Estado Español, Galicia. Obreros cortan autopista contra despidos
Miles de personas, entre ellas una multitud de obreros de Alcoa (multinacional del aluminio), han protagonizado este domingo una protesta, con corte en la Autovía (autopista) del Cantábrico, A-8, a la altura de Ribadeo, Lugo, como muestra de su rechazo al anuncio de la multinacional de despedir a 534 trabajadores, alegando una situación “insostenible”.
“Ha sido una protesta sorpresa. La gente se está empezando a calentar”, indicó el presidente del comité de empresa, José Antonio Zan. También hubo en esta jornada quema de neumáticos.
Brasil. ¡Hasta las hinchadas de fútbol! ¡Fuera Bolsonaro!
Pese a los más de quinientos mil contagios y 28.000 muertos por coronavirus –aunque se supone que las cifras reales son superiores–, Bolsonaro ha negado la gravedad de la pandemia y ahora está impulsando manifestaciones contra los gobernadores que ordenaron la cuarentena, hace trabajar a la mayor parte del país e incluso ordenó el reinicio del fútbol. Para mayor indignación del pueblo trabajador, que ve esto como una política criminal, Bolsonaro y su familia están siendo investigados por la policía federal y por la Justicia por hechos de corrupción.
Tampoco se tomaron medidas efectivas para fortalecer el sistema de salud pública.
El domingo 31, integrantes de hinchadas organizadas de algunos clubes de fútbol –Corinthians y Palmeiras, entre otros–, muchos vestidos de negro y con mascarillas, marcharon en San Pablo contra el autoritarismo de Bolsonaro. También hubo manifestaciones en Río de Janeiro y otras ciudades. La CST/PSOL, sección brasileña de la UIT-CI, participó y llamó a organizar el próximo domingo una gran jornada de lucha contra Bolsonaro, con las hinchadas de fútbol, con apoyo de trabajadores de la salud que también están haciendo movilizaciones por su seguridad y derechos, e invitó a las organizaciones de izquierda y centrales sindicales a marchar para exigir una cuarentena sin hambre, con salarios, una renta básica para los que no tienen empleo y equipamiento para los hospitales.
Mundo y capitalismo: Covid-19 y aumento del hambre
Un artículo del diario yanqui The Washington Post indica que el hambre en el mundo podría matar muchísimo más que el coronavirus. Según informes de la ONU, 265 millones más de habitantes, que no tendrían qué comer, morirían de hambre si no reciben ayuda. Agregamos nosotros que esto es por la caída de sus precarias economías saqueadas por el imperialismo año a año en centenares de miles de millones de dólares en riquezas naturales y producto del trabajo.
Mark Lowcock, secretario general adjunto de la ONU para Asuntos Humanitarios, afirmó que: “A diferencia del Covid-19, ya existe una cura para esta crisis, alimentos… pero el problema no es la escasez de alimentos, sino el dinero en las manos de las personas para comprarlos”.
Se calcula que evitar una hambruna catastrófica costará 90.000 millones de dólares. Esto es el 1% del dinero que los países ricos han asignado para “fortalecer sus economías” (es decir, para darle a las multinacionales y los banqueros). También es un 5% de lo que se gasta en armas en el mundo. Y una fracción menor de lo que los países semicoloniales, donde está la mayoría de los que sufren hambre, pagan de deuda externa.
Sin embargo, dice Lowcock, “lamentablemente solo han recaudado alrededor de 1.000 millones de dólares (¡poco más del 1% de lo que haría falta, según la ONU!). De ese monto, los Estados Unidos han contribuido con 164 millones de dólares, siendo así solo el segundo mayor contribuyente, después de Alemania”.
¡Es decir una limosna, una pequeñísima fracción de las inmensas riquezas que succionan de los países semicoloniales con deudas fraudulentas y la extracción de recursos! ¡Es evidente que el no pago de la deuda a estos chupasangres imperialistas es un acto de elemental justicia!
Estado Español. Entrevista a dirigente de la huelga de Nissan de Barcelona
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Campaña internacional: Justicia para George Floyd y cárcel a sus asesinos
Compartimos las imagenes de esta campaña que impulsamos desde la UIT-CI, en pedido de justicia para George Floyd, recientemente asesinado por la policia de Minnesota en Minneapolis, Estados Unidos. Suma tu adhesión!
Argentina





























Brasil

























































Venezuela










Panamá


Chile












Estado Español





Bolivia




Estados Unidos


México










Turquía








República Dominicana

Solidaridad desde Palestina

Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional
El 25 de mayo, George Floyd, un trabajador afroestadounidense de 46 años, fue asfixiado por un policía racista en la vía pública de Minneapolis, mientras otros efectivos mantenían a raya a un grupo de personas que intentaban detener la agresión. Varios videos del arresto evidenciaron que no estaba armado ni opuso resistencia al arresto arbitrario y racista. Luego de ser esposado, los esbirros racistas lo lanzaron al suelo y el policía Derek Chauvin lo asfixió durante diez minutos, presionando el cuello de Floyd contra el asfalto con su rodilla, incluso después de que perdiera el conocimiento. El crimen fue filmado por los transeúntes y llenó de indignación a millones en todo el mundo. El grito de “no puedo respirar” fue retomado por los miles de manifestantes en los próximos días.
Grandes manifestaciones han estallado por todo el país con la consigna de “Si no hay justicia no habrá paz” (No justice, no peace), recordando los levantamientos antirracistas de Ferguson y Baltimore en 2014 y 2015. Desafiando a los represores y la pandemia, las multitudes han tomado las calles de Minneapolis primero y luego muchas de las principales ciudades del país. La casa del asesino Chauvin fue rodeada por manifestantes hasta que la Guardia Nacional arremetió contra ellos. El local policial al que se presume se encontraban asignados los asesinos de Floyd fue incendiado el jueves. También hubo grandes saqueos.
Más allá del posible rol de los provocadores policiales en algunas de las acciones, el ataque a los símbolos de la represión ha generado un gran impacto y la movilización se ha extendido al resto del país. En Louisville, donde la joven Breonna Taylor fue asesinada recientemente por policías racistas, ha habido grandes protestas y se reportan siete heridos de bala en la represión. Se ha evidenciado un patrón de ataques a la prensa por parte de la policía, con detenciones como el del periodista negro Omar Jiménez de CNN en Minneapolis, así como disparos contra camarógrafos y otras agresiones en varias ciudades.
El viernes 29 se concentraron centenares de manifestantes frente a la Casa Blanca, donde se encontraba Trump, desafiando el toque de queda. Pancartas con consignas como “Ojo por ojo” reflejan el espíritu radicalizado de la juventud luchadora en Nueva York, Los Angeles, Chicago, Phoenix, Oakland, Houston, Atlanta, Detroit, Las Vegas, San José y Memphis. En la pequeña ciudad de Petal, en Mississippi, el alcalde hizo apología del asesinato de Floyd y centenares de personas se movilizaron por su renuncia. Hay resistencia obrera a la represión: en Minneapolis choferes de autobuses empleados para transportar a los antimotines se negaron a hacerlo, lo mismo ocurrió en Brooklyn. Es importante exigir a los sindicatos tomar medidas a nivel nacional en solidaridad con la lucha antirracista. Si los burócratas se niegan hay que barrerlos.
El derechista Trump llama a tirotear a los manifestantes
La primera reacción de Trump fue cautelosa, solidarizándose con la familia de Floyd y asegurando que una investigación federal proporcionaría justicia. Pero ante el crecimiento de la lucha popular, sus convicciones fascistas salieron a relucir. La madrugada del 29 de mayo en la madrugada tuiteó calificando de “matones” (thugs) a quienes protestan, amenazó con la militarización para imponer el “orden” e incluso citó una frase del jefe policial racista Walter Headley de Miami, quien en 1967 dijo que “cuando se inician los saqueos, se inician los tiroteos”, una clara incitación a usar la violencia militar y paramilitar contra las protestas.
El presidente no solo da luz verde a los métodos brutales de los cuerpos represivos, también envía la señal a los grupos paramilitares neonazis y supremacistas blancos. Ya un atacante desconocido hirió de bala a un manifestante en Minnesota y se registró al menos un arrollamiento en Denver. Es notorio el contraste entre el trato brindado por los cuerpos represivos a las manifestaciones antirracistas, atacadas violentamente, y la protección brindada a las movilizaciones armadas de los grupos racistas de extrema derecha, que han tomado edificios gubernamentales protestando contra las medidas de distanciamiento social en el marco de la pandemia.
El mensaje de incitación a los tiroteos por parte de Trump ha sido criticado por algunos demócratas y la red social Twitter redujo parcialmente su visibilidad, una sanción que irritó al presidente racista, quien ya ha emprendido iniciativas legales para regular las redes. Pero un factor que impide que se profundice una crisis en la clase dominante es el rol de los demócratas al servicio de la represión y el orden.
Los demócratas, el componente liberal del partido del orden
El gobernador demócrata de Minnesota declaró emergencia para autorizar el despliegue de la Guardia Nacional y la noche del jueves ya se habían desplegado 500 militares. Trump arremetió contra los demócratas, a los que acusa de ser “radicales de izquierda” y amenazó con militarizar más extensamente el estado. El alcalde de Minneapolis, también demócrata, igualmente solicitó el despliegue de la Guardia Nacional. Sobrepasados por la movilización, han aplicado un toque de queda, con poca o ninguna efectividad.
El expresidente Obama se pronunció solicitando una investigación pero se negó a calificar como asesinato la muerte de Floyd. Concluyó su mensaje felicitando a “la mayoría de los hombres y mujeres” de los cuerpos policiales que “se enorgullecen de realizar su duro trabajo de manera correcta”. Se cuidó escrupulosamente de usar la palabra “racismo” y ensalzó a los represores. El ex precandidato socialdemócrata, Sanders, sí criticó el racismo sistemático y la violencia policial contra las personas negras y exigió el arresto de todos los policías involucrados en el asesinato. Exigió que en el futuro sean investigadas todas las muertes bajo custodia policial y criticó a Trump por incitar a la policía a realizar tiroteos. Pero no llamó a movilizar ni se solidarizó con las movilizaciones en curso.
El virtual candidato presidencial demócrata, Joe Biden, emitió un extenso comunicado criticando el racismo y llamando a la calma, sin emplear la palabra asesinato. Amy Klobuchar lucía como probable compañera de fórmula de Biden, pero ha sido desenmascarada por la crisis. Ya era repudiada por las comunidades afroestadounidenses por su complicidad con la policía racista en Minnesota durante los años en que se desempeñó como fiscal. Luego del asesinato de Floyd se ha difundido ampliamente su rol en el encubrimiento de la brutalidad policial en Minneapolis.
El gobernador de Nueva York, el demócrata Cuomo, quien viene antagonizando con Trump por la respuesta ante la pandemia, ha dicho que apoya a los manifestantes mientras condena “los incendios y robos”. Pura demagogia y doble discurso: la policía de su estado, que es tan racista como las demás, se ha encargado de reprimir las protestas con la misma violencia.
EEUU: un Estado racista
Este atroz crimen vuelve a poner sobre el tapete el carácter racista del régimen de la mayor potencia capitalista e imperialista del mundo, así como su muy limitada democracia burguesa. EEUU se levantó como potencia sobre la base de cientos de años de esclavismo y mantuvo leyes de segregación racista parecidas a las del apartheid hasta la década de 1960. Varios estados aplican políticas diseñadas a negar el derecho al voto a la población negra. Hasta el año 2000 el matrimonio interracial fue ilegal en el estado de Alabama. Un tercio de los niños negros viven en la pobreza, el ingreso per cápita de los negros es diez veces menor que el de los blancos. El 27% de los negros viven por debajo de la línea de pobreza. El desempleo, de más del 10% en la población negra, es más del doble que entre los blancos. Un estudio de 2017 mostraba que un tercio de los más de dos millones de presos en EEUU son negros. Hay proporcionalmente seis veces más presos negros que blancos y el doble que los latinos. La probabilidad de que un hombre negro de bajos ingresos sea encarcelado en algún momento de su vida es mayor al 50%. Las condenas por consumo de drogas son 6 veces más frecuentes contra negros que contra blancos, aunque la tasa de consumo es igual en ambos grupos. En 2016 la tasa de asesinatos a manos de los cuerpos represivos fue de 10,13 por millón entre la población indígena, 6,6 por millón entre los negros, 3,23 entre los latinos, 2,9 entre los blancos.
Grupos racistas como el KKK realizaron miles de linchamientos contra personas negras entre fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. En el período de posguerra se aplicaron políticas de terrorismo de Estado con criterios racistas. El programa del FBI llamado Cointelpro tuvo como su prioridad la destrucción de las organizaciones del movimiento indígena y de las comunidades negras, mediante la infiltración, la criminalización y la eliminación física. El luchador antirracista Malcom X fue asesinado por traidores del movimiento al servicio del FBI. El preso político más antiguo del país es el dirigente indígena sioux Leonard Peltier, preso desde hace 44 años. Uno de los despliegues más impresionantes de violencia racista fue el bombardeo el 13 de mayo de 1985, por parte de la policía de Filadelfia, de un barrio negro. Sesenta viviendas fueron destruidas y once personas murieron. El ataque, con características bélicas, estaba dirigido contra la organización negra MOVE.
La violencia racista policial al amparo de la impunidad. Los paramilitares racistas que recientemente asesinaron a Amaud Arbery en Georgia solo fueron acusados porque filmaron el asesinato y la denuncia se generalizó. Ningún policía fue acusado por el asesinato reciente de Breonna Taylor en Kentucky. Cuando Eric Garner fue estrangulado en 2014 por policías racistas en Nueva York, ningún agente fue enjuiciado, tampoco por el asesinato de Michael Brown en Ferguson el mismo año.
El policía racista Chauvin, asesino de Floyd, fue detenido luego de tres días de intensas protestas a nivel nacional. Fue algo tan excepcional, arrancado por la movilización popular, que los fiscales afirmaron que era la acusación más rápida que se ha realizado contra un policía. Pero es una excepción que confirma la regla: apenas se le acusa de homicidio en tercer grado, es decir “no intencional”. Mientras tanto, los medios burgueses se abstienen de usar la palabra “asesinato”.
¡Solidaridad internacional antirracista!
El racismo es una lacra inherente al capitalismo, desde su nacimiento. El tráfico de esclavos fue uno de los mecanismos de la acumulación originaria. La ideología de la diferenciación pseudobiológica racial surge en ese proceso de genocidio y explotación esclavista. En el marco de las relaciones de explotación capitalista el odio racista es propugnado por las burguesías para dividir a la clase trabajadora y perpetuar la superexplotación de los sectores más marginados y oprimidos, los negros, indígenas e inmigrantes.
La pandemia del Covid19 ha demostrado que los efectos destructivos del capitalismo tienen una dimensión mundial y de ahí la necesidad de una respuesta de lucha global por parte de la clase trabajadora. El levantamiento antirracista en EEUU merece la solidaridad de los revolucionarios del mundo. Junto a las protestas en Chile, El Líbano e Irak, es parte del reavivamiento de la lucha de clases luego del impacto de la pandemia. En EEUU el racismo estructural también se ha reflejado en el hecho de que la población negra y latina ha sido castigada mucho más duramente en términos proporcionales. Ello ha abonado a la situación generalizada de descontento que se ha desbordado por el vil asesinato racista de George Floyd.
Llamemos a los dirigentes de los sindicatos de EEUU a romper su complicidad con el gobierno represor de Trump y convocar huelgas para doblarle el brazo a los racistas. Que los sindicatos de empleados públicos se nieguen a defender a policías que repriman a trabajadores, ataquen a las comunidades populares o cometan crímenes racistas. Emplacemos a los miembros de la Guardia Nacional a que rompan la disciplina y no repriman. Exijamos justicia para George Floyd, que se realice una investigación independiente y se imponga una pena ejemplarizante para los policías asesinos. Al calor de la lucha es necesario construir también las organizaciones sociales y políticas de izquierda independiente que den continuidad a la lucha hasta derrotar al gobierno de Trump y su política reaccionaria y racista al servicio de las multinacionales y del sistema capitalista-imperialista.
Llamamos a hacer actos unitarios de protesta frente a las embajadas y consulados de EEUU para expresar nuestro apoyo a la juventud aguerrida negra y latina que desde las entrañas de la mayor potencia imperialista resisten contra la opresión racista y cada vez más cuestionan la desigualdad y la explotación capitalista. Tomemos el impulso que la lucha en EEUU da a la causa antirracista para denunciar y combatir las expresiones de violencia y opresión racista en nuestros propios países.
Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI)
30 de mayo de 2020
Escribe Adolfo Santos
Este lunes 25 se viralizó un video realizado en Minnesota, Estados Unidos. En el mismo se ve un policía blanco apretando con su rodilla, el cuello de un hombre negro que desesperado imploraba: “Por favor, no puedo respirar”. En medio de la calle, sin importarle la cámara que lo filmaba, ni los pedidos de la gente para que lo soltara, el policía apretó con más violencia hasta que George Floyd dejó de moverse.
La violenta escena causó repudio e indignación. No fue un simple “incidente” como trató de justificarse la policía local en un comunicado, fue un asesinato brutal. “Él parecía drogado”, intentaron justificarse los policías. ¡Mentira! George Floyd trabajaba y estaba desarmado. “Era un trabajador de albergues de nuestra comunidad, se preocupaba por las personas, tenía un gran corazón” declaró un vecino. Su “delito” estaba en el color de su piel. Fue más una víctima del genocidio practicado en los Estados unidos contra la población negra.
Por eso la reacción fue inmediata. Centenas de manifestantes tomaron las calles de la capital, Minneapolis, para manifestar su repudio contra el brutal crimen racista. La policía respondió con gases y balas de goma por lo que los enfrentamientos recrudecieron y acabaron con varios edificios y autos incendiados. Después de tres días de protestas, el alcalde de la ciudad, presionado por una movilización que no se detiene tuvo que reconocer: “George Floyd merece justicia, su familia merece justicia, la comunidad negra merece justicia y nuestra ciudad merece justicia" y pidió que se detenga al agente involucrado.
No puedo respirar
Las palabras que repetía Floyd mientras era torturado por un “supuesto delito”, se han convertido en un grito de la población negra y se multiplican en las pancartas y camisetas de los manifestantes. Este asesinato, recuerda otro caso similar. En 2014, en Nueva York, Eric Garner, otro hombre negro y desarmado como George Floyd, fue muerto por un policía que le aplicó una llave en el pescuezo mientras que Garner le suplicaba: “no puedo respirar”, una frase que repitió once veces sin ser atendido.
Por eso, "I can´t breathe" (No puedo respirar), se ha convertido en un grito de guerra para los activistas que protestan por la brutalidad policial contra los afroestadounidenses. La fuerza de la rebelión contra el racismo en los Estados Unidos, es una demostración de que no se aguanta más este sistema capitalista racista que no se importa con la vida de negros y pobres. Nos sumamos a las protestas contra la policía asesina de Minnesota, las autoridades locales y el gobierno imperialista y racista de Donald Trump. Basta de asesinatos de las comunidades pobres y negras. Justicia para George Floyd!
Por Simón Rodríguez Porras, dirigente de la UIT-CI
En el marco de la crisis económica y social precipitada por la pandemia, por primera vez los gobiernos africanos están levantando una posición común contra el pago de la deuda externa. Y a pesar de las limitaciones del bloque gubernamental, que incluye a varias dictaduras capitalistas, y cuyo propósito es simplemente renegociar condiciones más ventajosas de pago, se fortalece en el imaginario popular la opción del no pago. Ya antes de la pandemia, los ministros de finanzas de la Unión Africana habían acordado una posición común a favor del aplazamiento de los pagos de la deuda externa. Con el estallido de la pandemia y la recesión mundial, la exigencia pasó a ser la anulación de las deudas.
El presidente sudafricano llevó esa exigencia al G20 en abril, pero el organismo de las mayores economías del mundo solo acordó aplazar el pago de intereses de ciertas deudas entre 2020 y 2022 para los 76 países más pobres del mundo, lo cual representaría un ahorro modesto de 20 mil millones de dólares. Además de que los países africanos con mayores niveles de desarrollo económico quedarían por fuera del alcance del acuerdo, la reducción de pagos sería de apenas un cuarto de los servicios de deuda que los países africanos deben realizar este año. Por su parte, el FMI acordó reducir la deuda a 19 países africanos. La meta de la Unión Africana es alcanzar en negociaciones una reducción de deuda de 44 mil millones de dólares y la suspensión de pagos de intereses para todos los países africanos, además de préstamos por 100-150 mil millones de dólares. Está claro que solo la movilización popular y obrera, tanto en los países africanos como en las potencias acreedoras, puede imponer este sentido reclamo de millones de personas.
A pesar de las limitaciones de los gobiernos burgueses africanos para avanzar en esa dirección, el reclamo unitario ha tenido impacto. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, aseguró que estaba dispuesto a estudiar la anulación de la deuda. El presidente francés, Macron, habló de establecer una moratoria y de la posibilidad de cancelar la deuda de los países africanos, mientras por otra parte propuso préstamos del FMI en condiciones especiales, a los que se opone Estados Unidos.
China se niega a negociar con un bloque de países
China, país con el que se acumula una creciente deuda en la región, superior a los 140 mil millones de dólares, se niega a considerar recortes de deuda en bloque, solo admite renegociaciones bilaterales con cada país deudor, lo cual a su modo también reafirma la importancia de un bloque de países deudores que plantee colectivamente el no pago de la deuda. La potencia capitalista asiática cuenta con más de 10 mil empresas enclavadas en el continente africano y se beneficia de un amplio superávit comercial en su relación con África. La deuda africana no representa un monto significativo para la economía china, pero tiene importancia estratégica como dispositivo de presión y sometimiento político.
A la mediados de mayo ya se acumulan más de 72 mil casos de covid19 y 2.500 fallecidos en el continente. Se estima que antes de concluir el año la cifra de contagiados podría podría llegar a 10 millones. La caída de las exportaciones de materias primas y la entrada de remesas encamina a la región a la primera recesión desde la década de 1980. En este contexto es más urgente que nunca dejar de pagar la deuda externa, que consume más recursos que los invertidos en salud y dducación en la mayoría de los países africanos, situación análoga a la de América Latina.
La deuda externa africana en 2019 rondaba los 700 mil millones de dólares, la mayoría corresponde a acreedores que son Estados u organismos financieros multilaterales como el FMI y el Banco Mundial, y 115 mil millones de dólares a acreedores privados. Las tasas de interés llegan al 15%. El propio FMI ha tenido que admitir que el gasto público per cápita ha disminuido en los países más pobres del mundo debido al peso abrumador de los pagos de deuda externa.
La deuda externa es un mecanismo de saqueo
Entre 1970 y 1995 la deuda externa del África subsahariana pasó de 6,9 mil millones de dólares a 235 mil millones de dólares. Como el 70-80% fue contraída con Estados u organismos multilaterales, los préstamos vinieron condicionados a la realización de privatizaciones y una mayor desregulación de la economía capitalista en la década de los 80. Se siguió profundizando la dependencia respecto de las exportaciones de materias primas, el continente siguió plagado de dictaduras burguesas ultracorruptas y la fuga de capitales entre 1970 y 1996 llegó a la cifra de 187 mil millones de dólares según los autores Boyce y Ndikumana. Colom Jaén por su parte constata que entre 1970 y 2002 el África subsahariana recibió 294 mil millones de dólares en préstamos, pagó 268 mil millones y todavía debía 210 mil millones. El comercio interafricano es apenas el 10% del comercio exterior de la región, demostrando el peso de los atavismos coloniales: el 80% del comercio exterior es con Europa.
Uno de los precursores de la creación de un bloque de países deudores fue el presidente de Burkina Faso, Thomas Sankara, quien en 1987 planteó en la Organización para la Unidad Africana que dejar de pagar en bloque era la única alternativa a ser asesinados aisladamente, y que “evitando el pago podríamos dedicar nuestros magros recursos a nuestro desarrollo” (citado en El País, 3/5/2020). Sankara pocas semanas después fue derrocado y asesinado en un golpe de Estado impulsado por el imperialismo francés.
La presión y la denuncia popular contra el expolio de la deuda tuvo como respuesta en 1996 la Iniciativa HIPC (siglas en inglés para Países Pobres Altamente Endeudados), adoptada por el G8, y que pasaba a considerar insostenible el endeudamiento si excedía el 200% de las exportaciones o el 250% de los ingresos fiscales del país deudor. El FMI y el Banco Mundial condonaron deudas o entregaron nuevos créditos a bajo interés para el pago de la deuda antigua, pero la ayuda estuvo condicionada a su vez a la adopción de reformas económicas altamente regresivas como la privatización de los servicios públicos. En dos décadas, 39 países recibieron reducciones o anulaciones de deuda, la mayoría africanos. Como hemos visto, se trataba de deuda que en realidad ya se había pagado, muchas veces con creces, tomando en cuenta las altísimas tasas de interés. Estos recortes en la deuda externa permitieron que el PBI per cápita africano creciera un poco más de 20% en los últimos 20 años.
Es importante superar las limitaciones de esas experiencias, pero indudablemente demuestran que es posible imponer el no pago. Es fundamental extender la unidad de los países deudores africanos a América Latina y el Caribe, el Medio Oriente y los demás países semicoloniales, y en esa dirección construir lazos entre organizaciones obreras y populares a nivel internacional para movilizarse por la creación de ese bloque y por una política intransigente de no pago de la deuda.
No pago de la deuda externa e indemnizaciones por la esclavización colonial
En los países africanos y caribeños, el reclamo del no pago debe combinarse con las históricas campañas que exigen que las potencias imperialistas paguen indemnizaciones por el tráfico transatlántico de esclavos, una de las principales fuentes de “acumulación originaria” identificados por Marx en El Capital. Entre el siglo XVI y XIX más de 30 millones de personas fueron secuestradas en África y vendidas como esclavos en América y el Caribe. Las víctimas de este tráfico realizado por potencias europeas como Reino Unido, Francia y Holanda nunca recibieron compensación económica una vez que la esclavitud fue abolida. En cambio, sí hubo pagos de compensaciones por 20 millones de libras esterlinas, el equivalente a 3.000 millones de dólares actuales, a los dueños de esclavos de las colonias británicas caribeñas por la abolición de la esclavitud en 1834. Francia, por su parte, extorsionó a Haití para que pagara una compensación a los antiguos dueños de esclavos luego del triunfo de la primera revolución antiesclavista del mundo, a cambio del reconocimiento de la independencia haitiana. Para pagar la deuda con Francia se contrajeron deudas con Estados Unidos, país que a su vez invadió e impuso dictaduras durante la mayor parte del siglo XX en Haití. Con los años el reclamo de una indemnización ha cobrado fuerza en ambas regiones. La Comunidad del Caribe (Caricom) estableció una comisión sobre reparaciones, aunque no ha hecho ninguna presión sobre los países europeos. Una comisión africana exigió en 1997 a las potencias que lucraron con la esclavización de africanos el pago de 777 mil millones de dólares como reparación. Hay antecedentes como el pago de una indemnización a los indígenas Maoríes por parte del Estado neozelandés o el pago efectuado por el Reino Unido por la masacre y tortura generalizada contra los Mau Mau de Kenia durante el colonialismo.
Es el imperialismo europeo y yanqui el que le debe a África, América Latina y el Caribe. Los crímenes del colonialismo y la persistencia de la opresión semicolonial, por la alianza entre el imperialismo y los gobiernos entreguistas, tanto dictatoriales como democrático-burgueses, han moldeado el capitalismo atrasado y la miseria de nuestros países. La unidad contra el pago de la deuda externa es una de las tareas imprescindibles de nuestros pueblos en la actual crisis.