May 01, 2026 Last Updated 2:52 PM, May 1, 2026

Hasta el Socialismo Juan Talpe

El 20 de abril murió en Bélgica Juan Talpe, incansable luchador por la clase trabajadora y el socialismo.

En su juventud, Juan, belga de nacimiento, viajó a Brasil como seminarista donde empezó a trabajar con curas de la teología de la liberación. Estuvo preso por la dictadura de ese país y volvió a Bélgica. Hizo campaña de apoyo a los presos políticos, denuncias a la dictadura, y volvió clandestino a Brasil. Pasó a Argentina donde conoció al Morenismo. Entró al PST en la década del 80. Formó parte de la COPEDE, Comisión de defensa de la educación pública durante la dictadura militar, una iniciativa que impulsó el PST en clandestinidad. Luego integró el MAS. Militó en Morón. Como docente universitario en la facultad de Exactas de la UBA de Buenos Aires ayudó a fundar el sindicato de los docentes universitarios AGD, con una fuerte impronta democrática que perdura hasta hoy. 

Años más tarde, el MAS le propuso ir a militar a Salta. Finalmente en 1992, junto a su compañera Loli se fueron a Berlín a apoyar el trabajo en el este de la corriente morenista. Entonces, la caída del Muro de Berlín y de la burocracia de la URSS abría la puertas a la posibilidad de derrotar el régimen totalitario del stalinismo en los países del este con una revolución política que permitiera recuperar las conquistas de la Revolución de Octubre perdida. 

En el 96 volvió a Bélgica donde militó hasta los últimos días de su vida. 

Últimamente participaba de actividades barriales. Trabajó y escribió sobre la restauración y sobre las revoluciones del norte de África de la que están publicados sus textos. 

A los 92 años decidió irse y dejó esta carta, testimonio de su calidad humana y firmeza ideológica que reprodujo la LITCI. 
Según su hija murió con una sonrisa en la cara y cantando la internacional.


“Queridos camaradas de lucha,

Mis condiciones de salud se deterioran día tras día, al punto que pasa a ser cada vez más difícil de quedar con vida. He decidido de irme. Y me despido de ustedes con una sonrisa.

Una sonrisa por haber podido vivir. Vivir, como uno de los 300 millones de mamíferos dotados de capacidad cognitiva, en un planeta en que esa especie está amenazada de desaparecer –como desaparecieron los dinosaurios hace unas decenas de millones de años– si no se invierte la calamidad de tener como objetivo concentrar la comodidad de los bienes de uso en una ínfima minoría que dispone a su gusto de los medios para producirlos, en vez de fomentar el desarrollo de los últimos para proporcionar cada vez más y mejores bienes de uso para el conjunto de los humanos del planeta. Una sonrisa por haber podido participar en la pelea para enfrentar esa calamidad.

Con mi madre, he aprendido a hacer el bien al próximo, pero sin entender quien hace el mal. Y sin entender por qué hay próximos «buenos» y próximos «malos», según el lugar donde nacieron, o según los padres que les tocó tener. Los «malos» eran los que roban el empleo al «bueno».

En esas nueve decenas de años –o por lo menos desde la edad que alrededor mío dijeron «ya se puede vestir sólo» hasta que empezaron a decir «todavía se puede vestir sólo»– he aprendido que los «malos» lo eran porque maltrataban a los «buenos», y que había una lucha entre malos y buenos. Aprendí a elegir bando en esa lucha. Me he unido con los «buenos», para enfrentar a los «malos». Y en esas luchas, tuve la oportunidad de encontrar gente que me pudieron explicar mejor lo que es ese «maltratar».

Aprendí que «lucha de clases» no es mala palabra. He aprendido que «hay burgueses y proletarios». Y que hay lucha entre ellos.

He elegido bando. He estudiado lo que implicaba eso, a partir de lo que un tal Karl y su amigo Friedrich, y luego Vladimir Ilich y Lev Davídovich explicaron, y lo que ellos hicieron al participar activamente en esa lucha. Y hoy, en vísperas de tener que poner un término a esta vida de lucha, estoy orgulloso de haberme comportado durante decenas de años esencialmente coherente con eso, consciente de mis debilidades.

Una sonrisa porque, durante medio siglo, he podido ser acompañado por Loli, la madre de mis hijos, con su abnegada y consecuente lucha, junto con esos proletarios, contra esos burgueses.

Camaradas de lucha, hoy, 20 de abril 2026, les suelto la mano, con una gran sonrisa”.

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