Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
El diario Tiempo Argentino dio a conocer una filtración de chats entre jueces, políticos ligados al PRO, ex servicios de inteligencia y empresarios del grupo Clarín, quienes compartieron un viaje a la mansión del magnate británico Joe Lewis, a orillas del Lago Escondido, para irse desde allí a esquiar en helicóptero.
Según trascendió, estos personajes chatearon sobre cómo iban a justificar el viaje, además de intercambiar opiniones sobre el manejo de causas judiciales.
El hecho no hace más que mostrar la podredumbre de este sistema capitalista y el entramado mafioso e impune entre los distintos actores de esta “democracia para ricos”. Un capítulo más de cómo viene funcionando esta “justicia independiente” y su entramado entre espías y el poder político y económico de turno.
El presidente Alberto Fernández por cadena nacional ordenó que se haga una denuncia penal, se inicien sumarios y juicios políticos. Quiere mostrarse como “paladín de la democracia”.
Nada más alejado de la realidad. ¿O acaso este repudiable entramado no existió en los 27 años en que vino gobernando el peronismo desde 1983 a esta parte?
Un episodio de la pelea que existe por la designación de los jueces entre el Frente de Todos y Juntos por el Cambio se vio la semana pasada con la bochornosa sesión en Diputados. Todo en vistas a posicionarse para las elecciones del año que viene, mientras votaron unidos el presupuesto 2023 al servicio del FMI.
Repudiamos estos hechos aberrantes, pero al mismo tiempo alertamos sobre el uso que el gobierno le quiere dar a un día en que se va a dar a conocer una posible condena contra la vice presidenta Cristina Fernández de Kirchner por los tremendos casos de corrupción que hubo en su gobierno.
Intenta salvarla bajo la campaña de que habría una “persecución política” en su contra. Claro que rechazamos a esta justicia patronal y acomodaticia, pero decimos categóricamente que todos los políticos patronales deben responder por los negociados capitalistas corruptos (sean del color que sean), tienen que ir presos y devolver lo que le robaron al pueblo trabajador.
Esto viene ocurriendo bajo todos los gobiernos capitalistas, sean peronistas o de Juntos, radicales, de centroderecha o de los llamados “nacionales y populares”.
Es por eso que desde Izquierda Socialista en el FIT Unidad venimos diciendo que a los jueces se los tiene que elegir por el voto popular y deben ganar como una maestra. Estamos por la disolución de los servicios de inteligencia y que se abran sus archivos secretos, como parte de una pelea para terminar con esta corrupción e impunidad del sistema de capitalista y con esta justicia burguesa que defiende a los ricos contra el pueblo trabajador.
05/12/2022
* Foto de portada: Julián Ercolini, Juez Federal sala 10; Jorge Rendo, CEO del multimedios Clarín; Carlos Mahiques, Juez sala II de Casación Penal; Marcelo D'Alessandro ministro de Seguridad y Justicia porteño.
Mientras millones en las fábricas, oficinas, escuelas y barrios hinchamos por la Selección Nacional, el gobierno aprovecha para seguir engordando las ganancias de los grandes capitalistas. Con el objetivo de juntar reservas para pagarle al FMI, volvieron a ser premiados los oligarcas y monopolios exportadores de soja con otro dólar especial a 230 pesos, una devaluación en su beneficio de un 40% más que el valor del dólar oficial (165 pesos). Se repite, mejorado, lo que le dieron en septiembre (dólar a 200 pesos), ahora actualizado por inflación, un privilegio que el gobierno niega para salarios, jubilaciones y planes sociales.
La medida implica una transferencia adicional de recursos desde el Estado a las grandes patronales del campo de 185.000 millones de pesos, el equivalente a cuatro meses de lo que se destina para la Asignación por Hijo o el triple del refuerzo que se acaba de dar para la Tarjeta Alimentar. A su vez, Massa fue a la Peugeot de Palomar a promocionar “retenciones cero” para las multinacionales automotrices y otros favores para las petroleras saqueadoras. ¿No era que la prioridad del gobierno peronista eran los más vulnerables?
Por su parte, los salarios y las jubilaciones continúan perdiendo escandalosamente ante la inflación. El gobierno llevó el salario mínimo a 61.953 pesos para diciembre, quedando por debajo de la canasta de indigencia (62.106 pesos). Ni qué hablar de la de pobreza, que alcanzó los 139.738 pesos, o la canasta familiar medida por ATE Indec para una familia tipo en 217.000 pesos. La jubilación mínima quedó en 50.000 pesos y ahora quieren que el aumento del salario mínimo no llegue a los planes sociales. ¿Se puede ser tan salvaje? Y todo esto ocurre con el aval de la CGT y las CTA.
Pero a pesar de ello, en las últimas semanas vimos que cuando se sale a luchar en serio se puede ganar. Las y los trabajadores de la salud lo demostraron con el triunfo de los residentes contra Larreta. Antes, lo habían logrado los trabajadores del Sutna. Pelea que ahora sigue en el Garrahan, el Posadas (hay paro y marchas este jueves 1/12), Córdoba y otras provincias. ¡Qué distinto sería si los burócratas de la CGT y las CTA rompieran su pacto con el gobierno y convocaran a un paro general y un plan de lucha nacional por aumento de salarios y jubilaciones! Eso exactamente es lo que está postulando el sindicalismo combativo, que lucha y brega por una nueva dirección sindical alternativa para la clase trabajadora. Sindicalismo combativo que dio otro paso, ratificando a la Multicolor como conducción en las elecciones de Ademys, pronunciándose a la vez en defensa del dirigente Jorge Adaro, a quien Larreta y Acuña le pidieron el desafuero gremial por luchar.
Mientras, el gobierno peronista sigue en su crisis e internas. Alberto Fernández se dedica a eventos protocolares; Massa le rinde pleitesía al FMI y Cristina no deja claro si se lanzará a la carrera presidencial. Después de años donde se dijeron barbaridades, se ha reconciliado con el Movimiento Evita de Emilio Pérsico. Los “une” el espanto para evitar la derrota del peronismo en la Provincia de Buenos Aires, donde se atrincheró el kirchnerismo duro. “Es con todos adentro”, vuelven a decir. Reeditan lo de 2019, pidiendo el voto “para ganarle a Macri”, llevándonos al desastre actual. Todo cruzado por un mar de fragilidad, que incluye la pelea entre Máximo Kirchner y Kicillof o los rumores sobre la renuncia de Berni, descubierto como propietario de mansiones no declaradas en la Patagonia.
Del otro lado, Macri disfruta de los palcos VIP de Qatar, codeándose con lo más corrupto de la elite de la FIFA intentando disimular la brutal interna de Juntos por el Cambio. Patricia Bullrich volvió a proponer una alianza con Milei, mientras el resto de Juntos por el Cambio teje acuerdos con Espert en la provincia de Buenos Aires.
Ante esto crece la “apatía, la falta de esperanza, el descontento e incertidumbre”, según describen algunas consultoras, donde millones atribuyen la culpabilidad de los males sociales a los principales candidatos, tanto del oficialismo y de Juntos, donde crecen sus imágenes negativas.
Además, se dio otro hecho escandaloso, las y los diputados del Frente de Todos, Juntos por el Cambio y el apoyo cómplice de Milei, se auto aumentaron escandalosamente sus dietas en un 30% de una vez, llevando sus ingresos a 450.000 pesos o a medio millón si se suman los adicionales. Dicen “que trabajan mucho”, pero su trabajo es votar presupuestos para el FMI y leyes que afectan al pueblo trabajador. El liberfacho Milei volvió a mostrar la hilacha. Se la pasa sorteando sus dietas de manera populista, pero no abrió la boca ante el aumentazo. Los únicos que se opusieron a este privilegio fueron las bancas del Frente de Izquierda Unidad. Es más, el diputado Nicolás Del Caño hizo una moción para que se pusiera a votación el proyecto del Frente de Izquierda para que los legisladores perciban un ingreso similar a un trabajador. Dicha iniciativa fue rechazada tanto por el Frente de Todos como por Juntos por el Cambio, Milei y Espert. Esto muestra que lo único distinto ante los políticos tradicionales es el Frente de Izquierda Unidad.
Falta poco para que termine 2022, un mes cruzado por el Mundial. ¿Qué se viene ahora? ¿Adónde va el país? Somos categóricos, el peronismo no va más. Tampoco son salida la centroderecha de Juntos y el macrismo o la ultraderecha de Milei. Con ellos Argentina seguirá sometida a un mayor ajuste, saqueo, dependencia y destrucción ambiental. Por eso decimos que la salida es la izquierda. Lo único distinto, “nuevo” y favorable para el pueblo trabajador, las mujeres y la juventud, es el Frente de Izquierda Unidad. Que pelea por un plan económico obrero y popular, por dejar de pagar la deuda externa y romper con el FMI, poniendo todos los recursos para aumentar los salarios y jubilaciones, dar trabajo genuino, educación, salud y vivienda. Para que gobiernen los que nunca gobernaron, las y los trabajadores con la unidad de la izquierda que conquistamos con el FIT-U y por una Argentina Socialista.
Sólo el Frente de Izquierda Unidad viene planteando esto, luchas y dar la pelea política. Y hay que potenciarlo de manera unitaria, en los reclamos cotidianos y en las elecciones. Desde Izquierda Socialista estamos proponiendo al resto de los partidos del FIT Unidad una fórmula presidencial única para no ir divididos a las PASO, conformada entre Myriam Bregman (PTS) y Gabriel Solano (PO), integrando a partir de allí a todas las fuerzas del FIT-U respetando los acuerdos previos, equilibrios y rotación de las bancas.
La muerte del niño de ocho años Víctor Sebastián Barreto, aplastado por un camión al que se había colgado para ir a un basural en busca de “los frescos”, como le dicen a la comida vencida que es desechada, en Paraná, Entre Ríos, es una clara postal de la Argentina de hoy, gobernada por el peronismo del Frente de Todos. Podría ser una postal también de los cuatro años macristas. Casi el 60% de niñas y niños viven en la pobreza con una inflación al 100%. Mientras tanto, las alimenticias, grandes capitalistas y grupos concentrados hacen fortunas. Sí, con el Frente de Todos, igual que lo hacían con el macrismo.
A todo esto se acaba de reunir el Consejo del Salario Mínimo, integrado por el gobierno y sus funcionarios del Ministerio de Trabajo, las cámaras empresariales, incluyendo al delincuente de guante blanco Funes de Rioja de la Copal, y los consabidos burócratas sindicales de la CGT y las CTA, Daer, Andrés Rodríguez (UPCN), Gerardo Martínez (Construcción), Roberto Fernández (UTA), Hugo Yasky (CTA), y hasta Pablo Moyano. ¿Qué decretaron? Que el salario mínimo pasará de los 57.900 pesos actuales a 61.953 en diciembre, un aumento equivalente a un kilo de carne, 5 kilos de azúcar y 7 litros de leche. ¡Desopilante la caradurez y cinismo de estos personajes! Según ATE Indec, nadie debería percibir menos de 205.000 pesos por mes medido en septiembre. Miles y miles perciben el mínimo. Por eso en Argentina hay millones de trabajadores pobres, como hay un 80% de jubiladas y jubilados que sobreviven en la indigencia.
Alguien podría decir, “hay un ajuste… ¿pero no será el sacrificio que tenemos que pagar para salir de la crisis?” De la crisis no solo que no vamos a salir, sino que nos vamos a seguir hundiendo en ella con las políticas actuales del gobierno peronista, con el superministro Sergio Massa a la cabeza, apoyado por Alberto Fernández y por la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner. “Nos harían falta dos o tres ministros como Massa”, dicen en el entorno kirchnerista.
Es que con la cara nueva de Massa, el gobierno aprovechó para redoblar un mayor ajuste y sometimiento al FMI. Y se favoreció el crecimiento de las ganancias capitalistas con el dólar soja para los oligarcas y enormes incentivos y perdones impositivos para petroleras, gasíferas y privatizadas beneficiadas con los tarifazos. De esa forma se iba a generar una “fábrica de dólares” que nos iba a salvar, decían. Sin embargo, las reservas que se fueron acumulando en el Banco Central se están dilapidando día a día en la bicicleta financiera y el “veranito massista” se está acabando. Por eso el viceministro Gabriel Rubinstein confesó que la salida sería una devaluación brusca, solo que, alerta, esa medida podría provocar un Rodrigazo. Capaz no llegan a eso, pero si hay algo que está claro es que ya hay una devaluación, dólar blue en suba con el que se mueven los precios de los alimentos, y salarios, jubilaciones y planes sociales pagados en pesos súper deshilachados.
Mañana sale otra misión oficial para reunirse con el FMI e implorar que, pese a las turbulencias económicas, el pacto sellado con ese organismo imperialista siga vigente, mientras Cristina se la pasa mostrando gráficos en sus actos diciendo que cuando ella gobernaba los salarios se iban para arriba. Un doble discurso fenomenal. Si en los tres mandatos del peronismo kirchnerista se vivía tan bien… ¿Por qué su candidato Daniel Scioli perdió las elecciones en 2015 con la centroderecha del repudiable Mauricio Macri? Cristina y Máximo Kirchner son parte de un gobierno que hace aguas y solo se quieren diferenciar en vistas a las elecciones de 2023, no porque tengan un plan alternativo para sacar al país adelante. Juntos por el Cambio es otro cambalache, proponiendo hacer un mayor ajuste pero más rápido.
Ante esta situación alarmante, donde crece la desesperación de millones, hay dos grandes alicientes. El primero, que los residentes y médicos de CABA tras una rebelión de varias semanas lograron una importante victoria sobre el gobierno de Larreta y su ministro/candidato Quiroz. La conquistaron a fuerza de paros y movilizaciones resueltas en asambleas y auto convocatorias, pasando por encima a los dirigentes sindicales traidores. Antes habían ganado los trabajadores del neumático nucleados en el Sutna, mostrando que se le puede torcer el brazo a las patronales y a los gobiernos de turno. Estas luchas cuentan con todo el apoyo del sindicalismo combativo, que hay que seguir fortaleciendo, como hay que seguir denunciando a la CGT y las CTA y exigiéndoles que dejen de apoyar al gobierno y a las patronales y llamen a un plan de lucha nacional.
El otro aliciente es que contra los gobiernos capitalistas hay una alternativa política completamente distinta. Lo verdaderamente “nuevo”, que nunca gobernó, es el Frente de Izquierda Unidad, una gran unidad de la izquierda que venimos construyendo desde el 2011. Hay que continuar fortaleciendo el FIT Unidad como proponemos desde Izquierda Socialista (ver "Hay que fortalecer al FITU con políticas unitarias"), postulando en concreto que haya una fórmula presidencial única para participar unidos en las PASO, con Miryam Bregman (PTS)-Gabriel Solano (PO).
Llamamos a las y los luchadores a fortalecer estas dos tareas: apoyar a los que reclaman para que las luchas triunfen peleando por un plan económico obrero y popular, y apoyar al FIT Unidad, para pelear por un gobierno de las y los trabajadores y una Argentina socialista.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
“Ella es la fuerza de la esperanza”. Así fue recibida la vicepresidenta en el estadio de La Plata. En “modo electoral” y desligándose de los males generados por su propio gobierno (que integra y defiende) hizo definiciones que acá analizamos. Renovó el elogio al ministro ajustador Sergio Massa y predijo que el peronismo es “lo nuevo”.
Cristina salió otra vez al ruedo público después del atentado. Su objetivo es parar la pérdida de la base social del peronismo, y en particular la del kirchnerismo. “Lo nuestro es mantener el 30%”, dicen desde La Cámpora; porcentaje que se está diluyendo, ya que franjas de trabajadores y jóvenes dicen que Cristina es parte del problema, no de la solución. Y esto ocurre en el corazón del conurbano bonaerense donde gobierna Kicillof.
Lo más comentado de su discurso fue que habló otra vez como una comentarista de la realidad, no como una vicepresidenta, donde su sector maneja las cajas del PAMI, encabeza el Anses, tiene gobernadores e intendentes. Por eso lo raro fue pedir “que vuelva Cristina”, cuando ya regresó hace tres años y es parte de un gobierno que solo genera miseria y entrega.
Esta vez no embistió directamente contra Alberto Fernández y hasta propuso un “acuerdo democrático” con la oposición macrista. “Tenemos que tirar todos para el mismo lado” dijo, mostrándole a Juntos por el Cambio que Massa está aplicando el ajuste que reclama esa centroderecha para cumplir las metas con el FMI. El día posterior al acto, en una reunión reservada entre Cristina, Kicillof e intendentes de Buenos Aires se dijo por lo bajo “nos harían falta más ministros como este”.
Cristina apeló a su consabido doble discurso. Intentó mostrar que en sus tres mandatos del peronismo kirchnerista (2003/2015) “se vivía mejor”. Cristina mostró un gráfico con la suba salarial en los gobiernos peronistas, para encubrir el robo salarial actual.
¿Cristina dijo algo de una suma fija salarial, como se esperaba? Nada. ¿Dijo algo sobre las jubilaciones de miseria? Nada. Precisamente porque votó el cambio de la movilidad, donde el 80% de las y los jubilados perciben una mínima de indigencia, mientras ella tiene un ingreso de más de 4 millones de pesos mensuales por dos jubilaciones de privilegio, ¿qué dijo de la inflación del 100%? Culpó a los jueces, no a los formadores de precios ni a su gobierno que aplica tarifazos y aumenta los combustibles. También señaló que le gustaría que la gente “coma en su casas”, no en los merenderos, una frase de muy mal gusto en un país donde los alimentos son inalcanzables.
Cristina también reivindicó a Vaca Muerta (tierra de saqueo de Chevron y otras multinacionales), pidió por la defensa del litio (cuando se lo están llevando en pala las multinacionales yanquis, canadienses, australianas y japonesas desde el menemismo) y del agua (robada por la megaminería que creció exponencialmente en los años ‘90 y los doce años kirchneristas). Y si hay algo que cayó muy mal fue que para combatir a la inseguridad, propuso desplegar miles de Gendarmes al mejor estilo Patricia Bullrich (ver "Cristina propone más gendarmes").
El peronismo es lo viejo
Ante encuestas que dicen que una gran parte del pueblo trabajador cuestiona a los viejos políticos patronales y quiere “algo nuevo”, Cristina volvió con la idea de que el peronismo es “lo nuevo”, porque salvó al país de las crisis. Pero después de treinta y nueve años que pasaron desde la caída de la dictadura, el peronismo gobernó veintisiete años. Y a tres años del gobierno peronista del Frente de Todos solo se puede ver indigencia, desigualdad social, inflación, bajos salarios y una entrega colosal al FMI mediante el pacto para pagar la deuda contraída por Macri.
Qué lejos quedó la consigna “Braden o Perón” del viejo peronismo del ‘45, cuando se enfrentó limitadamente la penetración yanqui. Cristina no lo puede recordar, porque recientemente visitó al embajador yanqui.
Cuando se habla del peronismo, hay una parte muy sesgada en su discurso. La vuelta de Perón en los años ‘70, de la cual se cumplieron cincuenta años (ver "Hace cincuenta años volvía Perón a la Argentina"), no fue para ninguna liberación nacional, sino para aplicar el ajuste mediante el Rodrigazo, donde hubo una feroz represión con Isabelita y López Rega con la Triple A.
Más cerca en el tiempo, Cristina se despega siempre del peronismo de los años ‘90 (a quien llama “neoliberalismo”). Por suerte circularon por las redes las fotos de Néstor y Cristina con el presidente entreguista Carlos Saúl Menem. En ese gobierno se remataron las empresas del Estado, la deuda externa creció al doble y se indultó a los genocidas. Cristina queda en falsa escuadra cuando dice que el macrismo quiere privatizar Aerolíneas, porque quien la privatizó fue el peronismo de esos años (igual que los ferrocarriles) y hoy no está en manos de sus trabajadores, sino de La Cámpora. O cuando habla de YPF, tapando que el peronismo kirchnerista estuvo a favor de rematarla en esos años, aportando el voto decisivo de un diputado santacruceño.
Le contestamos a Cristina que lo nuevo vendrá con un gobierno de las y los trabajadores, de los que nunca gobernaron, de la unidad de la izquierda, para imponer otra sociedad, una Argentina socialista por la cual luchamos desde Izquierda Socialista. También le decimos que lo único nuevo es el Frente de Izquierda Unidad, para pelear por las transformaciones que hacen falta contra todos los gobiernos que defienden a este sistema capitalista explotador.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
En 1973, el entonces presidente Juan Domingo Perón dijo: “El gobierno se ocupará que [las ganancias] sean distribuidas con justicia entre todos los que la producen. Fifty-fifty, como dicen. Mitad y mitad”. Esto no solo no ocurrió, sino que encima vino el Rodrigazo, con una tremenda inflación y carestía de vida. Pero quedó el famoso fifty-fifty de Perón.
Cristina Kirchner mostró en el acto un cuadro para decir que su último gobierno fue el mejor de la historia, con sus famosos “piquitos”, como dijo para referirse a una favorable distribución del ingreso. Otro doble discurso.
Lo cierto es que la participación en el ingreso de los asalariados se ha venido deteriorando a lo largo de las décadas. Pasó del 56% en 1950, al 46% en 1973, 31% en 2003. En 2013, desde Emiratos Árabes, el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno (quien acompañaba a la presidenta Cristina en una visita oficial), dijo que el gobierno había cumplido con uno de los anhelos de Perón, el de la repartición en un 50 y 50 de la riqueza que produce el país. ¿De dónde lo sacó? Fue el mismo Moreno quien destruyó los datos del Indec con una patota manipulando la información desde el 2007 al 2015, donde se decía por ejemplo que en Argentina había menos pobreza que en Alemania. Por eso es que en los doce años de gobierno kirchnerista hubo enormes reclamos, paros generales, ante una enorme precarización laboral y pobreza del 30%, llevando a que el peronismo perdiera con Macri en 2015.
El dato de hoy es que los empresarios aumentaron su porción en el reparto de la torta del 40,2% en 2016 al 47% en 2021, mientras la participación del salario bajó del 51,8 % a 43,1%. Pero aunque se lograra el 50 y 50, no sería para festejar. Primero, porque no alcanzaría para salir de la pobreza. Segundo, porque dicha participación es muy dispar entre trabajadores registrados y los millones que lo hacen en la informalidad y precariedad. Y tercero, porque significaría que una mitad de la riqueza se la siga quedando un grupo minoritario de capitalistas y la otra mitad se tenga que repartir entre millones de trabajadores, casualmente los que la generan. La izquierda, en cambio, pelea para que la clase obrera sea quien se apropie de la riqueza que genera, para combatir de verdad los males capitalistas.