El gobierno ultraderechista de Javier Milei, que prometía allá por principios de marzo “el parlamento más reformista de la historia” y que luego se empantanó durante cuatro meses con el escándalo de Manuel Adorni, sufrió una fuerte derrota, nada más y nada menos que cuando creía que se “relanzaba” con la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada y, en particular, con la modificación de la Ley de Tierras, que daba vía libre a la extranjerización.
Tuvo que dar marcha atrás, ¡y de qué manera! Se veía venir, con el crecimiento del sentimiento popular antiimperialista de los últimos días del Mundial y el reverdecer de la consigna “Las Malvinas son argentinas”. Después de posponer varias veces la reunión en el Senado, cuando se notaba que se venía una movilización multitudinaria, tuvo que retirar, el día anterior, todo el capítulo de la Ley de Tierras. Pero no solo eso. En plena sesión, ante el riesgo cierto de perder aun así, terminó quitando también otro capítulo entreguista de la ley, el que planteaba la eliminación de restricciones sobre tierras que habían sufrido incendios.
El gobierno salió golpeado. Incluso esto le generó una nueva crisis interna, donde el chivo expiatorio esta vez fue Federico Sturzenegger, al que la propia Karina Milei acusó de “no cuidar al presidente”.
¿Por qué sucedió? La respuesta más estructural se debe al crecimiento, cada vez mayor, de la bronca popular frente al ajuste, la miseria creciente, el saqueo y la respuesta increíblemente cínica del gobierno ante el drama de los endeudados. Todas las encuestas, de cualquier origen, registran la caída de popularidad del gobierno. Sin duda, esto explica en buena medida por qué tantos “aliados” del gobierno hasta ayer nomás, entre ellos varios gobernadores peronistas, ahora “olieron” el cambio de clima, se dieron vuelta y votaron contra el gobierno.
Por supuesto, para que se produjera ese retroceso del gobierno hizo falta otro hecho contundente, la masiva movilización del jueves 6, que se replicó con otras tantas acciones en todo el país. Y que provocó, una vez más, otra feroz represión frente al Congreso, como ya nos tiene acostumbrados el oficialismo.
Estos hechos también jugaron un papel en ciertos “movimientos” visibles dentro de la principal oposición patronal, el peronismo, que buscó algún tipo de reacomodamiento en medio de un mar de contradicciones. Por eso hubo gobernadores que ordenaron a sus senadores votar contra el gobierno, como los de Tucumán, Salta o Misiones. También sectores como La Cámpora, Axel Kicillof o Juan Grabois se hicieron presentes en la movilización frente al Congreso. Y hasta se dio el hecho, tan comentado periodísticamente, de la “reaparición” de Sergio Massa, influyendo sobre algunos gobernadores y senadores para votar contra el gobierno.
Por supuesto, es el peronismo de siempre, que simplemente busca capturar la bronca y llevar agua para el molino electoral del año que viene. Habla de unidad en un supuesto “frente anti-Milei”, pero al mismo tiempo sigue peleándose internamente en la ya larguísima competencia entre Cristina Fernández y Kicillof. También hay encontronazos donde aparece el gobernador Ricardo Quintela, el mismo que ajusta en su provincia, prometiendo demagógicamente “expropiar” las inversiones que vengan por el RIGI, para recibir como respuesta la inmediata desmentida del gobernador bonaerense, Miguel Ángel Pichetto y otros referentes peronistas. Un Kicillof que, al mismo tiempo, también aplica su propio ajuste provincial y tiene que enfrentarse al conflicto con la docencia.
¿Cómo la seguimos? Es la pregunta de millones que vieron que se le puede parar la mano al gobierno. Por supuesto, lo primero que tenemos que tener en claro es que el gobierno va a seguir intentando dar nuevos pasos con su motosierra. Más allá de las crisis de gabinete, Sturzenegger fue ratificado.
Van a tratar de aprobar en Diputados lo que quedó de la Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada, que incluye nada menos que el violentamente antipopular desalojo exprés para los inquilinos, entre otras cosas.
También van por la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central, otra herramienta al servicio del ajuste, el saqueo de la deuda y el sometimiento al FMI. Todavía sigue sin aplicarse la Ley de Financiamiento Universitario. Y hay nuevos tarifazos, como el reciente al transporte, quitando los descuentos en CABA para la gente que viene en tren del Conurbano. La entrega sigue, como con la escandalosa privatización de Metrogas a manos de José Luis Manzano.
No sabemos hoy cuál será el próximo paso de Milei ni qué ley se jugará a sacar primero. Pero es evidente que nos tiene que encontrar preparados para movilizarnos, dándole continuidad a lo del 6 de agosto. Porque el camino es seguir golpeando al gobierno, construyendo nuevas, gigantescas y unitarias movilizaciones. Exigiendo a la CGT que rompa su ya vergonzoso pacto con el gobierno y llame a un paro nacional y a un plan de lucha. Y articulando con todas y cada una de las iniciativas de movilización.
En ese marco, desde Izquierda Socialista participaremos en la convocatoria realizada por Myriam Bregman el 12 de agosto en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA para organizar una “marcha de la bronca”. Esta y otras iniciativas tienen que confluir en una nueva gran movilización unitaria que le dé continuidad a la lucha en las calles. ¡Manos a la obra!










