
Escribe Pilar Barbas, dirigenta de Juventud de Izquierda Socialista/FIT Unidad
El estreno de la serie basada en el comic de Héctor Oesterheld es una sensación mundial. Ciencia ficción en clave argenta y una reivindicación al héroe colectivo más que necesaria en estos tiempos.
Esta adaptación a formato audiovisual hecha por el cineasta Bruno Stagnaro (mismo director de Okupas) dejó sorprendidos tanto a quienes disfrutaron de la historieta en su edición gráfica, como a las nuevas generaciones que no la conocían.
Héctor Germán Oesterheld creó en 1957 un verdadero ícono de la ciencia ficción: El Eternauta. Esta obra, con las ilustraciones inolvidables de Francisco Solano López, no solo marcó un antes y un después en el género, sino que se transformó con el paso de los años y en sus diversas ediciones en un símbolo potente de la lucha colectiva y la resistencia popular.
El Eternauta no es simplemente una historia de ciencia ficción; refleja la preocupación social y política de su tiempo, y encarna la solidaridad frente a las adversidades. Esta obra trascendió la literatura para convertirse en un emblema cultural y político, especialmente relevante en un contexto de creciente represión y autoritarismo en Argentina.
La militancia política de Oesterheld y la de sus hijas, lo llevó a ser víctima de la dictadura militar, que desapareció a él y a gran parte de su familia, intentando borrar su voz y su legado.
En la historia, el enemigo invisible se materializa mediante una nieve tóxica que cae sobre la ciudad. Esta imagen puede interpretarse simbólicamente: ese enemigo invisible puede ser la dictadura, el imperialismo o, en nuestra actualidad, los fenómenos de ultraderecha. La historia habla de un sistema opresor contra el que nadie puede luchar solo para vencerlo, es necesaria la organización colectiva.
Stagnaro trajo a El Eternauta a los tiempos que corren pos pandémicos, donde por el aislamiento se consolidaron los discursos individualistas. El personaje de Juan Salvo (el protagonista) introduce, desde el terreno de la ficción, una épica de la solidaridad. En un mundo asolado por una amenaza invisible, no hay salvación posible si no es con otras y otros. Y choca de frente con el modelo libertario adoptado por un sector juvenil, especialmente de varones. Que una ficción de este alcance empiece a hacer mella en esos discursos individualistas es fundamental. Pero la adaptación no se queda sólo ahí. La analogía con la Guerra de Malvinas, donde Juan Salvo, es un ex combatiente y donde se hacen varios guiños a esta premisa, es una mirada más que importante para una serie que tiene repercusión mundial. Que esta versión llegue desde una plataforma global y dialogue con símbolos tan profundos es una gran apuesta política. Convertir a Juan Salvo en un ex combatiente es una forma de rendir homenaje a quienes combatieron y fueron invisibilizados o descartados y realza la lucha por la soberanía de las Islas contra el discurso del gobierno de Javier Milei.
La musicalización, a cargo de Federico Jusid, fue acompañada por clásicos de Mercedes Sosa, Intoxicados, Gustavo Cerati y también El Mató a un Policía Motorizado. La cultura argentina mediante el lenguaje, los chistes, el truco, el tren, hasta Puente Saavedra, son decisiones fundamentales para situar la serie. Sin dudas, una serie de este calibre disponible en Netflix, resalta la importancia del cine nacional y de una industria cinematográfica que el gobierno de Milei ningunea y desfinancia brutalmente. La gran mayoría de lxs actores, actrices y realizadores surgieron o trabajan en la industria cinematográfica argentina. Por eso, frente a una producción de este nivel, se vuelve aún más evidente la necesidad de seguir peleando en defensa de la cultura nacional y el Incaa.
Otra premisa interesante para resaltar en la adaptación de Stagnaro es el rol de las mujeres. En comic original, Elena y Clara tenían poca participación mientras que en la serie los personajes femeninos son motor de la serie en muchos casos. Esa relectura pos cuarta ola feminista es un acierto. Un homenaje más que simbólico si se tiene en cuenta la lectura que atraviesa toda la obra: la lucha colectiva que, en su vida real, tuvo consecuencias trágicas. Oesterheld no fue solo desaparecido por la dictadura, también lo fueron sus cuatro hijas, todas militantes de la Juventud Peronista, perseguidas por esa militancia.
Es imposible leer El Eternauta (más aún, ver esta nueva adaptación) sin pensar en esta dimensión profundamente personal y política. Por eso traer al presente a Oesterheld no es solamente recuperar a un gran guionista o a un clásico de la ciencia ficción. Es, también, un acto de memoria activa. Una forma de hacer presente una histórica lucha que hoy más que nunca interpela a las nuevas generaciones a preguntarse qué significa resistir, organizarse y pelear contra este sistema opresor.
Celebramos la obra de Oesterheld y su gran adaptación en manos de Stagnaro. Será otro emblema y un puntapié que demuestra cómo la cultura puede trascender y ofrecer una salida política en momentos en que la “nieve invisible” parece arrasar con todo. El Eternauta será recordado como un símbolo poderoso de este tiempo.

Escribe Pilar Barbas, dirigenta de Juventud de Izquierda Socialista/FIT Unidad
La persecución a la familia Oesterheld fue uno de los episodios más atroces y dolorosos que evidencian el verdadero alcance del horror que desató el terrorismo de Estado en nuestro país durante la última dictadura militar. El 27 de abril de 1977, Héctor Germán Oesterheld fue secuestrado por las Fuerzas Armadas en la ciudad de La Plata. Para ese momento, su familia ya había sido brutalmente golpeada: sus cuatro hijas, Diana (24), Estela (25), Beatriz (19) y Marina (18), todas militantes políticas, habían sido previamente desaparecidas y asesinadas. Dos de ellas, Diana y Marina, estaban embarazadas al momento de su secuestro, lo que añade una dimensión aún más cruel al crimen cometido por la dictadura.
Oesterheld fue perseguido no solo por su militancia en Montoneros, sino también por el contenido político de su obra, que incomodaba a los poderes de turno. Su biografía del Che Guevara, su reinterpretación cada vez más comprometida de El Eternauta (una historieta que con el paso del tiempo se transformó en una metáfora de la resistencia frente al autoritarismo) y su inquebrantable defensa de las luchas populares, lo convirtieron en un blanco directo del aparato represivo.
Él era un militante que eligió narrar desde el lugar de los oprimidos; escribió y militó con la convicción de que la palabra podía ser también una forma de lucha. Esa elección fue lo que selló su destino y el de su familia.
Hoy, recuperar su figura tiene un doble valor. Por un lado, permite disputar el sentido de la memoria frente al avance del negacionismo que promueve el gobierno de Javier Milei, que desprecia a las víctimas del terrorismo de Estado y busca relativizar los crímenes de la dictadura. Por otro lado, pone nuevamente en el centro la necesidad urgente de encontrar a lxs nietxs apropiadas. La semana del estreno de la serie, las llamadas a Abuelas de Plaza de Mayo se sextuplicaron. Un dato tan conmovedor como potente: visibilizar estas historias no es solo un acto cultural, es una herramienta concreta para la búsqueda de verdad y justicia.
Por eso aún reclamamos la apertura de todos los archivos de la dictadura. No se trata sólo de memoria, sino de encontrar a lxs nietxs, incluyendo los de Oesterheld.

Escribe Pilar Barbas, dirigenta de la Juventud de Izquierda Socialista/FIT Unidad y Secretaria FUA
El Sistema Argentino de Créditos Universitarios (Sacau) es una reforma curricular impulsada por el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN) y aprobada durante el gobierno peronista de Alberto Fernández. Sobre ese proyecto, aprobado en 2023, actualmente avanzan el CIN, la ministra de Capital Humano Sandra Pettovello y el presidente Javier Milei, con el objetivo de profundizar la motosierra sobre la universidad pública y gratuita, en el marco de un plan que pretende implementarse antes de 2027.
Un proyecto que propone reconocer, en forma de “créditos”, el tiempo de estudio que lxs estudiantes dedican a una materia (como si ese tiempo pudiera cuantificarse del mismo modo para todxs) y que promueve planes de virtualización, trasladando horas fuera del espacio áulico. Todo esto bajo la premisa engañosa de impulsar titulaciones intermedias que supuestamente ayudarían a que lxs estudiantes terminen sus carreras en menos tiempo. ¿Pero qué es lo que este plan realmente esconde? Seamos clarxs.
Si realmente se quisiera abordar la problemática curricular de nuestras carreras y la manera en que lxs estudiantes que trabajamos podemos acceder a finalizarlas, la discusión sería otra. Habría que garantizar financiamiento para salarios dignos para docentes y no docentes, lo que permitiría ampliar los horarios de cursada; otorgar becas integrales, implementar un boleto educativo nacional y asegurar todas las condiciones necesarias para que podamos terminar nuestras carreras de grado. Esa debería ser la premisa fundamental. En cambio, esta reforma pretende aislar aún más a lxs estudiantes y reducir los horarios de lxs docentes frente a los cursos, en un contexto en el que ya están siendo expulsadxs de nuestras universidades por la falta de salarios.
Una reforma de este tipo, impulsada por el gobierno libertario, no puede traer nada bueno para nuestras carreras. El problema de fondo es claro: ¿vamos a discutir el desfinanciamiento presupuestario que hoy asfixia a nuestras universidades, mientras se destinan miles de millones para pagarle al FMI?
Mientras tanto, se aprovecha para profundizar reformas que atentan contra el acceso a la educación pública y gratuita. Al igual que lo hizo el menemismo con la nefasta Ley de Educación Superior (LES) y la creación de la Coneau, hoy buscan avanzar sobre nuestras currículas para imponer posgrados pagos y abrir paso a la privatización de la educación. Ese es el verdadero plan del gobierno facho de Milei.
Por eso, tenemos que organizarnos contra la implementación del Sacau. Necesitamos asambleas interclaustros de estudiantes, docentes y no docentes que discutan los planes de estudio, y que definan cómo defender la universidad pública desde abajo.
Sigamos impulsando instancias de organización y luchando por la democratización real de nuestras universidades.

Escribe Mercedes Trimarchi, diputada Izquierda Socialista/FIT Unidad CABA
Hace una década surgió un grito colectivo: #NiUnaMenos. En las inmediaciones del Congreso, el 3 de junio de 2015, miles nos movilizamos para decir: ¡Paren de matarnos! Así comenzaba un movimiento de lucha masivo protagonizado por mujeres que buscaba visibilizar la violencia de género producto de una sociedad desigual capitalista y patriarcal.
El detonante fue el femicidio de Chiara Pérez, una adolescente de 16 años, oriunda de la localidad de Rufino, Santa Fe. Ella estaba embarazada y su novio, Manuel Mansilla, la mató y la enterró en el patio de su casa. Un día después, la periodista Marcela Ojeda, conmovida por el hecho escribió en su cuenta de Twitter: “¿No vamos a levantar la voz? Nos están matando”. La retuitea la escritora y periodista, Florencia Etcheves quien con una decena de periodistas mujeres llaman a concentrarse frente al Congreso el 3 de junio. En esa jornada histórica se leyó un documento en el que se sintetizaron reclamos como la exigencia de presupuesto para la Ley de erradicación de la violencia hacia las mujeres que había sido sancionada en 2009 y la necesidad de que haya un registro oficial de los femicidios. El texto fue leído por la historietista Maitena, la actriz Érica Rivas y el actor Juan Minujín frente a una multitud de personas que se acercaron a decir #NiUnaMenos.
Una década de luchas contra la violencia de género
Aquel 3 de junio de 2015 fue un hito para la historia de la lucha feminista en nuestro país. Allí comenzó a visibilizarse masivamente la particularidad de la violencia hacia las mujeres, que no es solamente física sino también económica, simbólica, psicológica y sexual. También a reconocerse la figura del femicidio, hasta el momento nombrado sólo por el activismo: cuando un varón mata a una mujer por el hecho de ser mujer. Esa potestad de los hombres con base en el patriarcado, un sistema de jerarquías milenario que establece el dominio masculino sobre las mujeres y disidencias sexuales.
A partir de ese momento, nuestros reclamos contra la violencia machista y por nuestros derechos contra las desigualdades de género comienzan a tener mayor visibilidad. El #NiUnaMenos trasciende fronteras y Latinoamérica se pinta de violeta. Son los años de los Paros Internacionales de Mujeres, de las asambleas feministas, de los pañuelazos y de la #MareaVerde por el derecho al aborto. Así entramos a surfear la cuarta ola de luchas feministas en nuestro país. A nivel global, se dieron grandes movilizaciones protagonizadas por mujeres. En Estados Unidos contra la misoginia de Donald Trump (Women’s march) y el movimiento #MeToo (Yo También) contra los abusos sexuales de reconocidos actores y magnates de la industria cinematográfica como Harvey Weinstein. En el Estado español, el paradigmático caso de “La Manada” conmovió al país. Un grupo de cinco jovenes que se filmaron violando en grupo a una chica durante las fiestas de San Fermín, que fueron condenados por abuso sexual y no por violación despertó la indignación de miles que salieron a las calles bajo el lema “No es abuso, es violación” que obligó a revertir el fallo de la justicia y más tarde a cambiar las leyes españolas.
En Argentina, con la movilización además de la condena social a la violencia machista, se lograron algunos cambios legislativos y programas específicos de atención a estas problemáticas. Por ejemplo, la oficina de la mujer de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) comenzó a contabilizar los femicidios a través de un registro oficial que antes eran realizadas solo por organizaciones civiles. En 2016 se publicó una Guía para el tratamiento mediático responsable de casos de violencia contra las mujeres con una serie de recomendaciones para comunicar en los medios estos hechos. Se incorporaron contenidos ligados a la violencia de género y a los noviazgos violentos en la Educación Sexual Integral (ESI). Se elaboraron protocolos para abordar situaciones de violencia de género dentro de las instituciones educativas y sindicatos. En 2018 se sancionó la Ley Brisa, que establece un régimen de reparación económica para hijas e hijos de víctimas de femicidios, y la Ley Micaela, para capacitar obligatoriamente en temáticas de género a todas las personas que se desempeñen en la función pública. Por primera vez, en 2018, se trató en el Congreso el proyecto de Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo impulsado por la Campaña nacional por el derecho al aborto que fue aprobado dos años después. Junto a una decena de programas dependientes del ex Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad de ayuda económica a las víctimas de violencia de género que ya eran insuficientes en su momento pero que con la llegada de la ultraderecha al poder, fueron directamente eliminados por la motosierra de Javier Milei (ver "Milei eliminó trece programas destinados a mujeres y disidencias sexuales").
La lucha actual contra la embestida conservadora y la reacción patriarcal
La pandemia produce un impasse en las luchas a escala global y luego, con el triunfo electoral de la ultraderecha como Donald Trump en Estados Unidos, el crecimiento de Vox en el Estado español o la llegada a la presidencia de Milei en Argentina, la reacción patriarcal comienza una embestida contra los derechos ganados con la movilización. Por ejemplo, este año con la falta de reconocimiento de las identidades trans en Estados Unidos luego del discurso inaugural de Trump y la definición de la justicia británica que excluye a las mujeres trans con un criterio meramente biologicista. El discurso de Milei en Davos contra mujeres y disidencias sexuales se inscribe en ese marco.
Desde Isadora y Disidencias en Lucha apostamos a la movilización para enfrentar los ataques de los gobiernos y de los sectores conservadores contra nuestros derechos. Por eso fuimos parte del 1F en nuestro país con la masiva marcha del orgullo antifascista y atirracista. Como también del 8M y de todas las jornadas del calendario feminista que como el 3 de junio visibilizan las opresiones que sufrimos las mujeres y disidencias sexuales en esta sociedad capitalista y patriarcal. A diez años de aquella jornada histórica seguimos luchando contra todo tipo de violencia de género y seguimos gritando #NiUnaMenos, los gobiernos son responsables.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo por Izquierda Socialista/FIT Unidad
El expresidente de Uruguay José Mujica murió el pasado 13 de mayo a los 89 años y fue despedido por decenas de miles en su patria natal. “El guerrero tiene derecho a su descanso”, expresó sobre el avance de su cáncer.
Ante su pérdida, que lamentamos, surgen innumerables interrogantes, en especial entre las nuevas generaciones de luchadoras y luchadores que se preguntan qué hay detrás de este ex guerrillero con andar campechano que terminó siendo “el presidente más pobre del mundo”. Vivió de manera austera cultivando la tierra en una chacra en las afueras de Montevideo, se movía en el viejo escarabajo Volkswagen Fusca color celeste, iba en motoneta a la Casa de Gobierno y pidió ser enterrado junto a las cenizas de su perra Manuela.
Siempre Mujica llamó la atención. Generó un gran impacto popular por ser un político que siendo diputado, senador y luego presidente, no vivió en el lujo al que nos tienen acostumbrados los políticos patronales corruptos que se enriquecen a costa del pueblo trabajador.
Desde la izquierda trotskista respetamos y comprendemos a quienes simpatizan con su figura, a la vez que dejamos expresadas nuestras diferencias. Él fue parte de la izquierda, del llamado neo reformismo pos caída del estalinismo y del muro de Berlín en 1989, que postula que el socialismo no va más como objetivo de cambio social, una izquierda que pregona la política de “lo posible” y retoma la vieja concepción de la conciliación de clases. Es decir, que en nombre de la clase trabajadora considera que debe gobernar, y así lo hace, con la burguesía y no romper con el capitalismo, la banca y las multinacionales.
Mujica fue parte de los gobiernos latinoamericanos del doble discurso, junto a Evo Morales de Bolivia, Lula da Silva en Brasil, Michelle Bachelet en Chile, Néstor y Cristina Kirchner en Argentina, Hugo Correa en Ecuador, Chávez y Nicolás Maduro en Venezuela, entre otros. Gobiernos que con discursos “progresistas”, mantuvieron los pilares de este sistema capitalista, pagaron la deuda externa, se sometieron a la banca, a las multinacionales y a los dictados del imperialismo, y aplicaron severos ajustes bajo la mentira de que estaban “redistribuyendo la riqueza” o “combatían a la derecha”.
Sobre el Frente Amplio
Mujica llegó a la presidencia con el Frente Amplio en 2010. Su antecesor había sido Tabaré Vázquez del cual había sido ministro. Venía de integrar en los años ‘60 el Movimiento Guerrillero de Liberación Nacional (MLN)-Tupamaros. Luego de sufrir quince años de prisión, tras el golpe militar de 1973 y al ser liberado cuando en 1985 volvieron a los gobiernos constitucionales, creó el Movimiento de Participación Popular (MPP) al interior del Frente Amplio.
El Frente Amplio surgió como algo “esperanzador” ante el bipartidismo desastroso de los partidos Blanco y Colorado. Si bien nunca se definió por el socialismo, estaba integrado por el Partido Comunista y el Partido Socialista de Uruguay, el MPP y otros sectores de centroizquierda. En el programa del Frente Amplio sí se menciona la reforma agraria, la ruptura con el FMI y el castigo a los genocidas. Pero el gobierno de Tabaré Vázquez, con Mujica de ministro, traicionó esos postulados.
Helios Sarthou, dirigente histórico del Frente que luego abandonó, daba sus motivos: “El Frente lo ha traicionado todo, pero fundamentalmente ha traicionado el respeto a los caídos y desaparecidos al mantener intocable la Ley de Impunidad. Ha sometido al país a la política económica del imperio y sus bancos. Ha renunciado a la transformación de la sociedad aceptando el asistencialismo. Ha subordinado la lucha de clases a la política laboral de conciliación. Ha pagado la deuda externa por adelantado. Privatizó las empresas públicas y ensanchó la brecha entre pobres y ricos. Afectó los principios de la izquierda e hizo que dejara de ser izquierda” (http://www.nodo50.org/ceprid/, citado por El Socialista, 28/10/2009).
Jorge Zabalza, uno de los “rehenes de la dictadura” junto a Mujica, quien falleció en 2022, dijo en una entrevista sobre el tema derechos humanos: “En Mujica veo una acción deliberada por el olvido y el perdón. Él ganó las elecciones justo cuando se dio el plebiscito para anular la Ley de Caducidad y no se la jugó, no dijo ni una sola palabra, y se perdió por 1%. O sea que si hubiera incorporado en su discurso de campaña el tema de la Verdad y la Justicia, se pudo haber logrado anularla en ese momento”. (Montevideo Portal, 2019). Luego Mujica causó impacto cuando dijo “yo no quiero tener viejitos presos”, proponiendo la prisión domiciliaria para los militares mayores de setenta que están en la cárcel”.
Algo que no salió en los medios por estos días, fue que Mujica impulsó políticas antiobreras y represivas. Uno de los episodios más recordados fue cuando declaró la “esencialidad” en la huelga de los trabajadores municipales de Montevideo, enviando al Ejército a recolectar basura para quebrar la protesta. Mujica le dijo a la docencia que trabaje más y prohibió las ocupaciones en los lugares públicos.
Otro hecho relevante fue cuando el año pasado Mujica se opuso al plebiscito de la Seguridad Social promovido por la central sindical PIT-CNT, que buscaba eliminar las AFAP, mantener la edad jubilatoria a los 60 años y aumentar las jubilaciones mínimas.
Con los grandes empresarios
Como presidente dejó bien claro cuál sería su política hacia los grandes empresarios. A un año de gobierno, en una disertación en el lujoso Hotel Conrad de Punta del Este ante más de 1.000 empresarios entre uruguayos y extranjeros, entre ellos 400 argentinos -Juan Carlos López Mena (Buquebus); Cristiano Ratazzi (Fiat), Eduardo Eurnekian (Aeropuertos 2000)-, Mujica dijo: “Vengan a invertir, acá no te la van a expropiar, ni te van a doblar el lomo con impuestos”. Hasta el expresidente Luis Lacalle Pou lo elogió: “De decir que iba a construir el socialismo, a defender la inversión nacional o extranjera. Bienvenidas las opiniones del presidente Mujica” (Clarín, 12/2/2011).
Según Mujica, “no se puede recaudar aumentado los impuestos sobre la riqueza porque matamos la gallina de los huevos de oro. La burguesía es como la vaca, algunos vivos la quieren matar para comerse un asado. Lo inteligente es dejarla pastorear para seguir ordeñándola”. De esta forma, predicaba el viejo cuento de todos los gobiernos de centroizquierda: hay que gobernar con los grandes empresarios pero “con viveza criolla”, para que ayuden a “redistribuir la riqueza”. Justo cuando las estadísticas mostraban que en Uruguay el 50% de las niñeces estaba por debajo de la línea de pobreza.
Su definición de la izquierda
En 2021 le preguntaron qué significó ser de izquierda. Respondió: “Hoy en ese espacio se perfila una batalla cultural. Mi generación, todavía muy embebida en la ideología, pensábamos que cambiando las relaciones de producción podíamos construir el hombre nuevo. Pero el hombre no solo está condicionado por una relación económica. O cambia la mentalidad del Sapiens y logra dominarse o vamos a hacer pelota la vida en la tierra”.
Está claro su pensamiento. Mujica dice que cuestionar al capitalismo no va más (o en todo caso solo valen críticas parciales), para terminar conviviendo con él.
Desde Izquierda Socialista y nuestra organización internacional, la Unidad Internacional de Trabajadoras y Trabajadores-Cuarta Internacional (UIT-CI) luchamos por gobiernos de la clase trabajadora que rompan con la burguesía, las multinacionales y el FMI e implementen un plan económico obrero y popular al servicio de las y de los trabajadores y demás sectores populares e inicien el camino al socialismo.
Consideramos que hay que retomar las banderas por las que luchaba el Che, quien decía “revolución socialista o caricatura de revolución”. La que se aplicó en los primeros años de la revolución cubana expulsando a las multinacionales, expropiando a la burguesía, rompiendo con el imperialismo, haciendo la reforma agraria y lograr de esa manera grandes conquistas sociales. Lo mismo pasó con la Revolución Rusa de 1917 y en los países donde se expropió a la burguesía, como en la Revolución China de 1949, entre otros. Aunque tanto en la ex URSS, China y Cuba bajó la conducción de la burocracia, ese proceso se frenó y retrocedió hasta la restauración del capitalismo.
Estamos convencidos que en Uruguay, Argentina y en cualquier país del mundo, si no se derrota al capitalismo y se inaugura el socialismo, que tendrá que ser mundial y con plena democracia para el pueblo trabajador, no habrá salida para las y los trabajadores, los oprimidos y la juventud.
Con estas reflexiones y respetando el dolor de quienes despidieron los restos de Mujica, llamamos a sacar conclusiones sobre el camino que nos depara y las organizaciones que hay que seguir construyendo para terminar con el capitalismo y el imperialismo y empezar a construir el verdadero socialismo.
17/5/25