Recién terminó enero. Y ya tuvimos a Milei bailando cantando y haciendo el ridículo junto a Fátima Flores en Mar del Plata en el mismo momento en que se incendia media Patagonia. Antes estuvo en Davos sirviendo de bufón a Donald Trump en la firma del “Consejo de la Paz” con el que el presidente yanqui pretende poner en valor su proyecto de transformar a Gaza en un mega-resort inmobiliario, sobre los cadáveres del genocidio del ejército sionista y el desplazamiento forzoso del resto de la población.
Mientras tanto, por acá, nos enteramos que el gobierno decidió resolver el tema inflacionario directamente prohibiendo que se ponga en marcha la nueva canasta del Indec, acercándose peligrosamente al falseamiento de los indicadores, al mejor estilo Guillermo Moreno de hace 20 años.
Caputo, al mismo tiempo que sigue cumpliendo a rajatabla con el FMI (ahora pagando otros 800 millones de dólares de intereses) tiene tiempo también para nuevos exabruptos. Ahora dijo: “yo nunca compré ropa en la Argentina” y se lanzó contra la industria textil, planteando virtualmente que debería desaparecer e incluso afirmando que no le preocupaba que queden miles de trabajadoras y trabajadores en la calle.
Todo esto mientras crecen los despidos, los salarios y jubilaciones se siguen pulverizando y aumentan a niveles astronómicos las deudas impagas de sectores populares que ya no pueden recurrir ni a las tarjetas ni a los préstamos personales para zafar en el día a día.
En este aquelarre, falta mencionar que también apareció el jefe de gabinete, Manuel Adorni, para anunciar un nuevo ataque contra las y los trabajadores del Garrahan. En este caso el pedido de desafuero y despido de los principales dirigentes sindicales del Hospital.
Muchas novedades para estar en verano. Al gobierno le es indiferente el desastre climático que incendia el sur del país, pero no las leyes ambientales. Por eso va a tratar de aprobar en las sesiones extraordinarias su proyecto de modificación de la Ley de Glaciares, hecho a medida de las transnacionales mineras (y con el apoyo de los gobernadores cordilleranos involucrados).
La senadora Patricia Bullrich le agrega a esto su proyecto de bajar la edad de punibilidad a los 13 años, yendo directamente contra los derechos de las niñeces y adolescencias.
Pero sin duda lo más importante, donde se juega todo el gobierno y las grandes patronales, es en tratar de aprobar este mes la ley de reforma laboral. Un proyecto integral anti-obrero, esclavista, que quita prácticamente todos los derechos conquistados por la clase trabajadora en 120 años de lucha. Ahí, sin duda, se condensa la auténtica pulseada.
Por eso resulta vergonzoso ver en qué andan tanto el peronismo como la burocracia sindical de la CGT y las CTA. El primero sigue deshojando la margarita de una elección interna que a nadie le interesa: la que definirá quién presidirá la cáscara vacía del PJ de la provincia de Buenos Aires. Por supuesto que detrás hay algo más importante: el liderazgo político hacia el 2027, donde tanto Kicillof como Cristina y Máximo Kirchner siguen en su ya infinita disputa por los cargos. Con respecto a la reforma laboral, el peronismo ya vio cómo a fin del año pasado se le derretían los bloques, con legisladores que, siguiendo las órdenes de sus gobernadores, se pasaban a las negociaciones con el gobierno.
La CGT por su parte, con su nueva conducción elegida a fines del año pasado, continúa en su actitud “dialoguista”, más allá de que no logra ni un gesto del gobierno. Peor aún, hasta los gobernadores de Córdoba y Santa Fe le levantaron la reunión en la que supuestamente iban “a dialogar”. Su otra iniciativa es apostar a “la justicia” para frenar algunos artículos, los más claramente anticonstitucionales, de la reforma laboral. Nada, ni de lejos, que apunte a poner en juego el poder de movilización de la clase trabajadora.
Por eso resulta tan importante la autoconvocatoria realizada en Parque Lezama por el Plenario del Sindicalismo Combativo. Más de 1.000 participantes, con una importante y representativa presencia de dirigentes sindicales opositores a la burocracia votaron como resolución principal convocar a una movilización masiva el día 11 de febrero (fecha tentativa que ha puesto el gobierno para comenzar el tratamiento de la reforma laboral) o en su defecto el día que se trate. En el caso que la CGT y las CTA decidan movilizar ese día, se decidió participar con una columna independiente del sindicalismo combativo, de forma similar a como se hizo el pasado 18 de diciembre en el acto de la CGT en Plaza de Mayo, exigiendo paro nacional y plan de lucha, otra de las principales consignas votadas en el plenario. Impulsando, además, convocatorias a marchar en todas las provincias del país, empezando por participar de los actos ya lanzados por sectores de la CGT, como la UOM, los aceiteros y el llamado Frente de Sindicatos Unidos en Córdoba y Rosario.
El 2026 recién comienza. El llamado es, como siempre, apoyar todas las luchas y tratar de coordinarlas para que triunfen. Sabemos que para lograrlo esta tarea está indefectiblemente unida a la de postular una nueva dirección sindical para la clase trabajadora, democrática y combativa. El plenario de Parque Lezama y sus conclusiones buscan dar pasos en ese sentido.
Pero también sabemos que hay otra necesidad a resolver, tan importante como la primera: postular una alternativa política para la clase trabajadora, la juventud, el movimiento de mujeres y disidencias y el conjunto de los sectores populares. Es lo que venimos haciendo y debemos fortalecer, con el Frente de Izquierda Unidad. A esas tareas te convocamos desde Izquierda Socialista.










