May 06, 2026 Last Updated 7:12 PM, May 6, 2026

Se cumplen 90 años / La revolución francesa de 1936

Escribe Federico Novo Foti

Entre mayo y junio de 1936 se produjo una oleada huelguística en toda Francia. León Trotsky anunció: “la revolución francesa ha comenzado”. Pero las conducciones reformistas de los partidos socialista y comunista, que dirigían a las y los trabajadores y gobernaban junto con un sector de la burguesía francesa con el Frente Popular, desmovilizaron a la clase trabajadora. Se lograron grandes conquistas económicas y sociales, pero el capitalismo imperialista salvó su dominio del país.

En mayo de 1936 comenzó una oleada huelguística en Francia. El detonante fue el despido de dos obreros, el 11 de mayo, de la fábrica de aviones Breguet en la región de Le Havre, por haber asistido a los actos del 1º de Mayo. En respuesta las y los trabajadores pararon la producción, ocuparon la planta y eligieron un comité de fábrica votado en asamblea. En sólo una noche lograron las reincorporaciones. Pero el movimiento huelguístico no se detuvo. Pronto se extendió a Toulouse y Courbevoie. El 24 de mayo más de 600 mil personas participaron de la manifestación para conmemorar la Comuna de París.[i] El 28 de mayo, las y los trabajadores de la planta de Renault en Billancourt dejaron de trabajar. En los días siguientes quedaría paralizada toda la actividad industrial en la región parisina. Para comienzos de junio cerca de dos millones de obreros de 12 mil empresas se encontraban en huelga, con más de dos tercios de ellas ocupadas. Todas las capas de la clase trabajadora del país, desde los talleres a las fábricas, en cada gremio y en los barrios se sumaron a la lucha por sus reivindicaciones.

En la huelga general con ocupaciones de fábrica surgió una nueva generación de activistas y dirigentes obreros que crearon comités de fábrica para el control de la propiedad y administración. El 10 de junio delegados metalúrgicos de 700 fábricas votaron que de no aceptarse inmediatamente sus reclamos (salario mínimo, reconocimiento de delegados y semana de 40 horas) exigirían al gobierno la nacionalización de las empresas y su puesta en funcionamiento bajo control obrero. La burguesía francesa, “las 200 familias” que dominaban el país, reconoció en aquella demanda una amenaza al orden capitalista y entró en pánico.

El revolucionario ruso León Trotsky, perseguido y exiliado por el estalinismo, seguía los acontecimientos por la radio desde una aldea al sur de Noruega: “Las palabras ‘revolución francesa’ pueden parecer exageradas. ¡Pero no! No es una exageración. Es precisamente así que nace la revolución. En general, no pueden nacer de otro modo. La revolución francesa ha comenzado.”[ii]

La lucha contra el fascismo y el Frente Popular

En la década del treinta, Francia y casi toda Europa estaban convulsionadas por el crecimiento del fascismo y por el ascenso de las luchas obreras, en medio de la crisis económica del capitalismo mundial. Ya desde 1922 el fascista Benito Mussolini gobernaba Italia. En 1933 Adolf Hitler había accedido al poder en Alemania. Aquellas derrotas fueron favorecidas por la política equivocada y traidora que imponía José Stalin a los poderosos partidos comunistas: el rechazo a la unidad de acción obrera en la lucha contra el fascismo, poniendo un signo igual entre éste y la socialdemocracia, a la cual llamaba “socialfascistas”.

El 6 febrero de 1934 la liga de los fascistas y realistas franceses realizó un alzamiento en París. La huelga general del 12 de febrero fue la respuesta obrera al desafío fascista. Trotsky calificó la asonada fascista de “primer ensayo general del bandidaje fascista” y, mientras denunciaba la política capituladora de la socialdemocracia y divisionista del estalinismo, planteaba la necesidad de la unidad de acción obrera contra el fascismo y llamaba a constituir milicias para responder a los golpes fascistas.[iii] Finalmente, bajo la presión de las luchas obreras los dirigentes socialistas y comunistas se vieron obligados a unirse contra los fascistas.

Pero el Partido Comunista transformó el paso positivo de la unidad de los obreros comunistas y socialistas para enfrentar al fascismo en la trampa suicida del “Frente Popular”: la unidad política permanente de los dirigentes reformistas y burocráticos con sectores burgueses “democráticos”. En julio-agosto de 1935 el Séptimo (y último) Congreso de la III Internacional Comunista proclamó esa política de conciliación con la burguesía como ley universal y permanente para todos los partidos comunistas del mundo.

El 14 de julio de 1935 con una imponente manifestación que cantó La Marsellesa y la Internacional se proclamó el Frente Popular (Rassemblement Populaire), integrado por los socialistas (León Blum), comunistas (Maurice Thorez) y el Partido Radical Socialista (Eduardo Daladier), un partido de la burguesía democrática, apoyados por la conducción burocrática de la Confederación General del Trabajo (CGT).

El 26 de abril y 3 de mayo se realizaron las elecciones, triunfando el Frente Popular con casi el 60% de los votos. Dentro de la coalición ganadora los candidatos del PC casi duplicaron sus anteriores votaciones (1,5 millones de votos). Pero sus dirigentes favorecieron en los cargos a los socialistas, que a su vez pretendían ceder posiciones ante los burgueses radicales, que habían retrocedido en su caudal electoral. Pero la presión obrera obligó a que el socialista León Blum fuera elegido primer ministro.

El Frente Popular salvó al capitalismo

Entretanto, a finales de mayo estalló la huelga general. Días después, Trotsky afirmaba que “los días de febrero de 1934 marcaron la primera ofensiva seria de la contrarrevolución unificada. Los días de mayo-junio de 1936 son el signo de la primera ola poderosa de la revolución proletaria” y llamaba a la unificación de todos los comités de fábrica, a los que consideraba embriones de poder obrero.[iv]

Sin embargo, a pesar de no haber asumido formalmente el gobierno, los líderes del Frente Popular se ocuparon de las negociaciones con la burguesía y los dirigentes sindicales burocráticos (socialistas y comunistas) para detener el movimiento huelguístico que amenazaba el orden capitalista. El 4 de junio, adelantando la fecha prevista, León Blum asumió como primer ministro y días más tarde se reunieron en el Palacio de Matignon los negociadores del gobierno y la burguesía, junto a la cúpula de la CGT, donde firmaron los “Acuerdos de Matignon” en los que la burguesía se comprometía a otorgar importantes concesiones frente a la perspectiva de perderlo todo.

Sin una dirección alternativa que les señalara con audacia el camino de apoderarse del poder, las y los trabajadores se conformaron con las importantes concesiones que otorgó la aterrorizada burguesía francesa. Se lograron históricas conquistas como la semana de 40 horas, aumento de salarios, la firma de convenios colectivos, las vacaciones anuales pagas de un mes y el compromiso (nunca cumplido) de un plan de obras públicas para enfrentar la desocupación. Sin embargo, por seguir a los dirigentes traidores del Frente Popular, las y los trabajadores franceses se fueron desmovilizando y dieron una sobrevida al capitalismo imperialista francés. Esa pasividad facilitó también en 1940 que los ejércitos de Hitler ocuparon Francia. A lo que siguieron cinco años de tremendos sufrimientos y resistencia.

En los años y décadas siguientes, los ataques permanentes de la burguesía francesa y sus gobiernos obligaron a la clase trabajadora a defender parte de aquellas conquistas logradas en 1936. Ese es el caso del llamado “Mayo Francés” de 1968, las movilizaciones contra el “Plan Juppé” de 1995 o, más recientemente, las rebeliones de los “chalecos amarillos” de 2018 y las de 2023 y 2025. Sigue aún pendiente la tarea de lograr una nueva dirección política y sindical que permita que esa gran combatividad, que surge desde abajo y desbordando a las direcciones reformistas tradicionales, pueda terminar derrotando a los gobiernos capitalistas y logrando gobiernos de la clase trabajadora y los sectores populares que abran el camino del socialismo con democracia para el pueblo trabajador.


[i] Ver El Socialista Nº 187, 14/04/2011
[ii] L. Trotsky. ¿Adónde va Francia? Fundación F. Engels, Septiembre, 2006.
[iii] L. Trotsky. “Francia es ahora la clave de la situación” en The Militant, 31 de marzo de 1934.
[iv] L. Trotsky. ¿Adónde va Francia? Op. Cit.

 

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