Escribe Mercedes Trimarchi Diputada de Izquierda Socialista / FIT Dirigente de Isadora
A la par del debate por el derecho al aborto y luego de la media sanción obtenida gracias a la movilización de las mujeres, se está tratando en Diputados un proyecto de ley de “libertad religiosa” que presentó Macri el año pasado. Tiene como finalidad aumentar los privilegios de la Iglesia Católica y las demás religiones, otorgándoles totales garantías y beneficios impositivos para que continúen sus negociados en educación y salud. Y puntualmente, establece la objeción de conciencia institucional para que, de aprobarse la ley por el derecho al aborto, puedan no cumplirla en sus clínicas privadas. Denunciamos este proyecto del gobierno y exigimos la inmediata separación de la Iglesia del Estado.
Desde Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda consideramos que las creencias y las religiones son del ámbito personal y privado de cada persona y, por lo tanto, no deben interferir en los asuntos del gobierno, del Estado, en salud o educación y, mucho menos, deben ser subsidiadas. El sostenimiento a la Iglesia Católica está amparado en el artículo 2° de la Constitución Nacional. En 1966, bajo el gobierno de Onganía, se homologó el Concordato entre la Santa Sede y la Argentina (ley 17.032) en el que se le otorga total injerencia a la Santa Sede para erigir nuevas circunscripciones eclesiásticas en nuestro territorio. También, en el artículo 146 del Código Civil se establece a la Iglesia Católica como una persona jurídica pública, al mismo nivel que el Estado nacional, las provincias y los municipios, demostrando el alto grado de poder y extensión que tiene la Iglesia Católica en nuestro país.
El financiamiento económico con el dinero de los impuestos de los contribuyentes a la Iglesia Católica fue ratificado por las leyes de la última dictadura militar y ningún gobierno posterior, ni peronistas, ni radicales, ni la Alianza, ni el kirchnerismo durante sus doce años de gobierno, ni ahora Macri y Cambiemos, las derogaron. Todos los partidos patronales que gobernaron están de acuerdo en favorecer y financiar a una institución reaccionaria y ultraconservadora como es la Iglesia Católica, que vive de privilegios y actúa siempre contra los derechos de las mujeres y de los demás sectores oprimidos que se movilizan y salen a luchar.
La Iglesia es parte de la educación
Uno de los negocios que mantiene la Iglesia Católica con los distintos gobiernos patronales de turno es el subsidio a sus escuelas confesionales privadas. Pero su injerencia en la educación no es sólo mediante el financiamiento, sino también en el plano de las creencias y costumbres. En 2006 se sancionó la ley 26.206 de educación nacional que fue una gran concesión a la Iglesia Católica al establecer el carácter integral de la educación, incluida la dimensión religiosa. Esto fue un salto cualitativo sin precedentes que habilitó a que en muchas provincias se enseñe religión en las escuelas estatales. Actualmente, en Salta, Tucumán y Catamarca se contempla la obligatoriedad de la educación religiosa en sus establecimientos. En Santiago del Estero se autorizan de manera optativa las clases de religión en el sistema educativo público. A su vez, Córdoba, La Pampa y San Luis establecen que la enseñanza religiosa debe impartirse con posterioridad al horario de clase.
Con la sanción de la ley 26.150 de educación sexual integral (ESI) pasó algo similar. Fue el Episcopado quien rápidamente publicó un documento llamado “Educación para el amor” en el cual se establecía cómo dar los contenidos de ESI en las escuelas confesionales. Allí, por ejemplo, se habla solamente de relaciones heterosexuales, del matrimonio entre un hombre y una mujer, de la condición natural y no social del género, de las relaciones sexuales circunscriptas a la procreación, de la defensa de la vida desde la concepción y se condena la interrupción voluntaria del embarazo y a los métodos anticonceptivos.
Por la inmediata separación de la Iglesia del Estado
La existencia de una cifra enorme de abusos sexuales de niños y niñas por parte de los curas (obispos incluidos) no es una cuestión puntual ni esporádica. Por el contrario, se trata de un sistema muy organizado. El libro “Lujuria” del periodista italiano Emiliano Fittipaldi describe cómo la Iglesia tapa los casos de pederastia y encubre a los violadores. Por ejemplo, en 2013 hubo 1.200 denuncias de acoso a niños y niñas en todo el mundo que fueron llevadas al Vaticano. El papa Francisco los encubrió y recién se reacomodó cuando aparecieron escándalos periodísticos o movilizaciones de masas, como en Chile. Es más, Bergoglio sabía que en el instituto para niños sordos Antonio Próvolo de la Argentina se refugiaron durante muchos años sacerdotes violadores.
Es inadmisible que una institución con este prontuario y que tuvo estrechos vínculos con la última dictadura militar esté hoy a cargo de la educación de miles de niños y niñas en nuestro país. Y que encima sea beneficiada con dinero que sale de nuestros impuestos. Por eso exigimos que el gobierno deje de subsidiarla y que retire el proyecto de libertad religiosa que le otorga más beneficios. Hoy, con la fuerza del movimiento de mujeres que está en las calles, exigimos la inmediata separación de la Iglesia del Estado.
Escribe Anisa Favoretti
En la localidad de Suncho Corral, en Santiago del Estero, los estudiantes de los tres niveles (jardín, primaria y secundaria) del colegio privado católico San Miguel Arcángel, fueron obligados a marchar como militares en un desfile portando el pañuelo celeste de los sectores antiderechos que se oponen a la ley de interrupción voluntaria del embarazo. El acto se llevó a cabo el 9 de julio y, a través de sus redes sociales, el colegio compartió la frase “al cumplirse 202 años de la declaración de independencia de nuestra patria, reafirmamos nuestro compromiso en la defensa de la vida desde la concepción hasta su muerte natural”.
Recordemos que en Santiago del Estero no se cumple con la ESI y los índices de embarazos de niñas y adolescentes suben año a año. Lo mismo ocurre con los abortos clandestinos y las muertes evitables de personas gestantes. Por eso, es indignante ver los videos que subieron desde el colegio en los que exponen a niños, niñas y adolescentes a una situación tan violenta, vulnerando todos sus derechos.
Repudiamos este accionar de los sectores más conservadores y reaccionarios de la sociedad como la Iglesia Católica que utiliza los recursos estatales para este tipo de manifestaciones totalmente humillantes para los estudiantes. Y, a su vez, denunciamos que esto es solo una muestra de hasta dónde la iglesia es capaz de llegar para impedir que se apruebe el derecho al aborto legal, seguro y gratuito en nuestro país.
Fabiana Reina es una médica ginecóloga de la provincia de Tucumán que acaba de ser víctima de un terrible escrache con insultos e intimidaciones por el solo hecho de cumplir con su trabajo y garantizar el aborto no punible de una niña de 11 años víctima de una violación. Su práctica está amparada en el Código Penal de 1921 y en el fallo de la Corte Suprema de Justicia de 2012 que reafirma que deben garantizarse los abortos en los casos de violación o ante el peligro de salud integral de las personas gestantes.
Nuevamente, los sectores antiderechos que se encuadran en la reaccionaria Iglesia Católica vuelven a demostrar de qué lado están: defienden a los violadores mientras persiguen a los trabajadores que garantizan el derecho a la salud y a las mujeres y niñas que solicitan interrupciones de embarazos producto de situaciones de aberrante violencia. Esa misma Iglesia Católica fue la que impulsó hace pocos años atrás que los médicos denunciaran y encarcelaran a Belén, una joven tucumana que sufrió un aborto espontáneo en un hospital público de la provincia.
Como en el caso anterior, el apoyo del movimiento de mujeres y los profesionales de la salud no se hizo esperar. Desde la Cicop, la Red de Profesionales por el Derecho a Decidir de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y otras organizaciones llegaron declaraciones de solidaridad con la médica y se realizó un gran pañuelazo en repudio a los sectores clericales que se oponen a los derechos de las mujeres.
Escribe Malena Zetnik
Tras la media sanción a la ley por el derecho al aborto en la Cámara de Diputados, la Iglesia Católica lanzó una ofensiva para intentar frenar la oleada del movimiento de mujeres que quiere lograr la aprobación del proyecto. Desde el papa Francisco hasta el padre Pepe, toda la Iglesia se une contra las mujeres.
La primera declaración que hizo el papa Francisco frente a la enorme vigilia que reclamó en las calles de todo el país la aprobación del proyecto de ley de interrupción voluntaria del embarazo el pasado 13J fue tildar al movimiento de “nazi”. Parece que al supuesto Papa progresista lo sorprendió el apoyo generalizado al aborto legal y lanzó una ofensiva. El domingo 8 de julio, alrededor de cincuenta obispos celebraron una misa convocada esencialmente para rechazar el proyecto. Frente a la Basílica de Luján y bajo la convocatoria a la “Misa por la vida”, el presidente del Episcopado monseñor Oscar Ojea se proclamó contra los derechos de las mujeres. Lo mismo hizo al día siguiente el arzobispo de Tucumán Carlos Sánchez y fue aun más duro el nuevo arzobispo de La Plata y ex rector de la UCA Víctor Fernández, quien exigió que el presidente vete la ley si se aprueba.
Pero no solo salieron a la ofensiva los sectores más tradicionales de la iglesia, sino que José María “Pepe” Di Paola, líder de los curas villeros, volvió a hacer declaraciones públicas en las que afirmó que en las villas y asentamientos “los pobres no abortan” porque “los hijos son sagrados” y “se arreglan entre vecinos”.
Sin dudas, estas expresiones intentan desconocer la realidad de las mujeres que abortan día a día y le lavan la cara al gobierno de Macri que, en lo que va del año, solo implementó el 8% del Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable, encargado de garantizar métodos anticonceptivos gratuitos. Pero también, las declaraciones dan cuenta de la desesperación de la Iglesia Católica, que vive una gran rebelión entre su feligresía. Por ejemplo, entre la juventud ya son reiteradas las anécdotas de estudiantes de todos los géneros que desafían las normas de las instituciones y llevan sus pañuelos verdes en las mochilas.
En las calles es visible la merma en la capacidad de movilización de esta reaccionaria institución milenaria que poco a poco empezó a perder el control sobre sus fieles. Y no solo reacciona con nefastas declaraciones, sino que sancionan con amonestaciones a los estudiantes que portan los pañuelos, expulsan o amedrentan a los docentes que se manifiestan por el aborto y hasta han llegado a organizar grupos de choque que patotean y arrancan los pañuelos verdes a las chicas más jóvenes en las calles. Pero a pesar de los intentos, no pueden lograr que la marea verde siga creciendo.
Por eso, los martes verdes siguen realizándose frente al Congreso de la Nación y en diferentes plazas del país. También se preparan nuevas acciones como el estudiantazo que el próximo 31 de julio llenará las calles de jóvenes en apoyo al aborto legal. Y son masivas las nuevas cartas públicas con firmas de abogados y trabajadores de la salud que sostienen con nombre y apellido que van a apoyar a las mujeres en la garantía del aborto si se aprueba la ley. Frente a la ofensiva de la reaccionaria Iglesia Católica, sigamos en las calles hasta arrancar el derecho al aborto.
Escribe Mariana Morena
El 25 de julio de 1978 nació Louise Brown, la primera criatura humana concebida por fertilización in vitro, fuera del organismo materno. Desde entonces las técnicas de reproducción asistida no dejaron de avanzar y se calcula que alrededor de ocho millones de personas nacieron gracias a ellas. La reaccionaria Iglesia Católica condenó su implementación con la misma vehemencia con que actualmente se opone a la ley del aborto.
El nacimiento de Louise Brown tuvo tal impacto mundial que muchos lo compararon con la llegada del hombre a la Luna. Ocurrió hace 40 años en el Hospital General de Oldham (en las afueras de Manchester, Inglaterra). Tuvo que ser protegido como una fortaleza tanto que el día programado del parto su padre ingresó custodiado por policías. Pese al hermetismo que rodeó el procedimiento de fertilización y el embarazo, la noticia se filtró y centenares de periodistas y fotógrafos asediaron la maternidad.
Como la cesárea fue filmada, las imágenes de Louise recién nacida se multiplicaron en los medios televisivos y gráficos de todo el mundo. Era la primera “bebé de probeta”, concebida fuera del útero materno por una técnica de fertilización in vitro (FIV). El método consistía en extraer un óvulo (ovocito) del útero materno, fertilizarlo con el esperma del varón en el laboratorio y, una vez formado el embrión, implantarlo en el útero para su desarrollo.
Una revolución tecnológica
Los padres de Louise, Leslie y John Brown, intentaron el embarazo sin éxito durante nueve años. No lo lograban por una obstrucción en las trompas de Falopio de Leslie, una de las causas más comunes de infertilidad femenina. Por eso aceptaron el tratamiento experimental que le propusieron dos investigadores, Robert Edwards y Patrick Steptoe, quienes venían realizando ensayos desde una década atrás. No les advirtieron que, hasta ese momento, no lograban el resultado esperado. Llevaban una seguidilla de 78 fracasos incluyendo embarazos no evolutivos y comenzaban a ser muy criticados. Desde que en 1959 se documentó el nacimiento de un conejo fecundado in vitro, la tecnología de la reproducción en humanos avanzaba por el “gran milagro”. Esta vez el éxito fue total, Louise nació con 2,600 kg de peso y era perfectamente sana.
Desde entonces, las técnicas de reproducción asistida no dejaron de avanzar alcanzando un elevado grado de complejidad, seguridad y eficacia. Desde métodos de congelación para conservar embriones sobrantes para un posible uso futuro a otros basados en ultrasonido para evitar la incisión abdominal llegando a la inyección intracitoplasmática, por la que se inyecta un espermatozoide seleccionado específicamente en el óvulo, para casos donde el recuento de espermatozoides es muy bajo o cuando se tienen dificultades para acceder al ovocito. Por otra parte, se desarrollaron técnicas de diagnóstico embrionario para prevenir el nacimiento de hijos con enfermedades hereditarias ligadas al sexo, como la hemofilia o la fibrosis quística, entre otras, además de disminuir los riesgos de transmisión en personas portadoras de VIH.
Un beneficio para millones de personas
Cuarenta años después, la Sociedad Europea de Embriología y Reproducción Humana estima que unos ocho millones de bebés nacieron gracias a la reproducción asistida (en la Argentina la cifra ronda los 30.000; los primeros fueron mellizos, en 1986). Aproximadamente nacen 300.000 “bebés probeta” por año. La madre de Louise tuvo una segunda “bebé de probeta”, Natalie (la número 40 en el mundo) quien, a su vez, se convirtió en la primera mujer concebida por fecundación in vitro en ser mamá por vía natural.
Estos tremendos avances elevaron considerablemente las tasas de éxito haciendo que más personas recurran a la reproducción asistida para lograr un embarazo, tanto en el caso de parejas heterosexuales con problemas de fertilidad (se calcula que entre el 15% y el 20% de la población mundial los experimenta en distinto grado), como en el caso de parejas homosexuales y mujeres solteras. La demanda de la sociedad llevó a que las técnicas fueran incluidas en los sistemas de salud y que su implementación se democratizara. En la Argentina la ley nacional de reproducción asistida de 2013 estableció el acceso integral y gratuito a todos los tratamientos que pasaron a ser de cobertura obligatoria para el sector público, las obras sociales y las prepagas.
La oposición de la Iglesia Católica
La reproducción asistida conllevó la discusión de nuevas problemáticas desde el punto de vista ético y legal (como qué hacer con los embriones no utilizados o sobre la elección de los progenitores en el caso de las donaciones). Algunas van siendo saldadas, otras nuevas aparecen. Actualmente su utilización es algo completamente común y aceptado socialmente. Sin embargo no fue así para sus pioneros que fueron criticados con dureza por la sociedad científica y sectores religiosos. Debieron pasar décadas para que su trabajo fuera reconocido (Edwards recibió el Premio Nobel de Medicina en 2010, cuando Steptoe ya había fallecido). Se cuestionaba la calidad científica y la ética de sus investigaciones y el Consejo de Investigación Médica de Inglaterra se negó a financiarlos.
La Iglesia Católica jugó a favor de la “demonización” de estas tecnologías. Defendió con uñas y dientes su dogma reaccionario del “plan de Dios” que se veía jaqueado, reafirmando que para generar vida sólo es lícito el acto sexual entre varón y mujer, que hay vida desde la concepción y que todo embrión tiene derecho a la vida, los ejes que sigue defendiendo aún hoy. Hasta Francisco, el papa “progresista”, llama la atención sobre el descarte de embriones en lo que concibe como “cultura global del descarte”. Más de su doble moral permanente.
La institución más reaccionaria de la historia, que condenó los avances más espectaculares de la ciencia (como los casos emblemáticos de Galileo y Darwin), es socia del sistema capitalista imperialista en la explotación de los trabajadores y la violencia machista, volvió a oponerse a que las masas avanzaran en calidad de vida y en derechos. Cuarenta años después, sigue jugando el mismo rol retrógrado contra el aborto legal.
Una técnica para todo el mundo
Louise ha llevado la vida de millones de mujeres. Trabaja en una oficina de correo en Bristol, contrajo matrimonio y tuvo dos hijos que nacieron de manera natural. “Cuando nací me hicieron unas cien pruebas para comprobar que todo estuviera bien. Pero después me realizaron pocos estudios a lo largo de mi vida. No hay nada raro o diferente en mí ni en ningún otro niño nacido por fecundación in vitro”, declaró Louise en una entrevista que le realizaron en estos días (Perfil, 21/07/2018). Se considera una embajadora de la reproducción asistida, por lo que acepta participar de ceremonias, charlas y entrevistas en su apoyo. Una y otra vez repite que la técnica creada por los científicos ingleses está destinada a todas las parejas con problemas para concebir un hijo, independientemente de dónde vivan o de sus recursos económicos. “Mi madre y mi padre eran pobres. De hecho, cuando se fueron a vivir juntos dormían en un viejo vagón de tren”, contó el año pasado. “Bob Edwards tenía especial interés en que (esta técnica) fuera algo de lo que se beneficiara todo el mundo, no sólo los que pueden permitírselo”. (Fuente: El Periódico, edición Catalunya, 21/07/2018)