El compañero Raúl falleció inesperadamente el jueves primero de septiembre a los 64 años, de un paro cardíaco. Comenzó su militancia en el viejo MAS, en los ‘80. Después de un tiempo alejado, volvió a las filas de la corriente morenista en 2001 en Aldo Bonzi, La Matanza, donde participó de la asamblea barrial. Desde entonces militó de forma ininterrumpida en nuestro partido, llegando a ser responsable de varios equipos, tanto en el Mercado Central, como en Villa Insuperable y Aldo Bonzi. Junto con su compañera organizó un comedor comunitario en momentos de mucha crisis y hambre en nuestro país.
Raúl fue un sacrificado trabajador independiente y cómo decía Marx: “para un trabajador su único capital son su prole…”, a los cuales dedicó y acompañó hasta su último día, sin dejar jamás de construir nuestro partido. Desde el taxi o remis aprovechaba sus viajes de trabajo para pasar volantes de Izquierda Socialista, el periódico y hasta la revista Correspondencia Internacional. Su trabajo como taxista en Ezeiza le permitió conocer y trasladar a dirigentes de la internacional, fortaleciendo su orgullo militante internacionalista.
Desde el dolor por su partida pero orgullosos y orgullosas de haber compartido su militancia, lo despedimos el viernes 2 de Septiembre junto a amigos y familiares en su querido Aldo Bonzi. Por la dirección regional de La Matanza tomó la palabra el compañero “Leo”, compañero de militancia de Raúl durante varios años, y por la dirección nacional lo hizo Miguel Sorans, quien reivindicó la militancia obrera y socialista de nuestro compañero. Levantamos el puño en alto, saludamos y abrazamos fuerte a su compañera de toda la vida Bibi, su hija Sol, su hijo Matías y sus nietos. Cantamos la internacional y una vez más decimos bien fuerte: compañero Raúl ¡hasta el socialismo siempre!
El lunes 5 de septiembre en la Sesión Especial de la Cámara de Diputados de Legislatura Bonaerense, convocada por el atentado a la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner, el diputado Nahuel Sotelo del partido Avanza Libertad de José Luis Espert se refirió al Frente de Izquierda Unidad adjudicándole discursos de odio contra Milei y otros referentes libertarios.
La diputada Graciela Calderón expresó: “Es indignante escuchar a los liberfachos, que en la propia sesión reconocieron estar a favor de la utilización de las pistolas Taser, que reivindican la criminalización de la protesta social y alientan la creación de movimientos anti piquetes, responsabilicen al FITU de los discursos de odio. Es sabido que son ellos quienes proponen leyes para prohibir las manifestaciones callejeras. Una clara postura de persecución y represión contra quienes luchan que no tiene nada que ver con garantizar la libertad de expresión.”
Graciela Calderón sostuvo: “En medio de la crisis social y económica provocada por las políticas de ajuste que acordaron el Gobierno y el FMI, el espacio de Avanza Libertad promueve la represión en los barrios y a los desocupados, a los trabajadores, contra el movimiento de mujeres y LGBTIQ+ y ante cualquier sector popular que salga a las calles a reclamar.”
Calderón finalizó: “En sesión el diputado de la derecha libertaria sostuvo que desde el FITU decimos: ‘a Milei hay que aplastarlo con lucha y organización.’ ¡Claro que sí! Si la derecha libertaria alienta la represión y exige al Gobierno la persecución a los que protestan. Son los representantes de la violencia más descarnada contra el pueblo trabajador, son quienes reivindican la última dictadura militar, quienes esperan que perdamos todos nuestros derechos laborales y los que piden a gritos que se privatice la salud y educación. ¡Nunca vamos a permitir que avancen esas políticas reaccionarias! Por eso la derecha libertaria ataca al FITU, porque llamamos a organizarnos y luchar contra el ajuste del Gobierno y el FMI, que ellos y Juntos apoyan.”
Contacto:
Graciela Calderón: 11 3149-9049
IG: @gracielabcalderon
Twitter: grabcalderon
Escribe Mariano Barba
El gobierno de Santa Cruz lleva adelante un ataque contra la educación: despide a los docentes que están reclamando un mejor salario y condiciones laborales. Es la verdadera política del kirchnerismo con quienes luchan.
Ya lo había hecho Cristina como presidenta, cuando batió los récords de luchadores criminalizados en el país. Ahora Alicia Kirchner lanzó una verdadera persecución contra los que sufren un salario escandalosamente bajo para el costo de vida en la región.
El kirchnerismo gobierna desde hace décadas la provincia, con salarios de miseria, y criminaliza la protesta social.
Mediáticamente, los últimos días fueron sin duda “la semana de Cristina”. Después de la acusación del fiscal Diego Luciani, vino la respuesta de la vicepresidenta desde el Senado. Afirmó que la corrupción en la obra pública incluyó también al gobierno de Macri. A nosotros, desde Izquierda Socialista, eso no nos sorprende, lo venimos denunciando desde siempre: todos los gobiernos fueron y son corruptos, con sus socios empresarios y sus funcionarios coimeros. Que los culpables vayan presos y devuelvan lo robado, sin excepciones.
El presidente Alberto Fernández, por su parte, que aparecía más desdibujado que nunca, buscó ganar algún tipo de protagonismo declarando en TN que esperaba “que el fiscal Luciani no haga lo mismo que Nisman”. Fue la excusa perfecta para que Juntos por el Cambio doblara la apuesta y llegara a pedirle juicio político. Todo terminó con Hebe de Bonafini exigiendo al presidente que se llamara al silencio.
Luego el escenario mediático se trasladó a la puerta del edificio donde vive Cristina, en plena Recoleta. Concentraciones a favor y en contra terminaron con las vallas colocadas el sábado pasado por Rodríguez Larreta para “proteger a los vecinos” y “garantizar la circulación”. La posterior marcha a favor de Cristina fue reprimida, lo que repudiamos enérgicamente. Esta fue la escenografía que copó las pantallas de los medios audiovisuales y las páginas de los diarios.
¿A quién le sirve todo esto? Es evidente que Cristina quiere zafar de las causas en las que está acusada. Pero esa no es su única motivación: trata de ocultar su propia responsabilidad en el ajuste en curso. Junto con ello reivindicó los doce años de gobiernos K y al peronismo de conjunto, denunciando que se lo está persiguiendo “una vez más”. Pero la realidad es que el peronismo kirchnerista ya lleva quince años gobernando y no hubo una sola palabra de Cristina sobre el actual gobierno con Alberto Fernández y su política de sometimiento al FMI.
Juntos por el Cambio, que desde el comienzo se ha prendido en esta exacerbación de la “grieta” (ocultando sus propios casos de corrupción, empezando por los del mismísimo Mauricio Macri) ha quedado ahora envuelto en una nueva pelea interna. En este caso por ver quién aparece más “duro” ante su electorado, si Rodríguez Larreta, que reivindicó el accionar policial en el escándalo sucedido frente a la casa de la vicepresidenta el sábado pasado, o Patricia Bullrich, que una vez más exigió una mano “más dura aún”. Parecería que esta vez la competencia es por quién se postula para reprimir mejor. Carrera en la que también se metió, como era de esperar, el liberfacho de Javier Milei. Así, la oposición patronal sigue sin poder resolver su competencia hacia el 2023 y definir quiénes son los candidatos para profundizar el ajuste (y reprimir cualquier resistencia popular al mismo).
Todo el debate alrededor de Cristina, incluyendo el sainete de la interna de Juntos por el Cambio, ha buscado invisibilizar lo más importante: un ajuste descomunal con el objetivo de cumplir con las exigencias del FMI. Esto es lo que hace una semana anunció el superministro de Economía Sergio Massa, con recortes de partidas en Educación, Salud y Obra Pública que alcanzan los 210.000 millones de pesos. Al mismo tiempo que ratificó en el puesto de viceministro a uno de los economistas preferidos por el establishment, Gabriel Rubinstein. Este último, con medio equipo económico, ya está partiendo a los Estados Unidos como avanzada de la visita que realizará la semana próxima Massa, donde buscará el “aprobado” del FMI al ajuste en curso. Y volverá con una tarea de cumplimiento inmediato: aprobar el presupuesto 2023, que exigirá un mayor ajuste que el del año en curso.
En ese marco, que para el pueblo trabajador se traduce en que la inflación seguirá pulverizando salarios y jubilaciones, ¿qué hacen la CGT y las CTA? Continúan su pacto con el gobierno. Ahora acaban de avalar un aumento miserable del salario mínimo, vital y móvil y, lo peor, llaman a movilizarse en apoyo a Cristina. Son los mismos burócratas que no mueven un dedo contra el ajuste, ni que hablar de llamar a un paro general para enfrentarlo o lanzar un plan de lucha. Eso es lo que se le reclama desde los sectores en lucha, como los estatales, docentes y trabajadores de la salud de Santa Fe o el Sutna, y es lo que plantea el sindicalismo combativo.
Los dos temas de la semana, Cristina y la profundización del ajuste, nos obligan a debatir con nuestras compañeras y compañeros de trabajo, estudio, vecinos o familiares. Hacen falta dos cosas. Por un lado, ante la pérdida del poder adquisitivo de salarios y jubilaciones, hay que insistir en que es necesario otro programa económico, alternativo, obrero y popular, de emergencia, que comience por romper con el FMI y suspender todos los pagos en concepto de deuda externa, y complementar esto con un aumento de impuestos a las grandes riquezas, la nacionalización de la banca y del comercio exterior para terminar con la especulación y la fuga de capitales. Con esos recursos se puede garantizar un aumento salarial de emergencia para que nadie gane menos que el valor de la canasta familiar (calculado por los trabajadores de ATE-Indec en 179.990 pesos), la reapertura de todas las paritarias, trabajo genuino por medio de un plan de construcción de viviendas populares y plata para salud y educación.
La segunda cosa que hay que debatir, a la luz de los llamados a “defender” y “postular” a Cristina Fernández por parte del peronismo kirchnerista, es que esto no ofrece ninguna salida para el pueblo trabajador. Por el contrario, insistimos en que el peronismo no va más, y es necesario fortalecer una alternativa política distinta, como la que venimos construyendo desde Izquierda Socialista y el Frente de Izquierda Unidad. Es la lucha para que gobiernen los que nunca lo hicieron, las y los trabajadores y la izquierda, avanzando hacia la construcción de una Argentina socialista.

Escribe Juan Carlos Giordano, diputado nacional electo Izquierda Socialista/FIT Unidad
Volvió a saltar el tema de la corrupción ante el pedido de condena de un fiscal contra Cristina Kirchner. Hubo marchas en solidaridad con la vicepresidenta, reprimidas por la policía de Larreta, lo cual repudiamos. El peronismo habla de “persecución y proscripción”. Pero ¿hubo o no corrupción? ¿Se tiene que castigar a los culpables?
El peronismo dice que no hay pruebas para inculpar a Cristina. Pero a esta altura no hace falta ningún fiscal para probarlo. El entramado de negocios corruptos en el gobierno peronista kirchnerista ya llevó a varios de sus funcionarios a la cárcel. Basta con escuchar a los trabajadores de Santa Cruz para probar quién es Lázaro Báez o identificar las mansiones de De Vido o Alicia Kirchner en El Calafate.
El crecimiento exponencial del patrimonio de la familia Kirchner no se debe a que Cristina fue una abogada exitosa, sino que fue beneficiada por todo un entramado de negociados facilitados por su propio gobierno para los Lázaro Báez, quedándose luego con parte del botín.
A los militantes que se movilizan por Cristina les decimos que se fijen en lo que dice la propia vicepresidenta. Cristina en su alegato reconoció que hubo actos delictivos en su gobierno. Denunció por qué no se investigaba la asociación ilícita entre José López y los empresarios ligados al macrismo. Se refería a los bolsos negros con nueve millones de dólares que López revoleó en un convento para esconderlos. ¿La entonces presidenta no sabía lo que hacía López cuando fue Secretario de Obras Públicas durante los doce años de su gobierno?
La corrupción no es solo una coima
La corrupción no es solo una coima de tal o cual funcionario. Son grandes negocios capitalistas que se cometen en beneficio de los políticos de turno y de grandes empresarios. Mientras ellos se salvan y enriquecen, millones se hunden en la pobreza. Así funciona este sistema capitalista que defienden Cristina y Alberto Fernández.
¿Cómo afecta a los trabajadores? Con la obra pública se pactan licitaciones con un monto que después va subiendo, luego el gobierno pone plata del Estado para hacer frente a los sobreprecios y al final es el pueblo trabajador quien lo termina pagando. Plata que tendría que ir a salarios, jubilaciones, escuelas, hospitales o a un plan de viviendas, va a estos negociados repudiables. Esa ganancia va al patrimonio de empresarios y políticos de turno que luego invierten en hoteles, tierras y mansiones.
En estos negocios sucios están metidos grandes y poderosos empresarios. Muchos de ellos declararon en los tribunales que pagan coimas para quedarse con las obras y ponen dinero para las campañas electorales. Negocio del que también participan multinacionales corruptas como la brasileña Odebrecht, con la obra faraónica del Soterramiento del ferrocarril Sarmiento licitada en el gobierno de Cristina y seguida bajo el macrismo.
La corrupción capitalista mata. Ocurrió con la masacre de Once, donde en pleno gobierno de Cristina se le daban subsidios millonarios a la patronal Cirigliano-TBA, que luego guardaba en las Islas Caimán dejando a las formaciones del tren sin frenos. Esto provocó el choque fatal con el saldo de 52 muertos y cientos de heridos. Y si hablamos de corrupción capitalista hablemos de la deuda externa y el FMI, deuda ilegal, usurera y fraudulenta que viene de la dictadura y se sigue pagando con planes de ajuste como los que estamos viviendo hoy. Todo esto está en juego cuando se habla de “corrupción”.
Hay que castigar a todos los corruptos
Cristina se pone en víctima. El peronismo dice que está en peligro la democracia, que esto es parecido a lo que le hicieron a Perón en el golpe del ´55 y tantos otros disparates. ¿Pero acaso quieren juzgar a Cristina porque encabezó una rebelión contra el FMI o le quiere imponer un fuerte impuesto a los de arriba?
Cristina dice que los jueces la persiguen, pero se olvida de que hay otros que la fueron salvando, como el fallecido juez corrupto Oyarbide que cajoneó varias causas contra funcionarios kirchneristas. Por eso hay que terminar con esta justicia al servicio de los ricos eligiendo a los jueces por el voto popular.
El peronismo se ha declarado en “alerta y movilización” en apoyo a Cristina. Con esto intentan desviar la bronca popular contra el ajuste, los bajos salarios y la inflación. Una campaña a la que se suma entusiasta la burocracia de la CGT y las CTA, mientras le despejan el camino a Sergio Massa para recortar partidas en Educación, Salud, Vivienda y Transporte.
Ante todo esto desde Izquierda Socialista sostenemos que no hay que defender a Cristina. Hay que batallar para que todos los políticos patronales, funcionarios, grandes empresarios y sus cómplices paguen por sus actos corruptos. Tienen que ser ellos quienes demuestren su inocencia, o sino deben ir presos y devolver lo que se robaron. Sean del Frente de Todos o de Juntos por el Cambio. Esta lucha que va íntimamente ligada a la pelea por derrotar el brutal ajuste capitalista que está aplicando el gobierno, la cual es de primer orden.