Aug 27, 2026 Last Updated 7:25 PM, Aug 26, 2026

Izquierda Socialista

El gobierno de La Libertad Avanza se desliza cada vez más rápido por un tobogán. Cualquier encuesta muestra la caída de su imagen. En la calle alcanza con escuchar a la gente: la bronca crece a niveles astronómicos, sobre todo en los sectores populares. La sensación es que ya no se aguanta más.

Mientras sigue vigente el escándalo de Manuel Adorni, Milei sale incluso a defender al corrupto de José Luis Espert. Pero lo peor es que redobla la apuesta con la motosierra. La semana pasada anunció un nuevo superajuste de 2,5 billones de pesos que golpea de lleno a la educación y la salud públicas. También se anunciaron nuevos tarifazos en el transporte.

Al mismo tiempo, Milei no se detiene. Ahora afirmó, en un selecto encuentro empresario, que “vamos a seguir apretando hasta bajar la inflación” y que “el seguro de esta política se paga con la tasa de interés y una política más austera”. Una “austeridad” que, evidentemente, no alcanza a Adorni, ni a “Karina 3%”, ni a los funcionarios beneficiados con créditos hipotecarios millonarios.

El presidente del Banco Central, Santiago Bausili, declaró el día anterior que “no es prioridad de este gobierno resolver el problema de los endeudados”, mofándose de la desesperación de cientos de miles de familias. Y al secretario de Políticas Universitarias Alejandro Álvarez no se le movió un pelo frente a la gigantesca marcha en defensa de la educación pública: despectivamente afirmó que “pueden hacer mil marchas como estas que no cederán en el ajuste”.

Este miércoles habrá una nueva movilización masiva, esta vez en defensa de la salud pública. Porque las luchas contra la motosierra continúan. Y en medio de ese escenario, la parálisis y la traición de la burocracia sindical peronista empiezan a pagar costos. Así quedó demostrado en las elecciones de Suteba, donde la oposición Multicolor recuperó la seccional La Matanza y retuvo las demás seccionales referenciadas en el sindicalismo combativo.

Hay sectores patronales que empiezan a mostrar creciente preocupación por la crisis del gobierno. Apoyan la reforma laboral esclavista, el alineamiento con el imperialismo estadounidense y las medidas de ajuste, pero dudan de la capacidad de Milei para sostenerlas y también empiezan a sufrir consecuencias en sus propios negocios. Por eso tantean distintos escenarios y lanzan globos de ensayo. Paolo Rocca, por ejemplo, invitó a cenar a Mauricio Macri y le preguntó directamente si pensaba volver a ser candidato presidencial.

El peronismo, principal fuerza patronal opositora, intenta capitalizar la bronca social para su propio proyecto electoral. Pero, como muestran todas las encuestas y se percibe en la calle, “no levanta”. Sigue cargando con la crisis abierta por el desastre del gobierno de Alberto Fernández, Sergio Massa y Cristina Fernández. También pesa el papel actual del peronismo como oposición: ausente en muchas luchas, con legisladores que votan leyes de Milei o directamente se pasan al oficialismo, mientras la CGT mantiene un vergonzoso pacto con el gobierno.

Además, el peronismo no logra resolver ni siquiera su propia interna. Y las únicas señales que emite apuntan a correrse hacia un espacio “moderado”, del “superávit fiscal que no se discute”, acompañado del respaldo a la megaminería y al fracking de Vaca Muerta. Buscan mostrarse como una alternativa “viable” para los sectores empresarios hoy distanciados de Milei. En ese juego están todos: Cristina reuniéndose con Miguel Ángel Pichetto, Axel Kicillof acercándose al macrista Emilio Monzó o gobernadores como Sergio Uñac intentando proyectarse nacionalmente.

Frente a esta situación, no debería sorprender el crecimiento en imagen y simpatía hacia Myriam Bregman y el Frente de Izquierda Unidad, algo que incluso periodistas de los grandes medios se vieron obligados a reconocer. Es un reflejo de la coherencia de la izquierda, de haber estado siempre presente en todas las luchas, denunciando tanto en las calles como en las bancas cada una de las medidas de la motosierra de Milei y el FMI.

Por todo esto resulta fundamental asumir el desafío y la responsabilidad que se abren: el Frente de Izquierda Unidad debe responder tajantemente que sí a la pregunta sobre si puede gobernar. No solo puede: tiene que hacerlo, porque es la única alternativa capaz de responder a las necesidades urgentes del pueblo trabajador.

Por eso, desde Izquierda Socialista lanzamos una campaña para explicar qué propondría un gobierno del Frente de Izquierda Unidad y por qué es necesaria una salida obrera y popular frente al creciente clamor de que Milei no va más. Vení a nuestras reuniones y sumate a Izquierda Socialista para fortalecer esta campaña.

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Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
 
La caída en las encuestas de Milei y el ascenso de la figura de Myriam Bregman y del Frente de Izquierda abrió una cantidad de interrogantes. ¿La izquierda puede gobernar? ¿Está preparada? ¿La van a dejar? En esta nota anunciamos el lanzamiento desde Izquierda Socialista de una campaña con volantes y charlas abiertas postulando que la izquierda puede y tiene que gobernar.
 
No hay medición o encuesta que no le dé abajo a Milei. Es más, cuando se miden a distintas figuras, Milei aparece detrás de Myriam Bregman. El otro dato relevante es que cuando se pregunta si las elecciones fueran hoy, el 60% (algunas mediciones dan más) se pronuncia por un cambio de gobierno. Esto se palpa en la calle. La gran mayoría del pueblo trabajador dice “esto no se aguanta más”. Crece la bronca porque millones están al límite, con familias endeudadas, jubiladas y jubilados que no pueden comprar los remedios, gente que vive en la calle, colas de varias cuadras en busca de un empleo, changas interminables para sortear el día a día. Mientras el “deslomado” Adorni compra mansiones de lujo con una corrupción que es norma en este gobierno mafioso.

Está claro. Milei no va más. Se tiene que ir. Hay que derrotarlo junto a todo su plan motosierra con la movilización obrera y popular. Si esto no ocurre es por el rol traidor de la CGT que se niega a convocar a un plan de lucha nacional, mientras nuestro pueblo resiste. La masiva y multitudinaria marcha en defensa de las universidades lo demuestra de manera contundente.

Rubén “Pollo” Sobrero
Myriam Bregman
Mónica Schlotthauer
Juan Carlos Giordano

 

¿Por qué crecen Myriam Bregman y el Frente de Izquierda?

Millones exigen un cambio, pero no se dejan llevar por las mentiras de Axel Kicillof, Sergio Massa o Máximo Kirchner diciendo que un posible gobierno peronista en el 2027 va a traer alguna solución, cuando precisamente el gobierno de Alberto y Cristina fue un desastre. La dirigencia del PJ deja correr a Milei, diputadas y diputados del peronismo le votan las leyes, los gobernadores del PJ aplican el ajuste en sus provincias y la CGT peronista no hace nada. Cartón lleno.

Ya nos gobernaron radicales, peronistas, macristas y ultraderechistas y nos hundieron en la pobreza y la decadencia. La única que no gobernó es la izquierda y la clase trabajadora. Lo único nuevo y distinto es el Frente de Izquierda. Por eso crece la figura de Myriam Bregman, con una enorme imagen positiva como parte del Frente de Izquierda Unidad, la mayor unidad de la izquierda que vinimos construyendo desde hace 15 años.  

La figura de Bregman y el FITU crecen porque aglutina un amplio y merecido reconocimiento por enfrentar en las calles y en el Congreso a todos los gobiernos; porque el Frente de Izquierda no se vende y sus diputadas y diputados ganan como un laburante; porque siempre está en las luchas; porque vino creciendo como expresión política de lo que ocurre por abajo con el avance del sindicalismo combativo y de las y los luchadores obreros y populares, en la juventud, en el movimiento de mujeres y disidencias, en la lucha ambiental, que ven con simpatía a la izquierda. Y porque el FIT-Unidad plantea un plan económico opuesto, que nos libere de las cadenas que nos atan al FMI y destine la plata que se va a la usurera deuda externa para aumentar los salarios, las jubilaciones y reactivar la economía con un plan de obras públicas y viviendas populares, entre otras medidas de fondo.

La izquierda puede y tiene que gobernar

Algunos periodistas preguntan si la izquierda puede gobernar. Contestamos claramente que sí. Sería algo novedoso, completamente distinto, que terminaría con los males capitalistas. Para que las riquezas que genera el pueblo trabajador no se las lleve una minoría de ricos, grandes empresarios, corruptos, bancos, multinacionales y el Fondo Monetario, sino que vayan al pueblo trabajador. El ascenso de Bregman y del FIT Unidad muestran la esperanza de millones en pos de esa salida.

Claro que estamos preparados para hacer las transformaciones que sólo un gobierno de las y los trabajadores podría lograr. Si el pueblo trabajador pone en funcionamiento las fábricas, la industria, las escuelas, los hospitales, el transporte, los bancos ¿cómo no va a estar capacitado para gobernar? Si las y los trabajadores ferroviarios, del subte y colectiveros como parte de un gobierno obrero diseñaran un transporte estatal e integrado ¿no estaría mejor que el actual colapso privatizador? Si las y los trabajadores de FATE estuvieran en el gobierno la planta se reabriría y empezaría a producir las cubiertas que hacen falta. Si la docencia y el personal de los hospitales dirigieran nuestra educación y salud pública ¿sufrirían el vaciamiento y destrucción actual? Claro que no.

Con el criterio de que la izquierda no estaría preparada para gobernar, siempre tendrían que gobernar los partidos y políticos patronales. La izquierda puede y tiene que gobernar para imponer un gobierno de la clase trabajadora. Para eso hay que fortalecer a la única herramienta que lucha por eso, el Frente de Izquierda, y lo tenemos que hacer con políticas unitarias, no como lamentablemente hizo el partido de Myriam Bregman, el PTS, dividiendo al FIT en el acto del 1° de Mayo.

Desde Izquierda Socialista asumimos este gran desafío que tiene la izquierda. Con toda nuestra militancia y referentes políticos, con Rubén “Pollo” Sobrero, la diputada Mónica Schlotthauer, las y los diputados electos Juan Carlos “Gringo” Giordano, Mercedes de Mendieta, Mercedes Trimarchi, Liliana Olivero en Córdoba, Angélica Lagunas en Neuquén, entre otros referentes, llamando a las y los trabajadores, luchadores y a la juventud a sumarse a la campaña que estamos impulsando para difundir la necesidad de que gobierne la izquierda y la clase trabajadora, repartiendo miles de volantes en todo el país y convocando a charlas abiertas a las que invitamos a sumarse y a participar.  


Escribe José Castillo

Muchas compañeras y compañeros, miran con simpatía a Myriam Bregman y al Frente de Izquierda. Inmediatamente surge el interrogante de cómo sería en concreto un gobierno del FIT Unidad. 

Lo primero que debemos dejar en claro es que nosotros queremos llegar al poder para imponer un gobierno de la clase trabajadora y los sectores populares. Convocaríamos inmediatamente al sindicalismo combativo, los cuerpos de delegados, las comisiones internas u otras formas de organización que puedan surgir para discutir democráticamente el plan de emergencia para sacar al país de la crisis. También participarán tanto de la toma de decisiones como de la gestión concreta de gobierno las y los estudiantes que luchan en defensa de la educación pública, el movimiento de mujeres y disidencias, las organizaciones combativas de jubiladas y jubilados, los movimientos de desocupados, el movimiento en defensa del ambiente y todo otro movimiento u organismo que surja en el proceso. Cada lucha, cada organización en defensa de alguna reivindicación específica, tendrá su lugar. Todo será decidido democráticamente, con la más plena libertad para deliberar, opinar y decidir, por parte de distintos partidos, fracciones, grupos o incluso compañeras o compañeros individuales, que podrán dar a conocer sus posiciones y ponerlas a votación. 

Llamaremos a que se elijan democráticamente todos los cargos, (incluyendo los jueces) con representantes revocables en cualquier momento si no cumplen el mandato de sus bases. Todas y todos los electos cobrarán un salario igual al de un trabajador calificado, terminando con los privilegios y sueldos millonarios. 

Empezaríamos por supuesto, con un plan de emergencia, con medidas básicas, como dejar de pagar la deuda externa, romper con el FMI, ponerles fuertes impuestos a los ricos y las grandes empresas. Estatizaríamos y pondríamos inmediatamente a funcionar bajo gestión obrera a las empresas que cerraron o cierren (como el caso de FATE), prohibiendo suspensiones y despidos. Obviamente derogaríamos el RIGI y la reforma laboral esclavista. Y fijaríamos un piso de salarios y jubilaciones igual a la canasta familiar. Pondríamos todos los recursos a disposición de resolver las más urgentes necesidades populares, como la salud y la educación públicas y lanzaríamos un plan de construcción de viviendas populares. 

Un punto importante es que haríamos con los sectores patronales o de privilegio que boicoteen o se nieguen a cumplir las normas. Lo primero y principal es que recurriríamos a la movilización popular. Por ejemplo, si hay empresas que boicotean la producción o provocan desabastecimiento, promoveríamos que fueran sus propios trabajadoras y trabajadores los que impongan, con control obrero y popular, su funcionamiento, expropiando así a cualquier empresa que se niegue a cumplir. Tomemos un ejemplo, que nos sirve ala vez para ilustrar qué distinto que sería nuestro gobierno en comparación con los gobiernos peronistas recientes. Recordemos cuando con Alberto Fernández se produjo el desfalco y vaciamiento de la cerealera Vicentín y se planteó nacionalizarla. Ese gobierno peronista retrocedió, no lo llevó adelante y terminó avalando la estafa. Un gobierno del Frente de Izquierda hubiera aprovechado la oportunidad, la hubiera estatizado y puesto a funcionar bajo el control de sus propios trabajadoras y trabajadores. 

Lo mismo vale para enfrentar presiones internacionales del imperialismo, las grandes empresas transnacionales o el poder financiero mundial. Llamaríamos a la más amplia solidaridad de los pueblos del mundo, nos solidarizaríamos incondicionalmente con sus luchas y pediríamos que hagan lo mismo con nosotros. Propondríamos por ejemplo, la conformación de un frente de países deudores latinoamericanos para enfrentar juntos a los pulpos especuladores imperialistas. 

Estos serán, sin duda, apenas los primeros pasos. Cumpliríamos inmediatamente, con todas las reivindicaciones democráticas pendientes del movimiento de derechos humanos (como la apertura de todos los archivos de la dictadura), del movimiento de mujeres y disidencias, incluyendo la separación de la Iglesia y el Estado, de la juventud, del movimiento de lucha en defensa del ambiente, de los pueblos originarios. 

Habrá que discutir, con la más amplia democracia de las y los trabajadores, como llevamos adelante un gran planificación de la economía donde se decida cuáles son las prioridades en base a las necesidades y no a la rentabilidad del mercado. Se trata en suma, de que gobiernen los que nunca lo han hecho hasta ahora: las y los trabajadores, la juventud, el movimiento de mujeres y disidencias y el resto de los sectores populares, en el camino de construir una Argentina socialista, con plena democracia para el pueblo trabajador. 

 No pagar la deuda externa y romper con el FMI

El total de la deuda externa supera los 550 mil millones de dólares. 120 mil vencen en los próximos cuatro años. Se trata de una deuda usurera que el pueblo no vio. ¿Por qué hay que seguir pagando esa supuesta deuda y sometidos al FMI hipotecando la vida de millones?
La única salida es suspender inmediatamente los pagos, romper los acuerdos con el Fondo Monetario y poner todos esos recursos al servicio de resolver las más urgentes necesidades populares. Es la primera medida que impondría la izquierda. 

Nacionalizar la banca y el comercio exterior

Los grandes banqueros hacen super ganancias especulando con tasas altísimas, fuga de capitales y todo tipo de maniobras. Mientras tanto, el pueblo trabajador está endeudado hasta la desesperación. Hay que terminar con esto, nacionalizando la banca para que el ahorro popular vaya a créditos accesibles para el consumo, la vivienda y se termine con las deudas usurarias. 

Al mismo tiempo, hay que nacionalizar el comercio exterior, para que los dólares de las exportaciones queden en el país y no en manos de los pulpos transnacionales como Cargill, Dreyfuss y otras. Para que se decida que se vende al exterior, qué se prioriza para el consumo interno y qué bienes se permite importar. 

Imponer fuertes impuestos a los ricos y a las grandes empresas

Hay que eliminar el IVA de los productos de la canasta familiar y terminar con el nefasto impuesto al salario, que no es ganancia. Como contrapartida hay que imponer un fuerte impuesto a las super ganancias de las grandes empresas y a la riqueza de los multimillonarios. Se debe derogar inmediatamente el RIGI, el Super-RIGI y toda la legislación mileísta que deroga o baja impuestos a los ricos. 

Reestatizar las privatizadas

Hay que rescindir todas las concesiones de las empresas de servicios públicos que fueron privatizadas a lo largo de 30 años brindando servicios pésimos, no invirtieron un peso, sometiendo al pueblo a tarifazos impagables. Hay que reestatizarlas y ponerlas a funcionar bajo gestión de sus propios trabajadores y usuarios. Al mismo tiempo, hay que nacionalizar el gas y el petróleo creando una YPF 100% estatal que reciba todos los recursos de las actuales concesiones privadas y reeditar Gas del Estado. En ambos casos, proceder a explotar los recursos con pleno acuerdo de las comunidades locales afectadas. 

Aumento de salarios y jubilaciones

Nadie debe ganar menos que el valor de la canasta familiar, ajustado por la inflación mensual. Hay que reabrir todas las paritarias sin techo alguno. Se debe terminar con el trabajo informal, precarización y tercerización. Hay que anular la ley esclavista de reforma laboral. Las jubilaciones deben partir de un mínimo igual a la canasta familiar indexadas de acuerdo al 82% móvil.

Plan de construcción de viviendas populares

Proponemos utilizar una parte sustancial de los fondos que surjan del no pago de la deuda para el lanzamiento de un programa de viviendas populares que a la vez que resuelva el déficit habitacional, genere decenas de miles de nuevos puestos de trabajo genuino y empiece a reactivar la economía. 

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El Socialista- ¿Qué opinás del crecimiento de la imagen de Myriam Bregman y del Frente de Izquierda?
 
Rubén “Pollo” Sobrero.- Sintéticamente, la necesidad de un cambio. Que no van más los partidos patronales. El crecimiento de Myriam refleja esa necesidad y por eso desde mi partido, Izquierda Socialista, vamos a pelear para que el Frente de Izquierda llegue al gobierno. Por una cuestión muy sencilla; las y los trabajadores necesitamos que el próximo gobierno enfrente a los poderosos. ¿Y eso quién lo va a hacer? ¿El peronismo? Sabemos que no, los únicos que lo podemos hacer somos la izquierda. 
 
E.S.- ¿A qué te referís exactamente con enfrentar a los poderosos?
 
R.S.- Por ejemplo, hay que expropiar FATE y a todas las empresas que cierran y dejan sus trabajadoras y trabajadores en la calle. Kicillof, que podría hacerlo, mira para otro lado. Los trabajadores de FATE plantean que la solución es la estatización por parte de la provincia. Kicillof tiene la llave para avanzar con eso, pero no lo hace. Un gobierno de la izquierda lo haría sin dudar un segundo. Claro, Kicillof y el peronismo no quieren pelearse con Madanes Quintanilla. Ahí tenés  un ejemplo clarito de nuestras diferencias. Por eso no hay ninguna posibilidad de confluencia con el peronismo, porque ellos, en cualquiera de sus vertientes, terminan como socios de algún sector de las grandes patronales. 
 
E.S.- Muchos se preguntan si la izquierda está capacitada para gobernar… 

R.S.- ¡Por supuesto! Primero y principal porque tenemos un programa y la convicción de llevarlo adelante contra quien sea necesario: los grandes grupos económicos, las multinacionales, los banqueros, el FMI. Pero además, porque el Frente de Izquierda quiere llegar al poder para imponer un gobierno de la clase trabajadora. ¿Quién mejor que el propio pueblo trabajador para gobernar?

Las y los ferroviarios sabemos cómo gestionar el sistema de transporte junto a las organizaciones de usuarios. Te cuento, antes de la Masacre de Once fuimos nosotros desde el sindicato quiénes denunciamos las fallas técnicas, la falta de inversiones, la desidia. Si nos hubieran escuchado se habrían evitado tantas muertes. Desde hace años tenemos un proyecto por la recuperación del ferrocarril que lo presentamos en el Congreso con la firma de nuestra compañera diputada Mónica Schlotthauer y todo el Frente de Izquierda, explicando por qué hay que reestatizarlo, cómo financiar un boleto popular en base a que se le cobre lo que corresponde a las empresas con los trenes de carga. Porque repito, nuestra propuesta es distinta a la del peronismo. 

Hay que reestatizar todo el sistema ferroviario, sin duda, pero después no se trata de que se ponga al frente algún funcionario del gobierno de turno como pasa en el Sarmiento, sino que las y los trabajadores pasemos a administrar y gestionar el servicio. Esto es apenas un ejemplo, lo mismo vale para salud, para educación, para la ciencia y técnica, para el Anses y el Pami. Un gobierno de la izquierda convocaría a todas las organizaciones en lucha para que, democráticamente, decidan qué hacer en cada caso y lo lleven adelante. 

Tenemos que terminarla con esto de que “la izquierda o las y los trabajadores no podemos gobernar porque no sabemos”. Sí, sabemos, podemos y tenemos que hacerlo, terminando con este sistema capitalista que nos mata de hambre. Es la única salida para el pueblo trabajador. Sólo necesitamos que la plata que hoy se va para los pagos de la deuda fraudulenta, la fuga de capitales o negociados de los ricos, la podamos usar para hacer funcionar este país al servicio de las reales necesidades populares.

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