Escribe Mariano Barba
El último censo registró un crecimiento de la población de alrededor de 4,5 millones de habitantes en relación a diez años atrás. Pero el dato que muestra la parálisis en la que nos sumieron todos los gobiernos patronales es que la cantidad de asalariados registrados es igual que hace diez años atrás, unos seis millones. Es decir, no hay crecimiento del asalariado en blanco. Además hay tres millones de empleados públicos, cerca de cuatro millones de monotributistas (la mayoría en las escalas más bajas) y 400.000 autónomos. En total los registrados suman 13 millones, sobre una población activa de 23 millones de personas económicamente aptas para trabajar.
Estos datos de la actual realidad indican que existen en total casi diez millones de personas entre trabajadores precarizados y desocupados. Como la gran mayoría recibe un plan social o un ingreso vía AUH y la Tarjeta Alimentar, no son considerados por el Indec como desocupados. De esa forma el Indec anuncia que estamos con una desocupación que solo asciende al 7%.
Esta situación favorece enormemente a los empresarios ya que están habilitados por el gobierno para que sigan empleando en condiciones precarias, fuera de convenio, con renovación infinita de los contratos a término y con acuerdos por empresas que tiran por la borda conquistas de los últimos setenta años, como los que aplican en la industria automotriz acordados entre la conducción del Smata y los empresarios; o la que se aplicó en los últimos tres años en el petróleo permitiendo el avance del saqueo por parte de las multinacionales asociadas a YPF. Gran parte de estas modificaciones en el trabajo fueron motorizadas por el gobierno peronista de Carlos Menen, que en la década del ‘90 impuso, de la mano del ministro Domingo Cavallo y con la complicidad de la burocracia sindical, la privatización de todas las empresas públicas como teléfonos, ferrocarriles, obras sanitarias, YPF, electricidad, aeropuertos, aerolíneas entre otras. Todo ese cambio, que abrió el camino a la precarización laboral, nunca fue modificado por ninguno de los gobiernos posteriores entre los que están los doce años de kirchnerismo.
Para terminar con este descalabro que lleva a mayor desocupación y miseria necesitamos un plan económico alternativo que comience con el no pago de la deuda externa y la ruptura con el FMI, para volcar todos estos recursos a la auténtica creación de trabajo genuino.
El diputado de la Libertad Avanza sumó una propuesta a su programa de vender órganos, arancelar la educación pública, eliminar la obra pública y más flexibilización laboral: “vender niños”.
En una entrevista afirmó, respecto a la venta de niños, “depende de en qué términos estés pensando”. El dirigente libertario cada día es más claro en su capitalismo extremo. Si a muchos le resultan llamativas sus declaraciones recientes, es porque expresan sin tapujos lo que empresarios, multinacionales y el FMI no se atreven a decir pero piensan y pretenden.
El capitalismo es saqueo y nos lleva a la barbarie, como lo venimos denunciando en nuestras páginas.
Escribe Mariano Barba
Según la Federación Argentina de Entidades Empresarias del Autotransporte de Cargas (Fadeeac) ya son 23 las provincias en las que el transporte de cargas registra dificultades para abastecerse de combustible. La única provincia sin problemas de abastecimiento es Tierra del Fuego. En 16 de esas provincias el suministro de combustible es nulo o casi nulo.
Los transportistas autoconvocados, dueños de uno hasta cuatro camiones, son los que se plantaron ante la falta de combustible, exigiendo también otras mejoras sobre el precio de los fletes y el costo de los trámites sobre credenciales para circular. A esto hay que sumarle la semi parálisis que está generando en el agro, donde se está terminado la cosecha gruesa y empezando con la siembra para la próxima cosecha de trigo, avena y cebada.
La protesta la ejercerán en casi todas las rutas del país durante varios días, también realizaron una concentración y acto en el centro de la ciudad de Buenos Aires y amenazan con un paro por tiempo indeterminado permaneciendo en las rutas desde la próxima semana.
La situación actual es de extrema gravedad para la economía, ya que en nuestro país casi el 90 % de la producción se mueve en camión desde el desmantelamiento de los ferrocarriles que provocó Menem. En el mercado negro se paga el litro de gasoil alrededor de los 300 pesos, igual que se paga en Estados Unidos. La responsabilidad de la escasez hay que buscarla en la entrega de Vaca Muerta a las multinacionales desde el 2013 bajo el gobierno de Cristina, a través del acuerdo con Chevron con cláusulas secretas. Las empresas priorizan la exportación y dejan sin combustible al país.
El gobierno busca arreglar el faltante importando gasoil (pagando casi dos dólares el litro) y subiendo la cuota de biodiesel producido a partir del aceite de soja. Desde Izquierda Socialista/FIT Unidad proponemos terminar con el faltante y la carestía de los combustibles con la reestatización de la totalidad de YPF y de toda la industria hidrocarburífera bajo control de los trabajadores y respetando las comunidades originarias.
En medio de la desesperación de millones ante el crecimiento de la inflación, la pobreza y otros males sociales, era de esperar que el gobierno usara la fecha patria del 20 de junio para volver a su doble discurso. Alberto Fernández habló ante 2.000 alumnos en el Centro Cultural Kirchner (CFK) diciendo: “estoy seguro que tenemos por delante un enorme futuro”. Las mismas generaciones a las que se les había prometido que con un gobierno peronista el FMI nunca más iba a pisar suelo argentino. Y volvió al ruedo Cristina. Lo hizo con un largo discurso en un plenario de la CTA, junto a Hugo Yasky, mostrando que dicha organización sindical lejos de defender a las y los trabajadores está al servicio de respaldar al gobierno. Yasky definió a Cristina como “la figura más importante de la política argentina”. Lealtad al gobierno, deslealtad ante los reclamos obreros y populares.
La vicepresidenta habló de todo. Hizo un discurso radicalizado, para terminar nuevamente elogiando al capitalismo. Desde la Casa Rosada leyeron su arenga como positiva, ya que no cuestionó el pacto con el FMI, el aumento de tarifas y hasta elogió a Scioli. “La unidad del Frente de Todos nunca estuvo ni estará en discusión”, reafirmó Cristina, dejando claro que sigue siendo parte de este gobierno que aplica el ajuste pactado con el Fondo Monetario.
El discurso de Cristina seguramente cayó bien en la militancia kirchnerista. Incluso ante sectores populares que, asociando el desastre del gobierno a la figura de Alberto Fernández, podrán creer que con Cristina, Máximo y La Cámpora podría haber algo distinto. La frase “ganar las elecciones para no cambiar nada, mejor quedarse en casa”, es parte de ese juego. A quienes tienen esa expectativa queremos demostrarles lo contrario. Si uno desmenuza los dichos de Cristina verá que no hay nada nuevo bajo el sol.
Cristina enumeró una serie de problemas acuciantes y reales, como por ejemplo el rol de los grandes empresarios tipo Techint, la inflación, los que evaden dólares o el endeudamiento externo. Uno se podría preguntar ¿por qué el gobierno no los combate? Se nos puede contestar porque gobierna Alberto y no Cristina. Pero no es así. Estamos ante un gobierno de todos los sectores del peronismo. Hagamos en todo caso la pregunta de otra manera. ¿Acaso el peronismo kirchnerista no gobernó durante doce años desde el 2003 al 2015? ¿Y en esos años fueron combatidos los males que enumeró Cristina? Para nosotros la respuesta es no.
Por ejemplo, Cristina dijo “no es que no haya dólares o nos falten dólares. La economía argentina produce dólares que se evaden. Argentina ocupa el tercer puesto en el ránking de países evasores”. Tiene razón. Es más, en los doce años de gobierno kirchnerista se fugaron 102.159 millones de dólares. ¿Qué hizo Cristina para evitarlo? ¿Derogó la Ley de Entidades Financieras (que viene de la dictadura) para terminar con el secreto bancario, el secreto comercial y fiscal que tanto critica? No. ¿Nacionalizó la banca y el comercio exterior como únicas medidas para evitar la fuga de los más de 400.000 millones de dólares que están en el exterior? Tampoco. Solo criticó el “festival de importaciones”, porque demanda muchos dólares.
Cristina dijo también que “el proceso inflacionario que estamos viviendo es producto del endeudamiento criminal del macrismo”. Compartimos que el endeudamiento es criminal, mucho más cuando en Argentina ese endeudamiento se gestó en plena dictadura y fue siempre a la bicicleta financiera y a los grupos concentrados. Pero si el endeudamiento macrista fue criminal, ¿por qué entonces este gobierno lo reconoció y pactó con el FMI para pagarlo a cambio de un mayor ajuste y sometimiento? ¿No había que desconocerlo? El kirchnerismo nunca lo propuso. Es más, Cristina impulsa una ley para recaudar más y pagarle al FMI.
Cristina oculta que el endeudamiento no solo fue del macrismo sino de todos los gobiernos capitalistas. Durante los doce años de gobierno peronista kirchnerista se pagaron de contado 10.000 millones al FMI con la excusa de que nos íbamos a desendeudar, y otros 200.000 millones de deuda externa, quedando un endeudamiento similar cuando el gobierno se fue. La propia ex presidenta reconoció que en su gobierno los empresarios se la llevaban en pala y que éramos “pagadores seriales” de deuda. ¿En qué quedamos entonces?
También mencionó que los males vinieron con el “neoliberalismo” menemista, como si ella como senadora y Néstor Kirchner como gobernador de Santa Cruz no hubieran acompañado a ese gobierno entreguista de los años ’90 que remató todo el patrimonio nacional y nos endeudó al doble.
Al final Cristina les contestó a quienes ponen de excusa que no hay una relación de fuerzas favorable para hacer los cambios que se necesitan. “¿Qué pasaría si San Martín hubiera pensado en la correlación de fuerzas? No hubiese cruzado la cordillera. Este país existe porque hubo hombres y mujeres que no pensaron en la correlación de fuerzas e hicieron lo que había que hacer”. Esta frase abona lo que venimos diciendo desde la izquierda, que la relación de fuerzas existe si hay decisión política para ello. Pero Cristina usa la frase para no hacer lo que hay que hacer, es decir, romper con el FMI, dejar de pagar la deuda y combatir los males sociales, sino para que se mantengan los pilares capitalistas, como si de esa forma se pudieran erradicar el hambre y la pobreza. Por eso termina siempre planteando que “el capitalismo es el sistema más eficiente”, cuando está probado que el capitalismo es miseria creciente y destrucción ambiental.
En resumidas cuentas: ¿Cristina propone alguna alternativa? Dijo que tiene “expectativas en que se puedan reencauzar las cosas”. No hay que dejarse engañar. Cristina trata de despegarse para que la bronca creciente con el gobierno no la toque a ella. Nada más.
Cristina defiende el rol del Estado para salvar las ganancias capitalistas; no dijo que hay que romper con el FMI; ratificó que hay que pagar la deuda vía su proyecto de ley y defiende a un supuesto capitalismo “bueno y productivo” que no existe en ningún lado. Resumió así el rol del peronismo en pleno siglo XXI, el cual llamamos a superar por izquierda.
El que levanta una salida de fondo -empezando por romper con el FMI y dar pasos en una segunda y definitiva independencia-, es el Frente de Izquierda Unidad. Por esas consignas llamamos a marchar el próximo 9 de julio a Plaza de Mayo y a todas las plazas del país, contra el ajuste del gobierno y el FMI, como lo señalamos en las páginas centrales de la presente edición. Sabiendo que la pelea de fondo pasa por conquistar un gobierno de las y los trabajadores y una Argentina Socialista.
El 9 de julio el Frente de Izquierda marchará a Plaza de Mayo y en las principales ciudades del país, planteando el único programa alternativo que puede resolver los más urgentes problemas del pueblo trabajador. Porque no hay salida si seguimos pagando la deuda a los usureros y sometidos a las órdenes del Fondo Monetario Internacional.
El Frente de Todos, en todas sus alas y sectores, coincide en que hay que pagarle a los pulpos acreedores. “Somos pagadores seriales”, ya es una frase histórica, repetida varias veces por la actual vicepresidente Cristina Fernández. El kirchnerismo, que posa de “crítico” frente al acuerdo con el FMI, buscando despegarse de las consecuencias que éste trae en términos de ajuste, ha afirmado también repetidas veces que no es que está en contra de acordar con el Fondo, sino que ellos lo hubieran hecho de otra manera, supuestamente más “progresista” (como si existiera la posibilidad de firmar un pacto con el organismo internacional de estas características). Del resto del Frente de Todos (el presidente Alberto Fernández y sus ministros empezando por el propio Martín Guzmán) no hacen falta muchas aclaraciones: fueron y son los grandes defensores del actual acuerdo con el FMI. Lo mismo se podría decir del sector de Sergio Massa y del conjunto de los gobernadores, más allá de su alineamiento interno.
Del lado de la oposición patronal de Juntos por el Cambio, también hay un acuerdo unánime en priorizar a los acreedores de la deuda y al FMI. Más aún, se preparan para, en caso de ganar la elección presidencial de 2023, renegociar con el propio Fondo, incluyendo explícitamente la incorporación de los llamados ajustes “estructurales” (léase la reforma previsional, fiscal y laboral). O sea más hambre para las jubiladas y jubilados, más impuestos a los sectores populares y menos para los ricos y una total flexibilización laboral. De lado de Milei, Espert y los libertarios mejor ni hablar: su propuesta es todo un programa de guerra contra los trabajadores y demás sectores populares.
Frente a este panorama, se hace más importante que nunca la postulación del FIT Unidad. La necesidad de plantar una bandera por otra alternativa política que llame a pelear por un programa alternativo, obrero y popular, que, partiendo de dejar de pagar la deuda externa y romper con el FMI, avance en resolver las más urgentes necesidades populares. Esta es la lucha por recuperar aquello que, ganado hace 206 años, perdimos en manos de los pulpos imperialistas. Por eso hablamos de lograr la segunda y definitiva independencia.
El 9 de julio, en un nuevo aniversario de aquella gesta de 1816, el Frente de Izquierda Unidad llama a colmar nuevamente la Plaza de Mayo y las principales plazas del país en unidad con organizaciones sociales, de derechos humanos, el movimiento de desocupados combativo, el sindicalismo combativo y el resto de la izquierda, para plantear la necesidad de recuperar aquello que perdimos. Postular esta alternativa política señala el camino a recorrer: que gobiernen los que nunca lo han hecho y no tienen ninguna responsabilidad con el desastre actual: las trabajadoras y los trabajadores, junto con la izquierda. Para empezar a recorrer lo único que nos puede sacar adelante: la construcción de una Argentina socialista.