El jueves 4 de junio en el Café Prometeo en CABA se presentó Las bolches, los partidos de izquierda en la Argentina y el movimiento de mujeres en la historia reciente. Su autora, Natalia Casola, es historiadora y profesora en la UBA y del CONICET, en su Instituto de Investigaciones en Estudios de Género (IIEGE).
La presentadora fue Débora D’Antonio, directora de la colección Pasados Presentes, que impulsa la publicación de investigaciones históricas en distintos rubros, en las últimas décadas del Siglo XX. Participó también Gabriela Mitidieri, historiadora de la UBA y del IIEGE, autora de, entre otros trabajos, Las trabajadoras de las ropas: coser, lavar y disputar derechos en la ciudad de Buenos Aires, 1848-1870, sobre las obreras textiles, también publicado por Prometeo.
Por último, estuvo Mercedes Petit, dirigente de Izquierda Socialista (UIT-CI), de larga trayectoria militante en la corriente del trotskismo que encabezó Nahuel Moreno. Entre otros numerosos artículos y escritos, es autora del libro Mujeres trabajadoras y marxismo: un debate sobre la opresión, escrito en 1980 y reeditado en 2025 por Editorial Cehus[1].
Este libro de Natalia Casola es una muy seria investigación sobre la actuación en relación de la organización y luchas de las mujeres y disidencias en las décadas de los sesenta, setenta y ochenta. Con un minucioso trabajo de historia oral, entrevistando a diversas militantes protagonistas de aquellos años, y un abundante recorrido por publicaciones de archivo y bibliografía. Por un lado, del Partido Comunista (PC), destacando la trayectoria de la UMA (Unión de Mujeres Argentina) fundada en 1947; y del Partido Comunista Revolucionario (PCR), desde su surgimiento en 1968. Por el otro, del trotskismo, trabajando sobre las experiencias del Partido Socialista de los Trabajadores (PST) y su sucesor el Movimiento al Socialismo (MAS), de la mencionada corriente morenista, y el Partido Obrero (PO), cuyo referente era Jorge Altamira.
En las distintas intervenciones se destacó el mérito de la obra al rescatar en profundidad las complejas relaciones entre marxismos y feminismo de aquellas décadas. Discute la idea de que haya sido solamente el “matrimonio infeliz” que resumió la célebre definición de la feminista Heide Hartmann en 1983, para centrarse en las tensiones, pero también en las mutuas influencias. Mercedes Petit rescató al respecto la seriedad con que la autora ubica al morenismo como un “pionero” en el acompañamiento de las luchas de las mujeres y las disidencias LGTB por su liberación y lo vincula a su carácter internacionalista. Y llamó a no dudar un instante: comprar Las bolches y leerlo cuanto antes, dado que es muy bueno.
[1] Disponible en www.nahuelmoreno.org/otros autores. En El trotskismo en la Argentina (Camareo y Mangiantini, Prometeo, 2024) hay un artículo de Natalia Casola que ubica el debate de aquel documento.

Escribe Mercedes Trimarchi, diputada electa en CABA por Izquierda Socialista/FIT Unidad
Miles de personas colmaron la Plaza Congreso en Buenos Aires y las plazas de todo el país al cumplirse once años del primer #NiUnaMenos.
El femicidio de Agostina Vega y el tratamiento mediático que acompañó el caso transformaron el dolor y la indignación en una nueva jornada de lucha. Fue una respuesta colectiva frente a un gobierno que niega sistemáticamente la violencia patriarcal, ataca al movimiento feminista y desmantela las políticas de género mediante recortes, cierres de programas y desfinanciamiento.
La Plaza Congreso volvió a convertirse en escenario de una masiva demostración de fuerza. Esta vez, con los feminismos como protagonistas. Antes de las cinco de la tarde, hora de la convocatoria, ya se veían grupos de jóvenes con carteles pintados a mano, madres con sus hijas, docentes, estudiantes y trabajadoras que se sumaron con aplausos a la ronda de jubiladas y jubilados de los miércoles. Para las 18.30, cuando comenzó la lectura del documento, la plaza estaba completamente colmada
Las voces de Lila Daunes, Thelma Fardin y Cazzu dieron lectura al texto elaborado colectivamente en las asambleas preparatorias (Ver Documento completo del #3J) El documento abrió con un contundente reclamo de justicia por Agostina, Dulce, Noelia y por todas las víctimas de la violencia machista. “Feminismos para derrotar a Milei, al FMI y sus cómplices”, fue una de las definiciones que marcaron el tono político de la jornada.
El texto expresó la tristeza y la rabia frente a los femicidios, lesbicidios, travesticidios y crímenes de odio, y señaló que el caso de Agostina sintetiza múltiples formas de violencia institucional. 
Vista de una parte de la columna de Isadora en Plaza Congreso
A su vez, el documento denunció el modelo de ajuste, saqueo y endeudamiento que golpea especialmente a mujeres y disidencias. Se convocó a enfrentar las políticas impulsadas por Javier Milei, el FMI y los sectores que respaldan su programa económico, señalando que la precarización laboral, el pluriempleo y el empobrecimiento profundizan las desigualdades y las violencias. También se expresó el rechazo a la reforma laboral, a la entrega de los bienes comunes y al pago de la deuda externa.
Desde el escenario también se reclamó la aprobación y el cumplimiento efectivo de la Ley de Financiamiento Universitario, la Ley de Emergencia Pediátrica y la Ley de Emergencia en Discapacidad, entendiendo que la defensa de los derechos forma parte de una misma pelea contra el ajuste.
“Justicia por Agostina”, un reclamo de la familia que se replicó en todas las plazas del país
La solidaridad internacionalista tuvo asimismo un lugar destacado. El documento reivindicó la lucha del pueblo boliviano que enfrenta las políticas de ajuste y saqueo del gobierno de Rodrigo Paz: “La rebelión en Bolivia tiene rostro de mujeres y con pollera. Su coraje nos inspira”, afirmaron las oradoras.
La fuerza de los feminismos frente al gobierno de Milei
La multitudinaria convocatoria en Congreso, junto con las movilizaciones realizadas en decenas de ciudades del país, mostró que el movimiento feminista conserva una enorme capacidad de organización y movilización. Lejos de retroceder frente a los ataques del gobierno, volvió a ocupar las calles para enfrentar lo que el propio documento definió como un “antifeminismo de Estado”. 
La creatividad se expresó en miles de carteles hechos a mano en alusión a la lucha de las mujeres
El 3J dejó una conclusión clara: mientras continúen los femicidios, la violencia machista y las políticas de ajuste, seguirá habiendo miles de personas organizadas levantando las banderas de #NiUnaMenos. La Plaza Congreso y las calles aledañas repletas fueron la mejor expresión de esa fuerza colectiva.
La movilización también ratificó la exigencia de presupuesto para combatir la violencia de género, el rechazo a proyectos reaccionarios como la iniciativa sobre falsas denuncias y la defensa irrestricta de la Educación Sexual Integral. A once años del primer #NiUnaMenos, la respuesta fue masiva y callejera. Un duro golpe contra el gobierno de Milei.
Cazzu y Thelma Fardín quienes junto a Lila Daunes leyeron el documento de #NiUnaMenos
Bajo una lluvia torrencial que no dio tregua, más de 100 mil personas colmaron las calles de Córdoba para pedir Justicia por Agostina. En la cabecera de la movilización participaron familiares de Agostina entre ellos su abuela Elizabeth y su abuelo Miguel junto a una tía y un tío y otros seres queridos. El peso de la jornada se sintió también en las aulas, la bronca logró arrancarle al Ministerio de Educación de la provincia el retiro anticipado de docentes y estudiantes.
La masividad mostró una provincia conmocionada donde la bronca crecía día a día a medida que se conocían más detalles de las cadenas de desprotección y la complicidad policial, judicial y política. Por eso, la movilización llevó bien alto el pedido de renuncia del Ministerio de Seguridad Quinteros y la destitución del Fiscal Garzón. En las calles resonó con fuerza el señalamiento hacia las responsabilidades del gobierno provincial de Llaryora, de las fuerzas de seguridad y del Poder Judicial. A Agostina no solo la asesinó su femicida, también la empujaron a la indefensión de las instituciones que debían protegerla.
Luego de más de cuatro horas, la marcha culminó con un acto en el que tomaron la palabra familiares de víctimas de femicidios, desapariciones y redes de trata de personas. Bajo la lluvia se leyó el documento consensuado entre las organizaciones convocantes y Noelia Agüero, lo hizo por Isadora. La jornada concluyó con una certeza compartida: Córdoba volvió a levantar la voz para exigir #NiUnaMenos.
Correspondal

Escribe Liliana Olivero,dirigenta nacional de Izquierda Socialista/FIT Unidad
El femicidio de Agostina Vega volvió a exponer la desidia judicial, el abandono estatal y el entramado de protección política que opera en la provincia. La confirmación de su asesinato llegó en la previa de un nuevo 3J y volvió a poner sobre la mesa una verdad que los gobiernos intentan ocultar: a las mujeres y niñas no solo las matan los femicidas sino también los gobiernos.
La cadena de responsabilidades políticas y judiciales
Mientras la familia reclamaba aparición con vida, el ministro de Seguridad de Córdoba, Juan Pablo Quinteros, fue visto festejando el triunfo de Belgrano a pocas cuadras del lugar donde se exigía una respuesta.
No se activó de inmediato el protocolo de búsqueda ni el Alerta Sofía. Se perdieron horas decisivas para la investigación. La demora en los allanamientos y la ausencia de perspectiva de género en la fiscalía le dieron tiempo al femicida para ocultar el cuerpo.
Claudio Gabriel Barrelier, de 33 años, vinculado al PJ cordobés era becario de la Municipalidad de Córdoba. Tenía antecedentes por privación ilegítima de la libertad e intento de abuso sexual. A pesar de eso, había sido dejado en libertad por el fiscal Iván Rodríguez, tras el pago de una fianza.
Barrelier estaba apadrinado por la mafia de Ricardo Moreno, concejal peronista, abogado y defensor de narcos y barras bravas. Moreno, que pasó por el kirchnerismo y se asentó en el peronismo cordobés, además puso a su yerno como defensor de Barrelier. El caso muestra una red de privilegios, encubrimientos y protección política alrededor de sectores del poder.
El accionar del fiscal Raúl Garzón también fue parte del problema. Sus declaraciones públicas minimizaron la desaparición de Agostina y llegó a decir que podía estar “con un noviecito”.
Todo esto se combina con el vaciamiento de las instituciones como la Senaf y la Secretaría de la Mujer que están sin recursos suficientes, con trabajadores precarizados y sin capacidad real de intervención.
La respuesta en las calles
No alcanza con detener al femicida. Hay que avanzar contra todos los responsables políticos y judiciales que permitieron que esto ocurriera.
A Agostina la mató Barrelier, pero también la justicia patriarcal y el gobierno de Llaryora. Este 3 de junio, Córdoba fue escenario de una multitudinaria marcha que, con bronca, dolor y organización, se pronunció contra el antifeminismo del gobierno y la justicia.
Desde Izquierda Socialista acompañamos a la familia y a la comunidad educativa a la que per-tenecía Agostina. Estuvimos en Tribunales durante la conferencia de prensa donde desenmascaramos la hipocresía del fiscal y del ministro de Seguridad.
El reclamo sigue en las calles: justicia por Agostina Vega, destitución de los fiscales Garzón y Rodríguez, fuera Quinteros, fuera Moreno, basta de encubrimiento.

Escribe Noelia Agüero, legisladora provincial de Córdoba Izquierda Socialista/FIT Unidad
Como legisladora provincial, junto a la Asamblea #NiUnaMenos Córdoba, presentamos un pedido de jury de enjuiciamiento contra el fiscal Raúl Garzón por su actuación en la investigación por la desaparición y el femicidio de Agostina Vega.
Un jury es una herramienta para investigar y remover del Poder Judicial a jueces o fiscales cuando actúan con mal desempeño, negligencia grave o incumplimiento de sus deberes. En este caso Garzón debe ser investigado porque hubo demoras y omisiones que no pueden quedar impunes.
Esa demora no fue un detalle administrativo. En la desaparición de una niña o una mujer, cada hora cuenta. Los allanamientos y la detención no tuvieron la celeridad necesaria. Esa falta de decisión le dio tiempo al femicida para manipular pruebas.
Garzón defendió públicamente el accionar policial y del gobierno provincial, en lugar de explicar por qué no se actuó antes. Un fiscal no está para cubrir al poder político ni para cuidar la imagen de la Policía. Está para investigar y garantizar justicia.
Cuando el Poder Judicial llega tarde, cuando demora, cuando protege a los de arriba o encubre a sus propios funcionarios, produce impunidad. Por eso presentamos este jury y también el pedido formal de destitución del Ministro de Seguridad Juan Pablo Quinteros.