
José Castillo
Ya desde 2024, el gobierno viene insistiendo en abrir la Argentina a los pulpos de la IA. En una entrevista con Alejandro Fantino, citada en el libro Teoría de la Dependencia Digital, de Cecilia Rikap, Javier Milei afirmó que “nosotros estamos buscando ser uno de los cuatro polos de inteligencia artificial del mundo […] porque tenemos recursos humanos […] la cantidad de pibes hoy programando acá vos no te das una idea […] Para que trabajen los centros de datos necesitás energía. ¿Hay energía acá? Sí. Y, además, ¿qué necesitás? Frío. Con lo cual en el sur podés hacer una cosa fenomenal. Grandes extensiones de tierra, frío, acceso a la energía barata y capital humano”.
Lo único cierto de todo esto es que los centros de datos, el último eslabón de la cadena de la IA, necesitan enormes cantidades de energía, electricidad y agua. Construirlos no nos transforma en un nuevo Silicon Valley ni requiere de “pibes programando”. Sí requiere de lugares del planeta donde otros, llamados Alphabet (Google), Microsoft, Amazon, Meta o Tesla, descarguen la parte más contaminante del proceso. “Zonas de sacrificio” aptas para el saqueo.
Milei tiene en debate el super-RIGI, que ofrece exenciones impositivas similares a las del RIGI a inversiones de base superiores a 1.000 millones de dólares en lo que denomina “sectores sin desarrollo previo”. Entre todos esos negocios, el privilegiado es, sin duda, el de los data centers de Inteligencia Artificial.
Elon Musk aparece picando en punta. Hace pocas semanas, directivos de Tesla estuvieron en la Casa Rosada prometiendo llevar a la Patagonia inversiones de xAI, la compañía de IA de Musk. Pero no es el único caso. Un año atrás estuvo el anuncio de OpenAI de instalar en el sur del país el proyecto Stargate, un megacentro de datos impulsado a nivel local por Sur Energy, la firma de Emiliano Kargieman, fundador del unicornio Satellogic.
Nada de la punta del desarrollo de la IA generativa, ni siquiera del desarrollo industrial de microprocesadores u otros elementos de hardware, será fabricado en la Argentina. Todo esto es apenas una pata más del saqueo.










