Escribe Camila Mitre
Taty Almeida murió el 14 de junio a los 95 años. Referenta histórica y presidenta de Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora, dedicó gran parte de su vida a reclamar verdad y justicia por su hijo Alejandro Almeida, secuestrado y desaparecido por la Triple A el 17 de junio de 1975. Con su muerte se va una de las figuras más queridas y reconocidas de la lucha por los derechos humanos en el país.
Pero Taty nunca se presentó como una heroína. Al contrario, solía contar con humor y honestidad que había sido gorila. Recordaba que provenía de una familia antiperonista y conservadora, y que durante años tuvo una mirada muy distinta de la que luego abrazó. Lo decía para demostrar que las personas pueden cambiar, que la experiencia y la realidad también transforman las convicciones. La desaparición de Alejandro marcó un antes y un después en su vida.
A partir de entonces se sumó a las Madres de Plaza de Mayo y convirtió una tragedia personal en una lucha colectiva. Durante décadas marchó todos los jueves, participó de actos, acompañó conflictos obreros, estudiantiles y sociales, y fue una voz permanente contra la impunidad de los responsables del terrorismo de Estado. También enfrentó las distintas formas del negacionismo y defendió la memoria de los 30 mil desaparecidos.
Era habitual verla en escuelas, universidades, sindicatos y movilizaciones, siempre dispuesta a dialogar con las nuevas generaciones.
Su muerte deja un vacío difícil de llenar, pero también un legado enorme. El de una mujer que transformó el dolor en organización.
¡Hasta la memoria, siempre, Taty!
Escribe Jorge Adaro
Tal como se resolvió en el plenario convocado el pasado 30 de mayo en la sede del Sutna San Fernando, el miércoles 10 se realizó la marcha y acto en Plaza de Mayo en apoyo a las y los trabajadores de FATE, contra los despidos y por aumento de salarios.
La movilización fue acompañada por el Plenario del Sindicalismo Combativo, con delegaciones de las agrupaciones de jubiladas y jubilados en lucha, de las organizaciones piqueteras, docentes de Ademys, AGD y Suteba La Matanza, ferroviarias y ferroviarios, la Comisión Interna del Hospital Garrahan, representaciones de la oposición telefónica y otros agrupamientos combativos.
En Plaza de Mayo, la apertura del acto estuvo a cargo del secretario general del Sutna, Alejandro Crespo, quien realizó un balance de los más de cien días que lleva el conflicto en FATE. Destacó los fallos judiciales favorables a los trabajadores, producto de la lucha, mientras se sigue peleando por encontrar una salida de fondo para volver a producir con todos las y los trabajadores dentro. También advirtió que no se van a quedar pasivos ante los cierres de fábricas y los despidos.
Soledad Mosquera, secretaria general de Ademys, resaltó la ausencia de la CGT y el apoyo incondicional del sindicalismo combativo. También planteó la situación crítica de la docencia de todo el país y anunció la realización de una Jornada Nacional de Lucha de la docencia combativa, con un paro el 18 de junio y movilización de Ademys y el Suteba La Matanza a la Secretaría de Educación.
Olga Ortigoza, flamante secretaria adjunta del Suteba La Matanza, reivindicó la lucha de FATE e instó a profundizar la unidad del sindicalismo combativo para enfrentar el ajuste del Plan Motosierra de Milei.
En su intervención, el secretario general de la Unión Ferroviaria Seccional Oeste, Rubén “Pollo” Sobrero, planteó la creciente crisis política del gobierno de Milei y las masivas movilizaciones de las y los universitarios, la marcha multitudinaria del 3J y otras expresiones que reafirman que Milei no va más. Apeló a la defensa de los convenios colectivos de trabajo y, finalmente, llamó a apoyar las luchas que se dan para que triunfen.
El hilo conductor en todas las intervenciones fue la exigencia a la CGT y la CTA del llamado a un nuevo paro general y a un plan de lucha para derrotar la motosierra del gobierno ultraderechista de Milei, los gobernadores y el FMI.

Escribe Olga Ortigoza, secretaria adjunta Suteba La Matanza
Desde la Coordinación de la Oposición Nacional Docente, quienes venimos llevando adelante de forma coordinada declaraciones y acciones contra los ataques de Javier Milei, los gobernadores y el FMI, llamamos para el jueves 18 a una Jornada Nacional de Lucha docente con paros, movilizaciones y distintas acciones en todo el país, contra el ataque de Javier Milei a la educación pública y el ajuste de los gobernadores.
En este contexto, el rol de Ctera ha sido y sigue siendo repudiable. Deja correr todos los ataques de Javier Milei, realiza solo acciones declarativas, sin organizar a la docencia ni poner en pie un plan de lucha por todas las demandas educativas y en defensa de la escuela pública. Además, abandona a las provincias que luchan contra los ajustes provinciales, y sus sindicatos de base acuerdan salarios a la baja y todas las reformas antieducativas con los gobernadores. ¡Les exigimos que rompan su pacto con los gobiernos y llamen urgente a un verdadero plan de lucha nacional contra todos los ataques educativos!
Desde la Coordinación Nacional Docente, llamamos a esta jornada, que será de mucho impacto en las provincias. En varias jurisdicciones se llama a ser parte de esta jornada con paros, como Adosac en Santa Cruz, que está en un plan de lucha y votó en su Congreso 72 horas de paro, unificando el 18 con todo el país. También llaman a parar, entre otros, Ademys de CABA y la Multicolor en Buenos Aires, donde además convocamos a una concentración en el Ministerio Nacional de Educación, Pizzurno, a las 14, en unidad con la docencia universitaria de AGD-UBA.
Debemos fortalecer y seguir desarrollando este espacio de Coordinación Nacional de la oposición docente para fortalecer la pelea contra los gobiernos, acompañar y no dejar aislados a los conflictos provinciales, a la vez que seguimos impulsando jornadas y acciones unitarias en defensa de nuestros salarios, jubilaciones, condiciones laborales y de la escuela pública.
Escriben Federico Novo Foti y Adolfo Santos
A fines de junio de 1941 el nazismo comenzó la invasión a la Unión Soviética en lo que se conoció como Operación Barbarroja. Buscaba terminar con el gobierno obrero, aunque estuviera en manos de la burocracia estalinista, y quedarse con sus recursos. Pese a un primer avance arrollador, gracias a la heroica y sacrificada resistencia del pueblo soviético, la invasión terminaría siendo el principio del fin del régimen nazi.
La mañana del 22 de junio de 1941, el mariscal Georgi Zhukov llamó a la residencia de José Stalin, líder totalitario de la Unión Soviética: “¡Despiértelo inmediatamente! ¡Los alemanes están bombardeando nuestras ciudades!”. Por entonces, el nazismo se hallaba en la cumbre de su poder en la continuidad de la Segunda Guerra Mundial y su líder, Adolf Hitler, había decidido lanzarse a la conquista de la Unión Soviética, para terminar con el poder obrero, aunque éste estuviera en manos de la burocracia estalinista, y apoderarse de los recursos de ese extenso y rico país.
Después de la fácil conquista de gran parte de Europa Occidental, incluida Francia, los nazis suponían que el dominio de la Unión Soviética solo les llevaría tres o cuatro meses. La nueva campaña, que denominaron en clave “Operación Barbarroja”, se inició con una barrera de artillería sobre las posiciones rusas, seguida de un ataque aéreo de la Luftwaffe (su aviación). En el primer día de la invasión destruyeron cerca de 1.100 aviones rusos, lo que aseguró a los alemanes una cobertura aérea indiscutible en los primeros meses de la invasión. El avance del ejército nazi siguió a un ritmo de 32 kilómetros por día, atravesando la desprevenida línea de defensa soviética y llegando a Smolensk (a 369 kilómetros de Moscú) el 18 de julio.
Las sorprendidas tropas soviéticas sintieron el golpe y en pocos días sufrieron fuertes bajas y perdieron gran parte del territorio. En poco más de un mes, habían muerto casi un millón de soldados. El responsable de aquel aniquilamiento inicial no era otro que José Stalin.
El infame pacto Hitler-Stalin
Casi dos años antes, en agosto de 1939, la Alemania nazi y la Unión Soviética de Stalin habían firmado en Moscú el Pacto Molotov–Ribbentrop, un infame acuerdo de no agresión y partición de Polonia. León Trotsky, el revolucionario ruso que por entonces sufría la persecución del estalinismo, calificó el pacto como “una capitulación de Stalin ante el imperialismo fascista con el fin de resguardar a la oligarquía soviética”.1 Así, con las manos libres, Hitler invadió Polonia, dando inicio a la Segunda Guerra Mundial. Para fines de junio de 1940 las tropas alemanas ya ocupaban Dinamarca, Noruega, Países Bajos, Bélgica y Francia.
La invasión a la URSS comenzó a prepararse en los primeros meses de 1941. Sin embargo, Stalin continuaba confiando en que Hitler iba a respetar el pacto y había desestimado, una y otra vez, las permanentes advertencias hechas por sus agentes de inteligencia diseminados por Europa.2 Pero el 22 de junio los alemanes cruzaron la frontera e iniciaron la invasión de la Unión Soviética. Con la invasión a la Unión Soviética los nazis provocaron un realineamiento decisivo que definió los dos bloques de la Segunda Guerra Mundial. Los países agrupados en el Eje, por un lado: encabezados por Alemania, con Italia y Japón. Por el otro, los Aliados: con Francia e Inglaterra, a los que se sumaron la URSS en agosto y Estados Unidos en diciembre, después de sufrir el ataque japonés en Pearl Harbor.
Contrariamente a lo que preveían Hitler y la oficialidad nazi, de que el desánimo y la desmoralización llevarían a la deserción en masa de sus enemigos, resultó lo opuesto. Pese a la traición de Stalin, los soldados soviéticos resistieron con un heroísmo sorprendente. Lo que los alemanes creían que se resolvería en pocos meses se extendió más de la cuenta y Alemania tuvo que movilizar a todos los varones de entre 15 y 55 años para relevar a los agotados soldados del frente. Entre las tropas alemanas se generalizó la expresión “son preferibles tres campañas en Francia que una sola en Rusia”.3 Mientras tanto, en las zonas ocupadas de la Unión Soviética aumentaba la actividad de los partisanos, combatientes que eran un verdadero martirio para la retaguardia alemana.
Octubre y noviembre fueron cruciales. La llegada anticipada del invierno, con las primeras nevadas y lluvias, con temperaturas bajo cero, fueron aliados fundamentales de una resistencia encarnizada. Aunque los ejércitos nazis consiguieron llegar a las puertas de Leningrado (hoy San Petersburgo) y Moscú no consiguieron su objetivo de ocuparlas y fueron rechazados. El 25 de noviembre, más de cien mil obreros se movilizaron en Moscú para sumarse a la defensa de la ciudad. Se cavaron 160 kilómetros de zanjas para evitar el paso de los Panzer (tanques) y se colocaron kilómetros de alambrados y otros obstáculos, una acción de la población civil que elevó la moral de los soldados soviéticos.
En diciembre, a las puertas de Moscú, Alemania cedió la iniciativa y perdió su potencial militar frente a la tenaz resistencia de los soldados y el pueblo soviético. Pese al deseo de Hitler de un esfuerzo final, el comandante Gunther Von Kluge dio la orden de detener la ofensiva el 4 de diciembre. La Operación Barbarroja llegaba a su fin. Era la primera gran derrota del ejército nazi.
El comienzo del fin del régimen nazi
Tras la Operación Barbarroja, en 1943, ocurrieron dos grandes y decisivas batallas. En febrero terminó la batalla de Stalingrado (hoy Volgogrado), que marcó un punto de inflexión. En agosto, la división tanques del ejército soviético trabó la mayor batalla de tanques de la historia y detuvo la última ofensiva nazi a gran escala imponiéndole una derrota categórica en la batalla de Kursk. Fueron momentos decisivos para quebrar las fuerzas y la moral del ejército alemán. La derrota sobre los nazis no solo estimuló a las tropas soviéticas, también insufló fuerzas a la resistencia antifascista en los países ocupados facilitando el avance de las tropas aliadas.
En mayo de 1945 las tropas soviéticas tomaron Berlín y terminaron definitivamente con el régimen nazi y la Segunda Guerra Mundial.4 Por la cantidad y ferocidad de los enfrentamientos, la derrota de los nazis se debe en gran parte al valor y la determinación del pueblo soviético que, según estadísticas, aportó 75% de los 50 millones de soldados y civiles muertos durante la guerra.
El papel jugado por el pueblo y el ejército soviético en la derrota del nazismo generó una corriente de simpatía con el comunismo, fundamentalmente en los países de Europa. Terminada la guerra, la fuerza y las armas estaban en manos de las y los trabajadores y de la resistencia, que se sentían y eran los verdaderos ganadores. Podrían haberse apropiado del poder en países como Francia, Italia o Grecia. Sin embargo, una vez más, la burocracia estalinista utilizó su influencia para cometer una nueva traición. Exigió deponer las armas y convocó a la clase obrera a colaborar con la reconstrucción económica de Europa al servicio del capitalismo, impidiendo el triunfo de revoluciones obreras y socialistas.
1. León Trotsky. "Stalin, el comisario de Hitler” (2/9/1939) y “La alianza germano-soviética” (4/9/1939) en Escritos, tomo XI, vol. 1. Pluma, Bogotá, 1979. Disponible en www.marxists.org
2. Leopold Trepper. El gran juego. Editorial Ariel, Barcelona, 1977.
3. Jean López. Historia visual de la Segunda Guerra Mundial. Editorial Planeta, Madrid, 2019.
4. Días antes había caído el régimen fascista en Italia y semanas después, tras el lanzamiento de las bombas atómicas sobre las ciudades de Nagazaki e Hiroshima, se rendiría Japón.
A fines de 1939 León Trotsky definía a Stalin y Hitler como “astros gemelos”.1 Cuando firmaron el pacto germano-soviético, Trotsky reiteró su definición de que Hitler tenía como objetivo liquidar a la Unión Soviética y que Stalin le hacía el juego. Pero el pacto y el accionar de Stalin en la guerra impactaron en la joven Cuarta Internacional, fundada por Trotsky en 1938 para batallar contra la traición de la burocracia estalinista. En Estados Unidos surgió un sector en el Socialists Workers Party (SWP) que comenzó a rechazar la definición de la URSS como estado obrero, aunque degenerado por la burocracia, que Trotsky consideraba como uno de los pilares del programa de la nueva internacional. En el mismo sentido, el sector encabezado por Max Shachtman y James Burnham, rechazaba la defensa de la URSS ante la amenaza de invasión nazi que sostenía Trotsky.2 Dos días antes del primer aniversario de la firma del pacto, el 21 de agosto de 1940, Trotsky caía asesinado por un agente estalinista en México. Menos de un año después, en junio de 1941, se cumplía su vaticinio: los ejércitos nazis comenzaban la Operación Barbarroja, la invasión a la Unión Soviética.
1. “Los astros gemelos: Hitler-Stalin”’ en Revista Liberty. 27 de enero de 1940. www.uit-ci.org
2. León Trotsky. En defensa del marxismo. Yunque, Buenos Aires, 1975. www.marxists.org