
Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
*Foto de portada: Monumento a la corrupción. Soterramiento del ferrocarril Sarmiento
La izquierda vino dando pelea contra la corrupción bajo todos los gobiernos capitalistas. Y lo hará sin piedad si accede al poder de la mano de la clase trabajadora. Hoy el caso Adorni muestra burdamente hasta dónde pueden llegar estos ultraderechistas desde las máximas esferas del poder. Lo mismo pasó con la corrupción bajo el gobierno peronista kirchnerista, donde al ex secretario de Obras Públicas, “Josecito” López, lo encontraron con 9 millones de dólares en una bolsa de consorcio.
Vale aclarar que cuando hablamos de corrupción, no solo nos referimos a los políticos o funcionarios que se quedan con una coima, sino a este sistema capitalista que se asienta en grandes negociados corruptos. Por ejemplo, la empresa multinacional brasilera Odebrecht tenía una oficina que se dedicaba a pagar sobornos para quedarse con las licitaciones, como ocurrió en Argentina con la obra faraónica del soterramiento del Sarmiento. Multinacional que después devolvía favores aportando al PRO y a otros partidos patronales.
Nos preguntamos: ¿Qué pasó con el tremendo acto de saqueo y corrupción que es la deuda externa? ¿Dónde están las condenas para quienes la avalaron y pagaron con el hambre del pueblo? ¿Y las privatizaciones votadas hasta con diputruchos? ¿Por qué hay leyes que protegen a los responsables, como la Inocencia Fiscal recientemente votada, penas muy bajas para este tipo de delitos y una justicia y un Congreso cómplices? Con todo esto hay que terminar.
Nuestra lucha en estos años
Las y los trabajadores y la izquierda venimos enfrentando sistemáticamente a la corrupción capitalista, tanto en las calles, como en el Congreso y predicando con el ejemplo. El cuerpo de delegadas y delegados del ferrocarril Sarmiento encabezado por nuestro dirigente Rubén “Pollo” Sobrero y nuestra diputada Mónica Schlotthauer, denunció que el vaciamiento del ferrocarril y el desvío de subsidios millonarios por parte de la patronal TBA iba a provocar un Cromañón ferroviario. Esto fue lo que lamentablemente ocurrió con la Masacre de Once provocando 52 muertos y 800 heridos. Si los hubieran escuchado, esto se podría haber evitado.
En 2017, en pleno gobierno de Macri cuando le perdonó a su padre la deuda que mantenía con el Correo Argentino, presentamos un proyecto de ley en la Cámara de Diputados para que los responsables de corrupción vayan presos y devuelvan lo que se robaron. Solo la izquierda lo hizo. También postulamos, entre otras medidas, que los jueces sean elegidos por el voto popular, ganen como un trabajador y tengan cargos revocables.
Comparemos por último a las y los políticos patronales con las y los diputados y partidos del Frente de Izquierda, donde se podrá comprobar el abismo que hay: ganamos como un laburante y a nuestros partidos no los financian empresarios ni banqueros como lo hacen La Libertad Avanza, el PRO y el PJ.
Peleamos por un gobierno completamente distinto
Ya hemos explicado las principales medidas que tomaría un gobierno de la izquierda y de la clase trabajadora para terminar con el hambre, el saqueo y la dependencia. Con la corrupción pasaría lo mismo.
Un gobierno de izquierda encararía la pelea por terminar con este sistema capitalista explotador y corrupto, desmontando la base en la que se asientan los denominados monumentos a la corrupción. En un gobierno obrero y socialista no habría margen para la corrupción.
Todo sería controlado y gestionado por el pueblo trabajador con los organismos que genere para su alcance, desde la necesaria planificación de la economía pasando por las instituciones de gobierno. Si los gobiernos capitalistas y sus instituciones están al servicio de los negocios corruptos, un gobierno de la izquierda haría lo opuesto.
Un gobierno de la clase trabajadora pondría a las y los ferroviarios al mando del transporte, lo que hubiera evitado la privatización y las muertes. Solo un gobierno de la clase trabajadora donde los obreros de la construcción, técnicos y arquitectos planifiquen y controlen la obra pública podrá evitar hechos corruptos en una industria tan estratégica de la que dependen que se hagan viviendas populares, rutas, caminos, escuelas, hospitales. También se terminarían los negociados con la educación y la salud pública si la docencia y el personal médico y de enfermería estuviera en los ministerios correspondientes.
Y si aun así se dieran casos de corrupción (de los cuales un gobierno obrero no estaría exento en un ciento por ciento), aplicaríamos lo que hicieron Lenin y Trotsky en los primeros años de la revolución rusa de 1917 con el Decreto sobre el Soborno, castigando tanto a quienes los daban como a quienes los recibían. Lo mismo dispusieron para los dirigentes partidarios, estableciéndose un tope salarial igual a un trabajador calificado, obligándolos a justificar su patrimonio y si no cumplían eran desafectados, entre otras innumerables medidas, además de terminar con los privilegios del zarismo.
Concluimos diciendo que cuando se dice por ahí “corrupción hubo desde siempre”, esto no se debe interpretar con que tengamos que estar condenados a vivir bajo este sistema capitalista corrupto de por vida. Hay otra salida. Y solo la propone el Frente de Izquierda Unidad.










