Jun 23, 2024 Last Updated 12:09 PM, Jun 20, 2024

Este 24 de marzo trae aparejado una carga simbólica ejemplar para los trabajadores argentinos y en particular para los militantes revolucionarios. Se conmemora un nuevo aniversario del golpe y al mismo tiempo se cumplen 4 décadas de “democracia” ininterrumpida. Hace ya 40 años Alfonsín ocupaba la escena política Argentina inmortalizando la frase “Con la democracia se come, se cura y se educa”, frase que condensaba las aspiraciones de una clase trabajadora que votó masivamente al radicalismo con la esperanza de culminar una etapa de crisis, terror y muerte. Hoy tenemos un país con casi un 40% de pobres, de entre los cuales casi 6 millones son niñes, nos obliga a revisar el devenir de las promesas de la llamada “primavera alfonsinista” y los gobiernos posteriores, pero antes, es meritorio hacer un breve recorrido por las razones históricas del golpe del 76.

LA HERENCIA DE LA DICTADURA Y LOS GOBIERNOS DEMOCRÁTICOS

El retorno democrático, arrancado en gran medida por la movilización de masas, suponía el comienzo de una nueva etapa de recuperación y desarrollo nacional. El problema es que los males sociales asentados por la dictadura militar no solo no se acabaron, sino que se acentuaron. La desocupación estructural, el vaciamiento de la salud, la educación y las empresas públicas, la dependencia y el endeudamiento externo, solo se profundizaron con el paso de los sucesivos gobiernos. Más allá de las coyunturas y de las formas, los gobiernos posteriores a la dictadura solo nos hundieron más en la miseria y en la decadencia. Ninguno de los gobiernos posteriores, casi todos peronistas menos el de Alfonsín en el '83,  el de La Alianza desde el '99 al 2001,y el de Macri de 2015 a 2019 rompió la herencia económica de la dictadura representada en la deuda externa y en el ataque permanente a los derechos laborales. Es importante entender que todos los gobiernos de la democracia, con sus diferentes particularidades, son representantes de la misma clase social impulsora del golpe.
Por otro lado, si bien la lucha de los organismos de derechos humanos, la militancia, los intelectuales y gran parte de la sociedad argentina, conquistó el juicio a las juntas y logró el enjuiciamiento de la mayoría de las cúpulas militares, ni Alfonsín ni ningún gobierno posterior fue a fondo con un verdadero plan para esclarecer y juzgar los crímenes de la dictadura. Alfonsín terminó dictando las leyes de Punto Final y Obediencia Debida y el menemismo los indultos.
Más acá en el tiempo, el Kirchnerismo se enarboló en las consignas de los derechos humanos, teniendo como mano derecha en materia de seguridad a personajes de la talla de Milani, quien fue un represor y torturador durante el operativo Independencia (proceso antecedente a la dictadura militar) y continuó en funciones durante la dictadura; tampoco el Kirchnerismo abrió los archivos de la dictadura, uno de los reclamos históricos de los organismos de Derechos Humanos.
Macri retomó un nuevo ataque contra los derechos humanos aplaudiendo leyes como la del 2x1 a los genocidas y Alberto llamó a “dar vuelta la página” para con las fuerzas armadas responsables del golpe.

LUEGO DE MÁS DE 4 DÉCADAS ¿CUÁL ES EL BALANCE NECESARIO?

La dictadura militar no solo dejó un saldo de 30.000 compañeros desaparecidos y alrededor de 500 bebés apropiados. Como ya dijimos, dejó un camino de sometimiento y miseria que traza un hilo de continuidad entre todos los gobiernos constitucionales. Hoy en día vemos a personajes como Milei negando el número de desaparecidos y el genocidio perpetuado por el aparato represivo al mismo tiempo que demoniza a los luchadores sociales, y no es una coincidencia. Los nuevos liberales fascistoides expresan con total contundencia la relación intrínseca entre los programas económicos de mayor ataque a la clase trabajadora y la necesidad de reprimir a la vanguardia del movimiento obrero y a la izquierda. En ese sentido debemos ser contundentes, el programa económico y político de Milei no es realizable sin un proceso de represión equiparable al de la dictadura, son sus continuadores más directos.
Como militantes revolucionarios tenemos la tarea de marcar la vigencia de la lucha setentista, continuando el legado de nuestros mártires desaparecidos, torturados y asesinados en la lucha por el socialismo. Desde Izquierda socialista, esto lo hacemos construyendo un partido que retome la tarea histórica por la que murieron nuestros compañeros y que recordamos cada 24 de marzo, la construcción de una Argentina y un mundo socialista.

Escribe Huilen Retacchi, Artes UNC

Cada vez que se acerca un nuevo 24 de marzo comienza a retumbar la famosa frase de Alfonsín que vitoreaba que “con la democracia se come, se cura y se educa”. Tomaremos, en este caso, uno sólo de estos aspectos.

Lejos de aquel discurso, los gobiernos de la democracia han hecho poco y nada por garantizar un verdadero derecho a la salud, y los trastornos mentales se vuelven, en muchos casos, una cárcel, una tortura.

Es que el capitalismo es incubadora de las más diversas enfermedades. Según la OMS una de cada cuatro personas se verá afectada en su vida por un trastorno mental.

El aumento del desempleo, la sobrecarga de trabajo y la inflación comiendo nuestros salarios genera ansiedad y depresión. Ni hablar de las adicciones que son fomentadas por las grandes empresas alcoholeras, tabaqueras y del narcotráfico.

¿Qué hacen los gobiernos ante este panorama?

Defienden las ganancias sin preocuparse por la salud de las mayorías populares e incumplen la Ley de Salud Mental conquistada en 2010.

Las premisas de la ley NO se cumplen. Los turnos con psicólogos y psiquiatras son discontinuos o inexistentes. Lo único que nos queda es recurrir a los altos costos de los consultorios privados. Ni las obras sociales proveen atención gratuita y cada día son más lxs profesionales que las abandonan por las demoras en los pagos.

Según la ley, el 10% del presupuesto en salud debería destinarse a la salud mental. En 2021, por ejemplo, sólo se destinó el 1,21%.

La Ley también plantea el cierre de los manicomios para que quienes necesiten internaciones lo hagan en hospitales desde una mirada interdisciplinaria y en contacto con familiares y amigxs. Sin embargo los manicomios siguen funcionando en condiciones insalubres, de violencia, con violaciones de los derechos humanos y con usuarixs obligadxs a continuar sus internaciones bajo amenazas y de carácter crónicas dado que la mayoría padecen graves problemas sociales y habitacionales.

En la juventud estos aspectos se ven cada vez más agravados ya que somos el sector que más sufre la precarización, las presiones académicas y la destrucción ambiental. Nuestro futuro está en jaque generando que los suicidios juveniles crezcan. Ante esto, los defensores del capitalismo, desde el kirchnerismo hasta Milei nos dicen que el sistema capitalista es la “única opción”, que "hay que conformarse". Lxs socialistas revolucionarios sabemos que se trata de un sistema totalmente irracional y que hay que luchar por que se inviertan las prioridades. Empezar por dejar de pagar la deuda externa y poner esa plata en la salud. Seguir peleando por un mundo sin explotación, ni opresión. Por un futuro que merezca la pena ser vivido.

Escribe Lautaro Tochi dirigente Juventud Izquierda Socialista

En los últimos años han aparecido figuras de la extrema derecha que hacen recordar a las épocas más terribles de nuestra historia. Algunos ejemplos son Bolsonaro, Kast, Fujimori o el propio Milei en Latinoamérica; Trump en EEUU, Le Pen, Meloni, Vox o Viktor Orban en Europa.

Hablando mal y pronto, fachos han existido siempre, pero lo novedoso es que vienen surgiendo una serie de movimientos que encuentran espacios propicios para expresar y replicar sus ideas, haciendo mella en un sector descontento de la clase trabajadora y de la juventud, corriendo la agenda hacia derecha y llegando a ser gobierno en algunos casos.

Sin dudas se trata de vertientes políticas muy peligrosas que lejos de encarnar “algo nuevo” representan lo más reaccionario del sistema con planteos que son profundamente antiobreros, machistas, misóginos, xenófobos, negacionistas de la crisis ambiental y negacionitas/apologistas del terrorismo de Estado.

Las bases materiales podemos encontrarlas en la profunda decadencia del capitalismo y el fracaso de las distintas expresiones políticas del sistema. Vivimos en un mundo totalmente desigual donde las 8 personas más ricas del mundo tienen más riqueza que la mitad de la población mundial.

En la etapa actual del imperialismo las fuerzas productivas no sólo no se desarrollan, sino que se están destruyendo. Los innegables avances en ciencia y tecnología en manos de gobiernos capitalistas lejos están de ser utilizados para mejorar la vida de las personas, sigue habiendo guerras y se siguen aplicando planes de ajuste y saqueo.

El resultado de esto es, lisa y llanamente, que la gente está harta. Porque llegar a fin de mes es una terrible odisea, porque conseguir un trabajo estable se ha vuelto un privilegio o pensar en tener una vivienda propia es un sueño cada vez más lejano. La indignación de millones es contra los partidos y políticos del régimen que no dan respuestas a estas problemáticas. Esa desconfianza se la han ganado tanto los partidos de la derecha tradicional como los autodenominados progresistas que han gobernando y/o gobiernan reduciendo los salarios, aplicando represión contra luchadores y pactando con multinacionales saqueadoras.

En esas traiciones se encuentra el caldo de cultivo para que vuelvan a resurgir variantes ultraderechistas o neofascistas que, apoyados en los sectores más regresivos del sistema, encarnan la bronca de amplias franjas de trabajadores y jóvenes que no encuentran rumbo.

Pero no se trata de una “ola conservadora” o la “vuelta del fascismo” a secas como pregona un sector del progresismo. Expresiones como Trump y Bolsonaro no pudieron aplicar a fondo la política que pretendian, de hecho, tras su primer mandato, salieron repudiados masivamente pasando por movilizaciones como el Ele Nao o la rebelión antiracista desatada por el asesinato contra George Floyd. Incluso salieron debilitados de las intentonas golpistas que sus “fanáticos” encabezaron tanto en el Capitolio como en Brasilia.

La lucha de clases sigue siendo definitoria en la política mundial y muchas experiencias recientes demuestran, por un lado, que la clase trabajadora, las mujeres y la juventud están dispuestas a salir a luchar; y por el otro, que no hay lugar para medias tintas o reformas parciales, por lo tanto la tarea principal pasa por construir organizaciones propias de la clase trabajadora y los sectores oprimidos que sean capaces de superar a las direcciones traidoras y que se apoyen en el peso de la movilización para rechazar estas variantes reaccionarias e impulsar un programa socialista en camino a cambiar este sistema podrido, poniendo los principales resortes de la economía al servicio de las necesidades humanas.

Escribe Pili Barbas, dirigenta Nacional Juventud Izquierda Socialista

En los últimos años en nuestro país han tomado peso expresiones reaccionarias de derecha que llegan a negar y reivindicar lo que fue la etapa más oscura con la última dictadura militar. Recordamos discursos de Mauricio Macri o Patricia Bulrich que llega a desconocer que fueron 30.000, abonando al discurso de los “dos demonios”. Javier Milei es otro defensor de la dictadura, que llego a ser asesor de Bussi quien fue un genocida. Además de respaldar a ultra derechistas con Vox y Trump, y apoyar a Bolsonaro y sus acciones golpistas en enero de este año.

Es preocupante como en un sector de la clase trabajadora y especialmente en un sector de la juventud entran estos discursos maquillados de ideas de “libertad” o contra la “casta”. Hay que ser claros la defensa por los derechos humanos debe ser una de las principales bandera que levante la juventud en nuestro país y en todo el mundo.

Las dictaduras genocidas son orquestadas para aplastar a la clase trabajadora y la juventud. No hay salida para la miseria que vivimos día a día de la mano de más represión y mano dura. La única salida es la organización y la pelea en las calles por las conquistas de nuestros derechos, hasta lograr tirar de una vez por todas sistema capitalista que nos oprime y explota. Por eso, ante el avance de estos sectores reaccionarios, necesitamos ser miles en las calles el 24 de marzo.

Y sin olvidar que en estos años de democracia también hubo desaparecidos, como Julio Lopez. Luciano Arruga, Santiago Maldonado, Facundo Castro y Tehuel. Y que todos los gobiernos radicales y peronistas también mantuvieron figuras nefastas en el poder como Milani o Berni. Por eso la única salida es la organización por izquierda.

Porque no olvidamos, ni perdonamos. Seguimos marchando de la mano del Encuentro Memoria Verdad y Justicia con los sectores independientes de los gobiernos, que no bajaron los brazos contra la impunidad de ayer y de hoy.

Escribe Joaquín Caporale, Izquierda Universitaria - Psicología UNLP

Año tras año nos encontramos luchando y debatiendo entre compañeres lo difícil que se nos hace poder seguir estudiando en la escuela sin trabajar o poder cursar en terciarios o universidades: es imposible costearnos una compu, internet, las fotocopias para estudiar, ir hasta la facultad o el colegio a cursar, etc. Encima si conseguimos laburo es precarizado, mucho esfuerzo y ganamos poco. Con horarios que se nos hace imposible estudiar.

Les estudiantes y les pibes dimos muchas luchas importantes: por el boleto estudiantil, por becas integrales, por comedores para revertir esta situación. Tuvimos triunfos, como también represalias de los gobiernos que no quieren que conquistemos nuestros derechos. Hagamos un poco de historia.

En la década del ‘60 hubo luchas estudiantiles contra la dictadura de Onganía, que intentaba imponer la apertura de universidades privadas y recortes presupuestarios. En el ‘66, sucedió “La noche de los Bastones Largos”, donde la policía irrumpió en cuatro facultades de la UBA (Exactas y Naturales, Arquitectura, Filosofía y Letras e Ingeniería) reprimiendo a estudiantes y docentes. En el 69 fue el Cordobazo, donde obreros y estudiantes salimos juntos a la calle a repudiar a la dictadura.

En 1975 se dió una fuerte lucha por el boleto estudiantil. Les estudiantes habían sido protagonistas de la conquista del boleto educativo contra el gobierno de Isabel Perón. Pero en la noche del 16 de septiembre de 1976 un grupo de estudiantes secundaries fueron secuestrades, torturades y desaparecides en La Plata por la Policía Bonaerense de la mano de Ramón Camps y Etchecolatz. La conocida como “La noche de los lápices”. Año en el que comenzó la dictadura militar genocida de Videla que persiguió a docentes y estudiantes, para amedrentar la camada que había surgido de aquel Cordobazo en 1969.

Les estudiantes y les jóvenes fuimos protagonistas de muchísimas luchas más en los 80, en los 90, en el Argentinazo de 2001. Contra la dictadura genocida, contra la impunidad, contra el ajuste y la privatización de la educación pública. Y tantas otras.

Más cercano en el tiempo, en el 2018, se dió la toma de más de 50 facultades a nivel nacional: una ran rebelión estudiantil que peleó por el aumento de salario docente, más presupuesto, becas y condiciones dignas de cursada. En Córdoba, fueron veintisiete estudiantes procesades por la ocupación pacífica del Pabellón Argentina de la UNC. La causa judicial que inició con el gobierno de Macri, hoy continúa bajo el gobierno de Fernández con la complicidad de las autoridades universitarias, criminalizando a les estudiantes.

A lo largo de la historia, vemos ataques a la educación pública, pero también nuestra resistencia y lucha.

En este marco aparecen sectores reaccionarios como Milei que se dicen defensores de la “libertad”, pero reivindican la dictadura militar y la represión: como sucedió en el ‘66, en el ‘76 o procesando a les estudiantes que luchan en 2018. Piden "bala o cárcel" si peleamos por defender la educación pública o pedimos aumento de salario.

Encima para este 2023, tanto el Frente de Todos como Juntos por el Cambio pactaron un ajuste del 15% en educación. No hay diferencias a la hora de priorizar el pago de la deuda externa y al FMI antes que nuestros derechos.

Nosotres tenemos que seguir organizándonos y luchando. Desde la Juventud de Izquierda Socialista en el Frente de Izquierda Unidad rechazamos el ajuste al servicio del FMI del gobierno nacional de Alberto y Cristina, y denunciamos a las federaciones, centros de estudiantes y a los sindicatos, que están en manos de la Franja Morada (UCR), el kirchnerismo y el peronismo que son cómplices de dejar pasar este brutal ajuste y las persecuciones a nuestres compañeres que luchan.

¡Aumento de presupuesto para educación! ¡Becas integrales! Boleto educativo ya.
Que se abran los archivos de la dictadura.
Absolución a les compañeres de la UNC.

Nuestro semanario. En el que te acercamos el reflejo de las luchas del movimiento obrero, las mujeres y la juventud, además un análisis de los principales hechos de la realidad nacional e internacional.

Es una herramienta fundamental para fortalecer a Izquierda Socialista y al Frente de Izquierda.

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