
José Castillo
Javier Milei avanza con la privatización de AySA para pagar deuda externa y abrir negocios a empresarios aliados y socios internacionales como Mekorot, mientras millones de usuarios siguen sin agua corriente ni cloacas.
El pasado 15 de septiembre, el gobierno decidió avanzar con la apertura de sobres de la privatización de AySA. El objetivo, como lo ha reconocido públicamente el propio ministro de Economía, Luis “Toto” Caputo, es recaudar rápidamente 500 millones de dólares para destinarlos a los próximos vencimientos de deuda del año que viene. Se trata de regalar la empresa a cambio de cumplir con el FMI y los pulpos acreedores internacionales.
Ese apuro hace que AySA se esté prácticamente regalando. Es dueña de redes subterráneas colosales, plantas potabilizadoras históricas, como la General San Martín, y estaciones elevadoras construidas a lo largo de décadas con fondos públicos. La empresa genera ingresos por cobro de tarifas de aproximadamente mil millones de dólares al año y cuenta con 3,8 millones de usuarios, alrededor de 14 millones de personas en CABA y 26 partidos del conurbano. O sea, en un solo año de recaudación, los nuevos dueños ya obtendrán el doble de lo que pagarán por la empresa.
Por otra parte, entre 2006 y 2023, los distintos gobiernos destinaron más de 13.400 millones de dólares en subsidios para sostener la operación y las obras. Venderla por solo 500 millones representa una fracción mucho menor de todo esto.
Las condiciones del pliego
Se ofrece un contrato de 30 años de explotación exclusiva, con opción de prórroga contractual por hasta 10 años adicionales. O sea, un regalo por los próximos 40 años. Las obligaciones para el ganador son sustancialmente menores a las exigidas en la privatización menemista de los años ‘90.
El nuevo marco proyecta alcanzar un 75,3% de cobertura de agua potable y un 63,9% de cloacas hacia 2031, para llegar al 90% de agua y al 75% de cloacas recién al término de los 30 años. La excusa es priorizar el mantenimiento técnico de la red existente y la “sostenibilidad financiera”, postergando la expansión masiva hacia zonas vulnerables. Amplias áreas del conurbano que carecen de agua o cloacas verán demorada su integración sanitaria por décadas.
Debido a ello, la Defensoría del Pueblo de la Provincia de Buenos Aires presentó un amparo objetando estos estándares de calidad y cobertura. La Justicia Contencioso Administrativa confirmó una medida cautelar que exige a AySA garantizar la continuidad del servicio y las inversiones, derivando luego la causa al fuero federal. El gobierno de Milei, al continuar con el proceso, avanza pese a esta resolución judicial.
Los posibles compradores
Por un lado, tenemos el autodenominado Consorcio Rowing-Arcos-Transclor-PHX. Está integrado por Rowing S.A., Arcos Saneamento e Participações, Transclor y PHX Aqua AR B.V. Arcos, perteneciente al Grupo Equipav de Brasil, figura como operador técnico. Transclor pertenece al empresario Mauricio Filiberti, conocido como “el rey del cloro”.
Por el otro está el consorcio encabezado por Roggio ROAS, vinculado al Grupo Roggio, que participa en Aguas Cordobesas y Aguas de Corrientes. Su respaldo técnico internacional está dado por la empresa estatal de agua de Israel, Mekorot, y el grupo japonés Marubeni, a través de operaciones vinculadas al sector del agua.
¡No a la privatización!
AySA es el nombre de la empresa estatal que reemplazó en 2006 a Aguas Argentinas, sucesora a su vez, para el AMBA, de Obras Sanitarias de la Nación tras la privatización de los ´90. Tuvo que ser reestatizada después de la gestión de la francesa Suez.
El acceso al agua y las cloacas es un derecho humano, no una mercancía. AySA debe seguir siendo estatal y pasar a ser gestionada por sus trabajadoras y trabajadores y usuarios.










