Mar 11, 2026 Last Updated 7:04 PM, Mar 11, 2026

Plan Cóndor / El imperialismo yanqui: cómplice de la dictadura

Escribe Mariano Barba

Mientras Estados Unidos perdía la guerra de Vietnam a comienzos de la década de 1970, en América Latina desplegaba la doctrina de la seguridad nacional. Esa estrategia luego se consolidó en el Plan Cóndor, un sistema de coordinación entre dictaduras para fomentar y organizar golpes de Estado en el Cono Sur. El golpe del 24 de marzo de 1976 en Argentina se inscribió en ese marco, con el objetivo de frenar las luchas populares e imponer planes económicos alineados con los intereses del imperialismo.

A comienzos de la década de 1970, las y los trabajadores y los pueblos protagonizaban acciones en distintas latitudes del mundo. Estados Unidos, con Richard Nixon como presidente, vivía grandes movilizaciones internas contra la guerra en Vietnam y sufría derrotas en el campo de batalla que culminaron con su retirada de ese país, lo que significó la primera gran derrota del imperialismo yanqui. Otros países coloniales africanos, como Guinea Bissau, Angola y Mozambique, tras largos años de lucha, conquistaron su independencia de las potencias europeas que los dominaban. Hacia el final de la década, en 1979, una gran revolución democrática en Irán derrocó al sha Reza Pahlevi; ese mismo año, en Nicaragua, se derrotaba a la dictadura de Anastasio Somoza en una guerra civil en la que participó nuestra corriente con la Brigada Simón Bolívar.

En América Latina también se desarrollaban grandes luchas en Chile, Argentina y Perú, que cerraban un período de derrotas marcado por el golpe en Brasil y el de Barrientos en Bolivia. En ese contexto, Estados Unidos avanzaba en la formación militar de los ejércitos latinoamericanos a través de la Escuela de las Américas, situada en la zona del Canal de Panamá. Allí se enseñaban doctrinas de contrainsurgencia, es decir, métodos para organizar golpes de Estado, coordinar la represión y formar escuadrones de la muerte. Estas políticas fueron las antesalas del Plan Cóndor, impulsado con respaldo y participación directa del gobierno estadounidense.

Durante las presidencias de Richard Nixon (1969-1974), Gerald Ford (1974-1977), Jimmy Carter (1977-1981) y Ronald Reagan (1981-1989), Estados Unidos prestó apoyo técnico, militar y político a los regímenes represivos del Cono Sur. A través de la CIA y el Pentágono se proporcionaban planificación, coordinación e instrucción en métodos de tortura y terrorismo de Estado.

Miles de asesinados y desaparecidos

Hacia 1978, la Operación Cóndor abarcaba ocho de los trece países de América del Sur y había establecido un área de represión e impunidad sin fronteras. El intercambio de información entre las dictaduras permitió operativos conjuntos de grupos de tareas integrados por agentes del país donde se encontraba la víctima y por sus contrapartes del país de origen. Estas operaciones muchas veces terminaban con traslados clandestinos de personas detenidas hacia su país de origen, algo habitual entre las dictaduras de Argentina, Uruguay y Chile.

La Comisión de Verdad y Justicia de Paraguay confirmó en 2003 que los documentos hallados en diciembre de 1992 en la comisaría de Lambaré, en Asunción, prueban la existencia del acuerdo entre las dictaduras para el intercambio de información y prisioneros. Según esos archivos, este plan asesinó a unos 50 mil opositores políticos en América Latina, dejó decenas de miles de detenidos desaparecidos y encarceló a alrededor de 400 mil personas. Esos documentos, conocidos como los “Archivos del Terror”, detallan el destino de miles de latinoamericanos secuestrados, torturados y asesinados por los servicios de seguridad de Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Paraguay y Uruguay.

La atroz dictadura argentina

El Cordobazo de 1969 y las luchas obreras y populares que continuaron hasta 1976, con picos muy fuertes como la huelga general de 1975 conocida como el Rodrigazo, llevaron a que la burguesía y las Fuerzas Armadas planificaran el golpe en nuestro país en el marco del Plan Cóndor. Un documento desclasificado del FBI de septiembre de 1976 afirma que “los miembros del Plan Cóndor que habían demostrado más entusiasmo hasta la fecha eran Argentina, Uruguay y Chile”.

Quien condujo y orientó políticamente el siniestro Plan Cóndor fue Henry Kissinger, que ejercía simultáneamente como asesor de seguridad nacional y secretario de Estado de Estados Unidos. Desde allí monitoreaba directamente a los militares y gobiernos de América del Sur y fue un impulsor clave del golpe militar en Chile encabezado por Augusto Pinochet, que derrocó al gobierno de Salvador Allende e inauguró una sangrienta represión contra las y los trabajadores y el pueblo chileno. Reunido con Pinochet en junio de 1976, Kissinger le dijo: “En Estados Unidos, como sabe, simpatizamos con lo que está usted intentando hacer aquí [...] Mi opinión es que usted es víctima de todos los grupos izquierdistas del mundo”.

Sobre Argentina, Kissinger se reunió en octubre de 1976 con funcionarios de la dictadura y alentó al canciller argentino a que “hicieran lo que tuvieran que hacer lo más rápido posible”. Según el historiador Jon Lee Anderson, documentos desclasificados del Departamento de Estado muestran que dos días después del golpe Kissinger declaró que al nuevo gobierno militar “tendremos que apoyarlos en todas las posibilidades con que cuenten”. Más adelante, invitado por Videla a presenciar los partidos del Mundial 1978, Kissinger “aplaudió los esfuerzos de la Argentina en la lucha contra el terrorismo”.

Este derrotero muestra cómo el golpe militar en nuestro país fue planificado entre distintas fuerzas políticas y militares con el impulso de Estados Unidos y el Pentágono. Tanto dirigentes del radicalismo, como Balbín, como sectores del peronismo, como el empresario Jorge Antonio, y la cúpula de la Iglesia Católica fueron fervientes defensores del golpe genocida argentino.

A cinco décadas de aquellos hechos, la memoria sigue siendo una herramienta de lucha frente a los intentos de negacionismo y los gobiernos de derecha en América Latina. La historia del terrorismo de Estado demuestra hasta dónde pueden llegar las clases dominantes para frenar las luchas populares. Por eso, la defensa de la memoria, la verdad y la justicia sigue siendo parte de una pelea que continúa hasta hoy.

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