
Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
Senadoras y senadores que responden a Cristina Fernández de Kirchner presentaron un proyecto de ley titulado “Fondo Nacional para la cancelación de la deuda con el Fondo Monetario Internacional”. Más allá de las dudas sobre si se puede aprobar o no, o si es una típica jugada kirchnerista para simular que combaten a los evasores, el debate se debe centrar en si hay que recaudar tocando a los de arriba para pagarle al FMI, o para combatir el hambre, la pobreza y los tremendos males sociales, como sostenemos desde el Frente de Izquierda Unidad.
La noticia del proyecto cayó bien en las filas peronistas kirchneristas. Da la idea de que el kirchnerismo le ha declarado la guerra a los especuladores y evasores para que paguen ellos la deuda contraída por Macri. Pero consideramos incorrecto que se diga que hay que tomar medidas excepcionales para seguir engordando al FMI, no para combatir el hambre, los bajos salarios, construir miles de viviendas populares para dar trabajo genuino o terminar con décadas de postración como venimos sosteniendo desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad.
Supongamos que el proyecto se apruebe. ¿Quién sale beneficiado? El FMI. Lo dicen los mismos redactores del proyecto. Hernán Arbizu, quien trabajó para el Morgan y el Citi como facilitador de negocios privados para los evasores, lo ratificó: “Es todo ganancia para el Fondo Monetario” (Página12, 4/8).
Es que estamos hablando de “un fondo para pagarle al Fondo”. Lo dice la ley, “sus recursos serán exclusivamente destinados a este fin”. ¿Dónde está lo progre? ¿Dónde está la “pateada de tablero” kirchnerista como dicen algunos?
Los redactores del proyecto deberían explicar sus contrasentidos. Si en los fundamentos dicen que “a la deuda externa la toman unos pocos y se beneficia una minoría” y que “de los 44.500 millones de dólares desembolsados por el FMI durante el gobierno de Mauricio Macri no quedó un solo dólar en la Argentina” ¿por qué en vez de convalidar el pacto con el FMI, como lo hace este proyecto, no llaman a enfrentarlo?
El kirchnerismo nunca se opuso a pactar con el Fondo Monetario, solo criticó que había que firmarlo bajo otras formas. Tampoco cuestionó los pagos de la deuda. Ahora, y después que el pacto fue ratificado en el Congreso, sale con este proyecto para recaudar, dicen, 20.000 millones de dólares, para a renglón seguido mandárselos a las arcas del FMI.
No es cierto que si esto se lograra se podría pagar la deuda y a su vez atender las urgentes necesidades populares. Esto nunca ocurrió en la vida del país, ni con los anteriores acuerdos, ni con el actual.
El gobierno denuncia un hecho cierto. Hay más de 400.000 millones de dólares fugados en el exterior (el equivalente a un PBI anual -Producto Bruto Interno-). Son de empresas y capitalistas que esconden sus ganancias y fortunas en paraísos fiscales para no pagar impuestos. Es decir, se llevan las riquezas que le roban al pueblo trabajador, mientras le hacen pagar el IVA del 21%, uno de los más onerosos e injustos del mundo.
Esos paraísos fiscales son patrocinados centralmente por Estados Unidos, Gran Bretaña y otras potencias a quienes se les pide apoyo (ver recuadro). Esto no es ninguna novedad, viene ocurriendo desde siempre con todos los gobiernos. Nos preguntamos: ¿por qué el kirchnerismo en los doce años que gobernó, cuando tenía mayorías parlamentarias, no impuso la política que ahora señala el proyecto? ¿Por qué ante la denuncia más reciente del Pandora Papers (2021) -donde se descubrió que muchos empresarios argentinos evadieron-, el gobierno no les incautó los bienes y empresas que tienen en Argentina para cobrarles lo que deben? El gobierno del Frente de Todos no lo hizo y Cristina nunca lo propuso. Tampoco lo dice el actual proyecto. Estos sectores siguen en la impunidad. Por otra parte, se van millones de dólares con el comercio exterior manejado por grandes multinacionales y la fuga al no existir la nacionalización de la banca.
Atajándose a las críticas de que es una jugada política, el diputado Carlos Heller y dueño del Banco Credicoop, dijo: “Aprobar esta ley no va a ser fácil. Pero el debate dejará claro quiénes están protegiendo a los que no han pagado los impuestos”. Es decir, aunque no se apruebe (algo muy probable), el proyecto le sirve al gobierno y al kirchnerismo en particular como bandera para posar de “nacional y popular” diciendo, en todo caso, que “quiso hacerlo pero no lo dejan”. Lo mismo hizo con el anuncio de la “expropiación” de Vicentín, que nunca llevó a cabo. O las actuales promesas de la “guerra contra la inflación”, sin que el kirchnerismo proponga nada alternativo.
La única política para decirle no al FMI y a los pagos de la deuda, es la del Frente de Izquierda Unidad. Con proyectos parlamentarios y fundamentalmente con marchas y actos políticos en todo este tiempo. Lo mismo hizo el FIT Unidad con el único proyecto que se presentó para atacar de verdad las ganancias de las grandes empresas, bancos, multinacionales y terratenientes, no con el aporte voluntario e insuficiente que propuso el gobierno y se terminó votando.
Desconocer el endeudamiento de Macri, decirle no al pacto con el FMI y a todo pago de deuda externa, junto a combatir a los evasores expropiándoles sus bienes, nacionalizando la banca y el comercio exterior, entre otras medidas de fondo, son parte de un plan económico alternativo, obrero y popular, que postulamos desde el FIT Unidad, para terminar de raíz con el hambre y la dependencia.
Los fundamentos del proyecto reivindican un momento “crucial”, cuando “el presidente Néstor Kirchner en el año 2006 conjuntamente con el presidente Lula da Silva de la República Federativa de Brasil cancelaron la totalidad de la deuda de ambas naciones con el FMI”. Se dice que de esa forma y “fruto de exitosas políticas de desendeudamiento”, Argentina salió adelante. No fue así. El kirchnerismo se benefició con el no pago que impuso el Argentinazo, la mega-devaluación y el ajuste previo de Duhalde y los altos precios de las materias primas. Lo que hizo Néstor Kirchner fue reanudar los pagos de una deuda usurera cuando estaba planteado hacer todo lo contrario para liberarnos de verdad.
“Ha venido siendo una posición recurrente en los comunicados del G20, de la OCDE y hasta del FMI, la necesidad de combatir este tipo de prácticas”, dice el proyecto kirchnerista. Quieren hacer creer que estos países y organismos usureros y explotadores ahora son “buenos”, lo mismo dice el ministro Guzmán. Nada que ver. El estado yanqui Delaware, por ejemplo, donde viven 800.000 personas, hay radicadas 850.000 empresas que evaden. Si bien las sociedades offshore se registran en las Islas Caimán o Maldivas, la cuenta de sus activos está en Miami o en Nueva York. El 70% de los bienes no declarados de argentinos están en Estados Unidos. Pedirle colaboración al FMI y al embajador yanqui en Argentina como hizo Cristina, para que se pueda llevar a cabo este proyecto, es como poner al lobo al cuidado de las ovejas.
Escribe Guido Poletti
Mientras Cristina y el kirchnerismo disparan misiles mediáticos contra Alberto Fernández y sus ministros, y éste tímidamente le contesta a través de su vocera Gabriela Cerruti, crece en dirigentes peronistas, tanto de uno como de otro sector de la interna, la frase: “pero de todas formas hay que apoyar al gobierno para que no vuelva la derecha”. Lo vimos incluso en los discursos de los sectores “críticos” al acuerdo con el FMI, que, tras explicar que iban a votar en contra, enseguida aclaraban que eso se trataba de una diferencia “menor” dentro del Frente de Todos y que lo importante era permanecer unidos “para que no vuelva la derecha”.
Todo esto refleja que las diferencias al interior del peronismo gobernante son producto de su interna por los cargos (donde por supuesto, hasta ahora) nadie renuncia, y de que en el caso del kirchnerismo lo que hay es un intento de zafar de pagar los costos del ajuste que impone el acuerdo con el FMI. Sin embargo, queremos debatir con compañeras o compañeros que se preguntan si, efectivamente, a pesar de que el gobierno de Fernández los viene defraudando, todavía hay que apoyarlo ante el riesgo de la vuelta del macrismo.
Recordemos que, ya en 2019, el peronismo proclamaba lo mismo: votarlos a ellos para “terminar con el ajuste de Macri”. Y sumaban la frase: “tenemos que volver para ser mejores”.
Tenemos que preguntarnos qué pasó. El que mejor lo graficó fue el humorista y simpatizante del kirchnerismo Dady Brieva quien afirmó: “volvimos al pedo”. Efectivamente, si hoy hay riesgo de que “vuelva la derecha” es porque la política del Frente de Todos no se diferenció, más allá del discurso, de la que venía ejecutando el macrismo. Más aún, el gobierno de Alberto Fernández es hoy el principal ejecutor de las exigencias del FMI. Nunca apareció la famosa “heladera llena”, que se prometía en 2019.
Apoyar a un gobierno que ya lleva dos años ajustando, haciendo que caiga el poder adquisitivo de los salarios y jubilaciones, y que ahora sólo tiene para ofrecer en la perspectiva un mayor ajuste aún para cumplir con las exigencias del Fondo Monetario, es un camino sin salida para los trabajadores. Significa, en los hechos, negarse a luchar contra las consecuencias del ajuste. Las consecuencias de esta política ya las podemos ver en el accionar de la burocracia sindical, que, justamente con esta excusa, se niega a romper su pacto con el gobierno y deja correr los acuerdos salariales a la baja.
Por eso insistimos: hoy la única pelea “contra la derecha” es enfrentar el plan del Fondo Monetario y a sus ejecutores. Es apoyar todas y cada una de las luchas, para que triunfen y derroten el ajuste. Y, por sobre todas las cosas, es postular un programa alternativo de verdad, obrero y popular, en las antípodas tanto del programa del FMI que hoy ejecuta el gobierno, como de los planteos de la oposición patronal, de “mayores ajustes y reformas estructurales”, también negociadas con el Fondo. Solo el Frente de Izquierda Unidad plantea algo diferente: romper con el FMI, suspender inmediatamente los pagos de deuda externa y, con todos esos recursos, volcarlos a resolver las más urgentes necesidades del pueblo trabajador: salario, empleo, educación, salud y vivienda. Construir y fortalecer esa alternativa política, hoy encarnada en el FIT Unidad, es el único camino para, de verdad, enfrentar todas las políticas de derecha, propatronales y antiobreras, vengan del lugar que vengan.

Escribe Pablo Almeida, legislador electo Caba Izquierda Socialista/FIT Unidad y delegado general Ate Mecom
Dirigentes sindicales que vienen apoyando al gobierno nacional del Frente de Todos (“nuestro gobierno”, según dicen) han emitido una carta titulada “1982 - 40 años - 2022/Paz, Pan y Trabajo/Que la deuda no la paguen los de abajo”. Citan una frase del ex dirigente de la CGT, Saúl Ubaldini: “Cuando se quiere luchar, siempre hay alternativa”.
La misiva está firmada por Pablo Moyano (Camioneros y CGT), Hugo Yasky (CTA y diputado nacional), Sergio Palazzo (Bancaria y diputado nacional), Víctor Santamaría (Porteros), Daniel Catalano (ATE Capital), Hugo “Cachorro” Godoy (ATE Nacional), Sonia Alesso y Roberto Baradel (Suteba), Marcelo Guagliardo (ATEN), Eduardo López (UTE), Rogelio De Leonardi (docentes-ATP La Rioja), entre otros.
Es importante que dirigentes sindicales de renombre se pronuncien por “Pan y Trabajo”, y señalen que a la usurera deuda externa no la paguen los de abajo. La carta, luego de reivindicar “la gran marcha de Paz, Pan y Trabajo del 30 de marzo de 1982”, dicen “a 40 años de aquella gesta popular que colmó la Plaza de Mayo, enfrentamos la misma disputa de intereses, la misma lucha entre los que quieren una Argentina que deje afuera al 70 u 80 por ciento de la población y los que queremos un país con igualdad y justicia en que todos y todas vivamos dignamente”. El primer interrogante sería el siguiente: ¿a qué se debe que, habiendo pasado 40 años donde probamos con todos los gobiernos patronales como el radicalismo, el peronismo en sus distintas variantes y PRO, la situación se sigue agravando? Lo primero a señalar ante los trabajadores es que la responsabilidad de que sigan el hambre y la pobreza es de todos los gobiernos patronales, incluido el actual, y por eso hay que enfrentarlos. Lamentablemente estos dirigentes no lo dicen. Al contrario, apoyan a este gobierno.
Por otra parte, dicen que tras el entendimiento con el FMI la gran discusión que se abre es: “¿Quiénes son los que van a pagar esta “deuda-estafa” al FMI? ¿Lo van hacer el hombre y la mujer de a pie? ¿Los jubilados? ¿Los asalariados que apenas pueden llegar a fin de mes? ¿Los trabajadores de la economía popular? ¿Los comerciantes? ¿Quiénes van a pagar las mieles que disfrutaron un puñado de tránsfugas sinvergüenzas? Los trabajadores y las trabajadoras no estamos dispuestos a hacerlo”. Está claro que a esa deuda, si no le paramos la mano al gobierno peronista, la va a pagar el pueblo trabajador. Es por eso que la primera tarea es enfrentar el actual pacto con el FMI, a lo que lamentablemente no llamaron ni llaman a hacer los firmantes de la carta. Solo el sindicalismo combativo junto a decenas de organizaciones y la izquierda llenamos varias veces la Plaza de Mayo contra ello. Y ahora viene la tarea de no dejar pasar sus nefastas consecuencias.
Es importante que digan en su carta “ante cualquier ajuste nos convocaremos nuevamente a las calles reclamando por lo que se comprometieron, salarios y jubilaciones por encima de la inflación, ningún tipo de reforma laboral ni previsional, las tarifas de los servicios públicos deben ser razonablemente accesibles para el trabajador”. Pero lamentablemente los firmantes de la carta niegan que ya haya un ajuste. Dicen que de haberlo “nos convocaremos nuevamente en las calles”.
Pero en estos dos años el gobierno cambió la movilidad jubilatoria, llevando a millones de jubiladas y jubilados a la desesperación, y los firmantes no convocaron a enfrentar semejante atropello. La lucha ya se tendría que haber dado y no lo hicieron. Cuando en la carta dicen “no vamos a renunciar a la lucha para exigir acciones concretas y urgentes que garanticen la mejora real de las condiciones de vida de las grandes mayorías”, lo están diciendo a futuro, mientras hoy es cuando crecen el hambre y la desigualdad social. Si dicen enfrentar las políticas de ajuste, los firmantes deberían apoyar, por ejemplo, al movimiento de desocupados combativo que viene haciendo acampes multitudinarios repudiando el ajuste que el gobierno pactó con el FMI, comprometiéndose a no otorgar más planes sociales y mantener los actuales de indigencia.
Para pelear por algo tan elemental como “Pan y Trabajo” hay que luchar. En la coyuntura y con medidas de fondo. Lamentamos también que muchos de los firmantes de esta carta, dirigentes de gremios importantes, vienen dejando pasar el ajuste y las rebajas salariales en sus sindicatos como en docentes (Yasky, Baradel, De Leonardi), o estatales (Cachorro Godoy y Catalano).
Queda claro que con el discurso de una supuesta combatividad no alcanza. Si quieren enfrentar el ajuste tienen que convocar a luchar en sus gremios y de conjunto; denunciando cada ataque antiobrero, así como los males del pacto con el FMI que votaron peronistas y macristas. Eso es lo que venimos haciendo desde el sindicalismo combativo y la izquierda y es el compromiso que seguiremos asumiendo.