice y traidor de la burocracia sindical de la CGT. En diciembre del 2017 quienes dimos la batalla contra la reforma previsional en el Congreso fuimos el sindicalismo combativo y la izquierda, ante la borrada de los dirigentes de la CGT y CTA.
El sindicalismo combativo se viene consolidando, llegó para quedarse y extenderse. No sólo nosotros, los ferroviarios de la Bordó, avanzamos en diferentes ramales pese a los fraudes y persecuciones de la burocracia y las patronales. También la lista Negra del Sutna o en las conducciones multicolores del Suteba y en otros lugares. Venimos de una victoria tremenda de la multicolor en Ademys, que encabezaba Jorge Adaro y ahora Mariana Scayola. O en las filiales combativas de Adosac, como Pico Truncado, donde la burocracia ni siquiera pudo presentar lista. También en las agrupaciones opositoras y delegados de decenas de gremios y empresas.
Ahora una de las claves para fortalecer al sindicalismo combativo es ser bien claros frente al gobierno de Fernández, ya que millones tienen expectativas que pueda mejorar la situación de los trabajadores. Nosotros advertimos a los trabajadores que con este nuevo gobierno no se van a resolver los problemas de fondo, como salarios y jubilaciones dignas, las condiciones de trabajo, educación, salud, trabajo o vivienda. Ningún plan que sea acordado con el FMI, con quita, postergaciones o lo que sea, estará al servicio de los trabajadores. Esta conclusión es importante para seguir fortaleciendo al sindicalismo combativo y tratar de ampliarlo a los nuevos sectores de vanguardia.
Nuestra tarea será seguir apoyando cada lucha, contra los despidos y suspensiones, por salarios, contra el ajuste. Acompañando a los nuevos dirigentes que surgen y profundizando la coordinación desde el Plenario Sindical Combativo. Para fortalecer un polo alternativo antiburocrático y estar más fuertes cuando los trabajadores decidan salir a la lucha masivamente.
Escriben Laura Marrone, legisladora (mandato cumplido) de la ciudad de Buenos Aires y Reynaldo Saccone, ex Presidente de la Cicop
Los residentes y concurrentes son alrededor de 4.000 en los 33 hospitales de Ciudad de Buenos Aires, aunque el régimen es similar en todo el país. Las residencias duran cuatro años. Trabajan 36 horas semanales y dos guardias de 24 horas. Casi 90 horas semanales por un salario que ronda la canasta de pobreza: 37.000 pesos. Rinden un examen para poder ingresar y los que quedan afuera, uno cada dos o más, pugnan por ingresar como concurrentes, por menos horas de trabajo y sin ningún salario, obra social o seguro de mala praxis.
La residencia se presenta como un régimen de formación de muy elevada calificación por lo que es muy deseada por los egresados universitarios del equipo de salud (médicos, bioquímicos, trabajadores sociales, psicólogos, enfermeros y otras disciplinas). Los sucesivos gobiernos aprovechan el espíritu de sacrificio de estos jóvenes en aras de su capacitación, para mantener el funcionamiento del hospital público en todo el país con mano de obra barata. Permite disminuir las plantas permanentes de los hospitales y así disminuir los presupuestos de salud. Un régimen laboral semi esclavo para poder “perfeccionar su formación”.
La rebelión organizada
Este año se rebelaron. Todo ocurrió cuando Cambiemos presentó un proyecto de ley en la Legislatura porteña que legalizaba la superexplotación a 64 horas semanales obliga torias, un salario desenganchado de la paritaria de la planta permanente y eliminaba el carácter electivo del jefe de residentes.
En cada hospital hubo asambleas masivas donde eligieron representantes y un pliego de exigencias. El jueves 28 de noviembre estallaron cuando los legisladores votaron mayoritariamente en contra de sus derechos, la policía los reprimió. La indignación subió más. Reunidos en asamblea en la puerta de la Legislatura votaron el paro por tiempo indeterminado: “Sin residentes no hay hospital”, ”Veto o paro”, eran las consignas. El viernes 29 comenzó el paro total en todos los hospitales, sin guardias. Los hospitales colapsaron. Duró siete días, hasta que Larreta tuvo que retroceder. El jueves siguiente, la legislatura anuló la ley y el Ministerio de Salud les prometió una mesa de negociación para elaborar un nuevo régimen para el sector.
Mucho más que un retroceso en lo laboral
La lección es clara: se logró con la lucha unitaria y democráticamente decidida, a pesar de que en su momento hasta la burocracia de la Asociación de Médicos Municipales (AMM) había acordado el proyecto. La derrota del gobierno va más allá del terreno laboral y de su política de ajuste. Este triunfo de los residentes y concurrentes entorpece la vía rápida a la aplicación de la Cobertura Universal de Salud (CUS), un plan que significa la tercerización de los servicios de los hospitales públicos y el avance de la privatización, como ocurre en Chile. Es para imponer esta derrota del derecho a la salud que necesitan disciplinar al personal de salud con estas iniciativas.
El ejemplo de los residentes, retomó la experiencia de la Interhospitalaria contra la disminución de hospitales (5x1) en 2017 y la enorme rebelión de enfermería en 2018. Aunque ésta no triunfó, implicó un quiebre en la relación de fuerzas entre los trabajadores de los hospitales y la rosca GobiernoSutecba-Médicos Municipales. Su ejemplo es un aliciente para todos los trabajadores de la salud del país para avanzar en un plan de lucha que logre regímenes laborales dignos para residentes y concurrentes, reconocimiento profesional a la enfermería, la eliminación de la CUS, más presupuesto para salud no para la deuda y el FMI y que se avance en el camino de lograr un Sistema Único Nacional de Salud, estatal, gratuito y de excelencia. Así lo defendimos desde nuestra banca de Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad en la Legislatura durante todo nuestro mandato.
Testimonio para El Socialista de Santiago Dávila, residente del Hospital Durand
El jueves 28 de noviembre, el paro y la movilización que nos llevaron a la legislatura fue el origen y la causa de lo que terminó siendo una huelga general sin precedentes en contra de la política sistemática de precarización laboral que viene llevando a cabo el larretismo en la ciudad. Si bien la izquierda nos acompañó desde el primer momento (y de la misma manera, tantos otros espacios decidieron no hacerlo), no fue hasta recibir los palos y los gases de la Policía de la Ciudad (y que esto se volviera viral) que se visibilizó el reclamo que llevaba semanas y del que tantos eligieron desentenderse. El saldo favorable de este episodio patético fue que la Asociación de Médicos Municipales se viera conminada a llamar al paro, y que el reclamo comience a ser apoyado por gran parte de la planta de los hospitales. […]
El pasar de las jornadas y la resistencia le mostraron a miles de compañeros la verdadera fuerza de la unión. Los aprietes no hicieron mella en un grupo que se supo unido atrás de un reclamo legítimo y una identidad colectiva que muchos descubrieron por primera vez en la calle. Pero no fue hasta que llevamos la medida de fuerza a la Jefatura misma que el larretismo, acorralado literalmente por los compañeros, tuvo que recular y terminar con la payasada. Quedó ratificado la protesta y la organización son el camino.
La continuación de la lucha nos dirá si lo que pasó el jueves 5 fue una victoria, o si la sensación de hermandad fue algo verdadero o la masiva adhesión respondió a otros motivos. Queda mucho trabajo por delante y habrá que seguir unidos. La ley sólo fue suspendida y aún hay que luchar por una que realmente supere la situación actual que sigue siendo una de explotación y precarización. No debemos olvidar a quiénes nos apoyaron, ni a todos esos burócratas que, tan lentos para acompañarnos, fueron rápidos para arrogarse los triunfos que conseguimos. Ojalá el 2020 nos encuentre más unidos y hermanados que antes.
Escribe Claudio Funes
Sectores del peronismo están llevando adelante una campaña contra el sindicalismo combativo y la izquierda. Propagan la falsa idea de que no hemos luchado contra Macri cuando sí lo hicimos contra Cristina. Justo cuando en el Sarmiento las ferroviarias, hace unos días atrás, fueron al paro por pésimas condiciones laborales y contra la discriminación de la patronal ligada al macrismo. No mencionan, además, que apenas asumió el gobierno de Macri, en junio de 2016, se hizo un paro contra sanciones que pretendía descabezar al cuerpo de delegados y que en marzo del 2019 se realizó otro paro contra la inseguridad laboral que provocó la muerte de Sebastián Carranza.
Para ello atacan al Pollo Sobrero, la figura más reconocida del sindicalismo antiburocrático y luchador, que tiene como principal premisa consultar a la base.
Lo único cierto es que el sindicalismo combativo y la izquierda siempre participamos e impulsamos la pelea contra el ajuste de Macri y el FMI. Fueron parte importante de las jornadas contra el robo previsional de fines de 2017, que si bien fue aprobado por el Congreso significó una dura derrota para el macrismo, al no permitirle imponer la reforma laboral previamente acordada con la CGT y fundamentalmente porque provocaron la ruptura de importantes sectores populares con el gobierno de Cambiemos.
Fue el sindicalismo combativo el que se movilizó al Congreso para repudiar la aprobación del presupuesto 2019 hecho a medida del FMI.
Permanentemente exigimos a la CGT que rompa el pacto con Macri y convoque a un paro activo de 36 horas y plan de lucha. Recordemos el gran acto del sindicalismo combativo del 4 de abril de 2019 en Plaza de Mayo, en el que se denunció a la CGT por convocar a una marcha con empresarios junto a Moyano y la CTA de Hugo Yasky, el que repetía sin avergonzarse que “en 2019 no hay que hacer paros”, el mismo que hoy dice estar de acuerdo con el congelamiento salarial.
La única verdad es la realidad: los burócratas de la CGT dejaron pasar el ajuste. Si Macri pudo hacer lo que hizo fue por exclusiva responsabilidad de la burocracia de la CGT y de las CTA y del apoyo del peronismo que le votó más de cien leyes en el Congreso.
Queda claro que el objetivo de desacreditar al sindicalismo combativo y la izquierda va de la mano con el futuro pacto social de Alberto Fernández. Que las calles estén vacías para que pase el ajuste. Pero como siempre, seguiremos apoyando las luchas, haciendo lo que decidan las bases y manteniéndonos independientes de los gobiernos patronales. Lo fue en los doce años anteriores del kirchnerismo. Lo fue con Macri. Y seguirá siéndolo frente al nuevo gobierno de Alberto Fernández.
Escribe Mónica Schlotthauer, delegada ferroviaria y diputada nacional (mandato cumplido) Izquierda Socialista/FIT
La negativa de la empresa a tomar medidas de seguridad e higiene y la construcción de un vestuario para las empleadas mujeres de la línea ferroviaria del Sarmiento, provocó que hubiera un paro de 24 horas el 3 de diciembre pasado. Sorprendió al país por su demanda: “el primer paro contra la discriminación a las mujeres trabajadoras”. Y nos enorgulleció a todas las ferroviarias y feministas que desde el 2012 nos organizamos en “Mujer Bonita es la que lucha” por igualdad laboral. Y a todo el movimiento de mujeres que desde el 2015 no deja de luchar.
“Nos pasaron por arriba”, reclamaron las compañeras a Vanesa Gentile, miembro de la comisión directiva de la lista Verde de Sassia, que junto con una comitiva se hicieron presente a media jornada del paro para intentar levantarlo. Los burócratas se retiraron a un cuarto intermedio, que se transformó en “eterno”, ya que nunca más volvieron. Horas después, llegaba la declaración de la conciliación obligatoria.
Esa medida de fuerza (que fue tomada en asamblea junto a los guardas varones) terminó haciendo retroceder a la patronal ligada al gobierno de Macri, que tuvo que aceptar que el combativo cuerpo de delegados del Sarmiento y una representante de las compañeras tenga que ser parte de la discusión para resolver el problema.
El paro fue contundente. Tener que ir a una medida de fuerza para que se hagan efectivas medidas tan necesarias como que haya vestuarios y baños para las compañeras mujeres que trabajan como jefas de trenes en la línea Sarmiento demuestra hasta dónde llega la patronal negrera de Trenes Argentinos. El paro fue decidido por las compañeras porque literalmente se cambian en un container y trabajan en condiciones indignas.
Mientras la CGT es cómplice del ajuste de Macri y Alberto Fernández aconseja “abandonar las calles” postulando un pacto social contra los trabajadores, las mujeres del Sarmiento son un ejemplo y marcan el camino a seguir. Hicieron retroceder a Orfila, titular de Trenes Argentinos, que viene aplicando una clara política de discriminación contra las mujeres. Ahora la empresa está obligada a satisfacer los reclamos dentro de los próximos días. Exigimos que cumpla y repudiamos cualquier tipo de sanción que quiera tomar en contra de las trabajadoras.
Los trabajadores resisten el desalojo y demuestran que la fábrica puede producir. Millones consumen sus productos. Por su estatización bajo control obrero.
Escribe Claudio Funes
La ocupación por parte de sus trabajadores de la papelera ubicada en Bernal, propiedad de la multinacional yanqui Kimberly Clark, ya lleva más de dos meses. Enfrentan los 200 despidos a través de un lockout (cierre patronal) de una de las más poderosas multinacionales en el rubro de artículos de higiene, que explota a decena de miles de trabajadores, más de 40.000 en el mundo y es dueña de marcas como Scott, Kleenex, Huggies y Kotex, entre otras. En nuestro país es propietaria además de una planta en Pilar (productos de protección femenina y para adultos) y otra en el parque industrial de San Luis (pañales para niños y adultos). En Bernal se producía papel higiénico, rollos para cocina, papel para faciales, servilletas y papel para pañales, entre otros productos. Todos de uso masivo.
La multinacional se niega al diálogo y quiere liquidar el conflicto. Hoy crecen las posibilidades de desalojo ante el pedido de la fiscal que interviene en la causa abierta por la denuncia de la patronal, que los acusa de usurpación.
Ante esta perspectiva el día viernes 22 de noviembre los trabajadores convocaron a un acto y conferencia de prensa donde delante de los medios y distintas organizaciones sindicales y políticas hicieron una “prueba productiva” demostrando que pueden autogestionar la planta y hacerla producir. Estuvieron presentes los dirigentes Juan Carlos Giordano, Romina del Pla, Néstor Pitrola, Christian Castillo, Jorge Altamira, Marcelo Ramal y distintos dirigentes sociales y sindicales de la zona.
El delegado Patricio Lara manifestó: “Tenemos esperanzas porque las máquinas funcionan y podemos producir. Hoy pusimos en marcha las líneas para demostrar que los trabajadores sabemos y podemos hacerlo, hemos entregado producción a hospitales y comedores porque hay necesidad de insumos de higiene en el Estado, así se podrían salvar los 200 puestos de trabajo”.
Los trabajadores se postulan para hacer producir la planta para lo cual necesitaría una ínfima inversión. Y emplazaron a Alberto Fernández y Axel Kicillof a que se pronuncien por la continuidad de la fuente de trabajo. Por ello mantuvieron una reunión con futuros ministros de los que no obtuvieron respuestas.
Los trabajadores junto con sus familias continúan resistiendo. Están dando una dura pelea realizando distintas actividades, como el papelazo en Plaza de Mayo del 4 de noviembre pasado y ahora con la exigencia al sindicato de llamar a un paro nacional de papeleros.
El cierre de la planta de Bernal es parte de un plan de ajuste global de la mutinacional. En 2018 la empresa decidió cerrar o vender todas las unidades productivas en el mundo que generan retornos bajos y que no representan en total más de 1% de los ingresos. Mientras los obreros y sus familias padecen, los especuladores de la bolsa celebran: las acciones de la compañía crecieron en el primer semestre un 13% por arriba del promedio del 10% del resto de las empresas del sector. A esta voracidad por el dinero se suma el hecho de intentar deshacerse de los delegados combativos que vienen conquistando mejores condiciones de trabajo y más salario.
Desde Izquierda Socialista nos venimos solidarizando con este conflicto desde el inicio y nos seguiremos poniendo a disposición del mismo. La solución de fondo pasa por la estatización de la planta poniéndola a funcionar bajo control obrero.