Mar 30, 2026 Last Updated 6:50 PM, Mar 30, 2026

Mercedes Trimarchi, referente de la agrupación Isadora y diputada electa por la provincia de Buenos Aires, participó del debate de las comisiones donde se está discutiendo el derecho al aborto legal, seguro y gratuito. A continuación reproducimos sus palabras.

Lo que estamos discutiendo es si se termina, de una vez por todas, con el aval que este Congreso le da al aborto clandestino.
Porque en nuestro país se producen medio millón de abortos por año. Las mujeres de todas las edades y de distintos sectores sociales abortan. Pero la ilegalidad del aborto hace que las mujeres ricas accedan en clínicas privadas a abortos seguros. Pero las mujeres pobres no. Y terminan con secuelas muy graves de salud e incluso terminan sin vida. Esa es la realidad que atravesamos las mujeres, que es desigual por el aborto clandestino.

El movimiento de mujeres está en las calles y viene protagonizando enormes luchas en el país y en el mundo. Así lo vivimos el pasado 8M en el segundo paro internacional de mujeres. Una histórica jornada en la que las mujeres -hartas-, dijimos basta. Basta de violencia contra nosotras, basta de querer dominar nuestro cuerpo. Basta de decidir por nosotras. Por eso, gritamos en esta plaza, ciento de miles de mujeres: aborto legal ya y en el hospital. Ese es nuestro reclamo, eso es lo que les exigimos a todos ustedes.

Exigimos que se respete el derecho a decidir sobre nuestros cuerpos. Exigimos que este derecho, que ya fue conquistado por la mayoría de las mujeres en el mundo, se respete en nuestro país. El 61% de la población mundial accede a la interrupción voluntaria del embarazo pero nuestro país queda afuera de ese porcentaje. Y las mujeres argentinas estamos condenadas al aborto clandestino por culpa de este gobierno y todos los diputados/as que, aunque se digan opositores al gobierno, actúan juntos. Todos los bloques: el macrismo, el PJ, el Frente para la Victoria y el Frente Renovador, están a favor del aborto clandestino. Y son los responsables de las cientos de mujeres pobres que mueren al año.

Ni Macri ahora, ni Cristina antes, respetan las decisiones y los derechos de las mujeres. Por eso se oponen a la legalización del aborto. Porque priorizan los acuerdos que tienen con la reaccionaria iglesia católica, que defiende a los curas abusadores y se opone al uso del preservativo y a la educación sexual en las escuelas y colegios. Es más, tal es el acuerdo que tienen los gobiernos con la iglesia que hasta la sostienen económicamente y le pagan sueldos a los obispos que no trabajan.

En relación con los distintos proyectos que hay en danza en el Congreso sobre el tema, quiero denunciar que son una maniobra que buscan confundir a la población. Desde el movimiento de mujeres apoyamos uno solo de todos los proyectos, que es el de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito. Que plantea que toda mujer tiene derecho a interrumpir un embarazo y que este derecho debe ser garantizado por el sistema de salud. Así de simple.

Por eso, estamos en contra de los proyectos que plantean solamente la despenalización. Eso es una trampa. Porque con la despenalización solo se logra que la mujer y el médico no vayan presos pero no se plantea la interrupción del embarazo como un derecho. Por lo tanto, no plantean que debe ser garantizado para todas las mujeres, sin importar su condición social. Por eso insisto en que solo la despenalización no resuelve el problema de acceso a la salud de las mujeres.

Tampoco estamos con los proyectos de ley que plantean la objeción de conciencia que obstaculizan el acceso a nuestros derechos y tampoco queremos falsos equipos interdisciplinarios que le digan a las mujeres que no abortan.

Nosotras queremos que se respete nuestra decisión. Así como lo planteamos en las marchas con una consigna muy simple que sintetiza nuestro reclamo: “La mujer decide, el Estado garantiza y la iglesia no se mete”. Y eso es lo que queremos y se lo exigimos a este Congreso. Que el gobierno garantice lo que nosotras decidimos. Y que nadie se meta en nuestra decisión.

Eso está expresado en el proyecto de ley de la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto y es el que apoyamos desde el movimiento de mujeres. Que es el que venimos presentando desde hace once años y que año tras año ustedes cajonearon. Por eso decimos basta y le decimos NO a cualquier maniobra que busque distraernos. Por eso, todos los martes como hoy, teñimos el Congreso de verde y levantando bien alto nuestros pañuelos que dicen educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar y aborto legal para no morir.

Escribe Mechi Beauvoir

Desde el primer #NiUnaMenos en la Argentina en 2015, las movilizaciones contra la violencia de género en sus diversas modalidades se han expandido por Latinoamérica y el mundo. En Chile, en 2016, la aparición de una joven de 28 años en la ciudad de Coyhaique, violada y brutalmente golpeada a la que le sacaron los ojos, generó movilizaciones en todo el país.

Este proceso se reactivó meses después con el brutal femicidio de una pequeña de 10 años en esta misma ciudad, en manos de su padrastro, que la descuartizó, quemó y enterró en su casa. En una misma semana en Puerto Montt, dos mujeres fueron asesinadas por sus ex parejas. El llamado de las mujeres argentinas a una nueva convocatoria de #NiUnaMenos ante el asesinato de Lucía Pérez en Mar del Plata, drogada, violada y empalada, impulsó una jornada internacional contra la violencia de género conocida como Miércoles Negro. En más de veinte ciudades de Chile se realizaron movilizaciones contra los femicidios, con consignas como “Disculpe las molestias pero nos están matando”. En este contexto surgió la Cofeu (Coordinadora Feminista Universitaria) como un espacio de coordinación de vocalías y secretarías de la mujer de las universidades.

En el marco del crecimiento del movimiento de mujeres, las chilenas lograron el año pasado conquistar el aborto por causales como el peligro de vida de las mujeres, la violación y la malformación del feto. El último 8M, en el marco del segundo paro internacional de mujeres, mostró la fuerza de las chilenas cuando miles marcharon en todo el país y surgió la coordinadora 8M, donde participan agrupaciones feministas, partidos políticos y organizaciones sociales. M.B.

 

Escribe Mechi Beauvoir

Cientos de secundarias de los liceos de mujeres se movilizaron a las puertas del Instituto Nacional en Santiago de Chile y tomaron simbólicamente la institución en repudio a la reproducción de las prácticas machistas. El detonante de esta movilización fue la difusión del buzo sexista que realizaron estudiantes de 4° año del instituto, con la frase “Quién fuera bisectriz para partirte en dos y altura para pasar por tu ortocentro”, que provocó la indignación de las estudiantes.

El Instituto Nacional es una de las escuelas secundarias de hombres más importantes del país conocida por la transmisión institucional de la naturalización del machismo, el acoso callejero y la violencia de género. Días atrás, el Instituto Nacional estuvo en la polémica a partir de la repudiable representación teatral de una violación grupal en alusión al caso de “la Manada” y por la denuncia de abuso sexual de una trabajadora de limpieza por parte de estudiantes del colegio.

 

Escribe Mechi Beauvoir

La lucha de las mujeres chilenas está en pleno ascenso. Cerca de veinte universidades y más de quince colegios se encuentran bajo tomas feministas hace más de un mes contra la violencia sexual y por una educación no sexista. Con epicentro en las universidades, se inició una movilización de carácter nacional que pone al descubierto prácticas naturalizadas en la sociedad patriarcal. En Chile, las tomas marcan un antes y un después en la perspectiva del movimiento de mujeres del país. Desde la agrupación Isadora participamos llevando solidaridad a esta histórica pelea.

 “¡Alerta, alerta machista, que todo el territorio se vuelva feminista!” fue uno de los principales cánticos de la masiva movilización en las calles de Santiago de Chile el miércoles 16 de mayo. Más de 200.000 personas salieron a las calles en todo el país en el marco de la lucha nacional contra la violencia de género. Es que Chile se encuentra convulsionado por la rebelión de las mujeres. Miles discuten qué es el feminismo y las problemáticas que sufren las mujeres producto del capitalismo patriarcal. El movimiento “MeToo” (Yo también) de denuncia a la agresión y violencia sexual ha penetrado las fibras más íntimas de la sociedad chilena.
 
Las tomas feministas

Las chilenas han resignificado un método de lucha iniciando tomas feministas. Es la primera vez en la historia que se utilizan paros y tomas con un perfil que excede la lucha estudiantil y se centra en las problemáticas de la mujer. Este movimiento se venía gestando con el surgimiento de espacios de base y círculos de mujeres donde llegaban casos de violencia sexual. Desde allí se venían problematizando los protocolos de acoso y abuso sexual ante el encubrimiento de las autoridades a abusadores y violentos.

La primera toma se inició en la Universidad Austral en Valdivia y luego se propagó por el país. Pegó un salto con el ingreso de la Universidad de Chile, una de las de mayor peso político. Pero el proceso es tan fuerte que han entrado universidades católicas donde no existe una tradición de lucha y muchas de sus autoridades son curas. Las secundarias de los liceos se adhirieron al movimiento reclamando el fin del acoso y un cambio integral del sistema educativo con perspectiva de género.  

Las tomas feministas tienen distintas modalidades. Algunas son de carácter separatista, donde participan solo mujeres, como una forma de protección a las compañeras de los violentos y abusadores. Otras son mixtas, donde los hombres se encargan de las tareas organizativas y las mujeres son la dirección política.  

Más allá de las modalidades, todas tienen elementos en común: una organización democrática a través de asambleas dirigidas políticamente por mujeres. Cada facultad posee representantes y voceras que llevan las posiciones tomadas colectivamente. Asimismo, el movimiento refleja una crisis de los partidos que tradicionalmente han dirigido al movimiento estudiantil como el PC y el Frente Amplio.
Ante la existencia de tomas separatistas, muchos han dirigido la atención sobre la existencia de un supuesto feminismo radical, que plantea la salida de la desigualdad sobre una “guerra entre hombres y mujeres”. Sin embargo, las mujeres en lucha plantean un feminismo que apunta a la igualdad entre las mujeres y los hombres.

El gobierno de Piñera no puede dar respuesta

Luego de la movilización, las estudiantes dejaron en claro que no había nada que conversar con el gobierno. Es que ante la radicalización del movimiento, el gobierno de Piñera no puede dar una respuesta sin soltarle la mano a varios hombres de gran peso político involucrados en abusos sexuales, como el profesor Carmona, de la Universidad de Derecho de Chile. Asimismo, las declaraciones del ministro de Educación Varela, que habló de “pequeñas humillaciones” al referirse a los casos de abuso sexual, no hicieron más que echar leña al fuego.

Las perspectivas de la lucha feminista

Este fin de semana se realizó un encuentro regional en la Universidad de Santiago de Chile con el objetivo de convocar un encuentro nacional de mujeres. La lucha feminista pegó un salto en Chile, por su extensión se plantea la necesidad de una coordinación para avanzar en un plan de lucha nacional por los derechos de las mujeres que una a las estudiantes con las trabajadoras, las mapuches y las mujeres de los sectores populares contra toda forma de opresión y explotación producto del capitalismo patriarcal. 

Escribe Mechi Beauvoir

El pasado viernes, miles de mujeres colmaron las calles de Santiago de Chile al grito de “¡No es no! ¿Qué parte no entendieron, la N o la O?”. Es que hace más de un mes la rebelión feminista contra la violencia sexual está haciendo temblar a Chile. Las estudiantes, con el apoyo de sus profesoras, hartas de sufrir todo tipo de violencia de género, decidieron tomar las universidades como forma de protesta contra los abusos y violaciones que sufren por parte de estudiantes, docentes y autoridades universitarias. Son más de veinte las universidades tomadas o en paro y cada día se suman más. Los colegios y liceos comienzan también a movilizarse con las mismas demandas.

El inicio de este histórico movimiento se inició en la Universidad Austral de Valdivia, luego de que trascendiera que un docente, acusado de acoso sexual a una funcionaria, sería despedido y por ello recibiría una millonaria indemnización. Este hecho detonó la bronca y la toma de las dos sedes de la institución. Dos semanas después se sumó la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile. La toma de una de las universidades más importantes del país ya lleva más de dieciséis días para exigir la destitución del profesor -y ex presidente del Tribunal Constitucional- Carlos Carmona por acoso sexual a una mujer.

Las banderas con frases como “hermana, yo sí te creo” y “queremos espacios seguros para todas” recubren las entradas de las facultades. Miles de mujeres se organizan y discuten en asambleas masivas un plan de lucha contra la violencia de género. Los principales reclamos que levanta este movimiento son la exigencia de protocolos para casos de violencia de género, que se reconozcan sus denuncias y que les permitan defenderse de los acosos y abusos de estudiantes, profesores y funcionarios. Otra de la demandas centrales es por una educación no sexista que incluya de manera transversal en los planes de estudio una perspectiva de género.

Esta histórica lucha se enmarca dentro del ascenso del movimiento de mujeres en el mundo. Desde la agrupación de mujeres Isadora llamamos a la más amplia solidaridad con la lucha de las mujeres chilenas y a apoyar las tomas feministas y las demás medidas para acabar con toda forma de violencia de género y terminar con el capitalismo patriarcal.

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