
Beverly Keene
(Autoconvocatoria por la Suspensión del Pago e Investigación de la Deuda)
“Esta gran jornada de movilización es un nuevo paso en el camino que entre todes tenemos que seguir ampliando y fortaleciendo, para derrotar en las calles esta nueva estafa. El acuerdo implica más hambre y pobreza, más extractivismo, más impunidad, más entrega de la soberanía popular. Legitima la estafa de Macri, tantas veces denunciada. Podemos y tenemos que impedirlo, con la unidad y fuerza popular”.

Victorio Pirillo
(Secretario General Sindicato de Trabajadores Municipales Vicente López)
“Me sumé a la marcha convocada por la izquierda porque no homologo ni legitimo bajo ningún concepto el latrocinio llevado a cabo junto al FMI por Macri, Dujovne, Dietrich, Aranguren y tantos que ahora Alberto Fernández reconoce y paga. Cuando asumió como presidente se comprometió a no hacer nada que signifique un nuevo ajuste sobre las espaldas de los trabajadores y el pueblo. Pero se quiere vender este acuerdo con el Fondo como un mal menor, cuando sabemos que a la crisis producto de los 4 años de macrismo más la pandemia ahora le sumamos los requerimientos de un organismo que no cumplió ni siquiera con sus propias leyes”.

Juan Esteche
(Vocero de la coordinadora socioambiental Basta de Falsas Soluciones)
“Ni el pueblo trabajador ni la naturaleza toleran que los sucesivos gobiernos, socios de las multinacionales, sigan acordando con un organismo de sometimiento como lo es el FMI ni pagar la estafa que representa esta deuda. La destrucción de los ecosistemas, mediante el saqueo extractivista, alimenta esta morbosa relación gobierno-FMI que nos trajo a este presente de pobreza, desigualdad y contaminación, y de un futuro más que sombrío. La salida está en las calles y es plurinacional, con la fuerza de las asambleas territoriales y unides”.
Neuquén fue parte destacada de la jornada nacional contra el acuerdo con el FMI. Unos 4.500 manifestantes recorrieron las calles neuquinas, pasando por casa de gobierno y realizando el acto de cierre en el Monumento a San Martin. Junto a los partidos del FITU, marcharon y leyeron el documento dirigentes del Sindicato Ceramista, Aten Capital y otras seccionales opositoras, organizaciones sociales y una decena más de agrupaciones. Es de destacar la presencia de los dirigentes del Sindicato de Judiciales - SEJUN - de reconocida filiación peronista que también fueron parte de los lectores del documento que reflejó no solo la oposición al gobierno nacional sino que ahondó en la denuncia del ajuste en la provincia.
Escribe José Castillo
El pacto con el FMI no será solución para ninguno de los problemas del pueblo trabajador. Nos obligará a un mayor ajuste y a una seguidilla de pagos año a año que hipotecan nuestro futuro inmediato. Entre los pagos al Fondo y lo que vencerá con los bonistas privados, tendremos que pagar 111.000 millones de dólares entre 2024 y 2033.
Desde hace una semana el presidente Alberto Fernández y distintos funcionarios del gobierno del Frente de Todos, empezando por el ministro de Economía Martín Guzmán, vienen insistiendo con la misma frase: “si no se acordaba con el Fondo nos íbamos al abismo. Ahora, con el acuerdo, logramos un sendero de crecimiento, sin ajuste”.
Empecemos por el principio. Es mentira. El acuerdo con el FMI nos sumirá en un ajuste mayor al actual. El gobierno quiere esconder la palabra “ajuste” y la reemplaza por “sendero de consolidación fiscal”. Es exactamente lo mismo. El pacto con el Fondo plantea una reducción del déficit fiscal de este año, llevándolo a 2,5% del PBI, para seguir ajustando en 2023 hasta el 1,9% y luego al 0,9 en 2024, logrando el “déficit cero” en 2025.
¿Cómo se va a lograr esto? Para que lo entiendan nuestros lectores. El déficit es la diferencia entre el gasto del Estado y los impuestos que se recaudan. El año pasado ya hubo un ajuste importante, tal como lo reconoció la propia vicepresidenta Cristina Fernández. Lo pagaron los jubilados con la pérdida del poder adquisitivo de sus haberes, los trabajadores del Estado con salarios a la baja y los perjudicados por el Covid con la desaparición de las ayudas sociales mínimas que habían existido en 2020, como el IFE. Este año se nos exigirá más aún. Y encima se recaudará menos, ya que en nuestro país los ricos son los que menos impuestos pagan (en 2022 no habrá siquiera el insuficiente impuesto a las grandes fortunas del año pasado y ya se anticipa que se recaudará menos de retenciones a los exportadores sojeros). Todo el ajuste exigido por el Fondo, como siempre, caerá sobre las espaldas del pueblo trabajador. Así, para llegar en 2022 a un déficit de 2,5% del PBI, tal como exige el FMI, habrá que hacer una reducción de gastos del Estado de al menos 5.000 millones de dólares.
¿De dónde va a salir la plata del ajuste?
Aunque el ministro Guzmán dijo que no, es un secreto a gritos que una parte importante del ajuste vendrá por medio de tarifazos. Se reducirán los subsidios a las empresas de servicios públicos privatizados, pero éstas no perderán un solo peso, la diferencia se trasladará al bolsillo del usuario. El gobierno está haciendo “firuletes” tratando de hacernos creer que sólo pagarán este aumento los ricos, pero esto es una vulgar mentira (ver nota en esta misma página). Además, con esto sólo no alcanzará. Otra vez, tal como ya viene pasando, el pato de la boda serán los trabajadores del Estado de todas las actividades (incluyendo docentes y trabajadores de la salud, con salarios a la baja). Ya se habla, como si fuera sin consecuencias, de la eliminación total del “gasto Covid”. ¿Qué quiere decir esto? ¿Que no se comprarán más vacunas? ¿Qué no habrá más testeos gratuitos? ¿Qué se reducirá el personal de salud? Todos interrogantes que nos muestran para dónde va el “sendero de consolidación”, o, para decirlo con todas las letras, el mayor ajuste que prepara el gobierno.
Los vencimientos que se vienen
Alguien podrá preguntarse si luego de pasar este infierno de ajustes, al menos nos sacamos de encima definitivamente el karma de la deuda externa. La respuesta es no. Nada se resolverá. Todos estos sacrificios a los que se quiere someter al pueblo trabajador son para apenas correr el grueso de los vencimientos un par de años. A partir de 2024, como se ve en el cuadro que ilustra esta nota, vuelven con todo los pagos. Y no sólo al FMI, también tendremos los miles de millones de dólares que hay que abonar a los buitres privados con los que se acordó el canje de agosto de 2020. Así, los vencimientos crecen en forma exponencial año a año. Sumando de acá a 2034 tendremos que pagar 111.000 millones de dólares. Y ni siquiera así habremos liquidado el total de la deuda externa, que hoy supera los 400.000 millones de dólares.
En síntesis, el acuerdo con el Fondo no nos arregla ni el presente ni el futuro. Es un camino a mayor miseria y saqueo. A eso nos lleva seguir reconociendo y pagando la estafa de la usuraria y fraudulenta deuda externa. Por eso desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad seguimos insistiendo que la única salida es suspender ya mismo todos los pagos y romper con el FMI, para así volcar esos recursos a resolver las más urgentes necesidades populares. Por eso hemos conformado un gran movimiento, que marchó multitudinariamente el 11 de diciembre pasado y volvió a hacerlo este martes. Ese es el camino.
Escribe Guido Poletti
Arrancó el año y ya empezaron los guadañazos al bolsillo del pueblo trabajador. Después de varios meses sin movimientos (para disimular durante la campaña electoral), YPF anunció la primera suba de combustibles del año, que obviamente fue inmediatamente seguido por las otras empresas privadas del sector (Shell, Axion). En concreto la nafta aumentó un 9%, mientras se afirma que es sólo el primero de una serie de incrementos que se irán dando en las próximas semanas y meses, hasta llegar al menos a un 15%. Sabemos lo que significa un aumento de la nafta: empieza castigando directamente al que carga en el surtidor de la estación de servicio; pero a las pocas semanas termina generando suba de los pasajes del transporte de media y larga distancia, después de los colectivos urbanos, taxis y remises; y finalmente, se usa como excusa para trasladar el “mayor costo” a toda la economía, en particular los bienes de consumo popular.
Pero la suba de combustibles no es lo único. A ello se suman, cumpliendo las exigencias del FMI, las audiencias para los tarifazos en la electricidad y el gas. En el caso de la energía eléctrica, el gobierno de Alberto Fernández quiere dibujar que sólo se verán perjudicados algunos sectores de altos ingresos, geográficamente localizados en la franja norte de CABA y el Gran Buenos Aires. Además de que es imposible sectorizar cada caso en particular, ya anticipamos que la exigencia de ajuste del FMI hará que, más temprano que tarde, todo el pueblo trabajador se vea perjudicado por los tarifazos. En el caso del gas, será algo que se verá sin dudas cuando aumenten los consumos en el próximo invierno.
El FMI exige un mayor ajuste. Y el Fondo, por medio de estos incrementos de precios y tarifas, se asegura que las empresas privatizadas (y en el caso de la nafta los monopolios petroleros que “copian” el aumento de YPF) no pierdan un centavo, cayendo los sacrificios sobre las espaldas del pueblo trabajador.
Alberto Fernández visitó Rusia y China. De este último país se anunciaron inversiones por 23.000 millones de dólares. Otra puesta en escena de que la dictadura imperialista China nos salvará. Néstor Kirchner hizo anuncios similares en su momento, lo que después se llamó “el cuento chino”.
El anuncio de ingresar a la Ruta de la Seda no es más que poner al país al servicio de seguir engordando los negocios de los burgueses, capitalistas y multinacionales chinas mediante el saqueo y la contaminación. Hasta Fernández le regaló la frase al dictador Xi Jinping: “si usted fuese argentino sería peronista”. Y advirtamos que Rusia no es más el país de los soviets de Lenin. Hoy son potencias imperialistas. Solo persiguen grandes negocios. Rusia invertirá en la línea férrea Vaca Muerta-Bahía Blanca, por ejemplo.
China es el segundo socio comercial de la Argentina. Mientras nuestro país le suministra productos primarios como porotos y aceite de soja, carne vacuna con hueso, camarones y langostinos, China nos vende maquinarias, químicos y textiles, entre otros productos manufacturados. Este representa un rojo para el país de 7.200 millones de dólares.
El gobierno, espera anuncios de inversión y joint ventures (asociación) de empresas chinas en la Argentina en ferrocarriles, petróleo, electromovilidad, minería, energía nuclear, litio, finanzas, tecnología e incluso deportes. Y se anunció Atucha III. La empresa Zijin Mining interesada en minería es una de las 11 grandes auríferas del mundo que se quedó con el proyecto Tres Quebradas en Fiambalá, Catamarca. También construyó la base de exploración del espacio en Neuquén y se anuncian reactivaciones en las hidroeléctricas de Santa Cruz, donde una empresa estatal china fue denunciada por corrupción y contaminante. Muchas de estos emprendimientos son hasta con mano de obra china.
China superexplota a su clase obrera y campesina y usa a nuestros países para llevarse sus riquezas, recursos naturales, el uso del agua y nuestros ferrocarriles. Recordemos cuando Franco Macri, el padre del ex presidente, era el encargado en Latinoamérica de los negocios de la chin a imperialista. O cuando ante el escándalo reciente y la movilización ambiental se frenó el proyecto de las megagranjas porcinas para el gigante asiático. El “crecer para pagar” la deuda del gobierno incluye estos planes de mayor saqueo para el país.
Claudio Funes